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Abascal, un chiquilicuatre al servicio del sanchismo.

 CIS: Sánchez, el mejor valorado; y Abascal, el peor

Por Juan Pardo Navarro

Vox tiene, igual que Sánchez, una oleosa fábrica de palabros, de buñuelos literarios, de churros churriguerescos, de morcillas quevedescas, de garbanzadas léxicas o cuchareras como garbanzadas de Fraga. Sánchez ya sabemos que no gobierna, sino que cada día se mira al espejo, dolorosamente, como una momia desvendada, y manda inventarse acertijos, distracciones, escapatorias, embestidas o quejidos para que el personal se olvide y se atice. Vox, que a lo mejor tampoco quiere gobernar, no vaya a ser que nos demos cuenta de que no sabe, parece que también se quiere salvar o escapar con la frase matasuegras o matamoros. “Prioridad nacional” es eso, un eslogan, una frase de gorra o de peto, de azulejo o de botijo. Como eslogan está bien embutido, porque amarra la urgencia o la emergencia con lo “nacional”, que es una palabra que funciona como gatillo ideológico y emocional inmediato. La prioridad nacional, la legumbre nacional, la música nacional y hasta la morena nacional suenan ya nuestros, importantes, orgullosos, irrenunciables y trascendentes frente a lo minúsculo, lo personal, lo pueblerino, lo partidista o lo invasor. Lo que pasa es que, en democracia, es aplicable al grano, a la cerámica o al fútbol, pero aplicarlo al ciudadano ya sería discriminación, aquí y en Europa (en la China de Sánchez seguro que no).

 

Vox está con la manga churrera o de bombero de los palabros gruesos y los conceptos chorreantes porque ahora se encuentra en la delicada situación, quizá existencial, de tener que elegir entre el populismo antisistema y ser un partido de gobierno. Yo creo que, simplemente, ha escogido la opción más cómoda pero más complicada, que es querer ser las dos cosas a la vez, quizá porque aún no sabe qué ser. Por los salones, firma con el PP acuerdos de gobierno, y, por las esquinas, sigue siendo ese populismo de verborrea, desahogo y tentetieso. Lo de la “prioridad nacional” es una frase de toldillo, como de ferretería española, pero choca con la Constitución, con nuestras leyes y con las europeas, porque aunque los extranjeros no tengan todos los derechos que tienen los españoles, sí mantienen un núcleo importante de ellos. Incluso si en los papeles con el PP, que parecen ya papeles papales, de tanto tiempo y tanta teología gastadas en ellos, se exige lo imposible, no podrá llevarse a cabo. Pero, mientras, en la calle y en los medios, los de Vox pueden seguir quedando como españolazos cimarrones, dándole a la demagogia como a la coz.

Vox tiene ahora dos necesidades, cree uno, y va a intentar satisfacerlas desdoblándose o contradiciéndose. La primera necesidad es la económica, que me parece a mí que haber perdido a Orban ha sido mucho más que perder una referencia, ha sido perder el padrino del aguinaldo, del duro de domingo o del caramelo de domingo, sacado de esos monederos de padrino que son como maletines de médico del Oeste. Vox necesita pisar moqueta, necesita medallones y macetones autonómicos, sillas de mesonero en los cabildos, necesita gobernar o al menos estar donde se gobierna, siquiera dándole a un botafumeiro o desembolando toros. La otra necesidad es mantener a su votante entre ilusionado y cabreado, más cabreado que ilusionado si puede ser, porque ya hemos dicho que sus imposibles siguen siendo imposibles. Vox necesita llegar con votos y poderío a las generales, y eso intenta mientras espera que su gobernanza o desgobernanza no decepcione mucho. Casi todo lo que piden es irrealizable o folclórico, o sea que la decepción, esa decepción de todos los populismos, está asegurada y ellos lo saben. Como saben que el cabreo puede vencer a la decepción, y en eso andan.

La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox

Lo de la “prioridad nacional” es un concepto inaplicable, sin significado y puramente sonoro, casi pastoril, lo que no significa que sea inútil. Otros conceptos que llegaron también así de la fábrica del sotanillo de Sánchez fueron y aún siguen siendo muy útiles. Lo curioso es que Sánchez le ha proporcionado a Vox el eslogan y el cabreo, y Vox le puede proporcionar a Sánchez la pieza, o sea el PP, más concretamente Moreno Bonilla. Yo creo que María Jesús Montero sólo está en Andalucía de feria, paseando el clavel altísimo como un farol de náufrago, y que la única esperanza de Sánchez, su verdadero candidato, es Vox. La regularización de Sánchez, caótica, esperpéntica, sin recursos, sin garantías, sin dinero, sin tiempo, y que además está llenando la propia calle de esa imagen de tribu en las calles que describe y quiere Vox; la regularización, decía, es el regalo, el duro de domingo, el aguinaldo de padrino que Sánchez le da a Vox. Sánchez está alimentando el miedo, la polémica y hasta el folclore de Vox con carne humana, que es aún más despreciable que hacerlo con los recursos que él no pone (al final, todo, los servicios y el caos, lo pagarán las autonomías).


La prioridad nacional de Vox resulta que es la prioridad nacional de Sánchez, que también sabe usar gatillos ideológicos y emocionales, y mejor que Vox. En realidad, Sánchez no se queda en el palabro, en la literatura, en el relato, porque para mantener ese relato tiene que intervenir carniceramente en la realidad. Cada relato de Sánchez destroza realmente el Estado, nuestros recursos, nuestra democracia, nuestros servicios, nuestro futuro. Cada vez que necesita un estribillo, un socio, una causa, un enemigo, una escapatoria, de los indepes a China, lo pagamos con realidad, a veces en dinero, a veces en libertad y a veces en libras de carne y sangre. La prioridad nacional, qué macabro, es lo que siempre han exigido los nacionalistas, los indepes, todos los socios de Sánchez (la prioridad identitaria), dándole la vueltecita sentimental, democrática, perversa. Aunque esto casi resulta romántico al lado de la prioridad puramente doméstica de Sánchez. Y la verdad es que les ha funcionado, a Sánchez y a sus socios. Decíamos que la prioridad nacional no se puede aplicar al ciudadano, que sería discriminación, pero las prioridades de Sánchez han conseguido discriminaciones, privilegios, mangazos, impunidades y hasta milagros sobrenaturales. Sí, quizá no sea la cosa tan imposible. Vox aún tiene la guía y la esperanza de Sánchez.

Los que quedan en el PSOE quieren imponer la censura en las RRSS, pero no para proteger a los menores.

Límites en el ciberespacio: censura en redes sociales | Alfabetización y  Salud digital

Resulta preocupante la adicción de muchos adolescentes al uso constante del móvil, un hábito que en muchos casos termina convirtiéndose en un grave problema para su salud mental. El uso excesivo de las redes sociales puede provocar trastornos en la conducta, estrés, ansiedad y depresión, en especial entre los más jóvenes. Se trata de un problema que deben afrontar los padres y profesores. Pero la medida que ha anunciado Pedro Sánchez de prohibir a los menores de 16 años el acceso a las redes sociales lo que busca, en realidad, es censurar Internet. Pues, como ha anunciado, pretende rastrear los contenidos de las redes para atajar la ”huella de odio y polarización”.

El dueño de Telegram lo ha resumido a la perfección. El Gobierno” español está impulsando nuevas regularizaciones peligrosas” que amenazan la libertad en Internet. Asegura Pavel Durov que las medidas anunciadas por Sánchez “son una señal de alarma roja que podría convertir España en un Estado de vigilancia bajo el pretexto de proteger a sus ciudadanos”. Pues no se trata únicamente de que se prohíba el acceso a redes sociales a los menores de 16 años, sino que "establece un precedente para rastrear la identidad de cada usuario, abriendo puertas a la recopilación masiva de datos. Lo que empieza con los menores podría extenderse a todos”. Y el seguimiento de la "huella de odio y polarización", que las plataformas deben rastrear por “alimentar la división" sólo busca “suprimir a la oposición.”

La defensa de la libertad de expresión se basa en un principio: los hechos son sagrados y las opiniones, libres. Las mentiras y calumnias se pueden combatir con las leyes actuales sin necesidad de buscar subterfugios. Pero en su deriva totalitaria, el Gobierno intenta imponer la censura, ahora en Internet. Una pretensión que, además de resultar difícil por falta de herramientas digitales, es aberrante. La Comisión Europea ya ha advertido a Sánchez que “no puede hacer responsables penales a los dueños de las redes sociales”. Y es que, el presidente y sus corifeos sólo buscan la “desinformación”, la “huella de odio y polarización”, la llamada “máquina del fango de la fachosfera” en los contenidos que perjudiquen su imagen. No se trata, en fin, de proteger a la infancia. Sino de imponer una mordaza a la libertad de expresión para silenciar las críticas al Gobierno. Es como la censura franquista o comunista. Que viene a ser lo mismo.

Al final, la culpa del descarrilamiento de Adamuz, acabará siendo del ayudante del soldador.

 

Cuatro afectados por el descarrilamiento de Adamuz, trasladados a  hospitales madrileños

Yolanda Díaz se refirió a la crisis ferroviaria el pasado día 23 para defender el "derecho de los maquinistas a movilizarse". Después, junto al número dos de Sumar, Ernest Urtasun, les dedicó unas palabras a las victimas de los dos accidentes (Adamuz y Gelida) en el trascurso de los premios Feroz (24-1-2026).

La vicepresidenta del gobierno, tan presta en otras ocasiones a defender causas justas, ha mantenido un significativo silencio sobre las responsabilidades en el desastre de Adamuz, que costó la vida a 45 personas y provocó decenas de heridos. Ella, que hace justo dos años acudió a la playa de A Pobra de Caramiñal (A Coruña), provista de un cedazo y acompañada por varias cámaras de televisión, para recoger pellets y denunciar "las mentiras del PP", ahora mira para otro lado. Según cuenta hoy Cristina de la Hoz, ha optado por defender a Oscar Puente. Yolanda, siempre al lado de los débiles.

A rebufo de ERC y de Junts, Urtasun pidió ayer un plan de inversiones en Rodalies como condición para apoyar unos presupuestos que ni están ni se les espera. Pero no dijo ni palabra de Adamuz.

Da un poco de vergüenza lo que está pasando. Para salvarle la cara a Salvador Illa y calmar a los socios de ERC, este lunes el gobierno ha decidido cortar dos cabezas de tamaña medio, dos recién llegados: el director operativo de Rodalies y el jefe de mantenimiento de Adif. Tanto ERC como Sumar, que se han mostrado muy airados con el accidente de Gelida (un muerto), no han dicho ni pío sobre las responsabilidades en el de Adamuz (45 muertos). ¡Y luego hay gente que se extraña de que las familias hayan dicho que no quieren ni ver a los miembros del gobierno en el funeral de Estado que debía celebrarse el próximo sábado!

Un partido que es incapaz de pedir responsabilidades por un desastre como el de Ademuz -hasta el PSOE debería haberlo hecho- es un partido que no defiende a los ciudadanos, sino a sus propios intereses.

Eso explica que Díaz haya pasado de pedir hace poco más de un mes una "remodelación profunda del gobierno" a respaldar con su silencio al ministro Puente.

La líder de Sumar tiene que ser prudente. Al fin y al cabo, el presidente de Renfe es uno de los suyos

Bien es verdad que, en este caso, no sólo busca que Sánchez le deba un favor, por no dar una baza al PP, sino que está la protección uno de los suyos.

Efectivamente, el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, se presentó en las listas de Más Madrid al ayuntamiento de la capital en 2023 y, de hecho, ejerció como concejal durante unos meses, hasta 2024. En enero de 2025 fue nombrado presidente de Renfe. La experiencia de Fernández Heredia en el sector ferroviario es nula, pero tiene buena relación con Oscar Puente, que le nombró gerente de la empresa municipal de autobuses Auvasa (1919-2023), cuando el ahora ministro era alcalde de Valladolid. Fernández Heredia es ingeniero, pero su especialidad es la "movilidad urbana sostenible". Su doctorado lo logró gracias a su tesis: "El potencial de las variables latentes en modelos explicativos del uso de la bicicleta". En Valladolid era conocido por ser un talibán de las bicis. Pero de vías y trenes no sabía nada. Tampoco parece hábil en la gestión de la comunicación: fue el que dijo que entre el descarrilamiento y el choque con el Alvia habían pasado 20 segundos; después tardó seis días en hacer un comunicado informando de la hora en la que Renfe llamó al 112.

Si el presidente de Renfe fuera un ingeniero de derechas, Yolanda Díaz habría exigido su dimisión desde el minuto uno.

Como decíamos en este columna el pasado fin de semana, a medida que se van conociendo datos, la sensación de chapuza e improvisación en Transportes aumenta. Hemos conocido, por boca del presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes, Ignacio Barrón, que el fallo en una soldadura puede ser la causa del descarrilamiento. Esa soldadura se realizó entre dos vías, una vieja y otra nueva, cuando el ministro había dicho que se había renovado toda la vía en mayo de 2025.

La increíble historia de las joyas (supuestamente robadas) de los Habsburgo.

 Tesoro perdido de los Habsburgo reaparece en Canadá – DW – 07/11/2025

La increíble historia de las joyas (supuestamente robadas) de los Habsburgo: el famoso diamante Florentino llevaba un siglo en una maleta escondida en una caja fuerte en Canadá

Carlos de Habsburgo-Lorena, nieto del último emperador de Austria, ha revelado el secreto: las joyas de los Habsburgo nunca se robaron ni se vendieron ni se trocearon. Han aparecido —excepto la corona de la emperatriz Sissi— en una pequeña maleta guardada en un banco en Quebec. Una increíble historia con una responsable: la emperatriz Zita.

Mientras Francia (y quizá no solo Francia) sigue recuperándose del golpe maestro ocurrido en el Louvre, Austria celebra un milagro, o casi. Después de más de un siglo, se han encontrado las preciosas joyas de los Habsburgo (excepto la corona de la emperatriz Sissi), y el famoso y gigantesco diamante amarillo Florentino. Tesoros que durante años, muchos, se habían dado por perdidos.

Ningún guion, ni siquiera el de la mejor película, podría haber ofrecido una trama y un final más sorprendentes. Una historia que ha puesto fin a más de un siglo de conspiraciones y relatos sobre las joyas de los Habsburgo que se daban por robadas, troceadas, vendidas en subasta o intercambiadas por dinero. Hasta hoy. "El diamante Florentino está en una caja fuerte en Canadá junto con otras joyas de la familia", ha revelado a Spiegel Carlos de Habsburgo-Lorena, empresario, expolítico y, por encima de todo, nieto del último emperador de Austria, mientras tomaba su capuchino en un café de Viena. Pocas palabras que, sin embargo, han echado por tierra años de certezas: las joyas de los Habsburgo nunca se perdieron.

 No, y tampoco se ha producido un hallazgo sensacional, solo la revelación de un secreto guardado durante más de un siglo a petición de su abuela, la emperatriz Zita, viuda del emperador Carlos I. En su repentina huida a Canadá en 1940, se llevó las joyas familiares. Las transportó en una pequeña maleta de cuero marrón, y las ocultó en una cámara acorazada en la provincia francófona de Quebec, con una recomendación: el lugar debía mantenerse en secreto al menos hasta el centenario de la muerte del emperador Carlos I (en 1922). Solo dos miembros varones de la familia debían tener conocimiento de esta localización. Esos dos hombres son dos primos de Carlos de Habsburgo-Lorena que, cumpliendo con las directrices de su abuela, le revelaron el secreto familiar hace apenas un año. ¿Es posible que el heredero de los Habsburgo —se preguntan en Spiegel— no supiera nada? "Mi padre lo mencionó una vez de pasada. En aquel momento, no le di ninguna importancia y no volví a pensar en ello", ha asegurado Karl Habsburg.


La emperatriz Zita de Austria.

La emperatriz Zita de Austria.


Los misterios crecen, pero parece casi natural dado el golpe maestro de la abuela Zita, que durante años hizo creer al mundo que esas joyas, de las que no sabía nada desde 1921, habían sido robadas o vendidas al mejor postor. Fue, en realidad, su marido, el emperador Carlos I, quien en 1918, al presentir el final de su Imperio austrohúngaro, ordenó a su gran chambelán que sacara las joyas del país. Éstas llegaron a Suiza, donde permanecieron hasta 1921, para luego desaparecer sin dejar rastro, dando pie a las más misteriosas y fascinantes teorías sobre su destino.

 La emperatriz puso a salvo el botín en aquella maletita que hoy muestra 15 deslumbrantes piezas, entre ellas un reloj de esmeraldas que la emperatriz María Teresa regaló a su hija María Antonieta, un broche con diamantes, esmeraldas y rubíes, y otro con perlas y diamantes. Faltaría un brazalete de esmeraldas que María Teresa utilizaba para las celebraciones en trineo y la preciosa corona de Sissi, compensadas, sin embargo, por el hallazgo del gigantesco diamante Florentino de 137 quilates que perteneció originalmente a los Médici y que, tras en una serie de giros, acabó en manos de los Habsburgo.

"Es raro ver una piedra tan perfecta", ha dicho Spiegel A.E. Köchert, joyero real de Viena que posee la única foto existente, de 1918, de la legendaria piedra amarilla. Encargado de volar a Canadá para examinar el estado de las joyas halladas en la maleta, Köchert ha contado: "Se trata de uno de los diamantes más famosos del mundo. La historia, la artesanía... es impresionante. ¿Y su color? "Recuerda a un buen whisky escocés".

Es una alegría, por tanto, encontrar intacto el famoso Florentino, llamada por algunos “la piedra del destino”, sobre el que durante un siglo se ha dicho de todo. Algunas publicaciones llegaron a sugerir que el antiguo emperador había empeñado la joya familiar para financiar su intento de hacerse con el poder en Hungría y que un estafador se habría apoderado de la piedra, desapareciendo con ella. ¿Y quién habría contribuido a hacer perder su rastro? Parece que incluso la emperatriz Zita —la misma que escondió el tesoro—, habría hablado del robo de la piedra. ¡Ingeniosa! Por no mencionar un diamante amarillo en forma de almohadilla y de 99,52 quilates que causó revuelo en Estados Unidos porque se creía que era un fragmento del Florentino.

Todas las suposiciones, teorías, conspiraciones de un siglo se desvanecieron con un giro digno de las mejores novelas policíacas.

A Pedro Sánchez, en realidad, sólo le importa él mismo. NO DIMITIRÁ.

 

Lo que de verdad importa es Sánchez

Lo que de verdad importa es Sánchez
Pedro Casare

Sánchez defiende la inocencia del fiscal general, "más aún tras lo visto en el juicio"

 
Sánchez está haciendo ahora vídeos de adolescente con pústulas o de jubilado con hortensias. Visita la radio pública con camisetucha, alabando el indie que escuchan, en realidad, los cuarentones de la precariedad, y recomendando libros que no ha leído como desde un sillón de Emmanuelle o una mecedora de Rosa León (la referencia es tan lejana y kitsch como eso de hacer culturetismo de bibliotecaria virgen). Después, se pone a celebrar sus dos años de legislatura muerta o agónica como desde un jardín de sanatorio. Sánchez, el hombre de la máscara, se había sentado delante de un jardín que no sé si pretendía ser curativo, medicinal, tranquilizador para sus males de nervios o para los del españolito, un jardín un poco infantil en su terapia y su selvosidad, como una selva de Henri Rousseau (más culturetismo kitsch). Pero yo diría que el jardín, como la misma España, sólo parecía violentado por su presencia, como por un bulldozer. Este país que crece más que nadie, este Gobierno que trabaja por lo que le preocupa realmente a la gente, todo lo que salía en su vídeo, como en una teletienda de fertilizantes, lo niega lo que vemos y lo que sabemos. El jardín entero de su vídeo o de España parecía que le iba a atacar, en defensa propia, como una planta carnívora.

Los vídeos, el jardín, sus libros que se abren con flores en relieve y pensamientos planos, la música vulgar del que intenta ir de guay, el querer dirigirse a una juventud que no conoce, a la que causan cringe los intentos de Bolaños y Óscar Puente de resultar molones (el carrozón molón que espanta a todos), o el querer dirigirse a una madurez indistinguible de la adolescencia, zangolotina e infantilizada, como la que se cita en lo de Broncano, cuarentones con pelos, zapatones y latiguillos de Lamine Yamal… Todo esto me parece un esfuerzo desesperado de Sánchez, el hombre de la máscara, por tomar un breve hálito de vida en cualquier cosa que parezca tener vida. Le sirve el papel pintado, un jardín de hule, la juventud inverosímil y pasada, como de la tuna (Radio 3 es más carroza que Radio Clásica, e incluso que decir “carroza”), le sirve pegarse a Rosalía como si se posara sobre un nenúfar o, simplemente, le sirve acercarse a la juventud en el ritual, en el lenguaje o en los iconos, aunque sea siniestramente, como el que sólo está pensando en bañarse en su sangre. Sánchez no entiende la juventud, ni le importa la juventud, como no entiende la política ni le importa la política. Él sólo se mimetiza, por eso en el vídeo era como un insecto palo en una maceta de nuestra ventana.

Sánchez, asomado a la ventana de nuestra casa con manos de bicho palo y ojos de camaleón, nos decía que estos dos años de supervivencia y jadeos habían sido dos años de “avance, compromiso y políticas útiles”, dos años “defendiendo lo que de verdad importa”. Lo que de verdad importa, por lo visto, debe de ser él. Porque perder la mayoría en el Congreso, no poder aprobar leyes, no tener presupuesto, estar sometido al chantaje de unos y de otros (o peor, no tener ni la posibilidad de someterse al chantaje porque no le creen ni los que lo exprimen), ir pudriéndose por dentro por las humedades del búnker, querer convertir todo el Estado en su botín y vivir o morir cada día pendiente de qué miembros de su familia, de su camarilla o de su partido se sientan ante los jueces; todo eso, en fin, seguramente es anecdótico. Como lo son las cifras macroeconómicas que saca, un poco así como soviéticamente, en porcentajes aturdidores y cantidades inconmensurables, como de grano, para que hasta los pobres se deleiten y se alimenten con su riqueza teórica.

 

Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él

La verdad es que cuando nos habla de crecimiento desde la oquedad de sus ojos, a Sánchez se le olvida lo de siempre, que si crecemos más es porque venimos de más abajo, que crecemos como el desnutrido que va recuperando peso. Se le olvida la inflación, que nos hace mirar los tomates como rubíes y la estufa como si fuera un deportivo, se le olvida la deuda, que con los niveles actuales tardaríamos casi medio siglo en pagar, el empleo precario, el paro (el juvenil, sobre todo) y los índices de riesgo de pobreza. Se le olvida que todo lo que dice sobre la vivienda se vaporiza con sus palabras ante nuestros ojos, y se le olvida que no nos funcionan los trenes ni nos funciona el Estado porque todo se queda en pagar la propaganda, la colonización institucional o social, la fontanería basta e impúdica y ese negocio carnicero entre la mordida, el muslamen y la chistorra que nació de ese Peugeot como de una furgonetilla de bragas anchas y calcetines gordos. Igual que se le olvida que la política exterior no es sino su interés particular y su propaganda doméstica que usan banderas con alfanjes y calaveras extranjeros. La verdad es que ni Europa ni Estados Unidos cuentan ya con nosotros, que somos más de Marruecos, Venezuela o China, donde salen, casualmente, servidumbres y negocios que suenan a tráfico de carne de gato.

Sánchez, en la pantalla como en nuestra ventana, parece pedirnos alpiste, agua, migajones, como un gorrioncillo. Sobrevivir un invierno más, respirar siquiera un día más, que es lo que se oye en el vídeo sobre todo, su intento de respirar por encima de la respiración planetaria del jardín, de la verdad o de la democracia, su intento antinatural de respirar como un tren de Óscar Puente o una rosa de plástico. A Sánchez se le olvida todo lo que dijo, todo lo que prometió, todo en lo que creía (nunca creyó en nada, salvo en lo importante, o sea él), se le olvida todo lo que pasa y todo lo que pasó, ante sus narices y ante sus garbeos. Pero es normal que se olvide todo cuando uno sólo intenta respirar. Casi se le olvida que ya no gobierna, que sólo sobrevive, que es lo que importa.

Sánchez ya no sabe muy bien si hablarnos como un killer o como un mosqueperro, como el césar de la socialdemocracia o un youtuber de muffins, depende de con qué crea él que puede respirar en cada momento. Ahí vemos ahora a Sánchez, el hombre de la máscara, en sus vídeos, en sus entrevistas, en sus reels, como pegado a nuestra ventana, con manos de ventosa y bocanada infinita e insuficiente. Detrás, la naturaleza (la realidad, sin más), que nunca es mero decorado, está ya ahí, pasando lentamente de difuminarlo a devorarlo. Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él. Sólo esperamos que la democracia, como el jardín, sobreviva ante el bulldozer