España está condenada a la miseria por el PSOE. No dan tregua al progreso y desarrollo de la nación, hasta matan como lo hicieron con 192 personas en los trenes de cercanías de Madrid. Compran y venden jueces, compran y venden políticos, compran y venden medios comunicación....nunca pagan nada, solo ceden poder para desde ahí, roben a quemarropa hasta la extenuación. Esa, esa es la moralidad de un socialista. Cuando escucho a Don Corleone, Francisco Correa hasta me enfado conmigo mismo, ¿Cómo es posible que a instancia del fiscal dejen berrear tantas sandeces, mentiras, incoherencias e implicaciones a terceras personas y colectivos? Recuerdo que es la única vez en la historia de España que una fiscal y el mafioso han estado hablando tantas horas -en secreto- 24 horas antes de la declaración.
El primer problema es que somos un pueblo condenado a deambular por la historia con la calavera virtual de una España imaginaria, y que, mientras nuestros vecinos se esfuerzan por ordenar vidas y haciendas, nosotros recitamos abrumados e incansables el «to be or not to be». Nuestro problema es metafísico. Y nuestra salmodia tiende a derivar en la náusea que sentía Sartre ante el sinsentido de su odiosa e inevitable realidad. Por eso barrunto que nuestra historia es un reloj parado -como diría el propio Jean P Sartre- en esa absurda hora de las tres p. m., «demasiado tarde para muchas cosas, y muy temprano, demasiado temprano para todas las demás».
Como consecuencia de ese fracaso existencial, la política española está dividida en dos bandos irreconciliables: el de la casta, que se empeña en gobernar el fracaso histórico, y el de la nueva política -independentistas y populistas-, que quieren gobernar un país inexistente. Y por eso resulta coherente que cada cual vaya por su lado, elabore su propia norma, juzgue sus propios actos y escoja sus propias bases. Porque España, al no existir, no tiene pueblo soberano, y en su lugar estamos entronizando a «la gente», que es un sujeto democrático prêt à porter, más barato y manejable.
Nuestra tara mental, nuestra enfermedad es metafísica, brutal, eterna, cósmica e inescrutable. Y no podremos dedicarnos a nada terrenal, por serio y urgente que sea, hasta que un nuevo Big Bang, producto del estrujamiento nacional, genere un universo de Españas de las que solo una, como la Tierra, estará poblada. Y aun así no tendremos remedio, supongo, hasta que venga Cristo a redimirnos. Porque esta historia, a pesar de ser tan fantástica, está más vista que la una.
No hay comentarios:
Publicar un comentario