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Felipe VI, hoy cumple ocho años como Rey de todos los españoles.

 


Felipe VI conmemorará este domingo el octavo aniversario de su reinado. Al caer en jornada dominical y coincidir con las elecciones andaluzas, el Rey tiene la agenda despejada, por lo que no va a haber ninguna celebración del aniversario, después de que el pasado año lo festejara con la entrega de condecoraciones a más de una veintena de ciudadanos anónimos por su tarea durante la pandemia.

 

Los ocho años como jefe de Estado de don Felipe han estado salpicados de sucesivas crisis de distinta índole y momentos complejos que le han obligado a tomar decisiones de calado tanto en el plano familiar como institucional.

 

Uno de los asuntos que más impacto ha tenido en su trayectoria como Rey ha sido el caso de su padre, del que lleva alejado desde que la Fiscalía del Tribunal Supremo decidió investigarle hace más de dos años por el dinero que manejó en el extranjero antes y después de dejar de ser jefe de Estado.

 

A pesar de archivarse la causa al prescribir las irregularidades o estar protegido por la inviolabilidad que gozó hasta 2014, sigue siendo incierto su futuro y hasta cuándo mantendrá su residencia en Abu Dabi, unas incógnitas acrecentadas después de que suspendiera su segundo viaje a España una vez que lo había anunciado en vísperas de mantener una larga charla con su hijo en el Palacio de la Zarzuela.

 

Al tiempo que ha criticado con dureza a Juan Carlos I, el Ejecutivo ha reafirmado su apoyo firme a Felipe VI por su empeño en renovar la Corona ante el deterioro causado por el caso del emérito y la necesidad de diferenciarse de su reinado.

 

Una compromiso plasmado en la inédita decisión del monarca de revelar su patrimonio, cifrado en 2,5 millones de euros, y de recogerse en un real decreto las medidas de transparencia puestas en práctica desde 2014, con la novedad de que el Tribunal de Cuentas auditará la contabilidad de la Casa del Rey, aunque sin control del Congreso.

 

“Son medidas que refuerzan la confianza en la institución y en el rey. Si algo le define, es su sentido del deber, la responsabilidad, la búsqueda de los intereses generales, el respeto a la ley y la primacía de los principios éticos y morales sobre cualquier consideración”, sostienen fuentes de la Jefatura del Estado.

 

Desde la Zarzuela, se hace hincapié en que el discurso que Felipe VI pronunció en su proclamación en el Congreso, en el que se comprometió a “una monarquía renovada para un tiempo nuevo”, representa “la guía de su comportamiento y las decisiones que ha tomado y que seguirá tomando”.

 

El goteo de noticias sobre don Juan Carlos ha seguido alimentando los ataques a la Corona por parte de Unidas Podemos y de los partidos independentistas, partidarios de avanzar hacia un horizonte republicano.

 

No obstante, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ha suavizado estas críticas y ha defendido que “no es el momento de hacer un referéndum” sobre el modelo de Estado.

 

El PSOE, con el apoyo de PP y Vox, ha cerrado también la puerta a abrir un debate sobre la inviolabilidad del rey, amparándose en la postura de los letrados del Congreso de que esta propuesta no es procedente mientras no se modifique la Constitución y se suprima el blindaje legal.

 

Otro de los retos que Felipe VI tiene pendiente es normalizar su relación institucional con la Generalidad de Cataluña ante el veto al que le somete desde su discurso contra el referéndum ilegal del 3 de octubre de 2017.

 

Un rechazo que volverá a constatarse en la entrega de los premios Princesa de Girona previstos el 4 de julio, que se celebrará, por tercera edición consecutiva, en Barcelona ante la negativa del Ayuntamiento de la capital gerundense a ceder un recinto en la ciudad.

 

En paralelo a las medidas de regeneración, Felipe VI puso punto final en la pasada Semana Santa a la tradición que instauró su padre en 1995 de asistir a la misa del Domingo de Resurrección en la catedral de Palma, en un nuevo gesto de relegar los actos religiosos al ámbito privado.


 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

¡Bienvenido a TU CASA, Don Juan Carlos¡ El español más influyente del mundo.

 Don Juan Carlos tiene previsto pasar el fin de semana en Galicia, pasar el lunes por Madrid a saludar a Felipe VI y volver después al emirato, donde seguirá residiendo

Don Juan Carlos abraza a la Infanta Elena a su llegada al aeropuerto de Vigo.

Emotivo abrazo con su hija Elena. 
Don Juan Carlos abraza a la Infanta Elena a su llegada al aeropuerto de Vigo.

El Rey Juan Carlos ya está en España. Quince minutos después de las siete de la tarde, el padre de Felipe VI aterrizaba en el aeropuerto de Peinador, en Vigo, directamente desde Abu Dabi, donde ha permanecido los dos últimos años por diversas investigaciones judiciales, ahora ya todas archivadas.

El Rey emérito ha descendido del avión por su propio pie, vestido con una chaqueta azul marino y una camisa gris claro. A pie de pista le esperaban la Infanta Elena y el que será su anfitrión durante este fin de semana, Pedro Campos, amigo íntimo del monarca y presidente del Club Náutico de Sanxenxo.



El Emérito ha abandonado el aeropuerto de Vigo en dirección a Sanxenxo en el asiento del copiloto de un vehículo en el que también viajaban Pedro Campos, la mujer de éste y la Infanta Elena. A su paso por la puerta del aeropuerto, ha bajado la ventanilla para saludar los periodistas y curiosos presentes.

La Infanta Elena ha estado en todo momento pendiente de su padre. A lo largo de estos dos años, desde que Don Juan Carlos abandonó España en agosto de 2020 por las investigaciones judiciales en torno a su fortuna en el extranjero, su hija mayor ha sido su principal apoyo familiar. La Infanta llegó este mismo viernes a Vigo en un vuelo regular operado por Iberia. Dos horas después, su padre aterrizaba en un avión matriculado en Aruba. En concreto, el ex jefe del Estado ha viajado en un Gulfstream G450. Se trata de unas aeronaves de alto rendimiento y gran alcance, con capacidad para 13 personas en el interior y con 3 estancias distintas. El vuelo estaba operado por Bestfly, una compañía aérea de Angola que desde 2009 ofrece el servicio de vuelos privados.

Pedro Campos, amigo íntimo del Monarca, abandonó su residencia de Nanín diez minutos antes de las seis de la tarde para recoger en persona a Don Juan Carlos y la Infanta. Según ha confesado, en Sanxenxo están "encantados" con la visita del padre de Felipe VI, aunque también reconoce que están "un poco desbordados" por esta expectación pero considera que es una reacción "normal" y que tiene "más cosas buenas que malas".

Pedro Campos, a su llegada al aeropuerto.
Pedro Campos, a su llegada al aeropuerto.

A las 18.34 de la tarde, Campos, acompañado por su mujer, ha llegado al aeropuerto. "Vengo a recoger a su majestad el Rey", ha explicado a la guardia civil antes de pasar los controles pertinentes para acceder al aeropuerto

Este jueves Don Juan Carlos lo pasará en la casa de Campos en Nanín y aprovechará para "reencontrarse " y "descansar", pues este viernes empiezan las regatas. También les acompañará su hija mayor, la Infanta Elena, que llega a Galicia también este jueves en un vuelo previo desde Madrid.



Don Juan Carlos acude a Sanxenxo con motivo de la celebración este fin de semana del trofeo InterRías del circuito de la Copa España 2022 de clase 6mR, en el que el Monarca solía participar, si bien en esta ocasión todavía no ha decidido si lo hará.

"Lleva tres años sin navegar", recuerda el presidente del Náutico, que señala que aunque el Emérito "dice que tiene muy buena forma física", competir es otra cosa. La decisión final la tomará él mismo justo antes de la regata y dependerá, fundamentalmente, del viento que haga en la Ría de Pontevedra durante las tres jornadas de competición. "Si está el día así, espero que se anime", señala en alusión a la calma en el mar de las Rías Baixas este jueves.

Será, según Campos, "una regata normal como a las que ha venido tantas veces y con unos rivales que en esta ocasión son un poco más", pues se trata del último trofeo antes de campeonato del mundo que se disputará en junio y del que el Bribón que capitanea el Emérito fue campeón en su última edición celebrada, en 2019. También en junio se espera a Juan Carlos I.

FIN DE SEMANA CON SUS AMIGOS

Tal y como adelantó el periodista Fernando Ónega y confirmó Casa Real después, el Rey Juan Carlos ha querido que Sanxenxo fuera el primer lugar que pisara al volver a España. El padre de Felipe VI cumple así su voluntad de entrar por donde se marchó el 3 de agosto de 2020. El Rey descansará esta noche en casa de Pedro Campos, lugar donde pasó la última noche antes de dejar España.

Juan Carlos I se desplazará el próximo lunes a Madrid, donde visitará al resto de su familia en el Palacio de la Zarzuela. De trata de un encuentro privado antes de que ese mismo día el padre del Rey vuele de nuevo a Abu Dabi, donde ha decidido fijar su residencia de manera definitiva.

El lunes con ese primer encuentro ante el Jefe del Estado, Zarzuela espera terminar con meses de negociaciones y desencuentros y que se normalicen los viajes de Juan Carlos I a España. Este primero es muy mediático, algo a lo que Don Juan Carlos se ha prestado, pues le va a recibir el alcalde de Sanxenxo y habrá un homenaje en el club Náutico.

¿Qué prefieres: La Monarquía de Felipe VI o la República bolivariana de Maduro?

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¿Qué prefieres: La Monarquía de Felipe VI o la República bolivariana de Maduro?

Artículo 56 de la constitución española.  

La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo

Esta es la pregunta a los españoles que la decencia política exigiría plantear a los que claman por un estúpido referéndum Monarquía o República. Depende de qué Monarquía o de qué República se trate. Yo prefiero la República de Finlandia a la Monarquía de Arabia Saudí. Pero prefiero, por supuesto, la Monarquía danesa a la República castrista.

Además, resulta absurdo hacer en España una pregunta sobre esta cuestión. He repasado las encuestas más solventes de este año 2020 que ahora concluye. El resultado me parece concluyente. Solo entre el 0,1% y el 0,3% de las españolas y los españoles sienten preocupación por la Monarquía, mientras el paro supera el 60% y los partidos políticos ocupan el segundo o el tercer lugar entre los diez grandes problemas que agobian a la ciudadanía.

Un sector del Gobierno, los partidos secesionistas vascos y catalanes y los de extrema izquierda, encabezados por el PC, se esfuerzan frenéticamente por crear un problema -Monarquía o República- que no existe en España. Desde hace muchos meses han desencadenado una desmesurada campaña en los medios de comunicación afines contra el Rey padre, pero está claro que el objetivo no es Juan Carlos I, sino Felipe VI y la Monarquía parlamentaria votada abrumadoramente por el pueblo español en 1978, dentro de una Constitución que consagra la democracia pluralista plena y que ha proporcionado a España cuarenta años de paz, de libertad y de prosperidad.

La dimensión de la campaña contra el Rey padre, sustentada en las declaraciones de un policía corrupto y encarcelado y de una aventurera despechada, ha sido de tal calibre que me ha hecho recordar el consejo de Talleyrand a los que defendían sus propósitos institucionales. Pas trop de zèle. No demasiado celo. La gente suele reaccionar contra las exageraciones, las desmesuras y los despropósitos. La obsesiva campaña de las agrupaciones secesionistas, del Partido Comunista y otros de extrema izquierda, así como de un sector del Gobierno, no ha conseguido que el pueblo español sienta la menor preocupación por la cuestión Monarquía o República. El Rey Felipe VI mantiene su alto nivel de popularidad y su discurso navideño, sereno, mesurado, constructivo, se ha visto acompañado por la general aceptación.

En su discurso de nochebuena, el Rey inició el fin de la izquierda y gente de mal vivir en España.



  Si el PSOE y agregados aprueban la reforma penitenciaria, solo para favorecer a los golpistas catalanes, estarían cometiendo un acto dictatorial y, hoy, no sería juzgado, pero cuando deje de ser Pte. lo será. Pedro tiene mucho miedo.

  Es necesario preservar los valores éticos y eso “obliga a todos sin excepción”, por encima de cualquier consideración familiar. Con estas palabras, Felipe VI se refirió sin citarle al Rey padre y a las tensiones que en su entorno se han producido, multiplicadas por una frenética campaña orquestada en varios canales de televisión por la extrema izquierda y los partidos secesionistas.

Esfuerzo, unión y solidaridad, pidió el Monarca para enfrentarse con la pandemia, con la crisis económica y con el desempleo. “Ni el virus ni la crisis económica nos van a doblegar”, afirmó Felipe VI. Hay que evitar que esa crisis económica derive en una crisis social, lo que exige la atención a los sectores más desfavorecidos.

Dedicó el Rey palabras de elogio al personal sanitario, al tejido empresarial, a las Fuerzas Armadas y a la colaboración europea, afirmando de forma concluyente que todos tenemos el deber de respetar la Constitución, que es la garantía de la democracia y la libertad en España.

Felipe VI ha demostrado una vez más su independencia diciendo en el discurso navideño lo que debía decir y no lo que pretendía la ultraizquierda, que dijera. Por otra parte, algunos quieren enfrentarle con Sánchez y el sector socialista del Gobierno, cuando el discurso se ha negociado como todos los años con Moncloa, sin tensiones y con acuerdo.

Felipe VI es la mesura, la prudencia, la serenidad. La Reina Letizia, inteligencia viva, le ha enseñado a hablar ante las cámaras. Y el Monarca lo hace con la sencillez y la soltura de un profesional. A pesar de las especiales circunstancias de este año, el Rey ha pronunciado su discurso como siempre, sin un fallo ni una vacilación.

Y no, no existe en España el problema Monarquía o República. Las encuestas más solventes cifran entre el 0,1% y el 0,3% el porcentaje que esta cuestión suscita en el pueblo español, cuando el paro supera el 60% y los partidos políticos ocupan el segundo de los diez grandes problemas que agobian a los españoles, entre los que no está ni de lejos la cuestión Monarquía o República. A pesar de la obsesiva campaña audiovisual desencadenada por un sector del Gobierno y los partidos secesionistas y de ultraizquierda, campaña no contra Don Juan Carlos, que es el pretexto, sino contra la Institución Monárquica, la Corona mantiene la estabilidad y Felipe VI conserva sus altos índices de popularidad.

Pablo Iglesias sabe que Pedro Sánchez está amortizado y prefiere ser la verdadera izquierda del pronto y próximo Gobierno de derechas.


Pablo Iglesias sabe que Pedro Sánchez está amortizado y prefiere ser la verdadera izquierda del próximo Gobierno de derechas.

No siendo nada Pablo Iglesias, políticamente es muy superior a Pedro Sánchez. La idea, el  objetivo principal del presidente en funciones, Pedro Sánchez, es el poder y para conseguirlo está dispuesto a entenderse incluso con el PP y con Ciudadanos. Iglesias es un auténtico hombre de izquierdas. Pretende, como es lógico, a encaramarse en el poder, pero no sometiéndose a la palabra pedernal de cualquier alianza. La superioridad ética de Iglesias sobre Sánchez parece clara. Su musculatura política es además más robusta que la de Pedro. Iglesias desborda al presidente en la dialéctica parlamentaria nueve de cada diez veces. Iglesias es un profesor universitario, un hombre de sólida cultura y un político que si el PSOE continuara cerdeando, se alzará con la representación de la izquierda española.

Sin los escaños de Podemos, el líder socialista no puede ser investido presidente del Gobierno. Sánchez está decidido a que Podemos le apoye gratis porque no quiere sentarse en el Consejo de Ministros junto a Iglesias, que puede noquearle en cualquier trance. El dirigente de Podemos exige, teniendo en cuenta la aportación que hace, la vicepresidencia del Gobierno y cuatro ministerios relevantes, porque siempre ha huido de los floreros de porcelana y los fuegos artificiales. Difícil saber si Iglesias terminará doblegando su inteligencia malherida a las presiones sindicales y sociales. Sánchez negocia con su sonrisa de gótico tardío a diestra y a siniestra. Quiere imponer una solución a la portuguesa. "Si me sacas del pozo te juro que te perdono la vida", parece decirle Pedro a Pablo. El podemita solo pretende que gobierne la izquierda de verdad con él o sin él, pero con sus hombres y mujeres en cargos ministeriales relevantes. Rechaza los andrajos políticos que Sánchez le ofrece.

Al Rey corresponde, conforme al artículo 56 de la Constitución, moderar la situación, pero, a pesar de su bien probada habilidad, tiene poco margen de maniobra en la coyuntura actual. Y habrá que decir con toda claridad que si el pueblo español se ve abocado a nuevas elecciones, el máximo responsable no será Iglesias, sino Sánchez y su ambición de poder, pues, tras ser derrotado en cuatro ocasiones, no se le ha pasado ni por la imaginación que el PSOE pruebe con otro nombre. Todavía no se ha dado cuenta de que los dedos de la ceniza le han tocado ya la frente.

El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.

El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.


Irene Montero comunicó a Carmen Calvo, antes de comenzar la investidura, que Podemos votaría NO a la "proclamación" de Pedro Sánchez por farsantes y demagogos. Pablo Iglesias, además, de desenmascarar a Pedro Sánchez y su banda, ha colaborado destacadamente en la supervivencia de España. Nos podemos felicitar de que la, llamémosle “negociación“, del PSOE con Podemos no se haya traducido en un pacto que hubiera metido en el seno del Gobierno a una formación que, primero, tiene muchas contraindicaciones políticas e ideológicas para poder sentarse a una mesa del consejo de ministros y, segundo, le habría complicado extraordinariamente la vida al Ejecutivo resultante porque, como se ha visto ya en sus propuestas para el acuerdo, la formación morada tiene sus propias reglas y sus propios propósitos y son ésos  los que hubiera intentado conseguir independientemente de que el resto de ministros caminara en una dirección distinta y hasta opuesta .

Le sobraba la razón hasta por los ojos a Pedro Sánchez cuando le decía a Pablo Iglesias desde la tribuna que no se podían tener dos gobiernos metidos en uno. O un gobierno encastrado en el otro. Pero es que además, la entrada de Podemos en el equipo gubernamental hubiera supuesto una auténtica amenaza para la economía de nuestro país y para la consecución de su equilibrio.

Con mucho motivo algunos de los ministros del actual Gobierno en funciones le pidieron estos últimos días al presidente que levantara unas barreras en esa negociación sui generis que han celebrado Podemos y PSOE de modo que, en el caso de que se llegara a un acuerdo de reparto de carteras -porque era de eso de lo único que se estaba hablando- los hipotéticos futuros titulares de ministerios pertenecientes a la formación morada no tuvieran de ninguna manera acceso, por ejemplo, a la Comisión Delegada de Asuntos Económicos ni a la de Seguridad Nacional ni a la de Asuntos de Inteligencia.

Y es que, retóricas de hemiciclo aparte, muchos de los miembros del Gobierno en funciones se preparaban aterrados ante la posibilidad de que un error garrafal del presidente hubiera abierto la puerta a ese gobierno de coalición que -digámoslo también ahora- nadie en el PSOE quiso nunca y menos que nadie lo quiso Pedro Sánchez.

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno y de su asesor estratégico que ha podido llegar a costarle muy caro a él y al país en su conjunto. El error estuvo en cambiar de planes inesperadamente y decir en la televisión el jueves de la semana pasada que aceptaría la inclusión de dirigentes de Podemos en el futuro Gobierno. Eso era nuevo, nunca se había planteado porque tenía riesgos enormes y constituyó un error descomunal que nos ha podido costar muy caro.

Otra cosa habría sido que Sánchez se hubiera mantenido en la invitación a formar parte del Ejecutivo a personas próximas a Podemos y suficientemente cualificadas. Probablemente, Iglesias se habría acabado conformando con ese nivel de participación porque, al fin y al cabo, esos tres o cuatro ministros de la órbita del partido morado habrían podido jugar un papel a satisfacción de las dos partes. Pero Sánchez se pasó en su apuesta, convencido como estaba de que Iglesias nunca admitiría retirar su candidatura a formar parte del Gobierno, y con ese error llegó todo lo demás.

No tengan ustedes ninguna duda: el presidente está ahora mismo frustrado y disgustado porque su opción de presidir un Gobierno con todas las bendiciones parlamentarias se ha malogrado por el momento, pero también está profundamente aliviado de haberse quitado de encima esa fórmula suicida de un gobierno encajado en otro gobierno, que es lo que se habría producido con toda seguridad si  Iglesias llega a aceptar la última oferta del PSOE.

Y eso habría significado una situación de Gobierno con desdoblamiento de la  personalidad en perjuicio del equipo socialista en multitud de problemas, el primero de los cuales se habría desatado en cuanto el Tribunal Supremo hubiera hecho pública su sentencia condenatoria de los independentistas procesados.

Porque no nos engañemos: puede que Pablo Iglesias hiciera el esfuerzo de guardar un siempre incómodo aunque elocuente silencio a ese respecto pero muy pocos de los suyos le seguirían en el sacrificio y así tendríamos que miembros de un partido que forma parte del Gobierno de España sostienen que hay que sacar a los presos políticos de la cárcel porque este no es un Estado de Derecho y aquí se persiguen los delitos de opinión.  Es sólo un ejemplo de una infinidad de situaciones problemáticas a las que se habría tenido que enfrentar el presidente y sus ministros de haber tenido a Podemos metido dentro de casa.

Afortunadamente, Iglesias no ha estado muy diestro y ha dejado pasar la ocasión de meter una cuña en el Ejecutivo.  Ya digo que yo me alegro y que respiro aliviada. Creo también que va a ser muy difícil, mucho, que después de lo sucedido, se reanuden unas negociaciones que nunca fueron programáticas -lo explicó el propio Sánchez en la televisión- sino al 99% relativas a los cargos, pero que han dejado muchas heridas en ambos contendientes o interlocutores.

Los socialistas ya no se fiaban de los podemitas antes de esto pero a partir de ahora esa desconfianza va a pasar a ser granítica. Y los podemitas se han quedado compuestos y sin novia, humillados hasta el final por el golpe asestado por Adriana Lastra en los últimos minutos del duelo cuando Iglesias, en  un movimiento patético, se ofreció sobre la marcha a renunciar al ministerio  de Trabajo si se le adjudicaban las políticas activas de empleo: “Señor Iglesias, ¿no sabe usted que las políticas activas de empleo están transferidas a las comunidades autónomas? Quiere usted conducir un coche y no sabe donde está el volante”.

No van a reanudarse los contactos para pactar una entrada en el futuro Gobierno de dirigentes del partido morado. No quiere Sánchez, no quieren sus ministros y no quieren los dirigentes de Ferraz, Sí querían los abajo firmantes de siempre y algunos colegas de esta profesión, además, seguramente, de muchos votantes de izquierdas. Pero, visto de cerca, es mejor que el morlaco se vuelva a los corrales y que tengamos así la fiesta en paz.

El resultado final de la sesión de investidura más torpe y peor planteada de todas las que se han producido en la historia de nuestra democracia es que Pedro Sánchez ha fracasado en su intento.

Hay que decir que una gran parte de la culpa es suya porque llegó a este proceso prácticamente con las manos en los bolsillos; habiendo metido la pata en el último momento con eso de admitir a los dirigentes de Podemos como miembros de su futuro Gobierno; habiendo señalado además al partido morado como “socio preferente” sin haber  celebrado la menor negociación de programas; sin haber hablado con quienes se suponía que le habían de proporcionar los votos para ser investido -todos ellos se lo han reprochado durante las sesiones parlamentarias- y, simultáneamente, lanzando a la bancada de los partidos conservadores la petición, que él convirtió sorprendentemente en “exigencia”, de que se abstuvieran para facilitar la constitución de un Gobierno.

Pero “soplar y sorber, todo no puede ser”. O se cierra una  negociación seria y sólidamente construida con los posibles socios de investidura que  garanticen su apoyo más allá de la sesión de entronización y se extienda a un respaldo a la acción del gobierno en los años sucesivos, o se ofrece a los partidos de la oposición conservadora  algún tipo de pacto que puede concretarse de manera más precisa en los acuerdos de Estado de Casado ofreció a Sánchez sin que éste se haya dignado en recoger el guante lanzado y darle una respuesta positiva. Pero intentar meter a Podemos en el Gobierno apoyándose en la abstención del PP no parece una pretensión muy sensata. Pero es lo que ha estado pidiendo todos estos días el presidente del Gobierno en funciones.

La investidura ha fracasado porque estuvo mal planteada desde el comienzo. Pero aquí no ha acabado nada, salvo que el encargo del Rey a Pedro Sánchez ha decaído en cuanto se ha procedido al recuento de votos. ¡Y ahora resulta que septiembre existe! Lo digo porque durante estas semanas el planteamiento del presidente en funciones era: o salgo investido en esta sesión o nos vamos a elecciones en noviembre.

Septiembre se había esfumado del calendario. Bien, celebremos que el mes haya regresado a él y a los planes presidenciales. Porque sucede que, dado que la suya es la única alternativa viable de Gobierno, está obligado a partir de ahora a explorar todas las vías posible para volver en septiembre a otra sesión de investidura antes del día 23 con los deberes hechos y los apoyos y las abstenciones bien amarradas antes de salir a la tribuna.

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¿Pedro Sánchez obliga al Rey Felipe VI, Rey de España incluida Cataluña, el indulto a los presos políticos de la rebelión catalana?

JP Logística


Como todo apunta, los presos políticos catalanes van a ser condenados, por el Tribunal Supremo a ya que han cometido un delito de rebelión, estaríamos, sin duda alguna, ante uno de los hechos más serios y relevantes de la historia de nuestra democracia. Sería la constatación de que Junqueras y los demás políticos independentistas habrían protagonizado uno de los delitos más graves que se pueden cometer contra un Estado y, por supuesto, contra todas las personas que viven bajo el paraguas de dicho Estado, en este caso el nuestro. Si creemos en nuestras instituciones, y el Tribunal Supremo es un pilar entre todas ellas, resulta increíble que se abra de nuevo el debate del indulto a los políticos presos de Cataluña en caso de una sentencia condenatoria, pero los presos seguirían en prisión.


Pero, ¿Por qué casi siempre se indulta a políticos malhechos y corruptos? Es una medida que tiene más de dos siglos de antigüedad en España. De hecho, la ley que lo regula (incluso hoy) es la de 28 de junio de 1870 “De reglas para el ejercicio de la Gracia del Indulto”, que ha sido reformada en 1988. Esto ya nos puede dar pistas de lo actual de la medida.

Viene regulado en el artículo 62 de la Constitución española. En el Código Penal se recoge en el artículo 130.1.4, y se considera como una “medida que suaviza el régimen de cumplimiento de algunos presos, lo que no exime de haber cometido el delito”. O sea, uno de los preceptos es continuar trabajando en el mismo lugar, antes de ser arrestados o similar. Quiere esto decir que Junqueras y su banda podrán seguir trabajando en la Generalitat catalana.

Dice la Ministra de Justicia, Lola Delgado, que solo se trata de una medida de gracia, de carácter excepcional, y que consiste en la remisión total o parcial de las penas de los condenados por sentencia firme, que otorga el Rey, a propuesta del Ministerio de Justicia, previa deliberación del Consejo de Ministros.

Los requisitos para que pueda producirse son: en primer lugar, que haya sentencia firme. que no quepa recurso y haber manifestado su arrepentimiento de todas y cada una de las causas por las que fueron juzgados, además de resarcir económicamente a todos los perjudicado, por lo que quienes se encuentren procesados, como ocurre actualmente en el caso de los presos políticos, no pueden ser indultados; tampoco puede plantearse el indulto para quienes no se encuentren a disposición del Tribunal sentenciador, que podría ser el caso de los exiliados; y tampoco puede aplicarse la medida a los reincidentes delictivos (aunque en este punto hay excepciones, pues el Tribunal sentenciador puede atender a criterios de justicia, equidad o conveniencia pública para otorgarlo.

Conlleva la extinción de la responsabilidad penal, pero no anula los antecedentes penales. El indulto puede ser total, suponiendo la remisión de todas las penas por las que se hubiera producido la condena y que aún no se hubieran cumplido; o puede ser parcial, suponiendo la remisión de alguna o algunas de las penas impuestas, o de parte de todas ellas que todavía no hubiesen sido cumplidas.

El indulto no conlleva la anulación de la responsabilidad civil que haya podido derivarse de la comisión del delito, como tampoco supone la devolución de las multas (penas pecuniarias) que ya hayan sido satisfechas.

El indulto, lo tiene que solicitar el propio condenado, sus familiares o cualquier otra persona en su nombre sin necesidad de tener que presentar ningún tipo de documento que acredite su representación. Pero no es la única vía: también puede promover el indulto el Tribunal sentenciador, el Tribunal Supremo, el Ministerio Fiscal, el Juez de vigilancia Penitenciaria y el propio Gobierno. En este sentido, y a tenor de las declaraciones hechas durante el pasado fin de semana de la Delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, no es cierto que deban ser los presos políticos quienes soliciten la medida de gracia.

Para solicitarlo, ha de presentarse un escrito ante el Ministro de Justicia donde deberá aportarse toda la información relativa a la causa judicial y de los penados. Por su parte, además de los distintos documentos burocráticos a aportar, el Tribunal sentenciador y el Ministerio Fiscal deberán también elaborar sus respectivos informes.

La concesión de los indultos se hace mediante Real Decreto, que ha de publicarse en el Boletín Oficial del Estado. Si el indulto fuera denegado, ha de comunicarse al Tribunal Sentenciador así como a los interesados. La resolución debe tener lugar en el plazo de un año desde la petición. Transcurrido este plazo, habría de entenderse desestimado.


No son criterios específicamente tasados, por lo que pueden tenerse o no en cuenta. Pero en términos generales, se suele valorar el tiempo transcurrido desde que el delito fue cometido, el esfuerzo que se haya hecho por tratar de reparar el daño causado, la situación laboral y familiar del solicitante, la gravedad del delito cometido, la conducta mostrada durante el cumplimiento de la condena, y lo que sí se requiere de manera imprescindible: el arrepentimiento mostrado.

No es lo mismo Amnistía que indulto. La amnistía supone la extinción por completo de la pena impuesta por los tribunales a los acusados, así como todos sus efectos. Elimina absolutamente el rastro de los antecedentes penales. En España, la ley de amnistía de 1977 regula esta figura y fue aplicada para casos que se contextualizaban en la denominada “transición democrática”, aplicándose a los presos políticos del momento.

La diferencia fundamental entre el indulto y la amnistía es que, el primero supone el perdón de la pena mientras que la segunda supone el “perdón” del delito. Con el indulto, se entiende y asume la culpabilidad del sentenciado, mientras que con la amnistía, no.

Si bien es cierto que los indultos pueden venir a corregir situaciones injustas o de necesidad, lo que realmente ponen de manifiesto es que la justicia puede no estar funcionando como debiera y la absoluta falta de separación de poderes, puesto que teniendo en cuenta quien otorga la medida de gracia (el Rey, a instancias del gobierno), es evidente que éste queda por encima de todo el sistema democrático español.

En el caso que nos ha traído hasta aquí, esto es, el posible indulto a los presos políticos catalanes, plantearlo supone tener que aceptar que sean juzgados y condenados. Y, a la vista está, que en el momento en que se hacen declaraciones por parte de los responsables del gobierno, en el sentido del indulto, es que ellos mismos deben ser conscientes de que los hechos que se les imputan, por lo menos, no han debido ser tan graves como se ha querido contar durante el último año.

El mero hecho de que sigan en prisión –a todo confort- es porque la sentencia será condenatoria. También porque el ministerio de justicia le dijo que no era obligatorio mostrarse los presos arrepentidos, cosa que no pasa a día de hoy ni pasará. Todo lo contrario. Precisamente «los Jordis» publicaron una carta con motivo del primer aniversario del 20 de septiembre y han manifestado que no sólo no se arrepienten sino que lo volverían a hacer las veces que fuera necesario. Y eso demuestra una vez más la valía de estas personas y su coherencia.

En definitiva es el REY quien tiene la última palabra y, por lógica, la Casa Real, pedirá informe al Tribunal Sentenciador y en dicho informe se hará constar que NO PROCEDE  EL INDULTO.  

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Hasta los más fanáticos del PSOE saben que Zapatero y Pedro Sánchez nos conducen a la tiranía venezolana en Europa.


JP Logistica

¿Firmaría el Rey, Felipe VI el indulto prometido? Nooo, seguro?
Esto es una anarquía o ausencia total de estructura gubernamental en un Estado.

Hay límites que jamás pueden sobrepasarse, de modo que cuando una organización acepta hacerlo debe comenzar a sospechar que está perdida. Con un día de diferencia se han producido en España esta semana dos hechos de extraordinaria gravedad: el martes, Zapatero, en una entrevista radiofónica, defendió el indulto a los dirigentes del procés pendientes de sentencia; al día siguiente, el Canal 24 horas de TVE emitió en horario de máxima audiencia una entrevista con el ex miembro de ETA y actual dirigente de Bildu, Arnaldo Otegi.

Las barbaridades de Zp, que no son las primeras de un destacado socialista a favor de indultar a los separatistas catalanes insurrectos (lo hicieron antes Iceta, dirigente del PSC, y Cunillera, delegada del actual Gobierno en Cataluña), suponen, sin embargo, por la relevancia de quien las pronuncia (nada más y nada menos que quien fue durante 7 años presidente del Gobierno) una inadmisible e incalificable injerencia en la independencia judicial. Zapatero sabe que su opinión, hecha pública antes incluso de que se dicte sentencia, interfiere de forma totalmente irresponsable en la delicadísima tarea del Tribunal Supremo, al que desautoriza de plano y deja por completo al descubierto. El indulto, del que se ha abusado en España hasta el delirio, no puede ser nunca un instrumento al servicio del poder político para alcanzar sus objetivos al precio de anular la potestad jurisdiccional del Estado sin la que no puede existir ninguna democracia digna de tal nombre. ¿Firmaría el Rey dicho indulto?

La entrevista a Otegi en TVE se ha traducido, como era previsible, en un intento de blanquear la imagen política de un sujeto de trayectoria deleznable y la de la propia historia de la banda terrorista cuyos horrendos crímenes Otegi justificó durante años. Basta recordar una de sus frases anteayer para captar el tono vomitivo de su intervención: «Lo siento de corazón si hemos generado más dolor a las víctimas del necesario o del que teníamos derecho a hacer». TVE ha dado voz, pues, a un sujeto que sigue aún convencido del derecho de ETA a matar, extorsionar y secuestrar. 

Como tengo desde hace décadas muchos y muy buenos amigos en el PSOE estoy seguro de que no pocos compartirán mi estupor, y el de millones de españoles, por las palabras de Zapatero a favor del indulto y por la decisión de TVE de darle al tal Otegi sus micrófonos para justificar su infame historia. Por eso algo debe pasar en el PSOE para que prácticamente nadie haya levantado la voz contra una y otra indignidades. Algo muy triste y preocupante, que yo, podéis creerme, siento de verdad.

El discurso del Rey de España, Felipe VI -íntegro- difundido por 42 cadenas de TV, afianza la Monarquía y enfrenta al independentismo.

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En estos días tan especiales, en los que siempre nos deben unir los mejores sentimientos, os deseo, junto a la Reina y nuestras hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, una Feliz Navidad y que en el año 2019 podáis ver cumplidos vuestros anhelos y aspiraciones.

Hoy no quiero dejar de recordar a quienes vivís una situación difícil por razones personales, económicas o sociales; o estáis lejos de vuestro hogar y seres queridos. En estas horas, que han de ser para la alegría y de celebración, nuestro corazón y nuestro pensamiento están a vuestro lado; y nuestro mayor deseo es que todas esas circunstancias queden pronto atrás.

A lo largo de los últimos años os he venido transmitiendo en Nochebuena mis inquietudes y reflexiones sobre nuestra democracia; sobre la cohesión social y territorial, la economía y el paro o la educación; también sobre la corrupción, el terrorismo, o la violencia contra las mujeres; una violencia, de tan triste actualidad y que merece siempre nuestra repulsa y condena más enérgica y el empeño de toda la sociedad para erradicarla de nuestra vida. Todas estas cuestiones que acabo de mencionar nos siguen preocupando, por supuesto, muy seriamente.

Permitidme que esta noche os hable de algo que también me parece muy importante. Quiero hablaros de nuestra convivencia, de los principios en los que se inspira, pensando en el presente y también en el futuro, en nuestras generaciones más jóvenes, a las que hoy me voy a dirigir especialmente.

El pasado 6 de diciembre, con motivo del 40 aniversario de nuestra Constitución, recordé nuevamente los ideales que animaron y unieron a los españoles durante la transición política y que han sido el fundamento, la base de nuestra libertad y de nuestro progreso de estos últimos 40 años: la reconciliación y la concordia; el diálogo y el entendimiento; la integración y la solidaridad.

Quienes vivieron aquellos años saben bien que si hay algo que los define fue el valor de trabajar juntos y unidos pensando en nuestro país y en su futuro; fue la voluntad de los españoles de entenderse y la de los líderes políticos, económicos y sociales de llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados por sus ideas y sentimientos.

A todos les unía un objetivo muy claro: la democracia y la libertad en España; definir unas reglas comunes que garantizaran nuestra convivencia. Y lo lograron. De ese éxito nos hemos beneficiado las siguientes generaciones; y lo que debemos hacer hoy es todo lo que esté en nuestras manos para que esos principios no se pierdan ni se olviden, para que las reglas que son de todos sean respetadas por todos. Y de esa manera asegurar a los jóvenes, con mayor garantía, nuevas décadas de progreso y avance como las que nosotros afortunadamente hemos conocido.

Quienes fuisteis protagonistas o testigos de la transición estoy seguro de que entenderéis muy bien lo que acabo de decir. A los que no vivisteis aquel tiempo y especialmente a las generaciones más jóvenes, tenemos el deber de haceros partícipes de ese período de nuestra historia, de ese camino que permite entender por qué y cómo España ha conseguido el cambio más radical de su historia; por qué y cómo ha avanzado y prosperado tanto nuestra sociedad desde entonces

Yo creo que eso es necesario, sí; pero también creo que no es suficiente. Porque como sociedad tenemos una deuda pendiente con nuestros jóvenes. Somos responsables de su futuro y las circunstancias de hoy en día no son, ni mucho menos, las más fáciles.

Los jóvenes vivís inmersos en la realidad de una sociedad tecnológica —de cambios continuos y acelerados— que plantea nuevos interrogantes, pero que a la vez está llena de nuevas oportunidades. Tenéis talento, creéis en la paz, estáis abiertos al mundo porque sois y os sentís europeos, sois solidarios, estáis comprometidos con las causas sociales, con la lucha contra el cambio climático y la defensa del medio ambiente. Queréis vivir y convivir, pero tenéis problemas serios.

Sabéis que es muy difícil encontrar trabajo sin una adecuada formación. Muchos la tenéis, pero a veces os veis obligados a ocupar un puesto de trabajo que no es para el que os habéis preparado o que no responde a vuestras expectativas. Y os tenemos que ayudar: a que podáis construir un proyecto de vida personal y profesional, con un trabajo y un salario dignos, a tener un lugar adecuado donde vivir y, si así lo queréis, a formar una familia y poder conciliar con la vida laboral.

Nuestra responsabilidad, la de toda nuestra sociedad, es que vuestra capacidad, vuestra motivación, vuestra ilusión y esfuerzo, venzan a las dificultades; porque tenemos la obligación –contando con vosotros, con vuestra energía–, de seguir construyendo día a día un país mejor, más creativo, más dinámico, y siempre en vanguardia; una España más cohesionada socialmente y más comprometida con la igualdad real entre hombres y mujeres
Hoy, que vivimos en una democracia asentada y que compartimos unos mismos principios y valores con otras democracias de nuestro entorno, es imprescindible que aseguremos en todo momento nuestra convivencia.

Una convivencia que se basa en la consideración y en el respeto a las personas, a las ideas y a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos los profundos vínculos que nos unen y que siempre nos deben unir a todos los españoles; que es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas actitudes forman parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan; una convivencia en la que la superación de los grandes problemas y de las injusticias nunca puede nacer de la división, ni mucho menos del enfrentamiento, sino del acuerdo y de la unión ante los desafíos y las dificultades.

Una convivencia, en fin, que exige el respeto a nuestra Constitución; que no es una realidad inerte, sino una realidad viva que ampara, protege y tutela nuestros derechos y libertades. Todos los proyectos necesitan unos cimientos sólidos, y la España de hoy los tiene, porque están hechos de una voluntad decidida de concordia, de paz y de entendimiento.
Y esta es la reflexión que quería haceros llegar esta noche: que la convivencia —que siempre es frágil, no lo olvidemos— es el mayor patrimonio que tenemos los españoles. La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes; y, por ello, debemos evitar que se deteriore o se erosione; debemos defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo con responsabilidad y convicción. Así lo hemos demostrado durante estos últimos cuarenta años de libertad porque hemos creído en nosotros mismos y en nuestras propias fuerzas.

Ahora debemos valorar con orgullo lo que somos, lo que hemos hecho y confiar en lo que podemos hacer entre todos, alejando el desencanto o el pesimismo. Debemos ser conscientes de la nueva realidad que nos impone el siglo XXI y ser capaces de alcanzar consensos cívicos y sociales que aseguren el gran proyecto de modernización de España.

Con esa esperanza y confianza en el futuro, sigamos adelante. Con coraje y sin descanso. Porque todos podemos hacer mucho por el bien común, y superarnos cada día; haciendo cada uno lo que nos corresponde y apoyando a quien cumple con su obligación; animando a quien lo precisa —sin que nadie quede atrás—, y sumando todas nuestras fuerzas en el deseo de una España siempre mejor, porque los españoles lo merecemos.
A todo esto os animo. Gracias por escucharme y os deseo nuevamente a cada uno de vosotros y a vuestras familias, una muy feliz Navidad.

Eguberri on. Bon Nadal. Boas festas. Buenas noches. Y feliz y próspero 2019.