La fractura interna en
el partido viene de lejos y se inició con el giro político de Zapatero poco
antes de dejar el liderazgo. La división con la que el PSOE afronta el comité
federal de hoy no se inicia con el debate en torno a si los socialistas deben dejar
gobernar o no a Mariano Rajoy. La crisis viene de lejos. Y su origen se remonta
prácticamente al año 2010, cuando José Luis Rodríguez Zapatero dio un giro
radical a su discurso y sus políticas al aprobar un drástico recorte económico
y luego, en el 2011, una reforma de la Constitución que establecía que la deuda
pública es lo primero que debe abonar el Estado, por encima de cualquier gasto
recogido en los Presupuestos. Decisiones que marcaron un declive en el apoyo
ciudadano al PSOE, fracturaron al partido y provocaron la renuncia de Zapatero
a la candidatura y el liderazgo de los socialistas.
Chacón desafía a
Rubalcaba. La decisión de Carme Chacón de optar a la secretaría general,
disputándole el liderazgo a Alfredo Pérez Rubalcaba en el 2012, abrió ya una
grieta, que se tradujo en un ajustado resultado. El exministro de Interior ganó
con solo el 51,16 % de los apoyos. El encadenamiento de derrotas electorales de
toda la etapa de Rubalcaba, que ya había perdido las generales en el 2011
siendo solo candidato y con el peor resultado de la historia del PSOE, produjo
una fuerte contestación a su liderazgo. Pese a la resistencia de Rubalcaba, el
nuevo fracaso en las europeas del 2014, también con el peor resultado histórico
(23 %), forzó una dimisión que se aplazó en el tiempo por el anuncio de
abdicación de Juan Carlos I y la decisión de Rubalcaba de permanecer en el
cargo para garantizar el apoyo del PSOE a la corona.
Sucesión. Candidatura
Madina rompe el plan de Susana Díaz. Rubalcaba había diseñado su propia
sucesión decantándose, aunque no oficialmente, por Eduardo Madina. Decidió
adelantar las primarias pensando así que Madina tendría más tiempo para
consolidarse como alternativa a Rajoy. Pero esa decisión chocó con los planes
de la presidenta andaluza, Susana Díaz, que tras una fulgurante aparición como
sustituta de Griñán al frente del PSOE andaluz aspiraba ya a liderar el partido
a nivel nacional. Hubo ya entonces destacadas figuras y barones socialistas que
apoyaron que Díaz fuera elegida por aclamación. Pero Madina no cedió, y forzó
la celebración de primarias. Díaz dio entonces un paso atrás, temerosa de que
una derrota la debilitara en Andalucía. Pero decidió impulsar la candidatura de
Pedro Sánchez, entonces un diputado casi desconocido, pensando que podría
situarlo en Ferraz como una solución de compromiso a la espera de que ella se
hiciera con las riendas.Sánchez quiere todo el poder. En aquellas primarias, a
las que también concurrió José Antonio Pérez Tapias, de Izquierda Socialista,
se impuso Sánchez gracias al apoyo de Susana Díaz, pero con menos de la mitad
de los votos (48,7 %), lo que agrandó la fractura. Sánchez, una vez en la
secretaría general, no asumió pacto ni deuda alguna con Díaz y, en contra de lo
que esta esperaba, anunció que iría a las primarias para ser el candidato. Algo
que marcó la ruptura entre ambos y provocó que a partir de ese momento la
federación andaluza se mostrara siempre crítica con las decisiones de Sánchez,
debilitando así su liderazgo. La severa derrota cosechada por el PSOE en el
2015, batiendo por abajo el peor resultado histórico de los socialistas y dejándolos
con solo 90 escaños, empezó a marcar el fin de Sánchez. Díaz y otros barones
afines, molestos con el hecho de que Sánchez no les consultara ninguna
decisión, impusieron en el comité federal la prohibición de que el PSOE pactara
con Podemos si no renunciaba al referendo catalán, lo que dejaba al secretario
general sin opción de gobernar.El fin de SánchezLa vieja guardia interviene. Su
decisión de no permitir que Rajoy fuera investido tras aquel 20D fue ya muy
contestada en el partido. Pero, cuando tras una nueva derrota y un nuevo récord
negativo el 26J (85 escaños), Sánchez se mantuvo en el no a Rajoy y sus
críticos entendieron que se disponía a pactar con Podemos y los
independentistas para gobernar, la vieja guardia del PSOE, con Felipe González
a la cabeza, se unió a Susana Díaz para descabalgarlo de la secretaría general.
Y a ese grupo se sumó, paradójicamente, Eduardo Madina, que se unía así a quien
le había impedido convertirse en secretario general del PSOE solo dos años
antes. La encarnizada batalla que se libró en el comité federal finalizó con el
triunfo de los críticos, que desalojaron a Sánchez y que hoy impondrán con toda
probabilidad la tesis de evitar unas nuevas elecciones absteniéndose en la
investidura
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