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Felipe y Letizia, sobresalientes en los últimos días de Pedro Sánchez.

 


Once años después, en medio de una turbulenta gresca antimonárquica, Felipe VI, con la Reina Letizia siempre a su lado, ha sabido sortear todos los obstáculos y mantener lo que distingue a la Monarquía parlamentaria en Europa: la neutralidad en la Jefatura del Estado.

Al clasificarlas por calidad de vida, desarrollo y libertad, la ONU ha situado entre las diez mejores naciones del mundo a siete Monarquías parlamentarias. Cuando los sectarios hablan de un sistema anacrónico y anticuado, basta darse un paseo por Copenhague o por el Estocolmo vertiginoso para darse cuenta de que los países monárquicos europeos se encuentran instalados en la vanguardia del mundo.

Don Felipe se casó por amor porque así lo exigía la nueva posición de la opinión pública. Y lo hizo con una mujer inteligente que ha conseguido ser aceptada como intachable Reina. El Rey, desde la serenidad y la prudencia, desde la inteligencia y la sagacidad, ha evitado que la Corona cayera en el debate político y la ha mantenido en la más estricta neutralidad, cumpliendo así lo que la Constitución exige de la Monarquía parlamentaria.

Su abuelo Don Juan se sentiría orgulloso de la gestión de Don Felipe, de la austeridad de su vida y de la habilidad política que le ha permitido mantener a la Institución como pieza clave constitucional al servicio del pueblo español. No todos han entendido sus aciertos, no todos están de acuerdo con su gestión al frente del Estado español, pero, cumplida la primera década de su reinado, la mayoría de las españolas, la mayoría de los españoles, han comprendido el mérito extraordinario de Don Felipe. Desde el primer momento el nuevo Rey supo que el cáustico Francisco de Quevedo tenía razón, cuando en el siglo XVII, escribió “que el reinar es tarea, que los cetros piden más sudor que los arados, y sudor teñido de las venas; que la Corona es el peso molesto que fatiga los hombros del alma primero que las fuerzas del cuerpo; que los palacios para el príncipe ocioso son sepulcros de una vida muerta, y para el que atiende son patíbulos de una muerte viva; lo afirman las gloriosas memorias de aquellos esclarecidos príncipes que no mancharon sus recordaciones contando entre su edad coronada alguna hora sin trabajo”.

La Princesa Leonor en la Academia General Militar de Zaragoza.

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La princesa Leonor en la Academia Militar de Zaragoza / GTRES
La princesa Leonor en la Academia Militar de Zaragoza

La princesa Leonor lleva ya casi un mes en la Academia General Militar de Zaragoza y ha terminado ya la primera fase de acogida y adaptación a la vida militar. Hace apenas unos días se conocía que la heredera, al igual que el resto de sus compañeros y compañeras, ya había comenzado la etapa de instrucción y adiestramiento, que tiene una duración aproximada de dos semanas y que, además, Leonor había sido nombrada oficialmente ‘Dama Cadete’.

El pasado 5 de septiembre, el Consejo de Ministros nombró Dama Cadete de la AGM a la hija mayor de los Reyes don Felipe y doña Letizia, después de haber finalizado la fase inicial de adaptación e integración a la vida militar. Un nombramiento que se produjo según lo previsto en el artículo 2, apartado 2, del Real Decreto 173/2003 de 14 de marzo, por el que se regula la formación y carrera militar de la heredera y que fue publicado poco después en el Boletín Oficial del Estado y en el Boletín Oficial de Defensa.

En estos momentos, la hija mayor de Sus Majestades está completamente integrada y volcada en la primera etapa de su formación castrense y, de hecho, ha realizado varias salidas por Zaragoza con sus compañeros y compañeras. Aunque no han trascendido muchos detalles de su día a día en la AGM -más allá de las primeras fotografías oficiales que distribuyó la Casa de S.M. el Rey-, sí se sabe que la princesa tiene en los próximos días una importante cita, poco antes de su jura de Bandera.


Será el próximo 19 de septiembre cuando se celebre el acto de entrega de sables. Mientras que a la jura de Bandera sí se espera que acudan los Reyes -no la infanta Sofía porque se encontrará aún en Gales en mitad del primer trimestre-, la entrega de sables es un acto interno al que no asisten familiares. Esta ceremonia se realiza en el patio de armas por la mañana y está cargado de simbolismo. Es un momento importante para los estudiantes, ya que justo coincide con el final de las primeras etapas de formación.

En la web del Ejército de Tierra se explica que, en el acto «se simboliza la obtención del título de Caballero o Dama Cadete, que se materializa con la entrega del sable, símbolo de la condición de Oficial». Cuando los alumnos y alumnas obtienen título, «adquieren la obligación de abrazar los ideales de honor, valor y lealtad recogidos en el Decálogo del Cadete».

El Decálogo del Cadete se remonta a 1927 y es un compendio de frases que recogen lo que debía constituir la expresión «el espíritu de la General». Una vez que el aspirante aprobaba el examen de ingreso recibía en su casa el nombramiento de cadete y, entre otras cosas, un ejemplar del Decálogo del Cadete. Actualmente, se les proporciona a los alumnos y alumnas en su incorporación a la Academia, para que puedan llevarlo siempre consigo; al menos en los primeros momentos, en los que deberán memorizarlo y, sobre todo, asimilar su contenido.

En la ceremonia, cada recién ingresado recibe de un cadete de segundo curso un sable, «escenificándose con ello la relación de compañerismo y tutela que debe de existir entre el veterano y el nuevo». Asimismo, durante el desarrollo del acto, los números uno de cada promoción pronuncian discursos en los que destacan, por una parte, la vida de servicio, dedicación, entrega y abnegación que han elegido, y por otra, el firme compromiso de afrontar la dureza de la vida militar y convertirse en buenos oficiales. Tras la entrega de sables, el siguiente acto es la presentación de los nuevos cadetes ante la Virgen del Pilar, pero no ha trascendido cuándo tendrá lugar esta ceremonia.

 

En su discurso de nochebuena, el Rey inició el fin de la izquierda y gente de mal vivir en España.



  Si el PSOE y agregados aprueban la reforma penitenciaria, solo para favorecer a los golpistas catalanes, estarían cometiendo un acto dictatorial y, hoy, no sería juzgado, pero cuando deje de ser Pte. lo será. Pedro tiene mucho miedo.

  Es necesario preservar los valores éticos y eso “obliga a todos sin excepción”, por encima de cualquier consideración familiar. Con estas palabras, Felipe VI se refirió sin citarle al Rey padre y a las tensiones que en su entorno se han producido, multiplicadas por una frenética campaña orquestada en varios canales de televisión por la extrema izquierda y los partidos secesionistas.

Esfuerzo, unión y solidaridad, pidió el Monarca para enfrentarse con la pandemia, con la crisis económica y con el desempleo. “Ni el virus ni la crisis económica nos van a doblegar”, afirmó Felipe VI. Hay que evitar que esa crisis económica derive en una crisis social, lo que exige la atención a los sectores más desfavorecidos.

Dedicó el Rey palabras de elogio al personal sanitario, al tejido empresarial, a las Fuerzas Armadas y a la colaboración europea, afirmando de forma concluyente que todos tenemos el deber de respetar la Constitución, que es la garantía de la democracia y la libertad en España.

Felipe VI ha demostrado una vez más su independencia diciendo en el discurso navideño lo que debía decir y no lo que pretendía la ultraizquierda, que dijera. Por otra parte, algunos quieren enfrentarle con Sánchez y el sector socialista del Gobierno, cuando el discurso se ha negociado como todos los años con Moncloa, sin tensiones y con acuerdo.

Felipe VI es la mesura, la prudencia, la serenidad. La Reina Letizia, inteligencia viva, le ha enseñado a hablar ante las cámaras. Y el Monarca lo hace con la sencillez y la soltura de un profesional. A pesar de las especiales circunstancias de este año, el Rey ha pronunciado su discurso como siempre, sin un fallo ni una vacilación.

Y no, no existe en España el problema Monarquía o República. Las encuestas más solventes cifran entre el 0,1% y el 0,3% el porcentaje que esta cuestión suscita en el pueblo español, cuando el paro supera el 60% y los partidos políticos ocupan el segundo de los diez grandes problemas que agobian a los españoles, entre los que no está ni de lejos la cuestión Monarquía o República. A pesar de la obsesiva campaña audiovisual desencadenada por un sector del Gobierno y los partidos secesionistas y de ultraizquierda, campaña no contra Don Juan Carlos, que es el pretexto, sino contra la Institución Monárquica, la Corona mantiene la estabilidad y Felipe VI conserva sus altos índices de popularidad.