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Del Gobierno de Sánchez, aún se espera lo peor.



Los españoles estamos distraídos por el comienzo del verano y la lógica alegría por haber dejado atrás las restricciones (que no la covid, que está desatado con una séptima ola de la que apenas se habla). Pero esa despreocupación estival no debería tapar los enormes problemas de fondo. El país tiene sus cuentas públicas destrozadas por cuatro años de irresponsabilidad manirrota y gasto peronista. Además, el pico de inflación, el impuesto de los pobres, machaca las economías familiares. Este desafío, complicadísimo, nos pilla con un Ejecutivo incompetente, que todo lo arregla comprometiendo más gasto público y empantanando así el futuro de España, que a este ritmo va de cabeza a la quiebra.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

En estas condiciones, lo normal es que Sánchez pierda las generales el próximo año, sobre todo al haber encontrado el PP un candidato con más tirón que el anterior. Pero esa sería la lógica imperante en un país normal, presidido por un mandatario que respeta las reglas de juego. No es el caso de Sánchez, que morirá matando. El año y medio que resta hasta las generales será tremendo.

Es cierto que cuesta creer que Sánchez pueda empeorar, porque ha perpetrado abusos inimaginables. Llegó al poder sin haber ganado las elecciones y gracias a una celada con los golpistas catalanes que él mismo había ayudado a combatir. Tras prometer regeneración democrática, sus primeras medidas fueron someter a RTVE con una comisaria política de escasas luces y fanatismo sectario, entregar el CIS a un hooligan de la Ejecutiva del PSOE y controlar la Fiscalía con una ministra socialista. Luego nos aplicó un estado de alarma inconstitucional, que le ha valido dos condenas del TC, hecho que en una democracia rigurosa le habría costado la dimisión. Instauró un nepotismo desacomplejado, repartiendo puestos entre amigotes e inventándose un empleo público a la carta para rescatar del paro a su amigo del alma. Mintió en sus promesas electorales. Concedió unos indultos arbitrarios, contrarios al dictado del Supremo y al sentir de la mayoría de los españoles. Intentó embridar de manera macarra a los jueces, que le molestan en su proyecto de rasgos autoritarios, y si no lo logró fue solo porque Bruselas lo detuvo. Por último, ha instaurado la mentira como una práctica homologable.

Semejante inventario parece insuperable. Sin embargo, todo indica que irá a todavía a más. Tras la hecatombe del PSOE en su granero electoral andaluz, que en realidad pone en el alero el futuro del partido, Sánchez ha hecho dos cosas que invitan a esperar lo peor, dos cacicadas de república bananera que indican que no estamos ante un gobernante occidental al uso. La primera ha sido corregir sobre la marcha una ley del propio PSOE a fin de hacerse con el control del Tribunal Constitucional, un contrapeso que no le agrada, porque pone coto a sus arbitrariedades. La segunda medida ha sido asaltar la importante empresa Indra, saltándose las prácticas de buen gobierno corporativo para someterla a la férula estatal de la mano de Prisa, su corista mediático. La amoralidad de Sánchez está tan acreditada que algunos analistas, como mi compañero Antonio Naranjo, incluso han recordado con aprensión que Indra es la encargada de recontar los votos en nuestros procesos electorales.

Pero hay más. El Gobierno, que ya se ha venido quejando de las estadísticas del INE, planea asaltar también esa institución y corregir sus métodos, lo que podría servirle para maquillar sus fiascos económicos mediante datos trucados. Sánchez está dando pasos que merman la calidad de nuestra democracia.

Son asuntos muy graves. Pero habrá más, y peores, a medida que la fiera herida vea que se acerca la lucha final de las generales. Entre otras prácticas, ordenará escudriñar a sus adversarios políticos hasta límites inimaginables, con el objeto de intentar desacreditarlos y sacarlos de la carrera.

Vienen curvas cerradas, que nos pillarán con escasos medios de comunicación capaces de reflejar que el conductor del coche es capaz de llevar nuestra democracia a la cuneta. Lo denunciará este periódico… y poco más. Tiempos duros. La sociedad civil y la oposición habrán de estar muy atentas en la defensa del juego limpio y de nuestros derechos y libertades. El lleno de este domingo en la plaza de Colón invita a la esperanza. Refleja que no toda la sociedad está anestesiada por el cloroformo «progresista». Por supuesto esa marcha ha sido lamentablemente ninguneada en los telediarios de TVE, que hoy no es una televisión pública, sino una televisión de partido.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

El Gobierno Frankestein veta a la VICE, Yolanda Díaz a proponer de nuevo el “impuestos a los ricos”. La ministra de Trabajo arrancará su gira después de las andaluzas, pero está intentando construir un equipo de «cuadros» y figuras de referencia mediática. Yolanda Díaz es una ministra comunista que sin dedicación exclusiva (más sindicalista) y con el poco mérito de su extutor, Pablo Iglesias, llegó a Moncloa y le justificaron en la Vicepresidencia del Gobierno sanchista. Bien sabe ella que Podemos es historia al igual que el PSOE y otros aliados. Por tanto está obligada a buscarse la vida sin perder “el poder adquisitivo de que ahora goza”. La ministra gallega cuenta con el apoyo de los sindicatos o parte de ellos, pero es que estos tienen menos crédito electoral que ella. La rama feminista se está desintegrando y el populismo está vetado en las urnas. Si Yolanda Díaz piensa mantener la estructura de partido con aportaciones anónimas, imposible. Si cuenta con el dinero que le corresponde por escaño está en el mayor de sus errores. Ese innoble ingreso para Podemos está hipotecado de por vida. Si cierra sedes provinciales como Inés Arrimadas, no sale ni ella elegida como diputada. El impuesto a las eléctricas que Unidas Podemos propone aplicar de forma inmediata ha derivado en un nuevo choque en el seno de la coalición, que ha llevado a los ministros económicos de la parte socialista -Nadia Calviño, Teresa Ribera y José Luis Escrivá- a salir en tromba a defender a María Jesús Montero para poner en valor su liderazgo en materia fiscal frente a las críticas de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo es la que lanzó el primer envite, al pedir este jueves la aplicación del impuesto a las eléctricas «con carácter inmediato», en respuesta a unas palabras de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la víspera, cuando abogó por «buscar la fórmula y el vehículo adecuado para su puesta en marcha» y defendía crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales del Estado. Yolanda Díaz ha reaccionado a estas declaraciones indicando a la titular de Hacienda, «con todo el cariño», que «no es posible crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales» porque «lo impide el artículo 134 en el apartado 7 de la Constitución». En este contexto, Díaz ha reprochado que el debate tributario «se va aparcando siempre» desde casi el inicio de la legislatura y ha considerado que «urge» poner en marcha un mecanismo de estas características que permita gravar a las eléctricas, como vía para salir de la crisis. Ribera, Calviño y Escrivá, en defensa de Montero En este contexto, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha salido al paso de la polémica y se ha posicionado del lado de la ministra de Hacienda afirmando que es ella quien tiene el liderazgo en materia fiscal. «Hay que estar más pendiente de lo que diga María Jesús Montero que de lo que diga Yolanda Díaz», ha sentenciado. En la mismos términos se ha expresado Nadia Calviño. La vicepresidenta primera y ministra de Economía se ha «remitido» a lo explicado por la titular de Hacienda en materia fiscal, a su entrada a una reunión del Eurogrupo en Luxemburgo. Calviño ha señalado que el Gobierno está «evaluando medidas» y «trabajando en un nuevo paquete» para determinar «si tenemos que hacer alguna modificación para garantizar» que sean «lo más eficaces posible» para atajar el alza de precios y «apoyar a los colectivos más vulnerables y los sectores más afectados. José Luis Escrivá ha pedido, por su parte, a Yolanda Díaz «rigor y precisión» a la hora de hablar de fiscalidad. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha defendido en rueda de prensa que «en ámbitos que tienen que ver con la fiscalidad, es extraordinariamente importante ser muy riguroso técnicamente en el diseño de las medidas que puedan acometerse». El ministro ha recordado que los cambios fiscales deben realizarse para ser «perdurables en el tiempo», al tiempo que permitan evaluar sus efectos y dar seguridad jurídica, y ha advertido de que un diseño «inadecuado» de las medidas fiscales puede «terminar teniendo resultados indeseados sobre la economía».



La ministra de Trabajo arrancará su gira después de las andaluzas, pero está intentando construir un equipo de «cuadros» y figuras de referencia mediática. Yolanda Díaz es una ministra comunista que sin dedicación exclusiva (más sindicalista) y con el poco mérito de su extutor, Pablo Iglesias, llegó a Moncloa y le justificaron en la Vicepresidencia del Gobierno sanchista. Bien sabe ella que Podemos es historia al igual que el PSOE y otros aliados. Por tanto está obligada a buscarse la vida sin perder “el poder adquisitivo de que ahora goza”. La ministra gallega cuenta con el apoyo de los sindicatos o parte de ellos, pero es que estos tienen menos crédito electoral que ella. La rama feminista se está desintegrando y el populismo está vetado en las urnas.

Si Yolanda Díaz piensa mantener la estructura de partido con aportaciones anónimas, imposible. Si cuenta con el dinero que le corresponde por escaño está en el mayor de sus errores. Ese innoble ingreso para Podemos está hipotecado de por vida. Si cierra sedes provinciales como Inés Arrimadas, no sale ni ella elegida como diputada.

El impuesto a las eléctricas que Unidas Podemos propone aplicar de forma inmediata ha derivado en un nuevo choque en el seno de la coalición, que ha llevado a los ministros económicos de la parte socialista -Nadia Calviño, Teresa Ribera y José Luis Escrivá- a salir en tromba a defender a María Jesús Montero para poner en valor su liderazgo en materia fiscal frente a las críticas de Yolanda Díaz.

 


La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo es la que lanzó el primer envite, al pedir este jueves la aplicación del impuesto a las eléctricas «con carácter inmediato», en respuesta a unas palabras de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la víspera, cuando abogó por «buscar la fórmula y el vehículo adecuado para su puesta en marcha» y defendía crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales del Estado.

 

Yolanda Díaz ha reaccionado a estas declaraciones indicando a la titular de Hacienda, «con todo el cariño», que «no es posible crear este impuesto a través de los Presupuestos Generales» porque «lo impide el artículo 134 en el apartado 7 de la Constitución». En este contexto, Díaz ha reprochado que el debate tributario «se va aparcando siempre» desde casi el inicio de la legislatura y ha considerado que «urge» poner en marcha un mecanismo de estas características que permita gravar a las eléctricas, como vía para salir de la crisis.

 

Ribera, Calviño y Escrivá, en defensa de Montero

En este contexto, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha salido al paso de la polémica y se ha posicionado del lado de la ministra de Hacienda afirmando que es ella quien tiene el liderazgo en materia fiscal. «Hay que estar más pendiente de lo que diga María Jesús Montero que de lo que diga Yolanda Díaz», ha sentenciado.

 

En la mismos términos se ha expresado Nadia Calviño. La vicepresidenta primera y ministra de Economía se ha «remitido» a lo explicado por la titular de Hacienda en materia fiscal, a su entrada a una reunión del Eurogrupo en Luxemburgo. Calviño ha señalado que el Gobierno está «evaluando medidas» y «trabajando en un nuevo paquete» para determinar «si tenemos que hacer alguna modificación para garantizar» que sean «lo más eficaces posible» para atajar el alza de precios y «apoyar a los colectivos más vulnerables y los sectores más afectados.

 


José Luis Escrivá ha pedido, por su parte, a Yolanda Díaz «rigor y precisión» a la hora de hablar de fiscalidad. El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha defendido en rueda de prensa que «en ámbitos que tienen que ver con la fiscalidad, es extraordinariamente importante ser muy riguroso técnicamente en el diseño de las medidas que puedan acometerse».

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

El ministro ha recordado que los cambios fiscales deben realizarse para ser «perdurables en el tiempo», al tiempo que permitan evaluar sus efectos y dar seguridad jurídica, y ha advertido de que un diseño «inadecuado» de las medidas fiscales puede «terminar teniendo resultados indeseados sobre la economía».

El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.

El peor enemigo de la izquierda es su existencia. Ejemplo, Pedro Sánchez.


Irene Montero comunicó a Carmen Calvo, antes de comenzar la investidura, que Podemos votaría NO a la "proclamación" de Pedro Sánchez por farsantes y demagogos. Pablo Iglesias, además, de desenmascarar a Pedro Sánchez y su banda, ha colaborado destacadamente en la supervivencia de España. Nos podemos felicitar de que la, llamémosle “negociación“, del PSOE con Podemos no se haya traducido en un pacto que hubiera metido en el seno del Gobierno a una formación que, primero, tiene muchas contraindicaciones políticas e ideológicas para poder sentarse a una mesa del consejo de ministros y, segundo, le habría complicado extraordinariamente la vida al Ejecutivo resultante porque, como se ha visto ya en sus propuestas para el acuerdo, la formación morada tiene sus propias reglas y sus propios propósitos y son ésos  los que hubiera intentado conseguir independientemente de que el resto de ministros caminara en una dirección distinta y hasta opuesta .

Le sobraba la razón hasta por los ojos a Pedro Sánchez cuando le decía a Pablo Iglesias desde la tribuna que no se podían tener dos gobiernos metidos en uno. O un gobierno encastrado en el otro. Pero es que además, la entrada de Podemos en el equipo gubernamental hubiera supuesto una auténtica amenaza para la economía de nuestro país y para la consecución de su equilibrio.

Con mucho motivo algunos de los ministros del actual Gobierno en funciones le pidieron estos últimos días al presidente que levantara unas barreras en esa negociación sui generis que han celebrado Podemos y PSOE de modo que, en el caso de que se llegara a un acuerdo de reparto de carteras -porque era de eso de lo único que se estaba hablando- los hipotéticos futuros titulares de ministerios pertenecientes a la formación morada no tuvieran de ninguna manera acceso, por ejemplo, a la Comisión Delegada de Asuntos Económicos ni a la de Seguridad Nacional ni a la de Asuntos de Inteligencia.

Y es que, retóricas de hemiciclo aparte, muchos de los miembros del Gobierno en funciones se preparaban aterrados ante la posibilidad de que un error garrafal del presidente hubiera abierto la puerta a ese gobierno de coalición que -digámoslo también ahora- nadie en el PSOE quiso nunca y menos que nadie lo quiso Pedro Sánchez.

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno

Lo que hemos visto esta semana ha sido el resultado de un error de cálculo del presidente del Gobierno y de su asesor estratégico que ha podido llegar a costarle muy caro a él y al país en su conjunto. El error estuvo en cambiar de planes inesperadamente y decir en la televisión el jueves de la semana pasada que aceptaría la inclusión de dirigentes de Podemos en el futuro Gobierno. Eso era nuevo, nunca se había planteado porque tenía riesgos enormes y constituyó un error descomunal que nos ha podido costar muy caro.

Otra cosa habría sido que Sánchez se hubiera mantenido en la invitación a formar parte del Ejecutivo a personas próximas a Podemos y suficientemente cualificadas. Probablemente, Iglesias se habría acabado conformando con ese nivel de participación porque, al fin y al cabo, esos tres o cuatro ministros de la órbita del partido morado habrían podido jugar un papel a satisfacción de las dos partes. Pero Sánchez se pasó en su apuesta, convencido como estaba de que Iglesias nunca admitiría retirar su candidatura a formar parte del Gobierno, y con ese error llegó todo lo demás.

No tengan ustedes ninguna duda: el presidente está ahora mismo frustrado y disgustado porque su opción de presidir un Gobierno con todas las bendiciones parlamentarias se ha malogrado por el momento, pero también está profundamente aliviado de haberse quitado de encima esa fórmula suicida de un gobierno encajado en otro gobierno, que es lo que se habría producido con toda seguridad si  Iglesias llega a aceptar la última oferta del PSOE.

Y eso habría significado una situación de Gobierno con desdoblamiento de la  personalidad en perjuicio del equipo socialista en multitud de problemas, el primero de los cuales se habría desatado en cuanto el Tribunal Supremo hubiera hecho pública su sentencia condenatoria de los independentistas procesados.

Porque no nos engañemos: puede que Pablo Iglesias hiciera el esfuerzo de guardar un siempre incómodo aunque elocuente silencio a ese respecto pero muy pocos de los suyos le seguirían en el sacrificio y así tendríamos que miembros de un partido que forma parte del Gobierno de España sostienen que hay que sacar a los presos políticos de la cárcel porque este no es un Estado de Derecho y aquí se persiguen los delitos de opinión.  Es sólo un ejemplo de una infinidad de situaciones problemáticas a las que se habría tenido que enfrentar el presidente y sus ministros de haber tenido a Podemos metido dentro de casa.

Afortunadamente, Iglesias no ha estado muy diestro y ha dejado pasar la ocasión de meter una cuña en el Ejecutivo.  Ya digo que yo me alegro y que respiro aliviada. Creo también que va a ser muy difícil, mucho, que después de lo sucedido, se reanuden unas negociaciones que nunca fueron programáticas -lo explicó el propio Sánchez en la televisión- sino al 99% relativas a los cargos, pero que han dejado muchas heridas en ambos contendientes o interlocutores.

Los socialistas ya no se fiaban de los podemitas antes de esto pero a partir de ahora esa desconfianza va a pasar a ser granítica. Y los podemitas se han quedado compuestos y sin novia, humillados hasta el final por el golpe asestado por Adriana Lastra en los últimos minutos del duelo cuando Iglesias, en  un movimiento patético, se ofreció sobre la marcha a renunciar al ministerio  de Trabajo si se le adjudicaban las políticas activas de empleo: “Señor Iglesias, ¿no sabe usted que las políticas activas de empleo están transferidas a las comunidades autónomas? Quiere usted conducir un coche y no sabe donde está el volante”.

No van a reanudarse los contactos para pactar una entrada en el futuro Gobierno de dirigentes del partido morado. No quiere Sánchez, no quieren sus ministros y no quieren los dirigentes de Ferraz, Sí querían los abajo firmantes de siempre y algunos colegas de esta profesión, además, seguramente, de muchos votantes de izquierdas. Pero, visto de cerca, es mejor que el morlaco se vuelva a los corrales y que tengamos así la fiesta en paz.

El resultado final de la sesión de investidura más torpe y peor planteada de todas las que se han producido en la historia de nuestra democracia es que Pedro Sánchez ha fracasado en su intento.

Hay que decir que una gran parte de la culpa es suya porque llegó a este proceso prácticamente con las manos en los bolsillos; habiendo metido la pata en el último momento con eso de admitir a los dirigentes de Podemos como miembros de su futuro Gobierno; habiendo señalado además al partido morado como “socio preferente” sin haber  celebrado la menor negociación de programas; sin haber hablado con quienes se suponía que le habían de proporcionar los votos para ser investido -todos ellos se lo han reprochado durante las sesiones parlamentarias- y, simultáneamente, lanzando a la bancada de los partidos conservadores la petición, que él convirtió sorprendentemente en “exigencia”, de que se abstuvieran para facilitar la constitución de un Gobierno.

Pero “soplar y sorber, todo no puede ser”. O se cierra una  negociación seria y sólidamente construida con los posibles socios de investidura que  garanticen su apoyo más allá de la sesión de entronización y se extienda a un respaldo a la acción del gobierno en los años sucesivos, o se ofrece a los partidos de la oposición conservadora  algún tipo de pacto que puede concretarse de manera más precisa en los acuerdos de Estado de Casado ofreció a Sánchez sin que éste se haya dignado en recoger el guante lanzado y darle una respuesta positiva. Pero intentar meter a Podemos en el Gobierno apoyándose en la abstención del PP no parece una pretensión muy sensata. Pero es lo que ha estado pidiendo todos estos días el presidente del Gobierno en funciones.

La investidura ha fracasado porque estuvo mal planteada desde el comienzo. Pero aquí no ha acabado nada, salvo que el encargo del Rey a Pedro Sánchez ha decaído en cuanto se ha procedido al recuento de votos. ¡Y ahora resulta que septiembre existe! Lo digo porque durante estas semanas el planteamiento del presidente en funciones era: o salgo investido en esta sesión o nos vamos a elecciones en noviembre.

Septiembre se había esfumado del calendario. Bien, celebremos que el mes haya regresado a él y a los planes presidenciales. Porque sucede que, dado que la suya es la única alternativa viable de Gobierno, está obligado a partir de ahora a explorar todas las vías posible para volver en septiembre a otra sesión de investidura antes del día 23 con los deberes hechos y los apoyos y las abstenciones bien amarradas antes de salir a la tribuna.

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