米ギャップ、日本で「オールド・ネイビー」全店閉鎖へ

5月19日、米カジュアル衣料大手のギャップは、海外市場で「オールド・ネイビー」「バナナ・リパブリック」75店舗を閉鎖することを明らかにした。ニューヨークで昨年6月撮影(2016年 ロイター/BRENDAN MCDERMID)


[19日 ロイター] - 米カジュアル衣料大手のギャップ(GPS.N)は19日、海外市場で「オールド・ネイビー」「バナナ・リパブリック」75店舗を閉鎖することを明らかにした。日本ではオールド・ネイビー53店舗をすべて閉鎖するという。北米市場に経営資源を集中させ、業績向上を目指す。
19日米株式市場の時間外取引で、ギャップは4.2%上昇した。
ギャップは声明で「オールド・ネイビーは短期的には、北米や中国市場で成長を目指すことになる」などと説明した。
ギャップは4月30日現在、オールド・ネイビーを北米で1029店舗、アジアで69店舗展開。また、バナナ・リパブリックは北米で607店舗、アジアおよび欧州で61店舗を展開している。
ギャップによると、店舗閉鎖で年商を約2億5000万ドル失うことになるが、税引き前で年2億7500万ドルのコストを節減できる。

Merkel.-Chinese, Germans the most welcoming of refugees, Russians the least: survey

Chinese, Germans the most welcoming of refugees, Russians the least: survey,LONDON (Thomson Reuters Foundation) - China is the most welcoming country when it comes to refugees, according to a new survey of citizens' attitudes published on Thursday, with Germany One in ten respondents said they would let refugees stay in their home, with nearly half of all Chinese surveyed offering hospitality in their homes for refugees.

"Human solidarity is very visible, it's clear and across the world, people can feel the pain of those who are having to flee from war and persecution," Amnesty International Secretary General Salil Shetty told Reuters TV.
He said the results showed that most government responses to the refugee crisis were out of step with public opinion.
"(Citizens are) ready to reach out, and governments have to listen to the majority of the voices and not just a noisy few," said Shetty.
"We are facing a leadership crisis on this issue," he added. "We don't have many people like Angela Merkel, the Chancellor of Germany, who stood up in the face of some opposition to say this is an international human rights obligation."
Merkel has faced months of accusations of being too open to migrants, with Germany taking in 1.1 million migrants last year.
Almost all Germans surveyed and 87 percent of Britons said they would allow refugees into their countries.
But 17 percent of respondents said they should not be allowed into their country at all.
As the least welcoming country, 61 percent of Russians surveyed said they would not let refugees in.
Poland, Hungary and other former communist east European states say immigration, especially from the Muslim cultures of the Middle East, would disrupt their homogeneous societies.
Although 86 percent of Chinese participants agreed that governments should do more to help, the Chinese government remains reluctant to resettle refugees fleeing wars or persecution.
According to recent U.N. refugee agency (UNHCR) data, neither China, Russia or any Gulf states have resettled Syrian refugees since the war began.
The first-ever World Humanitarian Summit is being held in Istanbul next week as the number of people who have been forced from their homes globally hits record levels.
Aid agencies and campaigners will ask governments to commit to tackling forced displacement in a new way - that meets the immediate needs of the world's displaced, and builds their resilience and self-reliance.
UNHCR has said the number of people forcibly displaced worldwide was likely to have "far surpassed" a record 60 million in 2015, including 20 million refugees, driven by the Syrian war and other drawn-out conflicts.
(Reporting by Lin Taylor @linnytayls, Editing by Ros Russell; Please credit the Thomson Reuters Foundation, the charitable arm of Thomson Reuters that covers humanitarian news, conflicts, land rights, modern slavery and human trafficking, women's rights and climate change. Visit news.trust.org to see more stories)
Migrants are welcomed as they arrive at the main railway station in Dortmund, Germany 

La Comunidad de Castilla y León prohíbe matar al Toro de la Vega



El Gobierno regional de Castilla y León aprobó el jueves un decreto-ley por el que prohíbe la muerte de reses en espectáculos taurinos populares y tradicionales como en el caso del polémico Toro de la Vega, una norma que supone un triunfo para los defensores de los derechos de los animales. En la imagen, un lancero durante el Toro de la Vega, el 11 de septiembre de 2012. REUTERS/Joseba Etxaburu
 El Gobierno regional de Castilla y León aprobó el jueves un decreto-ley por el que prohíbe la muerte de reses en espectáculos taurinos populares y tradicionales como en el caso del polémico Toro de la Vega, una norma que supone un triunfo para los defensores de los derechos de los animales.
El pueblo vallisoletano de Tordesillas, donde se celebra este festejo de origen medieval, ha sido durante años el centro de grandes enfrentamientos entre antitaurinos y defensores de la fiesta tradicional de Toro de la Vega en la que un toro es lanceado hasta la muerte.
La Junta de Castilla y León, gobernada por el Partido Popular, pone fin de esta manera a la polémica y se une a la corriente de otras administraciones locales españolas de limitar la fiesta taurina o retirarle las subvenciones.
"Yo creo que las tradicionales hay que adaptarlas a la sociedad actual, a la sensibilidad y a la cultura del siglo XXI para que perduren en el tiempo", dijo José Antonio de Santiago-Juárez, consejero de Presidencia de la Junta, en la rueda de prensa posterior a la aprobación de la medida.
La primera referencia que se conoce al Toro de la Vega proviene de 1.534, cuando se menciona un toro de Tordesillas al que se le dio muerte, según explicó el consejero.
"Lo que hacemos es proteger la tradición. Y lo que hemos hecho con este decreto es proteger una tradición de más de 500 años", añadió, señalando que el espectáculo no tendrá que desaparecer, sino adaptarse a la nueva normativa que impide la muerte del animal.
Además del festejo de Tordesillas, la medida afecta a encierros, capeas y otros tipos de espectáculos con reses que se celebren en territorio castellanoleonés.
Las protestas contra el Toro de la Vega han ido en aumento a medida que crecía la concienciación frente a la crueldad animal, pese a que corridas de toros y encierros siguen siendo uno de principales protagonistas de las fiestas patronales de toda España.
"Este paso histórico nos acerca a nuestro objetivo de la total prohibición de los festejos con animales", dijo el partido animalista PACMA, una de las organizaciones más activas contra el Toro de la Vega, tras conocer la noticia.
Hay más de 15.000 fiestas en las que participan toros cada año en España, especialmente durante el verano.

Hallan restos en el mar del avión de Egyptair

Un avión de EgyptAir que transportaba 66 personas desde París a El Cairo se habría estrellado el jueves en el Mar Mediterráneo al sur de Grecia, donde según autoridades y medios se encontraron restos de una aeronave y chalecos salvavidas.
Las autoridades en Atenas afirmaron que el Airbus A320 - que viajaba con 56 pasajeros y 10 tripulantes a bordo- cambió de rumbo antes de desaparecer de los radares y precipitarse al mar.
La televisión griega informó del hallazgo en el mar de restos de un avión durante las operaciones de búsqueda. Horas antes, funcionarios de ese país dijeron que habían encontrado objetos de plástico y dos chalecos salvavidas flotando unos 370 kilómetros al sur de la isla de Creta.
Responsables egipcios se negaron a especular sobre el incidente mientras estaban en marcha las tareas de búsqueda de la aeronave. El primer ministro Sherif Ismail afirmó que era muy pronto para descartar cualquier causa, incluido un atentado.
"No podemos excluir ni confirmar nada en este momento. Todas las operaciones de búsqueda deben concluir para que podamos saber la causa", declaró a periodistas.
En Atenas, el ministro de Defensa Panos Kammenos dijo que el Airbus giró primero 90 grados a la izquierda y después viró 360 grados a la derecha. Tras caer desde más de 11.000 metros de altitud hasta los 4.500 metros, desapareció de las pantallas de radar.
Grecia desplegó aeronaves y una fragata en la zona para ayudar con la búsqueda. El jefe de la aviación civil del país dijo que los llamamientos de los controladores de tráfico aéreo al avión no fueron respondidos justo antes de abandonar su espacio aéreo y que desapareció de las pantallas del radar poco después.
El año pasado, un avión comercial se estrelló sobre la Península del Sinaí con 224 personas a bordo, en un hecho que fue considerado como un ataque terrorista por el Gobierno egipcio.
En medio de las especulaciones, el ministro de Aviación Civil de Egipto sostuvo que es más probable que el avión se hubiera estrellado por un ataque terrorista que por un fallo técnico.
EgyptAir dijo que entre las personas a bordo había un niño y dos bebés. También viajaban 30 egipcios, 15 franceses y personas de otras 10 nacionalidades.

Ángela Merkel se ha convertido en la dueña de los gastos sociales para pobres de la UE

Una niña muestra una foto de Angela Merkel, hoy en Budapest  REUTERS
No disimularemos nuestro placer: que el Gobierno alemán se decida a acoger unos millares de refugiados es una magnífica noticia, no solamente para los que se van a beneficiar de ella sino también para todos aquellos que no han renunciado a luchar por un mundo mejor, más digno y humano. Ahora bien, hay que preguntarse por qué la emperatriz de Europa, cuya política ha dañado tanto a los ciudadanos europeosausterizados estos últimos años, se ha vuelto de repente abogada de gastos sociales que seguramente irán de pareja con esta decisión. Pues para que lo sepamos, el único jefe de Estado (lo es) que hasta la fecha tiene un discurso realmente solidario en materia de inmigración y de ayuda a los países pobres, es este inesperado papa Francisco, centinela admirable de lo bueno y de lo malo en un mundo sin sentido. No importa, para bien, el dedo de Dios ha tocado a la dama de hierro.
Ahora miremos lo que hay detrás de la cortina. Desde la cumbre de junio de 2015, en la que se intentó, bajo el impulso de Alemania, imponer a los 28 una política común de reparto de los refugiados para frenar la tragedia humanitaria en el Mediterráneo, y frente al rechazo tajante y egoísta de la mayoría de estos países, el Gobierno alemán avisó claramente de que iba a actuar para llevar a cabo su propia solución. Decidió unilateralmente dejar de aplicar el acuerdo de Dublín, que permite otorgar el permiso de asilo al primer país de llegada del inmigrante. Ahora bien, en opinión de Berlín muchos países fronterizos aplican este principio de manera demasiado flexible, pues bien saben que la inmensa mayoría de inmigrantes se dirige principalmente hacia Alemania, donde va a encontrar ayuda, trabajo e integración progresiva. Más grave: no se trata siempre de refugiados políticos, sino en general de inmigrantes económicos que aprovechan esta situación para entrar en Europa. Dicho de otro modo, la política de gestión común de las fronteras europeas juega en contra de Alemania y, al no poder controlarla, es mejor volver a nacionalizar este control, haciendo que cada país se encargue de vigilar las suyas. Por supuesto, el discurso es siempre más diplomático y tampoco hemos llegado a institucionalizar todavía esta postura. Pero el camino está abierto.
En realidad, Alemania está buscando, con la campana mediática sobre los 800.000 “acogidos”, legitimar a la vez esta renacionalización y, por otro lado, subvenir a una necesidad demográfica interna, pues se sabe que el país necesita centenares de miles de inmigrantes si quiere contrarrestar su declive demográfico, lo cual amenaza seriamente su porvenir.
Por otro lado, también por doquier en África subsahariana, en Oriente Medio y en los países del Este, corre la información que Alemania necesita trabajadores. La generosidad germana se asimila de hecho a la regularización de una demanda migratoria no satisfecha desde años. Pero seamos positivos: no dudemos en alegrarnos cuando el dedo divino, incluso teñido de intereses escondidos, toca la mente de la señora Merkel.

Los derechos humanos del inmigrante.

Si los países ribereños de la costa norte del Mediterráneo tienen el derecho de mantener centros de detención para inmigrantes, deben también obligatoriamente atender a los detenidos, respetando las normas que garantizan el respeto de los derechos humanos. No todos lo hacen con la misma celeridad, y la verdad es que España se ha distinguido, estos últimos años, a raíz de la crisis económica, por unos comportamientos que han conmocionado hasta a las autoridades europeas. Se ha hecho acreedora a no pocas críticas en cuanto al respeto y garantía de los derechos humanos de inmigrantes y refugiados, relacionadas en particular con el trato que reciben en las fronteras (las “vallas”) de Ceuta y Melilla, con episodios tan terribles como los 15 muertos en la playa del Tarajal, que la justicia española estudia en estos momentos, gracias al esfuerzo de algunas ONG. También, con las prácticas de las cínicamente denominadas “devoluciones en caliente”, que a veces incluyen malos tratos —documentados gráficamente y denunciados entre otros por la ONG PRODEIN— y que suponen violaciones palmarias de derechos humanos elementales, como lo muestra un reciente informe de penalistas y constitucionalistas: Derechos en la frontera. ¿Fronteras sin derechos?No sólo diferentes ONG, sino también autoridades europeas, tanto de la UE como del Consejo de Europa, así como de la ONU, han expresado reiteradamente su preocupación por estas malas prácticas y el riesgo que suponen para la garantía de derechos humanos elementales.


 Uno de los motivos que más preocupa, realmente una vergüenza para España y que debería ser corregido sin más tardar, concierne a la situación de los derechos humanos de las personas internadas en los Centros de Internamiento de Extranjeros, CIE, creados conforme al artículo 26.2 de la LO de Extranjería de 1985, y definidos como establecimientos públicos “de carácter no penitenciario“, donde se retiene de manera cautelar y preventiva básicamente a extranjeros sometidos a expediente de expulsión del territorio nacional, bien por su condición de irregulares, bien por haber sido condenados por un delito y haberse aplicado la opción de expulsión.

Más del 60% de los internados, en realidad, lo son por irregularidad administrativa, es decir, no han cometido delito que explique una situación de privación de libertad. Aunque el objetivo es la expulsión, a veces se utilizan eufemismos como “repatriación” o “retorno”, lo que no es correcto, pues la directiva europea de retorno (2008/115/CE) permite que esos irregulares sean deportados no sólo a sus países de origen, sino a países terceros por los que haya presunción de que han transitado. A esos efectos, los Estados de la UE han desplegado un sistema de acuerdos bilaterales para poder desprenderse de ese peso muerto sin mancharse las manos. Así lo ha hecho España, por ejemplo, con Marruecos, Mauritania o Nigeria.
Existen actualmente ocho CIE en España (en Italia, que multiplica casi por 20 el número de inmigrantes y refugiados recibidos, hay 13), aunque el Gobierno español actual ha anunciado en diferentes ocasiones su voluntad de crear uno o dos más. Se encuentran en Madrid, Barcelona, Tenerife, Gran Canaria, Murcia, Valencia, Algeciras y Fuerteventura. Anteriormente existió un CIE en Málaga, que fue cerrado por sus inaceptables condiciones en 2012. A pesar de ser expresamente definidos como establecimientos no penitenciarios, su régimen es de hecho de privación de libertad. La estancia máxima, según la aplicación que hizo el Estado español de la mencionada directiva de 2008, es de 60 días, aunque la directiva habilita hasta ¡18 meses!
Las críticas y denuncias sobre restricciones indebidas de derechos, ausencia efectiva de control judicial, deficientes condiciones de salud e higiene, dificultades para acceso a traductor, asistencia social y psicológica, e incluso acceso a abogado, son interminables. También se han denunciado malos tratos (sólo en el CIE de Zapadores, más de 50 quejas). A todo ello hay que sumar tres casos de muertes en CIE, de los que sólo uno, la de Samba Martine en el CIE de Aluche, está siendo investigado judicialmente tras una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.
Son habituales las denuncias verosímiles de malas prácticas
El informe anual del Defensor del Pueblo es indicativo (por ejemplo, el apartado 4.7 del informe correspondiente a 2014). El propio reglamento de los CIE, publicado en 2014, ha sido objeto de una severa corrección por parte del Tribunal Supremo. El 10 de febrero de 2015 se conocía una importante sentencia del pleno de la sala de lo contencioso administrativo del TS, en la que se declaraban contrarias a derecho varios aspectos del articulado, reconociendo así parcialmente el recurso interpuesto por tres ONG, APDHA, Federación Asociaciones SOS Racismo y Andalucía Acoge.
El 13 de abril de 2015 un comunicado conjunto de Cáritas y el Servicio Jesuita de Inmigrantes denunciaba que, transcurrido más de un año de la publicación delReglamento de los Centros de Internamiento de Extranjeros, ninguna mejora se ha producido en el tratamiento indigno infligido a los integrantes de estos centros.
Lo nuevo, es que ahora las denuncias provienen no sólo de las ONG sino también de autoridades europeas. El pasado 9 de abril, la delegación contra la tortura del Consejo de Europa que estudió en 2014 la situación de los CIE de Zona Franca y Aluche hizo público un informe extremadamente crítico con la situación de los internados y la garantía de sus derechos. Entre otras duras críticas, hacen constar la frecuencia de denuncias verosímiles de malas prácticas, como insultos, trato vejatorio, intimidación, agresiones físicas y psicológicas, imposibilidad de los internos de ir al baño durante siete horas seguidas, sobreocupación de las celdas, a pesar de que haya muchas vacías: “Hay hasta ocho personas en celdas de 24 metros cuadrados”.
En el centro barcelonés, además, no es raro encontrar chinches, según confirma el grupo de trabajo. Enfatizan la necesidad de que las autoridades españolas pongan fin a la “humillante práctica” de llamar por el número de detención a los extranjeros en lugar de por su nombre. Incluso hacen constar que pudieron escuchar cómo determinados agentes de policía en la Zona Franca insultaban a los extranjeros.
Desgraciadamente, lo denunciado aquí no es específico a España. El pasado 25 de febrero, en Grecia, tras el suicidio de un paquistaní de 28 años internado en un centro de detención de extranjeros, el Gobierno revisó totalmente su régimen. La sensación de vergüenza que le causó el Centro de Amygdaleza (norte de Atenas) al ministro adjunto de Protección Ciudadana, Yanis Panusis, fue tan insoportable, según su propio testimonio, que decretó la apertura de los cinco centros de detención del país y la liberación progresiva de los 3.500 internos (entre los que había, atención, 216 menores no acompañados). Sólo los indocumentados con algún delito pendiente o una orden de expulsión seguirán recluidos. Su vergüenza debería ser la nuestra…

En la Era de las Redes todo se reduce al “me gusta” o no “me gusta”. Reputación de iluminados.


El mundo de la apariencia atrae voluntades, persuade o disuade. Un buen currículum ético es un aval para hacer negocio con organizaciones fiables, pero en la Era de las Redes todo se reduce al “me gusta” o no “me gusta”


En su excelente libro Las buenas conciencias, el novelista mexicano Carlos Fuentes recogió una lúcida apreciación que en el texto atribuye a Emmanuel Mounier, aunque originariamente es de Nietzsche: “Nos las arreglamos mejor con nuestra mala conciencia que con nuestra mala reputación”; una cuestión que sale de nuevo a la luz recientemente en trabajos como el del colombiano Juan Gabriel Vásquez Las reputaciones.
Parecen enfrentarse en estos casos dos formas de saber acerca de nosotros mismos: la opinión que nos desvela nuestra propia conciencia y la valoración de los demás. Y llevaba razón Nietzsche al afirmar que, salvo casos excepcionales, que siempre los hay, a las personas de a pie, a las empresas, a los partidos políticos y a sus líderes, les importa bastante más la reputación que lo que ellos pueden pensar acerca de sí mismos.

Qué duda cabe de que es inteligente intentar labrarse una buena reputación. Los medios de comunicación sacan a la luz constantemente las valoraciones que la ciudadanía hace de los líderes de los partidos políticos, con el sobrentendido de que su reputación influirá en los votos que recibirá su partido; las empresas redactan memorias de Responsabilidad Social Corporativa como carta de presentación a potenciales clientes, a otras empresas y al poder político, también con el implícito de que un buen currículo ético es un excelente aval para hacer negocio con organizaciones fiables.Tal vez porque, como Maquiavelo recordaba al príncipe que, a su juicio, debía conquistar el poder y salvar la república, “todos ven lo que pareces, pocos palpan lo que eres”. El mundo de la apariencia es el que atrae las voluntades, el que persuade o disuade, mientras que el de lo que realmente alguien es queda en el misterio de la conciencia.

Y si esto siempre ha sido así, más aún lo es en nuestro tiempo, en la Era de las Redes, cuando la visibilidad de las actuaciones aumenta de forma exponencial y la reputación se gana en votaciones de “me gusta”, o no “me gusta”, refiriéndose a hoteles, artículos de prensa, libros, agencias de viaje y un larguísimo etcétera.
De donde se sigue que crear buena reputación o destruirla no es difícil siempre que se cuente con la inteligencia suficiente como para movilizar las emociones de las gentes en una dirección, a poder ser con mensajes simples y esquemáticos que den en la diana de los sentimientos de la mayoría. Nuestro tiempo es, todavía más que el de Maquiavelo, Nietzsche o Mounier, el de las reputaciones, y no el de las conciencias. Saber movilizar las emociones es la clave del éxito.
Las personas actuamos más cordialmente con los demás cuando nos sentimos observados
Ciertamente, estas apreciaciones tienen un respaldo en estudios científicos de distinto género que muestran cómo las personas actuamos más cordialmente con los demás cuando nos sentimos observados, incluso cuando en un experimento el supuesto observador está representado por unos trazos colocados de tal modo que simulan ojos humanos. Por eso es indispensable enviar observadores de carne y hueso a los países que actúan en contra de los derechos humanos, aunque sólo fuera para que teman por su imagen a escala internacional.
Nos las arreglamos mal con nuestra mala reputación, entre otras razones, porque tiene malas consecuencias para nuestra autoestima, que es un bien básico para llevar adelante una vida feliz, pero también porque tiene malas consecuencias para realizar nuestros deseos y nuestras aspiraciones, mientras que la buena o mala conciencia se queda en el fuero interno. Parece la conciencia una cosa demasiado olvidada, como decía el principito de Saint-Exupéry. Nuestro tiempo es el de las reputaciones, no el de las conciencias.
Y, sin embargo, la vida pública descansa, en muy buena medida, sobre el supuesto de que también nos las arreglamos mal con nuestra mala conciencia. Por poner un ejemplo bien patente, los cargos políticos prometen o juran cumplir sus obligaciones por su honor y por su conciencia delante de la Constitución; y es perfectamente lógico que en una sociedad pluralista quien no crea en Dios no tenga por qué ponerle por testigo ni jurar ante un libro sagrado. Pero igual de lógico es confiar en que crea en su conciencia y en que la valore hasta tal punto que no está dispuesto a traicionarla a ningún precio.
Aquellos iluminados que no acepta más juez que su conciencia son un auténtico peligro
Precisamente para evitar que la ciudadanía mintiera en los tribunales recomendaba Kant en La metafísica de las costumbres mantener la fe en un Dios dispuesto a castigar a los perjuros, pero si en nuestro tiempo el garante último es la conciencia personal, cabe suponer que para nosotros es algo extremadamente apreciado.
Es evidente que la apelación a la conciencia no exime a una sociedad de elaborar leyes, a poder ser claras y precisas, referidas a la transparencia, la rendición de cuentas y la responsabilidad. Dar cuentas antes la ciudadanía es lo propio de una sociedad democrática, en la que se supone que debería gobernar el pueblo. Pero, siendo esto verdad, siempre queda abierta la pregunta “¿quién controla al controlador?”.
Naturalmente, los iluminados que no quieren aceptar para sus actuaciones más juez que su propia conciencia son un auténtico peligro, y todavía más lo son los grupos de fanáticos que asesinan sin compasión por una fe grupal, del tipo que sea. Por eso es esencial formar la conciencia personal a través del diálogo, nunca a través del monólogo, ni siquiera sólo a través del diálogo con el grupo cercano, sea familiar, étnico o nacional. Somos humanos y nada de lo humano nos puede resultar ajeno, el diálogo ha de tener en cuenta a cercanos y lejanos en el espacio y en el tiempo.
Pero al final llegamos a un punto, en las cosas importantes, en el que cada persona ha de formarse su juicio y tomar sus decisiones, no puede depender sólo de mensajes ajenos, si es que sigue teniendo un sentido el ideal de la libertad, entendida como autonomía personal.
Dónde se forma hoy en día esa conciencia es una de las grandes preguntas para las que hay muy difícil respuesta, y, sin embargo, es preciso encontrarla si no queremos dejar de ser, junto con otros, los protagonistas de nuestra propia vida. Los artesanos de nuestra existencia, como aconsejaba Séneca.

No queda otra alternativa que volver a la humanidad moral

La educación es el clavo ardiendo al que se coge cualquier conferenciante que trate de sugerir soluciones para la crisis financiera, política y social que venimos padeciendo. Cuando sus recursos académicos no le dan para más, sugiere que trabajemos conjuntamente los distintos sectores sociales, incluida la sociedad civil, porque sacaremos más provecho de la cooperación que de la búsqueda egoísta del beneficio individual. Pero, claro, como en la vida corriente esas declaraciones sobre las excelencias de la cooperación y de la ayuda mutua se quedan en eso, en declaraciones, y las realizaciones van por otros derroteros, el conferenciante acaba afirmando, para alivio del público, que todavía nos queda una salida, la de la educación, para salvar el cotidiano abismo entre los dichos y los hechos.
Decía Ortega que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, pero la verdad es que sí lo sabemos, que lleva toda la razón el célebre chiste de un encuestador que pregunta a un transeúnte si se dejaría corromper, y el interpelado contesta: si es una encuesta, rotundamente no; si es una proposición, hablemos. ¿Cómo conseguir adecuar las actuaciones a las encuestas?
No parece que nuestras sociedades crean de verdad que los seres humanos tienen dignidad, y no un simple precio, ni que la libertad, la igualdad y el apoyo mutuo sean superiores a sus contrarios. No parecen creerlo porque no lo hacen, las realizaciones no concuerdan con las declaraciones, del dicho al hecho hay un inmenso trecho.
Tan patente es la contradicción entre el decir y el hacer que algunos neuroéticos, es decir, algunos autores que trabajan sobre las bases cerebrales de la moralidad, han señalado como el gran problema de nuestra época la falta de motivación moral. Las gentes obedecen mal que bien las leyes legales, porque obligan mediante coacción. Y este “mal que bien” no precisa muchas explicaciones en un periodo como el actual. Pero la debilidad y la fuerza de la moral vienen de que son las personas mismas las que han de estar convencidas de que los seres humanos son dignos de una vida buena, de que hay valores que es necesario encarnar en la vida cotidiana. Ése es el precio que hay que pagar por la autonomía moral, y ésa es también su grandeza.

Pero como la motivación moral no parece estar en sus mejores momentos, más bien, según los autores mencionados, ni está ni se le espera, sugieren ir pensando en un camino que no se puede recorrer en el corto plazo, ni tal vez siquiera en el medio, pero a lo mejor sí en el largo: mejorar moralmente la especie humana interviniendo en el cerebro.
Si es verdad —prosiguen estos autores— que la moralidad humana tiene al menos una base biológica, entonces un tratamiento neurológico o genético permitiría fomentar las emociones que apoyan nuestro sentido de la justicia y nuestra capacidad para el altruismo. De hecho, sustancias como la oxitocina parecen aumentar la confianza en las personas, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, incrementar la cooperación y reducir la agresión, y también el ritalín parece reducir las agresiones violentas. ¿Podríamos con todo ello organizar por fin el soñado mundo feliz, en el que todos los seres humanos alcanzan sus metas ayudando a los demás a perseguir las suyas?
Sería algo similar a lo que el norteamericano Arthur Caplan aseguraba, entusiasmado con la posibilidad de mejora: “Si tuviera la posibilidad de insertarme un chip en el cerebro con el que pudiera ya hablar francés, sin tener que pasar por academias, cursos, audición de cintas y todo ese calvario que implica el aprendizaje de un idioma, no lo dudaría ni un segundo”. ¿Podría hacerse algo análogo en relación con la moral?
La verdad es que éste es un proyecto recurrente en la historia, en las ciencias, y no sólo en ellas. El Frankenstein de Shelley, La isla del doctor Moreau de Wells, El mundo feliz de Huxley, La naranja mecánica de Kubrik, son una minúscula muestra de ese afán de mejorar moralmente a los seres humanos interviniendo ya, sin confiar para esta mejora en la educación que debería venir de una sociedad que dice mucho, pero no parece interesada en hacerlo.
Ciertamente, proyectos como éste pertenecen todavía a la tecnociencia ficción, pero las ficciones pueden convertirse en realidad en el medio y largo plazo, y conviene que la ciudadanía las conozca para formarse una opinión y debatirla. En este debate una cuestión sería clave, a mi juicio: ¿no hay más salida que las intervenciones biológicas para conseguir una humanidad convencida de los mejores valores de palabra y obra? ¿O más bien sucede que no existe el chip moral, no hay fármaco ni implante que sustituya a la paciente formación voluntaria del carácter de las personas, de las instituciones y de los pueblos? En tal caso, en este 2012, declarado Año de las Neurociencias, seguiría siendo cierto que sólo la libertad es el camino hacia la libertad.

Una sociedad civil en constante ebullición.


La política no escucha a grupos que trabajan para crear inteligencia colectiva


Cuando tenía 20 años, se daba por sentado que quien deseaba trabajar para mejorar la sociedad debía ingresar en un partido político. Seguía pesando en el ambiente aquella idea hegeliana de que el mundo político se preocupa por los intereses universales y brega desde la solidaridad, mientras que la sociedad civil es el reino de los intereses particulares, el ámbito del egoísmo sin remedio. A fines de los setenta esta división del trabajo empezó a tambalearse y en nuestros días carece ya de sentido, porque una buena parte de la sociedad civil asume cada vez más un esperanzador protagonismo en la construcción del bien común; un protagonismo que es urgente potenciar.
Tal vez porque la política se limita hasta tal punto a buscar votos y conseguir ventajas que no le queda fuste para lanzar propuestas atractivas; tal vez porque la financiarización de la economía ha creado un mundo completamente inestable; tal vez porque el despilfarro, la mala gestión, la corrupción y la falta de unidad han socavado la credibilidad de lo político, lo cierto es que, desde distintos sectores, la sociedad civil viene movilizándose desde hace tiempo en los medios de comunicación, en intervenciones públicas, en las redes, en las calles, poniendo sobre el tapete a la vez críticas y propuestas realizables.
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No es verdad que falten líderes ni que los intelectuales hayan desaparecido de la esfera pública

Afortunadamente, no es verdad que falten líderes, no es verdad que los intelectuales hayan desaparecido de la esfera pública, como han diagnosticado hasta la saciedad algunos agoreros. Lo que ocurre más bien, como decía José Luis Aranguren, es que se han democratizado, y crean foros y círculos de opinión, elaboran cuidadosos informes sobre problemas candentes y los transmiten a la esfera pública a través de todos los medios a su alcance. Una tarea ingente para analizar lo que nos pasa, detectar los puntos más débiles y lanzar propuestas constructivas. Una sociedad civil vibrante, en auténtica ebullición, capaz de superar la idea trasnochada de que el poder político se ocupa de los intereses universales, mientras que la sociedad civil se refugia en sus egoísmos particulares.
Por citar dos ejemplos nada más de asociaciones creadas en la última década, que conozco bien de cerca, el Círculo Cívico de Opinión elabora fundados informes sobre temas candentes y transmite sus resultados a la opinión pública, y el Foro + Democracia ha puesto a punto una propuesta de reforma de la Ley de Partidos Políticos, que ya está en la calle. Por fortuna, estos son nada más dos botones de muestra entre una ingente cantidad de grupos que hace oír su voz en la esfera pública, aportando sugerencias viables y argumentos.
Eso es, a fin de cuentas, lo propio de sociedades con cierta andadura democrática: que no haya unos pocos líderes, unos pocos intelectuales sobresalientes, sino el trabajo conjunto de personas y grupos plurales, generando una inteligencia colectiva, capaz de descubrir mundos ignotos. Si es verdad, como dicen los defensores de la mente extendida, que nuestra mente no se encierra en los límites del cuerpo, sino que la componen también datos y personas del entorno; si es verdad que la sinergia de inteligencias personales arroja propuestas más lúcidas, entonces hay que abandonar el fácil lamento de que faltan líderes e intelectuales y escuchar a quienes ya están hablando. El uso público de la razón es —como sabemos— el síntoma esperanzador de una sociedad en vías de ilustración.

El diálogo es lo que permite incorporar las propuestas más lúcidas y fundamentadas

Pero para que exista una conversación es preciso que alguien descuelgue el teléfono al otro lado del hilo, y los políticos parecen demasiado preocupados arreglando sus asuntos particulares como para ponerse al aparato. Parece que las tornas hayan cambiado desde hace algunas décadas, y que son ellos los que se ocupan de sus intereses personales y dejan a los ciudadanos lanzar discursos sobre los asuntos comunes. Mala cosa los monólogos, sean crispados o propositivos.
Son los diálogos los que permiten ir incorporando en las instituciones las propuestas más lúcidas y fundamentadas, las que pueden ayudarnos a salir del marasmo, y crear una sociedad justa. La forma política de esa sociedad sería la de una democracia deliberativa, en la que los representantes responden de sus acciones, de sus programas, y también tienen línea directa con los interlocutores más preocupados por el interés común que por los intereses partidarios. En este punto la reforma de los partidos políticos se hace imprescindible en lo que hace a su democracia interna, a la transparencia de su financiación o a la necesidad de debilitar el poder de los aparatos.
¿Cuál debería ser la dirección de esta efervescencia? La convicción de que otro mundo es, no solo posible, sino también necesario, porque el que tenemos no está a la altura de los seres humanos; la certeza, cada vez más asumida, de que lo que es necesario es posible y tiene que hacerse real, y el sentimiento de que para lograrlo es indispensable que la sociedad civil ejerza la responsabilidad que le corresponde. La buena noticia es que la está asumiendo y lo hará cada vez más.