Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Sánchez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedro Sánchez. Mostrar todas las entradas

Jordi Sevilla, exministro socialista: "Hay que empezar a pensar en pasar página de Sánc


Jordi Sevilla, exministro socialista: 'Hay que empezar a pensar en pasar página de Sánchez'



El exministro socialista Jordi Sevilla se ha mostrado crítico con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este lunes en una entrevista en Onda Cero, en la que ha reconocido que el PSOE atraviesa por horas bajas y apunta a un próximo escenario: "Hay que empezar a pensar en pasar página de Pedro Sánchez".

Según Sevilla, por lo que conoce al jefe del Ejecutivo, no ve al secretario general socialista "metiendo la mano en la caja".

"El Partido Socialista ha pasado página de Felipe González, pasó página de Zapatero y creo que hay que empezar a pensar en pasar página de Pedro Sánchez"

El extitular de Administraciones Públicas observa descontento en la militancia del PSOE, en concreto, "gente que se ha ido yendo y que al final el partido ya no existe, es Pedro Sánchez".

Sevilla ha relatado que colaboró con Sánchez hasta que el "abrazo" a Pablo Iglesias, en alusión al acuerdo de coalición con Podemos.

 

A Pedro Sánchez, en realidad, sólo le importa él mismo. NO DIMITIRÁ.

 

Lo que de verdad importa es Sánchez

Lo que de verdad importa es Sánchez
Pedro Casare

Sánchez defiende la inocencia del fiscal general, "más aún tras lo visto en el juicio"

 
Sánchez está haciendo ahora vídeos de adolescente con pústulas o de jubilado con hortensias. Visita la radio pública con camisetucha, alabando el indie que escuchan, en realidad, los cuarentones de la precariedad, y recomendando libros que no ha leído como desde un sillón de Emmanuelle o una mecedora de Rosa León (la referencia es tan lejana y kitsch como eso de hacer culturetismo de bibliotecaria virgen). Después, se pone a celebrar sus dos años de legislatura muerta o agónica como desde un jardín de sanatorio. Sánchez, el hombre de la máscara, se había sentado delante de un jardín que no sé si pretendía ser curativo, medicinal, tranquilizador para sus males de nervios o para los del españolito, un jardín un poco infantil en su terapia y su selvosidad, como una selva de Henri Rousseau (más culturetismo kitsch). Pero yo diría que el jardín, como la misma España, sólo parecía violentado por su presencia, como por un bulldozer. Este país que crece más que nadie, este Gobierno que trabaja por lo que le preocupa realmente a la gente, todo lo que salía en su vídeo, como en una teletienda de fertilizantes, lo niega lo que vemos y lo que sabemos. El jardín entero de su vídeo o de España parecía que le iba a atacar, en defensa propia, como una planta carnívora.

Los vídeos, el jardín, sus libros que se abren con flores en relieve y pensamientos planos, la música vulgar del que intenta ir de guay, el querer dirigirse a una juventud que no conoce, a la que causan cringe los intentos de Bolaños y Óscar Puente de resultar molones (el carrozón molón que espanta a todos), o el querer dirigirse a una madurez indistinguible de la adolescencia, zangolotina e infantilizada, como la que se cita en lo de Broncano, cuarentones con pelos, zapatones y latiguillos de Lamine Yamal… Todo esto me parece un esfuerzo desesperado de Sánchez, el hombre de la máscara, por tomar un breve hálito de vida en cualquier cosa que parezca tener vida. Le sirve el papel pintado, un jardín de hule, la juventud inverosímil y pasada, como de la tuna (Radio 3 es más carroza que Radio Clásica, e incluso que decir “carroza”), le sirve pegarse a Rosalía como si se posara sobre un nenúfar o, simplemente, le sirve acercarse a la juventud en el ritual, en el lenguaje o en los iconos, aunque sea siniestramente, como el que sólo está pensando en bañarse en su sangre. Sánchez no entiende la juventud, ni le importa la juventud, como no entiende la política ni le importa la política. Él sólo se mimetiza, por eso en el vídeo era como un insecto palo en una maceta de nuestra ventana.

Sánchez, asomado a la ventana de nuestra casa con manos de bicho palo y ojos de camaleón, nos decía que estos dos años de supervivencia y jadeos habían sido dos años de “avance, compromiso y políticas útiles”, dos años “defendiendo lo que de verdad importa”. Lo que de verdad importa, por lo visto, debe de ser él. Porque perder la mayoría en el Congreso, no poder aprobar leyes, no tener presupuesto, estar sometido al chantaje de unos y de otros (o peor, no tener ni la posibilidad de someterse al chantaje porque no le creen ni los que lo exprimen), ir pudriéndose por dentro por las humedades del búnker, querer convertir todo el Estado en su botín y vivir o morir cada día pendiente de qué miembros de su familia, de su camarilla o de su partido se sientan ante los jueces; todo eso, en fin, seguramente es anecdótico. Como lo son las cifras macroeconómicas que saca, un poco así como soviéticamente, en porcentajes aturdidores y cantidades inconmensurables, como de grano, para que hasta los pobres se deleiten y se alimenten con su riqueza teórica.

 

Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él

La verdad es que cuando nos habla de crecimiento desde la oquedad de sus ojos, a Sánchez se le olvida lo de siempre, que si crecemos más es porque venimos de más abajo, que crecemos como el desnutrido que va recuperando peso. Se le olvida la inflación, que nos hace mirar los tomates como rubíes y la estufa como si fuera un deportivo, se le olvida la deuda, que con los niveles actuales tardaríamos casi medio siglo en pagar, el empleo precario, el paro (el juvenil, sobre todo) y los índices de riesgo de pobreza. Se le olvida que todo lo que dice sobre la vivienda se vaporiza con sus palabras ante nuestros ojos, y se le olvida que no nos funcionan los trenes ni nos funciona el Estado porque todo se queda en pagar la propaganda, la colonización institucional o social, la fontanería basta e impúdica y ese negocio carnicero entre la mordida, el muslamen y la chistorra que nació de ese Peugeot como de una furgonetilla de bragas anchas y calcetines gordos. Igual que se le olvida que la política exterior no es sino su interés particular y su propaganda doméstica que usan banderas con alfanjes y calaveras extranjeros. La verdad es que ni Europa ni Estados Unidos cuentan ya con nosotros, que somos más de Marruecos, Venezuela o China, donde salen, casualmente, servidumbres y negocios que suenan a tráfico de carne de gato.

Sánchez, en la pantalla como en nuestra ventana, parece pedirnos alpiste, agua, migajones, como un gorrioncillo. Sobrevivir un invierno más, respirar siquiera un día más, que es lo que se oye en el vídeo sobre todo, su intento de respirar por encima de la respiración planetaria del jardín, de la verdad o de la democracia, su intento antinatural de respirar como un tren de Óscar Puente o una rosa de plástico. A Sánchez se le olvida todo lo que dijo, todo lo que prometió, todo en lo que creía (nunca creyó en nada, salvo en lo importante, o sea él), se le olvida todo lo que pasa y todo lo que pasó, ante sus narices y ante sus garbeos. Pero es normal que se olvide todo cuando uno sólo intenta respirar. Casi se le olvida que ya no gobierna, que sólo sobrevive, que es lo que importa.

Sánchez ya no sabe muy bien si hablarnos como un killer o como un mosqueperro, como el césar de la socialdemocracia o un youtuber de muffins, depende de con qué crea él que puede respirar en cada momento. Ahí vemos ahora a Sánchez, el hombre de la máscara, en sus vídeos, en sus entrevistas, en sus reels, como pegado a nuestra ventana, con manos de ventosa y bocanada infinita e insuficiente. Detrás, la naturaleza (la realidad, sin más), que nunca es mero decorado, está ya ahí, pasando lentamente de difuminarlo a devorarlo. Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él. Sólo esperamos que la democracia, como el jardín, sobreviva ante el bulldozer

Pedro Sánchez se atrinchera hasta 2027 en La Moncloa, antes no irá al banquillo de los acusados. MORIR MATANDO

 


Pedro Sánchez sabe que si pierde las elecciones del año 2027 no pasará a la oposición, sino al banquillo de los acusados. Él y su entorno corren el riesgo judicial del descrédito político e incluso de la cárcel. El presidente del Gobierno se afana por preparar las próximas elecciones generales. Sabe que las tiene perdidas y está dispuesto a gastar el dinero suficiente para contrarrestar el auge del Partido Popular. Se ha adueñado de Indra, de Correos, del CIS, de RTVE, de innumerables medios de comunicación, de Telefónica y de otras instituciones. Y forcejea por el grupo Prisa, no por El País, sino por la SER. Además, derrocha el dinero europeo y nacional para comprar votos de colectivos y de instituciones. Lo hace con mano diestra. Ahora ya ha puesto en marcha la regularización de 400.000 inmigrantes, según algunos de medio millón, que están condicionados por el resultado electoral. Tienen muchos obstáculos, pero consideran que saldrán airosos de la maniobra.

El acrecentado voto por correo del año 2023, robustecido al ser convocadas en la fecha más vacacional del año, abre sospechas e incertidumbre. No se descarta las manipulaciones de las sacas de votos. La sombra de los barrotes verticales amedrenta a muchos de los partidarios sanchistas y la sombra de José Luis Ábalos es alargada. El exministro confiaba en el indulto y eso aliviaba su contraria suerte, pero empieza a pensar que le dejarán en la escalada y ha dejado ya huellas de lo que está dispuesto a hacer. No quiere convertirse en un pardillo, víctima propiciatoria de los sanchistas. Espera evadirse de una situación cada vez más compleja y todo son incertidumbres y sospechas.

La regularización de medio millón de inmigrantes no es tarea fácil y puede enmarañarse en las denuncias judiciales. Pero la operación resulta especialmente provechosa y si el sanchismo acierta en la maniobra sumará miles de votos para encender la cesta de los votos agradecidos.

Alberto Núñez Feijóo no debe permanecer impasible, sino desperezarse y hacer frente a una operación más que puede fragilizar el resultado electoral.

España, si la justicia no lo remedia pasará de la crueldad del sanchismo a la dictadura bolivariana.

 Pedro Maduro y Nicolás Sánchez

España no puede aguantar ni un solo día más la presión y el desconcierto ocasionado por el desastre corruptivo del sanchismo. En la cúpula del la dictadura de Pedro Sánchez, quien no está imputado está pendiente de que le conmuten la condena de garrote vil a cadena perpetua irrevisable. En dicha cúpula no solo están citados los cargos políticos, véase la banda de Koldo, Pepa Bueno, el rector de la complutense o el mismísimo Rey de Marruecos. 

Con Pedro Sánchez lo estamos comprobando, con lágrimas, sudor y desesperación. El poder centralizado en La Moncloa es excesivo. El presidente puede gobernar al margen del Parlamento, prácticamente por decreto. Ni siquiera es condición imprescindible que logre la aprobación de los Presupuestos Generales. Puede prorrogar los anteriores y, según las necesidades, establecer partidas de gasto extraordinarias. No es lo ideal, pero funciona. Y al poder, es decir, a La Moncloa, le basta para que la máquina del Estado siga funcionando a su capricho.

Esta peligrosa anomalía nace del temor a la ingobernabilidad de un país tradicionalmente dividido, complejo y tendente a las pugnas nacionalistas, partidistas y sectarias. El miedo a que la España postfranquista fuera ingobernable llevó a que los padres de la Constitución de 1978 fortalecieran las capacidades de la institución de la presidencia del gobierno. Desgraciadamente, con el tiempo, este remedio se ha demostrado mucho peor que la amenaza que pretendía prevenir.

Hoy, el complejo de La Moncloa es el centro del poder, un poder casi absoluto que tiene un paradójico agravante en caso de que el gobierno sea débil, como sucede con el Gobierno socialista. Y es que el presidente usará ese inmenso poder como moneda de cambio y, en lugar de que esta institución actúe como fuerza centrípeta, se convertirá en una fuerza centrífuga, una motosierra con la que un solo individuo, para conservar la presidencia, troceará el país y lo repartirá entre mafias nacionalistas y políticas. Exactamente lo que está haciendo Sánchez.

Sometido a la dictadura del trueque presidencial, el Parlamento deja de representar al pueblo soberano. No propone, debate, audita, subsana o mejora leyes, sino que, mediante la articulación de una mayoría simple, ratifica el poder del presidente, quien a su vez usará ese poder para comprar su permanencia en La Moncloa. Un círculo vicioso que sólo atiende a la aritmética y que desemboca en el infierno.

Así se explica que los parlamentarios, salvo honrosas excepciones, no atiendan a los intereses generales ni sean constructivos, sino que escenifiquen la pugna entra facciones por los beneficios de ese poder desmedido, convirtiendo los debates en un espectáculo bochornoso, con descalificaciones, improperios, insultos, incluso mímica soez, como la escenificada por la ministra María Jesús Montero, que simuló comerse algo que no era una zanahoria, precisamente.

Nuestro Kremlin

Una de las pruebas más contundentes de este poder descontrolado está en su propio aparataje. El complejo de La Moncloa, que incluye la residencia oficial del presidente del Gobierno español y oficinas de trabajo, emplea a unas 370 personas. Esta cifra incluye funcionarios administrativos, auxiliares, y personal encargado de la gestión y mantenimiento del recinto. Además, se estima que más de 120 personas están asignadas específicamente a la protección y seguridad del complejo, lo que incluye fuerzas policiales y servicios técnicos especializados.

A esto hay que sumar que, de los 869 asesores reclutados por el presidente Sánchez, aproximadamente 383 están asignados a Moncloa. Esto equivale a casi la mitad del personal de confianza del Gobierno. Para hacerse una idea de la magnitud del complejo monclovita, Downing Street 10, la residencia y oficina de los primeros ministros británicos, emplea alrededor de 100 funcionarios y asesores, y una dotación de personal de seguridad equiparable. En comparación, La Moncloa tiene cuatro veces más personal que su equivalente británico.

Un país de ciudadanos dependientes

La concentración del poder es lo que ha permitido someter a las demás instituciones a las necesidades de un solo individuo o, a lo sumo, de una banda. Pero este proceso de acaparación no se ha detenido ahí, ha ido mucho más lejos. Su naturaleza expansiva se ha propagado como la pólvora, de tal forma que tanto los inquilinos de La Moncloa como sus émulos regionales han trabajado con ahínco para generar intensas dependencias en la sociedad, pues si lograban que una masa crítica de electores se volviera dependiente, incentivarían el voto cautivo a través de las redes clientelares y resultaría mucho más difícil cuestionar el modelo y exigir que se reforme.

Cataluña y Extremadura son casos paradigmáticos, aunque no los únicos. En la primera, de sus cuatro millones de población activa, 400.000 son funcionarios o empleados públicos dependientes de la Generalitat y ayuntamientos, a lo que hay que sumar la red clientelar de subsidios y subvenciones tejida por los nacionalistas. Algo que no va a cambiar con la presidencia de un presunto socialista no nacionalista. Al contrario, sólo para la proyectada Hacienda catalana Salvador Illa va a convocar 4.000 nuevas plazas con cargo a los presupuestos. Esto, sin embargo, es lo que se ve. Luego está lo que es opaco. La Generalitat gestiona una cantidad significativa de fondos que benefician a ciudadanos y empresas en diferentes niveles de dependencia económica, aunque, como es la costumbre, no se dispone de un desglose preciso de cuántas personas se benefician directamente de ellos.

«Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado»

En cuanto a Extremadura, de su población activa, que a duras penas supera las 400.000 personas, más de 90.000 son funcionarios o empleados públicos; es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores extremeños cobra de la Administración. De las ayudas y subvenciones ni hablo. No hace falta.

El resultado de forma agregada es que una proporción muy significativa de la población española depende del sector público para su sustento, ya sea a través de empleo, pensiones, subsidios o prestaciones sociales. Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado, una cifra cercana a los 17,8 millones de empleados del sector privado. De esos 17,2 millones, 9,3 millones son pensionistas; 3,6 millones, empleados públicos, incluyendo todas las administraciones y empresas públicas; 1,8 millones, desempleados que reciben subsidios o prestaciones por desempleo; dos millones, personas beneficiarias del Ingreso Mínimo Vital (IMV); y, por último, cerca de 500.000 personas que reciben alguna ayuda o complemento.

Del otro lado habría, como digo, 17,8 millones de trabajadores que cotizan en el sector privado. Sin embargo, también muchos de ellos reciben algún tipo de ayuda o beneficio público (como subsidios a sectores específicos, deducciones fiscales especiales o beneficios sociales). No existe un dato exacto del número de trabajadores libres de cualquier tipo de dependencia del Estado, pero podemos calcular aproximadamente el número de los que no reciben beneficios sociales ni deducciones fiscales específicas: entre 12 y 13 millones, según los datos del mercado laboral.

Pero el poder se las ha ingeniado para que las dependencias también estén presentes en este último grupo. Muchas empresas privadas reciben ayudas estatales que indirectamente sostienen empleos. Por ejemplo, beneficios generalizados como reducciones en el IRPF o bonificaciones por contratación. Así, aunque sobre el papel 17,8 millones de españoles trabajan en el sector privado, sólo dos tercios están relativamente libres de dependencias directas del Estado: alrededor de 12 millones. Incluso esta cifra es cuestionable según cómo se definan los «beneficios estatales indirectos».

La ideología de la dependencia

A menudo se afirma que España es en su mayoría socialista. Una afirmación que, además de los numerosos gobiernos del PSOE, cobra fuerza al comprobar que las incontables tropelías del actual presidente, Pedro Sánchez, a duras penas merman su intención de voto. Hay, pues, un suelo sólido bajo sus pies, un pétreo suelo socialista. Discrepo de esta opinión. España no es un país socialista, es un país extremadamente dependiente, educado con perseverancia en la dependencia del poder y, en consecuencia, conservador en el peor sentido imaginable.

Dentro de este esquema no hay salida. La única opción es que este sistema de dependencia que tiende a infinito acabe colapsando, como ha sucedido en Argentina, y las magnitudes se inviertan. Al final, como sucedía en las postrimerías de la extinta Unión Soviética, el Estado simulará que paga y los ciudadanos a su vez fingirán que trabajan. Por lo pronto, la letra pequeña en exenciones y subsidios cada vez es más abundante, para que resulte más difícil acceder a ellos, o sus importes y reglas cambian constantemente para soltar lastre, mientras que las ayudas más apremiantes y justificadas, como son los casos de desastres naturales, tardan una eternidad o sencillamente nunca llegan.

Simultáneamente, los impuestos se disparan. Sólo durante la presidencia de Pedro Sánchez se han aprobado seis subidas en el IRPF y cuatro incrementos en el Impuesto de Sociedades, además de subidas en el Impuesto sobre el Patrimonio y cambios en el cálculo de plusvalías municipales; se ha revisado al alza el IVA en numerosos productos y aprobado aumentos en el Impuesto de Matriculación y de Hidrocarburos; se han llevado a cabo 19 subidas en las cotizaciones sociales, incluyendo el aumento de las cuotas para autónomos y una nueva «cuota de solidaridad»; y se ha creado la Tasa Google, la Tasa Tobin, nuevos gravámenes a los plásticos no reciclables e impuestos relacionados con transacciones digitales y productos contaminantes.

Sin embargo, esto, que es insostenible, ningún político se atreve a señalarlo, mucho menos a cambiarlo. Como tampoco está en discusión que La Moncloa se haya convertido en un centro de poder incontestable y en una monstruosa casa de subastas. Un potente electroimán que atrae a sociópatas como Sánchez.

Los votos de Pedro Sánchez, sin valor moral. Los votos de Maduro, manipulados. Ambas secuestradas por una dictadura emergente ¡BASTA YA¡

 📰EDITORIAL "Zapatero y Maduro financiaron a Pedro Sánchez a través de  empresas españolas"

La única esperanza posible es que la oposición afronte la política nacional e internacional como un solo hombre. No hay espacio para muchos matices, hay que sumar todos los votos contra Sánchez y sus socios. Ya es urgente


Muy cerca. En primer lugar, porque España tiene un deber moral inexcusable de no mirar hacia otro lado. Los españoles tenemos que solidarizarnos con esa nación hermana que es Venezuela y tenemos que hacerlo ahora, cuanto antes. Y tenemos que apoyar su lucha contra el dictador de turno y todos sus cómplices, algunos de ellos también españoles, por desgracia. Una complicidad vergonzosa que les lleva a mentir a lo bestia, esgrimiendo públicamente falsedades burdas y aplicándolas a nuestro presente. Una connivencia que les hace aplaudir a lo loco ese pucherazo electoral, retrasmitido en directo. Ese fraude trata de esconder un enriquecimiento injusto, para vivir a costa de los demás, incluso, acosta de asesinarlos y robarles la libertad. Un régimen político de delincuentes que mata, secuestra y pretende «reeducar» a la gente, para tiranizarla.

 Zapatero: el indigno que blanquea y sostiene a la dictadura narcocomunista  de Maduro - LA GACETA

Pero, muy cerca también, en segundo lugar, porque España empieza a parecer un Estado fallido. Por tanto, no estamos tan lejos de Venezuela, porque ellos empezaron así. Y nosotros ya tenemos un parlamentarismo inoperante y retorcido, cuyas normas mal aplicadas impiden al Legislativo cumplir su misión constitucional de controlar al Gobierno. Y admitimos dócilmente que la Diputación permanente del Congreso haya podido –mediante los votos debidamente calculados para su constitución, en su momento (y a pesar del desmarque puntual de Junts)– rechazar la comparecencia del Presidente, quien tenía que dar explicaciones, a juicio de la oposición del PP, sobre el fraude electoral venezolano, la emergencia de la emigración africana y el episodio de la fuga de ese socio prófugo de la justicia, al que se dejó escapar. Cuando el art.73.2 de la Constitución (CE), que es de aplicación directa, permitiría exigir una sesión extraordinaria de control, simplemente, a petición de un número de miembros del Senado que sume la mayoría absoluta de esta Cámara.

Por otra parte, resulta incomprensible que el Tribunal Supremo no admitiera la querella interpuesta por Vox en noviembre del 2023, acusando al Presidente de varios delitos y empezando por el de cohecho, por su maquinación secreta y fuera de España para obtener la investidura, mediante un pacto consistente en no cumplir con los deberes de su cargo de respetar la Constitución, a cambio de los votos necesarios para acceder a la Presidencia del Gobierno, para destruir el Reino de España, que es lo mismo que cambiar su configuración constitucional actual, pero por la puerta falsa. Y esa querella se archivó definitivamente a finales de abril del año en curso, de forma muy criticable, modestamente. Pues, aunque la política exige negociar, sin embargo, esa negociación tiene que ser lícita. Y no lo es e, incluso, se convierte por ello en un delito –como conducta prohibida a los funcionarios públicos (donde encajan los cargos políticos, a efectos penales)–, cuando el objeto del pacto consiste en violar la propia Constitución (la igualdad, en especial), y su causa (o finalidad) consiste en destruir a la nación española… Al menos, sigue habiendo otras decisiones judiciales mejores…

 Pedro Maduro y Nicolás Sánchez

Asimismo, tenemos ahora un Tribunal Constitucional (TC) parcial, dedicado a apoyar la política del Gobierno con su muy discutible mayoría ad hoc, en lugar de hacer un juicio en Derecho de lo que es o no constitucional, desde la independencia, la neutralidad y el respeto (no desde el seguidismo político). Ya es conocido que este TC ha decidido rehabilitar a los políticos andaluces corruptos del PSOE, en el caso del escándalo de los ERE, quienes consentían en dejar partidas presupuestarias sin asignación concreta (cantidades sin concretar el fin del gasto), para dedicar esos fondos públicos a distribuir favores y beneficios entre unos y otros. Pues bien, este TC, que no tiene atribuida la potestad pública de anular decisiones del TS, ha decidido rebajar las condenas de los implicados... Finalmente, tenemos un Gobierno que utiliza a la Fiscalía –cuya misión es defender la legalidad, los derechos de los particulares y el interés público– como arma arrojadiza y también, para defender sus intereses personales. Y esto se acepta ciegamente (era así en el franquismo…), cuando es una violación flagrante del art.124.2 CE, donde se dispone que el Ministerio Fiscal debe actuar con sujeción a la legalidad y a la imparcialidad, lo cual excluye su dependencia del Gobierno.

 Senadora ¡TIRA DE LA MANTA!🔥REVELA el TURBIO MOTIVO por el que ZAPATERO y  SÁNCHEZ PROTEGEN a MADURO🔥

En este contexto, con un Fiscal General imputado, con un Presidente del Gobierno involucrado en escándalos de partido y personales, con una minoría de independentistas (en el conjunto de España), que son la llave del primus inter pares al frente del desgobierno actual, y con una oposición dividida… La única esperanza posible es que la oposición afronte la política nacional e internacional como un solo hombre. No hay espacio para muchos matices, hay que sumar todos los votos contra Sánchez y sus socios. Ya es urgente.

Pedro Sánchez, gato acorralado.

 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE/ Mariscal
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE/ Mariscal | EFE / MARISCAL

Compareció Pedro Sánchez para ofrecer su balance del curso político y pronunció una frase que resume a la perfección los últimos meses en este país, que han sido de infamia y desparrame. Lo hizo con rictus duro, tono desafiante y mirada encendida, como le caracteriza en tiempos recientes, en los que parece más atribulado que nunca por la evaluación que realizan sus críticos sobre su Gobierno y sobre su persona.

 

Los periodistas le habían preguntado por su opinión sobre los recursos a la Ley de Amnistía que se presentarán ante el Tribunal Constitucional, ante lo que, con rotundidad, ha respondido: “En mi opinión, van a perderlos. Pero yo estoy satisfecho y feliz (…) con el pacto alcanzado con ERC”.

 

Le faltó añadir aquella afirmación que soltó, años atrás, en una entrevista televisiva, en la que aseguró: “¿Y de quién depende la Fiscalía General del Estado? Pues eso”. Con Álvaro García Ortiz y con Cándido Conde Pumpido aquí y allá no hay nada que temer. El primero torpedea los recursos y el segundo limpia, fija y da esplendor. Como la RAE. Como el KH7 o como el desatascador que utilizó con Chaves y Griñán. Por eso es posible aprobar la ley de amnistía e incluso defenderla frente a los avisos del Tribunal Supremo sobre su inconstitucionalidad.

Despreciar, como estrategia infalible

Resulta muy cómodo gobernar a sabiendas de que cada vez que un ministro se miccione en el Estado de derecho, va a haber una institución superior que ayudará a limpiar la huella o a firmar un papel en el que defienda que, en realidad, la orina no es tan corrosiva. ¿Lo de ERC y el concierto catalán? ¡Pero si ese pacto garantiza la solidaridad autonómica!

A todo esto lo llaman en el PSOE “hacer política”; y al resultado de pactos que se han forjado con esa filosofía -como el acuerdo fiscal con ERC- lo definen como “magnífico”. Es indiferente que María Jesús Montero calificara hace un tiempo como una “mentira de la derecha mediática” el hecho de que Moncloa se hubiera planteado el 'concierto catalán'. O que el propio Pedro Sánchez asegurara hace un año -durante la campaña electoral- que la amnistía no tenía encaje constitucional. La coherencia no es más importante que el sillón.

¿Y dónde queda el respeto a los instituciones y a los ciudadanos? Eso nunca puede prevalecer sobre el Ejecutivo.

Así que el camino a seguir no se decide en función de las necesidades del país, sino de lo que le convenga a Sánchez para mantenerse en su puesto. Si la cosa se complica, García Ortiz sale al rescate; y si la cuestión pasa a mayores, Cándido ya lo apaña, como en el caso andaluz. En caso de que la ímproba tarea de mantenerse en el poder requiera entregar un cheque en blanco a Junts y a ERC, siempre se puede afirmar que los socialistas han rebajado la tensión en Cataluña, al contrario que hizo el PP, que no pudo parar los sucesos de 2017.

En este último caso tiene razón Sánchez. Ahora bien, resultaría muy fácil terminar con las guerras si una de las partes accediera a colmar todos los deseos de la otra. Se puede rebajar la tensión entregando Ceuta y la llave de la caja en Cataluña. O incluso negando a los críticos la capacidad de transmitir sus mensajes y formular sus opiniones, llegado el caso. Así sería más fácil ser positivos e incluso imponer el “optimismo” que hoy defiende Sánchez como necesario.

¿Alguien replica a Sánchez en Moncloa?

Todo este discurso y esta actitud son disparatados. El problema es que no debe haber muchas personas alrededor del presidente que se atrevan a llevarle la contraria, lo cual es síntoma de que el gato está enfadado, con las uñas desencapilladas y la espalda contra el suelo... e inspira más temor que confianza.

Digo esto porque a la mínima réplica se enciende. Cuando le han preguntado por Emiliano García-Page ha respondido, altivo e iracundo: “La noticia sería que el presidente de Castilla-La Mancha diera una rueda de prensa apoyando al Gobierno de España”. Seguramente, ese estilo pasivo-agresivo -marca de la casa- habrá recordado a más de uno a un jefe o a un ex novio.

No debe haber muchas personas alrededor del presidente que se atrevan a llevarle la contraria, lo cual es síntoma de que el gato está enfadado, con las uñas desencapilladas y la espalda contra el suelo... e inspira más temor que confianza

Cuando el periodista Fernando Garea le ha trasladado algunas preguntas, incisivas y extraordinarias, le ha acusado de “hacer valoraciones”. Todo, entre otras cosas, por interesarse por su opinión sobre las cartas de recomendación a las empresas de Carlos Barrabés que rubricó Begoña Gómez. Sánchez no ha respondido a eso. Ha salido por peteneras. De hecho, ha atacado a la oposición y a quienes intentan derribar su Gobierno. Así ha hecho con las sucesivas preguntas. Ninguna respuesta al asunto, todo golpes a la oposición.

Sobra decir, que ha defendido su denuncia al juez Peinado. Hace falta tener un enorme contenido cárnico en la zona noble para utilizar a la Abogacía del Estado para presentar una querella contra el juez que investiga a tu mujer, con la excusa de que debe defender la institución de la Presidencia del Gobierno. ¿Por qué así? Porque Juan Carlos Peinado ha expresado su interés en las actividades profesionales que ha realizado Begoña Gómez desde que su marido ostenta ese cargo. El “desde que...” es muy diferente al “dado que” e incluso al “relacionadas con...”.

Pero Sánchez no tiene en cuenta ese matiz fundamental. ¿Para qué? Su objetivo no es colaborar con la justicia, sino engordar su discurso victimista con acciones que intenten demostrar que hay una conspiración judicial- y de otros poderes oscuros contra él.

Su estrategia es hoy ésa. Puro peronismo ibérico. Cuando nadie le pregunta, expone logros, y está en su perfecto derecho. Pero cuando alguien manifiesta dudas sobre sus acciones o, al menos, formula alguna cuestión sobre su conveniencia o su legitimidad, 'le salta el chivato' y cambia de registro. Es ahí cuando dedica ataques furibundos hacia la oposición, compuesta por "pseudo-medios", ultras y "agonías".

Cuando alguien demuestra tal desprecio por los críticos y exhibe una piel tan blanda ante las palabras que no desea escuchar, a lo mejor necesita descanso y reflexión; o a lo mejor se ha convertido en un soberbio insufrible al que, desde luego, le urge más resolver sus propias cuestiones que ponerse a gestionar las de los demás.

El enésimo chantaje de Pedro Sánchez.

 


Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez. | EUROPA PRESS

Acusa Carles Puigdemont a Pedro Sánchez de "chantaje" por su oferta de otorgar una financiación a la carta para Cataluña ligada al apoyo de ERC a la investidura de Salvador Illa. Yo es que me parto. ¡Puigdemont, que cambió la amnistía para él a cambio de investir a Sánchez, hablando de chantaje!

Pero, sí. Esta vez el ex president tiene razón. Sánchez ha planteado la financiación especial para Cataluña como un do ut des: dinero a cambio de que el candidato del PSC sea presidente de la Generalitat con los votos de ERC.

Luego alguien se extrañará de que mucha gente fuera de Cataluña esté hasta el gorro. Empezando por los presidentes de la comunidades que no son Cataluña, sean del PP o del PSOE, como Emiliano García Page, que ha visto en esta nueva cesión otra oportunidad para meterle el dedo en el ojo al líder de su partido.

El sistema de financiación autonómica vigente, caducado desde hace mucho más tiempo que el CGPJ, pero al que el Gobierno no le había prestado mucha atención hasta que ha necesitado los votos de ERC, incluso aunque sea desempolvando la vieja propuesta de "pacto fiscal" que en su día puso sobre la mesa Artur Mas, consiste básicamente en que las comunidades con más recursos financien a las que menos tienen. El sistema es mucho más complejo que todo eso, pero, finalmente, el resultado de lo que aporta cada autonomía menos lo que se recibe, coloca a Madrid como la comunidad más solidaria de todo el Estado, seguida muy de lejos de Cataluña y, en tercer lugar, de Baleares.

El Gobierno no puede ceder todos los impuestos a Cataluña sencillamente porque, si lo hace, el sistema se cae. Habría que replantearlo todo de nuevo y la conclusión sería que las comunidades con menos recursos recibirían menos dinero del que ahora reciben. De ahí el enfado de la mayoría contra esta nueva oferta de Sánchez a Cataluña para engatusar a ERC, cosa que, por cierto, está por ver.

Si el presidente cede todos los impuestos a Cataluña, el sistema de financiación autonómica se cae

Claro que todavía no sabemos en qué consiste esa financiación especial de la que habló Sánchez en su entrevista del domingo en La Vanguardia, especialmente dedicada a hacerle la pelota a ERC. ¿Hasta dónde llegará el presidente con tal de asegurarse el apoyo de los republicanos en el Parlament? ¿Se trata de otra añagaza más o bien de un plan para trasladar a Madrid el peso que se le quite a Cataluña?

El Gobierno y el PSOE han tirado definitivamente la toalla en la tarea de recuperar el liderazgo político en Madrid y Andalucía, comunidad que gobernaron durante casi cuarenta años y que, a este paso, no volverán a recuperar en varios lustros. Porque la autonomía que más dinero recibe con el sistema actual -aunque sea insuficiente- es Andalucía, que sería la más perjudicada si Cataluña logra el desenganche que anhelan tanto ERC como Junts.

Lo de Madrid es punto y aparte. La inquina de Sánchez a Díaz Ayuso le ha nublado la mente al presidente, que se olvida de que en esta comunidad viven más de siete millones de personas y que, además, es la que más aporta al PIB.

Sánchez no sólo ha situado en Madrid la sede social de la "máquina del fango", sino que la ha convertido en un ejemplo de "dumping fiscal", como ayer se encargó de remarcar la portavoz de la Ejecutiva socialista, Esther Peña. A pesar de las bajadas de impuestos, Madrid aporta al conjunto más de 6.000 millones netos al años, tres veces más que Cataluña. Eso es un hecho que no debería pasar por alto el presidente. Hoy por hoy, Madrid es la comunidad más solidaria con las que tienen menos renta.

En el PSOE se solía decir que el PP no puede aspirar a gobernar España con una representación débil en Cataluña y el País Vasco. Puede ser. Pero lo que es un hecho es que el PSOE no podrá superar el 30% de apoyo electoral si sigue manteniendo el raquítico resultado que ahora obtiene en Madrid y en Andalucía. Sánchez necesita a ERC y a Junts porque ha renunciado a tener un partido ganador en toda España.

Pedro Sánchez, singular.

 

La singularidad es Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto político en Barcelona para las elecciones europeas | 

Cataluña necesita una financiación singular porque Sánchez necesita un apoyo singular, y ésa es toda la singularidad de la situación, la singularidad de Sánchez, que parece un oscuro concepto cosmológico y casi lo es. En la singularidad de Sánchez, como en las singularidades de los agujeros negros o del Big Bang, todas las leyes conocidas fallan y sólo nos queda la superstición de admitir la mano caprichosa y meticona de un Ser Supremo (universal o monclovita), o la paciencia y la sabiduría para tratar de remediar nuestra ignorancia y nuestro desconcierto. Como el PSOE es ahora sólo una iglesia de Sánchez, una cienciología de guapo bien encuadernado, hay que creerse que la necesidad de Sánchez es necesidad nacional, o universal, o moral incluso. Hasta Illa ha salido como un cura de la antigua Convergencia, como un meritorio del Ensanche, como un yerno de Pujol, con la vieja teoría de la pela sisada, de que España les roba, y con que la financiación singular no es privilegio sino “justicia”. Justicia divina, diría yo, porque sólo los dioses se atreven a hacer equivalentes la justicia y la arbitrariedad.

La singularidad de Sánchez será la singularidad de ERC si Sánchez necesita a ERC (será hasta la guapura de ERC, que Sánchez ahora piropea a ERC como a una suegra ante la mesa navideña). Y será la singularidad de Puigdemont si Sánchez necesita a Puigdemont. Y si piensan ustedes que son incompatibles o contradictorias es que no entienden el propio concepto de singularidad sanchista. Es la singularidad de Sánchez, no de ERC, ni siquiera de Illa, que es como una sombra chinesca hecha con sus propias mangas colgonas, la que nos ha llevado de nuevo a la pela. Puede parecer que es como volver al pueblo después de un viaje interestelar, muchas generaciones después, pero en realidad no es que hayamos vuelto a la pela, o a Pujol, o a un yerno de Pujol cruzado con yerno de Tarradellas. Lo que tiene la singularidad de Sánchez es que permite viajes de ida y vuelta al pasado, y así uno puede pasarse un momento por la castiza pela para luego retomar la agenda del referéndum y la autodeterminación, que, total, la singularidad lo aguanta todo.

La pela ahora no financia paz, aquella burguesa paz pujoliana de buenas cortinas y buenas maneras, sino que sigue financiando la independencia, o sea que no se trata de la concordia sino del recochineo. Y es que la singularidad de Sánchez es elástica e ilimitada, y sus socios pueden seguir pidiéndole deseos empujados por la avaricia, la melancolía, la venganza o hasta el humor, que un día le exigirán a Sánchez que aparezca por el Congreso vestido de torero o de Tejero y Sánchez lo hará. Han tenido indultos y amnistía, pronto tendrán la pela singular, icónica, sagrada, evangélica, como treinta monedas de plata, y luego tendrán el referéndum. Pero mientras, para que no cese la diversión ni surja la disputa en la mesa del gran banquete, Sánchez les va cubriendo además de halagos exagerados y dóciles, como un bufón enjaezado de cascabeles o quizá sólo de huesos de pollo arrojados a la cabeza.

Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego

En su última entrevista, dentro de la gira que está haciendo Sánchez en triclinio o en parihuela (Sánchez es como un presidente de Astérix), esta vez para La Vanguardia, no sólo alabó a ERC como un partido “grande, con raíces”, sino que saltó en tremenda y artística cabriola para decir de Pere Aragonès nada menos que “sin su liderazgo y su compromiso no habría indultos ni amnistía”. Sí, esto es exactamente como si un director de banco sale diciendo que sin el liderazgo y el compromiso del atracador no habría atraco. Tendríamos que hablar de síndrome de Estocolmo, de complejo de tío Tom, de dislocación mandibular o de fractura lumbar, si no fuera por la singularidad de Sánchez. En la singularidad de Sánchez no hay mentiras ni humillaciones, no hay coste ni vergüenza, no hay pasado ni futuro, no hay ni siquiera causa y consecuencia más allá de su inefable voluntad.

La singularidad es Sánchez, todas nuestras leyes, toda nuestra comprensión de la política y la lógica fallan al llegar a él, y el universo se derrumba sobre sí mismo. Yo no sé si ha sido María Jesús Montero o Marta Rovira la que ha inventado eso de la “financiación singular”, que está entre el eufemismo y el eslogan veraniego, entre la originalidad violentada de lo que ya no puede ser original, como los anuncios de cerveza, y el intento de que no se hagan comparaciones con la otra singularidad vasca, hermana y sin embargo rival. Pero haya salido de la nueva lideresa de ERC, que viene con autoridad y bisbiseo de monja misionera, o haya salido de la máquina de palabros, churros y peinetas de la Moncloa, ése es el concepto que acota a Sánchez.

La singularidad es Sánchez, algo que quiebra el universo o la política como los conocemos y sólo nos deja la religión o el desconcierto. Ya hubo amnistía, va a haber pela y habrá referéndum, todas ellas cosas singulares, y más que todavía se pueden inventar. Los indepes van a pedirlo todo y van a tenerlo todo, y no se preocupen por las contradicciones, que ni ellos ni Sánchez pueden esperar a la siguiente singularidad cósmica. La verdad es que, probablemente, la singularidad no existe, e incluso dentro de los agujeros negros, entre encarnaciones de universos o incluso en el sanchismo, todo transcurre suavemente, según unas leyes que, simplemente, aún no conocemos. Eso sí, por lo que vamos desentrañando de Sánchez, lo más probable es que todo continúe así, con inexplicable y aparente caos pero secreta suavidad, y no que veamos estallar la legislatura como un Big Bang de puro petardeo. Ni siquiera, diría yo, con un sonoro y cósmico begoñazo.

  Pedro Sánchez - EL ESPAÑOL

 “Señor, no me acuse de mentiroso porque usted mismo me ha mentido en el pasado”

La falacia ad hominem de Pedro Sánchez que indica lo peor sobre el escándalo de su mujer

Mié 5·6·2024 · 7:02 0

Este martes, se supo que el Juzgado de Instrucción nº41 de  Madrid ha llamado a Begoña Gómez a declarar como investigada el 5 de julio.

Sánchez mintió: sabía desde hace un mes que su mujer era investigada por corrupción
Sánchez intenta provocar otro incidente con Italia para tapar el escándalo de su esposa

Sánchez engañó durante un mes a los españoles al decir que no había caso

La esposa de Pedro Sánchez tiene la condición de investigada por "la presunta comisión de los delitos de corrupción en el sector privado y tráfico de influencias". Esa condición de investigada fue conocida por los españoles hace unos días, pero Sánchez lo supo el 24 de abril, el día que publicó su famosa carta para tomarse cinco días de descanso, y no dijo nada. Cuando el 17 de mayo Sánchez dijo que "no hay caso", mentía: sí que lo había y él lo sabía. Y sabiéndolo, hizo una farsa teatral para presentarse como una víctima, atacar a jueces y medios de comunicación, movilizar a sus seguidores y no dar ninguna explicación.

Una nueva carta con más victimismo y más ataques a jueces, medios y oposición

Ayer, tras conocerse la citación judicial a su mujer, Sánchez publicó una segunda carta que es más de lo mismo: más victimismo, más ataques a la Justicia y a los medios y también ataques a la oposición. Sánchez ha desperdiciado ya varias oportunidades de dar explicaciones sobre ese escándalo, respaldado por informaciones periodísticas que son lo bastante serias como para haber dado pie a una investigación judicial, por mucho que él intente ridiculizar este caso judicial tachándolo de "fango", que es lo que viene haciendo desde hace semanas.

Sánchez demuestra desconocer principios democráticos básicos

Con sus dos cartas, Sánchez demuestra desconocer algunos principios básicos en una sociedad democrática:

  • Que todos somos iguales ante la ley y estamos sometidos por igual a la legalidad vigente. Su mujer y él no están por encima de la ley.
  • Que la Justicia es independiente y no está obligada a obedecer supuestas reglas no escritas que, según él, la obligarían a pausar su actividad en una campaña electoral, como si la Justicia tuviese que amoldarse a las conveniencias de los políticos.
  • Que la Justicia no juzga a nadie por sus lazos familiares, sino por sus actos. Esto demuestra ignorarlo cuando afirma: "Lo hacen porque es mi pareja".

Ante este escándalo, Sánchez está haciendo una exhibición de demagogia y de victimismo. Es un muy mal indicio. En una sociedade democrática, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, como también lo es su mujer. Cuando una persona es acusada de dos posibles delitos, lo lógico y lo inteligente es que rebata las acusaciones, ofreciendo explicaciones que nieguen los indicios de que pueda haber cometido los delitos por los que está siendo investigada.

Recurre a la falacia ad dominem a falta de buenos argumentos para su defensa

Sánchez no ha hecho eso. Sánchez no da ninguna explicación. Sánchez no defiende a su mujer de los hechos de los que se le acusan, y eso indica que tal vez no tiene base para una buena defensa. Además, apelar al hecho de que sea su mujer para presentarla como víctima es especialmente torpe: precisamente uno de los delitos por los que su esposa es investigada se deriva de la posibilidad de haber utilizado a su favor su posición privilegiada como mujer del presidente del gobierno. No estaríamos hablando de un posible delito de tráfico de influencias si ella fuese una ciudada cualquiera.

En vez de eso, Sánchez ha recurrido a uno de los argumentos más torpes: la falacia ad hominem. Esta falacia consiste en desprestigiar a alguien para negar que tenga la razón a la hora de afirmar algo. En este caso, Sánchez presenta a los denunciantes como "ultraderecha" o "pseudomedios" para negar los hechos que denuncian, en vez de negar los hechos en sí. Es una estrategia tan estúpida como lo sería afirmar que una determinada persona no dice la verdad porque es fea, porque le gustan las películas románticas o porque es vegetariana.

Un intento de coaccionar a la Justicia

Obviamente, Sánchez no es tan estúpido como para creer que un argumento así sea racionalmente válido. Lo que sí sabe es que esa clase de falacias son habitualmente aceptadas por personas con un bajo nivel intelectual. Sánchez ha asumido que muchos de sus seguidores no son muy listos y les dirige mensajes que se basan en esa percepción. Seguramente no esté equivocado en muchos casos: a fin de cuentas, el PSOE lleva muchos años degradando el nivel de la educación en España, tal vez porque cree que cuanto más incultos sean los españoles, más posibilidades de éxito tienen los charlatanes socialistas.

Así pues, Sánchez no está diseñando una estrategia de defensa que pueda librar a su esposa de los delitos por los que es investigada, tal vez porque está más acorralado por este caso de lo que muchos imaginamos. A falta de buenos argumentos judiciales, lo que Sánchez intenta es crear un ambiente hostil a la Justicia, coaccionar al juez para que no se atreva a actuar contra su mujer. Es una tentación que tienen muchos gobernantes incluso en países democráticos, países que nunca están libres de padecer a alguien dispuesto a abusar de su poder.

 

Pedro Sánchez y sus seis infantes yihadistas.



Ninguno de esos seis dirigentes condenó el ataque terrorista de Hamás a Israel

Los seis dirigentes islámicos de esta foto con Sánchez y las cosas que hacen sus regímenes

 

Pedro Sánchez está intentando tapar los escándalos de corrupción socialistas en España hablando sobre el "fango" y la "ultraderecha".

Sánchez intenta provocar otro incidente con Italia para tapar el escándalo de su esposa
Sánchez mintió: sabía desde hace un mes que su mujer era investigada por corrupción

Faltas de respeto de Sánchez para gobernantes democráticos...

Ayer, en su primera intervención parlamentaria tras hacerse pública la imputación de su mujer por corrupción, Sánchez atacó al presidente de Argentina y al primer ministro de Israel tachándolos de "ultraderecha". A Javier Milei ni siquiera le mencionó por su nombre, sino que se refirió a él como "el de la motosierra". Un día antes, el PSOE insultó a la primera ministra de Italia llamándola "fascista". Unos ataques con los que Sánchez intenta tapar el escándalo de su mujer y que son muy propios de un autócrata que se siente más cómodo con totalitarios comunistas y con los herederos de ETA que con los demócratas de centro-derecha.

Desconozco qué definición tiene Sánchez de la "ultraderecha", aunque básicamente su partido llama así a todo el que no es de izquierdas. La izquierda española ha ido tachando como "ultraderecha" al liberalismo, a la defensa de la vida, de la libertad de enseñanza, de la libertad lingüística y de nuestras fronteras. La cosa cambia si hablamos del Islam. La izquierda española nunca tacha de "ultraderecha" al Islam ni a los regímenes islámicos, a pesar de su trato discriminatorio hacia las mujeres, los homosexuales y las minorías religiosas.

... y foto sonriente de Sánchez con líderes de dictaduras islámicas

Lo más gracioso es que ayer Sánchez también se reunió en el Palacio de La Moncloa con el Comité ministerial árabe-islámico sobre Gaza, formado por la Liga Árabe, organización que no condenó el ataque terrorista de Hamás a Israel y culpó al país atacado. Ésta ha sido la compañía que Sánchez y su ministro de Exteriores, José Manuel Albares, eligieron para hacerse la foto que encabeza estas líneas. Para hacernos una idea de lo que ocurre en esos regímenes islámicos, en su mayoría dictaduras, basta con repasar quiénes son los que aparecen en la foto:

Mohammed bin Abdulrahman Al Thani 🇶🇦

Primer ministro y ministro de Relaciones Exteriores de Qatar. Es el hombre de traje azul oscuro y corbata azul clara que aparece a la izquierda. Su país es una monarquía absoluta: los partidos políticos están prohibidos y no hay elecciones libres. Figura en el puesto 111º de 167 del Índice de Democracia de The Economist como un régimen autoritario. El monarca es el emir Tamim Bin Hamad Al Thani. La coincidencia de apellidos no es casual: el ministro forma parte de la familia real, la llamada Casa de Thani. Khalid Bin Thani Bin Abdullah Al Than, importante accionista del Grupo PRISA (propietario de dos medios afines al gobierno de Sánchez, el diario socialista El País y la emisora socialista Cadena SER), también pertenece a esa familia.

Qatar figura en la lista de los 50 países que más persiguen a los cristianos, con el número 40. Además, en ese país islámico, las mujeres padecen toda clase de discriminaciones en Qatar, la homosexualidad se castiga con la cárcel y la blasfemia se castiga con la muerte. Por si no bastase con todo lo anterior, Qatar es el principal apoyo exterior de los terroristas de Hamás junto con Irán y Turquía. Qatar no condenó el ataque terrorista de Hamás a Israel y culpó al país atacado.

Faisal bin Farhan Al Saud 🇸🇦

Ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí. Es el hombre con capa marrón que está a la derecha de Sánchez. Su país es una monarquía absoluta. Figura en el puesto 150º de 167 del Índice de Democracia de The Economist como un régimen autoritario. Faisal pertenece a la familia real saudí. Es el 13º país que más persigue a los cristianos en el mundo. Allí, las mujeres sufren toda clase de discriminaciones y la homosexualidad se castiga con la prisión.

Faisal ha mantenido una posición calculadamente ambigua tras el ataque terrorista de Hamás contra Istael. Sin embargo, el día del ataque publicó un comunicado en el que no lo condenaba y culpaba a Israel, asumiendo una posición muy parecida a la de la mayoría de los regímenes islámicos.

🇵🇸Mohamed Mustafá

Es el llamado primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Es el hombre de traje que aparece a la derecha del primer ministro de Qatar. La ANP funciona como una dictadura que lleva sin convocar elecciones en los territorios palestinos desde el año 2006. Figura en el puesto 115º de 167 del Índice de Democracia de The Economist como un régimen autoritario.

La ANP se negó a condenar el ataque terrorista de Hamás contra Israel perpetrado el 7 de octubre de 2023 e incluso lo justificó como un acto de legítima defensa. Unos días después la ANP emitió un documento llamando a cometer un genocidio contra los judíos, para que fuese leído en todas las mezquitas palestinas. Además, la ANP dedica 300 millones de dólares anuales a recompensar a terroristas palestinos y a sus familias por sus acciones criminales, una forma clara de patrocinar el terrorismo.

Ayman Al Safadi 🇯🇴

Ministro de Asuntos Exteriores de Jordania. Es el hombre con perilla y gafas que aparece a la izquierda de Sánchez, en la fila de detrás. Su país figura en la lista de los 50 países que más persiguen a los cristianos en el puesto 48º. Figura en el puesto 122º de 167 del Índice de Democracia de The Economist como un régimen autoritario.

A pesar de que firmó un tratado de paz con el Estado judío en 1994, Jordania no condenó el ataque terrorista contra Israel y emitió un comunicado ambiguo, pidiendo "detener la peligrosa escalada" sin hacer ninguna referencia ni a Hamás ni a las atrocidades cometidas por esos terroristas palestinos contra ciudadanos israelíes.

Hakan Fidan 🇹🇷

Ministro de Asuntos Exteriores de Turquía. Es el hombre de barba que aparece a la derecha de Sánchez en la fila de detrás. Su país figura en la lista de los 50 países que más persiguen a los cristianos en el puesto 50º y está en el puesto 102º de 167 del Índice de Democracia de The Economist como un régimen híbrido. Turquía es el principal apoyo exterior de los terroristas de Hamás junto con Qatar e Irán. El régimen turco no condenó el ataque terrorista de Hamás a Israel y su presidente, Erdogan, ensalzó Hamás diciendo que "no es una organización terrorista, sino un grupo de liberación".

Hissein Brahim Taha 🇹🇩

Es el secretario general de la Organización de Cooperación Islámica (OCI). Es el hombre que lleva un atuendo blanco que aparece a la izquierda en la fila de detrás. El comunicado de La Moncloa ni siquiera le cita. Fue ministro de Exteriores del Chad en 2017.

La OIC agrupa a 57 países islámicos: 33 de ellos figuran en la lista de 50 países que más persiguen a los cristianos. Entre sus miembros también hay seis países en los que la homosexualidad se castiga con la pena de muerte (Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria, Uganda y Yemen) y muchos otros en los que se castiga con la prisión, además de decenas de países que discriminan gravemente a las mujeres e imponen severas restricciones a la libertad religiosa y a otros derechos humanos.

Hisseim no condenó el ataque terrorista de Hamás contra Israel y culpó al país atacado en un comunicado emitido el mismo día del ataque, en el que sí condenó la respuesta militar israelí contra los terroristas de Hamás, sin decir ni una sola palabra sobre los ciudadanos israelíes asesinados, violados, torturados y secuestrados por los terroristas palestinos.