Entre la política de Le Pen y la de Vox hay más distancia que entre la de Putin y Milei. Las elecciones de Portugal han reforzado la idea de que la corriente nacionalpopulista avanza sigue al alza en el continente y llegará con fuerza a los comicios europeos de junio. En Países Bajos, tras su victoria, Geert Wilders sigue negociando de momento sin éxito su llegada al poder con terceros partidos, los polacos de Ley y Justicia (PiS)
no lograron reeditar su gobierno por la ausencia de suma, pero siguen
siendo primera fuerza, y en Finlandia si que Verdaderos Finlandeses (Perus)
condicionaron al centroderecha clásico haciéndose con carteras
elementales como Interior, Justicia o Economía. En ese reconocimiento
claro a sus socios naturales lusos, desde el cierre de urnas y este
mismo lunes, ha estado Vox, Santiago Abascal o el vicepresidente Ignacio Garriga.
Entre André Ventura, presidente de Chega!, y Abascal hay una línea común respecto
a sus pasados: ambos vienen de militar en el centroderecha clásico,
caso del Partido Social Demócrata (PSD) -integrado en el PPE-, y pasaron
a asumir un ideario mucho más conservador que derivó en las escisiones de
sus actuales partidos [aunque Abascal no la capitaneó desde el
principio, solo fue socio fundador]. Ambos se vieron motivados por
considerar que hay una derecha huérfana, portan un discurso 'anti progres',
los dos representan a los países de la excepción ibérica a la
ultraderecha ya disuelta; y ambos han lidiado con luchas internas entre
sus filas.
La diferencia quizá
es el tiempo en el que coinciden: Vox, ya madurado, parece orientarse
hacia una posición de partido 'muleta' para otorgar un futuro gobierno
al PP tras el desgaste socialista. Chega!, ahora llave para que Alianza Democrática
conservadora tome el mando, experimenta un auge exponencial con tan
solo cinco años de vida y su tercera participación nacional.
Falta conocer si el nexo seguirá ampliándose entre formaciones tras las europeas en cuanto a la afiliación. A Ventura se le resiste el plano continental,
una barrera que probablemente, y en vista de los resultados del
domingo, romperá en junio. Pero, pese a su euroescepticismo 'suave',
milita testimonialmente con el Grupo de Identidad y Democracia (ID), donde se encuentran Le Pen, Salvini, Wilders, los belgas de Vlaams Belang o el FPÖ austriaco. La afinidad viene de su duro perfil xenófobo, con especial dureza contra el colectivo gitano.
Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a Orbán, pero con matices
Aun por la tradición mediterránea que le acerca a Vox o a Giorgia Meloni,
no entraría en la órbita directa de asociados a Abascal. Hay poner
sobre relieve que las relaciones entre ID y el Grupo de los
Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) no son del
todo buenas, con los segundos más proclives con estrechar lazos con los
populares y en hacer viable la gobernabilidad de la Unión y los primeros aún con pulsiones entre sus socios para abandonar el euro, caso de alguna corriente interna de Alternativa para Alemania (AfD).
Vox, entre el eje del Este y la alianza con Meloni
Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a la Fidesz de Viktor Orbán,
aunque con algunos matices. Aunque el propósito de Abascal y los suyos
es llevarse bien con todos sus partidos 'hermanos', con italianos y
polacos hay nexo de unión motivado por una visión propia de la política
nacional e internacional. Con Meloni y Mateusz Morawiecki Vox comparte
el atlantismo, que lo conecta a su vez a EE.UU. y al OTAN,
y el componente anticomunista. Algo que puede ampliarse al rechazo de
Putin mientras que los socios de ID se han mostrado más rusófilos
tradicionalmente, aunque ahora Reagrupación Nacional de Le Pen o la Liga
de Salvini, sus máximos exponentes, tras estallar la guerra en Ucrania, intentan mostrarse más desvinculados.
Este aspecto, el 'coqueteo' de líderes como Orbán con Rusia -lo que preocupa ahora en España ante la OPA planteada a Talgo-,
hace que el húngaro sea un aliado un tanto especial de Vox. En todo
caso, es más lo que les une que lo que les separa. De hecho, la Fidesz,
hasta hace poco, pertenecía al PPE. La deriva de Orbán viene desde
posiciones liberales a principios del siglo hasta el autoritarismo
iliberal que le ha brindado su éxito electoral. Con los dos máximos
exponentes del eje de Visegrado -compuesto junto a Chequia y
Eslovaquia-, Abascal y los suyos tienen unidad en todo lo que compete a
las tradiciones, la cultura o la identidad racial. Si bien Le Pen aboga
por el laicismo para adherirlo a sus tesis xenófobas, o junto a Wilders
defiende los derechos de la mujer o los homosexuales y todo el colectivo
LGTBI+ para justificar su rechazo a la cultura islámica, Orbán y PiS
rechazan el aborto, las teorías de género y ensalzan la religión
católica.
La negativa al multiculturalismo es compartida entre todos los ultras europeos, que pese a sus diferencias suelen comulgar en casi todas las votaciones de la Eurocámara.
Meloni no es una excepción y entra dentro de esa alineación ideológica con los polacos. Comparte la defensa de las tradiciones por igual, y se decanta en contra de cuestiones como la eutanasia, el aborto [Vox
quiere derogar la ley, y que esta intervención o la 'muerte programada'
queden fuera de la Sanidad Pública] y solo a favor de "la familia
natural". Aunque es un término que ha ido perdiendo peso, tanto Fratelli
como Vox priorizan que las unidades familiares tradicionales,
concebidas como la integrada por un hombre y una mujer, tengan prioridad
frente a las homosexuales a la hora, por ejemplo, de la adopción.
Quizá, la peculiaridad por la que se ha reforzado esa cercanía entre
Meloni y Abascal radica en una cuestión geográfica e histórica, así como
la convivencia vivida dentro del grupo ECR desde hace casi cuatro años.
Mientras que las corrientes migratorias al
Este de Europa son mínimas, tanto España como Italia se enfrentan en la
última década a importantes oleadas migratorias desde África, algo que,
vehiculado con el chovinismo que les caracteriza, les ha hecho arrimar
el hombro. Ambos sitúan el foco en el mediterráneo -con la excepción de
la ruta canaria por el Atlántico-, y han propuesto un "bloqueo naval".
Tras la propuesta de Meloni, Vox corrió a imitarla en noviembre del año
pasado, al calor de la nueva crisis migratoria en las islas. Ha
insistido hace poco en hacer uso de la Armada, aunque el organismo ya
vienen insistiendo en la inviabilidad de la propuesta. Los dos partidos,
asimismo, se han mostrado favorables al nuevo Pacto Migratorio Europeo,
que ha apoyado el Gobierno de Pedro Sánchez y que ha sido calificado por sus socios de Sumar como "un paso atrás" y una "incipiente cesión" a la "extrema derecha".
La propuesta de
pacto, que incluye reparto migratorio, ha provocado, recientemente,
diferencias dentro de esa misma corriente europea. Polonia y Hungría, a
la que se ha sumado Eslovaquia y se ha terminado de bajar Donald Tusk a
su llegada al poder este año. Budapest y Bratislava se negaron y se
siguen negando a ese aspecto de reparto, así como a afrontar los costes
por rechazar la acogida: son 20.000 euros por cada persona a la que se le deniegue el asilo.
La moral, las
tradiciones y la cultura cristiana es prioritaria entre los socios de
Vox en Europa. Otros partidos de ID, aparentemente, se muestran más
aperturistas para ganar votante
Si uno hecha una
mirada a la distribución del poder dentro de ERC, el partido, no el
grupo europeo, se refleja el equilibrio entre Fratelli, Vox y PiS.
Mientras que Meloni ostenta la presidencia, Jorge Buxadé,
ahora vocal de la dirección del partido español, coordinador jurídico y
delegado del grupo en Europa, ejerce de vicepresidente. Comparte cargo
con el polaco Radosław Fogiel. Dentro de esa cobertura de aliados, Vox
también tiene afinidad con Demócratas Suecos, Perus -abandonó ID por la
postura pro-Putin respecto a Ucrania-, o Solución Griega entre otros
partidos con menor reconocimiento. Una de las últimas incorporaciones ha
sido la de Reconquista, el partido de Énric Zemmour y su vicepresidenta Marion Maréchal,
la sobrina de Le Pen. Un líder que con su teoría del "gran reemplazo"
identitario hizo pasar por moderada a la dirigente ultra en las últimas
presidenciales.
Vox ya marcó distancias con Le Pen
De cara a ese
proceso electoral en 2022, Vox, en palabras de su entonces
vicepresidente primero Buxadé, en una entrevista a Radio Nacional, ya
marcó distancias con Le Pen en preferencia de Zemmour. Tanto ID como ECR
aspiran a posicionarse como tercera fuerza en el Parlamento Europeo,
aunque con objetivos distintos. Los segundos pretenden condicionar las
políticas, y obligar a los populares a una alianza. Los primeros no
están tan bien vistos. Hay que ver que, por ejemplo, el polaco Janusz Wojciechowski (PiS) ha sido elegido comisario de Agricultura esta legislatura. Siendo sexto grupo ECR y cuarto ID.
Entre los partidos
del espectro nacionalpopulista hay más coincidencias que diferencias. A
excepción de Le Pen, que defiende tesis claramente proteccionistas, con
una ampliación del estado de bienestar -más salarios y pensiones-, la
mayoría de grupos políticos parten de una propuesta neoliberal. En sus
inicios lo era claramente Vox, muy cercano a propuestas nórdicas o a la
alemana AfD, gestada entre empresarios del Oeste. Pero entre la órbita
de ECR, aunque se aboga por el recorte de la burocracia, pesa
notablemente las cuestiones morales, y esas han ido ganando terreno en
Vox conforme ha ido saliendo la corriente de Iván Espinosa de los Monteros.
AfD y la Reagrupación Nacional, por la que parece aflorar el liderazgo
de ID en esta nueva edición, se muestran tolerantes con la sexualidad,
por el contrario. La copresidenta de la fuerza germana Alice Weidel es
abiertamente lesbiana. El exvicepresidente del antiguo Frente Nacional,
Florian Philippot, es gay.
La guerra en Ucrania
ha sido, de momento, el principal elemento desintegrador entre partidos
como AfD y el FPÖ con Vox, que sí podrían casar más que con la propia
Le Pen. Precisamente, la cumbre 'de los patriotas' de finales de enero
de 2022 en Madrid, previa a la guerra, dejó evidencia de ello. Mientras
que la afinidad era común para denunciar el avance de la UE hacia un
"mega-Estad ideologizado" o la defensa de la preminencia de las normas
locales a las supranacionales, fue muy difícil llegar a un consenso más
allá de una declaración para decir que Putin dejaba a Europa "al borde de la guerra".
Puede decirse que el geopolítico y la forma de relacionarse con el PPE
es la esencia que diferencia a Vox y a sus socios del resto de
corrientes ultras continentales.