Argentina, 2, Chile, 1: (Sin Mesi) y con goles de Di María y Banega, la selección ganó 2-1 en el debut

Argentina-Chile: con goles de Di María y Banega, la selección ganó 2-1 en el debut

El equipo de Martino se impuso en su presentación en la Copa América 2016 en Santa Clara; Fuenzalida, el gol del conjunto chileno
FINALIZADO |
ArgentinaArgentina
2
ChileChile
1
  • Ángel Di María (51'), Éver Banega (59'), José Fuenzalida (93')

Las formaciones

Argentina: Sergio Romero; Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi, Ramiro Funes Mori, Marcos Rojo; Augusto Fernández, Javier Mascherano; Gaitán, Ever Banega, Ángel Di María; Gonzalo Higuaín. DT: Gerardo Martino.
Horario: 23 (hora argentina)
Estadio: Levi's Stadium de Santa Clara, California, Estados Unidos
TV: TV Pública, TyC Sports y DirecTV (610 y 1610)





Grupo D
PosEquipoPJPGPEPPDGPT
1Argentina110013
2Panama110013
3Chile1001-10
4Bolivia1001-10

El gol de Di María

El gol de Banega

El hombre está condenado a conocer su realidad.Todo lo que necesitas es filosofía.



El hombre está condenado a conocer la realidad no directamente sino a través de ese rodeo que son las palabras que lo interpretan




'Escuela de Atenas', de Rafael

La filosofía es parte de la cultura general. En concreto, la filosofía es el momento de máxima conciencia de esa cultura.
El mundo objetivo está fuera de nuestro alcance. No lo podemos conocer. Todo cuanto vemos, oímos, palpamos o saboreamos lo perciben nuestros sentidos mediado por el lenguaje. No existen las sensaciones puras porque éstas nos vienen ya interpretadas por las palabras que usamos para designarlas. Vemos aparecer la figura de una persona querida y nos decimos: “Ya ha venido mi amigo”. La amistad es una palabra cargada de significados que mutan de una sociedad a otra, de una época a otra. No se es amigo siempre de la misma manera. Nos comunican que ha fallecido un familiar y resuena en nuestro interior la palabra “muerte”, una voz que evoca un universo entero de sentido o de sinsentido experimentado de manera distinta en la Grecia clásica, en la Edad Media o en nuestra época. Sentimos la dureza heladora de una mañana de invierno y exclamamos: “¡Qué frío!”. Frío es una palabra que remite a una vivencia grata para algunos, dolorosa para otros muchos; pero incluso entre este último grupo, hay quien, como el asceta, busca ese dolor para dar firmeza a su carácter y quienes, como los deportistas de montaña o los exploradores de los polos, se entrenan voluntariamente en él para superar luego situaciones extremas.
El hombre está condenado a conocer la realidad no directamente sino a través de ese rodeo que son las palabras que lo interpretan. Todas las personas sin excepción poseen por fuerza una interpretación del mundo. Interpretar lingüísticamente es ya un quehacer genuinamente filosófico. En este sentido, todas las mujeres y todos los hombres del planeta son filósofos y no pueden dejar de serlo sin dimitir de su condición humana. La filosofía es un “universal antropológico”, lo que quiere decir que -como el amor, la mortalidad o el arte- encontraremos filosofía siempre que nos hallemos ante lo humano dotado de los rasgos que lo hacen identificable precisamente como humano.


Se adivina la importancia trascendental de educar ese lenguaje con el que nos comprendemos"

Del universalismo de la filosofía no se sigue, sin embargo, que todas las interpretaciones valgan lo mismo. Por supuesto, hay interpretaciones más contrastadas, reflexivas y decantadas que otras. El lenguaje de unos será más inteligente, refinado y articulado, el de otros más elemental, instintivo y vulgar. Se adivina la importancia trascendental de educar ese lenguaje con el que no sólo nos comunicamos unos con otros en el comercio con la sociedad sino también nos comprendemos y nos hablamos a nosotros mismos en el secreto de la soledad.
Y es entonces cuando interviene la filosofía en la segunda de las acepciones, más restrictiva que la primera: filosofía ahora no como esa interpretación del mundo muchas veces inconsciente y heredada adherida al lenguaje natural cuyo uso cotidiano compartimos con los demás miembros de la misma comunidad, sino como esa visión del mundo hiperconsciente y personal contenida en las obras literarias compuestas por unos escritores llamados filósofos. La filosofía en esta segunda forma y manifestación ya no es universal sino achaque de unos pocos. Quienes escriben estas obras constituyen una minoría social porque, de hecho, sólo un pequeño número de personas en cada época caen presos de una vocación literaria tan específica. Esta vocación implica, primero, una visio de la totalidad del mundo, donde los fragmentos de la experiencia común, aparentemente absurdos, se ensamblan en un cuadro general completado por la imaginación adquiriendo dentro de él una cierta razón de ser; y en segundo lugar, una missio que apremia por encerrar esa visión primera en un sistema ordenado de conceptos, literariamente expuesto.
Otras disciplinas se ocupan de regiones particulares de la realidad mientras que sólo la filosofía está llamada a hacerse cargo del todo de ella. Y eso tanto en su aspecto metafísico como en el pragmático. En el metafísico, la filosofía interroga sobre el “ser” general (aquello que hace inteligible al mundo y a los entes particulares que lo componen). En el pragmático, no se preocupa tanto de lo que es –el cometido de las ciencias- como de lo que debe-ser y propone un ideal prescriptivo: de conocimiento, de verdad, de justicia, de belleza, en suma, un ideal de lo humano. Podríamos decir, en conclusión, que la filosofía es una actividad intelectual esencialmente no-positivista y no-especializada, aunque, por supuesto, no desdeña los resultados de la ciencia positiva y especializada cuando le convenga a sus fines propios.


Lo único verdaderamente importante es la filosofía. Porque el dinero satisface los deseos humanos pero es la filosofía la que los moldea"

El tempo de la filosofía es geológico, al margen de los ritmos supersónicos de la actualidad política, empresarial, social y periodística. Pero es que alguien debe ocuparse también del largo y larguísimo plazo, más allá del balance económico anual o de los cuatro años de una legislatura. Ese lenguaje que usamos para comunicarnos y para hablar con nosotros mismos está hecho de palabras que tomamos en préstamo de la sociedad: aunque forman parte de nuestra identidad más íntima, no las hemos inventado nosotros sino personas del pasado, creadoras de palabras o creadoras de nuevos significados para palabras ya existentes: libertad, dignidad, felicidad, amor, bondad, belleza. Luego esos creadores –de los tres, cuatro, cinco últimos siglos- se nos deslizan sigilosamente en el interior de nuestra mente y con el diccionario que nos prestan nos ayudan a interpretar y a pensar el mundo de hoy.
Y, ¿quién creará el diccionario de las palabras que tomarán en préstamo las generaciones futuras? Los actuales fundadores del lenguaje: novelistas, poetas, dramaturgos y, con especial conciencia, los filósofos. Auténtico escritor es, al final, quien logra hacerse dueño de un glosario propio y de un puñado de metáforas eficaces. El filósofo de hoy suministra el vocabulario y la semántica que servirán para construir las interpretaciones del futuro. En su mano está moldear la visión del ser y el ideal moral de las generaciones venideras a fin de que su vida sea mejor y más propicia a la convivencia. ¿Cabe imaginar una responsabilidad superior a ésta?
Cuando a veces me preguntan para qué sirve la filosofía, como si su mismo estatus estuviera cuestionado por los apremios de esa clase de necesidades serias que satisface el dinero, suelo responder invirtiendo los términos. Lo único verdaderamente importante es la filosofía. Porque el dinero satisface los deseos humanos pero es la filosofía la que los moldea.

La dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva reduce los infartos e ictus un 30%.

Un estudio con 4.000 mujeres apunta a la importancia de la alimentación como prevención oncológica

Envasado de aceite de oliva virgen extra en una almazara de Jaén en 2014. 
Una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva extra (hasta un litro por semana y familia) tiene como efecto reducir hasta en un 66% el riesgo de cáncer de mama, según una de las conclusiones del estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea)
En el trabajo se siguió entre 2003 y 2009 a un grupo de 4.200 mujeres con "alto riesgo cardiovascular" de entre 60 y 80 años, y se las dividió en tres grupos. Uno, el control, al que se le indicó que debía seguir una dieta mediterránea. Otro, que siguió esa pauta alimentaria añadiéndole nueces y otros frutos secos. Y un tercero tomó lo mismo reforzándolo con aceite de oliva virgen extra. La incidencia de cáncer de mama entre los dos primeros grupos fue similar, pero en el tercero, se redujo en un 32%, según describen los autores.
El estudio Predimed estaba orientado a la prevención de la salud, sobre todo, la cardiovascular (infartos, ictus), con la dieta mediterránea. Pero su importancia, tanto en duración como en número de voluntarios (más de 7.000 personas a las que se siguió durante una década) lo ha constituido en una referencia en su campo, y ha permitido hacer subanálisis, como este que ahora se publica, sobre otras patologías. "El principal indicador eran las enfermedades cardiovasculares, pero el cáncer era uno secundario", explica Miguel Ángel Martínez-González, de la Universidad de Navarra y coordinador del trabajo, quien recuerda que la financiación mayoritaria del estudio es del Instituto de Salud Carlos III, y que la participación de grupos aceiteros o de nueces, avellanas y almendras consistió en facilitar gratuitamente los complementos para los ensayos. "Era importante que el aceite fuera virgen extra porque es el que tiene más polifenoles, que se sabe que tienen propiedades anticancerígenas y antiinflamatorias", afirma el médico. "Y como se lo regalamos nos aseguramos de que sea el que usen".
Los propios autores del artículo reconocen que hay ciertas debilidades en el trabajo. La primera, y más importante, es que solo se diagnosticaron, en total, 35 cánceres de mama. Esto hace que cualquier pequeña variación en su reparto entre los tres grupos tenga mucha importancia estadística. Pero el médico añade que según los datos actuales, en ese grupo de mujeres tenían que haberse producido 41 casos, lo que ya apunta a un efecto protector de la dieta.

Para apoyar la relación entre aceite de oliva virgen y protección frente al cáncer de mama, Martínez-González usa otro ejemplo. "La provincia de Jaén, el principal productor de aceite de oliva extra, siempre sale con las menores tasas de España".
Otros indicadores de este efecto protector, incluso cuando se comparaba dieta española en general con la de otros países es que en las estadísticas europeas, España y otros países del sur de Europa siempre salían entre los últimos en cáncer de mama. Hay una excepción: países de Europa del Este que no siguen una dieta mediterránea pero tienen menos incidencia de cánceres de mama, peor el médico opina que, a falta de estudios, es posible que esos países (Bosnia, Moldavia y Ucrania están detrás de Grecia en la lista, por ejemplo) tengan un peor sistema de diagnóstico y de registro de casos.
Los resultados deberán verificarse en estudios posteriores. Entre ellos, los investigadores del Predimed mantienen un control sobre los voluntarios que entrevistaron, con lo que aumentarán la información recibida aunque ya no sea dentro de un estudio, indica el médico.
En un comentario editorial al artículo se resaltan las debilidades de este: el bajo número de casos, que todas las participantes eran mujeres blancas postmenopáusicas, que no hubo doble ciego (todas sabían qué tomaban, no es como en otros casos en que los voluntarios no saben si reciben el tratamiento o el placebo), que no hubo sistematización en las mamografías, pero concluye con un mensaje optimista: "Sabemos que la dieta mediterránea, consistente en muchos vegetales, pescado y aceite de oliva virgen extra, reduce el riesgo cardiovascular y es segura. También puede prevenir el cáncer de mama. Esperamos ver un mayor interés en la dieta mediterránea para porvenir las enfermedades cardiovasculares y el cáncer y aumentar la salud y el bienestar"

¿Por qué se odia tanto la reforma sanitaria USA y todas?

Lo último que deberían hacer los progresistas es rechazar los avances logrados

El votante preguntó cómo iba el candidato a sustituir una ley que podría haber salvado a su cuñado si hubiese entrado en vigor antes. Ni que decir tiene que todo lo que escuchó fue la charla habitual sobre las normas gubernamentales y las repetidas afirmaciones falsas de que Obamacare ha destruido “millones de puestos de empleo” y provocado que “se disparen” los precios de las primas de seguros.
Para que conste, desde que la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible entró plenamente en vigor, el crecimiento del empleo ha sido el mejor que se ha registrado desde la década de 1990 y los costes sanitarios han ido aumentando mucho más despacio que antes.

En parte, la respuesta es que Bernie Sanders ha decidido convertir las nuevas críticas hacia la reforma, y la insistencia en que sea el Estado el que sirva de único intermediario entre los usuarios y los proveedores sanitarios, en elementos fundamentales de su campaña presidencial. Así que algunos defensores de Sanders han empezado a atacar Obamacare diciendo que es un sistema fallido.
De modo que Cruz tiene un problema con la verdad. Pero ¿qué más podemos aprender de este encuentro? Que la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible ya está haciendo muchísimo bien. Llegó demasiado tarde para salvar la vida de un hombre, pero sin duda salvará la de muchos otros. ¿Por qué entonces oímos no solo a los conservadores, sino también a muchos progresistas, poner por los suelos el mayor logro político del presidente Obama?
Vimos algo similar allá por 2008, cuando algunos seguidores de Obama se convirtieron de forma pasajera en enemigos encarnizados del requisito de que todo el mundo contratase un seguro —la llamada obligación individual— que Hillary Clinton defendía, pero al que Obama se oponía. (Una vez en el cargo, Obama admitió que, de hecho, ella tenía razón, e incluyó dicha obligación en su propuesta).
Pero la verdad es que Sanders no ha hecho más que amplificar las críticas hacia la reforma sanitaria que ya circulaban entre la izquierda. Y aunque algunas de esas críticas están justificadas, otras no.
Empecemos con las críticas buenas, relacionadas con la cobertura y los costes. El número de estadounidenses sin seguro ha caído en picado, especialmente en los Estados que se han esforzado para que la ley funcione. Pero millones de ciudadanos siguen sin cobertura y, en algunos casos, las elevadas franquicias hacen que esta sea menos útil de lo que debería.
Este problema no es inherente a un sistema de responsabilidad individual: otros países con sistemas similares a Obamacare, como Holanda y Suiza, gozan de una cobertura casi universal aun cuando dependen de aseguradoras privadas. Pero no parece probable que Obamacare, tal como está diseñada en la actualidad, permita llegar a eso, quizá porque su financiación sea un tanto escasa.
Por otro lado, aunque el control de los costes tiene incluso mejor aspecto de lo que esperaban los defensores de la reforma, la asistencia sanitaria estadounidense sigue siendo más cara que la de cualquier otro país.
Así que sí, Obamacare tiene algunos problemas reales. La pregunta es cómo afrontar esos problemas de un modo políticamente viable.
Gran parte de lo que le oigo decir a la izquierda no son quejas porque la reforma se quede corta, sino muestras de indignación porque las aseguradoras privadas tengan siquiera que intervenir. La idea parece ser que cualquier interés por ganar dinero empaña todo el proyecto.
Esta es, sin embargo, una crítica muy mala. Sí, Obamacare ha mantenido los seguros privados, sobre todo para evitar grandes cambios políticamente arriesgados a los estadounidenses que ya tenían un buen seguro, pero también para ganarse el apoyo, o al menos la aquiescencia, del sector de los seguros. Pero el hecho de que algunas aseguradoras estén ganando dinero gracias a la reforma (y sus beneficios tampoco son, por cierto, tan elevados) no es motivo para oponerse a ella. Lo importante es ayudar a quienes carecen de seguro, no castigar ni demonizar a las aseguradoras.
Y hablando de demonizar: un aspecto desagradable y feo de este debate es la tendencia de algunos seguidores de Sanders, y a veces de su propia campaña, a insinuar que cualquiera que cuestione las propuestas del senador debe de ser la herramienta corrupta de ocultos intereses creados.
Hace poco, Kenneth Thorpe, un respetado experto en política sanitaria y defensor de la reforma desde hace mucho tiempo, trató de cuantificar el plan de Sanders y llegó a la conclusión de que costaría bastante más de lo que se afirma en su campaña. Puede tener razón o no, aunque la mayoría de los expertos en temas sanitarios que conozco han llegado a conclusiones similares.
Pero el director político de la campaña atacó de inmediato la integridad de Thorpe: “Proviene de un caballero que trabajó para [la aseguradora] Blue Cross Blue Shield. Es exactamente lo que cabría esperar que pensase alguien que ha trabajado para BCBS”. Madre mía.
Y seamos claros: esta clase de cosas puede hacer daño de verdad. Lo cierto es que, independientemente de a quién nominen los demócratas, las elecciones generales van a ser sobre todo un referéndum sobre si preservamos o no los avances reales aunque incompletos que hemos conseguido en materia de sanidad, reforma financiera y medio ambiente. Lo último que deberían hacer los progresistas es menospreciar esos avances y poner en entredicho los motivos de la gente que, en el fondo, está de su parte.
Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

El próximo presidente USA no creerá en las energías renovables.

El martes, el brazo político del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, por sus siglas en inglés), uno de los grupos ecologistas más influyentes de Estados Unidos, respaldaba por primera vez en su historia a un candidato presidencial al dar el visto bueno a Hillary Clinton. De esta manera se adelantaba una semana a la que suponemos inevitable designación de Clinton para la candidatura demócrata, pero es evidente que el Fondo de Acción del NRDC tiene ganas de ponerse ya con las elecciones generales.
Y no es difícil entender por qué: a estas alturas, la personalidad de Donald Trump pone en peligro el planeta entero.
Nos encontramos en un momento pecu­liar en lo relativo al medio ambiente, un momento de temor y esperanza al mismo tiempo. Las previsiones sobre el cambio climático son peores que nunca, si las políticas actuales siguen como hasta ahora, pero la perspectiva de que nos alejemos de la senda de la destrucción nunca había sido tan real. Todo depende de quién acabe ocupando la Casa Blanca durante los próximos años.
En cuanto al clima: ¿se acuerdan de lo que decían los negacionistas sobre que el calentamiento de la Tierra se había detenido y que las temperaturas no habían subido desde 1998? Ese argumento siempre fue una estupidez, pero, en cualquier caso, ahora ha quedado desmentido por una nueva serie de registros de temperaturas máximas y por la proliferación de otros indicadores que, en conjunto, componen el aterrador relato del desastre que se avecina.
¿Y si el próximo presidente de EE UU es alguien que no cree en el clima o, mejor dicho, en nada que le incomode?
Sin embargo, al mismo tiempo, el rápido avance tecnológico de las energías renovables 
a  convierte en absurdo —o a lo mejor debería decir todavía más absurdo— otro pésimo argumento contra las medidas relacionadas con el clima: la afirmación de que no se puede hacer nada frente a las emisiones de gases de efecto invernadero sin perjudicar la economía. Las energías solar y eólica se abaratan de año en año y su uso crece con rapidez aunque no existan muchos incentivos para dejar de utilizar los combustibles fósiles. Si se ofreciesen esos incentivos, estaríamos a un paso de una revolución energética.
De modo que nos encontramos en un punto en el que las perspectivas son terribles, pero pueden evitarse con unas medidas políticamente factibles y de escala bastante pequeña. Tal vez deseen una revolución, pero no hace falta ninguna para salvar el planeta. Ahora mismo, lo único que hace falta es que Estados Unidos aplique el Plan de Energías Limpias del Gobierno de Obama y otras medidas —que ni siquiera requieren leyes nuevas, tan solo un Tribunal Supremo que no se interponga en su camino— para que el país pueda seguir adelante con la misión que asumió el año pasado en el acuerdo de París, y siga guiando al mundo en su conjunto hacia una reducción drástica de las emisiones.
Pero ¿que pasará si el próximo presidente es un hombre que no cree en la climatología o, mejor dicho, en ningún hecho que le resulte incómodo, sea del tipo que sea?
La hostilidad republicana hacia la climatología y las medidas frente al cambio climático suele atribuirse a la ideología y al poder de los intereses creados, y sin duda ambos influyen de manera importante. Los fundamentalistas del libre mercado prefieren rechazar la ciencia a admitir que, algunas veces, hay situaciones en las que el control gubernamental es necesario. Entretanto, comprar a los políticos es una inversión empresarial bastante buena para magnates de los combustibles fósiles como los hermanos Koch.
Pero siempre he tenido la sensación de que había un tercer factor, que es psicológico en el fondo. Hay algunos hombres —son hombres casi siempre— que se enfurecen ante la más mínima insinuación de que, por el bien común, deben renunciar a algo que quieren. A menudo, su indignación no es proporcional al sacrificio: por ejemplo, hay destacados conservadores que proponen recurrir a la violencia contra los funcionarios gubernamentales porque no les gustan los resultados del detergente sin fosfatos. Pero la ira de los contaminadores no guarda relación con el pensamiento racional.

No cabe duda de que, en parte, Donald Trump odia la protección medioambiental por los motivos de siempre. Pero sus posturas en favor de la contaminación contienen una dosis adicional de un veneno que es a la vez personal e inconcebiblemente mezquino.Lo que nos lleva al supuesto candidato republicano a la presidencia, que encarna la identidad conservadora moderna en su forma más pura, sin los disfraces que los políticos suelen usar para encubrir sus prejuicios y darse un aire respetable.

Por ejemplo, ha denunciado una y otra vez las restricciones destinadas a proteger la capa de ozono —uno de los mayores triunfos de la política medioambiental mundial— porque, según afirma, son la razón por la que su laca para el pelo no funciona tan bien como antes. No me lo estoy inventando.
También es enemigo acérrimo de la energía eólica. Le gusta hablar de que las turbinas matan pájaros, cosa que a veces hacen, aunque no más que los edificios altos; pero parece que su verdadera motivación es la ira derivada de los infructuosos intentos de impedir la construcción de un parque eólico marítimo cerca de uno de sus campos de golf en Reino Unido.
Y si las pruebas se interponen en el camino de su egocentrismo, le da igual. Hace poco aseguró a los espectadores que no hay sequía en California, que lo único que pasa es que los funcionarios se niegan a abrir el grifo.
Sé que suena muy ridículo. ¿De verdad es posible que el planeta esté en peligro porque a un tipo rico le preocupa su peinado? Sin embargo, los republicanos están cerrando filas en torno a este tipo como si fuera un candidato normal. Y como los demócratas no se unan de la misma forma, es posible que consiga llegar a la Casa Blanca.