La revolución es un
cambio radical respecto al pasado inmediato, que se puede
producir simultáneamente en distintos ámbitos (social, económico, cultural,
religioso,sociológico, etc.). Los cambios revolucionarios tienen consecuencias
trascendentales y suelen percibirse como súbitos y violentos, ya que se trata
de una ruptura del orden establecido. Las revoluciones nacen como consecuencia
de procesos históricos y de construcciones colectivas.
Sin lugar a dudas, el
mayor logro para la humanidad tuvo lugar durante el siglo XVIII en la Francia
revolucionaria. Allí germinó el moderno Estado de Derecho que, en evolución
constante, alcanzó su cénit en los albores del siglo XXI. En la Francia
ilustrada nacieron ideas hoy consideradas irrenunciables como sustrato de la
dignidad humana. Ideas como la libertad política, la igualdad o la separación
de los poderes del Estado, las cuales fueron abrazadas por una pujante
burguesía que ya había alcanzado un gran poder económico y que provocó el
benéfico efecto de clausurar el Antiguo Régimen residenciado en una Monarquía
decadente.
El mayor aporte histórico fue, a nivel jurídico y social, la
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, en la cual se
inspirarían todas las venideras declaraciones y convenios internacionales sobre
derechos humanos. En ella se establecieron una serie de derechos universales
inherentes a la condición humana; derechos que no crearon los revolucionarios,
sino que se limitaron a constatar. Todos ellos de tan hermosa factura como el
contenido en el artículo 1: Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en
cuanto a sus derechos. Se alude a la libertad como todo aquello que no
perjudica a nadie y sólo la ley puede limitar; se habla de la presunción de
inocencia y de la irretroactividad de la ley; de la libertad de opinión, de
prensa y de conciencia; del principio de igualdad frente a la ley; de la
igualdad para acceder a los cargos públicos solo con base en las capacidades
individuales. Se refiere a la ley como expresión de la voluntad general y
fuente de los poderes públicos; se recuerda que los agentes públicos son
responsables de su gestión y la sociedad tiene el derecho de pedirles que
rindan cuenta de ella. Constata cuales son los derechos naturales e
imprescriptibles del hombre: la libertad, la propiedad, la seguridad y la
resistencia a la opresión.
¿Cuánto de esto está
llamado a desaparecer en la España de hoy? ¿Cuánto ha desaparecido ya?
Analicemos el art. 16: una sociedad en la que la garantía de los derechos no
está asegurada, ni la separación de poderes definida, no tiene Constitución. Me
pregunto si en el Ministerio de Justicia que impulsó la reforma de la LOPJ que
acabó por convertir al órgano de gobierno de los jueces en una especie de
subdirección general de aquel, y por elegir a sus integrantes "a
dedo" entre los dos partidos mayoritarios y sin intervención efectiva por
parte de sus gobernados, los jueces, son conscientes de lo que han hecho con la
separación de poderes. Un Consejo con capacidad de sancionar disciplinariamente
a los jueces incómodos con el verdadero -único, en realidad- poder, de elegir
para los altos tribunales a los magistrados llamados a juzgar, en su caso, a
ministros, diputados, senadores y miembros de los parlamentos autonómicos, de
informar las leyes y de nombrar, si un nuevo atentado a la independencia
judicial se consuma, a los presidentes de los tribunales de instancia que
ejercerán un poder desconocido sobre los restantes jueces desapoderados también
de la instrucción del procedimiento penal una vez que el nuevo Código procesal
penal deje en manos de los fiscales (subordinados jerárquicamente al Fiscal
General del Estado elegido por el gobierno) la investigación de los delitos
bajo el inédito principio de oportunidad (a ti te investigo y a ti no).
Y si la separación de
poderes peligra de tal manera, no digamos el aseguramiento de la garantía de
los derechos. ¿Están garantizados esos derechos de los ciudadanos con una ley
de tasas que obstaculiza a millones de ellos el acceso a la tutela judicial
efectiva? ¿Sabían que los asuntos civiles han disminuido en un 25% desde la
vigencia de dicha ley? Varios miles de injusticias y quejas no tienen acceso a
los tribunales; solo las grandes empresas y los ricos acceden con normalidad a
ellos; se ha favorecido la impunidad de las administraciones públicas (exentas
de tasas); no se ha recaudado con ellas ni la tercera parte de lo previsto, la
cual tampoco se ha destinado a financiar la justicia gratuita como se decía; y,
sin duda, va a convertirse en caldo de cultivo del conflicto social.
¿Conflicto social? ¡Ah!
Para resolverlo expeditivamente tenemos otro ministro a mano: el de interior.
El mismo que afirma sin rubor que las cuchillas de la valla que nos separa de
África solo producen erosiones superficiales a quienes entran en contacto con
ellas tratando de escalar dicha valla, también bendice que el escalamiento de
edificios públicos con fines reivindicativos sea severamente sancionado en su
autoritaria ley de seguridad ciudadana, lo mismo que hacer botellón o sacarle
fotos a la policía en las manifestaciones (por cierto, a agentes que van con
una armadura integral que les hace irreconocibles). Dice el art. 12 de la
declaración francesa de hace tres siglos que, siendo necesaria una fuerza
pública para garantizar los derechos del hombre y del ciudadano, se constituirá
esta fuerza en beneficio de la comunidad, y no para el provecho particular de
las personas a las que ha sido confiada. ¿De verdad que esa fuerza, que ha dado
muestras claras de su espíritu democrático desde la Transición no está
empezando a ser utilizada no en beneficio de la comunidad, ni tampoco en
provecho propio, sino para proteger a quienes mueven los hilos? ¿Cómo si no
entender la sanción de los incómodos escraches que no han tenido la respuesta
judicial que esperaba el gobierno? ¿Cómo si no entender las gravísimas
sanciones económicas previstas para quienes se manifiesten ante el Congreso,
Senado u otros organismos que tampoco han sido sancionados por el Poder
Judicial? ¿También esta vuelta de tuerca es culpa de la crisis o en realidad es
culpa de una ideología represora de las libertades? Por cierto, supongo que
cuando gobiernen otros y se manifiesten los obispos y los pro vida contra la
anunciada derogación de la Ley Wert, de la eventual ley de reforma del aborto y
de otras futuras regresiones democráticas que nos dejen los dos años de
gobierno que aún quedan, no se quejen entonces de que se les aplique esta ley
de seguridad ciudadana al tomar las calles. ¿O acaso confían en que para
entonces también la derogue el nuevo Gobierno?


5 comentarios:
Los cabecillas de la Revolucion ante el abuso de la monarquia y despues del baño de sangre eĺlos fueron igual de aprovechados.siempre es igual quitate tu q me pongo yo.La biografia de Fouque hay q leerla.Mato a miles de franceses,murio siendo DUQUE DE AVENTRO.
De nota, Juan Pardo.
The French under Napoleon would become united, strong, and most important equal. Napoleon brought stability and direction
Napoleon was responsible for many new programs in France that made what he did possible.
He created the Bank of France which he backed with a great quantity of silver and gold. This ensured a strong economy for France and helped finance many of Napoleon’s conquests.
Napoleon also realized that sometimes he had to do things to appease the people to make sure that he could maintain favor in the public eye.
In 1801 Napoleon signed the Concordat with the Pope. The Concordat officially recognized Catholicism as the main religion of France but at the same time gave religious freedom to those who were not Catholic.
Napoleon also put maximum prices on basic foods like bread and flour.
Napoleon also instituted educational reforms which were based on the ideals of the enlightenment and greatly benefited France.
Witam Juan
Pięknej niedzieli
Odpoczynku miłego
Humorku z uśmiechem...
Pregunta: ¿Quién ha escrito este artículo, Juan Pardo?
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