En sus siempre elocuentes y brillantes clases, el Dr. Lorenzo Meyer –El Profe Meyer, como le llaman con afecto sus discípulos y colegas en El Colegio de México– insiste en adoptar una perspectiva profundamente crítica sobre lo que son y lo que hacen los principales actores de un sistema político cualquiera. Su visión llama a evitar cualquiera de las dos posiciones ingenuas que frecuentemente surgen cuando se califica o valora lo dicho por un gobernante, un partido o un candidato a un puesto de elección popular.
Desde su perspectiva, hay que evitar tanto considerar que estos actores siempre tienen motivaciones e intereses espurios y cínicos, como creer que sus iniciativas son auténticamente constructivas y destinadas a satisfacer las demandas ciudadanas.
Las enseñanzas del Dr. Meyer resultan siempre intensas y aleccionadoras, sobre todo si se piensa que se dan en el contexto de un programa de formación de administradores públicos, como ocurre con la licenciatura que se imparte en el Centro de Estudios Internacionales del propio Colmex. Esto es, las expresiones y sentencias de Lorenzo Meyer terminan resonando por años en la conciencia de muchos egresados, quienes se tienen que enfrentar a los dilemas y paradojas de trabajar en el sector público mexicano y, al mismo tiempo, intentar hacer algo productivo y útil.
Me ha parecido pertinente traer a colación las enseñanzas del ya Profesor Emérito, ahora que el Partido Acción Nacional ha anunciado con bombo y platillo la conformación de su comisión anticorrupción y lo que parece ser un acto desesperado por reivindicar algunas de las causas que le permitieron dejar de ser una oposición leal y convertirse en una fuerza electoral efectiva.
Parafraseando las enseñanzas mencionadas, cabe preguntarse: ¿en verdad el PAN está dispuesto a combatir ese fenómeno del que tanto se sirvió y que nutrió fortunas personales y colectivas?, ¿o es sólo una nueva versión de su deseo por volver a ocupar posiciones legislativas y ejecutivas?
Como resulta obvio suponer, y atendiendo al sentido de las lecciones recibidas, la respuesta a estas interrogantes no es ni sencilla ni fácil de sustentar. No obstante, algunos elementos se pueden ir aportando para que sea el lector quien finalmente emita un juicio.
En virtud de ello, lo primero que hay que decir es que la ostentosa iniciativa de Acción Nacional de tener en su seno un órgano que combate la corrupción es profundamente contradictorio con sus posturas como partido gobernante. Cabe recordar aquí que en los dos sexenios de gestión panista, la Secretaría de la Función Pública, creada por el Presidente Fox, distó mucho de ser la instancia que se encargaría de combatir y erradicar las severas prácticas de corrupción que tuvieron lugar en esos doce años.
Sus titulares fueron precisamente lo contrario a lo que ahora monseñor Bravo Mena, primer titular de la nueva comisión partidista, anuncia como su mandato. Desde Francisco Barrio, el caza-peces gordos, hasta las deplorables gestiones de German Martínez y Salvador Vega Casillas, la SFP se distinguió por encubrir la corrupción galopante, por generar distractores mediáticos y por fortalecer el patrimonialismo y discrecionalidad heredados del anterior régimen.
Luego entonces, cabe preguntarse ¿de dónde abrevará la nueva comisión partidista para definir qué es corrupción y cómo se combatirá? ¿Rescatará del desprestigio al partido y sus estructuras identificando dirigentes y funcionarios que en el pasado reciente incurrieron en actos de corrupción?, ¿o es un borrón y cuenta nueva? Es decir, ¿sólo investigará casos que se presenten y se denuncien como tales a partir de abril de 2016?
Si ésa es la perspectiva, declaremos entonces muerta al nacer a la nueva comisión partidista…
No hay comentarios:
Publicar un comentario