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Alfonso Ussía lleva los mismos caminos que Abascal, Hitler y Putin.

PARA ALFONSO USSIA | AQUI EN CANALETAS

Y un segundo antes de que el asesino pulsara el gatillo de su rifle de precisión, Trump movió la cabeza. La bala encaminada a perforar el cráneo de Donald Trump no tuvo reflejos y siguió su rumbo. Acertó, pero no de pleno. Atravesó la zona alta de la oreja derecha del candidato conservador a la presidencia de los Estados Unidos. Se agachó, fue rodeado por sus miembros del equipo de seguridad, y se incorporó dolorido y encorajinado, como el torero corneado que se niega a refugiarse en la enfermería de la plaza. Sangraba la herida. Habían intentado asesinar de nuevo, a un político conservador que, con todos sus defectos formales, reúne la ilusión de millones de ciudadanos estadounidenses para llevarlo, de nuevo, a la presidencia de los Estados Unidos. Las imágenes no mentían. Pero el amplio sector del periodismo aberrante español, se empeñó en poner en duda la existencia del atentado. La cloaca informativa coincidió en el ridículo y la villanía.

Un tipo que se presenta como «escritor» y colabora en «La Vanguardia» de los Godó, escribió en tuiter: «Uuuuuy». Y aclaró su estado de ánimo y su orgullo de autor: «Jamás haré un tuit mejor». Creo que se llama Pedro Vallín. En el diario que dirige la pobre Pepa Bueno, «El País», se decantó por las apariencias en detrimento de las evidencias. «Trump, evacuado de un mitin tras escucharse aparentes disparos». Como se trata de un periódico que sobrevive gracias a las ayudas públicas, y haciendo gala de una reacción digna de admiración, se mantuvo en la apariencia pero en un segundo titular añadió un dato de interés mundial. «Trump, evacuado de un mítin por el Servicio Secreto tras un aparente atentado. Se ha ido con algo de sangre». Es decir, que para «El País», con toda la gaita de la transexualidad imperante en los movimientos feministas, Trump fue evacuado del mítin tras el aparente atentado porque le sorprendió inesperadamente la menstruación. «El Mundo», también sagaz: «Disparos en un mitin de Trump. El expresidente herido, y dos personas muertas, entre ellas el autor del presunto atentado». Trump herido, dos personas muertas, y el atentado, presunto. De no ser «presunto» habrían fallecido todos los asistentes. TVE, demostrando la gran sagacidad de sus redactores, da la noticia bajo el amparo de la suposición. «Trump, supuestamente disparado».

Y en una tertulia improvisada, un tertuliano «lamenta que el atentado va a favorecer a Trump». Que le hayan «supuestamente disparado» y herido, carece de importancia. Lo preocupante es el error y la poca pericia del asesino. A punto estuvo de reconocer el ilustrado comentarista: «Una ocasión así no se puede desperdiciar con un mal disparo. Si se dispara contra Trump, hay que matarlo, no herirle en una oreja». En «La Razón», el titular de urgencia tampoco es acertado. Pasamos del presunto atentado, el aparente atentado y el supuesto atentado al posible atentado. «Trump, evacuado de un mitin tras un posible atentado». En la cadena de televisión de la misma propiedad, La Sexta, el atentado se rebaja a un simple incidente: «¡Última hora! Dos víctimas en este incidente. Un miembro de la audiencia y el tirador. Además, hay un herido grave». En mi humilde opinión, si en un mitin electoral muere un terrorista, un espectador y se produce un herido de alta gravedad, lo de «incidente» queda muy cortito, muy poquita cosa. Un incidente es caerse por la calle y doblarse un tobillo.

Pero las normas que imparte la Moncloa para coincidir en la adjetivación de los hechos no pueden modificarse si se pretende seguir recibiendo dinero público con el fin de sostener las pérdidas de la empresa.

Menos mal que ha imperado la prudencia, porque la inicial consigna no era otra que la que sigue: «Trump se inventa un atentado contra él, el tirador se pone nervioso y le atraviesa la oreja, y encima va y se enfada».

Aberrante sectarismo del más poderoso sector del periodismo español. Lástima que no haya coincidido el atentado contra Trump con la gran noticia del día: «Fallece inesperadamente en la localidad burgalesa de Santo Obdulio de los Pinsapos, doña Hermenegilda Jilandros, cuando soplaba las 107 velas de su tarta de cumpleaños».

Abascal, márchate.


El líder de Vox, Santiago Abascal, atiende a los medios este jueves en el Congreso de los Diputados.
El líder de Vox, Santiago Abascal, atiende a los medios este jueves en el Congreso de los Diputados.

Cuando vi a Abascal en las noticias, así como suele salir él, como embuchado de siglos, determinación y chacina españoles, pensé que era un mal farolero, de esos que, aun sabiéndose descubiertos, mueren en el farol antes que tirar las cartas sobre el cenicero y los mondadientes. Abascal anunciaba o adelantaba la ruptura con el PP, que en realidad se debía sustanciar luego en una reunión del Comité Ejecutivo como una misa en Covadonga, y yo no terminaba de entender que intentara elevar a amenaza cumplida y a justo escarmiento lo que para el PP es un alivio y para los propios carguitos regionales de Vox es una putada.

El PP lleva toda la vida de Vox, que es como una mili larguísima, de las de antes, con cetme de madera y cabra africanista, intentando saber qué hacer con Vox, cómo desmarcarse de Vox, cómo librarse de Vox, y resulta que Vox le regala esto mismo, además de lo que más aprecia Feijóo, o sea que algún tercero o alguna circunstancia tome las decisiones por él.

Vox no es que tuviera mucho poder, pero tenía cargos con sotanón que daban la homilía y la nota, y sitios reservados junto a la cucaña o la custodia, o sea cierta presencia institucional, ornamental y hasta consoladora (lo normal es que el poder atempere y la necesidad radicalice, y eso le pasa igual a Vox que a Sánchez). Vox tenía, además, muchos sueldecitos de pueblo, que tampoco son despreciables, como sabe el hermano de Sánchez.

Ahora, han decidido renunciar a todo eso por una apuesta folclórica, la apuesta por el rechazo o la aversión a la simple aparición o mención de los menas, que como saben no son niños sino “varones en edad militar” que ellos imaginan no sólo con machetes sino con marmita para exploradores o para españolazos embuchados y de buen buche. El rechazo es folclórico porque el reparto de menas no es nuevo, y además los menas ya están aquí, que no sé qué solución propone Vox, si meterlos en campos de concentración o convertirlos a todos en monaguillos o en camareros del Pasapoga mediante otra ceremonia llameante en Covadonga.

Yo creo que esta aversión folclórica, y por lo tanto exagerada, amanerada, que veíamos en ese Abascal del ultimátum al PP y de la negación más semántica o simbólica que práctica del mena, como la negación simbólica del Demonio; esta aversión folclórica, decía, viene de una guerra que es también folclórica, y no es una guerra contra el PP sino contra Alvise.

A Alvise, aun con su cosa de haberse caído de un coche de caballos por la calle Juan Belmonte de la Feria de Sevilla, parece que Vox lo considera un peligro muy cierto y serio, tanto como para renunciar a esas sillas de coro y a esos cargos de colegiata, sobrios y apetecibles a la vez, que ya tenían por las provincias. Parece que los nichos o las hornacinas de la derecha extrema, populista o folclórica son pocos y estrechos para los nuevos santos con escoba, porrón o Instagram que van saliendo, así que tienen que hacer una guerra doctrinal y cismática, una guerra entre el pechopalomo y la papa de rebujito, y hacerla ya, con la urgencia de las guerras santas, incluso aunque no estemos en periodo electoral (de momento).

Se diría que Vox ha entrado en pánico, que de repente igual lo vemos refugiarse bajo las orejeras peludas de Putin que romper esos pactos de campanario con el PP

Se diría que Vox ha entrado en pánico, que de repente igual lo vemos refugiarse bajo las orejeras peludas de Putin que romper esos pactos de campanario con el PP, y que en realidad es lo único que tienen aparte del espadón crucífero y del miedo al africano con aureola de ejército de Cartago y de ejército de moscas a la vez. O es que no saben manejar sus faroles, como no saben manejar en realidad los mandobles, los trabucos o los asados de los que presumen.

Vox no sabíamos si había ido dando bandazos o simplemente decantándose y purificándose a base de purgas, autos de fe o exterminios bíblicos, pero llega ya un punto en que casi parece que se están limitando a seguir las órdenes locas de alguna aparición de algarrobo que les habla a los del yunque y el cilicio como a pastorcillos portugueses. La verdad es que los radicalismos, en caso de crisis, siempre apuestan por más radicalismo. Pasa en la izquierda de mil sectas y pasa también en la derecha, con menos sectas pero similar pulsión de muerte.

Amenazar al PP con lo que más desea el PP, ya ven la jugada y la perspicacia de este Vox que ha pasado de verse en la ola victoriosa o victoriana de la ultraderecha en Europa a vender todo lo que tiene para enfrentarse a un friki con armario y argumentario de papa gorda, floja y gloriosa de sábado de feria. Al PP se le ve encantado, como si por fin se le fuera del piso el cuñado torrentiano, hooligan y altramucero. No imagino a los del PP muy apenados por deshacerse de esos vicepresidentes o consejeros entre castrenses y castrados, ni de sus chiringuitos almenados o catequizantes. Ni por convocar elecciones para que el votante de centro o derecha elija entre el frikismo farolero o mártir y la ambigua o aburrida derecha de toda la vida. Ni por ver a su competidor romperse entre el purismo y la supervivencia.

Eso sí, ahora el PP será el único responsable de sus decisiones. Yo creo que esto es lo único que desasosiega a Feijóo, mientras ve cómo se le despeja la derecha que no sé si llegará a ser la ancha derecha de Aznar pero pronto podría ser la perezosa derecha de Rajoy.

Oportunidad única para que el PP rompa relaciones con VOX. No se pueden dejar niños tirados en la mar o en una isla, Abascal tiene 5 hijos con 3 mujeres distintas.

 

Varios migrantes en un cayuco, a 3 de enero de 2024, en el Mar Mediterráneo.
Varios migrantes en un cayuco, a 3 de enero de 2024, en el Mar Mediterráneo. | Antonio Sempere.
 
 La cuestión es especialmente grave en el caso de los menas (menores no acompañados). Aunque los datos no son muy precisos, se estima que este año han llegado a las islas casi 6.000 menas, cuando cuando la capacidad de sus centros de acogida no llega a los 2.000. El resultado de esta saturación es el hacinamiento, las malas condiciones higiénicas y sanitarias en las que estos niños y jóvenes malviven y todo lo que ello lleva consigo.

No se puede cerrar los ojos a esa realidad y es obligación del Gobierno y las comunidades autónomas encontrar ya una alternativa, como reclama con toda razón el Ejecutivo de Canarias, fruto de un pacto entre Coalición Canaria y el PP, presidido por Fernando Clavijo.

La ley de Extranjería vigente no contempla esa cuestión y lo que sucede es que el reparto de menas depende de la buena voluntad de cada comunidad autónoma. Por supuesto, la ley hay que cambiarla para que haya criterios objetivos de reparto del esfuerzo y también de los fondos que el Gobierno debe aportar en función del esfuerzo que haga cada una de ellas. Tanto la distribución de menas, como la reforma de la ley, necesitan del consenso del PSOE y del PP.

El líder del PP tiene que dar una respuesta al problema de los menas y a las amenazas de Vox

Las posiciones previas a la reunión no animan al optimismo. El Gobierno quiere un pacto que incluya a todas las CCAA, pero, al mismo tiempo, se ve ante el dilema de desairar a Junts, que ha pedido quedar fuera del reparto argumentando la "singularidad" de Cataluña. El PP, en principio, está por la labor de reducir la presión en Canarias, pero, a la vez, se enfrenta al ultimátum de Santiago Abascal, que amenaza con romper los acuerdos vigentes en cinco autonomías si el PP pacta con el Gobierno. Vox, por supuesto, rechaza cualquier criterio de reparto y es partidario de devolver a los menas a sus países de origen y de utilizar a la Armada para evitar su llegada a las islas.

Núñez Feijóo tiene un problema, pero también una oportunidad. Para aprovecharla, debe ser muy claro en su planteamiento. En primer lugar, debería exigir para firmar el acuerdo que ninguna comunidad quede fuera del mismo, lo que obligaría al Gobierno a imponer a la Generalitat una cuota de reparto. Y, si Vox se atreve a cumplir su amenaza, debe asumir que hay autonomías en las que tendrá que gobernar en solitario. Si Abascal se atreve a presentar mociones de censura junto al PSOE para derribar gobiernos autonómicos de derechas, ese es su problema. Los electores no se lo perdonarán.

El líder del PP tiene que aguantar el tirón, porque a lo mejor la chulería de Abascal al plantear un ultimátum en este asunto es la ocasión que estaba esperando para distanciarse definitivamente de Vox.

Con el tiempo, Vox ha ido situándose cada vez más en la extrema derecha. No se ha atemperado, como especulaban algunos, con su llegada al poder en algunas autonomías de la mano del PP. Todo lo contrario. De Vox salieron los perfiles más liberales, como Espinosa de los Monteros, y ahora acaba de romper con Meloni para aliarse con Viktor Orbán en el grupo Patriotas por Europa, al que también se ha sumado el partido de Le Pen.

Feijóo tiene que ser valiente y coger el toro por los cuernos. Tarde o temprano tendrá que romper con Vox. Ahora se le presenta una oportunidad única. Nadie entendería que, por hacerle un feo al Gobierno, dejara sin resolver una crisis que afecta a miles de niños y jóvenes. Ese gesto tiene más valor político que amilanarse ante las amenazas de Abascal.

VOX se va quedando descolgado y morirá como UPyD, Cs....

 

Estos son los socios preferentes de Vox más allá de Chega! de cara a las europeas

Aunque las relaciones de Vox con Ventura son buenas y Abascal ha hecho campaña con él, los lusos convergen mejor con ID, la corriente de Le Pen en la que Vox no encaja | Hay rivalidad con ECR, más favorable a pactos con el PPE


El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero

El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un mitin electoral de André Ventura, líder de Chega!, en Olhao (Portugal), el miércoles 6 de febrero EFE/ Luis Forra

Entre la política de Le Pen y la de Vox hay más distancia que entre la de Putin y Milei. Las elecciones de Portugal han reforzado la idea de que la corriente nacionalpopulista avanza sigue al alza en el continente y llegará con fuerza a los comicios europeos de junio. En Países Bajos, tras su victoria, Geert Wilders sigue negociando de momento sin éxito su llegada al poder con terceros partidos, los polacos de Ley y Justicia (PiS) no lograron reeditar su gobierno por la ausencia de suma, pero siguen siendo primera fuerza, y en Finlandia si que Verdaderos Finlandeses (Perus) condicionaron al centroderecha clásico haciéndose con carteras elementales como Interior, Justicia o Economía. En ese reconocimiento claro a sus socios naturales lusos, desde el cierre de urnas y este mismo lunes, ha estado Vox, Santiago Abascal o el vicepresidente Ignacio Garriga.

Entre André Ventura, presidente de Chega!, y Abascal hay una línea común respecto a sus pasados: ambos vienen de militar en el centroderecha clásico, caso del Partido Social Demócrata (PSD) -integrado en el PPE-, y pasaron a asumir un ideario mucho más conservador que derivó en las escisiones de sus actuales partidos [aunque Abascal no la capitaneó desde el principio, solo fue socio fundador]. Ambos se vieron motivados por considerar que hay una derecha huérfana, portan un discurso 'anti progres', los dos representan a los países de la excepción ibérica a la ultraderecha ya disuelta; y ambos han lidiado con luchas internas entre sus filas.

La diferencia quizá es el tiempo en el que coinciden: Vox, ya madurado, parece orientarse hacia una posición de partido 'muleta' para otorgar un futuro gobierno al PP tras el desgaste socialista. Chega!, ahora llave para que Alianza Democrática conservadora tome el mando, experimenta un auge exponencial con tan solo cinco años de vida y su tercera participación nacional.

Falta conocer si el nexo seguirá ampliándose entre formaciones tras las europeas en cuanto a la afiliación. A Ventura se le resiste el plano continental, una barrera que probablemente, y en vista de los resultados del domingo, romperá en junio. Pero, pese a su euroescepticismo 'suave', milita testimonialmente con el Grupo de Identidad y Democracia (ID), donde se encuentran Le Pen, Salvini, Wilders, los belgas de Vlaams Belang o el FPÖ austriaco. La afinidad viene de su duro perfil xenófobo, con especial dureza contra el colectivo gitano.

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a Orbán, pero con matices

Aun por la tradición mediterránea que le acerca a Vox o a Giorgia Meloni, no entraría en la órbita directa de asociados a Abascal. Hay poner sobre relieve que las relaciones entre ID y el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) no son del todo buenas, con los segundos más proclives con estrechar lazos con los populares y en hacer viable la gobernabilidad de la Unión y los primeros aún con pulsiones entre sus socios para abandonar el euro, caso de alguna corriente interna de Alternativa para Alemania (AfD).

Vox, entre el eje del Este y la alianza con Meloni

Si hay dos socios prioritarios para Vox en estos momentos es Fratelli d'Italia y PiS. Se incluye a la Fidesz de Viktor Orbán, aunque con algunos matices. Aunque el propósito de Abascal y los suyos es llevarse bien con todos sus partidos 'hermanos', con italianos y polacos hay nexo de unión motivado por una visión propia de la política nacional e internacional. Con Meloni y Mateusz Morawiecki Vox comparte el atlantismo, que lo conecta a su vez a EE.UU. y al OTAN, y el componente anticomunista. Algo que puede ampliarse al rechazo de Putin mientras que los socios de ID se han mostrado más rusófilos tradicionalmente, aunque ahora Reagrupación Nacional de Le Pen o la Liga de Salvini, sus máximos exponentes, tras estallar la guerra en Ucrania, intentan mostrarse más desvinculados.

Este aspecto, el 'coqueteo' de líderes como Orbán con Rusia -lo que preocupa ahora en España ante la OPA planteada a Talgo-, hace que el húngaro sea un aliado un tanto especial de Vox. En todo caso, es más lo que les une que lo que les separa. De hecho, la Fidesz, hasta hace poco, pertenecía al PPE. La deriva de Orbán viene desde posiciones liberales a principios del siglo hasta el autoritarismo iliberal que le ha brindado su éxito electoral. Con los dos máximos exponentes del eje de Visegrado -compuesto junto a Chequia y Eslovaquia-, Abascal y los suyos tienen unidad en todo lo que compete a las tradiciones, la cultura o la identidad racial. Si bien Le Pen aboga por el laicismo para adherirlo a sus tesis xenófobas, o junto a Wilders defiende los derechos de la mujer o los homosexuales y todo el colectivo LGTBI+ para justificar su rechazo a la cultura islámica, Orbán y PiS rechazan el aborto, las teorías de género y ensalzan la religión católica.

La negativa al multiculturalismo es compartida entre todos los ultras europeos, que pese a sus diferencias suelen comulgar en casi todas las votaciones de la Eurocámara.

Meloni no es una excepción y entra dentro de esa alineación ideológica con los polacos. Comparte la defensa de las tradiciones por igual, y se decanta en contra de cuestiones como la eutanasia, el aborto [Vox quiere derogar la ley, y que esta intervención o la 'muerte programada' queden fuera de la Sanidad Pública] y solo a favor de "la familia natural". Aunque es un término que ha ido perdiendo peso, tanto Fratelli como Vox priorizan que las unidades familiares tradicionales, concebidas como la integrada por un hombre y una mujer, tengan prioridad frente a las homosexuales a la hora, por ejemplo, de la adopción. Quizá, la peculiaridad por la que se ha reforzado esa cercanía entre Meloni y Abascal radica en una cuestión geográfica e histórica, así como la convivencia vivida dentro del grupo ECR desde hace casi cuatro años.

Mientras que las corrientes migratorias al Este de Europa son mínimas, tanto España como Italia se enfrentan en la última década a importantes oleadas migratorias desde África, algo que, vehiculado con el chovinismo que les caracteriza, les ha hecho arrimar el hombro. Ambos sitúan el foco en el mediterráneo -con la excepción de la ruta canaria por el Atlántico-, y han propuesto un "bloqueo naval". Tras la propuesta de Meloni, Vox corrió a imitarla en noviembre del año pasado, al calor de la nueva crisis migratoria en las islas. Ha insistido hace poco en hacer uso de la Armada, aunque el organismo ya vienen insistiendo en la inviabilidad de la propuesta. Los dos partidos, asimismo, se han mostrado favorables al nuevo Pacto Migratorio Europeo, que ha apoyado el Gobierno de Pedro Sánchez y que ha sido calificado por sus socios de Sumar como "un paso atrás" y una "incipiente cesión" a la "extrema derecha".

La propuesta de pacto, que incluye reparto migratorio, ha provocado, recientemente, diferencias dentro de esa misma corriente europea. Polonia y Hungría, a la que se ha sumado Eslovaquia y se ha terminado de bajar Donald Tusk a su llegada al poder este año. Budapest y Bratislava se negaron y se siguen negando a ese aspecto de reparto, así como a afrontar los costes por rechazar la acogida: son 20.000 euros por cada persona a la que se le deniegue el asilo.

La moral, las tradiciones y la cultura cristiana es prioritaria entre los socios de Vox en Europa. Otros partidos de ID, aparentemente, se muestran más aperturistas para ganar votante

Si uno hecha una mirada a la distribución del poder dentro de ERC, el partido, no el grupo europeo, se refleja el equilibrio entre Fratelli, Vox y PiS. Mientras que Meloni ostenta la presidencia, Jorge Buxadé, ahora vocal de la dirección del partido español, coordinador jurídico y delegado del grupo en Europa, ejerce de vicepresidente. Comparte cargo con el polaco Radosław Fogiel. Dentro de esa cobertura de aliados, Vox también tiene afinidad con Demócratas Suecos, Perus -abandonó ID por la postura pro-Putin respecto a Ucrania-, o Solución Griega entre otros partidos con menor reconocimiento. Una de las últimas incorporaciones ha sido la de Reconquista, el partido de Énric Zemmour y su vicepresidenta Marion Maréchal, la sobrina de Le Pen. Un líder que con su teoría del "gran reemplazo" identitario hizo pasar por moderada a la dirigente ultra en las últimas presidenciales.

Vox ya marcó distancias con Le Pen

De cara a ese proceso electoral en 2022, Vox, en palabras de su entonces vicepresidente primero Buxadé, en una entrevista a Radio Nacional, ya marcó distancias con Le Pen en preferencia de Zemmour. Tanto ID como ECR aspiran a posicionarse como tercera fuerza en el Parlamento Europeo, aunque con objetivos distintos. Los segundos pretenden condicionar las políticas, y obligar a los populares a una alianza. Los primeros no están tan bien vistos. Hay que ver que, por ejemplo, el polaco Janusz Wojciechowski (PiS) ha sido elegido comisario de Agricultura esta legislatura. Siendo sexto grupo ECR y cuarto ID.

Entre los partidos del espectro nacionalpopulista hay más coincidencias que diferencias. A excepción de Le Pen, que defiende tesis claramente proteccionistas, con una ampliación del estado de bienestar -más salarios y pensiones-, la mayoría de grupos políticos parten de una propuesta neoliberal. En sus inicios lo era claramente Vox, muy cercano a propuestas nórdicas o a la alemana AfD, gestada entre empresarios del Oeste. Pero entre la órbita de ECR, aunque se aboga por el recorte de la burocracia, pesa notablemente las cuestiones morales, y esas han ido ganando terreno en Vox conforme ha ido saliendo la corriente de Iván Espinosa de los Monteros. AfD y la Reagrupación Nacional, por la que parece aflorar el liderazgo de ID en esta nueva edición, se muestran tolerantes con la sexualidad, por el contrario. La copresidenta de la fuerza germana Alice Weidel es abiertamente lesbiana. El exvicepresidente del antiguo Frente Nacional, Florian Philippot, es gay.

La guerra en Ucrania ha sido, de momento, el principal elemento desintegrador entre partidos como AfD y el FPÖ con Vox, que sí podrían casar más que con la propia Le Pen. Precisamente, la cumbre 'de los patriotas' de finales de enero de 2022 en Madrid, previa a la guerra, dejó evidencia de ello. Mientras que la afinidad era común para denunciar el avance de la UE hacia un "mega-Estad ideologizado" o la defensa de la preminencia de las normas locales a las supranacionales, fue muy difícil llegar a un consenso más allá de una declaración para decir que Putin dejaba a Europa "al borde de la guerra". Puede decirse que el geopolítico y la forma de relacionarse con el PPE es la esencia que diferencia a Vox y a sus socios del resto de corrientes ultras continentales.

Feijóo no debe caer en las redes de Sánchez y Abascal que lo tienen todo perdido.

 El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta del PP de las Islas Baleares, Marga Prohens, durante la Junta Directiva del Partido Popular de las Islas Baleares

Lo han vuelto a hacer. Han vuelto a colar la violencia intrafamiliar como compendio de otras violencias porque no están dispuestos a tragarse el concepto de violencia de género que es lo que está en la ley.

Y el PP vuelve a comerse ese marrón en los acuerdos firmados en Baleares en virtud de los cuales los de Vox se abstendrán en la presentación de la candidatura de Marga Prohens a cambio de una serie de pactos, algunos de los cuales son dignos de aplauso pero otros suponen que lo de Valencia no fue un error producto de la inexperiencia sino algo muy pensado por el ala dura de los de Vox y que el PP acepta, y ya van dos comunidades y algunos ayuntamientos menores.

Si ustedes quieren modificar la ley, adelante, propongan un cambio en el Código Penal con ese fin, pero mientras la ley diga lo que dice, no hay autoridad alguna que pueda modificar la norma a su antojo.

Los poderes públicos no pueden ser ajenos a la violencia de género, que constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución”, se dice en el preámbulo de la ley.

Y dentro de la violencia intrafamiliar existe un subtipo que es precisamente el de la violencia de género, por el cual muchas mujeres son asesinadas por el mero hecho de ser mujeres. Ahí se incluyen las pulseras telemáticas o la retirada de la patria potestad que en la violencia intrafamiliar no se contemplan o se contemplan en mucha menor medida.

Así que lo de Valencia se ha vuelto a repetir y ya veremos si se repite también en Extremadura porque María Guardiola está ya a punto de caramelo para hacer lo que haya que hacer con Vox. Ya lo de los principios parece que no están en el frontispicio de la cartera de la señora Guardiola y mucho me temo que lo de Valencia y Baleares va a tener repetición en tierras extremeñas.

Este asunto de la violencia intrafamiliar es una reivindicación del ala dura de Vox con la que la izquierda se debe estar relamiendo de gusto

¿Es consciente Alberto Núñez Feijóo de la baza que le está ofreciendo gratis et amore a la  izquierda de nuestro país? Porque este asunto de la violencia intrafamiliar es una reivindicación del ala dura de Vox con la que la izquierda se debe estar relamiendo de gusto.

Un ala dura que se compone de ultracatólicos de Hazte Oír y del Yunque y que está dando las directrices en este campo no sólo a Vox, que sería algo muy respetable, sino que se lo están imponiendo al PP. 

Y por ahí ya le digo yo que va a perder muchos votos de las mujeres, que no distinguen entre violencia machista y violencia de género pero que sólo saben que se asesina a muchas de ellas por varias sinrazones entre ellas la posesión insana de la mujer, la posesión del ser inferior, sometida hasta el paroxismo al varón. Otra sinrazón es porque se las sabe más débiles que su agresor y por eso las matan. Si las mujeres tuvieran la fuerza de sus agresores, verías tú como más de uno y más de dos salían corriendo. 

Para eso está la regulación de la violencia de género, para castigar con mayor fuerza a quienes prevaliéndose de su superioridad física asesinan a las mujeres.

Eso no significa que no existan denuncias falsas por parte de mujeres sin escrúpulos, conocemos un conjunto de casos que realmente estremecen, pero esa es una responsabilidad de las autoridades judiciales y policiales: no se puede dar por buena la versión de una mujer por el simple hecho de serlo, y eso es algo que los jueces habrán de tener siempre muy presente.

Vox, aún no ha captado que su ridículo político es superior al de Podemos.

 


Vox se autodenomina contrario a las autonomías, eroescética.... pero se presenta a las elecciones. A la pregunta de si va a continuar en Andalucía, Macarena Olona ha dicho que es una soldado y que su designio lo marca Dios. No está mal que una política tenga fe, incluso que la profese públicamente. El asunto es que Vox está adquiriendo un tono integrista, propio del mesianismo político, que asusta.

 

Mucho hemos hablado del complejo de superioridad moral de la izquierda, dedicada a darnos lecciones sobre nuestro pensamiento y comportamiento, acerca del pasado, la mezquindad del presente, y el futuro maravilloso si seguimos su dictado. Es esa izquierda que se cree mejor que el resto de partidos y que la sociedad entera, que sueña con una ingeniería colosal que cambie todo. Son los que aspiran a una legislación sin fin y a un Estado omnipresente para ahormar al pueblo a «la verdad».

 

No hay diferencia con Vox, al menos con la parte que ahora hemos visto en la campaña andaluza y su resaca. Cada vez es más evidente ese poso de supremacismo: son mejores personas y españoles, más patriotas, sabios y trabajadores, y, por supuesto, guardianes de la moral. Son cristianos de los que no ofrecen la otra mejilla, ni muestran caridad, ni amor fraternal o tolerancia, sino todo lo contrario. Son los entorchados de la Reconquista, que consideran que quien no aporta, estorba.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

Es de diagnóstico clínico asegurar que se los margina porque luchan contra «el mal», al cual identifican con la interrupción del embarazo, las autonomías, el globalismo, el feminismo, la educación sexual en los colegios, la homosexualidad y el ecologismo. Dicen que dan la «batalla cultural», confundiendo el grito y la sobreactuación con el debate.

 

Lo peor está en que identifican como transmisores del «mal» a un 90% de la población. Ellos son el bien y vienen a corregirnos. ¿Cómo quieren hacerlo? Lo dice Francisco J. Contreras, diputado de Vox, en su libro Una defensa del liberalismo conservador. La solución que da es propia del comunitarismo estatista: más Estado y más legislación para hacer ingeniería social de derechas. Se trata de reconstruir la sociedad hecha añicos por los liberales y los progresistas, dice el diputado, que han demolido la moral a través de la educación y los medios de comunicación.

 

Estos de Vox creen que son los guardianes de la moral social, catalogada por ellos, claro, y fundamentada en su visión del cristianismo. De esta manera, el régimen político debe tener como fundamento, casi como carta fundacional e inspiradora, la moral cristiana interpretada por Vox. Por tanto, están en una cruzada, porque liberales y progresistas, ese resto despreciable, han sustituido la moral social por la moral individual y la conciencia propia, por el relativismo y la búsqueda del placer.

 

¿Cómo no sentir una superioridad moral? Los demás somos chusma porque ejercemos nuestra libertad, que es algo personal, no colectivo, y mucho menos al dictado de unos mesías.

 

En este delirio de ingeniería social integrista cabe cualquier intensidad estatal y legislativa, incluso llegando a la tiranía, para deshacer el presente. Aspiran a dictar toda la legislación y el Estado coactivo que sean necesarios para crear un hombre y una sociedad nuevos que reconstruyan sobre una moral social oficial lo que nunca debió perderse por obra y maldad de liberales y progresistas.

 

Si por el camino se pisotean las libertades y los derechos de los demás, se siente, incluso se justifica porque son servidores del «mal». La verdad es que es el mismo mecanismo mental de Irene Montero, por ejemplo, o de Pablo Iglesias y el resto de podemitas.

 

La consecuencia lógica de su planteamiento da más miedo. Si la libertad que defiende Vox está marcada por la moral social que procede de Dios, ese partido es la voz de Dios en la Tierra. ¿En serio? ¿Hemos vuelto a Pío IX, a lo más ruín del siglo XIX? De esta manera, sus políticos se creen investidos de una misión tan patriótica como divina: reconstruir España y restablecer la moral de Dios.

 

Como cristiano siempre he pensado que el laicismo, la separación de la Iglesia y el Estado, de la fe y de lo público, es el fundamento de la libertad. Lo contrario me parece un argumento autoritario. El mesianismo político es muy mala compañía de la libertad, y nunca depara una democracia. En su mentalidad, la libertad solo se entiende si tiene un función social para un bien común que debe dictar un Gobierno patriótico, no progre ni liberal. Esa es su misión: salvarnos de nosotros mismos.

 

Con tal alta misión no acaban de comprender el motivo de su batacazo en Andalucía. Esperaban 25 escaños y mandar en la Junta andaluza, y resulta que han subido solo dos y no pintan nada. ¿A qué lo achacan? A los andaluces, que no han entendido nada, y a una gran conspiración mediática para que Vox no ganara.

 

Olvidan un detalle, y es que, siguiendo su razonamiento pueden no haber ganado las elecciones por un designio divino, que es el criterio que seguirá Olona para decidir su futuro político. Quizá Dios, en su infinita sabiduría, ha preferido para esta maltrecha España que ganara una opción moderada y tranquila, que ha hecho en Andalucía una auténtica Transición sin sobresaltos. Es posible que Dios haya querido que los españoles nos libremos ya de tanto grito y trazo grueso, y haya impulsado a los electores a despreciar a los populistas de ambos extremos.

 

Por concluir. Vox y España necesitan un poco de cordura y moderación, y que sus políticos se bajen del pódium moral en el que ellos solos se han subido. Es ridículo, por ejemplo, hablar contra las autonomías y presentarse a las elecciones autonómicas con el propósito de gobernar. Es patético combatir a la izquierda en nombre de la libertad predicando la intolerancia. Es insultante hablar en nombre de Dios para excluir a los demás. No nos hacen falta salvadores, porque un liberal se salva solo. A ver cuando se enteran.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

Blog de Juan Pardo

 


Putin financia a Abascal, dueño de Vox, una dictadura comunista camuflada en España.

La Eurocámara ha hecho público un informe que demuestra la financiación rusa a los partidos de la ultraderecha europea, Salvini (Italia), Abascal y Orban (Hungría). El informe votado favorablemente por el comité especial del Parlamento europeo tras 18 meses de trabajo, con la participación de más de 130 expertos, señala a varios partidos de ultraderecha como receptores de fondos de origen ruso.

¿Llegó dinero ruso a España? Pues parece que sí. El oligarca ruso sancionado Konstantin Malofeyev que apoya abiertamente a Putin habría financiado a Hazte Oír, uno de los grupos de apoyo a Vox más importantes. Les conozco bien porque eran los que montaban las concentraciones a la puerta de mi casa. Álvaro Arsuaga, el tesorero de Hazte Oír, reconoce que el dinero que recibe su grupo puede servir para apoyar a Vox y dice, cito literal, "estamos totalmente alineados" con VOX.

¿Cómo puede ser que esto haya pasado desapercibido por los medios? No solo sabemos que un grupo armado iraní, que estuvo en la lista de organizaciones terroristas de EEUU, el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, pagó el sueldo de Abascal y otros dirigentes de VOX. Ahora sabemos que VOX estaría vinculado, a través de Hazte Oír, con oligarcas afines a Putin que financian a la ultraderecha. ¿Cómo es posible que de esto no se hable en la tele? ¿Cómo es posible que la justicia no esté investigando estos vínculos de VOX y sus grupos de apoyo? Estamos hablando del partido que CONVALIDO el RD para el reparto del dinero de los fondos europeos, Nombrando a Pedro Sánchez, gestor del reparto único sin dar cuentas a nadie, cuando lo normal es que se hubiese repartido en el Congreso con audiencia pública.

Ahora Abascal dice que no apoyan a Putin. El 17 de noviembre de 2015 Abascal manifestaba su admiración por Putin en Twitter. Ha intentado borrar el tuit y ha puesto a sus escuadristas digitales a decir que es todo una invención, pero resulta que varias cuentas de VOX le hicieron RT.

España ha caído en la trampa bolivariana. Todos los partidos contra el PP.



Vamos a la parte positiva de las elecciones en Castilla y León. Los resultados de estas elecciones traspolados a unas elecciones generales, donde solo habría 31 diputados en juego, no 81 procuradores como en estas recientes, serían muy favorecedores para el Partido Popular que obtendría 16 diputados, PSOE 11 y el resto de las formaciones entre 3 y 4. Es curioso Vox  sacaría uno o dos diputados.

 

En cuanto hay que analizar la democracia sumida en el devaluado sistema electoral, da la sensación de que todos han ganado y, realmente, todos han perdido. El PP por boca de su presidente, Pablo Casado, ha significado que a no hay más pactos con Vox, entre otras cosas, porque es perder el tiempo y hacérselo perder a los españoles. Si está constatado que Vox no ha aprobado ninguna ponencia al PP y si, varias como la de los fondos europeos y la Ley del suelo al PSOE.

 

La papeleta de Vox, no es de menos lágrimas. Si vota al Partido Popular, solo sería para la investidura y si opta por la abstención corre el riesgo de que le vean el culo como a Ciudadanos y tengan que cambiar la política por la de monjes tibetanos.

 

Decía en el titular que se avecina el hambre tibetana. Es lamentable y bochornoso que el Partido Popular tenga que luchar contra el resto de partidos políticos. Todos, sin dejar ninguno funcionan al tambor de Pedro Sánchez, este a la flauta de Zapatero que es tramitador oficial del dinero bolivariano para contentar a estos políticos de pacotilla. Solo por abstenerse Vox al CONVALIDAR el RD de los fondos europeos, un brujo socialista le “donó” 15 millones de euros. A Rivera (Cs) por “sentar” en la poltrona de la Junta de Andalucía, otros 9 millones de euros. A Arrimadas por votar a favor de la reforma laboral, otros doce millones de € que se tramitaron en el despacho de Albert Rivera. De momento, no se sabe la cantidad de dinero que ha recibido Soria YA, pero uno de sus dirigentes dijo: “Todos los votantes son del PP, pero los candidatos, sin lugar a dudas, los nombra el delegado de Pedro Sánchez.   

Decía Borges, cada día votamos más a nuestros propios corruptos

Abascal, después de pactar con el PSOE y la España vaciada…. dice que gobernará CyL. Vox, marca blanca del PSOE.


PEDRO PIDE A SANTIAGO, AHORA A POR ANDALUCÍA.


Vox, ante el reto de su primer Gobierno.... con el apoyo del PSOE  y la España vaciada.Vox busca en las elecciones de este domingo en Castilla y León un resultado histórico que le franquee la entrada a su primer Gobierno. Las encuestas indican que es posible. Y que el PP logrará una amarga victoria que le hará depender de la formación de Santiago Abascal. En el otro lado del espectro, el PSOE confía en un vuelco electoral, indetectable en los sondeos salvo en el del CIS, que le permita articular una mayoría alternativa que desbanque al PP de la Junta por primera vez en 35 años. Necesitará un resultado mejor del que predicen las encuestas y el concurso de otros partidos como Podemos o la España vaciada.

 

Casi 2,1 millones de castellano y leoneses están llamados a las urnas para elegir un nuevo gobierno autonómico. Son elecciones adelantadas por la decisión unilateral del PP de romper su coalición con Ciudadanos. El presidente Alfonso Fernández Mañueco aspiraba a lograr una mayoría suficiente para gobernar en solitario. Pero las encuestas dicen que es prácticamente imposible.

 

Un acuerdo con Vox es, según los sondeos, la única opción de Mañueco para retener la Junta. El partido de Santiago Abascal está cerca de un resultado histórico. No solo por el crecimiento. En 2019 obtuvo un solo procurador. En 2022 podría alcanzar los 12.

 

Vox, ante su primer gobierno

Esos 12 escaños pueden darle la llave de su primer gobierno. Una decisión que Abascal quiere meditar detenidamente por las implicaciones que ese paso pueda tener a nivel nacional y también en Andalucía, siguiente comunidad, salvo sorpresa, en acudir a las urnas este año. "Lo que tiene que quedar claro es que no hay ni cheques en blanco ni regalos de gobierno", dijo hace unos días Jorge Buxadé.

 

Vox ha demostrado que no necesita candidato -casi nadie conoce al de Castilla y León-, porque la convulsión política y social, los errores del PP y el desgaste de la izquierda es suficiente para seguir engordando su electorado. Pero el partido ultra conservador quiere meditar muy bien ese paso. Y elegir las consejerías precisas para aplicar sus propuestas y que sello sea inequívoco.

 

Abascal tiene muy presente el fiasco de las alianzas entre Ciudadanos y el PP. El líder de Vox hace tiempo que no se fía de Pablo Casado. Y si hay alguien que conoce perfectamente el PP y sus reticencias a cualquier fórmula que suponga compartir el poder es Abascal, que militó en las filas populares durante años.

 

El CIS de José Félix Tezanos es la única encuesta que ha sembrado dudas sobre una mayoría de PP y Vox. El PSOE confía en un vuelco electoral arrebate 35 años de gobiernos populares en Castilla y León. Y de paso asestar un golpe letal a Casado en sus aspiraciones de conquistar La Moncloa. El candidato Luis Tudanca ha ido de menos a más.

 

Sánchez y la España vaciada

La evolución de los sondeos ha provocado una implicación mayor de Ferraz en la recta final de la campaña. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha multiplicado su presencia en la comunidad con tres mítines consecutivos en Soria, Burgos y Valladolid. Y su Ejecutivo ha colado en el Consejo de Ministros medidas de un claro impacto para regiones como Castilla y León.

 

La sensación en Ferraz es que hay margen para ese vuelco electoral. Tudanca necesitará articular una mayoría de muchos partidos, no solo Podemos. Quizá necesite también el o los diputados que consiga retener Ciudadanos. Y tendrá que contar con la España vaciada, que aspira a reivindicarse como un nuevo movimiento político en Castilla y León.

 

Las cinco marcas que la plataforma ha presentado a estas elecciones no conseguirán escaño. Pero Soria ¡Ya!, la más veterana junto a Teruel Existe, aspira a ganar en la provincia y podría obtener entre dos y tres diputados. Al margen de Soria, las encuestas solo conceden posibilidades de entrar en las Cortes a la Vía Burgalesa. Sea como fuerte, el resultado de la España vaciada será clave en su carrera como movimiento nacional, que aspira a tener un fuerte impacto en las próximas elecciones generales y en otras citas autonómicas y municipales en comunidades como Aragón y Castilla La Mancha entre otras.

En Andalucía, Vox apoyará la investidura del PP, pero no le dejará gobernar por orden del PSOE.



Las elecciones andaluzas se acercan cada vez más porque es lo que interesa a los de Vox que, estando subiendo claramente en los sondeos andaluces, no quieren lógicamente darle a Moreno Bonilla la oportunidad de remontar en las encuestas quitándoles a los del partido verde los votos que poco a poco han ido arrancando de las bolsas de apoyos del PP

 

Porque la de Andalucía es una batalla electoral entre varios partidos, sí, pero que tiene un par de contrincantes que se están mirando fieramente a los ojos mientras se toman la medida de sus posibles respectivas debilidades por donde poder atacarse. Y esos dos partidos son el PP y Vox.

 

Hace ya tiempo que Vox tiene prisa por que se convoquen las elecciones cuanto antes y no dar la menor oportunidad al presidente de la Junta para que apruebe leyes cuya puesta en práctica redundaría en beneficio claro del gobierno actual.

 

Ése fue el caso de dos leyes consideradas clave por el gobierno de coalición de Moreno Bonilla y Juan Marín, de Ciudadanos.  En aquel caso se trató de la ley de Sostenibilidad del Territorio y la de la reforma de la Salud Pública, que PSOE y VOX tumbaron en el mismo día -estábamos entonces a finales de mayo- con lo que quedó claro que había comenzado una operación de desgaste al gobierno porque fueron unas votaciones inesperadas que la Asamblea andaluza había considerado en principio un mero trámite.

 

Pero es que la situación dió de pronto un vuelco inesperado: de acuerdo Vox con el PSOE, la votación se dió la vuelta, los socialistas pasaron de la abstención al voto en contra y los de Vox pasaron del voto a favor a la abstención. Las leyes fueron derrotadas y el gobierno con ellas.

 

Aquél fue el primer aviso de lo que le esperaba en adelante al presidente de la Junta, al que Vox se había propuesto castigar desde que el gobierno andaluz aceptó acoger a 13 menas de los que habían llegado por mar procedentes de Ceuta. 

 

Desde entonces, todo se ha mantenido más o menos igual hasta que Vox y el PSE, de nuevo de acuerdo, utilizaron una conversación del vicepresidente de Ciudadanos Juan Marin con su grupo parlamentario, conversación grabada subrepticiamente y hecha pública meses después con evidente intención de que la maniobra se consumara con el saboteo de la aprobación de los presupuestos, como ocurrió.

 

Con la grabación hecha pública, el resultado fue que el gobierno andaluz no pudo aprobar los presupuestos. Esto sucedía en el mes de noviembre pasado. Estaba definitivamente claro que Vox quería empujar al presidente de la Junta a disolver la cámara y convocar elecciones.

 

Y ahora lo volverán a hacer. Los representantes del partido verde ya han anunciado que se disponen a tumbar también la llamada ley de Economía  Circular que pretende impulsar la “revolución verde” en Andalucía. El argumento de Vox es que esta ley que cuenta con un amplio consenso “contiene elementos de la Agenda 2030 de Sánchez” y que por eso no la van a apoyar. Excusas.

 

En definitiva, queda claro que el destino inmediato del gobierno Moreno-Marín es la parálisis más absoluta que le fuerce por fin a rendirse, a ceder y a que el presidente convoque elecciones.

 

Los de Abascal no quieren de ninguna manera darle tiempo a que se recupere del evidente desgaste que ha supuesto en toda España, en Andalucía también, la estúpida pelea mantenida por la dirección nacional del PP con la presidenta de Madrid Isabel Díaz Ayuso a cuenta de su pretensión, del todo legítima, de presidir el Partido Popular madrileño.

 

Eso ha perjudicado a todo el partido, también a Moreno Bonilla y Vox pretende aprovechar esa grieta y entrar por ese hueco para amarrar los votos que, según los sondeos, han ido perdiendo las candidaturas populares durante todos estos meses de trifulca suicida.

 

Por lo tanto, a menos que el apaciguamiento de la batalla de Madrid, obligado por la cercanía de las elecciones en Castilla y León, se mantenga unos meses más, eso quizá pueda devolver al candidato del PP en Andalucía los apoyos perdidos. Apoyos que puede que no sean muchos pero puede que sí los suficientes para permitir a Moreno Bonilla -incluso con lo que pueda quedar de Ciudadanos- gobernar en solitario sin necesitar de Vox más que una abstención a la que ese partido se vería obligado para no dar el gobierno a la izquierda, cosa que su electorado no toleraría.

 

Pero la estrategia de Vox es exactamente la contraria: lograr un número suficiente de escaños que les hagan imprescindibles para entrar en el gobierno y poder condicionar las políticas desde dentro de él. Por eso tienen prisa por ir a eleecciones ahora que el viento les sopla de cola.

 

Esa estrategia choca sin embargo de plano con la diseñada desde la calle de Génova, donde se pretende, basándose en los buscados éxitos rotundos de los distintos barones del Partido Popular, enviar el mensaje, y que éste resultara creíble, según el cual si Pablo Casado gana las elecciones generales querrá gobernar en solitario.

 

Pero ese plan se le iría abajo si tanto en Castilla y León como en Andalucía, los miembros de Vox conquistan los suficientes escaños como para exigir entrar en los respectivos gobiernos.

 

Quizá haya elecciones andaluzas muy pronto, desde luego mucho antes de lo que todos habíamos pensado. Pero que Casado se juega personalmente su futuro político en estas dos convocatorias electorales, eso está fuera de toda duda.