Ada Colau padece Alzhéimer vaginal con perturbación de las neuronas.


La secta de Podemos tiene que dar un día si y el otro también la nota discordante como noticia dominante, al objeto, de que  sea menos evidente su despotismo culiparlante. Aunque, también, incluiría a sus “altos mandos”. 
Desde un tiempo a  esta parte y a petición de la Generalitat, se celebra en Barcelona el  Salón de la enseñanza que es el proceso de transmisión de una serie de conocimientos, técnicas, normas, y/o habilidades. Está basado en diversos métodos, realizado a través de una serie de instituciones, y con el apoyo de una serie de materiales. O sea, APRENDER. Hay muchos stand y en uno de ellos se instala el  Ejército español.
Hace unos días visitaban dicho salón un coronel y un  teniente coronel en primer lugar como docentes de la escuela del  ejército  y en segundo lugar porque dicho salón está abierto al público  (solo personas, no podemitas). 

Ada Colau que padece Alzhéimer vaginal con arraigo de perturbación mental les indica que  no son poco gratos los militares en esos lares de los ella es Virreina. Pero, tampoco le son gratos los curas, las monjas, los españoles, los  extranjeros, los turistas, los  empresarios que no paguen cuota revolucionaria, los médicos  y abogados que no hayan hecho  la carrera en Barcelona –son las dos única profesiones a los que no puede exigir que hablen en catalán-.Acto seguido, Colau se fue orgullosa de su hazaña, no sin que antes los estupefactos militares le manifestasen que respetaban sus palabras. Como además había muchas cámaras, la felicidad de la alcaldesa de 11  concejales.

Es fácil imaginar que no hace tanto (durante la transición) hechos similares podían haber tenido un desarrollo muy distinto. Y es que probablemente habrían sido entonces los mandos militares presentes en el evento quienes se hubieran negado en redondo a saludar a una dirigente política izquierdista, que, entre otras cosas, defendiese el derecho a la autodeterminación de Cataluña.

Qué ha pasado durante los cuarenta últimos años para explicar este cambio sideral: pues que, sucesivamente, UCD, el PSOE y el PP han impulsado una política de profesionalización de nuestro Ejército que acabó traduciéndose en su escrupulosa subordinación al poder civil del Estado que es ya, de hecho, el único existente. Es decir, todos nuestros Gobiernos democráticos, de 1977 en adelante, han hecho lo contrario de lo que a Colau le parece tan moderno: lejos de separar espacios (manteniendo al Ejército apartado de la sociedad, como un pequeño estado dentro del Estado) los han comunicado, haciendo presentes los valores de la sociedad en las fuerzas armadas y promoviendo su acercamiento a la sociedad. Para saber que la profesionalización ha sido la clave de la despolitización de los más modernos Ejércitos del mundo.

Y por si todo ello fuera poco, Ada Colau -quien, como tantas otras cosas, ignora sin duda lo que acaba de apuntarse-, debería explicar si le parece deshonroso ser militar o que una parte de los jóvenes españoles opten por esa dignísima profesión como otros deciden ser médicos, cocineros, abogados o bomberos. ¿Cree Ada Colau que los españoles se avergüenzan de que su Ejército lleve años participando, como otros de los grandes Estados democráticos del mundo, en importantísimas misiones internacionales, desde Kosovo hasta Mali, desde Haití hasta Bosnia-Herzegovina, desde Líbano hasta Honduras, entre otras muchas?


Para terminar, la increíble y bochornosa actuación de la alcaldesa de la segunda ciudad de España en el Salón de la Enseñanza pone de relieve con quién nos jugamos los cuartos: con algunos líderes y partidos que son, a fin de cuentas, pura caverna (sectaria, incivil e irrespetuosa con la pluralidad social e institucional) en contraste con un Ejército moderno cuyo comportamiento es ejemplar. Tal es la lección que nos enseña la grotesca hazaña de la mugrienta. Ada Colau.

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