Del sexo en 1861 al sexo en las redes sociales.


Del tamaño del clítoris al miedo a educar a los menores: mitos que perduran

Vivimos en la época de la información o, más bien, de la sobreinformación. Una de las citas más famosas en torno a esta idea es la que pronunció el que fuera CEO de Google, Eric Schmidt: "Disponíamos de 5 exabytes de información creada desde el origen de la civilización hasta el año 2003. Ahora, ese volumen de información se genera en tan solo dos días”. Un estudio posterior de la compañía de software RJMetrics apuntó que estamos ante cifras incluso mayores.


Sin embargo, este flujo constante de conocimiento no siempre supone una mayor formación, como ocurre, por ejemplo, con la educación sexual, que en España sigue siendo escasa. ¿Cree haber superado todos los mitos sobre sexo que ya acechaban a nuestros tatarabuelos? Para comprobarlo, consultamos la obra El Libro de la Naturaleza, escrito en 1861 por James Asthon, definido a sí mismo como profesor de Fisiología Sexual, que pretendía con este ensayo “dar información a los jóvenes que piensan en casarse, sobre la Filosofía de la procreación y la relación sexual, mostrando cómo evitar la concepción y procreación no deseada”, es decir, un completo manual de Educación Sexual al estilo del siglo XIX. Abordamos sus erradas enseñanzas para descubrir que muchas de ellas siguen siendo compartidas.

Antes de la faena, haga la digestión

En uno de los capítulos de la serie Big Bang Theory, el científico Leonard Hofstadter preguntaba a su novia doctora si podía tener relaciones sexuales sin esperar las dos horas de la digestión. Pero otros sujetos se lo plantearon mucho antes. De hecho, se trata de una idea que ya aparecía en el libro de Asthon:
“El momento adecuado para la indulgencia sexual es una consideración importante, ya que el descuido en este sentido puede tender a la indigestión y otras afecciones del estómago. Las personas que están predispuestas a este tipo de enfermedades no deben tener relaciones sexuales justo antes de comer, ni muy poco después de una comida completa. De dos a tres horas antes o después de comer una comida completa es el momento adecuado”.

Analiza esta idea el médico de Atención Primaria, Froilán Sánchez Sánchez, coordinador nacional del grupo de Sexología de SEMERGEN: “A efectos prácticos, siempre y cuando no se trate de una gran comilona, que de por sí implica otros riesgos, nada hace suponer que la actividad sexual después de una comida, incluso abundante, pueda provocar indigestión o problemas estomacales. Más bien esto puede ser debido al hecho de comer en exceso”. Este tipo de mitos es congruente con lo más tradicional de nuestra cultura judeo-cristiana, "que correlaciona la sexualidad y el placer con el peligro y, en el caso de abusar del sexo, con el riesgo de enfermar”.

Consuma alcohol como afrodisíaco

¿Hay alimentos que nos ayudan a disparar nuestra libido? ¿Es el alcohol uno de ellos? Este es uno de los temas sobre los que mucho se ha debatido, ya desde hace dos siglos.
Así, Ashton cita en su obra lo siguiente: “El alimento en particular que se calcula para estimular los órganos sexuales es marisco o pescado de mar de cualquier tipo, y la tortuga, ya que estos contienen generalmente fósforo. Entre las verduras se pueden mencionar el apio, nabos, cebollas, pimientos, espárragos, tomates, habas, etc.”. Recomienda, además, bebidas como la cerveza, el vino o el café, aunque desaconseja las bebidas “espirituosas”, por no tener precisamente los efectos erotizantes deseados.
Ahora sabemos que algunos alimentos (muy pocos) junto a grandes dosis de imaginación pueden llevarnos a la performance sexual de nuestra vida, pero, desde luego, la nevera no es clave en este sentido. Respecto al alcohol, Froilán Sánchez incide en que este “tiene una inmerecida fama de ser un potente excitante sexual, puesto que los estudios llevados a cabo en hombres y en mujeres demuestran que tiene efectos negativos en este campo”. Y continúa: “Incluso a dosis baja dificulta el orgasmo en la mujer. En los hombres, por encima de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre, produce la supresión de la erección”. Hay estudios que afirman que dejar de beber durante un mes repercute en más diversión entre las sábanas. Sin embargo, muchas personas aún no lo aceptan y tiran de la copita de vino para sentirse mejor en sus encuentros sexuales. Esto se debe, según el doctor, a que “el alcohol es un potente depresor del sistema nervioso central, atenúa la función del córtex cerebral, lo que permite una mayor autonomía de centros inferiores, más implicados en las respuestas emocionales. De este modo, en una persona pasada de bebida, las emociones se ‘liberan’, al evitarse el control más racional del córtex cerebral, desinhibiéndose conductas que en ausencia de alcohol se reprimirían, generando la sensación de que el acercamiento sexual es más sencillo”.

Conozca las técnicas amatorias para elegir el sexo del bebé

Se lo habrá escuchado a su abuela, a su madre e incluso su prima, que dirá que a ella le funcionó: determinadas posturas, días del ciclo lunar o incluso determinados gestos pueden asegurar el sexo del bebé. Pues bien, esta idea nos la llevan transmitiendo muchas más generaciones de las que pensamos.
“En las mujeres amorosas en general, se reproducen las niñas, mientras que las que son más frías reproducen chicos con temperamento. Cuando ambos sexos son moderados en sus deseos, se producen los niños”, apuntaba Asthon en su libro de 1861.
A este respecto, José Bustamante, vicepresidente de la Asociación de Especialistas en Sexología (AES), aporta: "Los mitos con relación al embarazo permanecen en nuestra sociedad. Y aunque no haya ningún aval científico detrás de estas supersticiones, seguimos encontrando personas que nos darán estos u otros consejos para decidir el sexo de nuestro bebé”.

Sepa cuánto mide un clítoris

Haga una prueba en una reunión con gente de confianza, pregunte cómo cree la gente qué es un clítoris y cuánto cree que mide. La mayoría le dará la misma respuesta que le hubiera dado alguien del s. XIX, y será errónea.
Si bien Asthon definía el clítoris como un órgano que “se asemeja a un pene masculino en miniatura, por lo general, aproximadamente del tamaño de un guisante”, adelanta que quienes tienen un clítoris más grande podrían padecer hermafroditismo o doble sexo.
El sexólogo José Bustamente insiste en este punto en que “la sexualidad femenina en general, y el clítoris en particular, se han visto envueltas durante siglos en un manto de ocultismo”. Sin embargo, explica que gracias a lasaportaciones de la uróloga australiana Helen O'Connell contamos desde 1998 (parece mentira que tardásemos tanto) con una imagen real de la anatomía completa clítoris. “Tal y como mostraron sus estudios con resonancia magnética, el clítoris es una estructura que puede medir en total de 8 a 12 cm aproximadamente y que se extiende por el interior del cuerpo, descansando sobre la uretra. Lo que queda en el exterior, el glande clitoriano, es únicamente una cuarta parte del total del órgano del placer”. Lo único cierto de la idea planteada hace dos siglos es que “el glande del clítoris y el del pene comparten una estructura similar con capacidad eréctil y alta sensibilidad”.

Tenga miedo… mucho miedo

Asthon escribía un libro sobre educación sexual, es cierto, pero lo hacía pensando en los jóvenes matrimonios, porque como advierte: “Uno de los mayores males de la humanidad es la indulgencia con la libertad sexual de niños y hombres jóvenes. No solo daña su vitalidad, sino que también afecta a su intelecto".
En este terreno, las cosas tampoco han cambiado mucho. Y es que uno de los motivos para no implementar una educación sexual reglada es precisamente ese miedo a “incitar a las personas” a tener relaciones sexuales demasiado pronto. Una vez más, Bustamente puntualiza que “los temores que algunas personas manifiestan ante el hecho de hablar de sexualidad a los niños y esa idea del despertar temprano por ello, es justo eso, un miedo irracional que contradice las evidencias científicas. En realidad, sabemos que una educación sexual basada en fundamentos científicos no solo no produce un ‘despertar temprano’ de la sexualidad, sino que favorece la prevención de un interferencia negativa en el desarrollo psicosexual del menor”

Marilyn Monroe era una mujer triste, algo que nadie se explicaba y de lo que ella misma se sentía secretamente avergonzada


Pensábamos que sabíamos todo sobre ella. Pero el mito de Hollywood guardaba un secreto: tenía la necesidad compulsiva de escribir sus sentimientos. Aparece ahora un libro con textos y poemas inéditos que revelan el lado más íntimo y desgarrado de la actriz. 

Marilyn Monroe en su retrato favorito realizado por Cecil Beaton













Marilyn Monroe era una mujer triste, algo que nadie se explicaba y de lo que ella misma se sentía secretamente avergonzada. Porque también era alegre, o podía serlo, radiante, pero la fatiga, la depresión y el pesimismo fruto de un carácter extremadamente sensible e inteligente la acorralaron hasta perder toda esperanza en sí misma y suicidarse la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 en su casa (la única que tuvo en propiedad) de Brentwood, en Los Ángeles, un hogar sencillo, de aire colonial español, con apenas muebles y con una inscripción en latín en la entrada: Cursum perficio (aquí acaba el viaje).
A sus 36 años, Marilyn estaba cansada, demasiado cansada. La publicación de buena parte de sus escritos personales (la mayoría inéditos) en el libro que ahora ve la luz, Fragmentos (Seix Barral), lo confirma de manera rotunda. Su poesía, sus lecturas, sus notas, sus cartas... todo apunta al mayor de los cansancios, el que provoca esa soledad que se escapa a las evidencias (¿cómo podía sentirse sola la mujer más adorada del mundo?) y que ella sufrió como un azote implacable. "¡¡¡Sola!!! / Estoy sola-siempre estoy / sola / sea como sea", escribe en la primera página de un cuaderno que, como todos, muestran a una mujer nerviosa y generosa, terriblemente insegura y asustada, que necesitaba a los demás para buscarse a sí misma, pero que jamás encontró consuelo, sintiéndose siempre atrapada entre la traición o el abandono. Nadie duda de que sus tres maridos, cada uno a su manera, la quisieran, ni que sus amantes (de los hermanos Kennedy a Elia Kazan, Frank Sinatra, Yves Montand o Marlon Brando, quien fue más amigo y mejor persona con ella que cualquiera de los antes citados), la desearan pero nadie podría rebatir que ninguno de ellos -ni siquiera Arthur Miller, probablemente el que más se acercó a conocer su melancólica naturaleza- supo ser generoso y darle la paz que necesitaba.
Marilyn Monroe, descansando en el hotel Bel Air de Los Ángeles en 1952
Marilyn se refugiaba en sus pensamientos breves, fragmentarios, aniñados pero no por ello ingenuos, básicamente poéticos -ya sean en prosa o en verso-, cuya lectura refleja a una actriz con pulsión creativa y con una inagotable necesidad de conocimiento. Una mujer culta, atenta a una vida que le apasionaba al mismo ritmo que le aprisionaba. "Socorro, socorro, / socorro. / Siento que la vida se me acerca / cuando lo único que quiero / es morir", escribe en un poema cuya fecha baila entre 1956 y 1961, y cuyo primer borrador, según Donald Spoto, quizá el más conocido de sus biógrafos, ella anotó en un cuaderno de Arthur Miller. Desde su frágil pedestal, la gran diosa pedía auxilio. Pero nadie quería escucharlo: ni sus hombres, ni sus admiradores, ni muchísimo menos los estudios de Hollywood, donde Marilyn acabó siendo una figura incómoda, una mujer intolerablemente ingobernable cuya rebeldía se traducía en falta de profesionalidad, impuntualidad y un autodestructivo caos. Pocos de sus colegas salieron en su defensa en aquellos momentos, solo Brando (quizá porque siempre se sintió tan herido por aquel mundo como ella), Dean Martin (su compañero de reparto en Something's got to give, que hizo lo imposible para que no la despidieran) o su adorado Clark Gable, en quien veía al padre soñado que jamás tuvo (Marilyn buscó incansablemente a ese hombre del que solo poseía la borrosa foto de un tipo de aire viril con bigotillo).
Marilyn oculta
Las pastillas solo eran una forma de aplacar su enorme ansiedad y de mitigar su insomnio. Sufría cambios bruscos de humor, el alcohol era su antídoto para la tristeza, su manera de animarse, porque ella -como insiste en cada rincón de sus escritos- necesitaba la alegría que había perdido. "Yo solía reír tan fuerte y con tanta alegría", le confesó a Richard Merymand, entonces subdirector de Life, en la que fue su última entrevista, en julio de 1962. Con una lucidez estremecedora, Norma Mailler explicó así la tragedia: "Para sobrevivir, habría tenido que ser más cínica o por lo menos estar más cerca de la realidad. En lugar de eso, era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que le hacía jirones en la ropa". En este mismo sentido, Miller añadió: "Hay algo sorprendente en ella: su absoluta, irremediable, a veces intolerable, incapacidad para mentir".
Así, la poeta callejera, la mujer que se quitó la vida (y todas las investigaciones serias descartan las teorías conspirativas de un asesinato a manos de la mafia orquestado desde algún secreto despacho de la Casa Blanca) al ingerir un frasco entero de Nembutal -las pastillas que ese mismo día le acaba de reponer su psiquiatra para frenar sus días sin descanso- anunciaba ya en un poema sin fecha ni nombre que la muerte era uno de sus pensamientos consoladores: "Ay maldita sea me gustaría estar / muerta -absolutamente no existente- / ausente de aquí -de / todas partes pero cómo lo haría / Siempre hay puentes- el puente de Brooklyn / Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio) al caminar parece / tranquilo a pesar de tantísimos / coches que van como locos por la parte de abajo. Así que / tendrá que ser algún otro puente / uno feo y sin vistas -salvo que / me gustan en especial todos los puentes- tienen / algo y además / nunca he visto un puente feo-.
"Si las personas escasamente sensibles e inteligentes tienden a hacer daño a los demás, las personas demasiado sensibles y demasiado inteligentes tienden a hacerse daño a sí mismas", escribe Antonio Tabucchi en el prólogo del libro. Para el escritor italiano, estos textos inéditos de Marilyn revelan una personalidad "intelectual y artística" que ni los biógrafos podían sospechar. "No solo los poemas, sino también las notas breves y las páginas de sus diarios incluidas en este libro (siempre en una prosa marcadamente elíptica, hipersignificante y, por eso mismo, rayana en el lenguaje sibilino propio de la poesía) constituyen de una manera flagrante una búsqueda y una quête. La búsqueda racional de una intelectual que trata de comprender la realidad que la circunda (qué es este mundo, qué significa) y la quête de una persona que se busca a sí misma en este mundo (quién soy yo, qué sentido tengo...). La imagen que Marilyn ha dejado de sí misma esconde un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, es un alma que la psicología barata calificaría de neurótica, como se puede calificar de neurótico a todo el que piensa demasiado, a todo el que ama demasiado, a todo el que siente demasiado".
Todas las pertenencias de la actriz las heredó su maestro en el Actors Studio, Lee Strasberg, y ha sido su viuda, Anna Strasberg, quien las ha empezado a desempolvar desde su apartamento del mítico edificio Dakota de Nueva York. Asesorada por un grupo de coleccionistas de arte, Anna Strasberg dejó en 2007 parte del material en manos de Stanley Buchthal y Bernard Comment, que son los encargados de la edición de Fragmentos, libro excepcional que se cierra con el texto que escribió el propio Strasberg sobre su célebre alumna al conocer su muerte: "Otras personas poseían mayor belleza física, pero ella poseía una cualidad luminosa: una combinación de tristeza, resplandor y ansia".
En sus cartas dirigidas a su psiquiatra, el doctor Ralph Greensom, en 1961, la actriz intenta explicar esa doble cara suya, triste y alegre, una duplicidad que ella conocía muy bien y que, lejos de resultar chocante, debería explicar el por qué de su profunda y todavía hoy inagotable belleza: "Sé que nunca seré feliz, pero sé que ¡puedo ser muy alegre! Acuérdese, ya le conté que Kazan me dijo que era la chica más alegre que había conocido nunca y creo que ha conocido a unas cuantas. Pero me quiso durante un año, y una vez me acunó cuando tenía una angustia muy grande. También me sugirió que me psicoanalizara y luego quiso que trabajara con su maestro, Lee Strasberg. ¿Es Milton quien escribió 'los hombres felices nunca nacieron'? Conozco".
En un texto confuso, junto a una lista de palabras ("problemas / nerviosismo / humanidad / disparates / errores / y mis propios pensamientos"), la actriz apunta: "(unas copas de más- de vez en cuando) / lo que tal vez quiere decir que no tuve tiempo de / comer durante el día y como socialmente el alcohol se acepta y seguramente previamente he / tenido que apresurarme- puedo sentir la necesidad de relajarme con unas copas de Jerez que / pueden hacer efecto demasiado deprisa / que quizá no habría disfrutado estando demasiado cansada y me ponen de pronto alegre y / simpática con las cosas y la gente a mi alrededor / esto claro se considera beber demasiado / y cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que no hay respuestas la vida hay que vivirla".
Las páginas emborronadas con una caligrafía desigual se detienen cuando la mujer más deseada del planeta escribe su propio deseo: "Tener una idea de mi misma". Un poco más allá, esta mujer que nació como Norma Jeane Mortenson y fue bautizada como Norma Jeane Baker, hija no deseada de una madre loca cuya ausencia marcó su infeliz infancia, dice: "Nunca más una niñita sola y asustada, Recuerda que puedes estar instalada en lo más alto (no parece que así sea)".
La obsesión por conocerse y construirse la llevó a fascinarse por hombres mayores (el jugador de béisbol Joe DiMaggio) e inteligentes (el dramaturgo Arthur Miller), en los que descargaba su miedo a no encontrarse nunca, a vagar perdida en la piel de una mujer que todos -menos ella- idolatraban. Lejos del cliché de rubia tonta que la hizo famosa en la pantalla, Marilyn era una mujer que buscaba la autoestima y que se refugiaba en la lectura de autores que podían ayudarla a encontrar las respuestas que tanto necesitaba: Walt Whitman, James Joyce, Samuel Beckett, Gustav Flaubert, Jack Kerouac, Fiodor Dostoievski, John Steinbeck... Leía novela, ensayo y, sobre todo, poesía. En su biblioteca se encontraron más de 400 volúmenes. Entre ellos, los seis de la biografía de Abraham Lincoln de Carl Sandburg y El Ulises, dos de sus libros favoritos.
Hablando de sus comienzos en Hollywood, la actriz le confesaba al periodista francés Georges Belmont que estudiaba durante sus horas libres: "Nunca me veían en los estrenos, ni en las conferencias de prensa, ni en las fiestas. Era muy sencillo: ¡estaba en la escuela! No había podido completar mi formación, de modo que asistía a clases nocturnas en la Universidad de Los Ángeles. De día me ganaba la vida haciendo papelitos en el cine. De noche asistía a clases de historia y literatura e historia de Estados Unidos. Leía mucho a los grandes".
En 1943, Marilyn se casó con su primer marido, un obrero aspirante a policía llamado James Dougherty; tenía 16 años, y en un texto mecanografiado deja ver que su marido la ha traicionado con otra. Reflexiona sobre el matrimonio y sus fallidas expectativas. Siente cólera, humillación y, muy pronto, solo desesperación. También le preocupa que él la vea así, desencajada y llorosa: "El dolor entumecido del rechazo y de sentirse herida por la destrucción o pérdida de la imagen de algún tipo de amor idealista o verdadero", escribe. Añora sentirse "amada, deseada, mimada"; se pregunta por qué no será todo "sencillo, corriente, normal y fácil", aunque si fuera así, añade, "seguramente me aburriría". "Supongo que quizá esta noche me sienta más libre y hasta a lo mejor soy capaz de mirarle a los ojos y decirle te quiero con un gesto de odio o de algo parecido. / [...] anoche estaba tan quemada por el sol que solo llevaba el jersey sin sujetador -lo cual me daba una sensación de sensualidad que creí que él compartía - ahora está la cuestión de si me mintió- que nos quisiera a las dos podría aceptarlo pero no que me mintiera al decirme que soy yo la primera y principal y que si nuestra relación cambiara no dudaría en decírmelo porque, como él mismo reconoció, nunca aceptaría ser una segundona".
Marilyn se describe entonces como una "optimista" que espera poder reírse pronto ("sin ese falso tono protector") del patinazo. Y finaliza: "No es tan divertido conocerse demasiado o creer que se conoce uno demasiado -todo el mundo necesita un poco de amor propio para superar las caídas y dejarlas atrás".
Pero el amor propio no se afianzó en una personalidad que se movía en perpetuo zigzag, desdibujando la posibilidad de esa sólida columna vertebral sobre la que cualquier ser humano desea asentarse en el mundo. En un poema sin fecha, la actriz insiste en una imagen recurrente, las dos direcciones y las arañas (símbolo de la construcción y destrucción que no cesa): "Vida - / soy de tus dos direcciones / De algún modo permaneciendo colgada hacia abajo / casi siempre / pero fuerte como una telaraña al / Viento - existo más con la escarcha fría resplandeciente. / Pero mis rayos con abalorios son del color / que he visto en un cuadro -ah vida / te han engañado".
Marilyn se casó con Arthur Miller el 29 de julio de 1956. Todavía flotaba la posibilidad de una reconciliación con DiMaggio (un hombre excesivamente tradicional que quería apartar a la actriz de su vocación para convertirla en una millonaria ama de casa, algo a lo que ella jamás accedió). Una serie de poemas fechados durante los meses que Miller y ella pasaron juntos en Inglaterra rodando El príncipe y la corista refleja el trauma que supuso para la actriz fisgar en los diarios íntimos del dramaturgo, en los que él duda de su amor.
Ella, implacable consigo misma, empieza a castigar su frágil autoestima: "Donde sus ojos reposan con placer -quiero / seguir allí - pero el tiempo ha modificado / el poder de esa mirada. / Ay, cómo voy a apañármelas cuando sea menos joven- / Busco la alegría pero está vestida / de dolor / cobrar ánimos como en mi juventud / dormir y descansar la pesada cabeza / en su pecho -pues mi amor todavía / duerme junto a mí". "El dolor de su añoranza cuando mira / a otra / como una frustración desde el día / en que nació. / y yo con mi despiadado dolor / y su dolor por la añoranza - / cuando mira y ama a otra / como una frustración del día / en que nació- / tenemos que sobrellevarlo / me muevo tristemente porque no siento alegría alguna".
¿Puede un hombre sonreír cuando contempla a la mujer más triste del mundo? Es lo que Arthur Miller escribió en Vidas rebeldes para su mujer, la película de John Huston de 1961, la última que acabaría la actriz y la última también de su admirado Gable. El diálogo en el que el viejo galán, más guapo que nunca, le dice a la chica rubia que es la mujer más triste que ha conocido nunca probablemente forma parte de los momentos más estremecedores de la historia del cine. "Pues todo el mundo piensa que soy muy alegre", replica ella. Ante lo que el honorable Gable responde: "Eso es porque cualquier hombre se siente feliz al mirarte".
"Anoche volví a pasar despierta toda la noche", le escribe Marilyn a su psiquiatra. "A veces me pregunto para qué sirve el tiempo nocturno. Casi no existe para mí -todo me parece un largo y horrible día. Bueno, pero pensé que más me valía ser constructiva y me puse a leer las cartas de Sigmund Freud. Cuando abrí el libro la primera vez me encontré la foto de Freud y me eché a llorar, parecía muy deprimido (la deben haber tomado muy al final de su vida) murió decepcionado -la doctora Kris me dijo que había sufrido mucho dolor físico lo cual ya sabía yo por el libro de Jones- pero sabiéndolo sigo confiando en mi instinto porque en su amable rostro veo un hombre decepcionado".
Hay algo revelador en la famosa última sesión de fotos de Marilyn, realizada por Bert Stern seis semanas antes de la muerte de la estrella. En la serie completa, 2.571 fotografías que se tomaron durante tres días de trabajo en el Bel-Air Hotel de Los Ángeles, casi se puede palpar (la actriz bebió bastante) el estado de nervios en el que se encontraba. En aquella sesión, quizá como nunca, dejó ver todo lo que no quería enseñar, un cuerpo y un rostro que empezaba a estar castigado, y en su abdomen, una enorme y exagerada cicatriz tras una operación de vesícula. Marilyn, la mujer que dudaba hasta de su belleza (cuando el fotógrafo se admiró ante ella, la actriz le respondió casi sin respiro: "¿De verdad cree que soy guapa?"), se quitó la ropa, y fue en ese instante, cuando le permitieron ser una mujer, cuando por fin emergió la diosa.
Stern tenía en su memoria grabada una frase que le dijo una vez otro gran mito, Diane Vreeland, la editora de Vogue, a la que una vez le pidió consejo para fotografiar "de verdad" a una mujer. Vreeland, desde su altiva elegancia e inteligencia, le respondió: "Nunca lo olvides, una mujer no es bella por su piel, sino por sus cicatrices". Y las de Marilyn eran muchas y demasiado profundas, ocultas durante décadas bajo capas de maquillaje que ocultaban un precipicio por el que todavía hoy se escapa la identidad de este triste tiempo.
'Fragmentos', 


TEXTOS DE MARILYN MONROE


Ay maldita sea me gustaría estar
muerta -absolutamente no existente-
ausente de aquí -de
todas partes pero cómo lo haría
Siempre hay puentes -el puente de Brooklyn
Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura
y el aire es tan limpio) al caminar parece
tranquilo a pesar de tantísimos
coches que van como locos por la parte de abajo. Así que
tendrá que ser algún otro puente
uno feo y sin vistas -salvo que
me gustan en especial todos los puentes -tienen
algo y además
nunca he visto un puente feo
Marilyn Monroe (sin fecha)
Socorro, socorro.
Socorro.
Siento que la vida se me acerca
cuando lo único que quiero
es morir.
Grito -
empezaste y terminaste en el aire
pero ¿qué hubo en medio?
Marilyn Monroe, 1961
¡¡¡Sola!!!
Estoy sola -siempre estoy
sola
sea como sea
Marilyn Monroe (sin fecha)
Vida -
soy de tus dos direcciones
De algún modo permaneciendo colgada hacia abajo
casi siempre
pero fuerte como una telaraña al
viento -existo más con la escarcha fría resplandeciente
Pero mis rayos con abalorios son del color
que he visto en un cuadro -ah vida
te han engañado
Marilyn Monroe (sin fecha)

Marco Penella no era amigo de Pablo Iglesias, lo despreciaba.

Marco Pannella no era revolucionario, lo que en democracia es un retroceso y no un avance, sino un agitador formidable.


Marco Pannella, líder del Partido Radical. 
Sólo he sido miembro de dos partidos políticos en mi vida y el primero fue el Radical de Marco Pannella. Me gustaba porque era transnacional, o sea plenamente europeo, y porque era el único que llevaba en su programa la despenalización de las llamadas “drogas”, oponiéndose a esa dañina fantasía inquisitorial que tanto daño ha causado a personas y países enteros (México es hoy triste ejemplo de ello). Entre los radicales conocí a gente tan estupenda como mi amiga Emma Bonnino, audaz e inteligente, con quien compartí algunas iniciativas… y retrocedí ante otras. Una vez, cuando la población de Sarajevo vivía acosada por los francotiradores, Emma me propuso que fuésemos allí el día de Navidad para interponernos pacíficamente entre el fuego de ambos bandos. Comenté prudentemente que no me parecía el mejor modo de festejar fechas tan entrañables y ella me advirtió: “Piensa que la alternativa es pasarlas en familia”…
Marco Pannella no era revolucionario, lo que en democracia es un retroceso y no un avance, sino un agitador formidable; tenía ideas apasionadamente prácticas pero carecía de odio social: lo contrario de lo que ahora se lleva. Algunos lo tenían por insensato pero nadie dudó de su honradez. Vino a Madrid a conocerme y fuimos a un restaurante cerca de casa. El dueño, cazador entusiasta, nos propuso unas perdices cobradas por él mismo. Marco me miró severo, porque acababa de impulsar un referéndum en Italia —¡otro más de los suyos!— para prohibir la caza. Yo estaba confuso, el dueño insistía. De pronto, Marco alivió el ceño y me lanzó su mágica sonrisa. “Bueno, las perdices ya están muertas, ¿verdad? De modo que más vale comérnoslas”. Y después, tan felices, nos comimos sin remordimiento las perdices. Ciao, Marco, contagioso campeón del activismo ciudadano inconformista.

La crisis es tan injusta con incierta.


Se la voy a contar a ustedes tal y como me la han contado a mí.


Esta historia arranca en el invierno de 2014, cuando el padre de Andrea, un hombre fuerte, sano, candidato a longevo, muere repentinamente de un infarto cerebral. Marco tenía 51 años, y su súbito fallecimiento afecta tan profundamente a Vicenta, su viuda, que le provoca otro infarto cerebral, más leve, del que logra recuperarse no sin esfuerzo. Hasta aquí las bromas macabras del destino. Desde aquí, las que sólo corresponden a la voluntad de los seres humanos.
Marco y Vicenta vivieron juntos durante 30 años, pero no estaban casados ni inscritos como pareja de hecho. Por tanto, ella carece de derecho a cobrar una pensión de viudedad. La hija de ambos, Andrea, estudiante, que era menor de edad cuando murió su padre, sí tiene ­derecho a cobrar una pensión de orfandad, por la que recibe exactamente 194,30 euros cada mes. También heredó la única propiedad de la familia, el piso donde residen actualmente, una vivienda de 60 metros cuadrados situada en su pueblo, Vélez-Málaga. Y ahí empieza la pesadilla de Vicenta y de Andrea, a la que más le habría valido no heredar absolutamente nada.
Vicenta tiene 54 años y es parada de larga duración. Durante seis meses, entre mayo y octubre de 2014, percibió una ayuda del Ayuntamiento de su pueblo destinada a prevenir situaciones de exclusión social, 260 euros mensuales para comprar productos de primera necesidad, cuya adquisición tenía que justificar con las facturas correspondientes. Cuando esa ayuda se agotó, solicitó y obtuvo una prestación de 426 euros para desempleados sin ingresos durante un plazo de 11 meses, que está a punto de cumplirse.

La dignidad de las personas, el derecho a la vivienda y a la educación tendrían que estar por encima de cualquier norma

Por desgracia, la historia de Vicenta no es excepcional. En España viven demasiadas personas, demasiadas familias, que atraviesan por situaciones parecidas. Por eso no les habrá llamado mucho la atención, pero les animo a seguir leyendo. Estoy segura de que no les defraudaré, porque lo que voy a contarles ahora es que el Ayuntamiento de Vélez-Málaga reclama a Andrea, simplemente por haber inscrito a su nombre la vivienda que había heredado de su padre, una plusvalía de 8.647,35 euros, que los intereses de demora han incrementado en febrero de 2016 hasta la cantidad de 9.516,04 euros. Todo esto por un piso que es la única propiedad y la primera vivienda de la familia, y que en el mercado no alcanzaría un valor superior a los 70.000 euros. La guinda de esta bonita historia es que, en enero de 2015, el Ayuntamiento anterior, del PP, aprobó una bonificación del 95% de la plusvalía para familias en riesgo de exclusión, pero el nuevo equipo municipal, del PSOE, se niega a aplicar la retroactividad en este caso.
La única salida de Vicenta y de Andrea es vender el piso para poder pagar la plusvalía reclamada y quedarse sin casa para satisfacer la exigencia de un Ayuntamiento que conoce de sobra sus carencias, puesto que las incluyó hace dos años en una lista de vecinos en peligro de exclusión social. Después tendrían que alquilar otro piso, irse comiendo las ganancias poco a poco y, si la situación no cambia, que no tiene trazas de cambiar, Andrea tendría que abandonar la Universidad, inscribirse en el INEM y dedicarse a peregrinar, igual que su madre, por mostradores y oficinas, para repartir su currículum, encontrar trabajos donde trabajaría 40 horas para cobrar 20, o solicitar raquíticas ayudas y subvenciones. Ese es, en este momento, el panorama que se extiende ante ellas.
Yo soy partidaria del impuesto de patrimonio. Soy partidaria de la igualdad de los españoles ante la ley. Soy partidaria de la justicia. Por eso me parece inconcebible que se produzcan casos como éste, que es fruto de la arbitrariedad, de la inflexibilidad, de la inclemencia, del abuso de las instituciones, de la falta de sensibilidad y de empatía con los que sufren. La aplicación injusta de una ley justa la desvirtúa por completo. La dignidad de las personas, el derecho a la vivienda y a la educación tendrían que estar por encima de cualquier norma administrativa. Un ordenamiento jurídico que no está dispuesto a contemplar casos excepcionales, en la excepcional situación de emergencia social por la que estamos atravesando, carece de legitimidad, puesto que se convierte en fuente de injusticias.
Las comparaciones me las ahorro. Seguro que a ustedes ya les han venido a la memoria suficientes casos de corrupción, de blanqueo, de fraude fiscal, de evasión de capitales y de institutos religiosos que no pagan ni un céntimo de impuestos, como para llenar media docena, o más, de páginas como esta.

Platón y su filosofía.

Blog de Juan Pardo
Entre el 500 y el 479 tienen lugar las guerras médicas, que terminan con la victoria de los griegos sobre los persas y consagran la supremacía de Atenas. El afianzamiento de la democracia en Atenas, con las reformas de Efialtes y Pericles, y la relativa tranquilidad bélica, una vez derrotados los persas, permitirá un desarrollo económico y cultural de Atenas, al amparo de su hegemonía política y militar, durante varias décadas que sólo se verá frenado por el impacto negativo de la Guerra del Peloponeso. En efecto, las alianzas establecidas entre las ciudades griegas, representadas por la Liga del Peloponeso, cuya dirección quedaría bajo el mando de Esparta, y la Liga Ático-Délica, bajo el mando de Atenas, se configuran como dos alianzas antagónicas cuya oposición terminará en una confrontación entre Atenas (de ideología democrática) y Esparta (de ideología aristocrática) que durará desde el - 431 al −404, y que terminará con la derrota de Atenas. A consecuencia de ello, Atenas verá cómo su democracia es desmantelada, imponiéndose la llamada tiranía de los Treinta, bajo la protección de Esparta, que realiza una sangrienta persecución de los líderes demócratas. Pese a ello, la democracia será restaurada al año siguiente, ante la indiferencia de los espartanos, que no intervienen, aunque no volverá a alcanzar los logros obtenidos durante el siglo anterior. La democracia ateniense intentará reponerse de la derrota ante Esparta entrando en una fase en la que, desprovista de líderes que consigan un consenso suficiente, la habilidad retórica de los ciudadanos marcará su devenir y la toma de sus decisiones políticas. Destruida su flota por Esparta, Atenas no volverá a recuperar el control de las rutas comerciales ni su poderío militar, e irá cediendo ante el empuje de Macedonia, al igual que el resto de Grecia, hasta ser derrotada el año - 322, y asimilada al imperio macedónico, aunque se mantendrá como referente cultural para toda la Hélade durante el siglo IV. Desde las reformas democráticas de Clístenes a la derrota ante Macedonia en el - 322, la democracia ateniense perduraría durante casi dos siglos. Bastante más si, como sostienen algunos, las reformas democráticas habrían comenzado con la legislación de Solón.
Platón, pues, vive su juventud bajo los avatares de la Guerra del Peloponeso, y desarrolla su actividad filosófica tras la restauración de la democracia, una democracia que tiene que hacer frente al declive del poderío militar y económico de Atenas y en la que el aristócrata Platón verá un enemigo, al consagrar la igualdad entre los ciudadanos. Una igualdad que, como vemos en su antropología, Platón consideraba contra natura.

Contexto sociocultural

La ciudad-estado griega abarca un territorio no excesivamente amplio, en el que reside la población rural. La ciudad, al tiempo que es el centro económico, político y social, sirve también de refugio en situación de guerra. En ella se encuentran el teatro, los gimnasios, los mercados, los templos y las instituciones políticas, pero también los talleres artesanos y otros centros de actividad económica y cultural. Muchas de ellas, además, se encontraban en la costa o cerca de ella, por lo que disponían de un puerto marítimo que facilitaba el desarrollo del comercio.
Atenas, siendo una democracia, disfrutaba de una organización social en la que las ideas de isonomía (igualdad ante la ley) y el consiguiente derecho a hablar ante la asamblea (isegoría) propiciaba un modo de vida muy alejado del conservadurismo estamental de la antigua aristrocacia o de las oligarquías que todavía seguían gobernando en otras ciudades-estado (como ocurría con la diarquíaespartana). La democracia ateniense es una democracia directa, en la que los ciudadanos intervienen en primera persona en la Asamblea, en lo que se ha considerado un ejercicio directo de la soberanía. No todos los habitantes de la ciudad son ciudadanos, sin embargo. Los esclavos, los extranjeros y las mujeres no gozan de los derechos de ciudadanía: sólo los varones adultos que hubiesen terminado su formación militar como efebos (que solía tener lugar entre los 18 y los 20 años) y que fueran descendientes legítimos de ciudadanos atenienses, eran considerados ciudadanos. Tras las guerras del Peloponeso, en el siglo - IV, se calcula que vivían en Atenas en torno a 250.000 personas, incluyendo a los esclavos, de las que menos de 30000 eran ciudadanos (en total habría unos 100000 atenienses, contando a los familiares sin derechos de ciudadanía: mujeres y niños).
La participación en la vida política, remunerados los cargos públicos desde Pericles, solía ser amplia, en las tres instituciones principales de la democracia: la Asamblea (Ekklesía), el Consejo de los 500 (Boulé) y en los Tribunales de justicia (Dikastería). La Asamblea tenía como funciones principales la de legislar, la de elegir cargos públicos y la de juzgar delitos políticos. El Consejo de los 500 tenía como función principal la de llevar a efecto las órdenes de carácter ejecutivo acordadas por la Asamblea, lo que implicaba una gran variedad de acciones en la administración de la polis, incluido su control. Los Tribunales intervenían en todos los casos de litigio, públicos o privados, y eran elegidos por sorteo entre los mayores de 30 años. El interés por lo público y el sometimiento a la ley (nómos) prevalece frente al individualismo y el culto a la personalidad, más propio de las sociedades aristocráticas de la época.
Esta organización social está basada sobre la actividad de los esclavos y de los artesanos. Entre los artesanos había, además, muchos extranjeros (metecos), aunque estaban también excluidos de la ciudadanía y del derecho a poseer propiedades inmobiliarias. Entre los ciudadanos atenienses el trabajo físico está mal considerado y, aunque son propietarios de tierras y realizan actividades comerciales, dedican la mayor parte de su tiempo, además de a su participación en la vida política, al ocio, a la preparación física en los gimnasios (el ejército lo constituían los ciudadanos y precisaban de un buen estado de forma), a las reuniones en el ágora o en sus propias casas con sus amigos, en las que se tratan cuestiones de todo tipo: culturales, políticas, filosóficas… Las mujeres están excluidas de estas actividades, así como del conjunto de la vida pública, quedando, sobre todo si eran de buena posición social, recluidas en sus casas, y viéndose privadas de una educación similar a la de los hombres.
En fin, durante los años que gobernó Pericles y las siguientes décadas, en Atenas se desarrollaron las artes y las letras hasta cotas no alcanzadas anteriormente. Fueron los años de los grandes monumentos de la Acrópolis, como el Partenón y el Erecteión. Junto a artistas como Fidias y posteriormente sus alumnos Agorácrito y Alcámenes, encontramos más tarde a Praxíteles, igualados ambos a Mirón y Policleto; pero también a ceramistas de la talla de Meidias. El teatro alcanza su máximo esplendor, con las tragedias de Esquilo, Sófloces y Eurípides, seguido de cerca por los logros alcanzados por la comedia con Aristófanes. Tucídides y Heródoto sientan las bases de lo que serán los estudios históricos en el futuro. Una actividad cultural sin precedentes que todavía hoy sigue causando admiración y proponiéndose como referente.

Contexto filosófico

Una ciudad como Atenas, con una economía floreciente, libertades democráticas, poco peso de la religión, afluencia de extranjeros, y abierta a las innovaciones, inmersa en un continuado desarrollo cultural y artístico, se convirtió pronto en un lugar atractivo para filósofos de todas partes.
El desarrollo cultural del siglo - V atrajo a filósofos de la talla de Anaxágoras, que formó parte del llamado círculo de Pericles, y también de Demócrito (aunque se le atribuye la queja de que estuvo en Atenas y nadie le reconoció), pero sobre todo a los llamados sofistas, que fueron bien recibidos en Atenas y durante muchos años se encargaron de la educación de los jóvenes de las más destacadas familias atenienses, instruyéndolos en el arte de la oratoria y del debate político, tan necesario para progresar en la vida política democrática ateniense. Pródico de Ceos, Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini e Hipias de Elis son algunos de los más conocidos sofistas que estuvieron en Atenas y fueron reputados por sus enseñanzas y discursos, centrados en cuestiones del lenguaje, de antropología y sociología, desde posturas relativistas - tanto en lo político como en lo moral-, diferenciándose así de los filósofos jónicos, que habían manifestado una preocupación más centrada en el estudio de la naturaleza; pero con cierta proximidad, por su interés por la lógica, con las escuelas itálicas de Elea.
Mención aparte merece el ateniense Sócrates, quien ejerció una gran influencia en Platón, al igual que en otros jóvenes que fundaron escuelas filosóficas basadas en sus enseñanzas, las llamadas escuelas socráticas menores, como Euclides de Megara (fundador de la escuela de Megara), Fedón de Elis (escuela de Elis), el ateniense Antístenes (escuela cínica, a la que perteneció el conocido Diógenes de Sinope) y Aristipo de Cirene (escuela cirenaica). Sócrates, considerado como un sofista por sus conciudadanos, fue considerado por Platón como el antisofista por excelencia, en lo que Platón nos ha transmitido como su preocupación fundamental: la búsqueda de la verdad absoluta, de la definición universal, alejándose del relativismo de los sofistas. Posteriormente el mismo Platón, tras la creación de la Academia, se convertirá en el filósofo más reputado de Atenas, atrayendo a su escuela estudiantes y filósofos de toda la Hélade, entre los que podemos citar a Eudoxo de Cnido y a Aristóteles.

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