Juan Pardo Navarro

Pedro Sánchez ha respondido a la lógica y a su fatal atracción por el riesgo: ha convocado elecciones para el próximo 29 de noviembre a pesar de que los sondeos, también los que maneja Moncloa, dan a la derecha como probable ganadora.

El presidente es hombre acostumbrado a vivir en tensión. La derrota en el Congreso de los dos decretos sobre vivienda la semana pasada le dejó sin margen de maniobra. Contaba con el "sí" de Junts para alargar la legislatura, pero Puigdemont, que ya prepara las maletas para volver a España, no está dispuesto a que los catalanes le vean como el salvador de Sánchez.

No hubo, por tanto, jugada maquiavélica, sino simplemente una derrota parlamentaria no esperada. A cambio –hacer de la necesidad virtud es uno de sus lemas favoritos– el presidente se encontró con la calle movilizada por un problema como la vivienda, en el que la demagogia prende con facilidad. Óscar Puente lo resumió con su magistral simpleza: las elecciones se deciden entre la V de vivienda y la B de buitre.