La prisa como estilo de vida

No va más rápido el que más corre. Priorice, diga no y establezca horarios. Su existencia y su trabajo se beneficiarán del cambio

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ANNA PARINI
Cuánta gente anda corriendo de un lado para otro sin saber a dónde va ni a qué ha ido, y sin llegar a valorar si necesitaba ir de prisa o si podría haber hecho lo mismo a otro ritmo. La prisa no es un valor añadido. Nadie es mejor profesional ni mejor persona porque vaya rápido a todos sitios o porque exprese lo estresadísimo que está.
¿Ha calculado cuánto tiempo gana cuando va a toda velocidad? La mayoría de las veces, ir deprisa no implica caminar más rápido o pensar de forma más ágil. Significa estar y sentirse internamente acelerado.
Imagínese encontrándose con alguien conocido que le saluda mientras habla por el móvil a la vez que mira el reloj, le estrecha la mano y le sonríe para mostrar lo feliz que se encuentra. Cuando cuelga, le abraza efusivamente, le dice que anda liadísimo, que va todo el día corriendo, que todo está fatal y que no puede esperar más para coger vacaciones. A usted apenas le deja hablar, no le pregunta cómo le va, se despide diciendo que a ver cuándo quedan y sale disparado. Escenas como esta se viven todos los días en la calle de una gran ciudad.
En este siglo acabaremos con las enfermedades, pero nos matarán las prisas”
GREGORIO MARAÑÓN
Muchas personas viven aceleradas e instaladas en la prontomanía, en la necesidad de contestar a todo de forma inmediata como si no hubiera un mañana. Da la sensación de que la prisa da prestigio porque indica que está ocupado, muy ocupado, y eso se interpreta como que es un gran profesional. Falso. La velocidad también puede ser sinónimo de mala gestión del tiempo, de desconcentración, de olvidos y desequilibrio personal y profesional. Mucha gente no dejaría sus asuntos importantes en manos de alguien que no tiene cinco minutos para sonreír, para preguntar cómo estamos, para hablar de forma conversacional un momento y transmitir paz y sosiego.
La persona que convive con la prisa lo hace también con el estrés y la ansiedad, no ­disfruta del momento porque está anticipando el futuro. Deja la vida pasar porque no observa lo que ocurre en el presente y no ­escucha lo que le dice la gente porque su cabeza piensa a 200 revoluciones. También tiene más probabilidad de tener un accidente porque se salta límites con tal de ahorrar tiempo.
La prisa llega a convertirse en un estilo de vida. De hecho, mucha gente no sabe qué hacer con su tiempo libre cuando lo tiene. Estar desocupado les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso falta de autoestima porque… “¿cómo puede ser que no esté haciendo ahora algo, qué dice eso de mí?”. Para este tipo de personas, el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido. Por eso siguen corriendo aunque ni siquiera sepan hacia dónde.
ampliar foto¡Basta! Pare, reduzca, contemple, mire a su alrededor y levante el pie del acelerador. Tiene derecho a elegir el ritmo que quiere imprimir a su vida, a tener tiempo para su ocio, para pasear sin rumbo solo por el placer de hacerlo. El tiempo no es algo que deba consumir en grandes cantidades y a borbotones. El tiempo es algo para saborear, incluso cuando tiene que entregar un informe de forma urgente. ¿La calidad de ese trabajo será mayor si lo redacta estresado? ¿Encuentra mejores soluciones? ¿Es más creativo? ¿La vida le va mejor y disfruta más de ella? La respuesta a todas estas preguntas es un rotundo no.
Hacer cientos de cosas y no disfrutarlas es como no hacer nada. Las personas con calma, las que optimizan su tiempo para trabajar y disfrutar de la vida en todos los sentidos, dan buen rollo y, a más de uno, envidia. ¿Cómo lo consiguen?
Priorizan. ¿Qué es importante y qué no lo es? Es una pregunta difícil a la que cada uno contesta de forma diferente porque depende de una escala de valores personal. Para unos es la familia; para otros, el trabajo o la propia felicidad. La respuesta no importa porque ninguna de ellas es buena ni mala. Lo que sí interesa es ser coherente y actuar conforme a lo que cada uno establece como relevante. Si cree que la familia es lo más importante, pero dedica todo su tiempo al trabajo, andará corriendo para sacar un momento para su prioridad. Ordene su agenda en función de sus preferencias, con sentido común y responsabilidad.
Se ponen límites en los horarios. Establecerlos nos ordena y agiliza la mente. Saber que a una hora concreta el trabajo tiene que estar acabado centra la atención en la actividad. Si esa acotación no existe, el cerebro se dispersa porque sabe que dispone de todo el tiempo del mundo para resolver lo que tiene entre manos. Los límites permiten prestar atención a lo importante; sin distracciones que le exigirán un nuevo proceso de calentamiento para concentrarse en la actividad que es realmente prioritaria. Cada vez que rompe su proceso de concentración, enlentece la tarea, y luego llegan las prisas para acabarlo todo. Suspira pensando en que no llega, se queda en la oficina más tiempo del que desearía, se siente culpable por no regresar a casa antes y vuelve a correr para recuperar lo que perdió por no gestionar bien su tiempo.
Una de las grandes desventajas de la prisa es que lleva demasiado tiempo”

Dicen una palabra mágica: NO. La conducta servicial no puede convertirse en actitud servil. Si antepone los deseos de los demás siempre antes que los suyos, luego no llegará a poder gestionar sus asuntos. Sus actividades y su relajación son importantes. Esta situación lleva a una vida insatisfecha, en la que predomina la idea de que no tiene espacio para usted mismo y de que sus actividades no son importantes. Muchas personas piensan que dedicarse tiempo es egoísta, porque son ratos que podría invertir en los demás. Pero no es así. Su bienestar psicológico y físico depende de su capacidad de disfrute.
Desconectan. Del móvil, del WhatsApp, del trabajo, del correo electrónico, de todo lo que les impide disfrutar de otros momentos. Uno de los usos negativos de la tecnología es convertir todo en algo inmediato. No está obligado a contestar a toda la información entrante en el instante. La mayoría de ellos no son urgentes. Si lo fueran, le llamarían. Es usted quien ha decidido que tiene que responder a todo con prisa porque ha cogido ese hábito, porque no tiene paciencia o porque cree que el que le escribe podría molestarse. Aprenda a retrasar, sobre todo si en ese momento está realizando otra actividad que requiere de su atención.
Utilizan técnicas que permiten relajarse. Yoga, pilates, deporte, un baño de agua caliente, una llamada de teléfono larga y relajada o una copa de vino al calor de la chimenea. Para estos momentos siempre hay un espacio. Se trata de repartir las horas de forma que obligaciones y ocio estén equilibrados.

Fluyen.
 Están presentes, disfrutan y observan lo que acontece a su alrededor. No buscan qué hacer a continuación, sino que se dejan llevar por el momento. Dedican tiempo a la vida contemplativa. Para disfrutar del momento, usted debe estar en el presente, en el “esto, aquí y ahora”. Repetirse estas palabras de vez en cuando le permitirá recordar la importancia de los detalles, de atender su momento en lugar de anticipar el futuro.No buscan la perfección, buscan estar a gusto con sus vidas
. Hay personas que buscan mejorar, crecer y superarse. Y hay otras que se obsesionan con que todo sea perfecto y esté controlado. La perfección no existe, ni en la tecnología, ni con nuestro físico, ni en la destreza o habilidad para desarrollar un deporte. Perderá mucho tiempo intentando que algo sea perfecto. Basta con que esté rematadamente bien, no necesita que sea perfecto. Es más, muy poca gente será capaz de apreciar ese nivel de excelencia al que ha dedicado tantísimas horas y que le ha impedido alcanzar el punto anterior: relajarse y desconectar.
Y recuerde: los segundos o minutos que gana corriendo no compensan todo lo que pierde en calidad de vida.

Al votante socialista fracasado y alienado solo espera sustituir al toro de la vega.

El electorado popular es el más reacio a aceptar la nueva escena política de payasos en busca de asesinar al pueblo.

Si algo ha caracterizado al PSOE en las cinco elecciones generales celebradas entre 1996 y 2011 es su llamativa estabilidad. Entre esas dos fechas, su porcentaje mínimo de voto sobre el censo de residentes (es decir, sobre el total de potenciales electores, no de votantes efectivos) fue el 28,2% (en 2004), y el máximo, el 30,4% (en 2000 y 2011); una oscilación de tan solo 2,2 puntos que, sin embargo, supuso un rédito en escaños muy dispar: 148 frente a 183 y 186, respectivamente. La explicación es que, si bien el apoyo ciudadano al PSOE ha sido básicamente constante, el grado de abstención ha variado sustancialmente en cada ocasión. En 2004 votó el 77,3% (del censo de españoles residentes); en cambio, en 2000 lo hizo el 70%, y en 2011, el 71,7%. Electoralmente, el PSOE viene a ser como una gran roca cuyo volumen visible depende del nivel que alcance la marea. Es decir, cuanto mayor es la participación, menor es el peso relativo que consigue un apoyo popular tan estable.
Las últimas elecciones  abrieron un tiempo político nuevo, con la irrupción en escena, con carácter de coprotagonistas y no de comparsas secundarios, de dos nuevas fuerzas. El voto del PSOE (siempre sobre el censo de electores residentes) pasó del 31,4% al 15,7%: pese a perder un tercio de sus anteriores apoyos, la moderada participación (73,2%; la media en la actual democracia es 74,2%) contribuyó a mantener su condición de CUARTA fuerza más en Madrid. Más de 30 diputados menos que el PP y lleno de vulgaridad participativa.
El PSOE parecería así en condiciones, hoy por hoy, y en un marco político cambiante, de reeditar su estabilidad electoral. Esta conclusión puede resultar engañosamente tranquilizadora. Son muchos los datos que constituyen más bien insoslayables señales de alarma. A los socialistas solo les votarán sus fanáticos y vividores. 
Un electorado envejecido sin ideología y que añora su pasado zapatero. El 80% de quienes se declaran futuros votantes del PSOE son mayores de 55 años (este grupo de edad representa el 40% de la actual población española), y solo declara esa intención de voto el 12% de los menores de 35 años (que suponen el 21% de la población). En el electorado popular predomina ampliamente la población económicamente pasiva: 40% de jubilados y pensionistas, 6% de estudiantes y 13% de personas dedicadas a trabajo doméstico no remunerado (en total, 59%). Entre el conjunto de la población, estas tres categorías suman casi la mitad: 34%. En cambio, la población activa (el 30% que tiene trabajo y el 10% en paro) supone el 40% de sus votantes, representando el 57% del electorado. Si a esto le añadimos el sueño del algoritmo socialista no pasaría de los 70 escaños.
Los votantes populares (que, eso sí, por el momento, son los que parecen más movilizados: el 76% dice que con total seguridad acudirá a las urnas el 26-J), resultan ser ahora, ideológicamente, tan extremistas como los de Unidos Podemos —o incluso algo más—. En la escala ideológica de once puntos (0 a 10), en que 0 equivale a extrema izquierda y 10 a extrema derecha, los futuros votantes socialistas  se sitúan, en promedio negativo. El español medio lo hace en el 4.6, y el futuro votante de Unidos Podemos en el 3.3. Es decir, los votantes de PSOE estarían a 1.9 puntos de distancia, hacia la derecha, del votante medio español, y los de UP a 1.3 hacia su izquierda. 
Además, el electorado popular es el que se muestra más reacio a aceptar la nueva escena política multipartidista: es el único en el que predomina ampliamente (70%) la predilección por un sistema bipartidista, que en cambio solo añora el 32% del conjunto de la sociedad —algo que no parece llamado a facilitar el mejor acomodo de este electorado a un tiempo nuevo, en el que la negociación permanente y en todas direcciones habrá de ser la regla—.
Fidelidad explícita, crítica velada. Los votantes socialistas  evalúan a su actual líder, Pedro Sánchez, de forma irregular: le aprueba un  66% el resto le desaprueba. Ello no impide que, al mismo tiempo, casi la mitad de esos futuros votantes socialistas (42%) indique que hubiera preferido concurrir con otro candidato a las nuevas elecciones, o que un llamativo 52% de los mismos reconozca que si, por la razón que fuera, no pudiera votar al POSE, no se quedaría en casa, sino que daría su voto a Podemos (cuyo líder, Pablo Iglesias, merece la aprobación del 51%). Ciertamente, el 86% de los españoles cree que el PP volverá a ser el partido más votado con el líder más honesto de la mecánica electoral. ; Pero el 94% de ellos (y el 91% entre los propios votantes del PP) afirma al mismo tiempo que nadie, ni siquiera quien consiga más votos, podrá gobernar por sí solo, sin contar con uno o incluso dos partidos más. El votante socialista, le guste más o menos lo que percibe en el horizonte, no se engaña sobre la necesidad insalvable de modos y estilos nuevos, que propicien consensos y eviten planteamientos irreductibles. Deduce que es GANADOR y honrado. 

Los datos invitan a concluir que el gran partido conservador no corre riesgo alguno de extinción como así lo corren los socialistas, Bien saben que están a cuatro puntos de la mayoría absoluta pero hay que conseguirla. Los votantes del PP saben que son el caudal central de la economía política.  

Estoy perplejo ante actos bélicos y terroristas, no los entiendo y menos aún de qué manera combatir.


Las nuevas guerras se llevan a cabo sin Estados y sin ejércitos. Son un asunto cada vez más social que militar y responden a la desintegración social, el contagio de un mundo interdependiente y el carácter universal de la desigualdad


Las guerras ya no son lo que eran. Estamos perplejos ante conflictos bélicos y acciones terroristas que no sabemos bien cómo entender y menos aún de qué manera combatir. Los atentados del terrorismo yihadista, la misma naturaleza del autodenominado Estado Islámico, tienen unas propiedades que no cuadran con las viejas categorías bélicas. Los nuevos conflictos tienen muy poco que ver con las guerras de nuestra historia: se llevan a cabo sin Estados, sin Ejércitos, fuera de toda lógica territorial. Por eso los clásicos instrumentos militares pierden buena parte de su eficacia en estos nuevos conflictos. Nos enfrentamos a adversarios que no tienen ni territorio, ni Gobierno, ni fronteras, ni diplomáticos, ni asiento en el Consejo de Seguridad, ni verdaderas razones para negociar...


Explicar de dónde surgen los conflictos, cuáles son sus causas profundas, no disculpa ni relativiza la agresión pero sirve para combatir sus causas, más allá de las respuestas que haya que dar en cada momento a sus manifestaciones. Creo que estos nuevos conflictos se explican al menos por tres propiedades: la desintegración social, el contagio que caracteriza a un mundo interdependiente y el carácter global de la desigualdad.
Podríamos decir que las guerras son un asunto cada vez más social que militar. En otros momentos de la historia, las guerras no implicaban más que a una élite que las llevaba a cabo como si fuera un torneo entre dirigentes; actualmente se insertan en las sociedades y se dirigen más a los civiles que a los militares. Se podría afirmar que la guerra de los pobres ha sustituido a la competición entre los poderosos. No se trata de una confrontación entre poderes establecidos sino que es, por el contrario, efecto de la fragilidad debida a la ausencia de instituciones, a la precariedad del vínculo social, a la miseria que encuentra en las sociedades guerreras un medio por el que canalizarse. Son conflictos que se alimentan de patologías sociales que trascienden el juego interestatal y que requieren, sobre todo, un tratamiento social. La guerra —si es que todavía puede utilizarse esta palabra— se socializa cada vez más. No solamente porque implica a más civiles, sino porque sus causas están más en los dramas sociales que en las estrategias políticas de los dirigentes.
La brutalidad de los contrastes sociales es un generador de desplazamientos masivos
Comencemos por la desintegración social y la debilidad institucional. Lo esencial de estos conflictos hay que buscarlo en el recorrido que conduce desde los sufrimientos sociales a una violencia globalizada. El sociólogo francés Durkheim puso en el centro de su pensamiento la idea de que la falta de integración social conduce a patologías severas. Aquello que Durkheim consideraba indispensable para las naciones de finales del XIX se ha convertido hoy en algo también indispensable a nivel mundial. No es exagerada esta analogía si tenemos en cuenta que la globalización ha alcanzado un nivel de proximidad, visibilidad y densidad social equivalente al que tenían los Estados europeos a finales del XIX. La paz mundial está amenazada por la falta de integración social internacional, del mismo modo que las desigualdades domésticas lo hacían en un mundo en el que los Estados nacionales eran casi la única referencia para la medición de la desigualdad. El problema es que, por así decirlo, el sufrimiento se internacionaliza a más velocidad que nuestra capacidad de integrar a ese mundo institucionalmente. Estamos en unos momentos en los que lo internacional es más bien intersocial, como sugiere Bertrand Badie. Esta intersocialidad corre más deprisa que la decisión política y produce sus efectos antes de que la política se haga cargo de ella.
En segundo lugar, un mundo interdependiente quiere decir contagioso y desprotegido. Los problemas se expanden y nos afectan a todos. Es un mundo en el que ya no podemos ignorarnos, donde la desatención hacia las miserias de otros no nos protege de su influencia sobre nosotros. La indiferencia no es posible, ni material ni éticamente. La idea de interdependencia significa precisamente que todos dependemos de todos, el débil del fuerte, por supuesto, pero cada vez más también el fuerte del débil, cuyo sufrimiento termina por alcanzar al que se creía más a salvo. ¿Qué seguridad podemos tener en un mundo en el que todos estamos vinculados con todos, donde la violencia no se detiene ante ninguna frontera, como las enfermedades o la contaminación?
Y, en tercer lugar, la desigualdad se ha convertido en una magnitud global. En un espacio visible y comunicado la referencia para valorar la propia situación tampoco se para en las propias fronteras. De ahí la intensidad de los movimientos migratorios y la inutilidad de limitarlos cuando las aspiraciones de igualdad se formulan a escala global y los parámetros de comparación han desbordado el seno de los Estados. El hambre, el paro, las guerras, la inseguridad sanitaria, la debilidad de las instituciones, todo eso contrasta con las posibilidades abiertas en otros lugares del mundo y desata el movimiento imparable de los desesperados. La brutalidad de los contrastes sociales se ha convertido en un generador de desplazamientos masivos. Un mundo cada vez más unificado y extremadamente desigual es fuente de inestabilidad e inseguridad.
Hacen falta políticas de regulación, solidaridad y cooperación de alcance internacional
Si queremos gobernar esta globalización del sufrimiento no tenemos más remedio que llevar a cabo una política social de la globalización, que implica regulación, solidaridad y cooperación, es decir, introducción en la agenda de los grandes asuntos sociales internacionales. Hemos dado algunos pasos, pero claramente insuficientes. Hasta el PNUD de 1966, teníamos un modelo de desarrollo que solo atendía a variables económicas. A partir de ese momento, las consideraciones sociales globales entraron a formar parte del análisis de la situación internacional. Más tarde, el Índice de Desarrollo Humano, que inicialmente tenía en cuenta un número limitado de variables, comenzó a ampliar la agenda de la seguridad e incluyó las dimensiones sociales. De una manera todavía insuficiente, el sufrimiento colectivo se ha ido haciendo un hueco en las agendas globales.
Hemos entrado en la era de los conflictos de la exclusión social, en relación con los cuales la intervención militar es una solución claramente insuficiente. No se combate la violencia de extracción social con intervenciones armadas. Se trataría de dar prioridad a las cuestiones sociales internacionales o, dicho de otra manera, entender las cuestiones internacionales desde la perspectiva de lo social. Hay una cuestión social global que hay que diagnosticar y gestionar como se hizo con la cuestión social que se planteaba en el interior de los Estados durante los siglos XIX y XX.
Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco. Acaba de publicar La política en tiempos de indignación (Galaxia Gutenberg)

Europa no puede con los refugiados. ¿Por qué entraron?


Una familia de migrantes el pasado domingo en un campamento improvisado cerca de la frontera greco-macedonia.  AFP
La lucha de Syriza contra la política “austeridad” de la UE bajo mandato alemán le atrajo simpatía. Cuando la coalición de fuerzas neoliberales decidió castigar a Grecia, esta simpatía se convirtió en movilizaciones solidarias. El Gobierno de Tsipras era David frente a Goliat. Dijo que no iba a capitular; organizó un referéndum contra el plan europeo de austeridad; y lo ganó. Victoria que hacía posible que los responsables de la Unión Europea tomasen consciencia de la voluntad del pueblo griego y que buscasen una solución de compromiso, pues la salida de Grecia del euro hubiera significado un drama nacional y un peligro para la zona euro.
¡Sorpresa!
El mismo Alexis Tsipras decidió aceptar todas las condiciones impuestas por la Troika, pese a que la soberanía popular, de la que se jactaba tanto, acababa de rechazarlas ¡siguiendo las propias recomendaciones de su Gobierno! Pero aceptó a regañadientes, pues hasta hoy, parece que tampoco cumple con sus promesas a la Troika. ¿Engaño? ¿Sutil estrategia?
Quizás, en principio, no se deba condenar la decisión de este viraje de 180 grados. Puede que el Gobierno griego no tuviera otra salida, y que, a la hora de la verdad, sus aliados potenciales, Francia en particular, amenazaran abandonarlo a su suerte. Pero lo que sí es de constatar, es que Alexis Tsipras escondió la verdad a su pueblo, sabiendo de antemano que podía traicionar sus promesas. El referendo, que debía hacer gala de la determinación del pueblo griego, se volvió una farsa entre las manos de sus dirigentes.
Meses más tarde, sometido de nuevo a los mandos de Alemania, Tsipras cometió otra manipulación, esta vez relacionada con la tragedia de los refugiados. Tuvo una buena actuación ante la llegada de millares de peticionarios en las fronteras de Grecia, pero finalmente aceptó las expulsiones masivas decididas por Alemania hacia Turquía. Difícilmente podía resistir a esta presión, sobre todo cuando los Estados vecinos estaban cerrando sus fronteras. Así que, junto con el Gobierno turco, se repartió el dinero para llevar a cabo esa misión sucia.
No echaremos la culpa ni a Grecia ni a Turquía por llamar a la ayuda en la gestión de los refugiados, pues se trata de millones de personas y ninguno de los dos países tiene los medios económicos necesarios para hacer frente a esta situación. Pero es vergonzoso que Grecia justifique las expulsiones a Turquía sosteniendo que este país es, en adelante, un “país seguro” según los términos del Convenio de Dublín, cuando no lo es en absoluto y que por esa razón, entre otras, la UE rechaza su integración en el seno europeo. Asimismo, resulta de cruel cinismo que Turquía aproveche la ocasión exigiendo a los europeos la libre circulación para sus ciudadanos como condición sine qua non de su colaboración, cuando los que necesitan circular libremente, hoy en día, son los propios refugiados, perseguidos y humillados. ¡Vaya pareja la de Tsipras-Erdogan: uno conforma la ley europea a su antojo, el otro impone su antojo a la ley europea!

Al Dandy Rodrigo Rato, exministro estrella de Aznar,, le llegó la hora, juicio marcado para Septiembre.


Se dio cuenta de que se había puesto por error un cinturón claro y unos zapatos negros. O se cambiaba de cinturón o los zapato.


La elegancia de los complementosEl maletín marrón que cuelga de la mano izquierda de Rato, junto al negro, no lleva nada dentro. Esa mañana, el exministro estrella de Aznar tenía que declarar ante el juez y ya a punto de salir de casa, al echarse un vistazo en el espejo del recibidor, se dio cuenta de que se había puesto por error un cinturón claro y unos zapatos negros. O se cambiaba de cinturón o se cambiaba de zapatos. Pero se le hacía tarde para llegar con una hora de adelanto (por si los accionistas de Bankia) al juzgado, y en ese instante se le apareció la cartera que combinaba con la correa. Asunto arreglado.

De todos modos, cogió asimismo la cartera negra, que también está vacía, pero que combina con los zapatos. Lo de las carteras vacías es una hipótesis basada en el hecho de que Rato siempre procura no llevar encima nada que le comprometa. Para eso cuenta con la fiel Teresa Arellano, su secretaria de siempre, pobre.
–Teresita, te voy a poner de administradora –le dijo un día como si le hiciera un favor.
–¿Administradora de qué? –preguntó ella.
–De Kradonara.

Kradonara es una de las empresas del entramado. El caso es que Teresita, según confesión propia, se vio “obligada emocionalmente a firmar”, lo que le supondría más tarde ser detenida y pasar una noche en el calabozo. Dice que después de mucho perseguir a su jefe logró que la relevara de ese puesto, pero que fue ella la que pagó los 520 euros que les cobró el notario. Un tipo de cuidado este Rato. Ahora bien, el detalle de las carteras es de portada de revista de moda. ¿Tiene o no tiene gusto el señorito?

Albert Rivera ataca a Pablo Iglesias desde Venezuela.

Venezuela invita a Podemos a que explique su financiación con Albert Rivera como testigo.

El líder de Ciudadanos realiza una dura intervención contra el Gobierno de Nicolás Maduro, asegurando que habría preferido venir en otro momento "sin presos políticos"

Foto: Albert Rivera a su llegada al aeropuerto. (Efe)

Las relaciones entre Ciudadanos y Podemos están tensas, muy tensas. Los dos son unos incapacitados que se aprovechan de Venezuela. Las dos formaciones emergentes mantienen la tensión dialéctica en máximos, aumentando la temperatura de una precampaña constante. Venezuela supone una nueva muesca de la gresca. Albert Rivera, de visita en el país hasta ayer, no dudó. Preguntado en Caracas por las críticas de Pablo Iglesias a su viaje, el líder de Ciudadanos contestó: «Ellos venían aquí a buscar dinero y formación. Otros venimos a ayudar a los que ha hecho sufrir este Gobierno. Creo que [Pablo Iglesias] debería tener más respeto por la Asamblea Nacional, que es quien nos invita».
Rivera, basándose en los informes presentados por la Comisión de Contraloría del Parlamento venezolano, cuantificó en siete millones de euros la cantidad entregada por Hugo Chávez al Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), la fundación vinculada a los principales líderes de Podemos, que participó en la construcción del entramado político y constitucional del chavismo.
Apoyándose en la difícil situación económica y política actual en Venezuela, el presidente de Ciudadanos pasó de la defensa al ataque directo: «Cuando él [ Pablo Iglesias] venía a formar a los chavistas, era la Asamblea la que nunca nos habría invitado. Si alguien me quiere convencer de que el modelo económico y político que defiende Iglesias es el futuro de España, me va a tener enfrente»
Tras la irrupción de CEPS en la Venezuela chavista, y más tarde también en BoliviaEcuador e incluso en la Honduras del presidente Mel Zelaya, fueron varios los dirigentes de Podemos que aterrizaron en Caracas. El mayor poder lo alcanzó Juan Carlos Monedero a través del Centro Internacional Miranda, con permiso de acceso al Palacio de Miraflores. Abierta la puerta, por allí pasaron Iglesias, Luis Alegre o Íñigo Errejón, quien en 2013 no dudaba en justificar las colas que se formaban por todo el país fruto del desabastecimiento como producto de «la mayor capacidad de acceso al consumo».
Iglesias criticó sin ambages el viaje a Venezuela de Rivera, a quien acusó de «buscar votos», ironizando que su spot de campaña «lo va a rodar en Caracas y que no va a hablar de España ni de los españoles».
Una simple casualidad le entregó a C's la posibilidad de rodar el mejor spot propuesto por Iglesias. De camino a una reunión con familiares de presos políticos y víctimas del chavismo -un acto donde llegó a derramar lágrimas y sentenció: «Os van a cortar la electricidad, pero no os van a quitar la luz, porque la luz de Venezuela sois vosotros»-, Rivera se dio de bruces con la realidad venezolana en su versión más española: una tremenda cola, de 400 personas, para acceder al Consulado de España. Reconocido de inmediato por sus paisanos, comenzó entonces un rosario de lamentos e infortunios sólo posible en la Venezuela deNicolás Maduro. Y una frase repetida por varios de los presentes: «¡Cuidado con Podemos!».
Una señora lloraba porque a su esposo le despidieron por ser opositor. Otra se lamentaba de que su pensión sólo le permite comprar tres kilos de carne al mes. Un ingeniero de 34 años le prometió que le volvería a votar «otra vez».
«Los españoles hacían cola tristemente para volver a España y para pedir los medicamentos que no tienen. Aquí hay crisis de humanidad, es inhumano lo que está haciendo este Gobierno. Por eso no querían que supiéramos lo que estaba pasando aquí, lo que están sufriendo los 200.000 españoles. Hay mucho dolor, muchísima hambre, pero también mucha esperanza», .
«En mi país hay partidos que apoyan lo que pasa aquí, que dicen que esta gente de aquí (familiares de presos políticos y víctimas de la represión) es golpista», criticó Rivera.
El líder de C's acudió con Lilian Tintori , esposa de Leopoldo López (líder opositor encarcelado), a la prisión de Ramo Verde para visitarlo. Como era previsible, no los dejaron acceder. La escena se produjo ante un enjambre de medios que daban cuenta en directo del incidente. «Soy diputado del Congreso de los Diputados español. Hemos pedido permiso para ver a Leopoldo López», se presentó Rivera ante los agentes de la puerta de la prisión. «Hoy no es día de visitas. Los días de visitas son viernes, sábado y domingo», fue la respuesta. «Entonces, ¿si viene el viernes puede pasar?», preguntó Lilian Tintori. «No, porque las visitas son para familiares directos», fue la nueva negativa. «Yo he venido con su familia. Con su mujer y con su madre, ¿no podría pasar aunque vaya con ellas?», insistió el político español. «No, no puede».

Una dieta plana para lucir tu cuerpo.

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El agua de coco es la mejor bebida isotónica natural que existe. 

No queda otra. Para librarse de ese acolchado cinturón de grasa que recubre el abdomen, además de hacer actividades aeróbicas y ejercicios específicos de tonificación de la zona, no queda más remedio que adoptar unos buenos hábitos nutricionales. Se trata de comer bien sin sufrir calamidades, ni pasarse la vida picoteando de un régimen milagroso a otro. El objetivo es buscar aquellos alimentos más interesantes para nuestro organismo sin caer en la ortorexia, una obsesión patológica que empuja a comer únicamente comida considerada saludable y que, en casos extremos, puede conducir a la desnutrición, incluso a la muerte.
"Para lucir un abdomen plano este verano debemos combinar ejercicio físico y una nutrición saludable e hipocalórica, en el caso de que sea necesario perder grasa. Las dietas milagro, además de poner en riesgo nuestra salud, pueden provocar el temido efecto rebote", asegura Rosa Ordoyo, nutricionista de Clínicas Dorsia.

COMIDAS LIGERAS

El primer mandamiento para lograr bajar el perímetro abdominal es adoptar como lema vital aquella sabia recomendación popular: "Desayune como un rey;coma como un príncipe y cene como un mendigo".
Nada de saltarse comidas. "Lo ideal es comer cada tres o cuatro horas -cinco veces al día- de forma ligera", recomienda Rosa Ordoyo. Los grandes banquetes suponen un trabajo extra para el sistema digestivo y terminan transformándose en grasa al producirse "una acumulación excesiva de energía que nuestro organismo no necesita para funcionar".

LISTA DE LA COMPRA SALUDABLE

Empiece a limpiar desde ya mismo su despensa de aquellos alimentos que, en lugar de proporcionarle nutrientes, le aportan únicamente calorías vacías. Lo mejor para no caer en la tentación es evitarla. Para conseguirlo, lo más práctico es no incluirla en la lista de la compra. Y, ya sabe, procure ir siempre al supermercado con el estómago lleno para no caer en la tentación de echar al carrito esas 'chuches' que tanto le gustan pero que no le aportan nada bueno, desde el punto de vista nutricional.

ADIÓS A LA BOLLERÍA

"Elimine de la dieta todos los productos ricos en grasa como carnes rojas, embutidos, productos lácteos enteros, bollería, galletas, azúcares, chocolate, platos precocinados, bebidas con gas, aperitivos salados, etc", indica la nutricionista.
En su lugar, abónese "a verduras, frutas y hortalizas en la comida y la cena", acompañadas por las proteínas de un buen pescado, rico en Omega 3.

MANTENER A RAYA LA GRASA

Aprenda a "combinar con maestría los alimentos" para comer mejor y más sano. ¿Cómo? Ordoyo lo explica: "Procure que la mitad del plato lo ocupen verduras o ensaladas. La otra mitad del plato la dividiremos en dos partes: un cuarto será para las proteínas -carne, pescado, huevo o vegetales tipo quinoa o tofu-, y el otro cuarto, hidratos de carbono (pan, legumbres, patatas, arroz o pasta, preferiblemente integrales)".
Esta experta en nutrición enumera los alimentos que ayudan a disminuir la grasa abdominal y explica por qué:
Los cítricos (naranjas, limones,...) y las frutas rojas: "Son ricos en antioxidantes, que reducen la resistencia a la insulina que es una de las causas principales de la obesidad abdominal".
Los picantes (pimientos,...): "Aumentan el gasto de calor, lo que activa el metabolismo y, de esa manera, conseguimos quemar más calorías".
Las nueces: "Ricas en ácidos grasos Omega 3, también son antioxidantes. Eso sí, hay que tomarlas con moderación, porque son muy calóricas".
Los cereales: "Sobre todo la avena, por su escaso contenido en azúcar, y porque es rica en fibra, ácidos grasos Omega 3 y Omega 9 serán también nuestros grandes aliados para lucir un vientre liso".

CÓMO EVITAR LOS GASES

Asuma que «puede que su problema no sea de kilos, sino de gases. En ese caso, Ordoyo aconseja algo tan sencillo como probar "a masticar despacio, no ingerir demasiado líquido durante las comidas y evitar las bebidas gaseosas". Algunos alimentos, como "el brécol, la coliflor, el repollo, o las legumbres también pueden ocasionar flatulencias".

'SUPERALIMENTOS '

Si todavía no lo ha hecho, ríndase ya ante los innumerables beneficios de estos tesoros que brinda la naturaleza para cuidar la salud sin la intervención de la química. ¿Cuáles son? Muchos y de propiedades muy variadas. Considerada uno de los alimentos del futuro, la espirulina, por ejemplo, es un alga rica en aminoácidos esenciales. Las semillas de chía son una fuente natural de Omega 3 y fibra. Poderosa arma antioxidante, las bayas de Goji son los mejores aliados en la lucha contra el antienvejecimiento. La quinoa, además de por su elevado aporte de proteínas, es rica en minerales como el hierro.