Podemos y Bildu, dueños de ETA, con 26.000 asesinatos en Venezuela, matarán por orden de Maduro e Irán

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Cuando llegó a Navarra se empeñó en abrir el cuartel al pueblo: se ofreció a acudir al colegio a explicar su labor a los niños
Rescató a un ex preso de ETA y sus allegados cuando se vieron atrapados por una nevada
Cinco años después del adiós de ETA, el teniente Óscar creyó que podía tomar una copa con su novia el Día de la Cerveza. Se equivocó
Había caído una gran nevada sobre Beruete, al norte de Navarra, cuando sonó la llamada de auxilio. Un grupo de personas que regresaban en autobús de una comida en una cervecería cercana se habían quedado atrapadas. Óscar, teniente de 23 años, era el oficial que se encontraba más cerca aquella noche bajo cero de este 27 de febrero, así que acudió al lugar. Nada más llegar identificó entre ellos a un ex preso de ETA. Lo recibieron con un grito viejo y oscuro en ese valle, "Alde hemendik!" (fuera de aquí). Pero las voces se fueron apagando. "Estaban desesperados", relata un subordinado del teniente. Óscar los evacuó y se encargó de que un autobús venido de Pamplona los sacara de allí. Sanos y salvos.
Fue la historia negra entre la nieve, relatada por Óscar a su familia y confirmada por la Guardia Civil, que hizo que el joven teniente llegado de Puçol (Valencia) se hiciera conocido en los cuarteles del norte de Navarra. Aunque hubo más.

Desde su cuartel en Alsasua, donde la presión del nacionalismo radical sigue asfixiando, Óscar quiso derribar, al menos simbólicamente, el muro de seis metros de hormigón que rodea al edificio. Abrirlo, casi cinco años después del "cese definitivo" de ETA, al pueblo que hace casi 40 años vio nacer a Herri Batasuna.
Quizá desafió demasiadas normas no escritas, antes de recibir una paliza este viernes 14 de octubre en el Día de la Cerveza -noche de copas, víspera de fiestas- junto a su novia, otro sargento y la mujer de éste.
Óscar, dice su padre, soñó con una Alsasua distinta.
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La procesión prohibida

A él, también miembro del Cuerpo, le había dicho hacía ya mucho: "Papá, yo voy a ser guardia civil". Gracias a sus buenas notas -el ayuntamiento de su pueblo, junto a la Sociedad Española de Atención Sociosanitaria, le entregó el Premio Garcés Durá por su excelente expediente académico-, Óscar pudo acceder directamente a la escala superior de oficiales. Dos años de estudios y disciplina férrea de madrugones y silbato en la Academia General Militar en Zaragoza, otros tres en la de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez y el grado de Seguridad Pública por la Universidad Carlos III. Su padre cuenta con orgullo que de los 80 jóvenes que entraron con él, sólo 47 acabaron.
El gran momento le llegó el año pasado. A mediados de octubre, Óscar entró cargado de maletas en el cuartel de Alsasua. Su primer destino, forzoso pero ilusionante. El cuartel: pequeñito, con unos 30 agentes, encajado en el monte, a dos kilómetros del centro. Su cama: una individual en el pabellón de solteros. Con un patio para coches y para niños.
"Había estado antes dos meses en el puesto de Massamagrell en Valencia, y lo que aprendió allí fue a salir, relacionarse con la gente, ir a presentarse al alcalde...". Y en su Alsasua soñada pretendió lo mismo.

Acudió a los colegios de la zona ofreciéndose a explicar a los niños los peligros de internet. No quisieron, cuenta el padre. Organizó una jornada de puertas abiertas en el cuartel. Y empezó a salir con una chica del pueblo, María José, una estudiante de 19 años cuyos padres, nacidos en Ecuador, se han integrado bien en Alsasua. La madre sirve cafés y comidas tras la barra del Hogar de Jubilados. El padre, que en las últimas elecciones municipales fue el número dos de la lista de UPN -no salió elegido-, trabaja en "los vagones": la empresa de fabricación de autobuses Sunsundegi, que da de comer a muchos.
Cuando estaba a punto de cumplir un año en el cuartel, Óscar se propuso celebrar la Fiesta de la Virgen del Pilar. No entre el hormigón del cuartel, sino en el pueblo. "Si se hace en toda España, ¿por qué aquí no?", preguntó a sus compañeros.
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Incluso envió tarjetas. La Guardia Civil de Alsasua tiene el honor de invitarle... Los problemas empezaron ya de madrugada.
Ese miércoles 12 de octubre el convento de los Capuchinos, donde iba a oficiarse la misa, despertó con la puerta marrón rojizo pintada con mayúsculas amarillas: "Alde hemendik". El propio teniente las borró como pudo esa misma mañana. (Aún hoy se advierten las huellas).
Pero la fiesta se mantuvo. Un coche de la Guardia Civil coronado por la Virgen del Pilar, patrona del Cuerpo, y una bandera de España, encabezó la procesión. Detrás, una veintena de guardia civiles desfilando, de tres en tres. Al fondo, una comitiva de mujeres e hijos de los agentes. Así, caminando bajo el agua a las afueras del pueblo, llegaron hasta el convento. Unas 80 personas, entre agentes, familiares y vecinos, asistieron a la misa. Hasta cantó un pequeño coro. Tras tomar, como marca la tradición, el vino de honor, unos ocho veinteañeros, con la mirada de odio que tuvieron sus padres, se colocaron enfrente. De nuevo, los insultos de siempre.
Su padre: "No se lo perdonaron".
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La noche en el bar Koxka

Ese mismo viernes por la noche era víspera de ferias, cuando Alsasua vuelve a sus orígenes más rurales con una antigua feria de ganado. Degustación de carne de potro, queso, setas y vino, exposición micológica, concurso de txistorra, dantzaris. Óscar decidió que esa noche saldría de fiesta con su novia María José y con Álvaro y Pilar, un sargento del cuartel y su mujer llegados apenas 15 días antes de Córdoba.
Hoy el teniente -una fractura de tobillo, la pierna en alto, el labio partido cosido con puntos, más de un mes de baja- quizá se pensaría dos veces la decisión que tomó aquella noche. Los guardias civiles consultados por Crónica coinciden: un agente tiene, con la ley en la mano, todo el derecho del mundo a ir un bar. "Pero yo, personalmente, nunca lo haría en Alsasua", relata un andaluz destinado en la zona. "Aquí hay una máxima: si se creen en mayoría y creen que pueden, o te increpan o van a por ti".
Los hechos, según los informes de la Guardia Civil y de la Policía Foral (a las órdenes de la consejera de Interior del Gobierno de Navarra, de Bildu) y según las declaraciones de las dos mujeres, ocurrieron de la siguiente manera.
A las dos y media de la madrugada, los cuatro entraron en el bar Koxka, en el casco antiguo del pueblo, enfrente de un local de reunión habitual para el entorno abertzale. Los cuatro pasaron allí un par de horas y, al margen de algunas malas miradas, bebieron tranquilamente sus copas. Hasta que un chico vestido de negro se les acercó en actitud desafiante. Se le unieron otros, que empezaron a empujar al grupo. María José les rogó que los dejaran en paz. Óscar también. No estoy de servicio, les dijo. Tenemos derecho a estar aquí. No sirvió de nada. Comenzaron a golpearlos.
-¡Hijos de puta pikoletos! Esto os pasa por venir aquí.
Las cosas que les decían "daban miedo", ha contado Pilar. Les deseaban la muerte mientras les propinaban una paliza. En el bar empezaron "al menos 25 personas", según las víctimas. Los sacaron a la calle, donde se unieron otras 20. Las jóvenes intentaron evitar los golpes a sus parejas, pero sólo lograron recibirlos ellas. "Estábamos con 60 brazos encima, pegándonos, empujándonos, dándonos patadas... Fue horrible", ha relatado María José.
("Sigo esperando el apoyo de las feministas de la zona", clamaría después a través de Twitter).
Con Óscar se cebaron. Lo patearon sin piedad en el suelo.
Nadie los auxilió; los que fueron apareciendo "aplaudían". No todos eran veinteañeros. La chica reconoció a un hombre de unos 30 años que golpeaba a su novio con fuerza. Acudió en su ayuda la Policía Foral no porque un testigo los llamara: lo hicieron las víctimas. Cuando los agentes llegaron, se encontraron a unas 50 personas, puño en alto y actitud agresiva, según uno de los forales que intervino.
A Óscar lo vieron "aturdido", "con la boca ensangrentada, magulladuras en los antebrazos y huellas de zapatos por toda la camisa", según el informe de la Policía Foral. Se lo llevaron al hospital. Pero allí, en el casco viejo de Alsasua, la tensión continuó. También los policías fueron zarandeados e insultados. Como pudieron detuvieron a un chico, Jokin, y lo metieron en un furgón. Pero un segundo joven lo sacó del coche policial. Poco después una llamada identificó a ese segundo chico. Se llamaba Aritz y la policía también lo detuvo. Pese a los intentos de los agentes forales, nadie quiso hablar allí.
El entorno abertzale le ha dado la vuelta a la agresión. Dice que el teniente y el sargento iban borrachos y "provocando". Que aquello no fue más que una trifulca de bar. La diferencia de fuerzas y la motivación política de las patadas empañan esa versión. La investigación judicial está en marcha.
"Lo ocurrido en Alsasua demuestra que, en determinados ambientes, bajo una fachada de normalidad democrática, se ha mantenido latente el caldo de cultivo que nutrió de significado al odio y la violencia: la tergiversación del pasado, la deshumanización de las Fuerzas de Seguridad del Estado...". Habla el historiador Gaizka Fernández Soldevilla, experto en ETA e integrante del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo que ha echado a andar en Vitoria. "ETA no mata, pero los cimientos intelectuales del terrorismo siguen casi intactos".
ETA ya no mata, pero. Un guardia civil de la zona empieza igual. "ETA ya no mata, pero el ambiente es el mismo. Eso no ha cambiado en Alsasua".
"Hay que comprenderlo", dice un ex concejal constitucionalista. "Alsasua es otro mundo".

"Ya saben quién eres"

El pueblo, de poco más de 7.000 habitantes, digiere estos días una exposición mediática que le ha superado. Televisiones grabando, periodistas preguntando. Crónica acude a esta villa situada en el triángulo entre Vitoria, San Sebastián y Pamplona cuando la marabunta se ha marchado, y se encuentra con la encarnación de ese pueblo sin nombre que Fernando Aramburu describe en Patria, su novela total sobre el terrorismo vasco. El infierno del pueblo pequeño donde todos se conocen. El silencio, pesado, sólo se rompe por teléfono. "Prefiero hablar así. Si te han visto por el pueblo ya saben quién eres y no quiero que me vean contigo", le dicen a la periodista, más o menos con las mismas palabras, hasta cinco personas.
"Tú mañana te marchas, pero yo me quedo aquí".
Antes de ser un pueblo de lunas rotas, cajeros quemados, coches bomba y pintadas en las puertas de los concejales y de las mujeres de los guardias civiles, Alsasua era una villa dedicada al ganado. En la primera contienda carlista dio nombre a una batalla, de la que el general Tomás de Zumalacárregui resultó victorioso. En la Guerra Civil, fue ocupada por los golpistas, sobre todo requetés vecinos, también navarros. Ya en la década de los 50 el desarrollo industrial sonrió a Alsasua. Muchos extremeños se establecieron allí huyendo de campos que ya no daban dinero. Y la población se duplicó.
Políticamente, como ocurrió en muchas localidades vascas y navarras, con los años el carlismo derivó en nacionalismo radical. El primer alcalde democrático, en 1979, fue un parlamentario abertzale. Dos años antes ya había nacido en Alsasua el grupo político que más daño haría durante las próximas décadas: Herri Batasuna.
La formó un conglomerado de siglas que querían asegurar su supervivencia en plena Transición y para ello fueron en busca del amparo de ETA Militar, "la única fuente disponible de capital simbólico, popularidad y dinero", según cuenta Fernández Soldevilla en Héroes, heterodoxos y traidores. El embrión de HB se llamó Mesa de Alsasua y celebró allí su primera reunión el 24 de octubre de 1977. En la primavera siguiente esta "mesa" se convirtió en coalición electoral. Y pronto ETA se hizo con su control. Los más intransigentes le dieron la mano, los pragmáticos fueron defenestrados y la banda convirtió a Herri Batasuna (unidad popular) en una pura "pantalla electoral". El resto de la historia es conocida.
En todos estos años, en el micromundo de Alsasua, la Guardia Civil ha sido objetivo número uno. Guardia civil era el salmantino Sebastián Arroyo González, un agente retirado de 53 años que trabajaba desde hacía 10 en una empresa de fabricación de guantes cuando el 8 de enero de 1980 fue ametrallado en su coche. Su viuda y sus cuatro hijos huyeron a Salamanca. Después llegaría otra treintena de ataques a la Benemérita. En la madrugada de Nochebuena de 1988, ETA colocó un lanzagranadas en la ladera del monte Ameztia. No se conformó con eso y sembró los alrededores del cuartel con bombas trampa. Pudieron morir decenas de niños. Inspeccionando, el cabo primero José Aguilar García perdió la pierna derecha tras pisar una fiambrera con explosivos. Tenía 26 años y el equipaje preparado para irse de vacaciones: se casaba 15 días después.
En los 90 los cócteles molotov contra el cuartel fueron constantes. Además de los insultos por la calle, la negativa a atenderlos en algunos bares, las pintadas. Un agente que llegó por entonces tragó saliva con esta bienvenida: un espantapájaros con tricornio, ahorcado.
En 2010, a un año de que ETA dijera adiós al asesinato, un grupo de jóvenes del pueblo inventó el Ospa Eguna, una jornada anual para decirle a la Guardia Civil "que se vaya", en una mezcla entre protesta, alcohol y actividades para los niños. La estampa: gente muy joven representando una parodia de la monarquía con Juan Carlos I y guardias civiles como dirigentes nazis; bailando alrededor del fuego mientras patean a guardias civiles de cartón, lanzados después a las llamas.

Los detenidos

ETA ya no mata. No. "Pero la gente", reconoce a media voz una ex concejala, "sigue con miedo". Esta semana, ese miedo callado ha vuelto a asomar con fuerza. Un vecino bien informado afirma que "los de siempre" han ido amenazando a quienes estaban esa noche en las cercanías del bar Koxka.
"Si hablas, ya sabes". "Ten cuidado con lo que dices". "Aquí nadie ha visto nada".
Al cierre de esta edición suena el bisbiseo de que habrá nuevas detenciones porque la Policía Foral sólo ha arrestado (y dejado en libertad condicional con cargos por lesiones y atentado a la autoridad) a Jokin y a Aritz, cuando la Guardia Civil tiene identificados a más de 20.
Jokin Unamuno Goikoetxea fuentes policiales lo sitúan como uno de los cabecillas del Ospa Eguna. Unamuno tiene poco más de 20 años y ha estudiado FP de Mecatrónica Industrial. Su familia es conocida. Su tía política, ex alcaldesa con Euskal Herritarrok. Su primo ha dado la cara por él denunciando el "montaje policial". Son herederos de Piensos Unamuno, fundado por su abuelo; una empresa a la que le compran el pienso todos los ganaderos de la zona.
El otro detenido también nació en democracia y también con apellido ilustre: Aritz Urdangarin Cano. Le llaman Garin. Sus padres han tenido dos bares en el pueblo. "Ése no lo ha mamado en casa", asegura un conocido, y su explicación sobre este chico metido en problemas suena como suena Patria: "Aquí, si eres joven, no hay otro ambiente. El gaztetxe [sede de ocio juvenil y evangelización abertzale], la fiesta... Todo está politizado. Si no vas, te hacen el vacío. Si no quieres eso, tienes que marcharte del pueblo".
El teniente no pretende hacerlo. Óscar sin miedo ya ha avisado a los suyos de que va a quedarse en Alsasua. Y, desde lo alto del cuartel, seguir soñando.

Agreden a un valenciano en Londres por hablar español.

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Cámaras de seguridad grabaron el pasado mayo la agresión a un español en Bournemouth (costa sur de Reino Unido) que han sido difundidas ahora, una vez que el agresor ha sido juzgado por pegarle con un tablón de madera después de gritarle que hablara en inglés: ha sido condenado a trabajos sociales y a pagar una compensión a la víctima de 800 libras (unos 900 euros) y 12 meses de cárcel que evitará. El agredido, Tomás Gil, valenciano de 27 años, cuenta por teléfono a Verne que llevaba cuatro años viviendo allí y hasta entonces no había presenciado ni sufrido ninguna agresión racista.
Estaba con unos amigos en un pub y, sobre las cinco de la mañana del 19 de mayo, salió con su acompañante para irse y se pararon a hablar. El agresor "vino desde el otro lado, gritando lo de fucking Spanish, speak English (habla puto inglés) y medio me encaré un poco. Silvia me dijo que lo dejara estar. Y luego ya... pues lo que se ve en el vídeo: hace como que se va, coge el palo y... acierta", relata Gil. Varias personas acudieron a ayudarle, como muestra la grabación, y otra logró retener al agresor, que estuvo custodiado por personal de seguridad hasta que llegó la policía unos minutos después.
Durante una semana tuvo hinchada la cara, especialmente en la zona de la mandíbula, pero, afortunadamente, ningún hueso roto ni otro tipo de lesión. La policía le llevó hasta un centro sanitario. "Me echaron un vistazo y luego, después de dos horas esperando, decidí irme a casa. Me duró [el hinchazón] una semana", señala.
La policía, que le había tomado los datos, le llamó una semana después para prestar declaración. Allí le enseñaron el vídeo de la agresión. "Les comenté que me volvía a España y que aquí cambiaría de teléfono, y les di el email", dice, pero no ha recibido ninguna notificación de la sentencia ni de la compensación de 800 libras que le deberá pagar el agresor tras la condena.
Tras ser publicado en el diario local Bournemouth Echo, el vídeo saltó a la prensa generalista británica (empezando por los sensacionalistas como The SunDaily Mail oMirror, que le identifican como turista) y de ahí ha llegado a medios españoles. Gil cuenta aVerne que el mismo se enteró por la prensa -un amigo posteó en su Facebook el link- y así conoció que le corresponde una compensación económica. Sin embargo, no ha tenido notificación judicial sobre ello y está intentando contactar con las autoridades para conocer el procedimiento.
"[El agresor, Daniel Way, de 37 años] Me ha hablado por Facebook pidiéndome perdón, imagino que se lo habrá recomendado su abogado. Y me ha dicho que tiene que empezar [a pagar ]su compeción el mes que viene… Sé más por él que por la policía o los juzgados", dice, aunque destaca que la sentencia aún no es firme. La defensa del agresor argumentó en el juzgado que Way desconocía que la medicación vinculada a un reciente diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad no debía mezclarse con alcohol y que además estaba pasando por una situación persona difícil tras la ruptura con su pareja.
Gil está de vuelta en España, pero no es una decisión que tomó a raíz de la agresión. "Ya lo había decidido antes", afirma el valenciano, que ahora tiene un empleo de asistente social a una persona con discapacidad.
"Me dui a buscarme la vida", dice. En los cuatro años que vivió en Reino Unido para aprender inglés -trabajando en cocina, en una fábrica, de comercial, de camarero- no considera que sufrió racismo, pero sí cierta "superioridad porque eres extranjero". "En  Bournemouth hay gente de todos los lados, hay muchas universaidades, hay gente de todas partes, hay mucho mix…", añade sobre una experiencia de la que dice guardar sólo buenos recuerdos. "Ahora tengo amigos de todo el mundo", comenta.
Esta misma semana se hizo viral en redes otro vídeo de una agresión racista, en el metro de Londres, en la que la pareja de la víctima persiguió al agresor gritándole en español. Tras elBrexit, que se votó en junio, han tenido repercusión varios casos de agresiones a extranjeros en Reino Unido.

Los hijos que no se parecen a los padres

Kim Kardashian.

Ser padre o ser hijo

De aquí 50 años, cuando los jóvenes del futuro vean fotos nuestras, dirán: “Qué pena de gente con esas pintas”.

Esta semana me mandaron vía Whatsapp un montaje fotográfico en el que aparecía una muchacha en blanco y negro, con su vestido negro, su pañuelo en la cabeza y el campanario del pueblo al fondo. Al lado, la foto de una joven de hoy día, en bikini y abdominales haciéndose un selfie en el espejo del baño. Debajo de la primera foto se leía: “Mi abuela hace 50 años”. Debajo de la segunda ponía: “De aquí a 50 años esta será la foto que enseñes de tu abuela”. Para alguien como yo, que piensa que sus novias no defecan y que sus padres jamás practicaron sexo, la idea resultó tremendamente turbadora. Luego vino una amiga, calificó el montaje de machista y dijo que eso también podía hacerse con hombres. El abuelo Manel con la azada y los pantalones remangados y el primo Jonathan, en calzoncillos y abdominales frente al espejo del gimnasio. Le di la razón inmediatamente. Se quedó sin nada que hacer esa tarde.
Ser padre o madre y ser hijo o hija no tiene nada que ver con el hecho de tener descendencia o no. Es un estado mental. Y generacional. Así hemos pasado de una serie de generaciones en las que predominaban los padres y madres a unas en las que casi todos somos hijas o hijos. Y lo seremos siempre, no importa los vástagos que podamos engendrar. Mientras seamos incapaces de hacer la declaración de renta a tiempo, seremos hijos. Y de aquí 50 años, cuando los jóvenes del futuro vean fotos nuestras, dirán: “Qué pena de gente con esas pintas”. Como se ha hecho y se hará siempre.

En las playas del Sur el erotismo artístico es la revolución.

En las playas de Sur el erotismo artístico es la revolución.

La fotógrafa australiana Akila Berjaoui es la mejor para retratar la belleza de los cuerpos en verano. Esta vez la ha encontrado en el sur de Europa




Así de sensuales capta a las chicas en el Mediterráneo la fotógrafa Akila Berjaoui.

Cuando se le pregunta a un profesional de cualquier tipo de negociado cómo equilibra la parte más vocacional de su trabajo con la más comercial y responde “fácil, me centro en esto último”, es que estamos ante alguien con quien nos gustaría irnos de copas, de futbolines o de vacaciones, o todo a la vez. Akila Berjaoui, fiel seguidora del lema “sal y diviértete, y si puedes salir en biquini, no lo dudes”, es una fotógrafa australiana especializada en pasarlo bien y retratar a mujeres y hombres en una suerte de eterno verano.





Este año, para compensar el riesgo de que el invierno austral le dé un disgusto y la obligue algún día a sacar una rebeca, ha vuelto a viajar a Europa. “El verano en el Mediterráneo es mi favorito. Mi marido y yo cogimos Barcelona, maravillosa y vibrante, como ciudad base y desde allí viajamos a Capri, Deià, Milos y Paloma Beach, cerca de Cap-Ferrat, en Francia. Saqué muchas fotos de mis seres queridos y también de mujeres y hombres desconocidos que me llamaron la atención”, recuerda Akila ya desde Sídney, donde arrancó su carrera profesional retratando vestales en la playa de Bondi.
Akila Berjaoui se hizo célebre en Australia al ser una de las estrellas de la revista Russh, todo un referente en la edición de moda de aquel país. Sus influencias van desde Peter Beard hasta Slim Aarons. Adora los años cincuenta, sesenta y setenta, cuando “todo el mundo era mucho más arriesgado y experimental”.


A pesar de tener un enorme jet lag, Akila está feliz. ¿Y sabe por qué? Exacto: “¡Es increíble! A pesar de ser invierno en Australia estamos a 24 grados. ¡Qué maravilla!”, cuenta emocionada, más incluso que cuando nos explica que no nos puede explicar una cosa. “Van a presentar mis fotos a una editorial grande alemana y tal vez publique un libro”, y hasta aquí puede leer. Esto lo narra sin exclamaciones. Estas se las guarda para lo realmente importante.






En las playas de Sur el erotismo artístico es la revolución.

Rituales y costumbres expulsan los malos espíritus. (Texto y fotos interesantes)

Rituales andinos toman fuerza para alejar a los malos espíritus

Rituales y costumbres expulsan los malos espíritus. 

Algunos privilegiados que tuvieron oportunidad de viajar a alguna región andina posiblemente tuvieron la suerte,  de presenciar algunos ritos o costumbres que consisten en dar un tributo especial de “pago” a la Tierra, esto para garantizar una cosecha productiva, la permanencia óptima de alguna maquinaria o hasta para preservar una vida larga, saludable y feliz.

Aunque esto no nos explica el por qué se usó un cachorro de color negro, toca suponer que los elementos originarios de los rituales, en este caso particular del cachorro negro, se distorsionaron en su llegada a Tarija como suele ocurrir cuando la información se transmite de persona a persona.
Empero, los ritos pueden variar según el lugar, el motivo  y las costumbres de cada pueblo. En uno de los casos el motivo de este pago a la tierra fue por las lluvias torrenciales que azotaron a un pueblo.Resultado de imagen de malos espíritus. en los paises andinos



Estas costumbres milenarias de la región andina sorprenden por su historia y cultura y son ritos que los pueblos reproducen año tras año, no por nada es que se mantiene este legado cultural, aún pese a las represiones que hubieron en tiempos de la colonia. Sin embargo, fue en el occidente del país dónde se preservaron más estas costumbres y tradiciones. 
En Tarija este tipo de rituales son bien conocidos en el Martes de Challa de Carnaval y en Santa Anita, pero más allá de esta fecha estos ritos ya se han proliferado en nuestro departamento y ahora muchos  tarijeños se apegan a estas prácticas, algunos con una actitud festiva y otros con una verdadera creencia.
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“La Challa es una ceremonia para la Pachamama se le da a la tierra pétalos de flores, cigarro, hojas de coca y alcohol para alimentarla y se adorna con serpentinas de colores, rociando alcohol, margaritas y confites en cada esquina del negocio, de la casa o del automóvil que se está challando”, explica Jorge Medina, comerciante de abarrotes del mercado Central, en su local conocido en Tarija con el apelativo de “El colla”.
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Jorge es parte de los comerciantes norteños que radican en Tarija, éstos realmente se apegan a sus tradiciones con fe y devoción por lo que realizan las challas con verdadera creencia sobre todo con el pedido de contentar a la Pachamama o madre tierra y así aumentar las ventas y mejorar las ganancias.
En la calle Domingo Paz suelen verse estos carritos ambulantes con una serie de objetos, velas, inciensos, palo santo, yerbas, fetos de llama, confites, pociones y todo tipo de curiosidades que se ofrecen a la venta junto con algunas yerbas medicinales desde la tradicional manzanilla, sangría y otras que sirven para infusiones sanadoras.
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Durante más de 20 años, la orureña Lucila Mamani, vende en Tarija estas yerbas, pociones y todo tipo de cosas que suelen ser utilizadas para la magia blanca. Nos explica, por ejemplo, que la canela en rama sirve para sanar, se la utiliza en los baños como despojador de enfermedades, la esencia de gardenia aleja las malas vibraciones. Para el amor y la pasión se utiliza clavo de olor, jazmín, rosa, vainilla, jengibre, laurel, perejil, sangre de drago, flor de naranja, romero entre otras que ofrece a la venta. 
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Una poción sanadora se hace con lavanda, menta,  hinojo, romero, eucalipto, salvia y oliva, asegura la comerciante. “Cada hierba tiene un uso para la magia blanca”, dice y agrega que para  “defender la casa, el trabajo y la familia se usa ajo, eucalipto, geranio, anís, bambú, mirra, ajenjo y romero”.
“Se hacen inciensos o como baños de vapor, así todos están seguros en la casa. El ajo se cuelga en la entrada de la casa para evitar el mal, aleja a los ladrones y ahuyenta a las personas envidiosas y malas”, explica la comerciante. 
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Ritos protectores 
En Tarija el proteger de los malos espíritus y ahuyentar ladrones es la mayor preocupación de quienes optan por los ritos andinos, “después está la salud y el amor”, asegura el chamán Raúl Mamani Sosa, quien ofrece estos servicios además de leer la hoja de coca y las cartas del tarot de manera ambulante en La Loma y en la esquina del colegio Fe y Alegría. 
La hoja de coca es una hierba protectora que se utiliza en muchos rituales, también está la grasa y el feto de animal (por lo general de oveja o llama). Se  usan además monedas, bebidas alcohólicas, cigarrillos, comidas y la lliclla que es la manta típica. 
“Es mejor hacer el rito en la noche para ofrendar al Apu (Señor, en quechua) para que se tengan mejores cosechas, lluvia, bienestar de ganado, esto se hace en el campo y en la ciudad se hacen también las ofrendas para otros pedidos. También hacemos cantos y oraciones”, detalla. 
El chamán explica que todos estos objetos son quemados y las cenizas que quedan se entierran en un hueco, donde se deja la ofrenda para la tierra, luego se bebe alcohol y al mismo tiempo se hace beber a la tierra y se tapa todo. 
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Pago a la tierra 
Resulta evidente que en Tarija estos ritos andinos comienzan a cobrar importancia. Así no enteramos de anécdotas que hacen referencia a estas costumbres. Una de estas situaciones nos la comenta la familia Rojas Panoso, cuyos integrantes cuentan que cuando comenzaron la construcción de su casa en el barrio 3 de Mayo los albañiles exigieron un ritual de pago a la tierra para así continuar con la construcción, ya que les sucedían muchos incidentes extraños.
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Afirman que se caían las escaleras, las herramientas se perdían y todo salía mal. De esta manera, temieron que esto fuera un reclamo de la tierra que podría cobrar incluso la vida de alguno de los trabajadores, por lo que los albañiles pusieron la condición de un ritual de pago a la Pachamama antes de proseguir la obra.
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Ante tal exigencia los propietarios de la casa recurrieron a un chamán, el cual visitó el inmueble y confirmó que en efecto existían espíritus malignos en la propiedad, la solicitud del entendido fue la de conseguir un cachorro, un perro negro, que fue la ofrenda necesaria para alejar los malos espíritus.
“No entendí bien para qué querían el perro negro, pero no teníamos más opción que acatar la solicitud, después de todo no queríamos quedarnos con la obra a medio construir”, comentan los propietarios.
Resultó ser que la “vida se paga con otra vida” y de esta forma el infortunado animal fue enterrado vivo en un agujero que hicieron en el terreno, donde se puso hojas de coca, cigarrillos y se roció el lugar con alcohol, acompañando el proceso con una especie de rezo; todo ello ante el asombro de los propietarios que no tuvieron más opción que callar y ver. 
Pues bien, en este rito siempre hay un “chamán” que viene a ser quien preside, los pobladores o comuneros, quienes hacen los encargos o peticiones, a veces tambien hay un padrino, quien tiene la responsabilidad de hacer el rito al siguiente año.
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El rito en el norte del país
En el norte del país el rito del pago a la tierra tiene todo un protocolo de respeto. En cuanto a las cosas que son necesarias a la hora de realizarlo son: hoja de coca, grasa y feto de animal, monedas, lliclla (manta típica), bebidas alcohólicas, cigarrillos y comida.
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El rito se lleva a cabo siempre de noche especialmente en los meses de diciembre – febrero y agosto, en septiembre se realiza en una zona lejana en los cerros, montañas y nevados para agradar al Apu (Señor, en quechua) con el fin de pedir por el ganado (alpacas, llamas, ovejas, etc.) o por las cosechas y lluvias.
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Empieza con las ofrendas, las cuales son hechas por los pobladores con las hojas de coca y la grasa animal con esto se hace unos puñados y se van poniendo sobre el altar que esta tapado con la lliclla (manta típica) después hechan monedas y ofrendas que en realidad pueden ser de cualquier tipo y según lo que se esta pidiendo en el “pagapu” mientras se va poniendo estas cosas hay cantos y oraciones. 
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Casi al finalizar el “chamán” hace un paquete con la “lliclla” y todas las cosas; esto lo ofrece a la Madre Tierra haciendo un hueco e introduciendo las ofrendas, luego bebe alcohol y hace una fogata, en donde se quema el embrión de animal con grasa, la gente se queda cantando, orando y bebiendo hasta que se termina de quemar. Por último las cenizas se introducen en el hueco de las ofrendas, se tapa y se retiran entre cantos y oraciones
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La importancia del chamán en los rituales
En este tipo de rito siempre tiene que haber un chamán o yatiri, que es el que tiene poderes sobrenaturales y la capacidad de comunicarse con el mundo de los espíritus. La tradición dice que sólo ellos podrán ofrecer las ofrendas y hacer las oraciones para que los presentes hagan sus peticiones con mucha fe a la madre tierra. 
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“Esto es sagrado la gente a veces no entiende”, dice el chamán Raúl Mamani Sosa, quien prefirió no dar más razón sobre el pago con vida a la tierra y se limitó a explicar que todo lo que existe en el mundo es vivo, desde el hombre, los animales, las plantas, los ríos, las piedras, montañas, cerros y todo lo demás. 

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Documento
El pago a la tierra, según se explica en el documento “Rituales Andinos y la concepción del mundo”, de la revista Estudios Bolivianos de la ciudad de La Paz, se trata de  ofrendar sangre para satisfacer y nutrir a la diosa de la fertilidad o madre tierra que está sedienta y hambrienta. 
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Por darle fuerza y energía la diosa en el futuro devolverá protección, alimentos, prosperidad y buenas cosechas, todo se realiza con mucha fe ya que se trata de una deidad que manifiesta la partición entre el dar y el quitar, pues así como favorece y cuida, también castiga y reclama sacrificios. “Es compasiva, pero también vengativa, caprichosa, arbitraria e impredecible.  Por ello es respetada y temida”, señala el texto. 
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En cuanto a la utilización de otros animales, el documento cita que esto se asume como incorporación a rituales de data antigua donde se asocia, por ejemplo, a las maldiciones con el color negro u otros de tonalidad lúgubre. Entonces se usan para “el cambio de suerte”, conejos de color negro.
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detalles sobre la venta de este tipo de productos
 Domingo PazLa avenida Domingo Paz es el lugar céntrico, donde se encuentran yerbas, pomadas, amuletos y pociones a la venta. En este lugar hay más de cinco personas dedicadas a estas ventas. La mayoría provienen del norte del país.
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 Magia blanca
Todos los comerciantes de estos productos afirman que los vende para ser empleados en magia blanca, misma que consiste en la curación, protección y bendición de personas.  “Cada hierba tiene un uso para la magia blanca”, aseguran.
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 Ferias
En Tarija ya se han realizado varias ferias dedicadas a la medicina natural, rama en la cual se utilizan la mayoría de estos productos. Muchos de estos comerciantes ya tienen su espacio dentro de la medicina naturista.