Posiblemente si los líderes de los principales partidos
políticos españoles hubiesen sido menos memos y egoístas no habría que repetir las elecciones. ¿Era
posible evitar el espectáculo? Si sin lugar a dudas. Según dijo el líder del
PP, Mariano Rajoy. «Hemos vencido perdiendo 60 escaños y más de tres millones
de votos. Por tanto hemos perdido, solo nos queda la esperanza de saber
rectificar a tiempo. En cambio para Sánchez y sus compañeros de pesebre, la
izquierda era ganadora TOTAL. Lo que
indica que el PSOE es de la misma calaña que Podemos. Pero las posiciones han
cambiado y ya se dijo en este blog “La única misión de Pablo Iglesias es hacer
del socialista jefe su gregario de carrera”.
El airado y morado podemita, Pablo Iglesias, tiene confianza total en la renta electoral de la coalición junto a Izquierda Unida que hoy planteado en una entrevista en Telecinco que ofrecerá a Pedro Sánchez ser el vicepresidente de un Gobierno, por supuesto, presidido por él.
Por la cabeza de Iglesias ya vuela la idea del 'sorpasso' al PSOE en este arranque preelectoral y da por hecho su hipotético éxito el 26J que también empieza a venderse animadamente por parte de IU. Alberto Garzón ha insuflado hoy optimismo sobre la alianza asegurando que los dos partidos juntos aspiran a superar los 90 escaños socialistas y ser la primera o la segunda fuerzan en el Congreso.
Este ataque de entusiasmo, cuando ni siquiera está cerrado el acuerdo entre Podemos-IU, pretende en primer lugar desgastar al PSOE, al que Podemos necesita seguir arañando votantes para crecer. Pero, al mismo tiempo, responde también a una estrategia de movilización del electorado ante el riesgo de que una fuerte abstención penalice sus opciones electorales. La caída de la participación es desde hace tiempo una de las preocupaciones dentro de la formación y Podemos sabe que, además, tiene que recuperar a los votantes desencantados con su papel durante las negociaciones.
El mensaje de augurar el éxito electoral y la conquista de La Moncloa también va dirigido hacia el interior de los partidos, donde todavía quedan por superar recelos y resistencias de dirigentes y militantes. Para que haya coalición, las bases de ambos partidos tienen que refrendar el previsible acuerdo. IU acaba hoy su votación y Podemos celebrará una consulta la próxima semana.
El PSOE, un "aliado"
Consciente de que no llegarán solos para formar Gobierno y necesitarán de otros apoyos, Iglesias lleva insistiendo en los últimos días en la idea de que el PSOE no es un enemigo, sino un "aliado" para configurar un "Gobierno del cambio" tras las elecciones. Y, por ello, está tratando de destensar las relaciones de estos últimos meses, incluso ofreciendo a Sánchez lo que éste le negó reiteradamente durante las negociaciones. "Tendría toda legitimidad para reclamar la vicepresidencia", ha dicho Iglesias, "me parece una cuestión de pura sensatez".
A Pablo Iglesias le da así la vuelta a su tentativa de "pacto a la valenciana" invirtiendo los términos de la oferta y asumiendo un papel de liderazgo: él de presidente y Sánchez de vicepresidente. Sin pronunciarse todavía sobre el rol de Garzón en el Gabinete.
Así, Pablito Iglesias lanza un mensaje de calma a los votantes socialistas que estén dudando en apoyar a Podemos al garantizarles de que él contará con el PSOE para formar un equipo con el que gobernar. Algo que, desde hace tiempo, pone en duda de que fuera posible al revés, alimentando de manera reiterada la idea de un pacto de Sánchez con el PP.
En la línea de rebajar la tensión, Iglesias está minimizando el morbo que se ha creado con la hipótesis de superar al PSOE en votos y escaños. Asegura que su pacto con IU no se hace contra los socialistas, sino que su objetivo es ganar a la derecha.
"El 'sorpasso' tiene sentido si significa superar al PP", ha subrayado, quitando el foco sobre la pelea por la hegemonía de la izquierda. Así, Iglesias sostiene que su prioridad es lograr una mayoría progresista en el Congreso para "echar a Rajoy y a sus políticas" de Moncloa.
Al PP, no le queda otro remedio que arrancar 5 puntos a los que, al parecer, eran sus gregarios esos que vendían moderación y centro, Ciudadanos. El 90% de los votos de Albert Rivera eran del PP.

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