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El amor se inventó en Praga, siglo XII. La pasión lo exportó al mundo. La carne, el sexo y el sentimiento,


El amor se inventó en Praga, siglo XII. Es un deseo de disfrutar con pasión los abrazos furtivos y secretos….

El amor, tal como lo entendemos hoy, se inventó en el siglo XII, fue una invención de los trovadores, de los poetas líricos que componían sus obras en la lengua occitana y proponían un arte de amar, el amor cortés, que se convirtió durante ese y el siguiente siglo “en un sistema coherente, aunque dotado de múltiples variaciones”.
 
El símbolo del a República Checa vuelve a funcionar

La carne, el sexo y el sentimiento, un ensayo del profesor de la Universidad de Limoges Jean Verdon. El amor, según el autor, comienza a mostrarse desde esas fechas como un todo, carnal y espiritual, sexual y emocional. Y el amor por aquel entonces, según el autor, nunca o casi nunca se daba en el matrimonio: “No puede existir al amor entre esposos. 

reloj astronomico de praga

Un mecanismo fascinante

El amor cortés es extramatrimonial”, escribe Verdon al comentar el De arte honeste amandi de Andreas Capellanus. “¿Qué es el amor sino un deseo de disfrutar con pasión los abrazos furtivos y secretos?”, dice uno de los personajes del libro de Capellanus. Escrito está en latín, en prosa, y publicado hacia 1180, es un clásico del género amoroso, con una curiosa vuelta de tuerca final: el autor, que era clérigo, aconseja… la abstinencia

 

Todos, sin exclusión, deseamos amar y ser amados. Pero, ¿Por qué se termina el amor?


De Cristina Ortiz de Mendizábal, para Plataforma española en defensa del PP que, también, es amor. 

¿Por qué. hoy te quiero y mañana te odio? ¿Qué os mantiene unidos? ¿Qué pasaría si tu relación se acabara? ¿Cómo la responsabiliza de su felicidad? ¿Qué gana cuando le hace daño a su pareja? ¿Cómo le demuestra que la acepta como es? ¿Qué podría hacer para mejorar la relación?

Todos deseamos amar y ser amados. No es casualidad que el 80% de los matrimonios estables, aquellos que recuerdan que solo el amor les unió, son votantes incondicionales del Partido Popular. ¿Por qué? Sencillamente, porque ya en cuna mamaban principios que supieron elevarlos a moralidad, moralidad honesta, íntegra, justa, irreprochable, leal,... Sin embargo, otras relaciones que, en principio,  afectivas terminan convirtiéndose en sinónimo de rutina, conflicto y sufrimiento. ¿Qué puede mamar un niño acunados por padres socialistas, podemitas, naranjitos? Si están todo el día pactando como hacer daño al bien. Por la noche se acuestan - a veces- juntos para joder, pero para joder al PP y por ende a los españoles, incluidos esos niños que acunan.  A pesar de nuestras buenas intenciones, muy pocas parejas logran mantener encendida la llama del amor con el paso del tiempo, salvo aquellas que siempre recuerdan que les unió el amor. 

Por qué son tan complicadas las relaciones? ¿Por qué provocan tanto dolor y sufrimiento? ¿Por qué se termina el amor? Por muy duro que pueda parecer, cada vez más expertos afirman que todo esto sucede porque, en primer lugar, "el amor nunca existió". Así lo piensa y lo escribe la reconocida terapeuta Louise L. Hay, autora de Usted puede sanar su vida y El poder está dentro de ti. "Si bien al principio lo confundimos con el enamoramiento, más adelante volvemos a equivocarnos, creyendo que el amor es el sentimiento amoroso", afirma.

"Muchas personas dejan de amar a sus parejas porque ya no tienen sentimientos de amor hacia ellas", apunta Hay. "Es un enfoque reactivo de víctima. Más que nada porque los sentimientos surgen como consecuencia de nuestras actitudes y comportamientos amorosos. Para amar de verdad debemos asumir la responsabilidad de crear este tipo de conductas, desarrollando nuestra proactividad al servicio de la relación".

"Amamos cuando experimentamos plenitud propia y nos convertimos en cómplices del bienestar del otro"

"amar de verdad implica asumir la responsabilidad de crear conductas que estén al servicio de la relación"

"Yo soy yo, tú eres tú. Si coincidimos será maravilloso. Si no, no hay nada que hacer"

No importa la edad, ni nuestro currÍculo afectivo. Nadie quiere renunciar a amar y ser amado

El quid de la cuestión radica en que "es imposible amar a los demás si no nos amamos a nosotros mismos primero", sostiene Hay. Esto es precisamente lo que descubrió Sergio Piera tras romperse su relación. "Debido a nuestra falta de autoestima, buscamos en nuestro compañero sentimental el cariño, el aprecio, el reconocimiento y el apoyo que no nos damos a nosotros mismos", señala Hay.

Pero, ¿qué es, entonces, la autoestima? Etimológicamente, se trata de una sustantivo formado por el prefijo griego autos -que significa 'por sí mismo'- y la palabra latina aestima -del verbo aestimare, que quiere decir 'evaluar, valorar, tasar'... Así, la autoestima se define como "la manera en la que nos valoramos a nosotros mismos". Y no se trata de sobre- o subestimarnos, sino de vernos y aceptarnos tal como somos. Este es el viaje que propone el autoconocimiento y el desarrollo personal, dos procesos cada vez más integrados y demandados en nuestra sociedad.

Tal como escribió el filósofo John Gray, "los hombres son de Marte, y las mujeres, de Venus". Y es que a pesar de formar parte de la misma especie, somos diferentes biológica, física y psicológicamente. "La posibilidad de unirnos, e incluso fusionarnos emocional y sexualmente, pasa por comprender y aprovechar esta diferencia para poder así complementarnos como pareja", explica el experto en psicobiología, David Deida, autor de El camino del hombre superior y En íntima comunión.

Después de una década dirigiendo proyectos de investigación en la Universidad de California, Deida ha concluido que "una de las claves para que las relaciones perduren es mantener encendida la pasión sexual. Para que la atracción y el deseo no se desvanezcan es necesario que uno de los dos amantes encarne y potencie el rol masculino (vigorosidad, fuerza e iniciativa) y el otro el femenino, en el que destaca la afectividad, la empatía y la receptividad". Según Deida, existen dos tipos de esencias sexuales: la masculina y la femenina, que no necesariamente se corresponden con el hombre y la mujer, sino con el rol que desempeñan en la pareja. "A la esencia sexual masculina le mueve buscar la libertad a toda costa, invierte mucho tiempo y energía en conseguir diferentes metas y objetivos. Es la encargada de dar seguridad y dirección a la relación. La prioridad de la esencia sexual femenina es la búsqueda de amor, cariño y complicidad en su mundo de relaciones afectivas, encabezadas por la que mantienen con su pareja".

En opinión de Deida, "en la medida en que los amantes se polarizan, conociendo y respetando sus diferencias, la atracción, el deseo y la pasión sexual no sólo crecen, sino que se vuelven sostenibles con los años". Para lograrlo, "la esencia sexual masculina debe trascender su obsesión por la libertad, dedicando más tiempo y energía para cuidar su vínculo afectivo". Por su parte, "la esencia sexual femenina ha de vencer su anhelo de ser amada, aprendiendo a ser más autónoma e independiente emocionalmente y dejando espacios para no ahogar a su pareja". Tal como ha descubierto Eulalia Casas, "cuanta más libertad goza la relación, más posibilidades existen de que florezca el verdadero amor", concluye Deida.

No puedo vivir contigo ni sin ti". Este es el estribillo de una conocida canción del grupo de rock U2, tocada en directo por primera vez el 4 de abril de 1987. Dos décadas más tarde, la prestigiosa revista Rolling Stone la consideró una de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. A día de hoy se ha convertido en un canto universal sobre nuestra incapacidad para estar en pareja. Por más que nos esforcemos, nos cuesta mucho vivir con la persona que amamos. Y por más que lo intentemos, tampoco soportamos hacerlo sin ella. Nos guste o no, solemos quedar atrapados por esta disyuntiva. Eso sí, a pesar del dolor y del sufrimiento que experimentamos cuando terminan nuestras relaciones sentimentales, jamás nos damos por vencidos. No importa la edad que tengamos. Ni siquiera nuestro currículo afectivo. Al igual que Miguel Elipe, ninguno de nosotros quiere renunciar a amar y ser amado.

Muchos afirman que el amor es algo que no puede buscarse, sino que termina por aparecer en nuestra vida. Sin embargo, es tal la necesidad de compartir nuestra existencia con alguien, que en los últimos años están proliferando las agencias matrimoniales y los centros de relaciones personales. Cupidos profesionales que cuentan con más clientes cada vez debido a la falta de tiempo y dedicación para crear nuevas relaciones afectivas.

Entre otros centros especializados, Alter Ego cuenta actualmente con 10.000 clientes, de edades comprendidas entre los 25 y los 80 años. Eva Sellés, una de sus psicólogas, desmonta la creencia de que "los polos opuestos se atraen". Para que una pareja funcione, "las dos personas han de contar con principios y valores comunes, así como inquietudes, gustos y hobbies parecidos". Eso sí, "dentro de esta compatibilidad emocional hay lugar de sobra para la diferencia, que es lo que permite que los dos se complementen".

Este tipo de agencias elaboran un perfil psicológico de los interesados y a partir de ahí hacen una selección de candidatos que podrían funcionar como pareja; se les proporciona un número de teléfono y ya pueden establecer la primera cita. Sellés asegura que "sólo se necesitan unos minutos para que las dos partes corroboren si existe una cierta química emocional, física y sexual. Esto es algo que un ordenador jamás podrá determinar".

La experiencia de Isabel Lerin y Tomás Suc demuestra que el verdadero amor se sustenta bajo tres pilares: en primer lugar, la responsabilidad personal, que consiste en que cada amante se haga cargo de sí mismo psicológicamente. En segundo lugar, la interdependencia. Una vez conquistada la autonomía e independencia emocional, el aprendizaje radica en construir una convivencia constructiva, honesta y respetuosa. Y por último, valorar y disfrutar de la persona con la que compartimos nuestra vida tal como es.

Esto es, precisamente, lo que escribió el médico neuropsiquiatra y psicoanalista Fritz Perls, creador, junto con su esposa, Laura Perls, de la terapia Gestalt: "Yo soy yo, tú eres tú. Yo no vine a este mundo para vivir de acuerdo a tus expectativas. Tú no viniste a este mundo para vivir de acuerdo con mis expectativas. Yo hago mi vida, tú haces la tuya. Si coincidimos, será maravilloso. Si no, no hay nada que hacer".

Si hoy por hoy nuestras relaciones están marcadas por la rutina, el conflicto y el sufrimiento es porque nadie nos ha enseñado a amar. Pero como cualquier otro arte, se aprende a base de practicar y cometer errores. Y si no que se lo pregunten a Isabel y a Tomás. Ellos han descubierto que el amor es como la semilla de una flor. Para que brote, exhale su aroma y ofrezca sus frutos a la vida requiere cuidados diarios. Al igual que la flor, el amor necesita ser regado con agua, nutrirse de varias horas de sol y ser mimado con dosis de ternura y cariño cada día. El reto de cada pareja consiste en convertir esta metáfora en una realidad, explorando en cada caso cuál es la mejor forma de conseguirlo. Nunca hemos de olvidar que, tarde o temprano, cosecharemos lo que hayamos sembrado.

El amor es una palabra muy maltratada por la sociedad. Tanto es así, que en un primer momento suele confundirse con el enamoramiento. En opinión del psicólogo clínico Walter Riso, experto en relaciones de pareja, "el enamoramiento es un estado de atracción y pasión que suele durar entre seis meses y dos años, estrechamente relacionado con nuestra necesidad biológica de procreación". Dicho de otra manera: es la trampa en la que caemos cuando vivimos condicionados por nuestro instinto de supervivencia. Durante este periodo "nos obsesionamos con la persona amada, queriendo estar a su lado todo el tiempo y a cualquier precio. Es como un hechizo fisiológico que nos nubla la razón, volviéndonos adictos al objeto de nuestro deseo". A nivel psicológico, "el enamoramiento nos lleva a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada sobre nuestra pareja". Tal y como le sucedía a Paquita Gomero, "estamos tan cegados por el intenso torbellino emocional que sentimos en nuestro corazón, que no vemos al otro tal como es, sino como nos gustaría que fuese", reconoce Riso.

Y en base a esta visión deformada, "muchas personas se comprometen, se casan o toman otro tipo de importantes decisiones que son determinantes para su futuro afectivo", sostiene Riso, autor de ¿Amar o depender?, Amores altamente peligrosos y Los límites del amor. Una vez se desvanecen los efectos del enamoramiento, los amantes empiezan a verse tal y como realmente son. "Y es entonces cuando comienza la verdadera relación de pareja, pudiendo cultivar un amor sano, nutritivo y duradero", señala este experto. En este punto del camino es donde se pone de manifiesto el auténtico compromiso de la pareja.

La paradoja inherente a nuestros vínculos afectivos es que todos deseamos ser queridos, pero ¿cuántos amamos realmente? Y es que una cosa es querer, y otra muy distinta, amar. A juicio del psicólogo clínico Walter Riso: "Queremos cuando sentimos un vacío y una carencia que creemos que el otro debe llenar con su amor". En cambio, "amamos cuando experimentamos abundancia y plenitud en nuestro interior, convirtiéndonos en cómplices del bienestar de nuestra pareja".

A menos que cada uno de los dos amantes se responsabilice de ser feliz por sí mismo, la relación puede convertirse en un campo de batalla. De hecho, "muchas parejas terminan encerrando su amor en la cárcel de la dependencia emocional, creyendo erróneamente que el otro es la única fuente de su felicidad", apunta Riso. "Es entonces cuando aparecen en escena el apego (creer que sin el otro no se puede vivir), los celos (tener miedo de perder al compañero sentimental), la posesividad (tratar al otro como si nos perteneciera) y el rencor, que nos lleva a sentir rabia e incluso odio hacia nuestra pareja, creyendo que es la causa de nuestro malestar.

Y por si fuera poco, se sabe que cada conflicto que mantenemos con nuestra pareja deja heridas en nuestra mente y en nuestro corazón. Además, "con el tiempo, nuestro cerebro va tejiendo una red neuronal en la que se archivan todos esos desagradables episodios de violencia psicológica", señala este experto. Esta es la razón por la que a veces, cuando la relación está muy deteriorada, basta un simple comentario para que iniciemos una nueva y desagradable discusión. Lo cierto es que Riso ha trabajado con parejas que, más allá de separarse, han terminado literalmente destruyéndose.

Según los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el año pasado se produjeron en España 123.450 divorcios, separaciones y nulidades, frente a los 131.317 de 2008 y los 141.246 de 2007. "Esta tendencia a la baja no tiene nada que ver con una mejora sustancial de la convivencia", afirma el abogado matrimonialista José García Berzosa. Por lo visto existen otros motivos menos románticos: "La crisis económica ha obligado a las familias a abrocharse el cinturón", añade García Berzosa

Por más que hayan dejado de amarse, muchas parejas no pueden permitirse los 1.200 euros que cuesta un divorcio de mutuo acuerdo. Y ya no digamos pagar un mínimo de 1.800 euros, que es lo que vale llevar los trapos sucios hasta la sala de un juzgado. Aun así, en muchos casos, la grieta emocional entre los dos cónyuges es tan grande, que no dudan en echar mano de sus ahorros -e incluso pedir algún crédito- para que un juez decida cómo resolver su disputa sentimental. Entre otros casos curiosos, García Berzosa recuerda una pareja que se divorció el día después de su viaje de novios y otra que lo hizo siendo ya octogenarios, una semana después de enterrar a su único hijo.

Lo curioso es que una buena parte de estas separaciones se producen en septiembre, justo después de las vacaciones. "Es cierto que la rutina laboral y conyugal devora día tras día cualquier posibilidad de nutrir el amor en la pareja, pero también lo es que esa misma rutina les mantiene ocupados y distraídos"

Por eso, cuando los amantes conviven de forma intensiva durante varias semanas seguidas, "es el momento en el que pueden acabar reconociendo que ya no se soportan más". Es entonces cuando la separación puede convertirse en un proceso alquímico, transformando el amor en odio.

Amaia Salamanca muy decepcionada en el amor.

Amaia Salamanca revela cómo está viviendo el confinamiento
Aunque empezó como modelo publicitaria, la actriz ha conseguido hacerse un hueco en el mundo de la interpretación. Sus enormes ojos azules, sus piernas de infarto y su sonrisa de niña buena, la han convertido en una de las mujeres más deseadas en todos los ránkings de nuestro país. Pero a ella ahora lo que le importa es, además de su trabajo, su familia, por la que asegura que ha cambiado hasta la forma de ver la vida en pareja. Hemos hablado con la actriz sobre belleza, moda y, sobre todo, su faceta como madre de dos hijos.
Presentas la nueva gama de depilación de Braun, ¿cómo cuidas tú tus piernas?
Tanto por trabajo como para sentirte agusto, para hacer deporte que vas con pantalón corto a veces, siempre hay que ir bien depilada. Creo que todas nos sentimos mejor cuando vamos bien depiladas. Además, ahora la nueva depiladora lleva como un cepillo para exfoliar la piel.
Todo lo que no sabes sobre Amaia Salamanca en 7 curiosidades
Vamos que tú no te apuntas a esa moda de dejar crecer el vello...
Para nada, eso se ha puesto de moda y yo lo respeto. Cada una que haga con su cuerpo lo que quiera, pero a mí personalmente no me gusta.
¿Usas cremas reductoras, anticelulitis...?
Sí que me doy mis cremitas anticelulíticas y sobre todo después de la maternidad porque el cuerpo cambia. Doy fe.
¿En qué lo has notado más?
En que las cosas están en distintos sitios. Puedes seguir pesando lo mismo pero todo está en diferentes lugares. Creo que es muy importante hacer ejercicio. Yo siempre he hecho mucho deporte pero después de la maternidad te lo tomás más enserio. Durante el embarazo, que no puedes hacer nada de impacto, yo por ejemplo hacía elíptica, andar, yoga... Ahora que ya me he recuperado y ya han pasado ocho meses desde que di a luz, tengo un entrenador personal que creo que es lo más eficaz, conoce tus límites...
Amaia Salamanca
¿Sigues alguna dieta?
Ahora llevo dos días haciéndome zumos de estos multivitaminas, con pepino, remolacha, jengibre... y por ahora me encanta. Pero la verdad es que a mí me vuelve loca el chocolate y necesito mi leche con chocolate, cereales o galletas a diario. Pero claro, eso no es muy sano y entiendo que a la hora de tener esos caprichos, prefiero hacer más deporte y así las puedo tomar porque me encantan.
¿Hay alguna parte de tu cuerpo que te cuesta más mantener a raya?
El abdomen, sin duda. Después de dar a luz es lo que más sufre. Además, tiene memoria y cuando llegas al segundo embarazo ya sabe que se puede 'expandir' y lo hace con más facilidad, por lo que luego es más difícil volver al estado de antes y no se queda plano del todo.
¿Haces 200 abdominales al día como Elsa Pataky?
¡No tantos! Pero sí que hago abdominales hipopresivos y eso sí que es recomendable hacerlo con un entrenador personal, que te indica cómo hacerlos, cómo usar la respiración...
¿Te dejas aconsejar por tu hermano que es entrenador?
Él es profesor, ha estudiado INEF. Y claro que sí me aconseja y me da algunas pautas. Pero mi entrenador es Álvaro de Jaime Marqués.
Algunas modelos cuentan que a pesar del embarazo, luego se encontraba más tonificada. ¿A ti te pasa?
Para nada. Tienes que hacer deporte para que todo vuelva a su ser y hacer un esfuerzo mayor. Yo reconozco que ese esfuerzo no lo hago a la hora de comer, así que sudo más y ya está. Hago una hora u hora y media, dos o tres veces por semana. No es mucho, pero es lo que puedo hacer.
Están muy de moda los superalimentos, ¿tomas alguno?
Sí, tomo semillas de lino y de chía. Las de lino son para el tránsito intestinal, las empecé a tomar durante el embarazo y ahora las tomo como rutina. Las echas en agua por la noche y por la mañana queda como una gelatina que es lo que tienes que tomarte.
Tus últimos papeles en Velvet y La embajada son un poco de mala, con esa carita de buena que tienes...
Llevaba algunos papeles más de mujer cándida o dulce, como en Gran Hotel y al principio en Sin tetas..., pero es verdad que estos últimos son mujeres más duras, luchadoras, ambiciosas... En Velvet a Bárbara se la veía venir, pero a Fátima en La embajada no tanto. Ella utiliza la información para vivir bien, es más sibilina.
¿Te inspiraste en alguien para el papel de Fátima?
Sí, en Robin Wright de House of Cards y la relación que tiene con su marido.
A esos dos personajes les es infiel su marido...
Es verdad. A Bárbara sí que le molestaba, pero a Fátima le da igual, tienen como un pacto los dos para vivir bien y el resto le da igual.
¿Tú perdonarías una infidelidad de tu pareja?
Siempre he dicho que no lo perdonaría. Pero es verdad que cuando eres madre, aunque suene a tópico, tus prioridades cambian mucho y creo que no sería tan rotunda. Creo que habría que hablar todo, ver de dónde viene, por qué... Siempre he sido muy rotunda con mi forma de pensar en eso, pero ahora veo que no es todo blanco o negro.
¿Ahora le darías prioridad a la familia en lugar de a ti misma?
Sí, antes quizá pensaba más en mí. Yo antes pensaba que al tener hijos no iba a cambiar mi mundo, pero es imposible, cambia mucho todo. Ahora lo más importante son mis hijos.
¿Confías en tu chico cien por cien entonces?
Sí. Yo en todas las relaciones de pareja he confiado cien por cien, sino no estaría con esa pareja.
¿Te han engañado alguna vez?
Siendo consciente en el momento, no. Pero alguna vez sí que me he enterado después, cuando ya no era mi pareja. No fue agradable, pero como ya no era mi pareja y no formaba parte de vida, no me importó tanto.
¿Te plantas con dos hijos?
Siempre he dicho que quería tener tres.
¿Eres una madre 'pesada' que hace mil fotos a sus hijos y las envía a los amigos?
La verdad es que procuro preservar mucho la intimidad de mis hijos. Soy pesada porque les hago fotos, pero soy prudente a la hora de enviarlas a otra gente. Todo lo que estamos viviendo con las redes sociales, yo prefiero que mis hijos, cuando sean mayores, vivan con intimidad y en el anonimato. Que no sea yo la que les haya puesto en las redes sociales de todo lo que han hecho en su vida. Mi norma es no meter ni a mis hijos ni la vida en pareja en mis redes sociales. Es el muro que no quiero traspasar.

 

 Amaia Salamanca, el cuerpo del verano

¿Eres muy disciplinada con tus hijos?
Sí, soy una persona muy exigente. Yo hablo por mí (risas). Soy exigente en todo, en mi profesión y también con mis hijos. Pero todavía son muy pequeños, intentamos educarles pero aún tienen dos años y ocho meses. Pero me siento respaldada en casa, claro.
¿Para cuándo la boda?
No me apetece casarme. Creo que no hay mayor compromiso que tener dos hijos, es un contrato de amor que no está firmado pero es muy importante. Ni siquiera me he planteado como sería mi boda. Supongo que a todo el mundo le atrae lo de vestirse de novia, pero como yo me he vestido varias veces ya por trabajo, de época, de la Reina Letizia el día de su boda... aunque no sea lo mismo que el día de tu boda obviamente, no tengo esa ilusión.
Tu fuiste la entonces princesa Letizia, ¿cómo la ves a ella como madre?
Uff, no me metería ahí. Supongo que si ya es difícil ejercer de madre, lo será mucho más siendo de la Familia Real, por la prensa y por miles de cosas que tienen alrededor.
¿Eliges tus trabajos ahora pensando en tus hijos?
Claro, antes cogía las maletas y me iba a cualquier lado. Ahora no puedes hacerlo por los niños, te piensas más las cosas. Tampoco de momento Hollywood ha llamado a mi puerta (risas). Entiendo que para irte allí tienes que irte con tiempo a ver qué pasa. Me fui una época a Nueva York, pero no tenía hijos. Ahora si me ofrecen un proyecto fuera, tendría que organizarme. El año pasado estuve un mes y medio en México y fue muy duro separarme de mi familia.¿Qué tal te ves de pelirroja en La Embajada?
 Amaia Salamanca y Rosauro Varo
Me gusta mucho aunque es peluca. Yo no me atrevería a teñirme porque tengo un pelo muy complicado. Pero me gusta que cuando se busca un personaje haya un look distinto y la gente no vea el look de Amaia.
¿Te harías un cambio radical, como raparte el pelo?
Sí, pero para un papel en una película porque ahí estás trabajando dos o tres meses, en una serie, es mucho más esclavo porque puedes estar tres temporadas igual y es mucho más complicado.
¿Cómo ha cambiado tu vida desde que empezaste a trabajar en la tele?
Justo han pasado 10 años desde que empecé en SMS. Cuando empecé ni tenía claro que quería ser actriz y ahora no me imagino trabajando de otra cosa. Creo que poco a poco voy trabajando e intentándolo y espero seguir así.