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España, si la justicia no lo remedia pasará de la crueldad del sanchismo a la dictadura bolivariana.

 Pedro Maduro y Nicolás Sánchez

España no puede aguantar ni un solo día más la presión y el desconcierto ocasionado por el desastre corruptivo del sanchismo. En la cúpula del la dictadura de Pedro Sánchez, quien no está imputado está pendiente de que le conmuten la condena de garrote vil a cadena perpetua irrevisable. En dicha cúpula no solo están citados los cargos políticos, véase la banda de Koldo, Pepa Bueno, el rector de la complutense o el mismísimo Rey de Marruecos. 

Con Pedro Sánchez lo estamos comprobando, con lágrimas, sudor y desesperación. El poder centralizado en La Moncloa es excesivo. El presidente puede gobernar al margen del Parlamento, prácticamente por decreto. Ni siquiera es condición imprescindible que logre la aprobación de los Presupuestos Generales. Puede prorrogar los anteriores y, según las necesidades, establecer partidas de gasto extraordinarias. No es lo ideal, pero funciona. Y al poder, es decir, a La Moncloa, le basta para que la máquina del Estado siga funcionando a su capricho.

Esta peligrosa anomalía nace del temor a la ingobernabilidad de un país tradicionalmente dividido, complejo y tendente a las pugnas nacionalistas, partidistas y sectarias. El miedo a que la España postfranquista fuera ingobernable llevó a que los padres de la Constitución de 1978 fortalecieran las capacidades de la institución de la presidencia del gobierno. Desgraciadamente, con el tiempo, este remedio se ha demostrado mucho peor que la amenaza que pretendía prevenir.

Hoy, el complejo de La Moncloa es el centro del poder, un poder casi absoluto que tiene un paradójico agravante en caso de que el gobierno sea débil, como sucede con el Gobierno socialista. Y es que el presidente usará ese inmenso poder como moneda de cambio y, en lugar de que esta institución actúe como fuerza centrípeta, se convertirá en una fuerza centrífuga, una motosierra con la que un solo individuo, para conservar la presidencia, troceará el país y lo repartirá entre mafias nacionalistas y políticas. Exactamente lo que está haciendo Sánchez.

Sometido a la dictadura del trueque presidencial, el Parlamento deja de representar al pueblo soberano. No propone, debate, audita, subsana o mejora leyes, sino que, mediante la articulación de una mayoría simple, ratifica el poder del presidente, quien a su vez usará ese poder para comprar su permanencia en La Moncloa. Un círculo vicioso que sólo atiende a la aritmética y que desemboca en el infierno.

Así se explica que los parlamentarios, salvo honrosas excepciones, no atiendan a los intereses generales ni sean constructivos, sino que escenifiquen la pugna entra facciones por los beneficios de ese poder desmedido, convirtiendo los debates en un espectáculo bochornoso, con descalificaciones, improperios, insultos, incluso mímica soez, como la escenificada por la ministra María Jesús Montero, que simuló comerse algo que no era una zanahoria, precisamente.

Nuestro Kremlin

Una de las pruebas más contundentes de este poder descontrolado está en su propio aparataje. El complejo de La Moncloa, que incluye la residencia oficial del presidente del Gobierno español y oficinas de trabajo, emplea a unas 370 personas. Esta cifra incluye funcionarios administrativos, auxiliares, y personal encargado de la gestión y mantenimiento del recinto. Además, se estima que más de 120 personas están asignadas específicamente a la protección y seguridad del complejo, lo que incluye fuerzas policiales y servicios técnicos especializados.

A esto hay que sumar que, de los 869 asesores reclutados por el presidente Sánchez, aproximadamente 383 están asignados a Moncloa. Esto equivale a casi la mitad del personal de confianza del Gobierno. Para hacerse una idea de la magnitud del complejo monclovita, Downing Street 10, la residencia y oficina de los primeros ministros británicos, emplea alrededor de 100 funcionarios y asesores, y una dotación de personal de seguridad equiparable. En comparación, La Moncloa tiene cuatro veces más personal que su equivalente británico.

Un país de ciudadanos dependientes

La concentración del poder es lo que ha permitido someter a las demás instituciones a las necesidades de un solo individuo o, a lo sumo, de una banda. Pero este proceso de acaparación no se ha detenido ahí, ha ido mucho más lejos. Su naturaleza expansiva se ha propagado como la pólvora, de tal forma que tanto los inquilinos de La Moncloa como sus émulos regionales han trabajado con ahínco para generar intensas dependencias en la sociedad, pues si lograban que una masa crítica de electores se volviera dependiente, incentivarían el voto cautivo a través de las redes clientelares y resultaría mucho más difícil cuestionar el modelo y exigir que se reforme.

Cataluña y Extremadura son casos paradigmáticos, aunque no los únicos. En la primera, de sus cuatro millones de población activa, 400.000 son funcionarios o empleados públicos dependientes de la Generalitat y ayuntamientos, a lo que hay que sumar la red clientelar de subsidios y subvenciones tejida por los nacionalistas. Algo que no va a cambiar con la presidencia de un presunto socialista no nacionalista. Al contrario, sólo para la proyectada Hacienda catalana Salvador Illa va a convocar 4.000 nuevas plazas con cargo a los presupuestos. Esto, sin embargo, es lo que se ve. Luego está lo que es opaco. La Generalitat gestiona una cantidad significativa de fondos que benefician a ciudadanos y empresas en diferentes niveles de dependencia económica, aunque, como es la costumbre, no se dispone de un desglose preciso de cuántas personas se benefician directamente de ellos.

«Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado»

En cuanto a Extremadura, de su población activa, que a duras penas supera las 400.000 personas, más de 90.000 son funcionarios o empleados públicos; es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores extremeños cobra de la Administración. De las ayudas y subvenciones ni hablo. No hace falta.

El resultado de forma agregada es que una proporción muy significativa de la población española depende del sector público para su sustento, ya sea a través de empleo, pensiones, subsidios o prestaciones sociales. Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado, una cifra cercana a los 17,8 millones de empleados del sector privado. De esos 17,2 millones, 9,3 millones son pensionistas; 3,6 millones, empleados públicos, incluyendo todas las administraciones y empresas públicas; 1,8 millones, desempleados que reciben subsidios o prestaciones por desempleo; dos millones, personas beneficiarias del Ingreso Mínimo Vital (IMV); y, por último, cerca de 500.000 personas que reciben alguna ayuda o complemento.

Del otro lado habría, como digo, 17,8 millones de trabajadores que cotizan en el sector privado. Sin embargo, también muchos de ellos reciben algún tipo de ayuda o beneficio público (como subsidios a sectores específicos, deducciones fiscales especiales o beneficios sociales). No existe un dato exacto del número de trabajadores libres de cualquier tipo de dependencia del Estado, pero podemos calcular aproximadamente el número de los que no reciben beneficios sociales ni deducciones fiscales específicas: entre 12 y 13 millones, según los datos del mercado laboral.

Pero el poder se las ha ingeniado para que las dependencias también estén presentes en este último grupo. Muchas empresas privadas reciben ayudas estatales que indirectamente sostienen empleos. Por ejemplo, beneficios generalizados como reducciones en el IRPF o bonificaciones por contratación. Así, aunque sobre el papel 17,8 millones de españoles trabajan en el sector privado, sólo dos tercios están relativamente libres de dependencias directas del Estado: alrededor de 12 millones. Incluso esta cifra es cuestionable según cómo se definan los «beneficios estatales indirectos».

La ideología de la dependencia

A menudo se afirma que España es en su mayoría socialista. Una afirmación que, además de los numerosos gobiernos del PSOE, cobra fuerza al comprobar que las incontables tropelías del actual presidente, Pedro Sánchez, a duras penas merman su intención de voto. Hay, pues, un suelo sólido bajo sus pies, un pétreo suelo socialista. Discrepo de esta opinión. España no es un país socialista, es un país extremadamente dependiente, educado con perseverancia en la dependencia del poder y, en consecuencia, conservador en el peor sentido imaginable.

Dentro de este esquema no hay salida. La única opción es que este sistema de dependencia que tiende a infinito acabe colapsando, como ha sucedido en Argentina, y las magnitudes se inviertan. Al final, como sucedía en las postrimerías de la extinta Unión Soviética, el Estado simulará que paga y los ciudadanos a su vez fingirán que trabajan. Por lo pronto, la letra pequeña en exenciones y subsidios cada vez es más abundante, para que resulte más difícil acceder a ellos, o sus importes y reglas cambian constantemente para soltar lastre, mientras que las ayudas más apremiantes y justificadas, como son los casos de desastres naturales, tardan una eternidad o sencillamente nunca llegan.

Simultáneamente, los impuestos se disparan. Sólo durante la presidencia de Pedro Sánchez se han aprobado seis subidas en el IRPF y cuatro incrementos en el Impuesto de Sociedades, además de subidas en el Impuesto sobre el Patrimonio y cambios en el cálculo de plusvalías municipales; se ha revisado al alza el IVA en numerosos productos y aprobado aumentos en el Impuesto de Matriculación y de Hidrocarburos; se han llevado a cabo 19 subidas en las cotizaciones sociales, incluyendo el aumento de las cuotas para autónomos y una nueva «cuota de solidaridad»; y se ha creado la Tasa Google, la Tasa Tobin, nuevos gravámenes a los plásticos no reciclables e impuestos relacionados con transacciones digitales y productos contaminantes.

Sin embargo, esto, que es insostenible, ningún político se atreve a señalarlo, mucho menos a cambiarlo. Como tampoco está en discusión que La Moncloa se haya convertido en un centro de poder incontestable y en una monstruosa casa de subastas. Un potente electroimán que atrae a sociópatas como Sánchez.

El Putin que nunca fue persona.

 

An illustration of a man writing with smoke coming from the paper he is writing on, and the billowing smoke forms the portraits of Russian leaders

A partir de este mes, todos los estudiantes de bachillerato de Rusia tienen un nuevo libro de texto de Historia. En sus páginas, encontrarán un relato asombrosamente simplista de los últimos 80 años —desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente— que prácticamente lleva la firma del Kremlin.

Llamarlo revisionismo se queda muy corto. Stalin, a diferencia de cómo se lo solía representar en los libros de texto rusos de los últimos 30 años, es presentado como un dirigente sabio y eficaz gracias al cual la Unión Soviética ganó la guerra y la gente común empezó a vivir mucho mejor. Se mencionan las represiones, pero de forma acusatoria. Al lector le queda la sensación de que las víctimas de Stalin eran culpables y sufrieron un castigo merecido.

El relato sobre el final de la Unión Soviética está igualmente distorsionado. En los libros de texto anteriores se analizaba el colapso del sistema soviético y la ineficiencia de la economía planificada, se escribía sobre la irracionalidad de la carrera armamentista y de los dirigentes soviéticos envejecidos. El nuevo volumen culpa de todo a Mijaíl Gorbachov, y lo reprueba tachándolo de burócrata incompetente que sucumbió a la presión de Estados Unidos. Luego están las 28 páginas sobre la guerra en Ucrania. En ellas no hay, por supuesto, historia alguna, sino solo propaganda descarada, un conjunto de clichés reciclados de la televisión rusa.

El libro fue escrito, junto con otros, por Vladimir Medinsky, exministro de Cultura de Rusia y actual asesor presidencial. Medinsky tiene otro papel, más secreto: es quien le escribe los textos al presidente Vladimir Putin. Trabaja con un equipo de ayudantes y redacta textos sobre historia que firma con el nombre de Putin. Dada la obsesión del presidente con la historia y el uso que hace de ella para justificar su régimen, Medinsky ocupa una posición importante en la Rusia actual. Desde las sombras, ha ayudado a construir el edificio ideológico e histórico sobre el que se asienta buena parte del régimen de Putin.

Pero ¿quién es?

Medinsky nació en la región ucraniana de Cherkasy, pero no es ucraniano. Su padre era militar y Medinsky pasó su infancia viajando por toda la Unión Soviética, de guarnición en guarnición. En este entorno itinerante, según algunos allegados, Medinsky creció con unos valores muy conservadores y como sincero patriota de la Unión Soviética. La educación también fue importante —su madre era maestra— y, con el tiempo, eso lo llevó al Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú. Estudiante modelo, destacó en la Facultad de Periodismo y fue miembro del Komsomol, la organización juvenil del Partido Comunista.

Pero llegado el momento de su graduación, la Unión Soviética se había derrumbado. A Medinsky no le costó adaptarse. En 1992, con un grupo de compañeros de clase, creó su propia empresa de publicidad, Ya Corporation. Sus clientes eran sobre todo empresas financieras y tabacaleras. Pronto se convirtió en el especialista en relaciones públicas del grupo de cabildeo del tabaco, un poco al estilo del protagonista sin escrúpulos del libro de 1994 Gracias por fumar, de Christopher Buckley.

Fue en aquel entonces cuando conocí a Medinsky, cuando yo era estudiante de instituto, a finales de la década de 1990. Él era 10 años mayor que yo, y distante, y acababa de empezar a impartir clases de relaciones públicas. Era una disciplina nueva y muy de moda, y muchos de mis compañeros de clase que querían ser “gente de relaciones públicas” soñaban con aprender de él. Medinsky, una especie de estrella en el campus, era considerado un empresario de éxito y ayudaba con gusto a los estudiantes: a los mejores los fichaba para hacer prácticas en su empresa.

En 2000, Putin se convirtió en presidente de Rusia, en sustitución de Borís Yeltsin. Como debe hacer cualquier profesional de las relaciones públicas, Medinsky se adaptó al cambio de ambiente, y se valió de un empleo en la función pública para dar el salto a la política. Para 2004, ya era diputado del partido de Putin, Rusia Unida. A pesar de las acusaciones de que, siendo un cargo electo, siguió ejerciendo presión en favor de las tabacaleras y los casinos, Medinsky era un hombre en alza.

A eso ayudó que empezara a comerciar con el patriotismo. En 2007, este excabildero del tabaco empezó a escribir libros sobre historia; o, más bien, empezó a crear relaciones públicas históricas. En una serie de libros titulada “Mitos sobre Rusia”, se propuso desmontar los estereotipos rusos y, en su lugar, poner otras nuevas historias en circulación. Había libros sobre “la embriaguez, la pereza y la crueldad rusas”, “el robo, el alma y la paciencia rusos” y “la democracia, la suciedad y el encarcelamiento rusos”.

En cada uno de los libros, Medinsky sostenía que todo lo malo de la historia no eran sino calumnias de los enemigos. Por ejemplo, Iván el Terrible no era, en realidad, un tirano demente, porque, para empezar, siempre estuvo motivado por los intereses de su pueblo e hizo todo lo posible por el bien de Rusia. Por otra parte, los gobernantes occidentales de la época eran aún más crueles. Y, en cualquier caso, todas sus supuestas atrocidades fueron en realidad fantasías de los historiadores europeos.

Desde el principio, la obra de Medinsky recibió las críticas de los verdaderos historiadores rusos. Sin embargo, él nunca ocultó que su trabajo no estaba basado en los hechos. Para él eran irrelevantes: el verdadero objetivo era crear un relato convincente. “Los hechos, por sí solos, no significan mucho”, escribió Medinsky en uno de sus libros. “Todo empieza, no con los hechos, sino con las interpretaciones. Si amas a tu patria, a tu gente, entonces la historia que escribas siempre será positiva”.

Con este planteamiento, Medinsky ideó el mito de una Rusia benévola y poderosa, que siempre se alzaba con justas victorias frente a otros países supuestamente inferiores. Es evidente que llamó la atención del presidente y, en 2012, Putin lo nombró ministro de Cultura. Según una fuente cercana al Kremlin, el presidente le encomendó una tarea muy clara: emprender la militarización de la sociedad rusa.

Eso fue exactamente lo que hizo. En 2013, Medinsky se puso al frente de la Sociedad Histórica Militar Rusa, una organización benéfica que, en actos y exposiciones, ensalzaba las victorias militares del pasado. Como ministro, Medinsky destinó fondos a películas que crearan mitos patrióticos sobre la Segunda Guerra Mundial, como Mariya. El símbolo de la guerra y Los 28 hombres de Panfilov. El arte era desdeñado —en una reunión, Medinsky dijo que no podía considerar arte nada que pudiera dibujar él mismo— en favor de los éxitos comerciales. Toda su política cultural se puede calificar de propaganda de guerra y de la violencia.

Fueron años de éxito. Sin embargo, a principios de 2020, Putin remodeló su gobierno; junto con la mayoría de los miembros de la gobierno, Medinsky fue destituido y pasó a ser asesor del presidente. Según sus conocidos, fue un importante descenso de estatus, y la degradación le escoció. (Al parecer, le molestó sobre todo no recibir el coche nuevo que suelen disfrutar los empleados de la administración presidencial).

Pero la pandemia le ayudó a recuperarse. En el verano de 2020, Putin se confinó en su residencia de Valdái. Siempre le había interesado la historia; allí, donde tenía tiempo libre, se obsesionó notablemente con ella. Empezó a hablar sobre temas históricos, pero necesitaba un asesor, alguien que pudiese perfeccionar sus ideas y darles plena expresión. Medinsky era la opción evidente.

Es cierto que Medinsky no escribe él solo, exactamente, sus propios textos. La persona que le escribe los textos a Putin tiene su propio y numeroso equipo de escritores fantasma o ghostwriters. Sigue al frente de la Sociedad Histórica Militar Rusa, cuyos empleados trabajan en sus artículos y libros. En general, el proceso es más o menos el siguiente: el presidente dicta sus tesis a Medinsky, quien las desarrolla y se las dicta a su vez a sus ayudantes. Estos escriben los ensayos y, después, los textos recorren el camino inverso —a Medinsky y, finalmente, a Putin— para ser editados.

Así es, por ejemplo, como surgió el infausto ensayo de Putin de 2021, en el que escribió por primera vez que Occidente, de forma deliberada, estaba volviendo a Ucrania “antirrusa”. Estaba repleto de afirmaciones estrafalarias: que los rusos y los ucranianos eran un solo pueblo; que Ucrania fue una creación de los bolcheviques; que el Imperio ruso y la Unión Soviética nunca infringieron los derechos de los ucranianos. El artículo, publicado en la web oficial del presidente, fue enviado a todas las unidades militares del Ministerio de Defensa, y Putin sigue repitiendo periódicamente sus puntos centrales en sus discursos públicos. El artículo fue incluido casi en su integridad en el nuevo libro de texto de historia.

El libro, que tiene la capacidad de formar a toda una generación de estudiantes rusos, es tal vez el mayor logro de Medinsky hasta la fecha. Según sus colegas, se compara a sí mismo con los intelectuales conservadores del Imperio ruso, como Konstantín Pobedonóstsev, el infame ideólogo del reinado de Nicolás II. Otros modelos son Andréi Zhdánov, mano derecha de Stalin tras la Segunda Guerra Mundial, y Mijaíl Súslov, principal ideólogo de Brézhnev, que defendió la persecución de los disidentes.

Medinsky, por supuesto, es una parodia de los anteriores, al igual que su versión de la historia rusa. Es una mentira tan poco convincente e indisimulada que, en la práctica, sirve para condenar todo el relato imperial de la historia rusa. A pesar de su éxito, Medinsky podría convertirse en el sepulturero de la ideología imperial rusa. Porque, después de él, ya no será posible hablar sobre el pasado de Rusia sin vergüenza, horror y asco.

Pedro Sánchez y su equipo “reviven” a Franco.

 


Es cierto que Francisco Franco, caudillo de España fue amigo del führer Hitler y del duce Mussolini. Como también es falso que Franco permaneciera neutral en la II Guerra Mundial. Envió la División Azul a luchar en favor de Hitler y que confisco hasta la última raíz de la libertad. La bulimia de Stalin, que se merendó a media Europa, le salvó. Truman, y sobre todo Churchill, prefirieron una España franquista al riesgo de una España estalinista. ¡Así fue y bendito proceder¡ Churchill a De Gaulle: ¿Por qué Franco persigue el comunismo? Por la misma razón que tu, que yo y que el mundo.

 

Pero también es cierto que Franco fue aclamado por una inmensa mayoría y en todas las reuniones con sus ministros decía: “Haced como yo, no meteros en política”. Franco que tenía una sabía ironía, en la comida que hacían después de los consejos les dijo: ¿Ha quedado claro porqué a las suegras les llaman madres políticas?

 Franco no terminó suicidándose en su bunker de El Pardo, tras perder una guerra. Tampoco le colgaron de los pies en la plaza de Cibeles para que el pueblo le vejara. Por el contrario, gobernó durante cerca de 40 años, recibiendo en visita oficial incluso a Eisenhower, presidente de los Estados Unidos de América, primera democracia del mundo. Falleció en la cama, se formaron colas de centenares de miles de personas para pasar ante su cadáver en el Palacio Real y fue enterrado de forma solemne con honores de Estado.

 

La Transición consistió en que se abrazaran los vencedores y los vencidos de la guerra civil. Así lo propugnó Don Juan durante largos años de exilio. Así lo dispuso Don Juan Carlos una vez convertido en Rey, bien asesorado por Torcuato Fernández-Miranda. Los vencedores y los vencidos de la contienda fratricida se reunieron en paz bajo la Monarquía de todos y la democracia pluralista plena establecida por la Constitución de 1978 y votada de forma abrumadora por la voluntad general del pueblo español libremente expresada. Fue un milagro político e histórico.

 

Empezó Zapatero y ha continuado Sánchez en el despropósito de la memoria histórica, que ha triturado la esencia de la Transición. En lugar de continuar pasando página y aceptar la España sin vencedores ni vencidos, se ha puesto en marcha el despropósito de convertir a los vencidos en vencedores. El resultado es que hemos retornado ya a las dos Españas, a la España a garrotazos del cuadro de Goya. Zapatero y, sobre todo, Sánchez, han resucitado a Franco al aplastar el espíritu de la Transición y encender de nuevo el último y más atroz pasaje de la historia cainita de España. Los estallidos en la calle, los debates cada día más broncos en el Congreso de los Diputados, resultan ya alarmantes, aunque todavía, según los optimistas, se podría reconducir la situación.

Queda claro que la política, de poco o nada vale, cuando no hay orden.

¡VIVA FRANCO, ARRIBA ESPAÑA¡

Todo indica que "el PP ha vuelto" y roza la mayoría absoluta.


Pero recordadle a Martínez-Maíllo que Franco no era un dictador como Stalin o Hitler.

La guerra terminó, Maillo y Casado. No remováis aquella triste historia por el bien de España y, en especial, de los dolientes. Se corre el riesgo de transformar una guerra política en otra bélica que, en definitiva es lo que pretenden socialistas, nacionalistas, bolivarianos y gente de mal vivir.

Habría que preguntarle a Maillo por la  partida de defunción de su abuelo, Zacarías Martínez-Maillo, donde se acredita que  Franco le mató. En la mal llamada, Guerra civil española había tres bandos, republicanos, no republicanos y escondidos. Precisamente, los escondidos dirigían el CASTING para la elección de la dotación de ambos bandos. “Tú a luchar en defensa de la república y tú, a luchar contra ella”….Los escondidos de la guerra, Maillo.

En el manual o tutorial de Maillo con  participación de Casado queda claro que Franco,  al día siguiente de terminar la guerra  debería haber convocado elecciones generales. Yo que soy menos que nadie, pero más que Maillo le puedo decir que  con su receta, España sería un protectorado de Sierra Leona.  Siempre se  festeja el fin el fin de la guerra activa. Pero hasta muchos años después persiste la violencia, la indignación, la injusticia, el descontento,  las violaciones de los derechos humanos, etc. 

Hoy que más del 75% de los españoles incluidos socialistas, podemitas, Ciutadans…. Piensan que el PP de Casado es la única solución para el progreso y desarrollo de España hay que recordar que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Entre PSOE y Podemos no superarían los 75 diputados. ¿Está claro por qué no convocan elecciones? Hoy que el PSOE con Carmen Calvo al frente pide la excarcelación de los presos políticos y con Podemos a la retaguardia con el muy posible pensamiento de que ahora o nunca es el preciso momento de arrollar al PSOE. Con un batacazo evidente de los socialistas andaluces. “Plagiar las ideas franquistas”. La guerra estaba ganada a los seis meses de su declaración y esperó dos años a orillas del Ebro, para eludir que España participara en la 2ª guerra mundial.

La estrategia del PSOE financiando a VOX, definitivamente se ha ido al garete. Es más que evidente que VOX –extrema derecha- no sacará ningún diputado, pero con 80 ó 90.000 votos restaría 5 ó 6 diputados al PP.  Sobre más de un millón de votos, en la comunidad murciana, el PP perdió la mayoría absoluta por menos de 600 votos que VOX con 5513 votos, el 0.87% festejó por todo lo alto con el PSOE, así como en seis provincias españolas –los restos siempre perjudican al partido más votado-.

En unos días, Podemos va a pedir una participación en los consejos de Ministros así como una presidencia de Gobierno  bicéfala. (Sánchez/Iglesias)

Aunque parezca todo lo contrario, a quienes más interesa el Gobierno de golpistas es a los catalanes teledirigidos por Puigdemont. Pero Urkullu sabe perfectamente que ya no va a tener más privilegios y que María San Gil, le pisa los talones. En resumen el final de esta pesadilla está a punto de tocar arrebato electoral

Martí Saballs Pons: “Si Stalin resucitara, lo haría en Cataluña”. ¿Cómo es posible que los españoles dependamos de la CUP y BILDU?.


Martí Saballs Pons, director de Expansión: “Si Stalin resucitara, lo haría en Cataluña”. Voto válido. “Buenos días, soy Anna Gabriel,  puta, traidora, amargada, mal follada e independentista”.

Martí Saballs Pons nació en La Bisbal (Gerona) . Estudió en la Universidad de  Navarra y en el IESE, ha vivido y trabajado en Nueva York, Portugal y Buenos Aires, nadie le ha regalado nada y ha llegado donde está por méritos propios, porque es un buen profesional y porque tiene criterio propio aplicable a la sociedad. O lo que es lo mismo sería un honorable político.

Para nada mediatizado opina que la independencia de Cataluña o con solo elevar, por parte del Gobierno Central,  un punto de sus competencias, supondría para los catalanes la bancarrota total por fuga de empresas, inseguridad jurídica, ilegalidad, abuso de poder dominante, desafuero, atropello constante al ciudadano, iniquidad, tiranía, despotismo, parcialidad, radicalismo, ambiente bélico, medios de comunicación censurados por compra –con dinero público- de la actualidad real  evidente con su consiguiente prohibitiva convivencia natural.

La Generalitat es hoy y lo era antes un grupo de mequetrefes que a forro de su trompa defienden creencias u opinión con pasión exagerada sin respetar las creencias y opiniones de la inmensa mayoría del pueblo catalán, por tanto español. ¿Cómo es posible que los españoles dependamos de la CUP y BILDU?. Los primeros nacional populistas y los segundos nacional terroristas.

¿Es posible que aquella Cataluña laboriosa sea cómplice de la CUP –ya de Anna Gabriel- ….votó si a la investidura de Puigdemont como President no sin antes leer su currículo: “Buenos días, soy Anna Gabriel, soy una puta, traidora, amargada y mal follada”. Ese voto debe ser NULO y…, para que la caverna separatista no vuelva a pisotear a los españoles de buena fe, también denominados PERSONAS DE CORDURA. Las mentiras enlatadas que los conspiradores de Puigdemont y Junqueras idearon esa caverna con el único objetivo de saquear Cataluña.

Como estaba cantado, hoy han echado con pillaje y villanía al director de los Mozos de Escuadra, Albert Batlle. La historia de su sucesor ya os la contaré otro día con la única condición de que no os preocupéis. Mosso en español significa MOZO.

No comprendo para nada la postura de los políticos “jefes” que quedan en Cataluña. Se perdió el miedo a Ceausescu en Venezuela de Maduro y ya es más que evidente a la dictadura independentista de la butifarra. 
¿Recordáis que un catalán, Ramón Mercader, sicario y fanático de Stalin, que le clavó un pico en el cráneo de Trostky? ¿Por qué Stalin cuando hacía cambios en el Gobierno mataba a los políticos salientes y, posteriormente, a los entrantes? Cuidado con las purgas, Puigdemont que se te están volviendo pulgas charnegas.
 

Mala suerte la mía. La persona que más quiero en el mundo, nunca ha salido de Cataluña y ni siquiera sabe hablar catalán.  


Juan Pardo.

juanpardo15@gmail.com

https://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/

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Martí Saballs Pons, Martí Saballs i Pons, expansión, ¿mossos o mozos?, Buenos días, soy Anna Gabriel,  puta, traidora, amargada, mal follada e independentista”. CUP, BILDU, Stalin, Ramón Mercader, cráneo de Trotsky, secesionismo catalán, ceausescu,

Pablo Iglesias pinta menos en Podemos que Rita Maestre en la Iglesia Católica.


El furibundo, Pablo Iglesias ni tiene quien le escriba ni tiene quien le escuche ni tiene mando con poder suficiente ni estará representado en la II revolución bolchevique de Karl Marx y Friedrich Engels que muy pronto se estrenará en el teatro del Palacio de las Cortes de Madrid. Como primicia os diré que la obra –más tutorial- versa sobre el fin de los radicalismos de izquierdas, porque los capitalistas/corruptos  de esos radicalismos exigen su espacio para uso y disfrute de “SU” dinero. De los 30 mayores capitales rusos, 27 viven en Londres a lo Príncipe Alberto.

Ya nadie cuestiona que “el coletas” está dando los últimos coletazos. Pablo Iglesias es más tonto que  Abundio, nunca ha pasado de ser un vocero de sesudos pensados bolivarianos –demasiado dependientes de la droga y del dinero.

La apuesta con financiación incluida  por Podemos de los Chávez, Maduro, Cristina KK, Lula, Dilma, Evo, etc. Era a cambio de que Pablo conquistara el poder/duro en España e instaurará la Venezuela de Europa en nuestro país, donde dichos patrocinadores pudieran fijar sus residencias de virreyes en el destierro. A la vista está que en las próximas elecciones, el patrocinado,  no saldría ni de concejal en mi pueblo.

Si será sanguinario para España que, hace unos días, cuestionó los hábitos higiénicos de Isabel la Católica, cinco siglos después. Además, sin objeto ni fin pasivo ni activo…. Está claro que todos y cada uno de los días tiene que ser protagonista, a veces delega en alguno de su tropa.


Si algo está claro en el panorama político español es que Pablo Iglesias ya no es intocable en Podemos. Aunque muy posiblemente sea otra jugarreta morada. Lo peor que se puede hacer con tus  enemigos, es tirar continuamente trastos a las cabezas de tus amigos. Tanta prepotencia dentro de su propia formación motivó que los Errejón y cía le pisen los talones. En poco más de dos años de vida política ha pasado de ser una gran promesa con calado internacional  a ser el segundo líder peor valorado. 

Es el tributo que debe pagar por su permanente actitud irrespetuosa desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. Al principio, muchos lo consideraban savia nueva que vendría bien. Hoy es tan casta o peste como el que más. Su desgaste es fruto de su propia ira y errores, no de aciertos ajenos. 

El pueblo y sus propios correligionarios, hartos de sus bravuconadas han emergido al falso Stalin y su formación de caballería sin caballos en lo más triste, la miseria y vergüenza ajena.  

¿Desmanteló Gorbachov el imperio del MAL o la URSS?

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Hay víctimas de sus propios errores que se siguen llamando comunistas. Otros vivieron o sufrieron como comunistas, medraron como compañeros de viaje, y aún no lo han lamentado públicamente. Si no confiesan su culpa o analizan su error de ayer, mal podemos atenderles hoy. La denominación de.. "comunista" ha quedado manchada para siempre. En el vocabulario político se halla en la misma monstruosa sima que la apelación de "nazi" y, posiblemente, más bajo que socialista. Quienes rindieron pleitesía al comunismo nos deben, no una autocrítica al estilo de las de los juicios de Moscú, sino una explicación de cómo pudieron hacerse esclavos de tan monstruosa filosofía y organización, para aviso de propios y extraños. Rectificar errores del pasado hace que el presente programe el futuro.

Gorbachov, el VIII líder de la URSS, al que nunca agradeceremos bastante el haber desmantelado el "imperio del mal" (como lo llamaba Reagan, ahora sabemos todos que justificadamente). Cuanto más nos remontamos en el tiempo, peores fueron esos líderes. Elegiré un ramillete de tres, otro que no pudo serlo y el gran maestro de todos ellos.

Jruschov hizo un favor a la humanidad confesando, en su famoso discurso secreto del XX Congreso del PCUS, de 1957, algunos de los crímenes de Stalin, pero adujo una coartada indigna de un marxista, la del "culto a la personalidad". Sólo la firmeza y valentía del presidente Kennedy detuvieron a Jruschov en su intento de realizar un ataque nuclear contra EEUU desde Cuba. En cuanto a su capacidad de predecir científicamente el futuro, recordaré una frase del campesino Jruschov: "El comunismo desaparecerá cuando los langostinos aprendan a silbar".

Stalin, a quien muchos de los vergonzosos comunistas adoraron, es junto Hitler una de las figuras más diabólicas de la historia. Habría que hacer recuento de las muertes causadas por estos dos dictadores, que con la propaganda y el terror supieron apoderarse del alma de dos grandes pueblos, el alemán y el ruso. Distingamos con Bullock las muertes políticas del total de la mortandad violenta en los 30 años que van de 1920 a 1950 (que quizá alcance los 50 millones de personas). Hitler hizo matar en los campos de concentración y los guetos a seis millones de judíos, que no fueron menos, digan lo que digan los nuevos fascistas; a ésos hay que añadir dos más, hasta ocho, entre gitanos, rusos, socialistas y comunistas alemanes, y otros opositores a su poder. Stalin fue culpable de la muerte de unos 16 millones en su Gulag. En su caso se ensañó especialmente con sus propios súbditos: campesinos, cosacos, intelectuales, o veteranos de la guerra de España; o todos los que hubieran sido prisioneros de guerra, a los que envió inmediatamente al Gulag, bajo sospecha de espionaje. La maldad de Stalin es menor, si es que en esos, sumideros caben distingos, en cuanto que no intentó el genocidio de dos pueblos, o dos "razas", como decía Hitler, el de los judíos y el de los gitanos. Pero por lo que se refiere a número y consanguinidad, el antiguo seminarista sobrepasó ampliamente al fracasado artista del pincel.

Dicen que Lenin fue mejor que su sucesor en el cargo. En efecto, en cuanto a muertes es difícil rivalizar con tanta iniquidad. Mas, desde el punto de vista político e intelectual, dio lustre a una especie de hombre muy repartida en el siglo XX, la del terrorista revolucionario. Tanto Stalin como Lenin tenían pretensiones intelectuales. Los ha retratado con pluma acerba SoIzbenitsin: en Pabellón de reposo, a Stalin escribiendo un papel sobre la teoría marxista de la evolución de las especies, en pleno ejercicio de su satrapía; en Lenin en Zúrich, a Lenin componiendo artículos sobre la inminente revolución bolchevique en Suecia, cuando ya gobernaba en Rusia Kerensky. Stalin fue un Calígula a la manera asiática, pero Lenin está más cerca de nosotros, más cerca de esos profesores que aún le defienden: fue un intelectual revolucionario a la manera occidental, como los retratados por Joseph Conrad en El agente secreto: el hombre de acción que sin escrúpulo alguno, sin parar en los medios, se sirve de las ideas, de los ideales de la humanidad, para alcanzar el poder; y para mantenerse en él crea la Cheka.

Tras haberse convertido al marxismo dio a luz la idea de la necesidad de una élite revolucionaría capaz de imponer el progreso revolucionario a un proletariado dormido. En un folleto de 1902, titulado ¿Qué hacer?, Lenin propuso la creación de un partido que formase "la vanguardia del proletariado": "Dadnos una organización de revolucionarios, y subvertiremos a Rusia". Con su golpe de Estado de noviembre de 1917 destruyó el frágil régimen democrático creado tras la caída del zar. Se mantuvo en el poder prometiendo a los soldados, obreros y campesinos rusos paz, comunismo y la tierra para el que la trabajaba. No cumplió ninguna de estas tres promesas; sólo otra a sus camaradas bolcheviques, la de imponer "la dictadura del proletariado" propugnada por Marx, es decir, la férrea autocracia imperial de una capilla de revolucionarios. El propio origen del término "bolchevique" es revelador: una minoría que se adjudica el nombre de mayoría, precisamente para aplastar a los reformistas mayoritarios. Las injusticias del zarismo, las cortedades de Kerensky, no justificaban esos 75 años de catastrófico régimen revolucionario nacido gracias a Lenin. Trotski, a la cabeza del Ejército Rojo y en el poder al lado de Lenin, no tuvo escrúpulo alguno en el uso de la pena de muerte, la cárcel y el exilio para quienes dentro del movimiento revolucionario no coincidían exactamente con la dirección.

Si pasamos de los dirigentes bolcheviques a su mentor Carlos Marx, el espectáculo no es más edificante. Desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de otros autores materialistas es más completo e interesante: empezando por Espinosa y el barón de Montesquieu; siguiendo con David Hume y Jeremías Bentham, y terminando por el mismo Engels y el revisionista Eduardo Bernstein. Y no digo nada de Stuart Mill, cuya teoría económica asumió, íntegra Marx, tras insultarle abundantemente. Su única aportación original a la economía fue la de subrayar el inmenso poder productivo del capitalismo, en lo que le precedió el también denostado Nassau William Senior. Tres rasgos de su vida personal y una frase resumen su fanático carácter. Los tres rasgos son: las terribles estrecheces que hizo pasar a su mujer y a sus hijas; su negativa a conocer a la compañera de Engels, de cuyo dinero vivían ambos, y el hijo que tuvo con la cocinera de la familia, que hubo de adoptar Engels por el qué dirán. La frase recoge la funesta idea de la lucha de clases: "¡La burguesía se acordará de mis forúnculos!".
¿Cómo pudo tal credo poner en peligro la civilización? Hasta 1917, sólo unos pocos locos eran marxistas revolucionarios. Pero la humanidad es muy susceptible al atractivo de las creencias absolutas, sobre todo cuando las apoya el poder absoluto. El marxismo-leninismo utilizó sin duda el poder de la URSS para prostituir ideales entrañables de los trabajadores: la justicia para los pobres, la hermandad de los pueblos por encima de las fronteras, la esperanza de un mundo mejor. También los nazis prostituyeron los ideales de patria, orden y trabajo, tan queridos de las clases medias.
La principal ventaja del marxismo sobre otros fanatismos estriba en que predijo cosas comprobables, que no resultaron. Por eso ha caído. Otros credos han cometido maldades en nombre de la felicidad de ultratumba. No se me malentienda. No estoy condenando el sentir religioso. En el campo personal, pocas sentencias hay sabias que "no sólo de pan vive el hombre"; en el campo político, pocas amonestaciones más prudentes que "mi reino no es de este mundo". Hablo del pasado del que las iglesias se han arrepentido.

A quienes son o fueron comunistas les pido, por Dios o por la humanidad, que se arrodillen y hagan las paces consigo mismos... como lo haría un nacionalsocialista... por la muerte y la opresión que su partido ha infligido a la humanidad. No hacerse las víctimas mientras encuentran culpables a los que responsabilizar de los males de su historia, una vez muerto el presente y sin futuro.