Mariano Rajoy respondió a las preguntas de la acusación con la tranquilidad y la sorna a la que nos tiene acostumbrados. Él iba como testigo y estaba obligado a decir la verdad. Podía negar los hechos ("es absolutamente falso", contestó en varias ocasiones) y haberse quedado ahí. Pero no se conformó con dar titulares ("Yo me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe. Y luego cada uno me llama como quiere"), sino que lanzó un misil a la línea de flotación del caso Kitchen: "Aquí, en todo este tema, no hubo una operación política. Hubo una operación policial, cuyo objetivo fundamental era coger el dinero de Bárcenas y sus testaferros". Y añadió: "Estoy convencido de que esa operación policial se adecuó a la legalidad".

Como quien no quiere la cosa, echó abajo el relato del caso Kitchen (supuestamente, una operación policial montada para robarle a Bárcenas material que podía perjudicarle a él y al PP). ¿Quién podría objetar una operación policial para descubrir dónde escondía Bárcenas una fortuna multimillonaria conseguida de manera inconfesable?