Las trayectorias de los autores de los ataques se originan en determinadas patologías sociales, pero también en reacciones identitarias y dinámicas transnacionales.


Las trayectorias de los autores de los ataques se originan en determinadas patologías sociales, pero también en reacciones identitarias y dinámicas transnacionales.

Entre el 7 y el 9 de enero, Francia vivió una vez más al ritmo del terrorismo. Los hermanos Saïd y Cherif Kouachi, al atacar a los miembros de la publicación satírica Charlie Hebdo y a los policías encargados de protegerlos, así como Amedy Coulybaly, que atentó contra quienes se encontraban, entre ellos cuatro judíos, en un establecimiento kosher de Vincennes, pusieron de manifiesto la realidad del hecho yihadista en Francia. Desde la década de los noventa, el país debe hacer frente a una amenaza a su seguridad basada en el repertorio del islam radical que tiene como objetivo a los actores (Estados, gobiernos, poblaciones…) presuntamente hostiles a los musulmanes.

El islam radical y violento, ya convertido en oferta identitaria globalizada, se dirige tanto a los fieles deseosos de reaccionar frente a las humillaciones que creen sufrir, humillaciones que supuestamente rebasan la utopía de una sociedad justa y fuerte que proteja a la umma, como a los grupos que suelen constituir la base social de los movimientos de extrema izquierda. Esto explica, entre otras cosas, las analogías reales en cuanto a origen social que vinculaban hace décadas a las personas que engrosaban las filas de las organizaciones extremistas de izquierda con las que hoy se reconocen en las tesis yihadistas. Además, no debería extrañar que los conversos, a veces en poco tiempo, se identifiquen con el universo heroico, vengativo y violento de esos movimientos, cuando a menudo su orientación se presenta como el resultado de un reclutamiento sectario, haciéndose eco de una preferencia por la acción, la vehemencia y el “antisistemismo

Si los debates posteriores a los ataques perpetrados contra Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 engendraron, en el seno de determinados círculos, una reflexión sobre la ontología del “islam”, y en particular, sobre la posible unción procedente de las escrituras de cierta violencia, da la impresión de que los acontecimientos recientes en Francia, tal como hemos comprobado en algunas declaraciones de responsables políticos (el primer ministro francés, Manuel Valls, aludiendo en concreto a la existencia de un “apartheid social”), se orientan hacia un interrogante de naturaleza sobre todo sociológica.

Ahora bien, ¿qué nos revela el análisis de las trayectorias, continuidades e inflexiones características de los perfiles de los actores que hoy adoptan las tesis yihadistas? Tanto si lo que interesa son los recorridos microsociológicos de quienes se identifican con esta lucha religiosa como el significado histórico del yihadismo en nuestra época, pueden constatarse rupturas evidentes relacionadas con esta forma de compromiso y andadura contestataria, pero también hay ciertas similitudes con actos de violencia política del pasado.

En efecto, al examinar las recurrencias que caracterizan a las distintas generaciones de musulmanes radicales y violentos desde los años noventa y los albores de una acción terrorista contra Francia vinculada a movimientos proyectados en un espacio religioso transnacional, se arroja luz sobre los rasgos estructuradores del yihadismo contemporáneo.



La vanguardia radicalizada y violenta de una juventud revolucionaria: la dimensión generacional

Además del aspecto “de género” de la sociología del yihadismo global y francés, también sorprende la pertenencia de sus actores principales a las generaciones jóvenes. Aunque en los años recientes se ha visto, de modo incontestable, el desarrollo de un proceso de feminización de estos movimientos (la guerra siria ilustra, sin duda, no solo un cambio de intensidad, sino tal vez también de naturaleza en este sentido), el modus operandi corresponde casi siempre a hombres jóvenes adultos (aunque, una vez más, el conflicto sirio nos revela nuevos perfiles adolescentes que cruzan la frontera y van a combatir a esa parte del mundo). Marcados por la experiencia de la delincuencia y de la socialización en el entorno carcelario, etapa a menudo decisiva en la reorientación del saber hacer delictivo en pro de una ideología menos individualista y no profana, Jaled Kelkal ayer, Mohamed Merah o los hermanos Kouachi hoy, no rompen fundamentalmente con los rasgos de las poblaciones que más a menudo están sobrerrepresentadas en las cárceles.

La filiación personal y la recreación de un sentimiento de pertenencia sin duda colectivo (la umma vista como víctima de los “enemigos del islam”), pero también más restringida (la élite yihadista que se propone reparar esta injusticia) llenan el vacío o la insuficiencia afectiva y estructuradora de la célula familiar. Además del frecuente reproche a los padres, a los que se acusa de una transmisión deficiente de la religión, de la que deberían haber provisto a sus hijos, y habiendo optado por la no confrontación con una sociedad que se desaprueba, la ausencia de figura paterna, muchas veces a raíz de una historia migratoria traumática, y el debilitamiento del vínculo materno son también elementos habituales. Las historias contadas por Dietmar Loch sobre Jaled Kelkal, por los allegados de Zacaria Musaui, el hermano de Mohamed Merah o la revelación sobre la infancia de los hermanos Kouachi parecen validar empíricamente el fenómeno de sustitución de una neocomunidad religiosa (Fahrad Khosrokhavar) que pasa a ocupar el lugar de un nido familiar desmembrado. Por último, sin determinar en exceso las explicaciones psicologizantes, se puede sospechar que la valoración del heroísmo se hace a menudo eco de una visión de uno mismo que refleja la concepción de un pasado sembrado de humillación y dominio.


En este sentido, la lectura comunitarista merece un replanteamiento sensato. Del estudio de las historias personales de quienes han pasado a la acción yihadista emerge, en cambio, un “desapego” de la familia de origen con respecto a la sociedad de procedencia. Más allá de la presunta comunidad, los jóvenes adultos que ahora adoptan las virtudes de la lucha violenta en nombre del islam se insertan en realidad en una lógica híper individualista, pues lo que se manifiesta no es tanto su “vuelta” a la religión como la desintegración de las estructuras calificadas como tradicionales de la socialización religiosa.

Arturo Mas, lo tiene en catalán, o pacta con los anticapitalistas de CUP o pasta con los capitalistas de CDC -Para irse a Canadá-

No es grave que la CUP sea antisistema, sino que Convergencia Democrática de Cataluña, CDC (Artur Mas) le mendigue su apoyo. Por descontado será el final de Convergencia. No olvidemos que CUP es la secta más radical de la izquierda """española"".

Como era de esperar la CUP, la formación anticapitalista que tiene la llave para constituir un gobierno con mayoría absoluta en Cataluña, ha dejado una conclusión: la inconcreción de las propuestas será clave para que el acuerdo con Convergencia Democrática de Cataluña  CDC (integrante de Junts pel Sí) sea posible. CUP, nunca pierde.


A falta de algunos detalles el plan de mínimos del partido que lidera Antonio Baños sea una de las partes más criticadas de la conferencia, supone también una rendija de esperanza para Artur Mas y CDC, el clavo ardiendo al que agarrarse para construir su gobierno.

Después de las elecciones autonómicas, la política catalana está paralizada. El conglomerado catalanista de corruptos Junts pel Sí (Convergència-Esquerra-entidades soberanistas), sumado al independentismo radical de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), perdió el presunto plebiscito, como entendieron la prensa internacional de calidad y las cancillerías. 

Pero Junts ganó las elecciones. Su mayoría es política y numéricamente precaria, contra la victoria presuntamente rutilante que propagan sus portavoces.

Así lo demuestra el hecho de que tantos días después del 27-S no solo no se ha forjado una mayoría en torno al candidato semitapado para la presidencia de la Generalitat, Artur Mas, sino que esta operación se revela en el mejor de las hipótesis ardua, procelosa y larga, cuando no imposible. Amén de que la incertidumbre amenaza con paralizar importantes decisiones económicas. Y de que la crónica pasividad del Gobierno de Mas vuelve a brillar por su silencio en la crisis de Volkswagen, frente al activismo, mediación y celeridad de la nueva presidenta de Navarra, la otra comunidad española donde el grupo alemán mantiene fábrica.

Por si todo eso fuera poco, resulta preocupante, sobre todo para los electores moderados del nacionalismo catalán, la esotérica deriva de su jefe. Mas no solo rompió la federación con Unió y se unció a la yunta y exigencias programáticas y de calendario de Esquerra. Culmina ahora esos desaguisados mendigando su investidura nada menos que a la CUP, a la que presiona como si su debilidad le permitiese reeditar la táctica de ultimátums que usó para lograr la lista unitaria con Esquerra que enmascaró su debacle el 27-S.

La CUP es un grupo inobjetable en punto a su representatividad, y que ha prestado servicios en la lucha contra la corrupción. Pero resulta más que inquietante (sobre todo para el ideario y trayectoria de CDC) por su perfil socioeconómico anarco-comunista, nacionalmente extremo y contrario al Estado de derecho.

El programa de la CUP propone salir del euro, de Europa y de la OTAN, nacionalizar bancos y grandes compañías, una economía planificada, la progresiva colectivización, el impago de la deuda, actuar contra las importaciones e intervenir contra la libre opción lingüística de los medios privados. Es un machihembrado antisistema de la antigua Albania, el populismo bolivariano y la tradición anarquista barcelonesa. Propuestas que pueden formularse en una democracia liberal, pero refractarias a las grandes corrientes europeas. 

Que un descorbatado Mas apueste por pender de ese hilo antes que por reconsiderar su estrategia desestabilizadora de independentismo exprés, tras el fracaso de reducir sus 62 escaños a la mitad, no desmerece al objeto de su repentino afecto, la CUP. Revela que bajo su corrección formal se esconde un aventurero al que parece no importarle quebrar la sociedad catalana con tal de mantenerse al timón. El riesgo no radica en la minoritaria CUP, sino en quien bracea para ser elegido por ella y gobernar bajo su patrocinio. El dislate lo pagará caro Mas. O Cataluña. O todos sin excepción.

Podemos solicita la eutanasia o, al menos, una muerte digna ¿Se la concederemos?

Podemos corre  doble riesgo, uno de romperse intentando llegar al centro y, para empeorar las cosas, de aterrizar tarde en un centro ya ocupado, demasiado ocupado por otros, o bien de atrincherarse en la izquierda donde acabarían solicitando la eutanasia. "Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que han sido engañados"

-Hace unos meses- la providencia de Juan Carlos Monedero de abandonar la dirección del partido que fundara en compañía de Pablo Iglesias sitúa a Podemos ante su hora más difícil. El duro aldabonazo que han significado sus declaraciones criticando la corrupción ideológica y estratégica del proyecto originario de Podemos, sólo levemente matizadas con posterioridad en una epístola titulada A mi amigo Pablo, podrían marcar el comienzo del fin del proyecto de esta formación. Las predicciones sobre lo que le pudiera ocurrir a Podemos a partir de ahora dependen de qué tesis de las dos siguientes uno considere más plausible.

La primera tesis sostiene que Podemos sólo es un estallido de ira que se ha alimentado de la concatenación de una serie de circunstancias extraordinarias pero irrepetibles: la dureza y profundidad de la crisis económica, la frustración con el bipartidismo de una mayoría de ciudadanos, la sucesión de escándalos de corrupción y, por último, la debilidad de las alternativas existentes (UPyD o Izquierda Unida) para movilizar dicha insatisfacción. Agitada esa mezcla, ciertamente explosiva, en la coctelera de las elecciones europeas —idóneas por su configuración en un único distrito y un sistema electoral estrictamente proporcional— Podemos habría sido catapultado hacia los cielos en los sondeos llevados a cabo en el otoño de 2014. Pero, continuaría esa tesis, desaparecidas en parte o en su totalidad esas circunstancias (sea por el repunte de la economía, el cambio de liderazgo en el PSOE o la aparición de Ciudadanos), el proyecto habría tocado techo y comenzado a retraerse, quedando condenado a desempeñar un papel secundario y marginal, cuando no a desaparecer, por la radicalidad de sus propuestas ideológicas, las divisiones internas y la pérdida de centralidad en el debate y tablero político.

Hay, sin embargo, una tesis alternativa que sostiene que la aparición de esta formación no puede explicarse simplemente como un estallido de ira ciudadana, sino como la traducción política y electoral de la crisis institucional, económica y social en la que hemos vivido en los últimos años en gran parte de Europa. Ello permitiría explicar no sólo la aparición de Podemos, sino la emergencia en toda Europa, por la izquierda o por la derecha, de fuerzas que se ofrecen como alternativa a la política y a los consensos tradicionales en torno al modelo económico, la desigualdad, la integración europea o la inmigración.

Desde esta tesis, Podemos se apoyaría en la fractura de los acuerdos entre generaciones, clases sociales y territorios en los que se basó el consenso del 1978, supuestamente agotado. Esta acumulación de fracturas, visible tanto en la emergencia de una nueva clase de jóvenes con valores y aspiraciones sustancialmente distintos a los de la generación de sus padres como en la aparición de nuevas formas de desigualdad, significaría que en la sociedad sí que habría hueco para una oferta como Podemos; máxime con una izquierda fragmentada entre un PSOE que, tras la debacle del zapaterismo, todavía no habría encontrado su identidad ni posición ideológica; y una Izquierda Unida tercamente empeñada en no conquistar el territorio disponible a la izquierda del PSOE.

¿Cuál de las dos tesis nos permite anticipar mejor qué es lo que va a pasar a partir de ahora? En mi opinión, las dos contienen elementos de análisis útiles. De hecho, mientras que la primera tesis explicaría la enorme elasticidad del techo electoral de Podemos en los sondeos, la segunda explicaría la más que probable robustez de su suelo electoral. Por tanto, mientras que la combinación de factores coyunturales (especialmente la corrupción y la frustración con el bipartidismo) habría empujado el techo de Podemos hasta situarlo como primera fuerza gracias a una muy eficaz estrategia de comunicación, los factores estructurales serían los que sostendrían su suelo a pesar de las adversidades y prevendrían una desintegración tan fulgurante como su ascenso. El resultado sería una solidez que, junto con el éxito de Ciudadanos y la persistencia de los problemas de PSOE y PP para reconquistar la credibilidad del electorado, especialmente entre los jóvenes y las clases medias urbanas, nos permitiría anticipar un sistema formado por cuatro partidos con pesos muy similares en el que Podemos ocuparía, además de los nuevos espacios de representación, el espacio a la izquierda del PSOE que IU nunca fue capaz de conquistar.

Que ese nuevo espacio esté disponible para ser conquistado no quiere decir que Podemos lo tenga garantizado: al contrario, la tarea que tiene por delante es de una magnitud considerable. Hasta ahora, Podemos ha llevado adelante una guerra relámpago, un blitz tremendamente exitoso basado en un liderazgo carismático, un mensaje transformador y unas herramientas de comunicación sumamente potentes. Pero, por seguir con las analogías bélicas que tanto gustan a sus líderes, Podemos se parece hoy mucho al Ejército alemán que, tanto en la I como en la II Guerra Mundial, logró, mediante tácticas novedosas y ataques por sorpresa, desbordar a sus enemigos para luego pararse en seco y verse obligado a atrincherarse o a acampar para sobrevivir a un largo invierno. Como ha puesto de manifiesto la dimisión de Monedero y las declaraciones de apoyo que le ha brindado su líder andaluza, Teresa Rodríguez —no por casualidad proveniente de Izquierda Anticapitalista—, al igual que el Ejército alemán en 1914, la principal debilidad de Podemos es su flanco izquierdo.

Desde sus orígenes, ha habido en Podemos una incompatibilidad manifiesta entre la izquierda radical proveniente de los movimientos sociales y aquellos que, como Pablo Iglesias, han querido conectar transversalmente con unas clases medias desideologizadas, pero muy enfadadas con el bipartidismo. La apuesta de Iglesias, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa y el propio Juan Carlos Monedero siempre fue aprovechar la ventana de oportunidad de la crisis para insertar en el centro político, donde están la mayoría de los votantes, una propuesta de cambio político de carácter radical. La deserción de Juan Carlos Monedero, y su apelación a Eduardo Galeano, un icono de la izquierda que prefiere ser auténtica antes que ganar elecciones, en contraposición a la serie Juego de Tronos, paradigma de una ética política de excepción donde el fin (llegar al poder) justifica los medios empleados, ha debido ser un duro mazazo para Iglesias, siempre hostil al conformismo electoral de la izquierda y a la autosatisfacción ideológica.
El núcleo de Podemos tiene ahora que decidir qué hacer. Una opción es continuar con la estrategia relámpago e intentar seguir su camino hasta ocupar la centralidad del tablero político. Esta estrategia se enfrenta a dos dificultades. Una primera es que, como prueba la dimisión de Monedero, el estiramiento ideológico puede romper Podemos por la izquierda y sumir a sus cuadros en una guerra civil que los electores sin duda penalizarán. Y una segunda es que mientras Podemos se desgasta en peleas internas y se agota en el largo camino al centro, ese espacio está siendo tomado por Ciudadanos, un partido que no tiene ningún camino que recorrer hasta llegar al centro porque nació directamente allí.

Adoptando esta estrategia, Podemos correr el doble riesgo de romperse intentando llegar al centro y, para empeorar las cosas, de llegar tarde a un centro ya ocupado por otros. La segunda estrategia que Podemos podría adoptar sería atrincherarse en la izquierda, cavar defensas profundas y prepararse para una guerra de desgaste cuyo objetivo sería, en el mejor de los casos, anular al PSOE e Izquierda Unida o, en el peor, simplemente sobrevivir electoralmente. Esta estrategia podría garantizar la supervivencia de la formación y, especialmente, de sus cuadros, que lograrían parcelas de poder institucional desde las que seguir haciendo política con minúscula, es decir, con escasa o nula capacidad transformadora.

Aunque es difícil saber quién prevalecerá en esta pugna, está claro que la opción personal de Pablo Iglesias se identifica más con la primera, el relámpago; y que, forzado a adoptar una estrategia conformista, seguramente sería él quien tuviera la tentación de marcharse. Si eso finalmente ocurriera, casi seguro que las palabras de despedida que dedicaría a sus críticos serían: “No han entendido nada”.


José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política en la UNED

¡Ya ha muerto, Andrea¡. La muerte más esperada por padres, médicos y consternados con muertes ajenas

Andrea ha fallecido, cuatro días, después de retirársele la alimentación. Si algo hay seguro en esta “vida” es que quien no come se muere.   La niña sufría una enfermedad degenerativa incurable. Sus padres lograron que se le concediera la muerte digna a su hija. ¿Por qué ese interés especial  y “prisa” para que muriese Andrea?

La presidenta de la A.E. de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, aseguró este viernes, tras conocerse el fallecimiento de la niña gallega Andrea, que presentará una denuncia contra los médicos porque «no han hecho lo que tenían que hacer». Además, denuncia que Sanidad ha puesto «trabas» a reunirse con la asociación en repetidas ocasiones.

Castellanos ha dicho  que su asociación sigue adelante «con todo el dolor» de su corazón por la muerte de la pequeña, pero consideran que al haber quitado la sonda a la pequeña tras mandato judicial, la paciente se encontraba en «una situación irreversible», condenada a morir. «Aunque siempre les hemos apoyado, no nos han dejado otro remedio», concretó, a pesar de que a los miembros de la asociación «siempre» les quedaba «alguna esperanza» para que la niña siguiese con vida.

Nada más conocerse el caso de Andrea se abrió un debate en el que salieron a la luz términos como eutanasia, suicidio asistido, sedación paliativa o muerte digna. Ni son lo mismo, ni tienen la misma regulación.
¿Es el momento de abrir el debate sobre la eutanasia?
No parece el momento. Sobre todo porque lleva a la confusión de creer que el caso de Andrea pueda tener algo que ver. Siempre es oportuno el debate sobre el fin de la vida, que tantos dilemas genera, pero nunca en caliente. El caso de Andrea es un caso de muerte digna en el que se pide la retirada de una medida externa para no alargar la vida de forma artificial y cuando no conduce a ninguna mejoría. Además, esta prolongación produce en el paciente agonía o sufrimiento. Está perfectamente regulado en la ley y por eso los médicos han autorizado esta medida en el caso de la niña. Un caso similar es el de Inmaculada Echevarría, en el 2006. Esta mujer de 51 años pidió en aquel momento que se le retirara el respirador artificial al que vivía conectada desde hacía diez años.

¿Qué diferencia hay entre la eutanasia y la muerte digna que ampara la ley?
La primera es una medida activa para matar al paciente que tiene sufrimiento y así lo desea; y la segunda es retirar tratamientos que alargan la vida artificialmente. Puede decirse incluso que es dejar morir. Tanto en el caso de la eutanasia como del suicidio asistido hay una medida activa para acabar con la vida. El caso de Ramón Sampedro, por ejemplo, es un caso de suicidio asistido en el que se facilita a una persona lo necesario para suicidarse si así lo desea, y no tiene medios para hacerlo. De hecho se le suministró cianuro y él mismo lo tomó. En el caso de la eutanasia no se facilita la medicación letal sino que se aplica, porque el enfermo sufre y lo ha pedido reiteradamente. En ambos casos es respetar la voluntad de la persona en el final de su vida, pero son más polémicos.

¿Cómo se realiza la sedación permitida en España?
Si una persona está en el final de su vida, tiene una enfermedad con pronóstico limitado y sufrimiento, tiene derecho a rechazar cualquier tipo de tratamiento, incluso la alimentación artificial y la hidratación. Lo que hace en esos casos el médico, especialistas en cuidados paliativos fundamentalmente, es «tratar exquisitamente los síntomas» para que el paciente muera con la máxima confortabilidad y sin ningún tipo de sufrimiento. No hay por qué sedar desde un inicio, sino que al principio pueden tratarse los síntomas de otra forma. Una cama perfectamente limpia y estirada, revisar la postura del enfermo para que esté lo más cómodo posible... Son medidas recogidas en los cuidados paliativos. Cuando aparezcan los síntomas refractarios, aquellos que no pueden paliarse con los métodos habituales, es cuando se plantea la sedación. «Pero al igual que sedar es una buena práctica clínica, no hacerlo es una mala práctica», explica un médico.

¿Por qué hay dilemas pese a haber una norma?

Por la interpretación de la ley. En el caso de Andrea, por ejemplo, si se considera que la alimentación a través de esta sonda en el estómago no es una medida artificial. «Todos somos humanos», dice un oncólogo. Es por ello por lo que a veces se precisa la intervención del juez. Sobre los informes éticos, sostiene que «siempre buscan no perjudicar ningún valor».

Wahl-Klatsche für Nahles Neue SPD-Partei-Chefin erhielt nur 66,35 Prozent der Stimmen

 DER PARTEITAG DER SOZIALDEMOKRATEN IN WIESBADEN LIVEWahl-Klatsche für Nahles 

Neue SPD-Partei-Chefin erhielt nur 66,35 Prozent der Stimmen

Enttäuschung beim SPD-Parteitag in Wiesbaden!
Erstmals in ihrer 155-jährigen Parteigeschichte hat die SPD eine Frau zur Vorsitzenden gewählt.
►Bundestagsfraktionschefin Andrea Nahles (47) bekam 66,36 Prozent der Stimmen der rund 600 Delegierten.
Damit setzte sich Nahles zwar klar gegen Ihre Herausforderin, die Flensburger Oberbürgermeisterin Simone Lange (41), durch. Dennoch kann sie mit dem Ergebnis nicht zufrieden sein: es ist das zweitschlechteste in der Geschichte der SPD.

ANDREA NAHLES

  • Andrea Nahles

    UNTERNEHMER SAGEN„Nahles kann Schröder“

    Andrea Nahles will sich auf dem SPD-Parteitag zur Parteivorsitzenden wählen lassen. Welche Erwartungen haben Unternehmer sie?
  • Kann Andrea Nahles SPD-Chefin? Etwa die Hälfte der Deutschen traut ihr das nicht zu

    KURZ VOR SPD-PARTEITAGUmfrage-Klatsche für Nahles

    Am Wochenende will Andrea Nahles die erste Frau an der Spitze der SPD werden. Die Bevölkerung traut ihr ihre neue Aufgabe kaum zu.
Nur Oskar Lafontaine versammelte 1995 noch weniger Genossen hinter sich und erhielt nur 62,6 Prozent der Stimmen. 
► Das aktuelle Wahlergebnis: Von den 631 Stimmen waren sieben ungültig. Es gab 38 Enthaltungen. 
Für Lange stimmten 172 Delegierte, für Nahles 414.

MEHR

  • Andrea Nahles als Kind

    EXKLUSIVE FOTOSSo haben Sie Andrea Nahles noch nie gesehen

    Andrea Nahles ist in der Vulkaneifel aufgewachsen. Vielleicht erklärt das ihre Explosivität.

„Wir sollten uns unterhaken“

Sie wolle den Zusammenhalt in ihrer Partei stärken. „Das ist noch ausbaufähig“, sagte Nahles zum Abschluss des Sonderparteitags der Sozialdemokraten. „Dafür werde ich arbeiten, dafür werde ich auch rackern.“
Dass viel zu tun sei, habe eine Arbeiterpartei noch nie geschreckt. „Wir sollten uns unterhaken.“ In der SPD hatte es zuletzt heftige Auseinandersetzungen über eine neue große Koalition mit der Union und den politischen Kurs gegeben.

DER PARTEITAG

Es war erst die zweite Kampfkandidatur bei einem SPD-Bundesparteitag. 1995 hatte Oskar Lafontaine – unterstützt von der damaligen Jusos-Chefin Nahles – den Vorsitzenden Rudolf Scharping gestürzt.
Und es war außerdem der fünfte SPD-Parteitag in 13 Monaten. 
Bei der Bundestagswahl waren die Sozialdemokraten auf 20,5 Prozent abgestürzt, gerade in Ostdeutschland ist die einstige linke Volkspartei von der rechtspopulistischen AfD überrundet worden.

Eutanasia y derechos inalienables. ¿Por qué tiene que morir, Andrea? Una vida con pena no vale la pena.

Fotos, prensa, madre, dinero, presión al juez,  La pena supera al dolor, consternación social
¿Es obligatorio que muera Andrea? ¿Se descansa una vez muerto? ¿Quienes son sus padres para procurar su muerte? ¿Le han preguntado a Andrea si quiere morir? ¿Por qué este juez da el visto bueno a una muerte lenta? La única meta final de la vida es la muerte. ¿Merece la pena vivir una vida con pena? Lo inalienable, por lo tanto, no puede venderse o cederse de manera legal. Los derechos inalienables son aquellos considerados como fundamentales; los cuales no pueden ser legítimamente negados a una persona. Ningún gobierno o autoridad  tiene competencia para negarlos, ya que forman parte de la esencia de la persona. Los derechos humanos son derechos inalienables, pero….A DEBATE.

Razonamientos.
La conquista de las libertades humanas ha sido penosa y esforzada a lo largo del tiempo. Y, por encima de todo, inacabable. Inexplicablemente, por lo demás. La conquista del bienestar es costosa, y de las libertades positivas, también, en el mismo sentido. ¿Pero por qué no avanzamos cuando se trata de libertades meramente negativas como no interferir en el ámbito de lo privado, cuyo coste económico es cero?


Se diría que hay algo mucho más difícil que acumular ingresos y mejorar la Hacienda pública. Los prejuicios son mucho más difíciles de erradicar que la pobreza y la miseria. Ellos son los que se enredan en el discurso racional y lo vuelven turbio y "racionalizante", más que razonador y razonable.
"Racionalizar", que no razonar, es tener de antemano la conclusión y simular la deducción lógica. Si yo no deseo que los seres humanos desobedezcan a un dios autoritario que posee la llave de la vida, haré todo tipo de filigranas para llegar a la conclusión de la que eutanasia activa es mala o el suicidio reprobable y los que ayudan al suicida, pequeños asesinos.

Se puede comenzar por "no podemos renunciar a los derechos inalienables", "es así que la vida es un derecho inalienable", para concluir: "luego no podemos renunciar a la vida sin justificar de ningún modo las dos primeras premisas, ya que de hacerlo tendríamos que poner de relieve que estamos partiendo de presupuestos teológicos, no filosóficos, y que valoramos por encima de todo los mandatos de un dios celoso de nuestras libertades". Otro modelo de racionalización es el siguiente, decididamente seudoutilitarista: 1. "No podemos llevar a cabo acciones que lesionen gravemente a los demás". 
2. "Es así que si nos quitamos la vida lesionamos gravemente a los demás". 3. "Nuestra vida no puede ser suprimida ni por nosotros ni por las personas que elijamos para ayudamos a morir". Pero todo esto es insostenible como veremos más adelante al tratar del utilitarismo.

Foto cedida hace 10 horas.
Algunos se escandalizaron cuando el neopositivismo un tanto rudo decía, en la primera parte del siglo que termina, que en filosofía moral no nos quedaba hacer más que el análisis, limpiar la casa de polvo y arrancar las malas hierbas del jardín. Es verdad que restringieron tales filósofos neopositivistas excesivamente el ámbito de la filosofía, que también puede, y debe, plantar flores y arbustos donde sea posible. Pero es imposible negarles su benéfica función en un mundo confundido por los "sonidos", dominado por las palabras hueras que parecen inofensivas y nos atan con cadenas en cuestiones de vida y muerte.

Hace muy poco en este país no podíamos disponer de nuestro sexo: desde el inofensivo condón a la píldora más sofisticada fueron incluidos en la categoría de instrumentos diabólicos para la práctica del placer. No eran posibles las relaciones fuera del matrimonio católico, se penalizaba el uso de anticonceptivos, el divorcio era imposible, el aborto, cuestión de juzgado y cárcel.

Afortunadamente, la vida es más fuerte que el prejuicio, y la Iglesia tuvo que recurrir a artificios como la "paternidad responsable" o la "nulidad" del matrimonio, para retener a sus ovejas en el redil, al tiempo que las autoridades civiles tenían que ceder en una sociedad en una buena medida ya no confesional que reclamaba cotas de libertad.

La eutanasia y el suicidio asistido, sin embargo, no prosperaron todo lo que debieran en el Código Penal de la democracia. Los demonios del prejuicio tuvieron que dejar flecos que deberían haber sido rasurados. Tal vez porque las víctimas a las que se dejaba desatendidas eran las más débiles, las voces más inaudibles, las demandas más desoladoras. Todas las racionalizaciones de los bioéticos tradicionales sacudieron en el rostro de los que pedían morir, incrementando el dolor de los enfermos terminales, de los tetrapléjicos, de las víctimas de procesos degenerativos, etcétera.

Un Código Penal no confesional debería haber estado más atento a los vestigios de antiguas creencias no cuestionadas. ¿No fue el propio santo Tomás Moro el que aconsejó a los enfermos que permitiesen que les ayudase a morir? Era un hombre santo. Y su defensa de la eutanasia está escrita en su celebérrima obra Utopía, no escondida en una sacristía o revuelta entre papeles desechables.
Si la Iglesia le "consintió" al santo la piadosa consideración de los moribundos, ¿por qué no nos permiten ahora, a través de tantos tentáculos, escoger nuestra muerte y nuestra vida?
Lo malo de la Iglesia moderna es que ya no sólo escribe los catecismos, sino los libros de ética, de bioética, los códigos deontológicos y los códigos penales. Sus prejuicios vestidos con bata blanca o toga negra nos alcanzan a todos.

¿Qué razón moral podría haber para, no renunciar a una vida que ya no encuentro deseable?
Si somos mínimamente honestos y ponemos entre paréntesis nuestras creencias presentes, no sometidas al escrutinio del razonamiento, y las de nuestros antepasados, comprenderemos que el que elige morir no causa molestia alguna, o de muy pequeña consideración, a la sociedad, mientras que, por el contrario, cede el derecho a que su salud sea cuidada en beneficio de otro que pueda disfrutar más de la vida.

Desde el punto de vista de la ética utilitarista, tan incomprendida como desconocida en nuestro país, el ser humano es dueño de su vida, y su libertad para disponer de ella posee una "utilidad" tal que rebasa con mucho a las "desutilidades" que pudieran generar supuestamente a terceros.
Aunque un buen utilitarista no tiene por qué ser necesariamente antikantiano, sí es preciso decir, en este país sobreabundante en teólogos y metafísicos, que Kant no llevó a cabo la crítica de la razón práctica incondicionada, sino que realizó con destreza racionalizaciones que le condujeron a condenar el suicidio y recomendar la pena de muerte.

Fue Kant, uno de los más grandes filósofos, una víctima más del prejuicio. Pero el tiempo transcurrido entre Kant y nosotros no debe haber sido en balde. "Una vida con pena no vale la pena", dejó escrito Ferrater Mora, un hombre libre de nuestro tiempo.

Después de los terremotos los afectados golpean a los sismógrafos, Jünger y Nietzsche.


Tras la muerte de Dios: Nihilismo, secularización y crisis
Jünger, escritor alemán, decía que después de los terremotos los afectados  golpean a los sismógrafos. Algo así ha sucedido con Nietzsche, acusado por muchos de ser el responsable del nihilismo y de la secularización occidental.
Fueron los teólogos de la “muerte de Dios” quienes proclamaron que el auténtico nihilismo se encontraba ya en el Evangelio y que el cristianismo no había extraído todavía todas las consecuencias de la doctrina de la encarnación interpretada a través de la categoría de kénosis: la “muerte de Dios” implica la transformación de la fe en amor. Además de ellos, Gogarten y Metz teorizaron ampliamente la secularización. Según Gogarten, ésta tiene su origen en la esencia de la fe cristiana y es una legítima consecuencia de ella, pues representa un proceso de autonomización del hombre frente al mundo y de responsabilización por el mundo que se ha iniciado con ella. Metz presenta una valoración positiva del proceso de secularización, pero, a diferencia de Gogarten, prefiere utilizar el término “mundanización”, que expresa el aspecto filosófico-cultural de un proceso histórico cuya vertiente político-social se expresa con el término “secularización”, el cual indica no sólo el proceso de emancipación del mundo moderno respecto de la tutela del cristianismo y de la Iglesia, sino también la aportación hecha por el cristianismo a la formación del mundo moderno y la permanencia de impulsos cristianos en la sociedad moderna.

Inspirándose en estas ideas y en el pensamiento nietzscheano, Vattimo, uno de los más conocidos defensores de la posmodernidad, interpreta los procesos modernos de secularización como condición de posibilidad para un retorno de lo religioso. El cristianismo representa para él una llamada a abandonar las estructuras fuertes del pensamiento en favor de los principios débiles: con el cristianismo se inicia el movimiento de debilitación de la verdad, es decir, pierden fuerza los principios fuertes garantes de toda verdad y certeza teórica y práctica. De este modo, Vattimo considera que su ontología “débil” es capaz de debilitar también las razones metafísicas fuertes del ateísmo y del rechazo racional a la religión, poniendo las bases para un retorno de la religión capaz de disolver la tiranía de la razón y de tomar en serio la categoría de creencia en nuestras tradiciones. Para Vattimo el cristianismo no trata de otra cosa que de operar en la filosofía la disminución de la violencia, guiada por el espíritu de la caridad. Por ello, para él nuestra cultura no tendría sentido sin el cristianismo. El cristianismo no aspira ni ostenta una verdad entendida como conformidad con algo objetivo exterior al consenso coherente humano, sino que propone una interpretación de nuestra existencia intersubjetiva basada en la caridad, prescinciendo de cualquier fundamentación metafísica.

La difusión y acogida de estas ideas en el ámbito intelectual, ha convertido a Nietzsche, a su pesar, en un símbolo de la posmodernidad. Sin embargo, el pensamiento de Nietzsche está más allá de cualquier apropiación, es mucho más rico en matices y podría servirnos para articular ideas modernas y posmodernas. Frente a quienes consideran que “el nihilismo de Nietzsche ha hecho más daño al hombre que Marx”, el desafío es leer (de nuevo) a Nietzsche. Él marca la transición de lo moderno a lo posmoderno, situándose entre aquellas posiciones racionalistas, procedentes de la Ilustración, que se apoyan en una fundamentación metafísica, y aquellas posiciones posmodernas, que prescinden de cualquier fundamentación metafísica. Nietzsche no es simplemente un “posmoderno”, si por posmoderno entendemos sólo una forma de pensar que rompe con las categorías modernas, según las cuales los seres humanos deben ser capaces de usar la razón para elegir sus cursos de acción y ser responsables. Precisamente la contribución de Nietzsche consiste en reinterpretar esas categorías, consciente de surgen en un mundo contingente e histórico.
Parece que, como pensaba Jünger, la crisis de la civilización no es más que el inevitable tránsito de una situación histórica a otra nueva, que se produce cuando la realidad es transformada por la técnica, sin que las ideas, las personas y las instituciones se adecuen con la misma rapidez, lo cual nos conduce a ese proceso de “desvanecimiento de los valores”, llamado “nihilismo”. Nietzsche sólo fue el sismógrafo: teorizó la crisis de valores de finales del siglo XIX y principios del XX y previó las consecuencias que efectivamente ha desencadenado esa crisis y que hoy nos urgen a reinterpretar la fe cristiana en el contexto de la secularidad buscando formas renovadas para transmitir su sentido. Quizá el último valuarte de resistencia posible sea la defensa de aquellos espacios de la interioridad individual que nos permitan recorrer hacia atrás las etapas que Comte había asignado al desarrollo del saber humano: de la ciencia a la metafísica hasta recuperar la religión y el mito, con sus potentes imágenes.

Podemos está más cerca de ser una secta destructiva con ánimo de lucro que de un partido político.


Una secta es el conjunto de seguidores de una doctrina religiosa o ideológica concreta. En España hay, aproximadamente, unas 200 sectas destructivas que afectan a más de 500.000  personas con la mente embebida y que, poco o nada, se puede hacer para incorporarles a la vida, a la humanidad con valores. Pero como que en España somos Quijotes por derecho universal, hace 3/4 años  nace un grupo de vividores por cuenta ajena con denominación Estalinista/bolivariana de cuyo nombre tendríamos que olvidarnos, pero se apodan PODEMOS. A primeros de año y por encargo de un grupo de padres al  Taller de Análisis Psicológico y Criminológico de Sectas Destructivas, estos emitieron un informe que más o menos decía que sus hijos estaban infectado por el gusanillo de la ignorancia e incluso estaban siendo utilizados poco menos que lo hacen los yihadistas con su tropa de asesinos a sueldo.

Como todos los malhechores, un día deciden “meterse a político” –como que hay pocos- cada elección que pasa van a menos hasta que pronto desaparecerán fruto de su indominio mental  –con mucho dinero-
Es de interés nacional hacer constar, por ejemplo el programa político que presentan para las elecciones del 20D.


Podemos en sus principios hacia una crítica feroz a la situación política y, vendiéndola de forma muy astuta pero bizantina, así ganó miles y miles de adeptos. Se adueñó de la indignación ciudadana y, sin tener aún un programa económico, se colocó ya en una posición destacada en intención de voto. Llegó finalmente el programa y, en mi opinión, no es otra cosa que una forma de ir de la indignación a una falta de realismo potencialmente peligrosa en muchas de sus líneas maestras. Seamos honestos, objetivamente este es el recetario de la que hasta hace poco era, a mucha distancia de las dos primeras, la tercera fuerza política de España, también de izquierdas. Con caras nuevas que intentan conseguir que un importante número de ciudadanos que nunca hubiera votado a este partido con otras siglas, lo haga ahora bajo las suyas.

Como he dicho anteriormente escribir sobre el programa económico de Podemos es una obligación por el apoyo que este partido ha recibido y que merece un respeto. Pero también por las implicaciones negativas que tendría para la economía española. Considero ese plan económico contradictorio, falto de rigor y poco realista. Me surge la duda de si al escribir sobre él contribuyo, aunque sea marginal y modestamente, a aumentar esa especie de mercadotecnia de la indignación. Parece lógico reconocer que muchos españoles no tienen una referencia ilusionante y antes que elegir entre alternativas que no le satisfacen, prefieren probar algo nuevo. El problema es que no hay nada novedoso aquí. La corrupción y la desigualdad provocan estupefacción, pero esto no justifica tomar el camino más corto. A ciegas. Es verdad que los programas de los partidos políticos al uso pueden ser criticados también en su origen o en su grado de cumplimiento pero al menos es preciso ceñirse a las bandas de confianza del realismo.


No sería justo censurar el programa económico de Podemos por ser poco elaborado en muchas de las propuestas. El problema es que los enunciados ya, de por sí, presentan graves problemas. Es como plantear un modelo sueco pero sólo con los derechos, sin obligaciones. Sin conexión con el mundo exterior. Hace muchos años que se sabe que la banca pública no es útil ni eficiente y que el crédito tiene una gran parte de obligación y no se puede hablar solamente de un derecho. Y, como curva de aprendizaje para el futuro, no parece oportuno hacer quitas a la deuda privada en un país rico en el que ésta ha ido disminuyendo en los últimos años. Se está corrigiendo el apalancamiento con esfuerzo privado. Con un coste de oportunidad, claro, pero dentro de lo posible. Las consecuencias de una quita serían imprevisibles. Más aún si fuera, como también se propone, sobre la deuda pública. En este punto, querer deshacer la reforma del artículo 135 de la Constitución, como proponen otros ahora, es también muy peligroso de consecuencias.

Sería dichoso si un partido argumentara con la crudeza suficiente que el Estado del Bienestar no es gratis y que muchos derechos son programáticos, algo a lo que aspirar y a lo que orientar políticas… pero siempre bajo los incentivos adecuados. Que se reconociera que si se devolviera todo el dinero de los rescates a la banca y lo hurtado por la corrupción se harían muchas cosas… pero los problemas de fondo seguirían ahí y mucho me temo que seguirán.


Nunca,  el estado del bienestar, ha estado financiado en lo suficiente.  como sugiere el programa de Podemos. Está subvalorado por los que piensan que es un derecho que surge de la nada y es imprevisible. En los países escandinavos tienen muy claro lo que cuesta y no creen que se sostenga poniendo más impuestos a los ricos. Estos países saben que se puede jugar a un Robin Hood de ida… pero nunca de vuelta. Son otro mundo distinto al nuestro y ¡ojo¡ no regalan nada al necesitado.