Los escritores e intelectuales que rodean al presidente
La “inteligencia” de Aznar
Más discretamente que en sus primeros años en Moncloa pero con el mismo interés, sólo mermado por la falta de tiempo, elpresidente Aznar y su esposa, Ana Botella, continúan frecuentando un círculo de escritores e intelectuales que nutren su particular “corte cultural”. A los tradicionales Cela o Vargas Llosa se han unido ahora un escogido grupo de poetas, seleccionados por el también rapsoda –además de secretario de Estado de Cultura– Luis Alberto de Cuenca, el escritor Jon Juaristi o pensadores y periodistas que giran alrededor de Nueva Revista, la publicación que ha sustituido a FAES –Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales– como lugar de encuentro de la intelectualidad del PP.
Inmaculada Sánchez
Nacido en el seno de una familia de periodistas, donde desde que viste pantalón corto oye hablar de la generación del 98, asiste al teatro, acude a un concierto o visita una exposición, Aznar tiene una debilidad por la cultura que no se advierte en sus antecesores”. Así define el interés cultural del presidente el libro sobre él escrito por José Díaz Herrera e Isabel Durán. A pesar del tono hagiográfico de la obra citada no son pocos los que conocen el gusto de Aznar por leer en sus muchas horas de avión. “Ahora es su mujer, Ana Botella, quien lee lo que no le da tiempo a él, y le recomienda lecturas o películas que hay que ver”, señala una fuente conocedora del tándem presidencial, que también funciona en cuanto a preferencias culturales, al contrario de lo que ocurría con el matrimonio González –Carmen Romero tenía su propia vida literaria al margen de Felipe González, con reuniones semanales con escritores de su entorno en un conocido restaurante madrileño–.
El interés de Aznar por deshacer el ambiente de bodeguilla que tanto criticó el PP a Felipe González le llevó en sus primeros años en Moncloa a realizar numerosos encuentros con personajes del mundo de la cultura del más amplio espectro ideológico a los que, siempre que los protagonistas no se opusieran –como sí ocurrió en el caso de la fallecida Pilar Miró–, se daba la oportuna publicidad.
Tras cuatro años en el palacio presidencial, y otros cuatro por delante, los Aznar distancian ahora y seleccionan más sus citas culturales en las que, a pesar de su amplitud –“no hay un grupito fijo, es gente muy variada”, explica un asiduo de Moncloa– sí se identifican unos introductores de invitados que se mantienen, algunos de los cuales han coincidido, significativamente, en la que se está convirtiendo en la revista de pensamiento del régimenNueva Revista de Política, Cultura y Arte.
Una figura clave de esta corte es el actual secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca. Doctor en Filología Clásica y profesor de Investigación en Filología Grecolatina en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), De Cuenca llegó a los Aznar por su condición de poeta –ha publicado varios libros– y de la mano de la actual ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, con quien compartía inquietudes intelectuales en la citada Nueva Revista cuando el PP estaba aún en la oposición.
Tras la victoria del 96 y después de que la carambola Tocino-Aguirre impidiera a Del Castillo ser nombrada ministra del área que ahora ocupa Aznar, sí admitió meter en algunos puestos clave del departamento a gente de su confianza. Así llegó Luis Alberto de Cuenca a dirigir la Biblioteca Nacional, desde donde cada mes le enviaba al presidente una selección de libros recomendables.
Hoy, con Pilar del Castillo al frente del ministerio y el crítico y poeta en la secretaría de Estado, éste ha ampliado su confianza con los Aznar y, según diversas fuentes, es el responsable de distintos encuentros del matrimonio con algunos autores de poesía, disciplina por la que el presidente nunca ha ocultado su especial devoción –tanto su encuentro con Rafael Alberti como su apoyo al centenario de Federico García Lorca fueron criticados en su día por la oposición como oportunistas mientras en Génova los explicaban con el especial interés por la cultura de su líder–.
Este campo también es bien conocido por el actual responsable de Cultura, ya que, hasta su nombramiento, escribía una sección en Nueva Revista en la que bajo el título Poetas de línea oscura comentaba a autores poco conocidos en los circuitos del gran público.
Entre ellos, por ejemplo, está su propio jefe de prensa y amigo, Julio Martínez Mesanza, quien ya trabajó en el mismo puestocuando De Cuenca dirigía la Biblioteca Nacional, y su esposa, Amalia Bautista, también jefa de prensa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ambos escritores de versos en su tiempo libre. “No tengo por qué ocultar que he estado en Moncloa pero estos encuentros son particulares y no soy la indicada para publicitarlos”, señala, discreta, Amalia Bautista.
La confianza entre De Cuenca y Martínez Mesanza fructificó cuando compartían la dirección de Nueva Revista con Rafael Llanos, doctor en Filosofía especializado en sociología y aficionado a la cinematografía que ahora la dirige en solitario.
Los tres fueron fichados por el editor de la publicación Antonio Fontán, también fundador en su día del Partido Liberal y miembro del Opus Dei. Nueva Revista, nacida en 1990, languidecía dentro del selecto circuito de revistas de pensamiento hasta que Pilar del Castillo coincidió con Fontán en un seminario organizado por FAES, la fundación puesta en marcha por Aznar como laboratorio de ideas del PP.
Tras el encuentro, la hoy ministra llegó a dirigir la revista hasta que, en el 96, fue llamada para dirigir el CIS. Esta relación ejerció como un imán para buena parte de los dirigentes con mayores inquietudes intelectuales del PP más aznarista, que recalaron en la publicación. Tras la llegada del PP al poder, FAES ha ido declinando por la dedicación de sus inspiradores a sus puestos en la nueva Administración mientras, por el contrario, Nueva Revista ha ido aumentando en influencia hasta situarse inmediatamente detrás de Claves, la publicación de cabecera del mundo intelectual cercano al PSOE que había dominado el sector durante años.
Conscientes de su actual influencia, la revista está embarcada en una tranquila renovación. “Queremos pasar de ser una revista de incidencia predominantemente política a tener más incidencia cultural”, explica su actual director, Rafael Llano. “Desde el punto de vista intelectual, todos los planteamientos están muy abiertos y es el momento de plantear la reflexión”, añade.
“Es una buena mezcla de pensamiento liberal y talante opusino”, explica uno de los selectos lectores de Nueva Revista que, además, reconoce en ambas cualidades el interés que pueden ejercer los ensayistas y escritores que aglutina tanto en José María Aznar como en Ana Botella, de católica y conservadora moral y rabioso liberalismo político y económico.
Por eso tampoco es extraño encontrar en su consejo editorial a Miguel Ángel Cortés, antecesor de De Cuenca y actual secretario de Estado para la Cooperación Internacional y considerado la “vanguardia intelectual del clan de Valladolid”, en palabras de un seguidor del grupo, o a Carlos Aragonés, director del gabinete de Presidencia, miembro del conocido clan y hombre de grandes inquietudes culturales. También figuran en él José María Michavila, secretario de Estado de Justicia y antiguo miembro del Opus quien en un primer momento supuso un puente entre Aznar y el mundo universitario; fue secretario general de la Complutense madrileña hasta que el presidente lo fichó personalmente en el 96.
Sin embargo, quienes conocen por dónde circula actualmente la intelectualidad con acceso a Moncloa señalan que ni el talante ni las preferencias culturales de “los Miguelangelcortés” y de “los Pilardelcastillo-Guillermogortázar”, en referencia a su marido diputado, historiador y autor de varios libros, coinciden, siendo los primeros más sectarios que los segundos, y que, en la disputa, es el entorno de la actual ministra de Cultura el que gana puntos cada día. Un ejemplo de ello sería la recuperación que Luis Alberto de Cuenca ha hecho de Javier Gurruchaga, músico y artista polifacético cercano a la izquierda –Cristina Almeida fue su abogada en el polémico caso Arny del que salió exculpado–, quien próximamente tendrá un programa en TVE.
Para calibrar la tensión de este pulso cultural dentro del PP son significativos los cambios que acaban de producirse en el consejo de Nueva Revista. Manuel Barranco, licenciado en Filosofía, deja su puesto en el consejo de dirección, tal como explicó la revista en su número de verano, al incorporarse como director del gabinete de la ministra de Educación y Cultura; Nazareth Echart, su jefa de redacción, abandona para irse también al lado de Pilar del Castillo como asesora de su gabinete, y Manuel Fontán del Junco también se va para ejercer de jefe de gabinete de Luis Alberto de Cuenca. Por su parte, Miguel Ángel Cortés regresa al consejo editorial que abandonó en el 96 por sus obligaciones en la anterior legislatura.
Algunas fuentes interpretan esta reincorporación –tanto antes como ahora ejerce la misma responsabilidad como secretario de Estado aunque en distintos ministerios– como un paso de Cortés para no distanciarse del hervidero de pensamiento que mayor proyección promete en la actualidad en el entorno del PP y al que el mismo presidente cada día presta más atención –en su día, nada más llegar al poder, era Cortés quien le organizaba a Aznar los encuentros con artistas y pensadores–.
No en vano, otro destacado miembro del mundo de la cultura que no descuida sus relaciones con el poder a pesar de sus orígenes ideológicos comunistas, el director de cine José Luis Garci –ver número 353 de El Siglo: El Gobierno se vuelca con Garci– se encuentra también en el circuito de Del Castillo-De Cuenca-Nueva Revista: el secretario de Estado participa casi todas las semanas en la selecta tertulia del programa de televisión que dirige el cineasta en TVE, Que grande es el cine, como contertulio aficionado al séptimo arte, y la revista trimestral de cine que edita el grupo empresarial de Garci, Nikkel Odeón, se anuncia periódicamente en la publicación que edita Antonio Fontán. Otro detalle: la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana, a quien Ana Botella apadrinó en su estreno como escritora –ahora transformado en un escándalo mayúsculo por las evidencias de plagio de su obra– ha sido esposa de Garci, con quien mantiene buenas relaciones. Y más: la productora del cineasta asturiano ha retrasado el preestreno de su próxima película, You are the one (Una historia de entonces), en Madrid, del día 24 al 26 de este mes, para que la agenda del presidente Aznar le permita acudir a presenciarlo.
A este entorno circular habría que añadir otros miembros del mundo cultural que son “amigos de la casa” o “asiduos de Moncloa”, según expresión utilizada por varias fuentes que también son bien recibidas en casa del presidente. Entre ellas están los citados Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa, el tenor Plácido Domingo o el escritor Fernando Sánchez Dragó y el periodista Juan José Armas Marcelo, quienes disfrutan de sendos programas dedicados a la cultura en TVE –Blanco sobre negro y Los libros, respectivamente–. También citan las fuentes consultadas a Pedro J. Ramírez como otro de los periodistas que acude a Moncloa con asiduidad, pasados los tiempos de crisis que arrastró el director de El Mundo.
Con todos ellos –y con más– es con los que el presidente del Gobierno alimenta su espíritu, ese que, según Díaz Herrera y Durán, “sostiene que un cuadro, una sinfonía, un soneto o una película tienen su valor intrínseco, al margen de la ideología del creador” y que la mayoría de los españoles desconoce.   
Una selección de altura
El consejo editorial de Nueva Revista dibuja un significativo mapa de la intelectualidad más cercana al poder gobernante hoy en España. Abarca distintas disciplinas culturales con liberalismo y catolicismo como nexo de unión y aunque en su listado se encuentren algunas personas que llegaron a él por relaciones históricas o de amistad que no los sitúan en la primera línea que hoy ocupa la publicación, resulta significativo conocer la totalidad de la lista.
Por orden alfabético, como la propia publicación los cita, se encuentran: Sucre Alcalá, periodista; Carlos Aragonés, director del gabinete de Presidencia; José María de Areilza Carvajal, nieto del fallecido José María de Areilza, profesor de Derecho y directivo del Instituto de España; José María Beneyto, filósofo, profesor en el CEU y socio del bufete Gómez-Acebo y Pombo; Juan Bolás, notario; Emilio Bonelli, abogado; Francisco Cabrillo, catedrático de Economía de la Universidad Complutense; Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado de Cooperación Internacional; José Manuel Cruz Valdovinos, historiador y profesor de la Complutense; José de la Cuesta Rute, catedrático de Derecho de la misma universidad; Miguel Durán Pastor, también profesor universitario; Luis Miguel Enciso Recio, historiador; Emilio Fernández-Galiano, químico y profesor universitario; José María Fluxa Ceva, ingeniero y profesor universitario; Antonio Fontán Meana, abogado y sobrino del fundador de la revista; Gregorio Fraile Bartolomé, abogado; Javier Gomá Lanzón, filósofo, letrado del Consejo de Estado y secretario de la Fundación Juan March; Rafael Gómez López-Egea, economista y profesor de la Complutense; José Luis González Quirós, investigador del CSIC y profesor de Filosofía de la Ciencia; Guillermo Gortázar, historiador y diputado del PP, marido de la ministra de Cultura; Miguel Ángel Gozalo, periodista y director de la agencia Efe; Miguel Herrero de Miñón, ex diputado del PP; Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía de la Complutense; José Vicente de Juan, abogado y director de comunicación de la Banca March; Alfonso López Perona, abogado; Isabel Martínez-Cubells, periodista, asesora de la presidenta del Senado; Julio Martínez Mesanza, poeta y jefe de prensa del secretario de Estado de Cultura; José María Michavila, secretario de Estado de Justicia; Alberto Miguel Arruti, periodista y profesor de Física del CEU; Alberto Míguez, periodista; José Antonio Millán Alba; Diego Mora-Figueroa; Arturo Moreno, ex diputado del PP; Eugenio Nasarre, ex secretario de Estado de Educación; Luis Núñez Ladeveze, profesor de la Facultad de Ciencias de la Información en la Complutense; Andres Ollero, catedrático de Filosofía y diputado del PP; Alfredo Pérez de Armiñán, secretario de la Fundación Caja Madrid; Rafael Puyol, rector de la Universidad Complutense; Isidoro Rasines, investigador químico del CSIC; Dámaso Rico, economista y profesor de la Universidad de Navarra; Jaime Rodríguez-Arana, catedrático de Derecho Administrativo y director del Instituto de Estudios Administrativos; Rafael Rubio de Urquía, catedrático de Economía; Ángel Sierra de Cózar, abogado; Jaime Siles, poeta y crítico literario de la revista El Cultural; Santiago de Mora Figueroa y Williams, marqués de Tamarón, embajador de España en Londres; Jesús Trillo Figueroa, abogado y hermano del ministro de Defensa; Miguel Veyrat, poeta y periodista; Ignacio Vicens y Hualde, arquitecto y catedrático; Juan Pablo de Villanueva, periodista, editor y director de La Gaceta de los Negocios, y Gustavo Villapalos, consejero de Educación de la Comunidad de Madrid. En su número próximo se incorporará Javier Fernández del Moral, ex decano de Ciencias de la Información de la Complutense.
El poeta que dijo no
Uno de los autores de poesía que Luis Alberto de Cuenca quiso llevar al palacio de la Moncloa para que conociese al presidente Aznar y compartiese con él una velada literaria fue Luis García Montero, escritor cercano ideológicamente al PCE. Sin embargo, según fuentes bien informadas del caso, el conocido como cabeza de fila de la corriente literaria denominada poesía de la experiencia rehusó la invitación.
García Montero es profesor de Filología Española en la Universidad de Granada y se casó en 1996 con la conocida novelista Almudena Grandes en el Ayuntamiento de Santa Fe (Granada), en una ceremonia que ofició el alcalde de la localidad y diputado provincial de Cultura, el socialista Carlos Martínez, y a la que asistieron, entre otros escritores, Luis Antonio de Villena y Eduardo Mendicutti.

ANÁLISIS:PENSAMIENTO: Abrochado a la dulzura de vivir (Paternalismo inducido)

Cinturón...¿obligatorio?

El derecho regula las relaciones interpersonales. Y no todas. Hay algunas demasiado importantes para confiarlas a la ley, como el amor o la amistad. Así, el amor es una realidad extra legem incluso en caso de matrimonio, el cual se perfecciona válidamente sin él; y, por otro lado, ningún Parlamento se atrevería a aprobar un "estatuto del amigo" con una lista de derechos y deberes amicales bien definidos. En un Estado de derecho, la ley tiene competencia para regular un número tasado de interacciones humanas, sólo aquellas que por su naturaleza son exigibles coactivamente activando la máquina represora del Estado, y el amor o la amistad ciertamente no son de esa clase.
El Estado no está autorizado a evitar el daño propio convirtiendo una conducta privada en ilícita y punible
Pues bien, si ya sería una extralimitación que la ley regulase relaciones sociales de ámbito personal, la obligatoriedad del cinturón de seguridad va aún más lejos porque la norma que lo impone busca protegerme a mí... contra mí mismo. En el Antiguo Régimen, durante el absolutismo monárquico, si en la propia casa, guardado bajo llave en una arqueta, el alguacil real sorprendía un manuscrito íntimo donde su autor, por ejemplo, hacía profesión de ateísmo, el desgraciado podía ser torturado y llevado al patíbulo. No sólo lo que uno escribía sino lo que pensaba constituía delito: la red jurídica se introducía en el fuero interno de las personas y las sometía a servidumbre amenazando con castigos al mero flujo interior de la conciencia. Era aquélla una época en la que los príncipes ponían la felicidad de sus amados súbditos entre sus deberes de gobierno. Las democracias liberales, por el contrario, reconocen a cada ciudadano, cuando alcanza su mayoría de edad, autonomía moral y competencia cognitiva suficiente para buscar la felicidad a su manera sin obligación de aceptar tutela alguna, pública o privada, sobre las decisiones relevantes atinentes a su estilo de vida.
¿Qué bien social está reglamentando la norma que declara ilícito el incumplimiento del deber de abrocharse el cinturón de seguridad? Ninguna: está velando exclusivamente por mí y no pretende proteger interés general alguno, pues no hay aquí atisbo de mundo interpersonal. Otras normas viales -como las señales de tráfico- se enderezan a facilitar una conducción segura; pero el cinturón no previene de accidentes con terceros sino, una vez producidos éstos, sólo de lesiones propias. Si únicamente mi vida corre peligro, ¿por qué me multan? El consumo de droga no es infracción y el intento frustrado de suicidio tampoco, pero circular desabrochado sí. Las leyes sanitarias que hoy restringen severamente el consumo de tabaco se fundan en la protección de la salud de terceros. ¿Qué perjuicio de terceros trata de evitarse con la obligatoriedad del cinturón?
Se me dirá, con el cervantino maese Pedro: "Muchacho: sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sutiles". Es decir: puede que tengas razón en un plano teórico, pero el cinturón positivamente salva vidas, ahí están las estadísticas. Lo cual es sin duda cierto, como también lo es que el descenso del número de víctimas sería aún mayor si la ley nos prohibiera conducir, o por qué no, fumar, beber, subir en ascensor o amar desesperadamente, todo lo cual ha sido fuente de innumerables muertes. Este aparente paternalismo, que cuida de nosotros como menores de edad incapaces de elegir lo que nos conviene y nos lleva de la mano al recto comportamiento, es en realidad una modalidad de esos totalitarismos cuyo lema se resume en el protervo dictum de Goethe: "Prefiero el orden a la libertad". El utilitarismo de los números no debería nunca prevalecer sobre la alta dignidad de ser libres. Si nos obligan a ser felices malgré nous, podría sucedernos lo que dice Juvenal en su verso: que "por amor a la vida perdamos lo que la hace digna de ser vivida".
Se me dirá también: no es cierto que el cinturón sólo proteja bienes privados porque el herido en accidente de tráfico genera gastos al sistema público de salud. ¡La órdiga! -replico yo-, si el título habilitante del Estado para interferir en mi esfera privada es la hipótesis de un gasto público evitable, entonces no sólo el uso del cinturón sino la vida en su totalidad debería sujetarse a la ley, porque la ausencia de hábitos saludables -echarse la siesta, ir al gimnasio, beber con moderación- aumenta el riesgo de contraer enfermedades que requieren tratamiento médico soportado por la Seguridad Social; y cultivar sentimientos y pensamientos insanos también podría redundar en perturbaciones mentales causantes de bajas laborales con cargo a los presupuestos públicos: en el actual Estado de bienestar, todo tiene repercusión potencial en el gasto público y, si aceptamos el principio, aun las relaciones sexuales abiertas a la procreación deberían estar minuciosamente reglamentadas, como en China, porque quizá produzca yo con un cómplice un pequeño acreedor de prestaciones públicas futuras. Imagino el día en que, tras cortarme un dedo en la cocina y acudir a un centro de salud, el facultativo dé parte a la policía de mi comportamiento bajo la sospecha de un uso negligente de los caudales públicos. No: si mi libertad genera perjuicios, incurriré en la responsabilidad que proceda, pero cuando no hay daño de terceros, el Estado no está autorizado a evitar el daño propio convirtiendo una conducta privada en ilícita y punible.
Y ahora, un consejo: abróchate el cinturón, no por temor a la multa, sino por la douceur de vivre.

Keiko Fujimori es víctima de ataques bolivarianos.

ELECCIONES EN PERÚ

Keiko Fujimori pierde su ventaja y las encuestas dan empate técnico en Perú

La ola antifujimorista y los escándalos de los últimos días parecen haber hecho mella

Hace solo una semana, todas las encuestas daban entre 5 y 7 puntos de ventaja a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) frente a Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio). Parecía imposible frenar la ola del apellido que domina la política peruana desde hace 30 años. Pero a última hora, una vez más, la realidad de este país confirma su enorme capacidad de sorpresa. Las encuestas han dado un vuelco notable en los últimos días –cuando ya está prohibido publicarlas por la ley peruana, pero detalladas ante la prensa extranjera- y todas ellas, con mayores o menores diferencias, detectan que la diferencia entre los dos se ha reducido muchísimo, incluso a menos de un punto, aunque siguen colocando a Fujimori en cabeza. Es un empate técnico y todo puede pasar.
La encuesta de GFK, por ejemplo, pronostica una apretadísima victoria de Keiko por 50,3% de votos frente a 49,7%. Se realizó entre el miércoles y el jueves. Esta misma empresa, hace solo una semana, pronosticaba un 52,2% de Keiko frente a un 47,8% de PPK. El cambio es muy importante. Datum, que hizo la encuesta un poco antes, pronostica 52,1% frente a 47,9%, también con tendencia a reducirse.CPI, otra encuestadora, plantea una diferencia de 51,6% a 48,4% para Fujimori, y creen que el último debate del domingo cambió las cosas. IPSOS decidió dejar su encuesta final para el sábado.
Parece evidente que el empujón final del antifujimorismo y la decisión de Veronika Mendoza, líder de la izquierda, de pedir el voto para PPK, ha cambiado las cosas. Los encuestadores señalan que antes había voto nulo (probablemente de izquierda) que ahora va a PPK. En Lima ha subido hasta 6 puntos este candidato. El cambio de estrategia de PPK, que pasó a un ataque frontal contra Keiko y denunció que con ella volverá la dictadura y Perú se convertirá en un narcoestado, también está haciendo efecto, sobre todo por el último debate del domingo, que PPK ganó según las encuestas.
La manifestación masiva contra Fujimori del martes, en la que se movilizó de nuevo toda la sociedad que rechazó a su padre pero también los jóvenes, que fueron quienes la promovieron, también ha podido influir. Y hay otro aspecto relevante: Fujimori había dominado completamente la campaña frente a un PPK que parecía más confiado, tanto que incluso se marchó de viaje a EEUU una semana a la graduación de su hija, pero en los últimos días diversos escándalos han roto su estrategia a la ofensiva. Los medios de comunicación más importantes, entre ellos el todopoderoso diario El Comercio, han sido durísimos con las denuncias contra su secretario general y gran financiador, Joaquín Ramírez, obligado a apartarse temporalmente al saberse que está siendo investigado por la agencia antidrogas de EEUU, la DEA. Y su candidato a vicepresidente, José Chlimper, hasta ahora portavoz y cara amable, se ha enfrentado también a la prensa porque envió a una cadena de televisión un video manipulado para exculpar a Ramírez. Todo se está complicando en los últimos días en la campaña de Fuerza Popular, ahora abiertamente enfrentada a la prensa. La candidata de hecho no concede entrevistas y evita todo lo que puede a los periodistas. Incluso está abiertamente enfrentada a su hermano, Kenji, que aspira a sucederla en el poder. Aún así, sigue siendo la gran favorita para las elecciones del domingo.
Las encuestas señalan que PPK podría dar una sorpresa de última hora y darle la vuelta como hizo Ollanta Humala en 2011, cuando todas las encuestas le daban cuatro puntos por debajo y a última hora ganó montado en una enorme ola de antifujimorismo. Pero los propios encuestadores asumen que puede haber mucho voto oculto de Keiko, como sucedió en primera vuelta, cuando sacó entre dos y cuatro puntos más de los que preveían estos sondeos. Quedan horas para saber si Keiko volverá a perder en la línea de meta o esta vez alcanzará el objetivo.

  • Elecciones Perú
  •  
  • Lima
  •  
  • Keiko Sofía Fujimori
  •  
  • Perú
  •  
  • Elecciones
  •  
  • Sudamérica
  •  
  • Latinoamérica
  •  
  • América
  •  
  • Política

Tus males tienen remedio con AMOR y filosofía,


La filosofía es parte de la cultura general. En concreto, la filosofía es el momento de máxima conciencia de esa cultura.

El hombre está condenado a conocer la realidad no directamente sino a través de ese rodeo que son las palabras que lo interpretan




'Escuela de Atenas', de Rafael

El mundo objetivo está fuera de nuestro alcance. No lo podemos conocer. Todo cuanto vemos, oímos, palpamos o saboreamos lo perciben nuestros sentidos mediado por el lenguaje. No existen las sensaciones puras porque éstas nos vienen ya interpretadas por las palabras que usamos para designarlas. Vemos aparecer la figura de una persona querida y nos decimos: “Ya ha venido mi amigo”. La amistad es una palabra cargada de significados que mutan de una sociedad a otra, de una época a otra. No se es amigo siempre de la misma manera. Nos comunican que ha fallecido un familiar y resuena en nuestro interior la palabra “muerte”, una voz que evoca un universo entero de sentido o de sinsentido experimentado de manera distinta en la Grecia clásica, en la Edad Media o en nuestra época. Sentimos la dureza heladora de una mañana de invierno y exclamamos: “¡Qué frío!”. Frío es una palabra que remite a una vivencia grata para algunos, dolorosa para otros muchos; pero incluso entre este último grupo, hay quien, como el asceta, busca ese dolor para dar firmeza a su carácter y quienes, como los deportistas de montaña o los exploradores de los polos, se entrenan voluntariamente en él para superar luego situaciones extremas.
El hombre está condenado a conocer la realidad no directamente sino a través de ese rodeo que son las palabras que lo interpretan. Todas las personas sin excepción poseen por fuerza una interpretación del mundo. Interpretar lingüísticamente es ya un quehacer genuinamente filosófico. En este sentido, todas las mujeres y todos los hombres del planeta son filósofos y no pueden dejar de serlo sin dimitir de su condición humana. La filosofía es un “universal antropológico”, lo que quiere decir que -como el amor, la mortalidad o el arte- encontraremos filosofía siempre que nos hallemos ante lo humano dotado de los rasgos que lo hacen identificable precisamente como humano.

Se adivina la importancia trascendental de educar ese lenguaje con el que nos comprendemos"

Del universalismo de la filosofía no se sigue, sin embargo, que todas las interpretaciones valgan lo mismo. Por supuesto, hay interpretaciones más contrastadas, reflexivas y decantadas que otras. El lenguaje de unos será más inteligente, refinado y articulado, el de otros más elemental, instintivo y vulgar. Se adivina la importancia trascendental de educar ese lenguaje con el que no sólo nos comunicamos unos con otros en el comercio con la sociedad sino también nos comprendemos y nos hablamos a nosotros mismos en el secreto de la soledad.
Y es entonces cuando interviene la filosofía en la segunda de las acepciones, más restrictiva que la primera: filosofía ahora no como esa interpretación del mundo muchas veces inconsciente y heredada adherida al lenguaje natural cuyo uso cotidiano compartimos con los demás miembros de la misma comunidad, sino como esa visión del mundo hiperconsciente y personal contenida en las obras literarias compuestas por unos escritores llamados filósofos. La filosofía en esta segunda forma y manifestación ya no es universal sino achaque de unos pocos. Quienes escriben estas obras constituyen una minoría social porque, de hecho, sólo un pequeño número de personas en cada época caen presos de una vocación literaria tan específica. Esta vocación implica, primero, una visio de la totalidad del mundo, donde los fragmentos de la experiencia común, aparentemente absurdos, se ensamblan en un cuadro general completado por la imaginación adquiriendo dentro de él una cierta razón de ser; y en segundo lugar, una missio que apremia por encerrar esa visión primera en un sistema ordenado de conceptos, literariamente expuesto.
Otras disciplinas se ocupan de regiones particulares de la realidad mientras que sólo la filosofía está llamada a hacerse cargo del todo de ella. Y eso tanto en su aspecto metafísico como en el pragmático. En el metafísico, la filosofía interroga sobre el “ser” general (aquello que hace inteligible al mundo y a los entes particulares que lo componen). En el pragmático, no se preocupa tanto de lo que es –el cometido de las ciencias- como de lo que debe-ser y propone un ideal prescriptivo: de conocimiento, de verdad, de justicia, de belleza, en suma, un ideal de lo humano. Podríamos decir, en conclusión, que la filosofía es una actividad intelectual esencialmente no-positivista y no-especializada, aunque, por supuesto, no desdeña los resultados de la ciencia positiva y especializada cuando le convenga a sus fines propios.

Lo único verdaderamente importante es la filosofía. Porque el dinero satisface los deseos humanos pero es la filosofía la que los moldea"

El tempo de la filosofía es geológico, al margen de los ritmos supersónicos de la actualidad política, empresarial, social y periodística. Pero es que alguien debe ocuparse también del largo y larguísimo plazo, más allá del balance económico anual o de los cuatro años de una legislatura. Ese lenguaje que usamos para comunicarnos y para hablar con nosotros mismos está hecho de palabras que tomamos en préstamo de la sociedad: aunque forman parte de nuestra identidad más íntima, no las hemos inventado nosotros sino personas del pasado, creadoras de palabras o creadoras de nuevos significados para palabras ya existentes: libertad, dignidad, felicidad, amor, bondad, belleza. Luego esos creadores –de los tres, cuatro, cinco últimos siglos- se nos deslizan sigilosamente en el interior de nuestra mente y con el diccionario que nos prestan nos ayudan a interpretar y a pensar el mundo de hoy.
Y, ¿quién creará el diccionario de las palabras que tomarán en préstamo las generaciones futuras? Los actuales fundadores del lenguaje: novelistas, poetas, dramaturgos y, con especial conciencia, los filósofos. Auténtico escritor es, al final, quien logra hacerse dueño de un glosario propio y de un puñado de metáforas eficaces. El filósofo de hoy suministra el vocabulario y la semántica que servirán para construir las interpretaciones del futuro. En su mano está moldear la visión del ser y el ideal moral de las generaciones venideras a fin de que su vida sea mejor y más propicia a la convivencia. ¿Cabe imaginar una responsabilidad superior a ésta?
Cuando a veces me preguntan para qué sirve la filosofía, como si su mismo estatus estuviera cuestionado por los apremios de esa clase de necesidades serias que satisface el dinero, suelo responder invirtiendo los términos. Lo único verdaderamente importante es la filosofía. Porque el dinero satisface los deseos humanos pero es la filosofía la que los moldea.

Si te casas con filosofía puedes ser libre y sin compromiso.

Escribió Tocqueville: “¿No habría que considerar el desarrollo gradual de las instituciones y de las costumbres democráticas no como el mejor sino como el único medio que nos queda para ser libres?”.
La historia de España de los últimos 40 años responde con rara exactitud y en el orden establecido a esta pregunta sobre la libertad colectiva. A partir de 1975 tuvo lugar en nuestro país un primer momento fundacional, carismático en términos weberianos, de invención de nuevas instituciones, que salió asombrosamente bien; después, conforme al discurso natural de las cosas, se esperaba un segundo momento de consolidación social de dichas instituciones a través de las costumbres democráticas, pero este otro proceso, tan delicado, propio de un estadio de madurez de un pueblo, no se ha consumado aún. Somos todavía una democracia sin mores y en esta carencia se halla, a mi juicio, la causa última de nuestro actual descontento.
Así como quien acerca demasiado la nariz a la obra maestra del gran pintor sólo es capaz de ver hilos y manchas de pintura sobre un lienzo, así también un análisis excesivamente circunscrito a aspectos parciales de nuestra Transición sólo conduce al previsible bizqueo del observador. En ambos casos conviene tomar distancia para contemplar el cuadro entero. En efecto, sólo una visión culta sobre el hecho, vale decir, una visión con amplia perspectiva histórica, hace justicia a la magnitud de lo acontecido aquí en los setenta. España tenía consigo misma una deuda muy antigua pendiente de cobro.
Somos una democracia sin mores y esta carencia es la causa de nuestro actual descontento
La llamada Reconquista durante la Edad Media y, durante la Moderna, la combinación del descubrimiento de América y el ideal anacrónico de un imperio político-religioso —una forma de intempestiva continuación de la Reconquista medieval— dieron como resultado una muy problemática entrada de España en la Edad Contemporánea, un país sin revolución liberal, ni revolución burguesa, ni revolución industrial, ni revolución obrera, o al menos interrumpidas, irregulares o fallidas, y un país además resistente a ese universo simbólico florecido en los vecinos países occidentales, compuesto de alfabetización, secularización, investigación, ciencia, filosofía y europeización, entre otros ingredientes. Las tres figuras arquetípicas de la modernidad —el burgués que crea una empresa con obreros y capital; el sujeto moralmente autónomo que elige su estilo de vida con arreglo a sus preferencias; y el ciudadano libre y con derechos, que confía en la deliberación racional de los asuntos relacionados con el bien común— durante centurias no acabaron de perfilarse en nuestro suelo.
Hasta justamente la Transición, que supone la definitiva mayoría de edad de España como país ilustrado y moderno y el protagonismo histórico, tardío pero esta vez feliz, de esas tres figuras arquetípicas. Formalmente, se produjo una Transición “de la ley a la ley”. Pero, atendiendo a su contenido, el paso de la dictadura a la democracia en España se parece, más que a una transición, a una fundación, porque funda un nuevo demos político, como cuando Rómulo tomó el arado y cavó el foso circular (pomerium) estableciendo los límites de la naciente Roma. Son nuestros años carismáticos por excelencia, aquellos en los que energías auráticas, vitales, emocionales y míticas súbitamente liberadas —en la descripción weberiana del carisma— se organizan en poder transformador, revolucionario. De un solo golpe se llevan a cabo simultáneamente todas las revoluciones pendientes en España, si bien no una revolución fratricida, como las europeas, de una parte de la sociedad en lucha sanguinaria con otra, sino una fraternal, de toda la sociedad conciliada consigo misma y en lucha con un pasado imperfecto, defectivo. A la luz de estas consideraciones, la idea de una segunda Transición es tan excéntrica como lo sería para un estadounidense la de una segunda Declaración de Independencia.
Conforme al esquema de Weber, tras el carisma de la Transición debería haber venido en España durante los 40 siguientes años la consolidación de sus instituciones a través de costumbres sociales (del demos a las mores). Las instituciones democráticas garantizan la libertad al ciudadano y al mismo tiempo esperan un determinado uso de ella. Un ejercicio racional y virtuoso de la libertad dignifica al ciudadano y favorece la convivencia. Lejos de agotarse en meros procedimientos, la democracia propone también un ideal material de ciudadanía.
La Transición supuso la definitiva mayoría de edad de España como país ilustrado y moderno
Ideal de un ciudadano no sólo libre, sino también emancipado; uno que no sólo ajusta su libertad externa a la ley, sino que educa su corazón y lo civiliza allá donde la ley no alcanza. ¿Cómo obligar a alguien a ser virtuoso a la fuerza? Vano sería el intento de imponer este ideal por ley. “Leges sine moribus vanae”, dice el verso de Horacio. Se extiende, en consecuencia, no por la coacción de la ley sino por la persuasión de la costumbre, las buenas costumbres de un pueblo, auténtica fuente de moralidad social. Escribe Tocqueville: “Las leyes son siempre vacilantes en tanto no se apoyan en las costumbres; las costumbres forman el único poder resistente y duradero del pueblo”. No cualquier rutina merece el nombre de costumbre, sólo aquella dotada de normatividad moral, cuya violación es castigada sólo con el reproche colectivo, sin sanción jurídica. Llamamos buenas a aquellas costumbres que mueven blandamente al ciudadano, sin necesidad de coerción, en dirección a dicho ideal de libertad y le enseñan su ejercicio virtuoso. El resultado de su ampliación por medio de las mores sería algo así como la universalización de la decencia (ideal de una mayoría selecta).
España atraviesa ahora las dificultades propias de una democracia sin buenas costumbres. No pudo heredarlas de la dictadura y no ha sabido inventarlas en estos 40 años. Carecemos de un ideal cívico compartido, seductor y potente. Sentimos por todas partes la torpeza de las instituciones políticas que nos rigen y exigimos su reforma inmediata, pero con alta probabilidad esas mismas instituciones funcionarían pasablemente bien de estar administradas por ciudadanos competentes y con sentido del decoro. En el fondo, simplemente queremos administradores decorosos. ¿Y cómo conseguir este tesoro? Con el apremio irresistible de propio ejemplo cívico, generalizado a la sociedad entera gracias a las imitaciones colectivas de las costumbres. Nada más eficaz para exigir decencia que practicarla. Una sociedad comprometida con aquello mismo que reclama ejerce una presión muda sobre la selección de los administradores públicos y somete su gestión a la medida de una pauta moral —no escrita pero realísima— que éstos ya no pueden ignorar sin gravísimo y justificado reproche.
A lo mejor resulta que queremos reformar las instituciones para no reformarnos a nosotros mismos y así permanecer instalados en nuestra suave vulgaridad moral, libres y sin compromiso para siempre como en una juventud eterna. Comprometerse no menoscaba la libertad; al contrario, la perfecciona. Ojalá una España del futuro con buenas costumbres democráticas. Libre y con compromiso.

Cinco pensadores, cinco filósofos hablan de la importancia de las ideas.

De izquierda a derecha, Adela Cortina, Ángel Gabilondo, Ángel Cappa, Javier Gomá y Amelia Valcárcel, en CaixaForum de Madrid
En una habitación a oscuras y repleta de trastos resulta muy fácil tropezarse. Si alguien enciende la luz, todo cambia. Ese efecto de darle al interruptor es, para Javier Gomá, la filosofía. Gomá fue ayer uno de los intelectuales que habló de pensamiento de una forma diferente ante una audiencia de más de 500 personas en un acto organizado por EL PAÍS. El director de la Fundación Juan March reivindicó una filosofía “cercana y para todos”. Tan para todos que hubo que habilitar dos salas auxiliares para que los asistentes pudiesen seguir la cita.
El formato era arriesgado. Sin papeles. A solas sobre el escenario. Cinco minutos para cada uno de los cinco oradores y un taburete como único punto de apoyo... o de defensa, según se mire. Un monólogo en toda regla. Adela Cortina, Amelia Valcárcel, Ángel Cappa y Ángel Gabilondo completaron el elenco que se subió al escenario de CaixaForum Madrid.
Gabilondo se centró en la palabra, por la que confesó su “amor”. “Es el medio por el que pensamos y nos comunicamos”, dijo, para añadir: “No esperar nada de alguien es no quererle”.
Cortina habló de la ética de los ciudadanos para vivir una verdadera democracia: “Si no la tenemos nosotros, tampoco la tendrán nuestros representantes”.
Cappa dedicó sus minutos al deporte: “Ahora se valora solo la victoria; jugar bien es un adorno. Más o menos como la cultura para el capitalismo”.
Valcárcel reivindicó “el derecho a poder seguir preguntando” y apuntó que la inteligencia es contagiosa porque “no es individual”. Tres veces al día se inclina en dirección a París para dar las gracias a Montesquieu por “el sistema en el que vivimos”.
Tras las intervenciones, que estarán disponibles en la web de EL PAÍS, se celebró un debate, moderado por Berna González Harbour, la editora de Babelia, el suplemento cultural de este diario.
Entre los asistentes se encontraba Bernardino, con 30 años a sus espaldas como profesor de filosofía: “Hace falta una manera de pensar más allá de conocimiento científico”. A su lado, Marta Sánchez, de 16, que este curso ha comenzado a dar sus primeras lecciones de esa materia en Bachillerato: “Es cierto que ahora te planteas más las consecuencias de tus actos”.
El coloquio se enmarca en la presentación de la Biblioteca Descubrir la Filosofía,dirigida por Manuel Cruz, catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona, que se puede adquirir con la edición dominical del periódico. El primer ejemplar, dedicado a Platón, estará en los quioscos el próximo domingo por solo 1,95 euros. El objetivo de la colección es repasar la obra de los grandes filósofos y acercarla a los lectores de forma sencilla y con ejemplos actuales.

  • CaixaForum, Madrid
  •  
  • Amelia, Valcárcel,
  •  
  • Ángel Gabilondo,
  •  
  • Javier Gomá, Lanzón,
  •  
  • Adela Cortina,
  •  
  • Ángel Cappa,
  •  
  • Filosofía
  •  
  • Caixa Forum,
  •  
  • Instituciones. culturales,
  •  
  • Cultura,