Nuestros hechos ni nos consuelan ni nos hacen felices. Los ajenos, todos.

Pensar sin pausa

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Tendemos a pensar que el propio pensar es un cierto incordio. Y a recordar, como Foucault nos dice, que “ni consuela, ni hace feliz”. Tal parecería entonces que lo mejor sería desprenderse de tamaña incomodidad. Y no ya solo por insidiosa. Vendría a ser inoperante y paralizadora. Para quienes tienen una consideración instrumental del pensamiento, la cuestión sería acudir a él en caso de necesidad como medio para resolver situaciones que lo requirieran. Presuponiendo que se trata de una mera actividad mental, el asunto consistiría en activarlo en caso de necesidad.

Sin embargo, el pensamiento nos constituye y, como nuestro propio cuerpo, no acude o deja de hacerlo solo en caso de ser convocado. No es que lo tengamos siempre con nosotros, es que es nosotros. Otros asunto es que lo desconsideremos, lo que, como propio cuidado de un mismo, no deja de tener sus consecuencias.
Más aún, si bien la palabra felicidad parece excesiva, y Emilio Lledó ha hecho un espléndido “Elogio de la infelicidad”, bien es cierto que el fruto de la sabiduría es el gozo y la dicha de vivir, si hemos de atender a Descartes en “Las pasiones del alma”. Semejante sabiduría no es la del mero acopio de saber, sino una vinculación de este con la forma de vida, un proceder, que no sea un mero comportarse. Y en dicho proceder es decisivo el pensar. Incluso para estar en verdad contento, que es la relación adecuada en uno mismo entre el contenido y la forma. Pero no es cuestión simplemente de una actitud interior o de un estado de ánimo. El proceder es una acción, en todos los sentidos de esta palabra. Y pensar no es un acto, es efectivamente el obrar en el que consistimos.
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Ahora bien, basta recordar con Hegel que “el verdadero ser del hombre es su obrar” para que destelle una íntima relación entre pensar y ser, que es la clave de lo que podría definir la filosofía, no ya la de los filósofos, sino la de toda una vida. No es que ambas resulten incompatibles, antes al contrario, aunque no siempre son necesariamente coincidentes. Precisamente por ello, el pensar no es patrimonio de disciplina alguna, lo que no impide que su determinación, su concepción, sus formas o su historia sean concretamente estudiadas por la filosofía. Del mismo modo, tampoco la acción se excluye de su modo de proceder. Toda una sabiduría práctica, la que comporta una verdadera determinación y prudencia, forman parte integral de su quehacer.
Ni el saber ni el pensar son, por tanto, exclusivos de ningún ser humano, ni es cosa de apropiárselos. Nadie puede pensar en nuestro lugar, ni decir nuestra propia palabra, ni vivir nuestra vida. Ello no impide que haya numerosos intentos por tratar de usurpar las de los demás. No es simplemente una cuestión defensiva, es un gesto de autonomía y de emancipación, una verdadera libertad.
Precisamente, la desconsideración de los derechos y la desatención a esta esencial equidad, que no deja de ser a la par una labor abierta y requiere un intenso trabajo por lograrla, es un impulso a hacer del pensar una permanente tarea: la de configurar la ciudad de los hombres y mujeres en efectiva igualdad, la comunidad justa. Y esto no parece estar finiquitado.
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En alguna ocasión hemos citado la convulsiva sentencia que Cioran nos envió de que “la lucidez absoluta es incompatible con la respiración”. Sería pretencioso asentirlo, como si hubiéramos alcanzado alguna vez semejante clarividencia, pero cada quien a nuestro modo lo hemos presentido. Y precisamente por ello y para ello, también el pensar es la tarea de encontrar la distancia adecuada, la mesura y el decoro, no para dejar de ser decididos o de ir a las raíces, sino para no serexagerados. La etimología de esta palabra la vincula a quien hace crecer, y aumentar, a autor. Y Ricoeur nos previene. Tal vez en exceso: “no somos autores, sino narradores de nuestra historia.” En cierto modo, ni siquiera “de nuestra vida”. Esto no es una razón para el desentendimiento, sino para una mayor implicación.

Tantas veces encontramos en los demás las palabras que nos faltan. Nos hacen pensar. No son recursos fáciles para evitarlo. Son la constatación de las propias fragilidades. Por ello pensar está vinculado a escuchar y a leer. Es más un decir que un mero hablar. Y por eso concretamente es tan decisivo crear las condiciones para la palabra de todos y de cada uno, de todas y de cada una. Este dejar hablar, que es también un dejarnos decir, no es un simple acto de permisividad, sino un acto de reconocimiento.
No es cuestión, por tanto, de detener el pensar cuando se trata de actuar. Nadie ha de hacerlo. Lo constatamos a diario. No es el abandono de la tarea, es una forma de afrontarla. Desde las propias posibilidades, para no pocos cercenadas por diversas formas de imposición o de silenciamiento, por carencia de las condiciones mínimas, es imprescindible reivindicar la tarea de pensar. Para transformar, para mejorar. En las tesituras complejas de un mundo incierto, los espacios de decisión compartida y la necesidad de tejer ciudad nos convocan, más aún, a cada cual a nuestro modo a impulsar y proseguir en esta labor. Si no fuera por la grandeza de estas palabras que no hemos de mancillar, diríamos que es una tarea de justicia y de libertad.
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Seseña en medio de ninguna parte.



Un modesto municipio de Toledo está destinado a ocupar un lugar privilegiado en la lista negra de los topónimos capaces de resumir los desastres de toda una época

Yo estudié Geografía e Historia. Los alumnos de primero nos quejábamos de la forzosa asociación de ambas disciplinas, pero entendimos muy pronto la relevancia que aportan las coordenadas espaciales al conocimiento de los hechos históricos. Así, un modesto municipio de Toledo está destinado a ocupar un lugar privilegiado en la lista negra de los topónimos capaces de resumir los desastres de toda una época. En el futuro, la cultura del boom inmobiliario no se entenderá sin Seseña. La del pelotazo, tampoco. El incendio del vertedero de neumáticos declarado ilegal en 2003, que siguió acumulando toneladas de goma gracias a diversas triquiñuelas legales y a la culpable indiferencia de las autoridades que lo toleraron, pone el broche final a una historia nefasta. Ahora, lo único importante es que las víctimas del Pocero puedan volver a sus casas. Pero mañana será imprescindible determinar las responsabilidades políticas, administrativas e incluso jurídicas que han desembocado en una emergencia medioambiental largamente anunciada por los expertos. Seseña ya tiene bastante desgracia con la turbia historia del Quiñón, alucinante megaurbanización sin servicios en medio de ninguna parte. No deberíamos tolerar que se convierta, además, en un ejemplo proverbial de la España de la impunidad que ha sucedido directamente, sin escalas, a la España de la corrupción. Los lazos que vinculan ambos fenómenos son demasiado íntimos como para que aceptemos sin más la bonita historia de entre todos la mataron y ella sola se murió con la que ya pretenden escurrir el bulto las Administraciones responsables de lo que ha pasado. Sólo falta que digan que lo sienten mucho, como el organizador de la fiesta del Madrid Arena.

Cervantes no asistió a los actos del IV centenario de su muerte.

En primer lugar, porque el funeral está muy mal organizado. Y además, porque Cervantes está muy vivo. Más contemporáneo que nunca. “Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada”, dice en su autorretrato. Alegres ojos. Una mirada que traspasa los siglos. Un clásico de transfusión incesante, que reactiva el presente con ironía, libertad y maravilla. La que está difunta es la oficialidad cultural, con un Gobierno ahora en funciones, pero que ha estado pasmado para la cultura cuatro años como cuatro siglos. Cuando no pasmado, faltón. Es un lugar común en debates y tertulias el descartar la teoría de las conspiraciones. Conspiranoico es una descalificación que te deja fuera de juego, como a un disidente chiflado. Así que yo tampoco creo en las conspiraciones, pero haberlas haylas. Y contra la cultura en España ha habido algo muy parecido a una conspiración. No, no creo que se haya reunido un comité bajo el epígrafe ¿Cómo acabar de una vez por todas con la cultura? Eso sería demasiado divertido. Hay que tener cierta cultura incluso para acabar con la cultura.
La de “política cultural” no es una expresión feliz, pero más infeliz es una política cultural consistente en embestir contra la cultura. Y esa es la manera campante, incluso en el hablar. El acometer.
Con ese don de reactivar el presente desde el pasado, lo expresa Cervantes por boca de Sancho Panza en la segunda parte del Quijote: “Tiempos hay de acometer, y tiempos de retirar, y no ha de ser todo ¡Santiago y cierra España!”.
Contra la cultura en España ha habido algo muy parecido a una conspiración. Y la oficialidad cultural está difunta
Eso que dice Sancho a Sansón Carrasco, eso sí que es un tuit que atraviesa la historia, un mensaje portador de sentido, un regalo de ironía y sutileza contra la gran costra de intolerancia y grosería.
En la España de hoy, el acometer se ha convertido en una adicción. El líder que niega el saludo al interlocutor. El cargo que disculpa la corrupción del propio partido con la corrupción de los otros, a ver quién acarrea más sacos de mierda. La declaración que demoniza al otro, el uso del lenguaje como arma destructiva. Resulta muy alarmante, por ejemplo, que una parte importante de ciudadanos que reclaman de forma pacífica una consulta, lo que llaman el “derecho a decidir”, sean tratados como una especie de subciudadanos con los que es pecado constitucional dialogar. Lástima que no motivaran más reflexiones, en lugar de acometidas, las palabras de Julio Rodríguez, militar y cervantino, exjefe de Estado Mayor de la Defensa, cuando habló de una “propuesta para enamorar a Cataluña”. No, no todo va a ser acometer. No todo va a ser ¡Santiago y cierra España!
La imprevisión y la desidia gubernamental en el caso del IV centenario de la muerte de Cervantes, que contrasta con el programa conmemorativo de Reino Unido sobre Shakespeare, es una consecuencia de esa política de la acometida permanente. Cuando toda la estrategia se centra en la acometida, se atrofia la capacidad para convocar y unir, para crear confianzas básicas. Para el IV centenario hay un interlocutor imprescindible, la Real Academia Española, que hoy preside un hombre sabio y cervantino, Darío Villanueva. Se ha perdido mucho tiempo, hay mucha gente indignada. Ni siquiera el ilustre florete de Luis María Anson, que cimbrea indignado en su tribuna de El Cultural, ha conseguido despeinar a Cristóbal Montoro, ducho especialista en acometidas culturales.
Si algo puede unir pluralidades y crear una confianza básica en España es Cervantes. Eso no significa que la cultura española, y la literatura en particular, sea de tradición muy cervantina. La obra de Cervantes, tan audaz, tan valiente, pertenece a la tradición de la antitradición. Su gran revolución, la ironía, enlaza con la cultura popular carnavalesca, la estirpe del humor que conoce el dolor y hace pensar. Por eso este Gobierno, ya zombi, y los que vengan deberían ser, para empezar, más cervantinos. Es decir, entender que la cultura es el líquido amniótico de la libertad. Y que la libertad está para ejercerla. La crítica y el inconformismo son parte de la identidad de la gente de la cultura. Le dice Sancho al barbero: “Yo no estoy preñado de nadie ni soy hombre que me dejaría empreñar del rey que fuese”. Ante la libertad, no decora al Poder el capricho de ser vengativo.
Pero cuando se está en permanente acometida no se escucha al otro. No se escucha ni a Cervantes.

Si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera



Esto es una advertencia: ayer mismo me acosté teniendo 16 años y hoy me he despertado con más de sesenta. Quiero decir que la vida vuela. Ah, si de joven yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, creo que hubiera vivido de otra manera. Lo que acabo de decir es una boutade, lo sé; pero, al mismo tiempo, es cierto que, con los años, llegas a un territorio, el de la vejez y la Parca merodeante, que antes nunca habías visto con verdadera claridad. Y entonces te dices: ah, cuánto tiempo perdido. Y no porque mi existencia me desagrade, al contrario, creo que ha sido y es muy intensa y que he hecho todo cuanto he querido hacer. Pero con qué nervios, de qué forma tan atormentada o tan aturullada, cuántas veces he vivido con el cuerpo aquí y la cabeza en otra parte. Por no hablar de la cantidad de tiempo y de energía perdidos en tonterías, como, por ejemplo, en creerme fea a los 18 años (cuando estaba más guapa que nunca), o en reconcomerme de angustia temiendo no estar a la altura en algún trabajo. Por eso, repito: si yo hubiera sabido que iba a envejecer y que me iba a morir, hubiera vivido de otra manera.


Todo esto viene al hilo, claro está, del cambio de año. Esto del calendario no es más que una convención, pero cómo remueve y cómo escuece. En estas fechas es imposible no dedicar siquiera un minuto a sentir el viento del tiempo contra la cara, a revisar someramente el pasado, a preguntarte sobre tu futuro. Acabo de leer un libro extraordinario que viene bien para acompañar estas congojas. Se trata de Instrumental: memorias de música, medicina y locura, de James Rhodes (Blackie Books). El británico Rhodes tiene una biografía totalmente improbable. Por ejemplo, es pianista, un buen concertista. Sin embargo, empezó a estudiar piano mal y tarde, y luego lo dejó por completo durante 10 años hasta retomar la música en sus veintimuchos. No creo que haya habido en el mundo un caso así. Si abandonas un instrumento de ese modo, simplemente no es posible ser un músico de esa calidad. Pero él lo es. He aquí su primer milagro.

Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día

Tiene varios más, algunos espeluznantes. El libro de Rhodes cuenta con una crudeza que yo no había visto la experiencia de una víctima de pedofilia. A los seis años recién cumplidos, James fue violado por su profesor de boxeo del colegio. Y el tipejo lo siguió haciendo durante cinco años impune y sistemáticamente, hasta que Rhodes cambió de escuela. El niño, amenazado por el pedófilo, avergonzado y amedrentado, no dijo nunca nada a nadie; pero otros profesores lo veían llorar, lo veían salir con las piernas sangrando del despacho del monstruo y no hicieron nada. El libro de Rhodes es un grito indignado a esa pasividad tan común ante los abusos infantiles. Como las pequeñas víctimas no se atreven a denunciar, es muy cómodo ignorar un horror que se queda escondido, como los malvados ogros de los cuentos, en los cuartos oscuros y en las pesadillas de los niños. Y otra enseñanza más de este tremendo libro: las violaciones dejan secuelas. En primer lugar, graves secuelas físicas, porque es una brutalización continuada de un cuerpo muy pequeño (el músico tuvo que ser operado varias veces); y, por supuesto, una catarata de catástrofes psíquicas. Prostitución en la adolescencia, un año de internamiento en un psiquiátrico, tres intentos de suicidio, cortes autoinfligidos con una cuchilla, drogas, furia y dolor. Y este es el segundo milagro: ha sobrevivido a todo eso.
Tercer milagro: James es la prueba de que el arte y la belleza ayudan. En el caso de James, es la música lo que amansó su fiera interior. Todos podemos y debemos recurrir a ello: cuanta más belleza en nuestras vidas, más fuera del tiempo y de la pena, más inmortales.
Pero aún queda por contar un cuarto milagro. Aunque la existencia de Rhodes parece larguísima y convulsa, sólo tiene 40 años. Guau, eso es vivir deprisa. Como decía Lou Reed: mi día equivale a tu año. Pues bien, al final el autor apuesta por su segunda esposa, Hattie, y se atreve a dar unos consejos para el bien amar. Antes, al leer el libro, Rhodes me había parecido un hombre conmovedor y admirable, pero también furioso y herido, demasiado intenso como para tenerlo muy cerca. Pero en estas páginas finales habla de la convivencia con tan modesta, honda sabiduría que me ha dejado admirada. Como, por ejemplo: “Lo que más deteriora una relación es tratar de salir ganando”. Pequeña gran verdad. Hace falta vivir mucho y pensar mucho para llegar a tan poco. O sea, que se puede aprender, aunque vengas con las heridas más crueles. Se puede recomenzar una y otra vez. Aviso a navegantes para sortear los escollos de este año: recordemos que, como prueba Rhodes, siempre hay futuro. Nunca seremos tan jóvenes como hoy y la vida se conquista día a día.

Nada existe, si existiera algo, no podría ser conocido, si pudiera ser conocido, no podría ser explicado ni comunicado a los demás....

La noticia mereció portada en este diario: “La corrección política asalta el museo”, rezaba el titular, y el reportaje de Isabel Ferrer se iniciaba con una cita falseadora y sofista de la responsable del Departamento de Historia del célebre Rijksmuseum de Ámsterdam. “Imagínese un cuadro titulado Franchute vestido de gala. O, si no,Gabacho montado a caballo. Sonaría ofensivo, ¿no?”, decía Martine Gosselink, y añadía: “Pues lo que intentamos es evitar términos de este tipo, que ya no encajan en nuestra sociedad”. Gosselink y su equipo han decidido, por tanto, desterrar de los rótulos de los cuadros nada menos que veintitrés vocablos, entre ellos “negro”, “cafre”, “indio”, “enano”, “esquimal”, “moro” o “mahometano”, “considerados despectivos”. (¿Cuáles serán los otros dieciséis?)
La pregunta no se me hace esperar: ¿considerados por quiénes? Si he tachado de sofistas las declaraciones de esta señora es porque empieza por equiparar términos que sí tienen voluntad ofensiva por parte de quien los emplea con otros que son meramente descriptivos y que, si acaso, sirven a la economía del lenguaje y a la comprensión entre las personas. En todos los idiomas, supongo, existen acuñaciones hechas con ánimo denigratorio, como –en español– las mencionadas “franchute” y “gabacho”, o en francés “boche” para menospreciar a un alemán.
¿Quiénes han pasado a considerarlos despectivos? Tal vez los propios interesados
En el inglés de los Estados Unidos lo son “Polack” para referirse a un polaco (en vez de la neutra “Pole”) o “Spic” para denominar a un hispano, “Wop” y “Dago” para un italiano o “Limey” para un británico. “Nigger” para un negro tenía la misma intención, no así “Negro” en su origen, que no era sino la trasposición del vocablo español, por tanto un extranjerismo con función más bien eufemística. Quien utiliza esas expresiones lo suele hacer a mala idea, para provocar o humillar. Pero este no es el caso de las que Gosselink se dispone a suprimir. Se han usado siempre, como digo, para entenderse, porque no se puede pretender que el conjunto de la población sepa distinguir con precisión entre las distintas tribus nativas de América o entre los miembros de los diferentes países árabes, entre las etnias del África o entre los nacionales de lo que solía conocerse por “Lejano Oriente”.
Por eso, durante mucho tiempo, a estos últimos se los llamó “orientales” en Occidente y todo el mundo se entendía, hasta que en los Estados Unidos (pioneros de todas las quisquillosidades y bobadas) se dictaminó que eso era “ofensivo” y se sustituyó por “asiáticos”. Nunca he comprendido por qué esta denominación les parece mejor y aceptable, cuando tan asiáticos son, además, los indios de la India y los pakistaníes como los japoneses y los chinos, y me temo que los dos primeros grupos quedan excluidos del término, al menos en el habla normal y común a todos.
Uno de los ejemplos que aparecen en el reportaje da idea de la ­ridiculez del asunto. “Esquimal”, señala Isabel Ferrer, “es el nombre ­genérico para los distintos pueblos indígenas de zonas árticas y de Siberia. En cuanto se identifique el grupo étnico al que pertenecen” (los esquimales pintados en cuadros, deduzco), “se puede cambiar por inuit, yupik, kalaallit, inuvialuit, inupiat, aluutiq, chaplinos, naucanos o sireniki, sus diversas comunidades”. Y explica Gosselink muy ufana: “Primero hay que encontrar la rama concreta del poblador. No nos podemos equivocar …” Si mi entendimiento no me engaña, me imagino la surrealista y conmovedora escena: un grupo de expertos y fisonomistas escrutando el cuadro en el que aparece un esquimal y tratando de discernirlo (eso en el supuesto de que el pintor fuera bueno, y realista, y fidedigno, y no inventara ni adornada nada). “Yo me inclino por un aluutiq”, diría uno. “No sé yo”, respondería otro, “le veo rasgos de inuvialuit, aunque la zamarra es más propia de chaplino”. Jamás he oído como negativo el término “esquimal”, ni “moro” tiene nada malo en sí (otra cosa sería “moraco”), ni “enano”.
Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo
¿Quiénes han pasado a considerarlos despectivos? Tal vez los propios interesados, no sé. Es sabido que desde hace decenios hay gordos que exigen ser llamados cosas tan antieconómicas e incomprensibles como “personas de tamaño distinto”, entre las que cabrían también los gigantes, los niños, por supuesto los enanos y acaso los anoréxicos. Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo, y hace siglos que fueron condenados vocablos como “tullido”, “lisiado”, “paralítico” o “minusválido”. Supongo que “discapacitado” correrá la misma suerte, y que pronto serán desterrados “cojo”, “manco”, “miope” y “bizco”. Creo que quienes demonizan estas palabras son los verdaderos racistas, xenófobos y discriminadores, porque lo que en verdad demonizan es lo que significan (el significado y no el significante, dicho con pedantería). Si yo digo “ese negro” para referirme a alguien no tiene peor intención que si digo “ese rubio” o “ese con pecas”, es una manera de identificar, nada más. Y si se me habla del cuadro Cabeza de hombre, me será más difícil reconocer la pintura en cuestión que si se siguiera titulando
Cabeza de negro, como hasta hace poco. Si nos atenemos y plegamos a la subjetividad y el capricho de cada uno, y a la extrema susceptibilidad de nuestros días, pronto no habrá nombre que no esté estigmatizado y prohibido, y entonces no nos entenderemos. “Te veo con tamaño distinto”, me esforzaré en decirle al próximo amigo al que vea muy engordado.

No sobreviviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese hogar, ni patria o ni religión

 Un ejemplar que había sobrevivido milagrosamente a todos los cambios de domicilio y llevaba, con mi firma, la fecha de su lectura: junio 1950. ¡Un lapsus de sesenta y seis años desde que me sumergí con pasión en su lectura! Tenía yo 19 años y el libro era El artista adolescente,la novela de Joyce traducida por Alfonso Donado y con un prólogo de Antonio Marichalar.

Decir que mi antigua lectura juvenil me conmovió es quedarme corto. Fue un verdadero terremoto. El protagonista de la obra, Stephen Dedalus, había vivido antes que yo mis propias experiencias en un marco similar a los míos —familia tradicionalista, estudios en un colegio religioso, adoctrinamiento severo por los padres jesuitas—. Las páginas consagradas a los ejercicios espirituales ignacianos se corresponden con exactitud a lo que yo había vivido: escenografía dramática; enumeración minuciosa de los tormentos infernales a los que condenaba un acto o pensamiento impuros; evocación terrorífica de la eternidad del castigo. Todo coincidía hasta en los menores detalles (el avecilla que cada mil años extrae un grano de arena de una playa inmensa y que cuando la vacía al fin descubre que hay mil millones más que no logrará vaciar y la voz implacable del padre: “¿Por qué pecaste? ¿Por qué no evitaste la ocasión de pecar? ¿Por qué después de haber caído la primera vez, o la segunda, o la tercera, o la enésima, por qué no te apartaste del mal camino y no volviste a Dios? Ahora ha pasado el tiempo del arrepentimiento. ¡Tiempo hay, tiempo hubo, pero ya no habrá más! ¡Estás en el infierno!”).
James Joyce, en una fotografía de su juventud. Releyendo hoy a Joyce con las vivencias de hace sesenta y seis años (entre tanto había accedido a las prédicas del padre Vega evocadas por Blanco White en su Autobiografía y a la de Manuel Azaña en El jardín de los frailes) revivo las dudas que me asaltaron cuando, quinceañero, perdía gradualmente la fe en el credo que tan cuidadosamente me fue inculcado, primero por los padres jesuitas del colegio de Sarriá, luego por los hermanos de la Doctrina Cristiana de la Bonanova y empezaba a plantearme preguntas sin respuesta posible en complicidad con mi condiscípulo José Vilarasau, futuro director de la Caixa, en nuestras maliciosas consultas al infeliz hermano Pedro (si Dios es Todopoderoso ¿puede hacer que cuantos estamos ahora en el aula no hayamos existido?). El arte, la literatura, brindaban alternativas al dogma delicuescente y me entregué a ellos con ardor de neófito. Lecturas y más lecturas (Kafka, Gide, Hesse) que ayudaron a enderezarme y avanzar a tientas, pero avanzar, por la senda de mi liberación personal. En palabras de Stephen Dedalus: “No sobreviviré por más tiempo a aquello en lo que no creo, llámese hogar, ni patria o ni religión. Y trataré de expresarme en vida y arte tan libremente como sea posible, usando para mi defensa la única arma que me permito usar: silencio, destierro y astucia”.
¿Puede resumirse mejor lo que será después la vida de Joyce, y de rebote, la de un modesto y esforzado lector de Ulises, esto es, mi propia vida?
Juan Goytisolo es escritor y ganador del Premio Cervantes de 2014.

Una verdadera historia de amor. (Patricia y Carol)


La cumbre más difícil de alcanzar para una mujer es no ser jamás esa buena.... 




Leí la novela, en España titulada Carol, hace muchos años, bajo el influjo entonces de Ripley y su perverso atractivo de individuo amoral, y me pregunté si era posible que aquella historia de amor arrebatado entre dos mujeres podía haber salido de la misma pluma que esas otras novelas en las que la violencia sin culpa vertebraba las acciones de los personajes. En Carol había una rendición al amor, a un amor lésbico que no era castigado en el final, porque a pesar de que la mujer casada pierde la custodia de su niña, no parece un acontecimiento suficientemente dramático como para convertir el desenlace en un drama.
Highsmith se escondió tras un seudónimo para publicar la novela. Había una razón aún más poderosa que la de rehuir el escándalo: haber escrito una historia de amor, aunque fuera de amor prohibido, le causaba una insuperable vergüenza. “Esa novela apesta”, dijo en más de una ocasión. Pero no lo entendieron así sus lectores, sobre todo aquellas mujeres que vieron reconocidos sus deseos sexuales por vez primera en una novela digna, no en una publicación barata de quiosco más destinada a poner cachondos a los hombres que a contar el amor lésbico con solvencia literaria. Fue ese reconocimiento popular el que devolvió a la autora cierto aprecio por una obra recibida con estupor y condescendencia por los críticos.


Hay novelas cuya importancia va más allá de sus valores estrictamente literarios.Carol es, además de la única historia donde se adivina algo de la intimidad de la autora, un libro esencial, por valiente y rompedor, para todas esas chicas que decidieron no casarse con su novio y reconciliarse con su verdadero ser. Como no podía ser de otro modo en una historia firmada por Highsmith, hay un componente retorcido, al menos así lo veo yo, en la relación de la joven aprendiz y la señora burguesa. Se diría que están jugando a las mamás. De hecho, la joven Patricia confesaba en su diario una atracción perversa hacia su madre, con la que tuvo una relación que haría las delicias de un psicoanalista. Carol está ahora en los cines. Carol es Cate Blanchett y la chica callada pero de intensa mirada es Rooney Mara. La escritora fue tan guapa como la actriz que la representa, aunque el alcohol y las rarezas la convirtieran en una anciana a caballo entre dos sexos. Pero esa extravagancia demuestra que las mujeres no respondemos a un prototipo: Highsmith amaba a las mujeres tanto como las detestaba y nunca enmascaró su misoginia. Evitó cualquier rasgo sentimental en su escritura. Y a mí me atrae esa confusión mental que la llevaba a despreciar lo femenino y a desearlo furiosamente. Prefiero imaginar un universo que acepte las peculiaridades individuales a esa necesidad tan en boga de castigar el mal comportamiento, como reclama cierto puritanismo militante. Highsmith no fue una lesbiana ejemplar, pero es que la cumbre más difícil de alcanzar para una mujer es no ser jamás esa buena chica que se espera de nosotras.

Nicolás Maduro designa militares leales para ejecutar el estado de excepción. Puede ser una masacre.


Presidente Nicolás Maduro | Foto: Cortesía
Presidente Nicolás Maduro | Foto: Cortesía
Carlos Guyón Celis emplazó al nuevo jefe de la ZODI-Capital: “General Martínez, no se preste a atropellos ni a  la violación de los derechos humanos”. Rocío San Miguel indicó que la promoción de 1987 controla el poder del fuego

El gobierno moviliza sus piezas cual juego de ajedrez. Luego de que prorroga por segunda vez en el año la emergencia económica y se amplía con el estado de excepción, las altas esferas de Miraflores reacomodan las fuerzas castrenses para colocar en posiciones clave a oficiales que han lidiado con situaciones especiales y se muestran leales a la línea del presidente Nicolás Maduro. En el ámbito militar fue designado el general de Brigada (Ejército) Carlos Alberto Martínez Stapulionis como jefe  de la Zona de Defensa Integral Capital 41.  Desde diciembre de 2015 hasta la fecha, de 24 comandantes de las ZODI han cambiado a 9.
Martínez Stapulionis estuvo al frente de la suspensión de garantías constitucionales y el cierre de la frontera como autoridad única en Táchira entre agosto de 2015 y mayo de 2016 (decreto N.° 1956, Gaceta Oficial 40732), pero fue trasladado a Caracas para controlar alteraciones del orden público y una supuesta intentona militar. La orden es que ejecute los planes Independencia, Guaicaipuro, Zamora y Centella, entre otros 10, creados para garantizar la paz y la estabilidad política en momentos en que el gobierno registra una baja de popularidad (75% de rechazo, según Venebarómetro) y la oposición reclama en la calle al Consejo Nacional Electoral la convocatoria a un revocatorio presidencial.
“En tiempos de crisis los gobiernos nombran a militares de mayor confianza en su intento por mantenerse y les dicen: ‘Usted está para reprimir”, afirmó el capitán retirado Carlos Guyón Celis. “La organización vertical y jerarquizada  de la FANB recibe órdenes del Alto Mando, cuyos miembros están comprometidos con el gobierno”, agregó el analista Luis Alberto Buttó.
Como tutor de Martínez Stapulionis en la Academia, Guyón Celis indicó: “Viene violencia y le envío un mensaje a quien fue un excelente cadete: ‘Esto es comunismo, disfrazada de revolución, que viola la Constitución y tiene al pueblo pasando hambre. General, mantenga una actitud de respeto a la Constitución, al pueblo, y no se preste a atropellos ni a la violación de los derechos humanos porque sufrirá las consecuencias por culpa de unos gobernantes ilegítimos. La Fuerza Armada está en una encrucijada. O sigue a Maduro y masacra al pueblo o ayuda a sacarlo por vías legales, impulsa un gobierno de amplia base y defiende la Constitución”.
Buttó describe cuál es el eje del estado de excepción. “La amenaza del gobierno de ejercer la fuerza sobre la soberanía popular, como se aplicó en 2014”, afirmó. Por tanto, advirtió que está en vigor la resolución 008610 del Ministerio de la Defensa que permite la represión militar de manifestaciones.
Piezas de Cabello
Martínez Stapulionis desplazó al primo del primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello,  general Alexis José Rodríguez Cabello, quien se mencionó como el virtual comandante de la ZODI.
¿La causa? El vicealmirante  retirado Rafael Huizi Clavier, presidente del Frente Institucional Militar,  reveló: “Maduro, no para mantener el dominio militar, sino por presión de Cabello, piensa designar a Rodríguez Cabello en un cargo de mayor jerarquía como comandante del Ceofanb, que está vacante, pero que ejerce de manera ilegal Vladimir Padrino López, ya que ningún militar por ley puede ejercer dos cargos. Si Rodríguez Cabello es designado, saltaría las promociones de 1985 y 1986, lo cual violaría el principio y norma de respeto estricto de la antigüedad militar, un asunto muy delicado en el seno de la institución y de impredecibles consecuencias internas”.
Martínez Stapulionis se graduó con Cabello en 1987, fue miembro del MBR-200 y reconoce como su mentor a Hugo Chávez. Sin embargo, se le vincula más con el gobernador José Vielma Mora, también compañero de cohorte, y el comandante de la Región Estratégica de Defensa Integral de la región central, general Carlos Osorio Zambrano.
“Maduro ha logrado tener algunas adhesiones en tres años, pero las lealtades en la FANB no se ganan de la noche a la mañana”, confirmó Huizi Clavier.
El binomio Martínez y Osorio es clave para el mandatario nacional. El primero controla las armas en la capital de la República y el otro es comandante de la zona con mayor armamento en Venezuela. La REDI-Central comprende el control militar de Aragua (con la base aérea Libertador), Carabobo (con la Brigada Blindada), Miranda y Distrito Capital (en Fuerte Tiuna, Palacio Blanco y ZODI-41).
“Con esta designación, asciende al control del poder del fuego la promoción de Cabello, aunque bajo el dominio de Maduro, quien logró que Osorio le sea incondicional, debido a que lo salvó de ser juzgado por la Asamblea Nacional. Martínez Stapulionis viene con las tuercas aceitadas en el manejo del estado de excepción y le permitirá a Maduro concretar su ‘ruta militar’ con personas leales. Ya sacó a Miguel Rodríguez Torres y a Giuseppe Yoffreda del entorno militar e intenta reducir la influencia de Cabello, por lo que vendrá una ‘guerra de titanes’. Cabello dispone de arma, plata y organismos de inteligencia, pero a medida que aumenta la crisis política, social y económica se definirán nuevos grupos de poder y aquellos que no quieran hundirse causarán reacomodos”, pronosticó la coordinadora de Control Ciudadano, Rocío San Miguel.
La diputada de Táchira, Laidy Gómez (AD), no duda de que Martínez Stapulionis responda a Cabello, pues recuerda que Vielma Mora fue removido como autoridad única del estado andino en septiembre de 2015 luego de que el Parlamento, dominado en esa época por el PSUV, sesionó en San Cristóbal. “Martínez es de los que obedecen. Como autoridad única no solucionó nada en la frontera porque todo lo consultaba a Caracas, a sus superiores; buscaba soluciones salomónicas. No tenía autonomía y dependía del control de Miraflores, debe ser por eso que lo ubican en puestos estratégicos para que cumpla órdenes sin cuestionar, así sean contrarias a los derechos humanos y a las leyes. En Táchira, la FANB violó domicilio e hizo deportaciones forzosas bajo la excepción”, señaló Gómez.
Los jerarcas del gobierno trabajan para mantener el control militar, y una prueba es que el miércoles 18 de mayo fueron citados a Fuerte Tiuna los comandantes de Apure, Táchira y Zulia a una reunión con Cabello. Gómez supo del encuentro con autoridades castrense de Apure, a quienes vio esa noche en el programa Con el mazo dando. “Allí les pasa revista”, manifestó.
Sobre la posición de Padrino López en defensa del gobierno, Huizi Clavier señaló que compromete a la institución. “La participación de la Fuerza Armada en el estado de excepción y su presencia en la red de alimentación aumentaron la molestia en los cuarteles por la distorsión de las funciones militares y la situación económica que ha originado que se reduzcan las unidades y batallones. En  mayo se agotó parte del presupuesto asignado a Defensa”.
PNB-Caracas pide refuerzos
El gobierno declaró en “alerta” a la FANB y a todos los cuerpos de seguridad, en especial a la Policía Nacional Bolivariana. En la circular CPNB-DN-SG N.º 25, de fecha 11 de mayo, la Dirección Nacional de este cuerpo exige a los directores y jefes de los centros de coordinación de Caracas, Carabobo, Zulia y Táchira seleccionar y trasladar a 100 funcionarios “entrenados en materia de orden público cuando el director nacional  así lo ordene”.
La comunicación es suscrita por el secretario general de la PNB, mayor César Augusto Marcano Dugarte. La orden está en ejecución, revelaron fuentes y, por ello, se reforzó la presencia policial durante la marcha de la oposición, el miércoles pasado, y que terminó con siete detenidos y un agente golpeado.
Carlos Osorio Zambrano (mayor general del Ejército). Desde enero de 2016 comanda la REDI-Central. Fue titular del Despacho de la Presidencia en 2014 y dos veces ministro de Alimentación. El Parlamento lo sancionó en abril por no comparecer para explicar los hechos de corrupción en la compra de alimentos.
Carlos Alberto Martínez Stapulionis (general de división del Ejército). Asumió la jefatura de la ZODI-Capital el 17 de mayo. Ocupó el puesto 49 en la promoción General de Brigada Tomás Montilla del Ejército (1987). Fue director de la Escuela de Operaciones Especiales Andrés Rojas en Fuerte Cocollar, en Sucre.

Si no gana las elecciones 26J el PP, todo va a ser muy difícil en España, peor que en Grecia y Venezuela..

En Caso de que las elecciones del 26 de Junio -26J- se cierran con un resultado razonable, que permita formar Gobierno con toda normalidad, y que no nos conduzca a una revisión populista de las políticas públicas y del sistema, la tarea que se nos viene encima será muy difícil de cumplir. Pero si insistimos en el bloqueo, o si la salida se hace a la desesperada, la situación será dramática. En este momento no lo vemos así, porque incluso se percibe cierto optimismo renovador. Pero esta confianza irresponsable solo surge de la banalidad discursiva de la campaña, en la que todos los problemas importantes están aparcados, mientras la actualidad se reduce al postureo de los partidos, a la guerra de banderas verdaderas y falsas y a las mil soluciones facilonas y utópicas que integran los programas de gobierno.
Pero al día siguiente de las elecciones habrá que afrontar los temas más complejos y urgentes que fueron aparcados primero por la crisis y después por el marujeo que rodeó la investidura. Y entre ellos están un pacto de financiación autonómica que, carente de recursos para la continuidad, y con todos los consensos quemados por el debate soberanista, se vislumbra prácticamente imposible. Un recorte multimillonario próximo a los 10.000 millones de euros, que volverá a activar la protesta y la demagogia y sumirá en el descrédito al nuevo Gobierno. Una revisión del pacto de Toledo, que, calentada por la propuesta del PSOE para financiar las pensiones con impuestos, apunta a la ruptura total del modelo y a un igualitarismo de las prestaciones imposible de financiar.
También habrá que afrontar las consecuencias de unas elecciones enfocadas sobre la hipótesis de fuertes expansiones del gasto, de grave reducción de los incentivos laborales y desde la ilusa pretensión de que hay gastos -ahora llamados derechos- que deben estar radicalmente excluidos del ajuste presupuestario, y que afectan al 65 % del presupuesto consolidado del Estado (educación, sanidad, desempleo, coberturas sociales, salarios de dignidad y vivienda). Y también habrá que prever un presupuesto extraordinario de reposición de servicios y obra pública que, afectados por los recortes anteriores, necesitan una urgente intervención para no mermar la economía productiva. Y para redondearlo todo, Josep Borrell, fichado por Sánchez como gurú de la nueva etapa, acaba de plantear la necesidad de aumentar sustancialmente el gasto de defensa.
Lo malo es que esta tarea, que por sí misma ya frisa la irrealidad, puede quedar encomendada a un Gobierno de cada partido en el que se integren, además, veinte sensibilidades. Y por eso espero que el día de las votaciones haya papeletas que, si no apuntan hacia una clara alternativa de izquierda o de derecha, nos quemen en la mano. Porque si nos entregamos al optimismo y al ya se verá, no tendremos solución.

La deuda que "heredó" Rajoy de Zapatero va a ser investigada,

Mariano Rajoy se ha pasado cuatro años y medio haciendo lo que dijo que no iba a hacer, quejarse de la herencia recibida. Ya saben, la España que recibió era un absoluto desastre, estaba al borde de la quiebra y el rescate cuando él llego a la Moncloa como salvador. Es indudable que heredó una situación económica muy mala. Pero Rajoy también va a dejar su propia herencia, fruto de sus políticas, a sí mismo o al que venga detrás. El próximo Gobierno deberá hacer más recortes por valor de 8.000 millones (más de 250.000 millones dejaron Zapatero y su plebe) y asumir una posible multa de 2.000 millones por incumplir el déficit esta multa nunca se le impondrá a un Gobierno de buena fe. A esto se une una deuda pública récord de más del 100 % del PIB. Rajoy repitió hasta la extenuación antes de llegar al poder el mantra «no se puede gastar lo que no se tiene». La hemeroteca es devastadora. Entonces decía que su primera prioridad sería reducir la «hemorragia» de la deuda y se alarmaba de que España debiera 700.000 millones. «Lo fácil es gastar y endeudarse y el que venga que apenque con las consecuencias», sostenía. Ahora supera el billón de euros. Pero su herencia más oscura abarca otros aspectos. Uno de las más preocupantes es el vaciado de la hucha de la seguridad social y el serio peligro que corren las futuras pensiones. También va a legar la generalización de trabajos precarios; menos cotizantes a la Seguridad Social y todavía un 21 % de paro; muchos más desempleados de larga duración y sin ninguna prestación; desigualdad creciente; aumento de impuestos pese a las rebajas electoralistas; corrupción sistémica; peor sanidad y educación. Deja, afortunadamente, un país que crece y crea empleo, gracias, en una medida que es cuantificable, al viento de cola externo, opuesto al que sopló de cara como un huracán desde el 2008.

Pedro Sánchez:«Si dependo de los votos de Iglesias no seré nunca presidente del Gobierno»


A su juicio, el líder de Podemos solo querrá pactar con el PSOE si es él
 quien gana, lo que demuestra que «no hay nada que ame más que a sí
 mismo»
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El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, se ha mostrado hoy convencido de que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, no apostará «nunca» por un presidente socialista: «Si dependo de los votos de Iglesias no seré nunca presidente del Gobierno», ha aseverado en un desayuno informativo en Madrid.
Sánchez, que ha vuelto a defender que el PSOE es la «única garantía de cambio» el 26J y que, si el PSOE no gana, no habrá cambio posible en España, ha dicho que no duda de que Iglesias quiera poner fin al «mal gobierno» de Rajoy, pero ha alertado de que a eso va a anteponer siempre «que no haya un presidente socialista».
A su juicio, Iglesias solo querrá pactar con el PSOE si es él quien gana, lo que demuestra que «no hay nada que ame más que a sí mismo».
Tras prometer que él, sin embargo, será «generoso» si es presidente y «no vetará» a ninguna de las fuerzas del cambio, ha insistido en pedir el voto para un cambio «sin intermediarios».
«Recargo de solidaridad» para las pensiones 
Pedro Sánchez ha avanzado que si consigue formar gobierno tras las elecciones del próximo 26 de junio impondrá un «recargo de solidaridad» a las rentas y patrimonios más altos para poder sostener el sistema de pensiones que arrastra un «déficit preocupante».
En su intervención en el Fórum Europa, Sánchez ha reconocido que su ejecutivo no podrá bajar los impuestos, pero sí ha garantizado que no subirá «ni un céntimo» la fiscalidad de las clases trabajadoras.
Sánchez ha reprochado al presidente del Gobierno en funciones,Mariano Rajoy, que en España prometa rebajas de impuestos pero en Bruselas se comprometa al mismo tiempo a reducir el déficit público.
«Le pido a Rajoy que no mienta sin pudor», ha denunciado el líder del PSOE, que ha anunciado que su primer compromiso como presidente del Gobierno será garantizar el estado del bienestar, manteniendo las partidas para el gasto social.
Sánchez ha avanzando que su gobierno hará una auditoría del gasto público para suprimir «cualquier gasto superfluo» y una reforma fiscal que cargue el esfuerzo en las rentas más altas y los grandes patrimonios.
Reconstruir el Pacto de Toledo sobre las pensiones será otra de sus prioridades, con la creación de un nuevo «recargo de solidaridad» que permita financiar el sistema en el futuro