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Oriol Junqueras: "Ayudar a Artur Más -Dona 2 Euros + IVA y pásalo"-es ayudar a España, no solo a la República de Cataluña. "


Oriol Junqueras, Vicepresidente de la Generalitat y compañero de ese tal "Rufián", acusa al Gobierno de España de actuar odiosamente contra la Gobierno de Puigdemont. 

Sin muchos argumentos dice que cuando todo el mundo apoya el referendo, Rajoy y pocos más oscurecen con violencia la legalidad internacional. 

Rugiendo en la Asamblea Nacional Catalana (ANC)  ha dicho que Rajoy está tentando la discordancia con intentos de que el Parlamento catalán esté siempre en fuera de juego. Me parece excepcional en una democracia europea. Quien está presionando contra Ley, solo es el Gobierno de otro País con el que solo limitamos geográficamente.  

Nosotros organizaremos un referéndum, pero apelando al derecho internacional que reconoce el derecho a la autodeterminación de los pueblos y naciones. Un derecho que el Gobierno español ignora al pasar por alto que ha suscrito determinados tratados internacionales”.

El vicepresidente ha pedido a políticos y a la sociedad catalana “no dejarse intimidar por las amenazas” y ha expresado su rechazo al hecho de que el Tribunal de Cuentas haya decidido contemplar la posibilidad de que los condenados por la consulta ilegal del 9N -el expresidente Artur Mas y tres exconsejeros de su gobierno- tengan que pagar de su bolsillo el coste de la consulta.

“¿De veras se creen que el precio de votar son los 5 millones de euros que costó la consulta, y creen de verdad que con esto nos van a intimidar?, ha dicho, antes de pedir “2 euros” a cada catalán que votó el 9N para pagar la sanción de forma solidaria.

Además, Jordi Turull voceador real de la Generalitat acusa al Gobierno de echar “leña al fuego”, pero ha asegurado que la reivindicación del referéndum separatista ilegal es un “tsunami democrático” y a la mar no se le pueden poner puertas”.

En cuanto al expediente de responsabilidad que con premeditación y alevosía bastantea el Tribunal de Cuentas(TC) manifieste: “Si se piensan que por 5 millones, que toca menos de un euro por catalán, frenaremos la independencia, es para echarse a llorar”.

Rafael Catalá, Ministro de Justicia, se ha impresionado al ver que el Gobierno de Puigdemont y muchos más dan por hecho que todos los catalanes estarían dispuestos a pagar una hipotética multa al expresidente Artur Mas por organizar el 9N.... 


Juan Pardo.

juanpardo15@gmail.com

https://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/




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Dona dos euros, Rafael Catalá, Ministro de Justicia, leña al fuego, Gobierno de Puigdemont, Gobierno de Puigdemont, Rufián, La Alfoquía, Zurgena, Oriol Junqueras, Vicepresidente de la Generalitat

El sin sentido de gobernar a base de decretazos, barrunta grito de guerra.

Cuando un Gobierno necesita hacer reforma tras reforma para mantener su posición dominante y, hasta la fecha, todas empeoran el anterior estado del ciudadano, solo quedan dos hipótesis o han perdido el oremus o van a necesitar de escudos y garrotes judiciales para mantener su estatus.
El Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, torpe como una mula, radical de derechas al servicio de la izquierda y científico de la corrupción; un día y sin que sirva de precedente tuvo una magistral  idea que en poco o nada beneficia al pueblo, solo a empresarios y banqueros que, en definitiva son los amos y señores de España. La bananera idea consistía en enemistar a jueces/fiscales conservadores con sus homónimos progresistas. Lo de bananera, sencillamente, obedece a que esta ingrata idea ya la pusieron en marcha, Chávez, Cristina KK, Lula, etc.
¿Qué fin persigue el Gobierno? Desestabilizar los razonamientos jurídicos –de  tribunal en tribunal- para que todos los decretazos, sin sentido, queden libres de cargas y gravámenes. No se puede gobernar en democracia con posiciones dictatoriales.
Todos recordamos cuando en período electoral, Rajoy,  dijo: "No daré nunca dinero público para ayudar a los bancos". Poco después de ganar las elecciones, tuvo que recurrir al rescate bancario europeo que ya ha dado 81.000 millones de euros a las entidades y una cifra incalculable en avales sin viabilidad, o sea, por RDL.  Así como la  Ley de "estabilidad presupuestaria", la figura de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal,  la reforma laboral,  la subida generalizada de impuestos con bajada de sueldos,  el recargo temporal de solidaridad en el IRPF, la reforma de las pensiones,  etc, etc. Medidas o reformas que si las hubiese plasmado en su programa electoral con obligatorio cumplimento, sin lugar a dudas, no hubiese obtenido mayoría absoluta.  
Todas las barbaridades que, a la ligera, he relatado solo tendrían un incombustible valor sentimental si no fuese porque en menos de tres meses, el Gobierno, se ha propuesto poner patas arriba la Constitución, para mí, sin posibilidades de éxito ya que, también, habría que modificar los 17 estatutos de autonomía. O lo que es lo mismo, poner de acuerdo, o llegar a un consenso con PSOE, IU, PNV, CiU, ER, CC y qué se yo.

En definitiva, Rajoy y sus lacayos están emulando al Virrey Arturo de Cataluña y sus vasallos. Aquí, hoy, en España  lo importante no es gobernar, sino ganar elecciones, aunque sea a punta de pistola. 

Ministro y herodes de la Justicia.

Dijo el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón  que “Gobernar, casi siempre, es repartir dolor”, parece haber mudado de talante desde que cambió los faraónicos salones de Cibeles por las oscuras dependencias del decimonónico palacio de Sonora, sede del Ministerio de Justicia, oscuro y destartalado caserón neoescurialense, encajonado en una estrecha encrucijada de lo que un día se llamara Calle Ancha de San Bernardo. Enfrentado a jueces, abogados, fiscales y usuarios de la Justicia, Ruiz Gallardón reparte dolor y denuestos entre sus administrados. “Enemigo público número uno de la Administración de Justicia” le llamó el juez decano de Cáceres sumándose a la oleada de descalificaciones de los suyos. El ministro ha conseguido el milagro de poner de acuerdo en el desacuerdo a todas las asociaciones profesionales de la Magistratura, consuetudinariamente enfrentadas y, en un acto de soberbia, que es su pecado capital, y de supremo desdén, ha negado incluso las justas motivaciones de los colectivos justicieros para sus protestas. No protestan por las tasas, ni por los despidos de interinos, ni por la privatización, solo se quejan porque les hemos quitado la paga, ha dicho, corporativismo puro,  duro maduro.
 Noviciado este conocido barrio madrileñpo,  en el que se encuentra la sede ministerial, anduvo la Inquisición. La cercana calle de la Cruz Verde da fe de los “autillos” que allí se resolvían quedando el quemadero de los réprobos algo más arriba, en la glorieta de San Bernardo. ¿Ha sido Alberto Ruiz Gallardón abducido por los fantasmas del Santo Oficio?, ¿Qué ha quedado de aquél “progre” del PP que suscitaba las iras de la caverna del partido? ¿Existió alguna vez ese contradictorio personaje o solo fue un disfraz de circunstancias? Sin máscara y enfrentado a los retos de su nuevo ministerio Gallardón volvió por donde solía. Su toma de postura ante la ley del Aborto sonó como el pistoletazo de salida de una nueva etapa del viejo Alberto. Recuerdo aún como se reían los que se jactaban de conocerle cuando, en los debates y en los editoriales, en las tertulias y en los mentideros, se hablaba del Gallardón progresista, del tapado de la izquierda encastrado en la derecha. Durante su alcaldato se diluía la carga ideológica, las obras públicas, los grandes proyectos y las operaciones de imagen quitaban plomo a sus ideas cavernícolas. Mientras unos hablaban de su adscripción al Opus Dei y de sus simpatías “legionarias” y cristianas, otros le situaban como taimado maestro de la masonería dispuesto a dinamitar desde dentro el proyecto de la derecha.
Muy lindpo fue el espejismo, entre despilfarro y deuda, el alcalde Gallardón protegió la cultura y las artes, sumidas en el chabacano casticismo y la espesa caspa de su predecesor Alvarez del Manzano. Sin romperse, sin mancharse y sin pronunciarse cultivó el alcalde su imagen más culta y moderada para los escaparates y se construyó una pirámide en Cibeles a la medida de su ego insuperable. Hubo quien vio en su ascenso al gabinete ministerial un castigo, una patada hacia arriba, una sutil venganza destinada a desprestigiarle y desgastarle en una labor titánica e imposible, una manera de hacerle justicia, de ajusticiarle. Frente a una Magistratura. mayoritariamente conservadora y con querencias opusdeistas, Gallardón podía ofrecer una imagen de consenso y entendimiento. Otro espejismo. Enclaustrado en su camaranchón de San Bernardo, Gallardón furioso reparte dolor, saja y mutila, recorta y desafía. ¿Pueden los jueces hacer huelga? Volvamos a la paradoja, sobre tan delicada cuestión existe un “vacío legal”. ¿Quién legisla a los que nos legislan? ¿Entran los jueces en la ilegalidad cuando se manifiestan y paran?
Posiblemente, Gallardón sueñe entre sus pesadillas con sus salones de Cibeles, con su mayordomo que ahora sirve café, se supone que descafeinado con la que está cayendo, a la alcaldesa, con su despacho con vistas, mas grande y más lujoso que el despacho oval de Washington, como corroboraba recientemente una revista alemana. En el Palacio de Cibeles puede visitarse estos días un magnífico Belén napolitano del siglo XVIII. Mientras, Gallardón se consume en el Palacio de Herodes dispuesto a celebrar su fiesta tradicional: La Degollación de los Santos Inocentes que tanta risa suscita a extraños.  Pero ¿qué risa?