Pilar Rubio: “Yo también mentí sobre mi embarazo”

En las distancias cortas Pilar Rubio se ve mucho más delgada. “No, no estoy más delgada. Sigo pesando 58 o 59 kilos, que es lo que he pesado siempre, lo que pasa es que ahora tengo más músculo”, puntualiza la presentadora mientras saca bíceps. Dice que entrena una hora diaria y entre la tarea que le dan sus dos hijos, Sergio, de año y medio, y Marco, de cuatro meses, y sus retos de ‘El Hormiguero’ cuesta creer que saque tiempo para algo más. Pero lo hace. Aunque no quiere desvelar de qué se trata, Rubio lleva seis meses trabajando en un nuevo proyecto que verá la luz en unas semanas. Además, entre todo ello, también le queda tiempo para el amor, para su amor: Sergio Ramos, con quien mantiene una sólida relación desde hace cuatro años.
Pilar Rubio durante el acto (Gtres)
La pregunta es obligada en vista de los últimos acontecimientos. “¿No te habrás casado?”, le pregunta la prensa con picardía. “No, no”, se ríe. Pilar confiesa que ella no sabe si se casará porque es algo que no se ha planteado. “Eso decía Sara Carbonero y mira”, le recuerdan a Pilar los medios de comunicación. Se trata de los mismos periodistas que el pasado 22 de marzo tuvieron la oportunidad de entrevistar a la ya flamante esposa de Iker Casillas en un evento publicitario. Entonces le preguntaron por una boda y ella negó la mayor cuando en realidad hacía solo dos días que había dado el ‘sí, quiero’ en un juzgado de Boadilla del Monte. Sobre ese posible engaño Pilar sale al paso para defender a su amiga. “Yo también os dije que no estaba embarazada y a la semana dije que sí y yo ya lo sabía. Lo siento, de verdad, no podía y os tuve que mentir”, confiesa Pilar con naturalidad.
La colaboradora de ‘El Hormiguero’ no pone problemas con ninguna pregunta que tenga que ver con su vida privada, pero se muestra reacia a seguir hablando de sus amigos Iker y Sara. “No quiero hablar de la boda de Iker y Sara, de verdad”. Sin embargo, es complaciente con la prensa y termina afirmando que se ha puesto en contacto con los recién casados para felicitarles y dice que entiende de alguna forma por qué lo han hecho de una manera tan discreta: “Entiendo que tendrán sus motivos, pero yo me quedo en el hecho en sí, en la noticia. Se han casado y me parece la cosa más bonita del mundo y estoy muy feliz por ellos”.

“Mi casa es un caos”

Pilar Rubio y Sergio Ramos con su hijo (Gtres)


En la presentación de la nueva gama de pañales de Dodot Pilar Rubio ha demostrado que se desenvuelve como pez en el agua cambiando a sus retoños. “Cambiar un pañal es lo más fácil del mundo y no tiene ninguna complicación. Aunque es verdad que es mucho más fácil cambiárselo al bebé porque el de año y medio no para y me dan ganas de decirle: ahí te quedas”. Precisamente es el mayor de sus dos hijos el que trae de cabeza a la presentadora. Sergio Junior se ha convertido en un pequeño torbellino con el que Pilar se divierte haciendo coreografías de AC/DC, pero con el que  a veces también se desespera.“Creía que criar a dos niños era mucho más sencillo, pero no lo es. Cuando uno se pone a llorar lo hace el otro también y es una locura. Mi casa es un caos y hay veces que me desespero porque es agotador. Por ejemplo, para ducharme tengo que jugar con Sergio al escondite”, cuenta la novia de Sergio Ramos.
A pesar de todo Pilar es muy feliz con su familia y se muestra orgullosa hablando de ella. También del feliz papá, de quien dice que comparte con ella todo el cuidado que los niños necesitan. Precisamente, el futbolista cumplía este miércoles 30 años y fruto de sus apretadas agendas aún no han podido celebrarlo. “Ayer terminamos los dos de trabajar a las 10:30 y bueno, lo celebramos, pero de manera más relajada”.
Pregunta: ¿Qué le has regalado?
Respuesta: Varias cosas pero no las puedo decir. Yo compro los regalos y luego los personalizo, porque nosotros somos de hacer regalos que tengan una implicación sentimental.





De la pretendida desconexión al bono basura de Cataluña.

En la primavera de 2010, Standard & Poor's decidió castigar a Cataluña por su descontrol del déficit y degradó su nota desde el notable alto (AA-) al notable bajo (A+). Meses después, Artur Mas era elegido president y aterrizaba en la Generalitat con una vocación de tijeretazo ejemplar en la Europa de Merkel.
El austero Mas suprimió altos cargos de la Administración, quitó una paga extra a los funcionarios, emprendió la privatización de empresas públicas e incluso puso a la venta algunos de los activos más codiciados de su patrimonio.
Sanidad y Educación tampoco se salvaron de los recortes. Además de decretar el cierre de quirófanos y aumentar las horas lectivas de los profesores, la Generalitat llegó a implantar el polémico euro por receta que más tarde el Constitucional obligó a suprimir.
Hubo partidas que no sufrieron. Por ejemplo, el gasto público en elementos identitarios o en las oficinas comerciales con vocación de embajada que la Generalitat tenía repartidas por el mundo. Lo que sí sufrió fue la popularidad del flamante president.
Acorralado por su nefasta gestión de la crisis, Artur Mas decidió lanzar un órdago al Gobierno central para exigir una mejor financiación y adelantar las elecciones a 2012. Su estrategia política era clara: Madrid era el único responsable de los desfases presupuestarios de Cataluña. Una acusación que más tarde Junts Pel Sí convirtió en lema para presentarse a los comicios de septiembre de 2015.
En 2010, los catalanes favorables a la creación de un Estado independiente se movían entre el 20 y 25%, según el Centro de Estudios de Opinión. Pero el retorcido mensaje de Mas caló en la población. Hoy los partidarios superan el 38%.
El tropiezo que esta semana ha sufrido Oriol Junqueras, conseller de Economía en esta legislatura, con Standard & Poor's debería servir a los catalanes para reflexionar hacia dónde les está llevando el órdago independentista.
El Parlament puede amenazar a diario con incumplir las leyes. Pero la chulería no es gratuita. Los mercados internacionales sólo operan cómodos en territorios donde hay seguridad jurídica y la 'desconexión' no la garantiza.
Cataluña está ya hundida en el bono basura. Hace tiempo que sin el soporte del Estado español, a través del FLA, sería una región quebrada con una deuda de 73.000 millones de euros. Y si se amplía la foto de la independencia, al perder el soporte del BCE, el colapso del nuevo país sería total.

Comer un huevo frito es cultura; freirlo es de eruditos.


Vieja friendo huevos. Diego de Velázquez, 1618. Óleo sobre lienzo. 100 x 119. Galería Nacional de Escocia, Edimburgo.















Creo que una vez le leí a Enric Juliana que España, con el aire acondicionado y las redes sociales, se habría evitado la Guerra Civil. Tal vez sea cierto. El abrevadero de bilis en que se ha convertido Internet no tiene parangón en la historia de la comunicación social. Así que, por ese lado, nada que objetar. Que el personal opine en libertad, aunque estaría bien evitar las ofensas gratuitas.
El problema de fondo, por utilizar una expresión que comprenderán rápido los amantes de las esencias tabernarias, es que la miel no está hecha para la boca del asno. O, peor aún, que muchos siguen confundiendo la miel con una parrocha. Y eso solo tiene remedio educando el paladar.
No acabo de entender muy bien la oposición permanente que se hace de la cocina tradicional de la llamada vanguardista. Primero, porque la una no se entiende sin la otra: toda cocina innovadora se basa en las raíces. Y, en segundo lugar, porque la alimentación, como todo en la vida, se adapta a un instante, y no al revés. Hay momentos para zamparse un bocata de calamares o unos callos y hay otros en los que apetece sacudirse la caspa y probar sabores que nos expulsan del tedio o la cotidianidad.
La alta gastronomía es la mayor aportación de España al mundo desde la poesía y la pintura del Siglo de Oro. No admitirlo es andar con las luces cortas. No hablamos de genios mundiales o esporádicos, sino de una inyección en bloque sin precedentes en la tierra de los adobos y las fritangas. Y eso por no hablar de las consecuencias económicas que acarrea, ya sea por la expansión internacional de algunos cocineros -RuscalledaJosé AndrésRamón FreixaNacho Manzano- o por la inyección que tal presencia supone para los alimentos made in Spain.   
Josep Pla defendió en Lo que hemos comido (recuperado por Destino) una pitanza "sencilla, limpia y clara, buena pero saludable". Pero también clamó por mejorar el tratamiento de la misma en aquellas fonduchas con olor a brasero y a guiso de pochas.
Apreciar la cocina elaborada, además de un signo de civilización, es una demostración empírica del desarrollo de una sociedad. En España la costumbre siempre fue la vieja friendo huevos, y así lo reflejó la inspiración velazqueña. Pero han pasado cinco siglos y la piel de toro ha dejado ser el territorio de las ventas derrengadas que Azorín pintó después del desastre del 98. Y eso es una extraordinaria noticia en un país acostumbrado a perder los trenes de la Historia.
Entiéndanme: a mí me gusta un cocido o un lechazo más que a un tonto un caramelo. Me gustan los pueblos y su autenticidad. Me gusta la sencillez de los mesones de la España que excede la alcurnia del barrio de Salamanca o del Eixample. Pero para degustar unos huevos estrellados de Lucio o unos sesos rebozados en Ananías no parece necesario prescindir de los platos deconstruidos del extinto El Bulli  o de la reformulación de la cocina castellana en La Botica de Matapozuelos.
Luego está el asunto monetario. Y sí, claro. Los restaurantes de postín son caros. Nada nuevo bajo el sol. ¿O acaso todos los madrileños en los albores del siglo XX podían ir a comer a Botín o a Lhardy?
Pero la cuestión no es tanto el precio como el tributo cultural que significa la extensión de esta clase de figones. Tampoco la pintura fue siempre objeto de masas, y nadie desprecia ahora a Goya o a Turner. Tampoco el vulgo disfrutó antaño de los palacios reales y ahora cualquier hijo de vecino puede apreciar su excelencia artística. Tampoco los franceses del siglo XVII gozaron de Versalles y ahora se ha convertido en pasto de las hordas de turistas