Los perderos que aspiran
a presidir el Gobierno de España y que nunca presidirán, aún no han captado la
honda, la realidad de las urnas y así lo demuestran las cosas que empezaron a
decir la misma noche del 26J y siguen
tozudos como mulas.
El jefe de Ciudadanos, Albert
Rivera no ha entendido que su problema no es la ley electoral, aunque puede que
esta vez le ha perjudicado. Su problema es su ideología marxista. Rivera es un comunista
disfrazado. Ya saben,…. estos son mis
principios... Sin ir más lejos, ayer mismo negó que vaya a vetar a Rajoy, y hace
medio año aún decía que jamás entraría en un Gobierno que no estuviera
presidido por él. Presume de dirigir el único partido verdaderamente español,
pero conoce poco España.
Al líder socialista, Pedro
Sánchez, que se ha salvado de milagro –de momento-, no ha hecho ni hará
autocrítica. La culpa de que el PSOE haya obtenido el peor resultado de su
historia es del PP, por inflar la burbuja de Podemos, y de Podemos, por no
votarle en marzo. Si le dejan, volverá a intentar configurar un Gobierno sin
apoyos, porque cada semana que pasa es tiempo ganado. Sobre todo después de que
Susana, la Reina del Sur, también se haya estrellado.
El gurripato de Pablo
Iglesias por fin ha descubierto que los experimentos de laboratorio no siempre
salen bien en campo abierto. En política, y menos en la izquierda, dos y dos no
son cuatro. La vieja parroquia de Izquierda Unida no ha pasado por el círculo
de Podemos y entre Garzón e Iglesias han dejado a la izquierda más desunida de
lo que siempre ha estado. Su diagnóstico de la situación, atinado hace dos
años, ya es moneda común. Y en cambio sus recetas siguen siendo de parvulitos.
El batacazo, un millón de votos menos –aún sigue buscando los votos de IU, se
ha producido especialmente en las aglomeraciones urbanas en las que gobernaban
sus franquicias locales, después de un año de políticas frentistas y
expectativas incumplidas. La puntilla ha sido el caudillismo del líder y la
constatación, cuando han empezado las curvas, de que la democracia interna era
un gancho más de marketing.
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