Filosofía de la realidad como teoría del arte.


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Este escrito tiene como objetivo fundamental realizar una reflexión de carácter general, enfocada desde la filosofía, sobre los elementos fundamentales que componen el arte. De esta manera se analizará la dimensión subjetiva (el artista), la dimensión objetiva (la realidad), la conjunción entre ambas (la creación) y el resultado (la obra de arte). Pero antes de llevar a cabo esta labor será necesario que comencemos nuestra investigación con una breve reflexión sobre el arte entendido como actividad humana esencial. Debe quedar claro desde el principio que nuestra pretensión no es la de hacer una historia del concepto de arte, sino que el propósito principal de este estudio es el de interrogarnos sobre qué sea el arte tal y como hoy lo entendemos, algo que no se queda en una reducción del término sino que abarca la totalidad del mismo, ya que como se irá mostrando a lo largo del texto el concepto fundamental de arte no varía con el paso del tiempo. Este concepto general al que estamos aludiendo se manifiesta tan claramente en el Doríforo de Policleto, aunque los griegos no consideraran a la escultura arte en el mismo sentido que nosotros la consideramos hoy, como en Las majas de Goya o en El Guernica de Picasso. En cualquier caso, esto es algo que se podrá ir vislumbrando poco a poco a lo largo de este estudio. El arte es algo que no puede ser encerrado en una definición o abarcado desde una mirada global que pretenda explicar su totalidad; es por ello por lo que pienso que lo más adecuado para acercarnos a esta materia es llevar a cabo una descripción de sus elementos que nos sirva como puente para avistar una comprensión global suficiente. De esta manera profundizaremos más en el arte que si nos pusiéramos, cual investigadores positivistas, a intentar buscar una definición en la que se describiese su esencia. La esencia de cualquier ente es «inapresable» y más si tenemos entre manos algo tan complicado como es el arte. Para aproximarnos conceptualmente a nuestro objetivo utilizaremos una serie de «ideas-guías» que nos irán acercando lentamente a la aclaración intelectual que buscamos acerca de la idea de arte. Para ello acudiremos en primer lugar a Hegel, filósofo de grandísima lucidez que penetró como pocos en la espiritualidad de la realidad; y ya que el arte es una actividad espiritual, aunque finalmente para su realización tenga que ser plasmada en el material sensible, considero que es más que acertado para nuestra indagación poner los ojos en algunas de las apreciaciones de dicho pensador en torno al arte. Hegel sostiene: «El arte es una forma particular bajo la cual el espíritu se manifiesta». En esta afirmación encontramos la idea del arte como manifestación del espíritu; pero como una manifestación del espíritu que se produce de «una forma particular». Esta particularidad a la que alude Hegel no es ningún asunto menor, puesto que nos introduce en la complejidad del asunto. La mencionada cita no llega de por sí a la esencia del arte, pero sí nos adentra directamente en su problemática. Desde la interioridad del asunto a la que nos ha conducido la afirmación anterior, Hegel levanta otra tesis fundamental: «La tarea del arte consiste en hacer que la idea sea accesible a nuestra contemplación bajo una forma sensible». En esta otra idea de Hegel se muestra que el arte es expresión sensible de la idea, algo que ya nos acerca más directamente a la esencia de esta actividad humana. Recapitulando lo dicho, podemos decir que de la mano de Hegel hemos conseguido saber que el arte es una manifestación del espíritu que se produce de «una forma particular» y que es expresión sensible de la idea. Una vez que hemos partido de Hegel, pasaremos ahora al que quizás ha sido el último gran metafísico de occidente, Martin Heidegger, el cual dedicó toda su producción filosófica a esclarecer el sentido del ser, por lo que tuvo necesariamente que entrar en el terreno de la estética y con ello en el del arte. Heidegger afirma en una de sus conferencias: «La esencia del arte sería, pues, ésta: el ponerse en operación la verdad del ente.»Esta «descripción» heideggeriana puede ser enlazada con lo dicho anteriormente por Hegel, pero la verdad es que si nos fijamos bien en las palabras del autor de El ser y el tiempo nos damos cuenta que de ellas se puede inferir que el arte además de consistir en la manifestación de la verdad, es esa actividad humana que nos sitúa en el modo de la plenitud ante la mismidad de lo expresado o representado. «El ponerse en operación la verdad del ente», nos dice Heidegger. Con estas apreciaciones filosóficas acerca del arte, en cierto modo ya nos hemos adentrado en su esencia. Podría haber empezado este artículo aludiendo a típicas definiciones: «el arte es aquella actividad humana que produce belleza», «que representa o reproduce la realidad», «que crea formas», «que expresa», «que produce experiencia estética» o «que produce un choque», como dirían los teóricos de las vanguardias. Pero, sin embargo, he preferido empezar intentando llevar a cabo una dilucidación filosófica con la finalidad de profundizar en su concepto, ya que considero que esto es lo más adecuado de cara a la finalidad de esta investigación. Con esto, no se está afirmando que estas definiciones no sean válidas, todo lo contrario, incluso nos valdremos de ellas para nuestro estudio; lo que sí hay que dejar claro desde un principio es que este trabajo es un estudio de carácter filosófico y no de historiografía o teoría del arte.

Con mucha prudencia y muchos matices, ya que estamos aún en el inicio de la investigación, se podría decir que el arte es un «lenguaje» con el que el hombre expresa la realidad humana física y espiritual captando lo exterior e interiorizándolo, para luego devolverlo a la exterioridad desde la libertad creadora del artista. Lo que ha de quedar claro en estos primeros tanteos es que desde nuestro posicionamiento filosófico el arte es contemplado como una actividad humana que expresa el espíritu de la realidad misma a través de un material sensible, ya sea un lienzo, una catedral o una escultura; lo cual se produce a través de cuatro componentes sin los que no habría arte: «el artista», que es el creador; «la realidad», que es la objetividad que se expresa; «la conjunción», que es la creación artística y «el resultado», que es la obra de arte. El análisis más detallado de estos cuatro elementos es lo que pasaremos a estudiar en la parte central de nuestra investigación. De esta manera damos por terminada esta breve reflexión, que como se puede apreciar es ante todo una introducción que intenta servir de punto de lanzamiento y de apoyo al lector.


¿Es el arte una necesidad o un lujo? Esta cuestión es una de las interrogantes que más han sido destacadas en lo que respecta a las polémicas habituales acerca del arte. Verdaderamente ¿el arte se puede considerar una necesidad del ser humano o es simplemente un lujo con el que éste adorna su vida? De entrada hay que decir que parece claro que el arte es algo que pertenece a la esencia misma del hombre, ya que éste desde sus comienzos se ha visto «forzado» por su propia interioridad a representar o expresar algo, ya sea lo exterior que le rodea o ha rodeado o lo interior sentido en ciertos momentos concretos de la historia. Si por necesidad entendemos «algo» sin lo cual otro «algo» no sería posible; y por lujo entendemos «algo» que es superfluo y que sólo sirve para agradar más la realidad o la vida, queda claro que el arte es una necesidad del ser humano. ¿Qué sería el hombre sin el arte? Habría que plantearse seriamente esta cuestión y pensar si la humanidad sería la misma sin el arte. ¿Sería España la misma sin El Quijote?, ¿sería Italia, Italia sin Dante?, ¿qué sería de Inglaterra sin Shakespeare o de Grecia sin Homero? Esto es algo que habría que pensar muy seriamente; y no se trata de decir que hay que leer, ver u oír todas las obras que han hecho de la humanidad lo que hoy es, sino de comprender que la esencia, por ejemplo, de España y del español está planteada en esa grandísima obra de la literatura universal que es Don Quijote de la Mancha; que el siglo XVII se encuentra reflejado en Las Meninas o que el espíritu de la Europa de la época habita en Carlos V en la batalla de Mühlberg de Tiziano. ¿Acaso no es cierto que Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Velázquez, Goethe, Mozart, Beethoven... han sido los grandes creadores y los que mejor han sabido expresar la espiritualidad más propia de Europa?, ¿sería Europa lo que hoy es sin ellos? Es llevando hasta sus últimas consecuencias estas cuestiones como verdaderamente tomamos conciencia de la trascendentalidad e importancia del arte. El arte recoge el presente para el futuro y queda como pasado. Es obvio, pues, que el arte es una necesidad total y absoluta del ser humano. ¿Existe el arte desde que hay hombre?; o quizás sería mejor preguntarse: ¿existe el hombre desde que hay arte? Interroguémonos en serio sobre estas cuestiones.

El arte nos lleva a una dimensión de trascendencia que es necesaria para el ser humano y que no podemos alcanzar en esa modalidad de ninguna otra manera. Ya sea a través de la literatura en general, de la arquitectura, de la pintura, de la escultura o de la música el hombre desde que es hombre se ha visto forzado a crear artísticamente. Y algo que viene impuesto desde dentro como un mandato, tal y como diría Kant, es sin lugar a dudas una necesidad. Otra cosa es que el arte no tenga un sentido práctico tal y como nosotros, hombres del siglo XXI envueltos en un mundo casi plenamente tecnológico, entendemos ese concepto al igual que le sucede a otras actividades como por ejemplo la filosofía. Pero es eso precisamente lo que hace que estas creaciones del ser humano tengan más valor, porque eso quiere decir que existen porque valen por sí mismas, en ellas reside su valor y no necesitan de nada exterior a ellas o de una finalidad práctica que les otorgue un sentido. Para darle más consistencia intelectual a nuestras aportaciones acudiremos de nuevo a Hegel, el cual sostiene que «La obra de arte persigue un fin particular que es inmanente en ella.» El arte o, por ejemplo, la filosofía sí que son «algo» práctico, ya que sirven para conocer lo que es el hombre y lo que es y ha sido el mundo; lo que sucede es que para eso hay que elevarse a una categoría de comprensión a la que hoy día prácticamente nadie está dispuesto a remontarse. De ahí las famosas frases: «La filosofía, ¿y eso para qué sirve?». «¿Qué estudias, arte, y eso para qué?»; pero bueno, así están las cosas y adentrarnos ahora de lleno a desentrañar y esclarecer este problema sería pasarnos a otra cuestión distinta de la que nos ocupa en estos momentos. Por lo tanto, sólo nos queda a modo de conclusión señalar que el arte, como espero haya quedado claro después de lo dicho, es una necesidad ineludible del ser humano que pertenece a la esencia de éste y que le ayuda a comprender mejor la realidad.


Ahora pasaremos a analizar el primer punto nodal de este estudio: el artista. El artista es la subjetividad creadora que realiza la obra de arte. Intentar llegar a una comprensión profunda de este componente del arte supone el fijar la vista en muchos elementos decisivos que se dan en el artista y le conducen a la creación. El artista es esa subjetividad creadora que es capaz de crear (arte) desde sí mismo. Un primer elemento a destacar en el análisis del artista es «la inspiración», el cual es el estado en el que éste se encuentra cuando se siente empujado a crear. Hegel afirma al respecto: «La producción artística se convierte así en un estado al que se da el nombre de inspiración.» Por su parte Schopenhauer, que no se caracterizaba por ser un gran amigo de Hegel ni por compartir sus ideas, pensaba:

«La invención de la melodía, el descubrimiento de todos los más hondos secretos de la voluntad y de la sensibilidad humana, esto es obra del genio. La acción del genio...es una verdadera inspiración.»
De esta forma vemos que el auténtico artista es el genio, el cual cuando alcanza el estado de inspiración es capaz de expresar lo más esencial de las cosas.

«A partir de lo dicho podemos ahora entender lo que es el «Genio». No es otra cosa que lo que ya Platón denominó «demon», como la subjetividad ideal de todas las cosas que, más allá de su determinación y límite empírico, media entre ellas y su origen absoluto. (...) «El «genio» es esa característica absoluta de las cosas, lo que hay en ellas de definitivo y oculto, más allá de su forma empírica, porque está en el origen de todas ellas.»

Una vez aclarado qué es el genio y qué es la inspiración, pasamos ahora al fenómeno de «la necesidad interior», el cual se manifiesta a través de lo que Heidegger llamó en Sein und Zeit «la voz de la conciencia», que bien podría ser llamado por nosotros aquí «la voz de la creación». Todo artista siente a la hora de crear esa necesidad interior que le empuja a realizar la obra y le indica cómo ha de actuar. Oigamos al abanderado del movimiento pictórico abstracto, Vasili Kandinsky, el cual afirma lo siguiente: «La ineludible voluntad de expresión de lo objetivo es la fuerza que aquí llamamos necesidad interior y que hoy pide una forma general y mañana otra.» Con esta confesión de uno de los grandes artistas del siglo XX queda de manifiesto la presencia de esa necesidad interior en el genio a la hora de crear. Paul Valéry, por su parte, afirma:

«El artista vive en la intimidad de su arbitrariedad y en la espera de su necesidad.» (...) «... unas veces es una voluntad de expresión la que comienza la partida, una necesidad de traducir lo que se siente...»
Como ya se ha señalado antes esta «necesidad interior» se hace presente a través de una «misteriosa voz» que lleva a crear. Respecto a esta voz, Kandinsky apunta:

«El artista no trabaja para merecer elogios o admiración, o para evitar la censura y el odio, sino obedeciendo a la voz que le gobierna con autoridad, a la voz del maestro ante el cual debe inclinarse, y del cual es esclavo.»

Y no es sólo Kandinsky el que se refiere a esta experiencia primaria de todo artista, sino que esto es afirmado por muchos otros, como por ejemplo, el decisivo músico del siglo XX, Igor Strawinsky:
También el poeta y crítico de arte Paul Valéry, ya citado anteriormente, dice:

«...ese poeta que se limita a transmitir lo que recibe, a entregar a desconocidos lo que posee de lo desconocido, no tiene ninguna necesidad de comprender lo que escribe, dictado por una voz misteriosa.»

Para profundizar más en este fenómeno tan importante de la necesidad interior, tenemos que señalar que cuando creadores como Kandinsky realizan afirmaciones como las que serán citadas a continuación, se están refiriendo a un fenómeno ontológico que Martin Heidegger señaló y describió con gran exactitud en su obra cumbre

«Al hacer un cuadro el pintor «escucha» siempre una «voz» que le dice sencillamente: «!Exacto!» o «!Falso!» o «Los artistas conocen bien esta «voz misteriosa» que guía su pincel y «mide» el dibujo y el color.»

Heidegger afirma en la obra referida: «A la vocación no le es esencial la fonación», «la vocación alcanza al «ser ahí»«. Incluso Heidegger al igual que Kandinsky habla de «voz misteriosa». Aunque Martin Heidegger está apelando a la «voz de la conciencia» para un análisis muy distinto al nuestro, su análisis ontológico coincide en gran parte con lo que nosotros hemos denominado como la «voz misteriosa» que llama al artista a la creación. Tras este esbozo de la interioridad del artista en el que se ha hablado de la necesidad interior, de la voz misteriosa que empuja a crear o de la inspiración, pasamos ahora a señalar dos elementos que también influyen en el proceso de creación, aunque se den desde «fuera» de la subjetividad creadora. Uno de estos elementos decisivos es el de «la dimensión de trabajo». Indudablemente cuando hablamos del artista creador se está hablando de una subjetividad especial que es capaz de captar y expresar lo que el resto de las personas no son capaces ni tan siquiera de percibir —esto es debido también a la «intuición», otro elemento decisivo en nuestro tema—, pero esto no quiere decir que el artista sea una especie de figura privilegiada por un talento que le permita esperar a que llegue ese «gran momento» que le dicte al oído su obra; sino que detrás de todo proceso creativo hay muchas horas de trabajo que son las que hacen que el artista obtenga sus frutos. Así, sólo hay que recordar la frase de Pablo Picasso, uno sino el más grande de los genios artísticos del siglo XX, en la que decía: «Si la inspiración baja, que me coja trabajando».

«...si el tiempo de composición de un poema incluso muy corto puede consumir años, la acción del poema sobre el lector se realizará en unos minutos. En unos minuto recibirá ese lector el choque de hallazgos, comparaciones, vislumbres de expresión acumulados durante meses de investigación, de espera, de paciencia y de impaciencia.»

Para que la obra surja hace falta mucho trabajo, y que nadie piense que el artista es un ser privilegiado al que todo le viene dado. El artista además de poseer un talento innato es alguien que dedica su vida por completo a su obra, pudiendo incluso esto llevarle a la locura. Dentro de las cualidades y características propias del artista también hay que señalar que éste refleja de una forma o de otra, ya sea directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, el espíritu de su época y esto es algo que se produce porque el artista al igual que todo hombre se encuentra determinado por su contexto histórico. Nadie puede saltar por encima del periodo temporal que le ha tocado vivir. Es por ello por lo que el artista se tiene necesariamente que nutrir del «mundo exterior» para plasmar éste en sus obras. El mismo Kandinsky, al que ya se ha aludido antes, sostiene esta idea:

«Todo artista, como hijo de su época, ha de expresar lo que le es propio a esa época»; «Toda la naturaleza, la vida y todo lo que rodea al artista, y la vida de su alma, son la única fuente de cada arte.»

Hemos aludido, pues, a lo que según nosotros son los elementos más destacados de la dimensión subjetiva del arte (el artista): el «genio» (ser especial que capta la esencia del mundo); la «inspiración» (estado ideal que conduce al genio a crear); la «necesidad interior» (fenómeno que va unido a la «voz misteriosa») que impulsa a crear; la «dimensión de trabajo» y la influencia del «mundo exterior». Soy consciente que con esta breve tipología no hemos hecho, ni mucho menos, una descripción totalmente completa del creador artístico, pero espero haber realizado con ello una labor bastante detallada en la que se ha intentado de una manera o de otra aludir a los componentes más importantes que se dan en todo artista. La literatura estética sobre este tema es tan extensa que aunque quisiéramos no tendríamos tiempo dentro de los límites impuestos a este escrito de aludir a todas las piezas necesarias, debido también en parte a la complejidad del tema.


Ahora analizaremos el otro polo de la creación artística: la realidad, lo objetivo. Aquí aparecen problemas fundamentales como el de la belleza y la captación de la misma o el de si el arte, en cuanto captación de esa belleza o realidad, es algo objetivo o simplemente depende de lo que el artista quiera, es decir, de su voluntad libre y caprichosa. Nosotros de entrada rechazamos esa típica definición de arte como «aquella actividad humana que trata de reflejar belleza», ya que consideramos que quedarnos en esa concepción tan simplista del término supone inculcarle al mismo una reducción brutal. Ésa no es la esencia del arte, es uno de sus aspectos La expresión de belleza en una creación artística es algo «secundario» que puede ir añadido a la obra. El arte no trata principalmente de reflejar belleza, sino de reflejar la esencia de la realidad misma, el misterio, a través del artista de forma que sea reconocida como propia por todos los receptores. Así, por ejemplo, hay creaciones que sin ser bellas son auténticas obras de arte. Bien es verdad que en gran parte de las verdaderas obras artísticas las cosas son reflejadas de tal forma que aunque lo que se muestre en ello sea feo, normalmente nos produce una impresión bella. El enfoque ontológico tradicional en lo que a nuestro posicionamiento respecto de la realidad se refiere consiste en pensar que nosotros somos un sujeto frente a un mundo que está «ahí» fuera, algo heredado de la modernidad y la filosofía cartesiana principalmente; lo que sucede es que si verdaderamente nos paramos a pensar ese enfoque nos damos cuenta de que no somos sencillamente unos sujetos enfrentados a la realidad, sino que nosotros mismos ya somos parte de esa realidad, somos si se quiere, los ojos con los que la realidad se mira a sí misma; pero somos ante todo, y eso que quede claro, realidad. Ahora bien, ¿cómo afrontar este problema desde la reflexión sobre el arte?, ¿qué es la realidad para el artista?, ¿es esa realidad una objetividad que quede como tal plasmada en la obra de arte, o por el contrario queda en ella deformada? La realidad para el artista es «eso» en que él está y le sirve para llenarse como condición previa a la expresión que será plasmada en la obra.

«...el pintor abstracto no recibe su «impulso» de un trozo cualquiera de naturaleza, sino de la totalidad de la naturaleza, en sus aspectos más diversos, que llegan a sumarse en él para conducirlo a crear una obra.»

La realidad es la fuente de donde bebe el artista para poder posteriormente hacer su obra. La realidad es algo objetivo, es lo que está de por sí y no depende de una subjetividad para ser, y ahí es donde reside la «sustancia» de la que el artista se nutre para su creación. Pero ¿cómo acceder a ella? El artista accede a la «sustancia» de la realidad mediante la intuición y la refleja a través de la creación artística. Que la realidad es objetiva es evidente, lo que no parece tan claro es si el arte es o no objetivo, gran debate de la estética del siglo XX. Nosotros sostenemos que el arte es objetivo, prueba evidente de ello es que toda actividad realizada por un artista no tiene porqué responder al concepto de arte, problema fundamental de las vanguardias. Esta idea queda precisada con la distinción categorial entre «obras maestras» y «obras de arte», lo cual hace ver que ambos modos de creación pertenecen a categorías distintas. No tiene el mismo valor una «obra maestra» que una «obra de arte», ya que una «obra de arte» puede ser cualquier obra de un creador poético que se ajuste a los cánones de un determinado arte; mientras que una «obra maestra» es una obra artística de tales dimensiones que supera en demasía al conjunto de obras artísticas en general, debido a una serie de elementos constitutivos propios de la obra que sólo residen en ella y precisamente por ello dicha creación pasa a ser catalogada como «obra maestra», motivado por sus dimensiones de expresión y captación de lo real. Así, La Gioconda de Leonardo da Vinci o Los Girasoles de Van Gogh están consideradas como obras muy superiores a otras creaciones de dichos artistas.

«Se llama «obra maestra», estrictamente hablando a «todo lo perfecto dentro de su género.»» (...) «... las obras maestras son «los guardianes silenciosos del misterio del arte». No se puede decir nada; son pasmosas.»

La objetividad del arte reside en la presencia «real», en la proximidad con el ser, que se consiga en los resultados de las creaciones de los artistas; así, por ejemplo, El entierro del Conde de Orgaz del Greco es una «obra maestra» porque en ella se produce la manifestación del ser, o lo que es lo mismo, una expresión plena de realidad que expresa en perfecta armonía la conjunción entre un hombre y su mundo. Retomando el tema específico de este apartado podemos decir, pues, que la realidad para el sujeto creador artístico es «eso» que le rodea y que le sirve de fuente de conocimientos, experiencias, sentimientos... para luego a través de su talento innato poder producir arte. En cierto modo la realidad es para el artista aquello que le inspira y le sirve de manantial de experiencias para la creación. Es tanto «el camino» como la base o fuente de todo crear. Por lo tanto, la realidad es un aspecto decisivo para el artista, puesto que la esencia de la auténtica obra de arte reside en la capacidad de su creador para captar lo más íntimo de la realidad y expresarlo desde su interioridad en la obra. Así, por ejemplo, Goya expresa magníficamente en sus cuadros los desastres y sufrimientos de la guerra; Shakespeare expresa como nadie a través de la tragedia los sentimientos universales del ser humano, algo que hace también en su género Miguel Ángel con la escultura; o qué decir de los versos de Bécquer, en donde la experiencia del amor se siente de una manera tan primaria que llega a lo más profundo del ser, por no hablar de la pasión con que Beethoven manifestó su época en sus sinfonías. En definitiva, queda claro que toda gran obra de arte es un cúmulo de circunstancias en donde resaltan el alma del artista y el mundo que le rodea, el cual le hace sentir experiencias que le llevan a dicha obra. Otra cuestión es cómo sea después plasmado «eso» en la creación poiética. En las esculturas de los antiguos griegos hay una gran idealización del cuerpo humano, idealización que muestra por otro lado el poder de los dioses; en las catedrales góticas hay una exaltación vertical que marcha hacia el cielo para buscar la unión con Dios; en los cuadros de Velázquez se ve una realidad fielmente retratada, que si bien después es analizada se puede comprobar que no es tan «realista» como parece, ya que el impresionante pintor sevillano hace bello lo que «realmente» no lo es (cuadros de bufones, retratos, etc.)... así podríamos seguir enumerando artistas y obras que muestran que la realidad prácticamente nunca es reflejada tal cual. ¿Y esto a qué se debe? Pues la causa es que el artista siempre reproduce desde su libertad personal y creadora lo que la naturaleza hace por necesidad, llegando de esta forma a mejorar lo que se ha sacado de la misma naturaleza. «La naturaleza imita al arte», decía Oscar Wilde. Según lo dicho, podemos pensar que el arte existe debido a la fuerte impresión que lo real, lo objetivo, produce en el artista, ya que la tarea de éste no es otra que la de llevar a cabo una obra en la que se muestre a través de su perspectiva artística la intimidad más plena de las cosas. De esta manera el arte aparece como algo objetivo que se muestra de «una forma particular», tal y como decía la cita de Hegel empleada al principio del trabajo. La realidad es lo objetivo que el artista plasma «subjetivamente» y luego refleja «objetivamente» para el receptor. En el arte el «subjeto» se objetiviza y la objetividad se subjetiviza. De ahí que todo el mundo sienta la experiencia de la tristeza al escuchar el adagio de Albinoni o Barber; el dolor de la guerra al ver ciertos cuadros de Goya o la experiencia primigenia del amor al leer los versos de G Adolfo Bécquer.

¿Qué es poesía?—dices mientras clavas En mi pupila tu pupila azul—. ¿Qué es poesía?¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.

No se trata entonces de reflejar las cosas tal como son, sino de hacerlo de una manera que nos hagan sentir las experiencias primarias universales. Así, aunque la realidad no esté plasmada tal cual en El Guernica de Picasso, al contemplarlo todo el mundo siente el horror y la dureza de la guerra en esa construcción deformadora y a la vez real del mundo en un estado semejante. Como decíamos al principio, con Hegel, «El arte es una forma particular bajo la cual el espíritu se manifiesta», eso sí, desde una experiencia personal con la realidad que a través de la creación llega a la obra de arte en expresión universal. Por lo tanto, podemos decir a modo de resumen, que la realidad es el marco en donde se produce la existencia del hombre y en la cual el artista debe bañarse para acumular una serie de experiencias que le conduzcan posteriormente a la creación, consiguiendo con ello «personalizar» la realidad y «objetivar» el sujeto. La realidad es, pues, lo que le da al artista los materiales para crear y lo que a la postre se representa o expresa como resultado de toda una ejecución artística. Tan sólo hay que ver un cuadro, escuchar una obra musical, contemplar una escultura y leer un poema o una novela para alcanzar un grado de comprensión más alto de la realidad.

Alberto Garzón, el falso republicano, más dañino que Nicolás Maduro.

 



Hoy es ministro de consumo, lo que antes se llamaba ministro sin cartera, en este caso con cartera bien socorrida a base de dinero público. Su única misión que más adelante explicaré con detalle consiste en controlar el juego online, es curioso, él era el pinero de las manifestaciones contra este fraudulento juego.

Dice que el Rey maniobra para perjudicar a la izquierda. El Rey puede tener su ideología, pero nunca se le ha visto nada raro en su proceder. A mi entender ni es podemita ni comunista. En cambio, el si maniobró para colocar en el Ayuntamiento de Madrid a su hermano que, posteriormente, la misma Manuela Carmena tuvo que despedir ¿Cómo sería el bicho? Ahora se dedica a explicar macroeconomía aplicada al cuadrado de Rubik.

Quien le haya escuchado o hablado personalmente con Alberto, el ministro del juego online habrán observado que de cada 5 palabras que menciona, una de ellas es democracia. El año pasado cuando Maduro estuvo contra las cuerdas publicó este Tw. O sea, estaba haciendo un llamamiento a la intervención del ejército para “rematar” a las personas que aún pueden andar. 

Este individuo no ha hecho en la vida nada más que vivir a lo “príncipe Alberto” su familia eran terratenientes en Cenicero (La Rioja, Bodegas Marqués de Cáceres), pero su enfermedad mental le invitó a vender todo para “VIVIR A SU MANERA”. Zapatos de 1.000 euros, pantalones y camisas de 1.500….Su mujer, Anna Ruiz, comunista del lujo, utiliza lencería de Lise Charmel. Todo esto combinado con viajes a Nueva Zelanda, Tahití, Bali y Fiji conlleva a vender licencias de juego y otras añadiduras que pronto publicaré.

Es curioso que censure, día a día, al Caudillo de España, Francisco Franco. Siendo Consejero de Orden Público, Santiago Carrillo Solares fusiló a todos los presos que figuraban en las 23 “sacas”  de manera sumaria por milicias pertenecientes a las organizaciones obreras en Paracuellos del Jarama. Entre los presos figuraba su tío y estos 50 niños….

Relación nominal de los 50 niños asesinados en  Paracuellos por Carrillo.

 

Samuel Ruiz Navarro, 13 años.

Manuel Pedraza García, 15 años.

Francisco Rodríguez Álvarez, 15 años.

Francisco Martín Monterroso, 17 años.

Luis Romeu Cayuela, 17 años.

Luis Abía Melendra, 17 años.

Ramón Alcántara Alonso, 17 años.

Manuel Alonso Ruiz, 16 años.

Jaime Aranda de Lombera, 17 años; también asesinaron a su hermano Andrés, de 22 y su padre Salvador, de 50.

Carlos Arizcun Quereda, 17 años.

José A. Barreda Fernández Cerceda, 17 años.

Manuel Blanco Urbina, 17 años.

Vicente Caldón Gutiérrez, 17 años.

José María Casanova y González Mateo, 17 años.

Antonio Castillejos y Zard, 16 años.

Víctor Delgado Aranda, 17 años.

Vicente Galdón Jiménez, 17 años.

Manuel Garrido Jiménez, 17 años; también asesinaron a su hermano Enrique, de 21.

Aurelio González González, 17 años.

Rafael Gutiérrez López, 17 años.

Adolfo Hernández Vicente, 17 años.

Miguel Iturruran Laucirica, 17 años.

Ángel Marcos Puente, 17 años.

Emilio Morato Espliguero, 17 años.

Saturnino Martín Luga, 17 años.

Ramón Martín Mata, 17 años.

José María Miró Moya, 16 años.

Carlos Ortiz de Taranco Cerrada, 17 años.

Antonio Rodríguez de Ángel, 17 años.

José Luis Rodríguez de la Flor Torres, 17 años.

Epifanio Rodríguez García de la Rosa, 17 años.

José María Romanillos Hernando, 17 años.

Manuel Ruiz Gómez de Bonilla, 16 años.

Juan Carlos Sagastizabal Núñez, 17 años.

Alfonso Sánchez Rodríguez del Arco, 16 años.

Alfredo Santiago Lozano, 17 años y a su hermano Manuel, de 20.

Enrique Sicluna Rodríguez, 16 años.

Óscar Suárez Lorenzo, 17 años.

Guillermo Torres Muñoz de Barquín, 17 años.

Bernardino Trinidad Gil, 16 años.

Tarsilo de Ugarte Ruiz de Colunga, 17 años.

José Luis Vadillo y de Alcalde, 17 años; hermano Florencio, de 21.

Alejandro Villar Plasencia, 17 años.

Olegario Zorrella Muñoz, 17 años.

Alfredo Zugasti García de Paredes, 17 años.

Enrique Arregui Hidalgo, 17 años.

Rafael Arrizabalaga Español, 17 años.

Félix Berceruelo Martín, 17 años.

Jesús Calvo Quemada, 17 años.

José Luis Pérez Cremos, 16 años.

 

Ruego una oración por sus almas y por las de todos los asesinados.

Las desigualdades aumentan por el desarrollo sostenible.


Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia. 
Naciones Unidas (2.000) lanzó los célebres Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los que contaban la reducción drástica de la pobreza extrema y el hambre para 2021 y otras siete metas más. A un año de terminar el plazo, el balance de lo logrado arroja un serio avance en el primero de los objetivos, pero a la vez un aumento de las desigualdades. La pobreza extrema se ha reducido a la mitad, pero las desigualdades han aumentado y, con ellas, la pobreza relativa. La Posición Española para la Agenda Post2021 propone abordar estos dos retos y añadir otros 10 más, entre los que cuenta la sostenibilidad ambiental. Bien hecho, lo que tiene que ser sostenible es el medio ambiente.
Sin embargo, en el encuentro se adjudicó a menudo el adjetivo “sostenible” al desarrollo, sustituyendo la expresión “desarrollo humano”, que tanto ha costado de aclarar, por “desarrollo sostenible”. Esto es, a mi juicio, un retroceso.
Después de la II Guerra Mundial el desarrollo de los pueblos se medía en términos de PIB, y fueron pioneros como Lebret, Goulet, ul Haq o Sen quienes recordaron que el auténtico desarrollo es desarrollo humano, que los pueblos están desarrollados cuando las personas cuentan con las capacidades suficientes para llevar adelante los planes de vida que elijan, no cuando les sobran mercancías. Que la pobreza es falta de libertad. Recurrir ahora al desarrollo sostenible introduce un margen de ambigüedad.
Cuando se quiere recortar gastos en una partida cabe siempre la coartada de decir que tal como está resulta insostenible y que es necesario introducir reformas para asegurar su sostenibilidad. Así ocurre con la sanidad, las pensiones, los salarios, la educación o la economía, con la dependencia o la ayuda a los vulnerables. Los recortes se hacen entonces en nombre de las generaciones futuras, cuando lo bien cierto es que es preciso atender a las generaciones presentes sin olvidar a las futuras. Lo que ocurre es que el término “sostenible” es muy opaco.
Nacido a comienzos del siglo XVIII en el campo de la economía, recibió el espaldarazo social en las reflexiones sobre el expolio de la naturaleza. El Informe Brundtland gestó la idea de desarrollo sostenible y la Cumbre de Río de 1992 se ocupó del tema recordando que los recursos de la Tierra son escasos y es necesario usarlos racionalmente, manteniendo sus condiciones de reproducción y pensando en las generaciones futuras. Este uso de la palabra se introdujo en la Carta de la Tierra, asumida por la Unesco en 2003.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación
Es verdad que, además de la naturaleza, ya se incluían en la expresión la protección de los derechos humanos, la paz, la diversidad cultural, la justicia social y el fortalecimiento de la democracia. Pero el hecho de que la expresión se origine en la economía ecológica introduce siempre confusiones, porque no es lo mismo intentar que el uso de la naturaleza sea sostenible que construir una sociedad sostenible. En ese juego de la ambigüedad quienes desean manipular tienen las manos más libres.
Para que los recursos naturales sean sostenibles deben usarse por debajo del límite de su renovación. Si talamos un bosque, desaparece, pero si nos servimos de él por debajo de cierto límite, siempre hay madera disponible. Pero ¿qué sucede cuando se aplica esta medida a la protección de derechos humanos o a la democracia? ¿Cuál es el límite en la producción y distribución de recursos sanitarios, judiciales, educativos o de bienestar social, por debajo del cual es preciso situarse para hacer posible la renovación?
En los ochenta del siglo pasado se decía que el Estado debía propiciar a los ciudadanos un “mínimo razonable”, y que eso era lo justo. Pero la justicia parece estar perdiendo terreno frente a la sostenibilidad, que al parecer da más juego, pero es más confuso. Las personas no son bosques, no se puede hablar aquí de talar más o menos. Si se recorta tanto que se pone en peligro la vida digna de una parte de la generación presente, entramos en lo que se llamó en un tiempo “las elecciones crueles” entre las actuales generaciones y las por venir, que dejan las manos libres para actuar en la generación presente sin contar con criterios de justicia.
Ciertamente, una persona puede sacrificar algunas de sus aspiraciones para tener una vejez mejor, pero una sociedad no es una persona, sino un conjunto de personas, y son algunas de ellas las que deciden a quiénes se debe sacrificar. La elección es entonces cruel, pero no para quienes toman las decisiones, sino para los que sufren sus consecuencias.

Por eso en el caso de las sociedades es aconsejable sustituir el discurso de la sostenibilidad por el de la justicia, el del desarrollo sostenible por el del desarrollo humano y la sostenibilidad medioambiental. Y en vez de empeñarse en construir una economía o una sanidad sostenibles, en vez de hablar de pensiones o ayudas a la dependencia sostenibles, bregar para que sean justas.

Pedro Sánchez, a instancias de su "AMO" Pablo Iglesias vetó la presencia del Rey en el despacho de los nuevos jueces.

 

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo está terminando los autos para incriminar al Rey, entre otras cosas por prevaricación y respeto a la Constitución. La intención del Gobierno de reformar el Código Penal para rebajar las condenas por el delito de sedición y el anuncio formulado por el ministro de Justicia en sede parlamentaria de que se dispone a tramitar las peticiones de indulto presentadas en favor de los independentistas catalanes son muestras evidentes de hasta dónde parece dispuesto a llegar este Gobierno para asegurarse la permanencia en el poder.

 

Un vocal del Poder Judicial confirma que el Gobierno vetó el viaje del Rey a Barcelona

Calvo defiende la ausencia del Rey en el acto de Barcelona: "Hay decisiones muy bien tomadas"

Por mucho que intenten escudarse en una supuesta desproporción de las actuales penas y en la obligación jurídico-legal, que en efecto concierne al Ejecutivo, de estudiar objetivamente la motivación de cualquier petición formulada en Derecho antes de aprobar o rechazar una medida de gracia, la realidad es que ambas iniciativas, planteadas casi de modo simultáneo y en medio de una crisis de proporciones descomunales, lo que vienen a confirmar es la inasumible porción de decencia que Pedro Sánchez está dispuesto a sacrificar para sacar adelante unos Presupuestos que le permitan apurar al máximo la legislatura.

 

De un solo golpe Pedro Sánchez somete a una insoportable humillación a la Corona y a la Justicia, las dos bestias negras del golpismo secesionista"

 

Los “gestos” del Gobierno son la respuesta al chantaje de los partidos independentistas y a la presión que en favor de estos ejerce el “socio preferente”, Unidas Podemos, y no es casual que tengan lugar cuando arrancan las negociaciones para sacar adelante las cuentas del Estado. Sánchez ha cedido incluso en la puesta en escena de la extorsión. El mensaje de ERC, JxCat y Bildu es cristalino: si quieres nuestros votos los tienes que comprar, pero a la vista de todos. Ya lo dijo Mertxe Aizpurua (EH Bildu): “Aquí estamos, condicionando el Gobierno de España”. Una gran verdad que Carmen Calvo, en su reunión de ayer con Aizpurua, ha vuelto a ratificar.

 

Creíamos haberlo visto todo. Parecía que no era posible superar tanta acumulación de descrédito. Y entonces se nos anunció que el Rey no asistiría este viernes en Barcelona, como ha sido su inveterada costumbre, a la entrega anual de despachos a la nueva promoción de jueces. A estas horas todavía no existe una versión oficial que explique las razones de tal decisión. Desde el entorno del Gobierno se ha intentado vender el argumento de que son razones de seguridad las que han aconsejado la ausencia del monarca. Una broma. Pero ni una nota explicativa. Ni del Gobierno, ni del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), ni de la Casa Real.

 

Ha sido el vocal del CGPJ José María Macías quien en la Cadena SER ha aclarado lo ocurrido, que era lo sospechado: el Rey “no podía participar en el acto porque el Gobierno no lo autorizaba”. El último eslabón de esta infame cadena de desprecios a los españoles; el colofón de una indecorosa capitulación ante los enemigos de la legalidad; la más deshonrosa traición al Estado ejecutada con alevosa nocturnidad para contentar a quienes pretendieron unilateralmente dejar sin efecto la legalidad constitucional.

 

Con esta decisión se desanda el camino de recuperación de la autoestima que muchos catalanes iniciaron el 3 de octubre de 2018 con el discurso del Rey"

 

Impedir la asistencia de Felipe VI a un acto de indudable simbolismo en Cataluña, no solo es un hecho indigno, también es de una estupidez difícilmente superable y que sin duda tendrá muy serias consecuencias. Coartar hasta ese punto los márgenes de actuación del Rey, y hacerlo en un contexto en el que el jefe del Estado hace demostración pública de respeto a uno de los pilares básicos de ese mismo Estado, la Justicia, es lo más parecido a desandar el camino de recuperación de la autoestima que muchos catalanes, hasta ese momento silenciados por la bota del independentismo, iniciaron el 3 de octubre de 2018, cuando Felipe VI se dirigió a la nación para reafirmar su compromiso con la defensa de la Constitución.

España de mal en peor. Iglesias ordena a Sánchez que "quite" el cielo y este le contesta que "TAN ALTO NO LLEGA"




 

Pedro Sánchez fue el primero en decir que no dormiría por la noche si hubiese aceptado las imposiciones de Pablo Iglesias para poder formar Gobierno. Sánchez duerme a pata suelta, entre otras cosas, porque ya lo tenía pactado.  Al final se impuso la lógica del acuerdo no el sentido común de los españoles bien nacidos y el PSOE aceptó a Podemos en el Gobierno. Desde entonces el presidente es más bribón que antes de nacer. Su vicepresidente segundo cada día se descuelga con una nueva ocurrencia, y cuando no es él, es su mujer, Irene Montero: "la salida a la crisis económica debe ser la que dieron los Kirchner a Argentina". Hoy, se le ha ocurrido prohibir comer carne los lunes en los comedores escolares y la venta de bebidas azucaras a 300 metros de los colegios. O sea, la gordura tiene remedio; el odio y la joroba, no.

 

El problema no es tanto que sean muy radicales en su pensamiento, como su reducida experiencia de gestión y su escasa preparación para dirigir un país como España. Como se suele escuchar en ciertos despachos: "es la peor situación con el peor gobierno". En realidad, cuando se formó la coalición de izquierdas, hace tan solo unos meses, el objetivo era dar una salida política al conflicto catalán y repartir mejor la riqueza que se estaba creando.

El problema es que hay 7 millones que votan a la extrema izquierda y a la extrema derecha

 

En ningún caso tal alianza estaba pensada para hacer frente a la peor crisis sanitaria del último siglo y a la mayor recesión desde el crack del 29. Tal como están las cosas, el procés catalán ha pasado al último lugar de las grandes preocupaciones de los ciudadanos. En cuanto a repartir la riqueza… estamos en una situación en que tenemos que repartir la pobreza. Ahora sí que nos vamos a enterar de lo que es Austeridad con mayúsculas.

 

El sentido común indicaría que habría que hacer una crisis de Gobierno y configurar un ejecutivo sólido; con personas bien formadas; experimentados en la toma de decisiones; sensibilidad social y de centro izquierda. Pero tal escenario no es posible y como decía el ingenioso torero Rafael Guerra: "lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible".

 

Pedro Sánchez necesita a Pablo Iglesias para que le pacifique las calles y los sindicatos. Como me decía un alto cargo europeo "sin Podemos estaríamos viendo como se saltaban el confinamiento para asaltar supermercados". Esa es sin duda su gran aportación. En estos momentos no sería nada conveniente un cambio de Gobierno. Los antisistema existen y Podemos tiene más de 3 millones de votos. Lo mismo ocurre con VOX, un partido muy poco apto para gobernar, pero al que votan 3,6 millones.

 

El problema, por tanto, no es tanto tener unos malos líderes políticos o partidos sin escrúpulos. El verdadero problema es que hay casi 7 millones de españoles que respaldan en las urnas al nacional-populismo, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha. Esa es la auténtica pesadilla de esta época marcada por un profundo cambio histórico.

El rotundo fracaso de la Diada es el principio del fin del independentismo.


No hay Diada sin coreografía. La Diada sería como la verbena de La Paloma adaptada al segadors y canturreada por charnegos de los arrabales.   . El independentismo ha convertido la jornada en un ejercicio permanente de creatividad. Como si no bastara con manifestarse, sus impulsores han pretendido que cada festividad tuviera un mensaje encriptado. Bob Fosse dijo que la coreografía era escribir de pie, así que sus movimientos han buscado no solo captar la atención, sino también trasmitir un concepto. Este año, la Co­vid-19 ha sido el peor aliado, pero la ANC y Òmnium Cultural han intentado protagonizar un año más la jornada, a pesar de las limitaciones exigidas por el Departamento de Salud.

 

El resultado de la afluencia de amantes del día de Cataluña  ha sido un monumental fracaso, pero aun así han participado casi 30.000 personas de forma descentralizada por toda Catalunya, ante la cautela de los ciudadanos debida a una situación tan excepcional. El propio Torra ha tenido que tirar de paradoja para pedir a los ciudadanos que participaran, al tiempo que les invitaba a no hacer reuniones de más de diez personas. No hay nada como un político obnubilado para oírle decir una cosa y la contraria. Una de las ocurrencias de los organizadores ha sido rodear edificios representativos de la administración del Estado, como la Seguridad Social, Hacienda, los juzgados, las estaciones de Renfe... Centros que el día que se proclamó la DUI, el 27-O, estaba previsto ocupar aunque nunca se publicó en el Diario Oficial de la Generalitat ni la declaración, ni las disposiciones correspondientes, para hacerse cargo de las infraestructuras estatales, a pesar de que el funcionario de la publicación esperó durante toda la jornada la orden para introducir el lápiz de memoria. Todo muy incomprensible. Carles Puigdemont en el primero de sus libros memorialísticos recientes explica que su esposa, Marcela, se lo recriminó el mismo día en que abandonó Catalunya camino de Bélgica: “Pero cómo puede ser que organizarais un 1-O tan bien y que lo tuvierais todo preparado, y no tuvierais nada previsto para el día siguiente de la proclamación. Como podéis ir así por la vida”.

 

Mientras los partidos independentistas no se soportan y sus líderes se tiran sus manuales por la cabeza, el independentismo de sus seguidores se manifestó ayer entrañablemente. Hay cansancio porque les prometieron que estaban a un palmo de la gloria, pero estos veinte centímetros nunca fueron reales. Suerte de las coreografías que son capaces de convertir un sueño en un decorado, una jornada patriótica en una escenografía para la memoria.

El arrimamiento de Arrimadas a Pedro Sánchez es para asaltar la Comunidad con Aguado (Cs) de presidente.

 


Madrid es la referencia política de España. Tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento y en ambos gobierna el PP. Pedro Sánchez ha dado instrucciones a sus colaboradores para que asalten Madrid, empezando por el eslabón más frágil que en Moncloa se concreta en Isabel Díaz Ayuso. O sea, en breve presentarán una moción de censura contra Díaz Ayuso, donde el PSOE apoyará a Aguado (Cs) y por ende este suplirá a Isabel Díaz. Esas eran las ganas de arrimamiento de Arrimadas a Pedro Sánchez.

En Andalucía, Arrimadas ha intentado otro “asalto a la presidencia”, pero su partido le ha dicho que abandone la política. Es curioso, a Cs, le quedan en Andalucía menos de 200 afiliados de pago, incluidos aquellos que viven del partido.

El sanchismo ha encontrado en la gestión de la pandemia el supuesto talón de Aquiles para derribar a la presidenta de la Comunidad. Está lanzando una lluvia de piedras sobre el tejado de Díaz Ayuso, olvidando que el suyo es de frágil cristal. Todo el mundo sabe que, por razones ideológicas, Pedro Sánchez, contra todos los dictámenes sanitarios, autorizó las manifestaciones del 8-M lo que multiplicó el número de contagios y también de muertos. Pablo Casado se manifestó de forma implacable en el Congreso de los Diputados al denunciar los errores cometidos por Pedro Sánchez con repercusión directa sobre las muertes y también sobre el descalabro económico.

 

Isabel Díaz Ayuso tiene a su lado a un hombre especialmente capaz, Miguel Ángel Rodríguez, habituado a capear con éxito temporales como el que ha desencadenado Pedro Sánchez para fragilizar a la presidenta de la Comunidad madrileña.

 

Y el líder socialista no parará. Madrid es demasiado importante para la tentación cesarista que domina al presidente del Gobierno. Sus colaboradores y compinches están escarbando en los más diversos estercoleros para manchar a Díaz Ayuso y doblegarla. Pedro Sánchez no parece dispuesto a renunciar a Madrid. No quiere que concluya la legislatura sin haberse apoderado de la antigua Casa de Correos en el corazón de la Puerta del Sol. Sabe que cuenta con un ejército de medios de comunicación y lo está utilizando sin contemplaciones. Isabel Díaz Ayuso se mantiene alerta y en pie. Y ya veremos si Pedro Sánchez es capaz de derribarla o si, por el contrario, el faro madrileño terminará por cegar al presidente monclovita.

¿Dónde se ha escondido, Isabel Celáa, ministra de Educación?

Posiblemente la ministra con más caradura de la democracia


Lo que hay ahora mismo ante el comienzo inminente del curso escolar es caos y más que caos. Las comunidades autónomas en su inmensa mayoría y la comunidad educativa en general contemplan con pavor como se acerca el mes de septiembre sin que el ministerio de Educación haya dado todavía las instrucciones generales para que todos los alumnos de España accedan a sus respectivas escuelas y a la enseñanza educativa en condiciones iguales o más o menos homogéneas.

Estamos ante un problema de la máxima complejidad que habría requerido múltiples reuniones a distancia durante todo el mes de agosto para evaluar todos los innumerables riesgos, dificultades o efectos adversos de todas y cada una de las medidas que deberían haber sido ya sometidas a un estudio exhaustivo. Pero nada de eso se ha hecho.

No sería de extrañar que la señora Celáa intentara justificar tanta inhibición para afrontar de cara este descomunal peligro bajo la excusa de que la educación está transferida a las autonomías. Pero en ese caso habría que preguntarse para qué existe la cartera de Educación y para qué pagamos los españoles con nuestros impuestos los sueldos de la ministra y del resto de los funcionarios de ese ministerio.

Estábamos a 19 de agosto, es decir, ayer, y la única información de una cita con los responsables de Educación o con los presidentes de las comunidades autónomas para encauzar el peliagudo problema de la vuelta a clase de millones de escolares era que esa reunión se iba a convocar a finales de agosto o «a principios de septiembre».

Finalmente al término de la tarde de ayer mismo supimos que se había hecho la convocatoria de última hora para el día 27 de una conferencia sectorial con las comunidades para fijar las directrices aplicables a nivel nacional. Eso resulta una auténtica tomadura de pelo.

Si la gestión sanitaria del coronavirus ha resultado ser desastrosa en nuestro país, dentro de dos semanas asistiremos a la confirmación de que el caos también se ha adueñado de la enseñanza

A una semana justa del regreso a las aulas es evidente que ni hay tiempo para poner a punto la enorme cantidad de medidas imprescindibles para garantizar una mínima seguridad tanto a los alumnos como a los profesores ni tampoco puede que haya dinero para ponerlas a punto. Esto no es tan sencillo como el decidir todos juntos que se prohíbe fumar en la calle a menos de dos metros de distancia de otra persona. Esto es infinitamente más complicado y más dudoso en sus resultados.

Y lo digo porque el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha puesto como ejemplo a imitar la facilidad con la que los responsables de la sanidad de las comunidades se habían puesto de acuerdo en implantar esa medida y otra de mucho mayor alcance y muchísimo peores consecuencias económicas como es el cierre de los locales de ocio nocturno. Pero el ejemplo es de una insensatez inadmisible. Son dimensiones incomparables.

Solo unas cuantas preguntas a voleo y para empezar :

¿Cuántos niños podrán asistir a clase cada día en cada colegio?

¿Qué pasará con los que no quepan en el aula?

¿Se quedarán en sus casas?

¿Al cuidado de quién si sus padres trabajan y no tienen edad para estar solos?

¿Habrá bastantes profesores cuando comience el curso en septiembre para atender al mismo tiempo a los alumnos físicamente presentes y a los que se tengan que quedar en sus casas para recibir sus clases por ordenador?

¿Se ha contratado el suficiente número de docentes para reforzar esa necesidad? ¿Cuantos y en qué comunidades?

¿Se ha suministrado un número de ordenadores bastante a aquellos alumnos que quizá vayan a recibir sus clases desde su casa y no disponen de los elementos tecnológicos para ello?

¿Qué deberán hacer los colegios que no dispongan de espacios suficientes para repartir las mesas del alumnado? Porque son cientos, a veces miles, los escolares que acuden a determinados colegios y no hay gimnasio ni comedor con capacidad para absorber a tanto alumno y garantizar al mismo tiempo la distancia necesaria entre ese número de estudiantes.

Y una muy importante: ¿Dónde ha estado la ministra de Educación, Isabel Celáa, durante estos meses de julio y agosto? ¿Por qué no se han tratado estas y muchísimas otras cuestiones sin resolver cuando había tiempo para abordar todas las alternativas razonables y estudiar sus posibles efectos?

Porque en el mes de abril estaban cerradas las aulas de toda España. Cierto que se estaban dando las clases por internet. Pero tan cierto como eso es que a finales de junio el curso había terminado. Casi tres meses por lo tanto perdidos en la nada y una comunidad educativa rodeada ahora mismo de incógnitas y sumida, o más bien aplastada bajo la incertidumbre, las dudas, el desconcierto y la indignación.

Si la gestión sanitaria del coronavirus ha resultado ser desastrosa en nuestro país, dentro de dos semanas asistiremos a la confirmación de que el caos también se ha adueñado de la enseñanza. Lo que es muy evidente es que la convocatoria del próximo día 27 no tiene más objeto que el de cubrir el expediente ante la opinión pública porque a ocho días de empezar las clases no es posible abordar y dar solución a todos los problemas, a todas las propuestas y acordar además la implantación en toda España de las medidas suficientes para evitar que el comienzo del curso escolar acabe en un completo desorden.

Todos saben que ya es demasiado tarde para abordar con una mínima dosis de eficacia el descomunal problema que se nos viene encima dentro de 15 días.

También en lo relativo a la gestión de la enseñanza en tiempos de coronavirus el Gobierno habrá fracasado.

El PP aventaja en 12 puntos y subiendo al PSOE (gráfico y reparto este Sábado)


El PP aventaja en 12 puntos y subiendo al PSOE (gráfico y reparto este Sábado)

Entre la izquierda española hay una mezcla de sorpresa, miedo propio y resignación. Los españoles no quieren más peticiones de voto por parte del comunismo argentino, entre otras cosas, porque saben que votan contra ellos.  La caída es controlada, es decir, sin estruendo.

Muchos políticos  y clientelistas, si pudiesen se marcharían, pero les espera la cárcel. Recuerdo a Pedro Sánchez muy agitado pidiendo los papeles de Bárcenas, ¿Dónde está el dinero de los EREs de Andalucía? Por ejemplo. No así no se gobierna.

El socialismo en España ha tenido tres etapas bien definidas, ahora viene la cuarta. Primero la guerra civil española de donde Negrín y Hazaña se llevaron cerca de 600 toneladas de ore (el oro de Moscú). La segunda, Felipe González que con decir que el paro obrero llegó al 24% de sobra está justificada. La tercera, Zapatero, posiblemente, el político más malévolo del mundo civilizado y por último, el indigno, Pedro Sánchez, donde no hay datos porque todo es mentira.

Hay una referencia mundial que los españoles como el resto del mundo civilizado. Imaginaos dónde gobierna la izquierda: Cuba, Rusia, Corea del Norte, China y Venezuela; donde un trabajador no gana ni para comer y, precisamente, utilizan el nombre de Partido de los trabajadores.  

De todo esto, los españoles han tomado buena nota y España tendrá un presidente de Gobierno que se podrá, pero para corregir errores de la etapa socialista.