“Venezuela está en peligro de destrucción”


Enrique krauzeEl historiador Enrique Krauze invitó a una reflexión para que ningún país repita el destino de Venezuela: “Hoy Venezuela –con una de las mayores reservas petroleras del mundo– está en camino de reeditar la historia de hace dos siglos: está en peligro de destrucción”, escribió
En su libro El poder y el delirio, publicado en 2008 y reeditado hace unos días con un nuevo prólogo, Krauze sostuvo que  “el populismo alimenta la engañosa ilusión de un futuro mejor que posterga siempre, enmascara los desastres, reprime el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adormece, corrompe y degrada el espíritu público”.
En su ensayo, Krauze repasa la vida de Hugo Chávez desde su infancia hasta la derrota que sufrió el 2 de diciembre de 2007, cuando los venezolanos votaron no a la reelección indefinida.
“Cuando visité Venezuela (2008) el ministro de Hacienda de entonces me dijo que el barril del petróleo llegaría a 250 dólares y que eso les permitiría construir la gran sociedad comunista que ni Cuba, China o Rusia habían podido. Ahora está a menos de 50, y puede seguir bajando. La raíz de los problemas de Venezuela tiene su origen en que entregó toda la potestad a una sola persona. Chávez terminó sintiéndose dios y un hombre que se siente dios hace muchas tonterías. Destrozó la industria petrolera de Venezuela, puso a unos en contra de otros, sembró la discordia absoluta. El producto de eso es lo que estamos viviendo ahora. No podía haber escogido un sucesor más inmaduro que Nicolás Maduro”, dijo en entrevista al diario El País de España.
El escritor, sin embargo,  comentó que esto “ocurre en la izquierda y en la derecha. Nadie piensa que (Donald) Trump tenga una molécula de  vocación izquierdista en las venas, como tampoco nadie pensaría a Chávez o Maduro como personajes de la derecha, pero se parecen mucho por el uso demagógico del micrófono, de la imagen, por prometer lo que es imposible y decir lo que la gente quiere oír. Por engañar”.
En la entrevista Kranze afirmó que “Maduro no tiene la capacidad ni la desfachatez de invocar a Bolívar, su dios es Chávez. Bolívar está ahí, que lo dejen dormir y que lo vuelvan a estudiar en generaciones siguientes”.
Agregó que el deshielo de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos “le ha restado legitimidad a los desplantes antiimperialistas de Maduro que se ha quedado con un ejercicio del poder absolutamente desnudo, sin discurso, pero aún tiene el micrófono. Maduro no es Chávez, el carisma no se transmite. Chávez no fue sanguinario, Maduro sí, no creo que Chávez hubiera encarcelado a Leopoldo López o a (Antonio) Ledezma. Era un hombre mucho más inteligente y maquiavélico en el buen sentido”.

“El PRI de Peña Nieto ha sido una gran decepción”


El historiador Enrique Krauze alerta sobre la descomposición moral de México, el fracaso ético del presidente y el riesgo del "caudillismo" de López Obrador

Pregunta. ¿Ha fracasado el proyecto democrático que se inició en 2000?
Respuesta. No, pero las esperanzas que tuvimos fueron excesivas e ingenuas. Ahora estamos decepcionados.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis, la inseguridad, la violencia, la impunidad y la corrupción, están desbocados
P. ¿Y por qué no culminó con éxito ese proceso?
R. Creímos que el voto y su magia iban a resolverlo todo. Pero las inercias, los intereses creados y los poderes lícitos e ilícitos que crecieron al amparo del viejo sistema político siguen vivos y aún más sueltos que entonces.
P. Y respecto al futuro, ¿se puede ser optimista?
R. Los cuatro jinetes del Apocalipsis, la inseguridad, la violencia, la impunidad y la corrupción, están desbocados, incluso más de lo que estuvieron el siglo pasado. Hay regiones enteras que no son México ni están controladas. No quiero incurrir en la segunda ingenuidad de ser optimista en este momento.
P. ¿Entonces es pesimista?
R. Suspendo el juicio. Estoy en estado de pasmo. Pero hay territorios que avanzan y la economía mexicana tiene un dinamismo que no se detendrá, a menos que llegue al poder un régimen de corte populista.
López Obrador instauraría un caudillismo populista, deconstruiría lo poco que llevamos de democracia y derrumbaría el modelo económico
P. ¿Se refiere al aspirante a la presidencia Andrés Manuel López Obrador?
R. Por supuesto. Exclusivamente a López Obrador.
P. ¿Lo considera un peligro?
R. No usaré esa palabra. Simplifica indebidamente la complejidad del fenómeno. La indignación moral de López Obrador respecto a la corrupción y la impunidad es correcta; la medicina que propone solo agravaría la situación de forma irremediable. Instauraría un caudillismo populista, deconstruiría lo poco que llevamos de democracia y derrumbaría el modelo económico. Evidentemente, es un modelo que debe corregirse porque tiene graves problemas de corrupción, desigualdad y pobreza, pero la solución no radica en un estatismo nacionalista populista.
Pablo Iglesias y Albert Rivera son animales políticos en estado puro
P. ¿Son las candidaturas independientes esa solución?
R. Todavía no tenemos en el ámbito nacional ninguna figura que encarne lo que El Bronco significó en Nuevo León. Por eso hago un llamamiento a esos jóvenes, a la generación x y los millennials, que tienen entre 25 a 40 años, para que se organicen. Tienen que clausurar su adolescencia. Pasar de la indignación de las redes sociales a la construcción institucional. Aún estamos a tiempo de un candidato nacional joven.
P. ¿Ningún partido es capaz de ello?
R. He sido un crítico abierto de Podemos, tengo mejor opinión de Ciudadanos. Pero me pregunto por qué en México no ha surgido ninguno de estos fenómenos. Carezco de respuesta.
P. Y los independientes no podrían ocupar esos espacios?
Trump es la expresión de una derecha ciega, soberbia, racista
R. Podrían, ¿pero dónde están los candidatos de esas generaciones, ese liderazgo joven? Pablo Iglesias y Albert Rivera son animales políticos en estado puro. En España hay problemas, pero también un clarísimo relevo generacional. Algo que en México no veo.
P. ¿Y en qué se ha quedado el PRI y su promesa de cambio?
R. Ha sido una gran decepción. Hizo reformas estructurales en ámbitos económicos claves, pero falló frente a la corrupción, la inseguridad y la impunidad. Esta dimensión, vinculada al valor de la vida, la convivencia y la civilidad, es más importante que los cambios económicos. En ese sentido, hay decepción con el presidente, porque siendo un hombre joven, que miró hacia adelante con las reformas económicas, es un joven viejo. Piensa como viejo, actúa como viejo, tiene ademanes de viejo. Esa es la razón de que genere tanto rechazo entre los jóvenes.
P. ¿Y ve posible un nuevo gran pacto entre las fuerzas políticas, pero centrado en el Estado de Derecho?
R. Es posible, pero sólo después de las elecciones presidenciales. La cita con el destino es el primer domingo de julio de 2018. Se necesita un Gobierno de coalición, que dé luz a un acuerdo nacional contra la impunidad y la corrupción. Pero eso requiere un espíritu de unidad que no hay ahora. México es un país polarizado. Entre los antisistémicos, cansados de la impunidad y la corrupción, pero que quieren resolverlo con un caudillo mesiánico y populista, y los sistémicos que señalan que ha habido avances en la economía y la política, pero que están manchados de impunidad y corrupción.
R. ¿Adónde tiene que mirar México para aprender?
Peña Nieto cayó en el espejismo del economicismo
P. Lo que vive España, con toda la incertidumbre y preocupación que genera, es sano. Hay un relevo generacional, un debate enconado y masivo. España tiene vida civil, una estructura judicial y peces gordos en la cárcel. Yo quisiera ver en México el debate que hay en España.
R. ¿Le ha fallado Estados Unidos a México?
P. Diría yo que casi siempre. Si Porfirio Díaz no dijo aquello de “pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos”, debió decirlo. Nos exportan las armas y nos importan las drogas. Explotan a los migrantes y no se dan cuenta de que tienen la más benigna migración posible: homogénea, pacífica, trabajadora. Pero los supremacistas blancos siempre van a ver al morenito con desprecio. Trump no es un accidente, es la expresión de una corriente profunda. Movió el centro de gravedad del electorado estadounidense hacia una derecha ciega, soberbia, racista.
R. Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto. ¿Cuál es el juicio de la historia para estos presidentes?
P. Malo.
R. ¿Fracasaron?
P. Fox fracasó porque dilapidó su capital político y se limitó a sacar al PRI de Los Pinos. Calderón se equivocó en la guerra contra el narco. Y eso se debió en parte a que se alineó con Estados Unidos. Peña Nieto, ya lo dije, cayó en el espejismo del economicismo. Pero la vida es mucho más, el liderazgo ético es más importante que las mejoras económicas.
P. ¿No se ha perdido una oportunidad de oro para legalizar las drogas y tratarlas como un problema de salud?
R. Efectivamente. Y más ahora que nos damos cuenta de lo poco que importamos a Estados Unidos. Hay que ir más allá de Uruguay y Portugal. Si esta iniciativa viniera de un Gobierno con liderazgo, la sociedad civil reaccionaría con mucha solidaridad. Hay margen, el país no se está muriendo, pero se nos está yendo de las manos.
R. Dice usted en su ensayo que “nada urge más que recuperar el valor de la vida”. ¿Tan poco vale la vida en México?
P. Ese es el corazón del problema. Todos los mexicanos sabemos que nuestras vidas valen menos que hace algunos lustros. Aquel sistema que todo lo controlaba era insostenible, pero ahora, cuando salimos a la calle, cuando viajamos, vemos degradación, violencia, crimen, mentira, corrupción. Ni siquiera se puede transitar con seguridad por los caminos de México. La parte buena es que todo está en la superficie. La cloaca estaba tapada y se abrió. ¡Pero qué maloliente es!

¿En qué España les va a proponer Podemos a los catalanes que se queden?

El Senado (en la imagen, el de Madrid) es en muchos países federtales la cámara territorial.

El Senado (en la imagen, el de Madrid) es en muchos países federales la cámara territorial.
Hace algunas semanas, Iñigo Errejón era preguntado por su posición frente al federalismo. Su respuesta me resultó sumamente decepcionante, máxime viniendo de alguien que hace gala de su condición de politólogo: “Estamos aguardando a ver en qué se concreta la oferta del PSOE”. Ni una palabra de valoración de la propuesta federal, ni la menor reflexión sobre la manera en que se debe materializar políticamente la articulación entre las diversas naciones que componen España, ni, menos aún, cómo se sustanciaría el nuevo encaje de Cataluña en ella.

A quienes vivimos en Cataluña semejante actitud no nos viene de nuevas. Las fuerzas políticas catalanas homologadas con Podemos llevan tiempo instaladas en idéntica indefinición, de la que no parecen dispuestas a apartarse. Y, también como el partido de Iglesias, cada vez que son requeridos a que concreten su posición, a lo máximo que llegan es a vaporosas exhortaciones, más o menos líricas, sobre la necesaria fraternidad entre los pueblos de España.
Podemos lleva escondido tras el burladero de la indefinición demasiado tiempo. En verano de 2014 el mismo Errejón, consultado por Pablo Iglesias respecto a si convenía que participara en un debate con Pedro Sánchez y Alberto Garzón sobre el modelo de Estado, proponía la siguiente astucia: “Dudo. creo que habría que ponerse de medio lado en este tema, pero no sé si es posible. no ganamos nada en lo táctico”. Palabras textuales. Que casi dos años después lo máximo que hayan llegado a concretar a este respecto los líderes de Podemos es que preferirían que Cataluña permaneciera en España no es de recibo. Porque: ¿en qué España les van a proponer a los catalanes que se queden? ¿En una España jacobinamente centralista? ¿Autonómica? ¿Federal? ¿Confederal? ¿O es que dispone la formación morada de algún modelo propio e inédito del que aún no han informado?
En realidad, la única propuesta que intenta institucionalizar el valor de la fraternidad es el federalismo. Porque lejos de contentarse con apelar a este valor como horizonte último hacia el que tender, o como idea reguladora para tutelar nuestras acciones, se esfuerza por dotar a la fraternidad de contenido político. El federalismo representa la forma política de la fraternidad. O también: es la corriente que hace suya la fraternidad como valor político universal.
¿En qué España les va a proponer Podemos a los catalanes que se queden?
Porque, aunque la fraternidad se inspire en una metáfora, la de que los individuos o ciudadanos libres se tratan políticamente a sí mismos como hermanas y hermanos de una misma familia extendida que es la sociedad, de dicha metáfora se desprende un tipo específico de relación política y jurídica. Entre otras razones, porque donde el concepto pone el énfasis es en la relación horizontal (entre hermanos, que en la esfera de la política territorial serían los entes federados), no en la relación vertical que compartirían (con el padre, que en este mismo caso vendría representado por el Estado). Es precisamente esta relación de igual a igual la que genera una unidad superior (la federación, expresión materializada de la voluntad de estar juntos). Nada más alejado por tanto del espíritu de la fraternidad que contentarse con la generalización de determinados afectos, como hace un cierto fraternalismo light. El nervio de la fraternidad, por el contrario, es la exigencia de que los fraternos se traten entre sí como iguales.
Nos encontramos, pues, ante una premisa con un contenido de inequívoco aliento emancipador. Cosa que la aleja también de esos otros planteamientos que, significativamente, prefieren como metáfora-guía para pensar las relaciones entre territorios la del matrimonio (con la consiguiente reivindicación del divorcio como receta en caso de conflicto). Son estos mismos planteamientos los que, también significativamente, suelen utilizar con desdén la expresión café para todos para rechazar la igualdad en cuanto se les antoja excesivamente gravosa.
Pero mientras los últimos resultan perfectamente previsibles (nada teme más el nacionalismo que el federalismo), los anteriores, en su inanidad, tampoco deberían dejar de preocuparnos. Precisamente porque “fraternidad” quiere decir universalización de la egaliberté republicana (Balibar dixit), los programas políticos fraternales promovidos por el federalismo, con su empeño por la emancipación y la voluntad de cooperación, deberían ocupar un lugar prioritario en el escenario de la política actual. Esperemos que nadie se ponga de medio lado cuando llegue el momento de convertirlos en realidad.

La prensa tradicional ha muerto.

Resultado de imagen de La prensa tradicional
La prensa tradicional ha muerto, sentenciaron algunos especialistas, cuando el portal TMZ.com se anticipó a los grandes diarios e informó al mundo el fallecimiento de Michael Jackson en 2009. No obstante, el caso mismo de Michael Jackson revela que este aparente desplazamiento es más complejo de lo que parece. El mundo se enteró por TMZ, pero no lo aceptó hasta que poco más tarde la página digital de Los Angeles Times confirmó la muerte, citando fuentes oficiales. Es decir, el dato fue “real” sólo cuando un medio profesional lo dio por bueno. 
En otras palabras, el sentido de oportunidad y muchas de las primicias pueden haberse desplazado tendencialmente a los sitios digitales, a Facebook y Twitter, pero la credibilidad, al menos hasta hace poco, seguía siendo atributo de las casas editoriales capaces de inspirar confianza.
Muy pronto nos dimos cuenta de que la credibilidad no bastaba. En los primeros años, los grandes diarios simplemente se dedicaron a replicar en la nube la información depositada en sus páginas. La operación seguía privilegiando la edición del día siguiente, lo cual era absurdo: publicar una información 12 horas después de recibida resultaba anacrónico y tardío frente a la inmediatez de los sitios digitales nativos. Algunos pensaron que esa batalla estaba perdida y que los diarios tendrían que reivindicarse publicando la información al día siguiente pero con mayor contexto y profundidad. El hecho de que los principales ingresos procedieran de la publicidad vertida en el papel parecía confirmar esta vocación. Por desgracia, los lectores no compartieron tal conclusión; muchos de ellos dejaron de leer periódicos. Poco a poco los editores y directivos entendieron que estaba muriendo el modelo de negocio que funcionó durante 150 años. El futuro de las grandes cabezas de la prensa sería digital o no sería ninguno. 
Hoy puede verse la revolución en marcha que tiene lugar empresas como The New York Times, The Washington Post, EL PAÍS, The Guardian o los principales diarios en América Latina. Procesos de cambios inéditos, en buena medida a partir del ensayo y error, encaminados a desarrollar una personalidad netamente digital, sin perder los atributos de calidad y credibilidad que los hicieron grandes. 
Por su parte, los diarios digitales caminan en sentido inverso. Prosperaron gracias a su ventaja comparativa explotando su sentido de oportunidad frente a los diarios tradicionales, pero han entendido que eso tampoco bastaba. Es tal la información basura de la blogosfera que el público ha terminado por exigir estándares mínimos de credibilidad y confianza. Muchos de estos diarios digitales han cerrado o se encuentran en proceso de hacerlo frente al repudio de usuarios y anunciantes. Con todo, algunos pocos en cada país han logrado sobrevivir a este proceso hasta convertirse en verdaderos protagonistas de la conversación pública y del universo informativo. 
Gracias a este proceso de convergencia de los dos sectores (medios impresos que se digitalizan y medios digitales que se profesionalizan), hoy atestiguamos un panorama híbrido en materia informativa. Una docena de diarios digitales, con redacciones y producción periodística propia, rivalizan en tráfico e impacto con la prensa tradicional. El Faro de El Salvador, Sin embargo.mx y Animal Político en México, IDL en Perú, La Silla Vacía en Colombia, Elmostrador en Chile, Plazapública y Nómada en Guatemala, Ojopúblico en Perú, entre otros, se han vuelto referentes en sus respectivas comunidades.
En realidad se trata de un fenómeno mundial; tiene lugar en EE UU, España o Alemania, pero en América Latina la emergencia de estos sitios ha resultado clave porque subsana las carencias de una prensa que, salvo honrosas excepciones, ha mostrado una vocación oficialista o una vergonzante complicidad con las élites políticas y empresariales. Muchos de los diarios digitales citados arriba constituyen no sólo una voz fresca; son también referencias imprescindibles para entender realidades ocultas e información que, como dice Ojo público, otros no te quieren contar.

La teoría afirma que al terminar de leer este artículo usted pensará que el autor es una persona tolerante, sensible y solidaria.

La teoría afirma que al terminar de leer este artículo usted pensará que el autor es una persona tolerante, sensible y solidaria. Escribir sobre el abuso en contra de las mujeres es bien visto, si usted se llama Jorge, Juan o José. Pero el autor de este mismo texto sería tachado de intolerante, resentido y feminazi si se llamara Georgina, Juana o Josefina. Lo que en un hombre se percibe como graciosa y responsable empatía, en una mujer se considera una manifestación de odio y resentimiento.
¿Exagero? 72 millones de comentarios lo confirman. El diario inglés The Guardiandecidió analizar los casi 1,4 millones de comentarios de odio que los usuarios han colocado en su página de Internet (alrededor del 2% del total). Descubrió, entre otras cosas, que los 10 autores más denostados con comentarios abusivos y hostiles, ocho eran mujeres, y los únicos dos hombres eran de raza negra. Y esto a pesar de que la mayoría de los colaboradores que escriben artículos en el diario son varones. Y desde luego, los 10 autores menos criticados eran hombres. El sesgo en contra de las colaboradoras era consistente en todas las secciones (desde política hasta ciencia).
Pareciera que la exhibición de inteligencia y conocimiento por parte de una mujer constituye una amenaza insoportable para muchos individuos (casi siempre hombres, ocasionalmente algunas mujeres). Basta ver los comentarios en cualquier sitio de Internet: por lo general no se cuestionan los argumentos, sino la osadía de escribirlos y las motivaciones abyectas que atribuyen a las autoras. Pocos se molestan en debatir las ideas que ellas presentan, más allá de descalificarlas con adjetivos.
Hace algunas semanas escribí en este espacio sobre el linchamiento virtual de Andrea Noel, una reportera estadounidense residente en México que se atrevió a subir a las redes sociales y denunciar ante la autoridad el abuso del que fue víctima (un hombre la tumbó en la calle después de bajarle las pantaletas). El vídeo de la agresión que ella obtuvo en un edificio cercano se hizo viral. Luego sucedió al extraño: la verdadera infamia no fue el ataque físico, sino lo que vino después. La joven recibió tal acoso, primero en redes sociales y luego en su casa y en la calle, que decidió salir del país. Las amenazas de violación y de muerte dejaron de ser una agresión virtual para convertirse en una posibilidad real, luego de algunos incidentes.
Primero, los acosadores de estas miles y miles de historias no son “locos”, “raros”, “degenerados”, son los hombres con los que interactuamos todos los días, nuestros amigos, nuestros familiares, nuestros compañeros de clase o del trabajo. Segundo, el acoso comienza cuando somos pequeñas, pero continúa a lo largo de nuestras vidas. Aprendemos a vivir en constante situación de “autodefensa”, pensando qué me voy a poner, quién me va a ver, por dónde voy a caminar, si me puedo quedar a solas con él.
Tercero: no tenemos que salir de nuestras casas ni de nuestros entornos supuestamente seguros para vivir esto. La “privacidad” es el espacio que solapa el abuso.
Cuarto: no nos acosan porque seamos bonitas, sexys, provocadoras o llevemos una falda. No nos acosan por guapas o por voluptuosas. El acoso le ocurre a todas las mujeres, sin importar tamaños, formas de cuerpo y estilos de vestir. Gordas, flacas, morenas, blancas, negras, femenina, masculina, andrógina, no importa: no te salvas. Como mujer, quedas sometida al escrutinio impune. Y ese es el punto. Que nos acosan porque pueden.
Hasta aquí el resumen. Sobra decir, que la mitad de los comentarios que recibió el texto de Catalina (publicado en Vice), la descalificaban o de plano la acusaban de asumirse como víctima profesional.

No hay un día en que no nos enteremos de los excesos de un político.

La pesca de la semana: un directivo de Pemex que cobraba 4.000 dólares a los empresarios por cada 15 minutos de audiencia y el operador del gobernador de la empobrecida Oaxaca exhibido con depósitos bancarios inexplicables por cientos de millones de dólares. Esto en México y apenas entre lunes y miércoles de la semana que corre. Un repaso por el resto de América Latina y España arrojaría un listado de casos de corrupción inabarcable en los confines de esta columna.
El fantasma que recorre a nuestros países es tan antiguo como la especie humana, pero en los últimos años la corrupción parecería haber adquirido un carácter endémico. Presidentes que caen por el uso indebido de los recursos (Brasil o Guatemala); indagaciones contra figuras emblemáticas como Lula da Silva, Cristina Kirchner, Rafael Correa o Evo Morales; familiares exhibidos en casos flagrantes de tráfico de influencias (Peña Nieto, Michelle Bachelet o la familia real en España).
No hay un día en que no nos enteremos de los excesos de un gobernador, las extorsiones de un alcalde, los abusos contra el presupuesto de un funcionario público o de un legislador. En México, las noticias sobre la corrupción han logrado lo que parecía imposible: desplazar a las notas de inseguridad y violencia de las portadas de los diarios. Y no sólo en los periódicos. Por vez primera la corrupción ha superado a la inseguridad o el deterioro económico (empleo o pobreza) como la principal preocupación de los ciudadanos en los sondeos de opinión. Una percepción que hace estragos en la de por sí escasa confianza de los ciudadanos en las instituciones.
No se trata sólo de que aumentó la visibilidad de la corrupción gracias a la globalización, a las nuevas tecnologías de comunicación y a las redes sociales, entre otras razones. Todo indica que el número de casos y las cantidades implicadas han crecido. Algo extraño si consideramos que la impunidad no es mayor ahora que antes; por el contrario, justamente la exhibición pública de todos estos casos revela que hoy en día existe un riesgo real para todo aquel que ordeña a las finanzas públicas.
Y no obstante, pese a ese riesgo, la voracidad de los funcionarios para enriquecerse a costa del patrimonio público no ha hecho sino aumentar. A mi juicio, eso tiene que ver con un desmantelamiento de los valores vinculados a la honestidad, la sobriedad y la modestia. Son virtudes que lejos de premiarse en algunos círculos políticos y empresariales suelen ser asociadas con algo parecido al fracaso. Y, por el contrario, resulta obvia la idealización de una cultura del éxito y la riqueza sin importar la procedencia o los medios para obtenerla. La cultura basada en el consumo y el triunfo no sólo han hecho presa de la clase política sino también del electorado. Si bien es cierto que la opinión pública reprueba los actos de corrupción puntuales y la corrupción en general, una parte de ella termina por inclinarse ante celebridades como Berlusconi o Trump, antípodas de cualquier valor asociado a la integridad, la moderación o la honestidad. El cinismo y la ostentación del éxito como argumentos necesarios y suficientes para legitimar el derecho a liderar los destinos de todos.
Son fenómenos nuevos que reflejan una tendencia que desde hace tiempo hizo presa de las clases políticas. Sin importar el partido político o la ideología, han construido una narrativa que les lleva a normalizar el derecho a formar un patrimonio a partir de su acceso al erario. Hacerse rico es uno de los atributos que entraña hacerse cargo de una responsabilidad destacada; a su juicio es una compensación razonable y necesaria para blindarse de las contingencias y las traiciones de la vida política. En todo caso, es algo que hacen todos. El crimen no es enriquecerse, el crimen es ser sorprendido y exhibido al hacerlo. Y desde luego, no van a dejar de hacerlo motu proprio. Nos espera un interminable desfile de infamias antes de que comiencen a contenerse, aunque sea por temor o precaución.