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La increíble historia de las joyas (supuestamente robadas) de los Habsburgo.

 Tesoro perdido de los Habsburgo reaparece en Canadá – DW – 07/11/2025

La increíble historia de las joyas (supuestamente robadas) de los Habsburgo: el famoso diamante Florentino llevaba un siglo en una maleta escondida en una caja fuerte en Canadá

Carlos de Habsburgo-Lorena, nieto del último emperador de Austria, ha revelado el secreto: las joyas de los Habsburgo nunca se robaron ni se vendieron ni se trocearon. Han aparecido —excepto la corona de la emperatriz Sissi— en una pequeña maleta guardada en un banco en Quebec. Una increíble historia con una responsable: la emperatriz Zita.

Mientras Francia (y quizá no solo Francia) sigue recuperándose del golpe maestro ocurrido en el Louvre, Austria celebra un milagro, o casi. Después de más de un siglo, se han encontrado las preciosas joyas de los Habsburgo (excepto la corona de la emperatriz Sissi), y el famoso y gigantesco diamante amarillo Florentino. Tesoros que durante años, muchos, se habían dado por perdidos.

Ningún guion, ni siquiera el de la mejor película, podría haber ofrecido una trama y un final más sorprendentes. Una historia que ha puesto fin a más de un siglo de conspiraciones y relatos sobre las joyas de los Habsburgo que se daban por robadas, troceadas, vendidas en subasta o intercambiadas por dinero. Hasta hoy. "El diamante Florentino está en una caja fuerte en Canadá junto con otras joyas de la familia", ha revelado a Spiegel Carlos de Habsburgo-Lorena, empresario, expolítico y, por encima de todo, nieto del último emperador de Austria, mientras tomaba su capuchino en un café de Viena. Pocas palabras que, sin embargo, han echado por tierra años de certezas: las joyas de los Habsburgo nunca se perdieron.

 No, y tampoco se ha producido un hallazgo sensacional, solo la revelación de un secreto guardado durante más de un siglo a petición de su abuela, la emperatriz Zita, viuda del emperador Carlos I. En su repentina huida a Canadá en 1940, se llevó las joyas familiares. Las transportó en una pequeña maleta de cuero marrón, y las ocultó en una cámara acorazada en la provincia francófona de Quebec, con una recomendación: el lugar debía mantenerse en secreto al menos hasta el centenario de la muerte del emperador Carlos I (en 1922). Solo dos miembros varones de la familia debían tener conocimiento de esta localización. Esos dos hombres son dos primos de Carlos de Habsburgo-Lorena que, cumpliendo con las directrices de su abuela, le revelaron el secreto familiar hace apenas un año. ¿Es posible que el heredero de los Habsburgo —se preguntan en Spiegel— no supiera nada? "Mi padre lo mencionó una vez de pasada. En aquel momento, no le di ninguna importancia y no volví a pensar en ello", ha asegurado Karl Habsburg.


La emperatriz Zita de Austria.

La emperatriz Zita de Austria.


Los misterios crecen, pero parece casi natural dado el golpe maestro de la abuela Zita, que durante años hizo creer al mundo que esas joyas, de las que no sabía nada desde 1921, habían sido robadas o vendidas al mejor postor. Fue, en realidad, su marido, el emperador Carlos I, quien en 1918, al presentir el final de su Imperio austrohúngaro, ordenó a su gran chambelán que sacara las joyas del país. Éstas llegaron a Suiza, donde permanecieron hasta 1921, para luego desaparecer sin dejar rastro, dando pie a las más misteriosas y fascinantes teorías sobre su destino.

 La emperatriz puso a salvo el botín en aquella maletita que hoy muestra 15 deslumbrantes piezas, entre ellas un reloj de esmeraldas que la emperatriz María Teresa regaló a su hija María Antonieta, un broche con diamantes, esmeraldas y rubíes, y otro con perlas y diamantes. Faltaría un brazalete de esmeraldas que María Teresa utilizaba para las celebraciones en trineo y la preciosa corona de Sissi, compensadas, sin embargo, por el hallazgo del gigantesco diamante Florentino de 137 quilates que perteneció originalmente a los Médici y que, tras en una serie de giros, acabó en manos de los Habsburgo.

"Es raro ver una piedra tan perfecta", ha dicho Spiegel A.E. Köchert, joyero real de Viena que posee la única foto existente, de 1918, de la legendaria piedra amarilla. Encargado de volar a Canadá para examinar el estado de las joyas halladas en la maleta, Köchert ha contado: "Se trata de uno de los diamantes más famosos del mundo. La historia, la artesanía... es impresionante. ¿Y su color? "Recuerda a un buen whisky escocés".

Es una alegría, por tanto, encontrar intacto el famoso Florentino, llamada por algunos “la piedra del destino”, sobre el que durante un siglo se ha dicho de todo. Algunas publicaciones llegaron a sugerir que el antiguo emperador había empeñado la joya familiar para financiar su intento de hacerse con el poder en Hungría y que un estafador se habría apoderado de la piedra, desapareciendo con ella. ¿Y quién habría contribuido a hacer perder su rastro? Parece que incluso la emperatriz Zita —la misma que escondió el tesoro—, habría hablado del robo de la piedra. ¡Ingeniosa! Por no mencionar un diamante amarillo en forma de almohadilla y de 99,52 quilates que causó revuelo en Estados Unidos porque se creía que era un fragmento del Florentino.

Todas las suposiciones, teorías, conspiraciones de un siglo se desvanecieron con un giro digno de las mejores novelas policíacas.

A Pedro Sánchez, en realidad, sólo le importa él mismo. NO DIMITIRÁ.

 

Lo que de verdad importa es Sánchez

Lo que de verdad importa es Sánchez
Pedro Casare

Sánchez defiende la inocencia del fiscal general, "más aún tras lo visto en el juicio"

 
Sánchez está haciendo ahora vídeos de adolescente con pústulas o de jubilado con hortensias. Visita la radio pública con camisetucha, alabando el indie que escuchan, en realidad, los cuarentones de la precariedad, y recomendando libros que no ha leído como desde un sillón de Emmanuelle o una mecedora de Rosa León (la referencia es tan lejana y kitsch como eso de hacer culturetismo de bibliotecaria virgen). Después, se pone a celebrar sus dos años de legislatura muerta o agónica como desde un jardín de sanatorio. Sánchez, el hombre de la máscara, se había sentado delante de un jardín que no sé si pretendía ser curativo, medicinal, tranquilizador para sus males de nervios o para los del españolito, un jardín un poco infantil en su terapia y su selvosidad, como una selva de Henri Rousseau (más culturetismo kitsch). Pero yo diría que el jardín, como la misma España, sólo parecía violentado por su presencia, como por un bulldozer. Este país que crece más que nadie, este Gobierno que trabaja por lo que le preocupa realmente a la gente, todo lo que salía en su vídeo, como en una teletienda de fertilizantes, lo niega lo que vemos y lo que sabemos. El jardín entero de su vídeo o de España parecía que le iba a atacar, en defensa propia, como una planta carnívora.

Los vídeos, el jardín, sus libros que se abren con flores en relieve y pensamientos planos, la música vulgar del que intenta ir de guay, el querer dirigirse a una juventud que no conoce, a la que causan cringe los intentos de Bolaños y Óscar Puente de resultar molones (el carrozón molón que espanta a todos), o el querer dirigirse a una madurez indistinguible de la adolescencia, zangolotina e infantilizada, como la que se cita en lo de Broncano, cuarentones con pelos, zapatones y latiguillos de Lamine Yamal… Todo esto me parece un esfuerzo desesperado de Sánchez, el hombre de la máscara, por tomar un breve hálito de vida en cualquier cosa que parezca tener vida. Le sirve el papel pintado, un jardín de hule, la juventud inverosímil y pasada, como de la tuna (Radio 3 es más carroza que Radio Clásica, e incluso que decir “carroza”), le sirve pegarse a Rosalía como si se posara sobre un nenúfar o, simplemente, le sirve acercarse a la juventud en el ritual, en el lenguaje o en los iconos, aunque sea siniestramente, como el que sólo está pensando en bañarse en su sangre. Sánchez no entiende la juventud, ni le importa la juventud, como no entiende la política ni le importa la política. Él sólo se mimetiza, por eso en el vídeo era como un insecto palo en una maceta de nuestra ventana.

Sánchez, asomado a la ventana de nuestra casa con manos de bicho palo y ojos de camaleón, nos decía que estos dos años de supervivencia y jadeos habían sido dos años de “avance, compromiso y políticas útiles”, dos años “defendiendo lo que de verdad importa”. Lo que de verdad importa, por lo visto, debe de ser él. Porque perder la mayoría en el Congreso, no poder aprobar leyes, no tener presupuesto, estar sometido al chantaje de unos y de otros (o peor, no tener ni la posibilidad de someterse al chantaje porque no le creen ni los que lo exprimen), ir pudriéndose por dentro por las humedades del búnker, querer convertir todo el Estado en su botín y vivir o morir cada día pendiente de qué miembros de su familia, de su camarilla o de su partido se sientan ante los jueces; todo eso, en fin, seguramente es anecdótico. Como lo son las cifras macroeconómicas que saca, un poco así como soviéticamente, en porcentajes aturdidores y cantidades inconmensurables, como de grano, para que hasta los pobres se deleiten y se alimenten con su riqueza teórica.

 

Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él

La verdad es que cuando nos habla de crecimiento desde la oquedad de sus ojos, a Sánchez se le olvida lo de siempre, que si crecemos más es porque venimos de más abajo, que crecemos como el desnutrido que va recuperando peso. Se le olvida la inflación, que nos hace mirar los tomates como rubíes y la estufa como si fuera un deportivo, se le olvida la deuda, que con los niveles actuales tardaríamos casi medio siglo en pagar, el empleo precario, el paro (el juvenil, sobre todo) y los índices de riesgo de pobreza. Se le olvida que todo lo que dice sobre la vivienda se vaporiza con sus palabras ante nuestros ojos, y se le olvida que no nos funcionan los trenes ni nos funciona el Estado porque todo se queda en pagar la propaganda, la colonización institucional o social, la fontanería basta e impúdica y ese negocio carnicero entre la mordida, el muslamen y la chistorra que nació de ese Peugeot como de una furgonetilla de bragas anchas y calcetines gordos. Igual que se le olvida que la política exterior no es sino su interés particular y su propaganda doméstica que usan banderas con alfanjes y calaveras extranjeros. La verdad es que ni Europa ni Estados Unidos cuentan ya con nosotros, que somos más de Marruecos, Venezuela o China, donde salen, casualmente, servidumbres y negocios que suenan a tráfico de carne de gato.

Sánchez, en la pantalla como en nuestra ventana, parece pedirnos alpiste, agua, migajones, como un gorrioncillo. Sobrevivir un invierno más, respirar siquiera un día más, que es lo que se oye en el vídeo sobre todo, su intento de respirar por encima de la respiración planetaria del jardín, de la verdad o de la democracia, su intento antinatural de respirar como un tren de Óscar Puente o una rosa de plástico. A Sánchez se le olvida todo lo que dijo, todo lo que prometió, todo en lo que creía (nunca creyó en nada, salvo en lo importante, o sea él), se le olvida todo lo que pasa y todo lo que pasó, ante sus narices y ante sus garbeos. Pero es normal que se olvide todo cuando uno sólo intenta respirar. Casi se le olvida que ya no gobierna, que sólo sobrevive, que es lo que importa.

Sánchez ya no sabe muy bien si hablarnos como un killer o como un mosqueperro, como el césar de la socialdemocracia o un youtuber de muffins, depende de con qué crea él que puede respirar en cada momento. Ahí vemos ahora a Sánchez, el hombre de la máscara, en sus vídeos, en sus entrevistas, en sus reels, como pegado a nuestra ventana, con manos de ventosa y bocanada infinita e insuficiente. Detrás, la naturaleza (la realidad, sin más), que nunca es mero decorado, está ya ahí, pasando lentamente de difuminarlo a devorarlo. Después de negarlo todo y negarse a sí mismo, Sánchez, aunque sobreviva, nunca podrá negar que lo único importante, desde el principio, fue sólo él. Sólo esperamos que la democracia, como el jardín, sobreviva ante el bulldozer

El Fiscal General, Álvaro García Ortiz, pactará con la fiscalía.¡MANDA HUEVOS¡

El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, promete su cargo ante el  rey Felipe VI - fiscal.es

 

Uno de mis buenos amigos, al menos así lo tengo yo inventariado, tiene por costumbre leer cada día un capítulo de El Quijote -por cierto, a ver si me acuerdo de preguntarle cuántas vueltas completas le ha dado a la novela de don Miguel-. No me consta sin embargo que Álvaro García Ortiz, hombre de altas y muy absorbentes responsabilidades, tenga tiempo para hacer algo ni remotamente parecido, aunque sin duda será de los que en algún momento de su vida han leído el magistral relato de Cervantes, y recordará que en el capítulo LXXIV de la segunda parte, justo antes de morir, don Quijote recupera la cordura, y retractándose de la fábula en la que había vivido confiesa ser Alonso Quijano.

Si el fiscal general del Estado, que en estos días pasa por el amargo trance de sentarse en el banquillo de los acusados (aunque ocupe una silla en el lugar reservado a la defensa), pudiera como don Quijote rebobinar, que no puede, es muy probable que no actuara como lo hizo el 13 y el 14 de marzo de 2024. Si pudiera decir toda la verdad, que ni tiene obligación como acusado, ni le dejan (aunque le acabarán dejando tirado), reconocería que las decisiones que tomó aquel infausto día estuvieron condicionadas por las presiones recibidas desde instancias políticas, y en concreto desde la Presidencia del Gobierno de España.Si García Ortiz pudiera desandar el camino, quizá les diría a quienes le conminaron a precipitarse para “ganar el relato” que ni las prisas son buenas consejeras ni es función de la Fiscalía entrar de lleno en la batalla mediática; que el estatuto orgánico de la institución que dirige establece como principio fundamental que del fiscal general para abajo todos los fiscales tienen el deber de reserva y sigilo, así como la obligación de respetar el secreto de las actuaciones; y que los tiempos políticos no son los mismos que los de la justicia. Dicho de otro modo: les hubiera dicho que no era posible hacer lo que le pedían, porque iba contra la ley.

La lógica de ‘l’omertà’

Así lo entendió la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, quien le echó en cara la filtración a su superior sin ser objeto de la correspondiente réplica. Así lo entendió Juan Lobato, que se cubrió las espaldas ante notario. Como también entendió después la gravedad de la maquinación otro de los personajes clave de aquella noche fatídica, la jefa de Gabinete del jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, Pilar Sánchez Acera, cuya inevitable amnesia ha convertido su inverosímil atestado en una de las más elocuentes piezas de la acusación.

Pedro Sánchez ha declarado que el fiscal es inocente, “y más aún tras lo visto en el juicio”. Ahora me explico mejor lo de sus gafas en el Senado. No sé qué juicio es el que está viendo el presidente, y sin embargo su afirmación es coherente, porque responde a la lógica de l’omertà, la que refleja el supuesto, tantas veces por desgracia constatado, del subordinado que por un erróneo sentido de la lealtad acaba cometiendo un delito de obediencia, del que García Ortiz no está siendo juzgado, pero que será el que más le va a pesar el resto de sus días, ocurra lo que ocurra.

No es verdad que Sánchez crea en la inocencia del fiscal general, porque sería como no creer en sí mismo. Simplemente utiliza su gran potencia de fuego mediático para presionar al tribunal y alimentar, en caso de condena, el guion de un nuevo capítulo de la serie “La única justicia válida es la justicia del pueblo”. Sánchez conoce, como todo el que no se deja distraer por lo accesorio, que existe la posibilidad de que los magistrados concluyan que no está del todo claro, que hay duda razonable sobre la autoría de la filtración. Pero también sabe que ahí no acaba la responsabilidad del fiscal general.

Pongamos que García Ortiz no filtró. Pongamos que tampoco ordenó que se filtrara. Mucho poner, pero pongamos. ¿Pero dejó hacer? ¿Dictó o no él mismo los términos de una nota considerada por el decano del Colegio de Madrid de “inusitada gravedad”? ¿Consintió o no que para desmentir un bulo se divulgara información reservada? Y cuando supo que esta se había filtrado, ¿por qué no ordenó como era su deber que se abriera de inmediato una investigación para identificar a los responsables? Al fiscal general no solo se le juzga como posible ejecutor directo de un delito de revelación de secretos; también por la decisión (presuntamente) consciente de no impedir, como era su deber inexcusable, su propagación.

‘Terroristas emocionales’

No hay un solo magistrado de los siete que componen la sala que juzga a García Ortiz que considere injustificada la decisión de sentarle en el banquillo. Cosa distinta es la valoración que cada uno de ellos haga de la prueba a efectos de sentencia. Tanto la condena como la absolución por duda razonable han de estar fundamentadas en Derecho y, en ese terreno, el estrictamente jurídico, los criterios de aplicación casi nunca son uniformes.

Tal y como va el juicio, y en contra de la opinión improcedente del presidente del Gobierno, la condena de García Ortiz es más que probable. Quizá no por lo que hizo (que también: el borrado injustificado de sus mensajes, por ejemplo), sino por lo que dejó hacer; o dejó de hacer. Y, sin embargo, puede que la decisión de los magistrados no zanje la batalla política, sino que la encone.

Una resolución condenatoria alcanzada por unanimidad, o por 6 a 1, incluso por un 5 a 2, complicaría mucho cualquier maniobra de descrédito del tribunal. Pero un 4 a 3 convertiría la sentencia en gasolina para “terroristas emocionales”, en expresión de una de las letras de Rosalía (La Perla), y trasladaría casi con toda seguridad la batalla, en forma de recurso de amparo, al Tribunal Constitucional.

En una hipótesis de cuasi empate, sería inútil cualquier llamamiento a recuperar la cordura. Y lo más urgente: el crédito de la Fiscalía.

Pegasus, el programa espía que volverá a "saltar" en elos escándalos de corrupción que se están juzgando....

 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la intervención en el Congreso de los Diputados por el espionaje con el sistema 'Pegasus'.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la intervención en el Congreso de los Diputados por el espionaje con el sistema 'Pegasus'. | EP

Un archivo de apenas unos kilobytes —un exploit— bastó para encender una crisis política y judicial que atraviesa fronteras. Pegasus, el software espía desarrollado por la israelí NSO Group, permite a los gobiernos la capacidad de “combatir el crimen y el terrorismo” mediante la infiltración sigilosa de teléfonos móviles. En la práctica, desde su aparición a finales de la década de 2010 se convirtió en la herramienta con la que se han vulnerado los móviles de activistas, periodistas, abogados, diplomáticos y de varios dirigentes políticos en España.

NSO Group presentó Pegasus como un producto de inteligencia para estados. La primera generación del software apareció en 2011; con los años evolucionó hasta emplear "exploits" de tipo zero-click —fallos que permiten la instalación remota sin interacción del usuario— y técnicas que le otorgan acceso completo a los datos del teléfono: mensajes, ubicación, llamadas, micrófono y cámara. La compañía sostiene que vende solo a agencias gubernamentales con fines de seguridad, pero las pesquisas internacionales han documentado un uso mucho más amplio y controvertido.

El gran salto a la opinión pública se produjo con las filtraciones y las investigaciones periodísticas internacionales (entre ellas el llamado Pegasus Project) que en 2021 y años posteriores vinculaban el software con espionajes a periodistas, activistas y opositores en decenas de países. Organizaciones como Amnistía y organismos europeos advirtieron de su impacto sobre derechos fundamentales. En España la alarma sonó con fuerza: informes forenses y denuncias periodísticas señalaron intentos o instalaciones de Pegasus en los teléfonos del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de al menos tres ministros —Margarita Robles (Defensa), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Luis Planas (Agricultura)— en 2020 y 2021, además de a líderes independentistas catalanes.

La vía judicial

En julio de 2023 la Audiencia Nacional archivó provisionalmente la investigación sobre el espionaje a miembros del Gobierno, citando la falta de cooperación por parte de Israel para obtener datos decisivos y apuntando a que la única vía viable era la diplomática. Pese a ello, la causa no quedó cerrada definitivamente: en 2024 el mismo órgano reabrió una pieza del caso tras recibir información procedente de la justicia francesa que podría aportar pruebas complementarias.

Paralelamente, investigaciones vinculadas al denominado CatalanGate —el espionaje sufrido por dirigentes, abogados y activistas del procés— han llevado a pasos procesales relevantes. En 2025 la Audiencia de Barcelona dio un vuelco al señalar por primera vez a directivos de NSO como investigados en España: la sala acordó imputar a tres altos cargos del entramado empresarial de NSO Group por presuntos delitos de descubrimiento y revelación de secretos en relación con el espionaje al abogado Andreu Van den Eynde, letrado vinculado al juicio del procés. Los nombres que aparecen en las resoluciones judiciales incluyen a ejecutivos asociados a NSO como Omri Lavie, Shalev Hulio y Yuval Somekh.

Además, la investigación se ha ampliado y ha alcanzado a exresponsables de fuerzas y servicios de seguridad. En distintos autos y admisiones de querella han surgido indicios que han llevado a citar o imputar a antiguos mandos del CNI y de la Guardia Civil, y a requerir documentación reservada en busca de responsabilidades internas sobre la contratación y uso de herramientas de intrusión. La causa, por tanto, sigue ramificándose entre piezas penales y reclamaciones por vulneración de derechos.

Las víctimas

Entre las personas afectadas por intentos o intrusiones con Pegasus en España figuran, según las investigaciones periodísticas y judiciales, altos cargos del Estado —como los ministros citados— y actores del conflicto catalán —abogados, mediadores y exdirigentes—. Andreu Van den Eynde es uno de los denunciantes que llevó la querella que ha permitido la imputación de directivos de NSO en Barcelona; Oriol Junqueras y otros líderes independentistas han aparecido desde 2021 en el mapa de víctimas que han denunciado espionaje. También hay referencias a activistas y representantes de ONG y a testimonios que apuntan a la monitorización de perfiles pro-saharauis y diplomáticos.

Las consecuencias para NSO no han sido sólo reputacionales: en 2024-2025 tribunales extranjeros, como uno de Estados Unidos, condenaron o declararon responsabilidades a la compañía por su papel en vulneraciones masivas —en el caso de WhatsApp, un fallo consideró a NSO responsable por el ataque a cientos de usuarios—, y las sanciones y demandas han forzado a la empresa a responder en varios foros legales. Estos fallos internacionales han alimentado a su vez las piezas abiertas en España y la presión política por una regulación más estricta de la venta y uso de herramientas de intrusión.

LA ESTRATEGIA SANCHISTA PARA DILUIR ESCÁNDALOS, TIENE POCO RECORRIDO.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No solo en España, en todo el mundo occidental, el enjuiciamiento del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha provocado estupor pluralizado. Salvo algún periódico aislado, noticia de semejante envergadura ha quedado oscurecida por la dimisión del presidente valenciano. Los alfiles con que el sanchismo cuenta en muy diversos medios impresos, hablados, audiovisuales y digitales se han lanzado con entusiasmo bien pagado a magnificar la crisis valenciana con el objetivo de ensombrecer el juicio a García Ortiz. Lo han conseguido solo a medias. Pero el fiscal general del Estado, sentado en un distinguido banquillo de los acusados, lo hubiera desbordado todo si no se llega a introducir en el mercado informativo una noticia magnificada por los medios afines al sanchismo.

La estrategia de Pedro Sánchez resulta eficaz y certera. La viene empleando desde que se encaramó en la poltrona monclovita. La mejor defensa es un ataque certero. Y Pedro Sánchez ha oscurecido escándalos de envergadura denunciando y magnificando otros, atribuidos al Partido Popular y su entorno.

En Génova estudian ahora qué se le ocurrirá a Pedro Sánchez para enturbiar los juicios a gentes de su entorno y a familiares. Se trata de hacer coincidir las fechas con juicios que afecten a personajes célebres de la televisión para que, sobre el tapete informativo de España, se confunda todo y se disminuya el alcance de lo que puede hacer daño al inquilino del palacio de la Moncloa.

La crisis Mazón ha favorecido la disminución popular del escándalo García Ortiz. Se pretende reproducir la fórmula. Expertos sanchistas en imagen estudian ahora la forma de contrarrestar lo que se le viene encima al presidente del Gobierno Pedro Sánchez. La política española atraviesa horas decisivas. Alberto Núñez Feijóo no puede seguir balbuceando en la indecisión. Si quiere permanecer al frente del Partido Popular deberá prever lo que puede ocurrir y actuar al menos con la misma contundencia de la empleada contra él, contra su partido y contra los intereses del centro derecha español.



La estrategia socialista para restar votos al PP, no es otra que enaltecer a VOX.

Los retoques estéticos de los políticos: de Pedro Sánchez y Santiago Abascal  a Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo | Vozpópuli

    La palabra pinza se está extendiendo en diferentes estamentos del PP, desde el parlamentario al autonómico, incluso en la propia dirección nacional. En Génova están convencidos de que hay una colaboración "consciente o inconsciente" entre el PSOE y Vox para arremeter contra los populares, desgastarles como alternativa y conseguir prosperar con la competencia mutua por los costados para incentivar la polarización y el populismo de derecha y de izquierda. Pero por otro lado, ven primar otra estrategia paralela a la 'alimentación' socialista de Vox, que radica en minar el liderazgo de Feijóo y su percepción como alternativa, despreciarlo como adversario y apostar por el choque con otras figuras del PP más polarizadoras como Isabel Díaz Ayuso.

    El socialista busca poner contra las cuerdas a Feijóo, con temas difíciles a los que pocos, como Ayuso, se atreven a entrar. A la vez eso potencia un escenario polarizador en el que a nivel nacional Vox se mueve mejor, especialmente cuando se apela a las entrañas y no a la razón. Sánchez busca sostener ese clima hasta las próximas generales, presentando una oferta ideológica en el polo opuesto de la ultraderecha y del PP, absorbiendo la mayor parte de su izquierda con sus principales banderas, como Gaza, y dejando el dilema al electorado progresista de apoyar una opción amplia de izquierdas sobre la que movilizarse frente a una derecha que suma en las encuestas, pero sacrificando la fiscalización de ese poder, al primar el voto del 'mal menor'.

   Desde principios de octubre, cuando el debate sobre el aborto volvió a abrirse de par en par por el apoyo de los populares de Madrid a una iniciativa de Vox en el Ayuntamiento, para advertir sobre un falso síndrome postaborto, Sánchez decidió entrar de lleno en un asunto que supone confrontar ideológicamente, dar la batalla cultural. Ante la propuesta de blindar en la Constitución el aborto, Feijóo dejó claras sus posiciones, negándose a ello pero validando el derecho a la interrupción del embarazo tal y como está establecido actualmente en la ley. Pero en Ayuso, Sánchez encontró su polo apuesto para ir caldeando más y más el ambiente. Se prioriza mirar a los territorios más que a Génova y dar autoridad a la madrileña, siempre 'eterna candidata en la sombra' para muchos.

   El objeto de la principal contienda han sido las listas de médicos objetores, las cuales feudos del PP como Baleares o Aragón si proporcionarán tras el requerimiento formal del Gobierno para su creación. Pero Madrid se resiste y juega al despiste, a la ambigüedad. Tanto PSOE como Sumar en el Gobierno instan a Ayuso a cumplir la ley -desde la reforma de 2023 se obliga a proporcionar esos listados- mientras que la madrileña niega hacer "listas negras" y denuncia una persecución de la libertad de conciencia y contra la deontología profesional de los médicos, que en su fin último es salvar vidas.

  En ese conflicto, tanto el PP de Madrid como Sánchez sacan rédito, pero las posiciones de máximos generan costuras internas en un PP que tiene distintas posiciones sobre el aborto. Quedó claro en el último congreso del partido en julio, donde se evitó ahondar en este tipo de asuntos. El interés del Gobierno, además de intentar movilizar a la izquierda, es el de evidenciar a un PP "ultraderechizado" por la competencia con Vox y hacer que al calor de los pronunciamientos de Ayuso Génova tenga que remarcar su posición. Y con ello, o generar una ruptura interna o que el propio Feijóo valide a Ayuso y de más combustible para denunciar la "derechización" de los populares, según los socialistas.

   Feijóo queda en una posición intermedia cuando de dar la batalla cultural se trata. El ejemplo es el aborto: se aferra a una posición 'continuista', de mantener la ley como está hasta ahora y garantizar el cumplimiento para no entrar en debates. Al mismo tiempo, a sabiendas de que hay mucho voto femenino en juego, se denuncia una estrategia del Gobierno para especular con que el PP quiere retirar derechos "que llevan más de 30 años" y que el interés real del Ejecutivo con ellos es "evitar que se hable de la corrupción". O de convocatorias como la de Sánchez a la comisión del caso Koldo en el Senado para el 30 de octubre.

De "ignorancia o mala fe" a "ánimo Alberto"

    A la vez que se juega la carta de la batalla cultural, en el PP detectan que se está volviendo a querer trasladar la imagen de político poco curtido. Es algo, se denuncia, que ya empezó en agosto de 2022 poco después del aterrizaje de Feijóo en Madrid tras la sucesión de Pablo Casado. En la anterior legislatura, tras afirmar que "Sánchez ha metido en un pufo de 6.000 euros a cada español", María Jesús Montero, vicepresidenta del Gobierno y ministra de Hacienda le criticó por dejar "un pufo" monetario en Galicia. "¿Es ignorancia o mala fe?", preguntó la andaluza, una frase que se repitió para desprestigiar las capacidades del gallego.

   Pasó a utilizarla Sánchez en su primer cara a cara en el Senado con Feijóo como senador por designación autonómica, luego, tras las generales, trasladados al Congreso. Una estrategia de los socialistas para minar la imagen del popular. Para entonces, el PP denunció una larga lista de insultos -el PSOE contestaba esgrimiendo lo mismo- entre los que se encontraban adjetivos como "vago", "insolvente", "sectario" o "incompetente". Con picos y casos puntuales hasta hace bien poco, el propio Feijóo intentó darle la vuelta al asunto. Primero a finales de 2022 en el Senado. "¿Es incompetencia o mala fe?", le dijo en septiembre de este año a Sánchez y a Ana Redondo, ministra de Igualdad, por los errores de las pulseras antimaltrato.

    Los populares denuncian que esta semana se ha vuelto a esa tendencia de desprestigio de Feijóo, que hilan con la teoría de la pinza con Vox. Hay dos cuestiones que no han gustado nada en la cúpula.

    En primer lugar, el intento de Sánchez durante su entrevista en Cadena SER del martes de dar a entender que entre bambalinas, por detrás, los barones del PP lo ven agotado y ya se plantean candidatos alternativos. Sánchez apreció que cuando hay un cuestionamiento de Feijóo "la prensa de la derecha" pone sobre sobre la mesa un posible adelanto electoral. "No lo hacen con información detrás, porque cada vez que me preguntan digo que serán en 2027. Se hace para cerrar cualquier debate sucesorio respecto al señor Feijóo", aseguró Sánchez, para después apuntar que en "off the record, en distintos lugares de la Villa de Madrid distintos presidentes autonómicos del PP cuando vienen muestran su desagrado con la estrategia que está llevando Feijóo como jefe de la oposición, incluso se dejan querer" como alternativas de futuro.

    En segundo lugar, con una nueva expresión que se suma al "ánimo, Alberto" de la semana pasada, intentando equiparar a Feijóo con Casado en la previa a su depuración como dirigente por el choque con Ayuso entre febrero y marzo de 2022. En concreto, en la última sesión de control al Gobierno, Sánchez adjetivó al líder de la oposición con un "es usted la nada". Volvió a incidir en esa idea de falta de preparación.

   Además de cuestionar la preparación de Feijóo, el Gobierno detona otra intencionalidad: llevar esa imagen de "incompetencia" también a las comunidades para ensalzar la gestión económica desde Moncloa frente a "una mala gestión de servicios públicos" pese a recibir financiación.

   Fuentes populares entienden que esto forma parte de la estrategia de los socialistas ante el acorralamiento "por la corrupción". "Tienen que dar muchas explicaciones, de dónde sale el dinero fotografiado en el despacho de Ábalos -publicado por The Objective- o los sobres con dinero en efectivo con el membrete del PSOE", aseguran. También la atribuyen a la incapacidad de legislar asuntos como los Presupuestos Generales del Estado, unas nuevas cuentas de cara a 2026 que socios como ERC empiezan a no ver posibles. Ya no por la falta de apoyos como esgrime el Ejecutivo, sino porque se denuncia que ni si quiera se han iniciado conversaciones bilaterales con ellos.

   Además de la presunta corrupción, los populares apuntan al intento de restar relevancia a cuestiones como "un nuevo hachazo" a los autónomos, tras el anuncio de la subida de cuotas hecho por el Ministerio de Seguridad Social. Un plan que ni si quiera apoya Sumar. La vuelta a este lenguaje de desprecio contra el dirigente del PP se enmarca en una semana "complicada" para el Gobierno tras el paso de José Luis Ábalos y Koldo García por el Tribunal Supremo. Se considera que los reproches personales se prolongarán y azuzarán con el tiempo, y que el marco de batalla cultural elegido por Sánchez cambiará en pocos días. "Estamos apunto de entrar en noviembre, ahí empezará a hablar de Franco [por el 50 aniversario de su fallecimiento]. Por lo que sí abogan en Génova es por no echar más leña al fuego respecto al rifirrafe Gobierno-Ayuso, y se guarda silencio.

    Para los populares esta posición del Gobierno, y de especialmente el PSOE, no responde a nada más que intentar "resistir hasta 2027". Ni si quiera se vincula con un intento de convocar generales de forma anticipada. "Si quince puntos de distancia no hacen a Sánchez convocar elecciones, es que no las tiene consigo", creen en el PP.