31/Dec/2015
Para mejorar nuestra
vida no hace falta que se azoten o se disfracen de cosas ridículas: basta con
hacer unos sencillos ejercicios que nos descubre una costumbre sexual milenaria. Para que esta técnica
funcione, el hombre debe adoptar un papel absolutamente pasivo. (Corbis)
Si se nos pregunta qué
podemos hacer para mejorar nuestra vida sexual, probablemente pensaremos en
todos esos trucos que han terminado por convertirse en lugares comunes, como
prolongar los preliminares, probar alternativas tan, ejem, arriesgadas como el
sexo oral o el anal, disfrazarse de alguna cosa ridícula o, últimamente, darse
unos cachetes gracias a 50 sombras de Grey. En lo que raramente repararemos es
en algunas técnicas milenarias como la del pompoir y su variante árabe, el
kabazza.
El sexo tiene que ver
con la fricción, y de ahí la obsesión que muchas mujeres –y hombres– tienen por
el tamaño de los penes. Se entiende que, a más tamaño (preferiblemente grosor a
longitud), mayor será la satisfacción. Dicho pensamiento se encuentra en la
base del conocido como pompoir o, más poéticamente, el beso de Singapur (o, de
forma más elusiva, el toque de flauta).
En lugar de moverse
cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo
pubocoxígeo para estimular la erección masculina
¿En qué consiste? Se
trata, básicamente, de una técnica sexual en la que la mujer utiliza su vagina
para estimular el pene del hombre como si lo estuviese succionando. De ahí su
nombre, pompoir, que en francés sería algo así como “chupadora”: la vagina produce
un efecto semejante al de la boca durante el sexo oral. En lugar de moverse
cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo
pubocoxígeo para estimular la erección masculina, lo que se traduce en orgasmos
más intensos tanto para él como para ella.
No se trata de una
técnica nada sencilla, y aunque algunas mujeres nacen con la habilidad natural
de realizar estos movimientos musculares, muchas tienen que entrenarse para
conseguirlo. Los libros de historia arrojan algunos casos, como ocurre con la
amante del rey Francisco I y Enrique II de Francia, Diane de Poitiers, que
tenía una habilidad especial para esta técnica. Como señala un artículo
publicado por Emma Gold en GQ, en Shanghái circula la historia de una
prostituta capaz de introducir y sacar el pene de su amante simplemente con los
movimientos de su vagina.
Al parecer, la
tradición nació en la India hace más de 3.000 años, y de ahí se extendió a
otros países orientales como Tailandia o Japón. Parte de la educación de
algunas geishas, se centra en desarrollar esta técnica, así como la de las
Devadasis indias proscritas desde el año 1988. De hecho, existe una variación
conocida con el nombre de kabazzah, y en la cual participan también los
músculos del abdomen. La fijación de algunas celebridades por las prácticas
sexuales orientales como el sexo tántrico, han devuelto al pompoir a la
actualidad amatoria.
La posición ideal para
practicar esta técnica es aquella en la que la mujer se sitúa encima del
hombre, puesto que es ella la que marcará el ritmo y la intensidad del
encuentro sexual, aunque también puede practicarse de lado. Es más, resulta
necesario que el hombre se encuentre en una posición absolutamente pasiva, ya
que el movimiento debe ser sutil. Es necesario que la vagina se encuentre
dilatada y humedecida, para facilitar su movimiento. Y toda la responsabilidad
se encuentra, por una vez, en el lado femenino, que decide a qué ritmo se
realiza el acto.
Como explica Denise
Costa, fundadora de la página Pompoir Book –una completa guía sobre el beso de
Singapur–, en Salon, esta técnica no sólo permite al hombre tener orgasmos más
intensos y duraderos, sino que puede provocar que la mujer experimente los tres
tipos de orgasmos posibles, a saber: el vaginal, el del clítoris y el menos
habitual de todos ellos, el del útero. En ocasiones, la contracción de la
vagina se produce de forma natural cuando una mujer experimenta el clímax.
Ejercicios para
reforzar nuestra vagina. Muy pocas mujeres son
capaces de lanzarse a realizar esta técnica sin haberse entrenado antes. Costa
propone en el artículo una serie de técnicas que nos permiten ser capaces de
hacerlo en menos de cinco meses, siempre y cuando nos comprometamos a una
disciplina de practicar una hora al día. Entre estos ejercicios se encuentran
todos los relacionados con el control de los músculos pélvicos, que son los
mismos que evitan que la orina se escape: contracciones, apretar, empujar y
otra clase de movimientos realizados de forma consciente cuentan como parte del
entrenamiento.
Por lo general, esta
clase de ejercicios que tienen como objetivo reforzar el suelo pélvico suelen
recomendarse a aquellas mujeres que sufren problemas de pérdida de orina o para
facilitar el parto, pero también pueden ayudar a reforzar la vagina. Por lo
general, suelen basarse en mantener la contracción durante todos los segundos
que sea posible, hasta los diez. Estas prácticas reciben también el nombre de
ejercicios de Kegel, y pueden reforzarse a través de los conos vaginales
(dispositivos que se insertan y que deben sostenerse gracias a la acción de los
músculos) o del propio pene de la pareja. Sin embargo, se debe tener cuidado
con estos ejercicios, puesto que su mala práctica puede agravar los problemas
de incontinencia o provocar un prolapso.


1 comentario:
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