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Miguel Ángel Berzal, consejero de Cs: “Somos un timo político sin ideología ni transparencia”

JP Logística
Rivera y Villacís, sin contar con nadie colocaron al primo de Malú como alcaldable en Pozuelo.



Villacís hará lo que ordene la secta catalana. En definitiva ella sabe que VOX y Cs se crearon para restar votos al PP, o sea, dividir la derecha ¿Dónde está el centro? 

Miguel Ángel Berzal, candidato de Ciudadanos en Pozuelo de Alarcón y hasta hoy miembro del Consejo General del partido naranja, ha dejado su puesto en el órgano directivo del partido de Rivera y ha arremetido en una carta contra el rumbo que ha tomado la formación. “Ciudadanos anunció un movimiento, una suerte de viaje democrático, un proyecto para las personas, sin embargo, se utilizó la democracia para construir una granja de líderes, aupados al estrado por su oportunismo y en muchos casos por su mediocridad”, dice en una misiva publicada por “El Correo de Pozuelo”. “Ciudadanos es un timo político”, espeta.


En la carta, Berzal critica con dureza la falta de democracia interna en Cs y lamenta cómo han cambiado las cosas desde los inicios del partido. Él mismo fue el impulsor de la marca en el municipio madrileño donde el pasado 26-M se hizo con cinco escaños, la segunda fuerza más votada por detrás del PP, que consiguió la mayoría absoluta. “Hoy en día no queda nada de aquellos momentos, no se hacen primarias en las agrupaciones municipales, los candidatos son impuestos por el aparato del partido y con las recomendaciones de los comisarios políticos donde se han realizado primarias, en las autonómicas, surge la duda sobre la trasparencia, denunciada el pasado 24 de mayo ante la Fiscalía Anticorrupción”, denuncia, y además añade que “se controlan las opiniones críticas, espiando de forma deliberada los grupos de mensajería”.

Asimismo, se define como “uno más de los engañados”. Su voluntad por cambiar las cosas en el seno del partido naranja llegó al punto de animarle a hacer una ponencia en el Consejo General para cambiar el sistema de votación: “Ya advertí que el sistema de elecciones primarias no reunía las mínimas garantías para los afiliados y solo por este hecho los resultados podrían ser manipulables. El tiempo demostró que los fallos en el sistema de primarias eran la excusa para colocar a personas a dedo en puestos que no se habían ganado por mérito y talento”.

Esta polémica se une a una larga lista de problemas que acumula Albert Rivera en los últimos meses. A su lucha abierta con Manuel Valls se suman las voces críticas que incluso empiezan a cuestionar ya el funcionamiento de su Ejecutiva Nacional, el mismo órgano que aprobó hace poco más de una semana la hoja de ruta para negociar pactos de gobierno en comunidades y ayuntamientos. Ese documento, que vetaba las conversaciones con Vox para sacar adelante los ejecutivos, está más en entredicho según avanzan las horas y se van conociendo detalles de lo que está sucediendo en los despachos de la Asamblea de Madrid y del Palacio de Cibeles.

Pedro Sánchez ha sido vilmente derrotado. Los españoles “personas” despiertan de su pesadilla.




Fue tanta la superioridad, en los debates a cuatro,  de Casado y Rivera a Pedro Sánchez, el cabecilla que dice representar con mayúsculas la sinrazón de la izquierda antinatura, formada por terroristas, independentistas y gente de mal vivir que  La superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda resultó nada creíble e indecente.

Al final, el vencedor político del debate ha sido Pablo Iglesias, todo un ejemplo de moderación –creo que obligada- Pero este podemita es un tipo inteligente y ante la más que evidente caída del grupo de izquierda trato de inspirar confianza a “otro ridículo más” de su jefe más inmediato. Todo esto le sirvió para arañar bastantes votos al PSOE y dejar sentado que, en lo sucesivo” habrá un mando compartido. Cada voto que recupere Podemos, el PSOE pierde tres. El mismo caso tiene el PP con VOX, solo que en este caso pueden ser cuatro. No hay que olvidar que VOX es un partido financiado por el PSOE con el único fin de restar votos al PP.


Fue tanta la superioridad, en los debates a cuatro,  de Casado y Rivera a Pedro Sánchez, el cabecilla que dice representar con mayúsculas la sinrazón de la izquierda antinatura, formada por terroristas, independentistas y gente de mal vivir que  La superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda resultó nada creíble e indecente.

Al final, el vencedor político del debate ha sido Pablo Iglesias, todo un ejemplo de moderación –creo que obligada- Pero este podemita es un tipo inteligente y ante la más que evidente caída del grupo de izquierda trato de inspirar confianza a “otro ridículo más” de su jefe más inmediato. Todo esto le sirvió para arañar bastantes votos al PSOE y dejar sentado que, en lo sucesivo” habrá un mando compartido. Cada voto que recupere Podemos, el PSOE pierde tres. El mismo caso tiene el PP con VOX, solo que en este caso pueden ser cuatro. No hay que olvidar que VOX es un partido financiado por el PSOE con el único fin de restar votos al PP.

El efecto de la ley D’Hondt convierte en oro cada escaño que se consigue en ciertas provincias. Según ésta, la provincia de Soria es la que más cara se cotiza. Para lograr un solo escaño, hay que conseguir el 50% de los votos. Lo que prácticamente hace imposible que partidos pequeños logren representación. Y es que sólo se reparten dos diputados.

Le siguen las provincias de Huesca, Teruel, Cuenca, Guadalajara, Ávila, Palencia, Segovia y Zamora. En todas ellas, es´tan en juego sólo tres escaños. Los partidos tienen que lograr un mínimo del 33% de los votos para alcanzar un diputado.

En Ceuta y Melilla, con un escaño solo, se necesitan el 30% de las papeletas.

El 25% es el mínimo en otras 10 provincias españolas: Albacete, Burgos, León, Salamanca, Lérida, Cáceres, Lugo, Orense, Álava y La Rioja. En todas ellas, son cuatro los escaños que se disputan los partidos.

Por último, en otras siete provincias, se necesita llegar al 20% de los votos. Son las de Huelva, Jaén, Cantabria, Ciudad Real, Valladolid, Navarra y Castellón. Cada una aporta cinco escaños al Congreso.

En total, 103 diputados en juego. Un número que asciende a 145 si se suman los escaños de aquellas provincias que aportan seis representantes a la Cámara. Son las localidades de Almería, Córdoba, Toledo, Gerona, Tarragona, Badajoz y Guipúzcoa. En ellas, se necesita llegar al 17% de los votos para lograr escaño.

La moderadora, Ana Pastor dejó mucho que desear, como buena vividora del socialismo y sus partes. Dejó por dos veces sin replica a Casado porque le venía un golpe de KO. Ya se planteó el cambio de preguntador y cronometradora. Las preguntas estaban hechas por socialistas acogidos en plan de refugiados por la sexta y el crono por catalanistas sin revisión de mortandad política. El tiempo corre en contra del candidato que repite reiteradamente puntualizaciones “ya hechas” o que sobrepasen los tres segundos.
UNA OPINIÓN:                                                                 
La «segunda vuelta» del debate televisado entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno ofreció anoche un formato menos encorsetado, más tenso y bronco, y mantuvo un perfil más emocional en busca del voto indeciso, aún calculado en más del 35 por ciento del electorado. Sin embargo, volvió a ofrecer la imagen de un Pedro Sánchez descolocado y ajeno a lo que se juega; una pugna claramente marcada, incluso agresiva, entre Pablo Casado y Albert Rivera en busca del voto incierto de la derecha; y un cambio en la actitud de Pablo Iglesias, que trufó momentos de condescendencia humillada hacia Pedro Sánchez con críticas al PSOE para evitar la debacle electoral de Podemos. Es indudable que Pablo Casado corrigió la moderación que mantuvo en el debate de anteanoche para ofrecer una imagen más combativa y pragmática frente a Sánchez, al que no ofreció tregua, especialmente en la discusión sobre el futuro económico de España. Y también lo es que el candidato del PP quiso impedir el control del debate a un Rivera sobreactuado por momentos, de modo que las constantes interrupciones del presidente de Ciudadanos a todos los candidatos resultaron impostadas e innecesarias. Sin embargo, la superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda en materia de pensiones, feminismo, violencia de género, inmigración, mercado laboral y, sobre todo, de una idea de España, resultó muy poco creíble.

La conclusión de los dos debates celebrados en televisión es que España entrará en una etapa de oscuridad política, inseguridad jurídica e inestabilidad económica si Pedro Sánchez vuelve a gobernar con el apoyo de Podemos y de los partidos separatistas y nacionalistas. Sánchez no ofreció anoche un programa de gobierno, sino una retahíla de negativas e imputaciones contra los partidos del centro-derecha acusándoles de mentir, pero sin aclarar en qué mienten. Sánchez volvió a demostrar por qué no quería debatir con la oposición y por qué necesita la coartada del ausente Vox para construir un discurso mínimamente creíble vinculando al PP y a Ciudadanos con la ultraderecha. Pero su intento fue en vano. A duras penas, Sánchez se limitó a leer datos precocinados sobre educación, inmigración, pensiones o mercado laboral para combatir la acusación de que adolece de un proyecto útil para España. Sin embargo, salió beneficiado de la constante discusión a la que erróneamente se sometieron Casado y Rivera en momentos determinantes del debate, porque ponían de manifiesto la fractura de la derecha y su desesperada necesidad de conquistar votos indecisos.

Por morboso que pueda resultar, simplificar la conclusión de los debates en busca de un ganador y de un perdedor resulta artificial a estas alturas de campaña, por más relevante que fuera la imagen que transmitieron los candidatos. No obstante, si Rivera ganó el primero de los debates, ayer Casado se antepuso a los demás con intervenciones muy solventes y contundentes. Y más allá de las percepciones subjetivas que puedan producirse y de los análisis que se realicen previos a las urnas, lo relevante es la evidencia de que la izquierda tiene un proyecto destructivo para la unidad de España tal y como fue concebida en la Constitución de 1978. De hecho, tanto el PSOE como Podemos defendieron un proyecto «plurinacional» que oculta la voluntad de romper la soberanía nacional, mientras el PP y Ciudadanos reafirmaron una idea de España basada en la convivencia y la lealtad a la Carta Magna.


Por lo demás, el debate estuvo viciado por una moderación periodística desigual que por momentos pareció salir al rescate de Sánchez cada vez que se encontraba en apuros, que fue a menudo. La orientación de muchas de las preguntas que se formulaban tenía un sesgo ideológico para favorecer a Sánchez que resultó sospechoso. Aun así, tanto Casado como Rivera supieron contrarrestar con eficacia los excesos de un debate que prometió ser modélico, pero que a la larga mantuvo un tono tendencioso y poco imparcial. Sánchez volvió a demostrar por qué España no merece que vuelva a repetir como presidente del Gobierno, y menos aún si es con Pablo Iglesias en su gabinete, tal y como el líder de Podemos volvió a mendigar ayer en público y sin rubor alguno. Es mucho lo que se juega España el próximo domingo. Tanto, como impedir que esta izquierda sectaria y sin más principios ni valores que el odio a la derecha llegue a sumar más escaños para una investidura de Sánchez.


Cabe recordar que la formación de Abascal arrebató la alcalcía a su protectora, Esperanza Aguirre por la mitad de los 9.000 votos que obtuvo en Madrid y ellos lo sabían, por que Esperanza le pidió que retirara la candidatura al Ayuntamiento de Madrid y a la Comunidad Murciana que, tampoco sacó mayoría por 492 votos. Por cierto, estando yo presente, Abascal festejó ambos resultados 

La moderadora, Ana Pastor dejó mucho que desear, como buena vividora del socialismo y sus partes. Dejó por dos veces sin replica a Casado porque le venía un golpe de KO. Ya se planteó el cambio de preguntador y cronometradora. Las preguntas estaban hechas por socialistas acogidos en plan de refugiados por la sexta y el crono por catalanistas sin revisión de mortandad política. El tiempo corre en contra del candidato que repite reiteradamente puntualizaciones “ya hechas” o que sobrepasen los tres segundos.

UNA OPINIÓN: 
                                                                
La «segunda vuelta» del debate televisado entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno ofreció anoche un formato menos encorsetado, más tenso y bronco, y mantuvo un perfil más emocional en busca del voto indeciso, aún calculado en más del 35 por ciento del electorado. Sin embargo, volvió a ofrecer la imagen de un Pedro Sánchez descolocado y ajeno a lo que se juega; una pugna claramente marcada, incluso agresiva, entre Pablo Casado y Albert Rivera en busca del voto incierto de la derecha; y un cambio en la actitud de Pablo Iglesias, que trufó momentos de condescendencia humillada hacia Pedro Sánchez con críticas al PSOE para evitar la debacle electoral de Podemos. Es indudable que Pablo Casado corrigió la moderación que mantuvo en el debate de anteanoche para ofrecer una imagen más combativa y pragmática frente a Sánchez, al que no ofreció tregua, especialmente en la discusión sobre el futuro económico de España. Y también lo es que el candidato del PP quiso impedir el control del debate a un Rivera sobreactuado por momentos, de modo que las constantes interrupciones del presidente de Ciudadanos a todos los candidatos resultaron impostadas e innecesarias. Sin embargo, la superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda en materia de pensiones, feminismo, violencia de género, inmigración, mercado laboral y, sobre todo, de una idea de España, resultó muy poco creíble.

La conclusión de los dos debates celebrados en televisión es que España entrará en una etapa de oscuridad política, inseguridad jurídica e inestabilidad económica si Pedro Sánchez vuelve a gobernar con el apoyo de Podemos y de los partidos separatistas y nacionalistas. Sánchez no ofreció anoche un programa de gobierno, sino una retahíla de negativas e imputaciones contra los partidos del centro-derecha acusándoles de mentir, pero sin aclarar en qué mienten. Sánchez volvió a demostrar por qué no quería debatir con la oposición y por qué necesita la coartada del ausente Vox para construir un discurso mínimamente creíble vinculando al PP y a Ciudadanos con la ultraderecha. Pero su intento fue en vano. A duras penas, Sánchez se limitó a leer datos precocinados sobre educación, inmigración, pensiones o mercado laboral para combatir la acusación de que adolece de un proyecto útil para España. Sin embargo, salió beneficiado de la constante discusión a la que erróneamente se sometieron Casado y Rivera en momentos determinantes del debate, porque ponían de manifiesto la fractura de la derecha y su desesperada necesidad de conquistar votos indecisos.

Por morboso que pueda resultar, simplificar la conclusión de los debates en busca de un ganador y de un perdedor resulta artificial a estas alturas de campaña, por más relevante que fuera la imagen que transmitieron los candidatos. No obstante, si Rivera ganó el primero de los debates, ayer Casado se antepuso a los demás con intervenciones muy solventes y contundentes. Y más allá de las percepciones subjetivas que puedan producirse y de los análisis que se realicen previos a las urnas, lo relevante es la evidencia de que la izquierda tiene un proyecto destructivo para la unidad de España tal y como fue concebida en la Constitución de 1978. De hecho, tanto el PSOE como Podemos defendieron un proyecto «plurinacional» que oculta la voluntad de romper la soberanía nacional, mientras el PP y Ciudadanos reafirmaron una idea de España basada en la convivencia y la lealtad a la Carta Magna.


Por lo demás, el debate estuvo viciado por una moderación periodística desigual que por momentos pareció salir al rescate de Sánchez cada vez que se encontraba en apuros, que fue a menudo. La orientación de muchas de las preguntas que se formulaban tenía un sesgo ideológico para favorecer a Sánchez que resultó sospechoso. Aun así, tanto Casado como Rivera supieron contrarrestar con eficacia los excesos de un debate que prometió ser modélico, pero que a la larga mantuvo un tono tendencioso y poco imparcial. Sánchez volvió a demostrar por qué España no merece que vuelva a repetir como presidente del Gobierno, y menos aún si es con Pablo Iglesias en su gabinete, tal y como el líder de Podemos volvió a mendigar ayer en público y sin rubor alguno. Es mucho lo que se juega España el próximo domingo. Tanto, como impedir que esta izquierda sectaria y sin más principios ni valores que el odio a la derecha llegue a sumar más escaños para una investidura de Sánchez.

Pablo Iglesias y Albert Rivera dicen que no pactarán con Sánchez. Pablo Iglesias y Rivera hará lo que diga su “dueño”, el okupa de La Moncloa


JP Logística

Pero repasemos sin olvidar y mañana lo veremos, la única base electoral del PSOE es ir de víctima, como así, en su día  lo hizo Zapatero. Cuando, también el líder de Ciudadanos prometió con solemnidad que jamás volvería a pactar con Sánchez. En ese instante, el equipo de campaña del presidente del Gobierno se frotó las manos al contemplar ante sí todo el espacio de centro listo para ser ocupado. Y en eso está Sánchez. En eso y en evitar cualquier pifia –por ejemplo, en un debate televisivo– que dé al traste con una estrategia milimétricamente trazada.

Una vez rescatado el voto que se le fugó a Podemos, se trataba de recuperar apoyos por el otro lado. Y para ello, tanto Sánchez como María Jesús Montero, su enviada todoterreno a esos debates en los que siempre se puede meter la pata, restan carga ideológica al discurso con el fin de atraer, no ya al votante entusiasta, sino al que deposita su papeleta como un mal menor. Captar el voto radical y el moderado al mismo tiempo es el gran reto. Es también el empeño de ERC en Catalunya, aunque a Gabriel Rufián le cueste embutirse en el traje de político prudente y comedido. ¿Y el resto de partidos?

A estas alturas de la campaña, los demás se definen en función de un posible gobierno de Sánchez. El PP y Ciudadanos piden el voto para impedir que el socialista se alíe con el secesionismo y haga pedazos España; Podemos reclama apoyo para que Sánchez no se asocie con la derecha de Rivera, y los independentistas lo hacen para que en la Moncloa no se olviden de que tienen un problema en Catalunya. ¿Y Sánchez? ¿Cuál es el gobierno que persigue el líder del PSOE?

Obviando la meta casi imposible de una mayoría absoluta, el objetivo de Sánchez es conseguir un resultado que le permita gobernar en solitario con el apoyo de Podemos, el PNV, Compromis y los catalanistas. Ese es el escenario que en la Moncloa consideran factible y más cómodo. ¿Por qué no el del pacto con Ciudadanos?

Un acuerdo del PSOE con Rivera no es descartable si de las elecciones del 26M –municipales y autonómicas en 12 comunidades– resulta un escenario en el que ambos partidos se jueguen gobiernos clave. Pero Sánchez es muy consciente de lo que le ha costado taponar la fuga de votos hacia la formación de Pablo Iglesias, un empeño al que se aplicó desde el primer día que tomó posesión como presidente con el anuncio de un gobierno feminista hasta el último de los “viernes sociales”. Y un pacto con Cs volvería a poner en riesgo el flanco izquierdo del PSOE, seguramente el más frágil, el que se desmoviliza con mayor rapidez ante cualquier desencanto. Dejaría despejada a Iglesias la autopista de la izquierda. Es probable que el líder de Podemos reclame entrar en el Gobierno, algo que no está ahora mismo en los planes de Sánchez. ¿Y el independentismo?

La campaña de ERC y JxCat consiste en combatir el voto útil hacia los socialistas como freno de la derecha. Para ello, Oriol Junqueras redactó una carta en la que abría el camino a votar una eventual investidura de Sánchez sin condicionarlo a la negociación de un referéndum de autodeterminación. Al difuminar la principal línea roja, el independentismo transmite el mensaje de que el gobierno de izquierdas está garantizado si de ellos depende, pero que conviene que lo sea condicionado para que aborde el conflicto catalán. Por eso, los republicanos consideran esencial ganar estas elecciones generales en Catalunya. Ahora mismo las encuestas arrojan un resultado igualado entre el PSC y ERC.

La intención de Sánchez es continuar con la política de diálogo y desinflamación con la Generalitat, aunque sin discutir un referéndum. Su objetivo es rebajar el malestar de la sociedad catalana con el Ejecutivo central para contribuir a cambiar el panorama político en el Parlament. Tanto en la Moncloa como en ERC y JxCat son conscientes de que tendrán por delante dos hitos: la gestión política de una posible condena penal de los políticos independentistas procesados y el resultado de unas elecciones catalanas que probablemente sufran un adelanto a los próximos meses. Queda mucho camino por delante.

Ciudadanos es nocivo para la salud. Un pedo de vaca. Si los candidatos abandonan, los votantes....




A todos nos sorprendían esas quejas de candidatos de Cs -en las primarias- y, la verdad, nadie les tomaba en cuenta. Siempre venía una mujer, tipo azafata, y ganaba las primarias. Hasta que el Domingo pasado en Castilla y León se despejaron todas las dudas. Un artilugio "made in Cs" votaba fuera de control. Se  espera que en unas horas, Albert Rivera dimita, aunque le está apoyando Pedro Sánchez en estos sucios momentos.

A un mes de que arranque la campaña electoral, el marco en el que se desarrollará la contienda está claro. La llamada al voto útil y la apelación al voto del miedo, en realidad un único y mismo argumento, serán los ejes del PSOE y el PP, los dos partidos que encabezan los bloques de izquierda y derecha, mientras que el resto de formaciones tendrán que esforzarse en desbaratar esa tesis. La insistencia en advertir al votante de que apoyando a una determinada fuerza puede acabar favoreciendo por efecto de la ley electoral a otra contraria a su credo político es constante en todas las campañas. 

Pero con cinco fuerzas en liza con aspiraciones de tener grupos potentes en el Congreso, esa estrategia se multiplica. Hasta ahora, el PP insistía en que votar a Vox es votar a Pedro Sánchez, dando por hecho que el voto a los de Santiago Abascal será inútil en muchas circunscripciones, lo que favorece que el PSOE pudiera hacerse con el último escaño en juego. Esa tesis, sin embargo, partía de la base de que Vox será el quinto en discordia. Pero, como demostró primero la encuesta de Sondaxe y confirman ahora otros sondeos, Vox se está disparando y podría muy bien ser el tercero, por encima de Ciudadanos, cuya errática estrategia, habitual en todas las campañas, le sitúa en un claro declive y camino de ser superado por Vox. En cuanto ese marco se consolide mentalmente en el votante de derechas, la fuga de votos de Ciudadanos a Vox y al PP será mucho mayor. Algo que se multiplica por la falta de credibilidad de Rivera en su promesa de que no pactará con el PSOE. Pero es que, ni aunque Ciudadanos faltara a su palabra y se aliara con Sánchez, sumarían una mayoría. Todos esos efectos sumados pueden llevar a un derrumbe histórico del partido naranja, convertido en un juguete roto y víctima de sus garrafales errores, incluidos los fichajes no de talento, como dice, sino de restos de desecho del PSOE y el PP, algunos de los cuales, como la castellano leonesa Silvia Clemente, han acabado en un escandaloso fiasco.

Una vez que Rivera se ha atado a la derecha jurando que no pactará con Sánchez, la llamada al voto del miedo del PSOE será la de no apoyar a Podemos y sus confluencias, porque dividir el voto de izquierda facilitaría un Gobierno conservador más condicionado por la extrema derecha que por los naranjas. Votar a Podemos y no al PSOE puede favorecer a Vox, se dirá. Y si esa idea cala -y cala cada vez más- el derrumbe de Podemos será también demoledor. El previsible colapso de Ciudadanos y de Podemos juega a favor de Sánchez. Pero falta otro componente del análisis poselectoral que se olvida interesadamente. Ningún sondeo ve posible que PSOE y Podemos alcancen por sí solos la mayoría necesaria para gobernar. Y, por tanto, la única posibilidad de que gobierne la izquierda es pactando con los independentistas. Siguiendo la lógica de sus propios argumentos, y para que nadie se llame a engaño, votar al PSOE o a Podemos es por tanto apostar por un Gobierno de España condicionado por los separatistas.

Albert Rivera, un socialista mediocre, sin principios y más falso que un billete de 30 euros; terminará con la España honrada que porta el PP.


Blog de Juan Pardo

En cualquier país civilizado defender  la unión de la Nación y la Constitución sería progresismo. Pero de este término se apropió Felipe González y ahí está. Hoy en día, la corrupción ha llegado a tal extremo que comprar el poder que otorgan los votos a otro partido entra dentro de la definición de progresista.  Cs empezó con dinero del PSOE, VOX cacarea con dinero socialista y ahí están, dañando a personas de buena fe.

Albert Rivera es un dirigente político mediocre, un tipo sin moral ni convicciones, un entusiasta del camaleonismo político dependiendo de las circunstancias, alguien que sin demostrar nada en la vida privada pretende ahora redimir al país desde la esfera pública. Rivera maneja un discurso simplista lleno de lugares comunes y cargado de rancios tópicos neoliberales. Utiliza nuevas técnicas de comunicación y marketing político que le hacen parecer un político “de centro”, “moderado” y “progresista”. Representa el recambio natural de un Sistema que necesita caras nuevas para continuar su implacable proceso para la devastación moral y la reversión demográfica de Europa. Su invitación a participar en las reuniones del club Bilderberg, confirman cuál es su papel en esta comedia. Sólo la complicidad de los grandes medios de comunicación y de unos periodistas totalmente prostituidos han hecho posible el ascenso político de este personaje.

La poca o nula fiabilidad del personaje se pone una vez más de manifiesto al apoyar la ley socialista que castigaría con hasta dos años de cárcel a quien hable bien de la España de Franco. O endureciendo ahora su posición sobre la prisión permanente revisable luego de .declararse no partidario de la misma y mantener que es el Constitucional el que tendrá que determinar si es compatible con la Constitución.


Lo de este farsante supera todo lo imaginable. Es posible encontrar en Rajoy algún atisbo de sinceridad y nobleza, algún gesto dictado por los estertores de una conciencia antaño recta, la coherencia al menos de no estar cada día mudando de ideas. Todo ello es inimaginable en Rivera, un personaje de ficción lleno de trampas y mentiras, más falso que un billete de 30 euros.

Dijo que la regeneración política solo podrían traerla las personas que habían nacido en democracia. Jóvenes como él, por así decirlo. Nada de atenerse a criterios de razón, de eficacia o de sentido político, sino solo de edad mental. Hay muchas posibilidades de que estando en la edad siniestra de la juventud y militando en la perversión banal del adanismo uno proyecte alguna fe en ese vidrioso concepto de la regeneración. El reset regeneracionista es la pura reacción. Más que del Ibex, se corre el riesgo de acabar siendo el vacuo partido de El Corte Inglés.

Albert Rivera representa las dudosas virtudes del político camaleónico que es capaz de encomendarse a Dios y al diablo al mismo tiempo. Tal vez la que contaremos a continuación no sea más que una anécdota, aunque muy reveladora a la hora de mostrarnos la escasísima fiabilidad de un político que, de entrada, nos engaña hasta sobre cuáles son sus aficiones. Recapitulemos.

Rivera fue entrevistado en el programa ‘La Sexta Noche’ sobre varios temas de actualidad política y una de las declaraciones que provocaron más polémica fue cuando dijo: “No me gustan los toros”.

Su asombroso pronunciamiento no tuvo en cuenta el rigor delator de las hemerotecas, que nos recuerdan cómo en 2010 hizo campaña activa contra el cierre de La Monumental de Barcelona y la prohibición de los toros en Cataluña, y que han sido muchos los festejos a los que ha acudido y se ha dejado fotografiar.

Pero no se trata solo de fotos en plazas de toros, sino que Albert Rivera defendió con vehemencia la Fiesta Nacional en el Parlament cuando se debatía la ley que suponía el fin de la tauromaquia en Cataluña. Por aquel entonces, Rivera llegó a decir que “primero serán los toros, mañana la pesca y luego la caza”, y calificó el toreo de “tradición” española.

Una de las fotografías, en la que se veía a Rivera sacado a hombros de la Monumental de Barcelona acompañando al diestro Serafín Marín, llegó a ser portada de varios diarios de difusión nacional.

Rivera contrapone a su raquitismo intelectual el pose de un político circunspecto, correcto, aseado, que parece haber encandilado a un sector de la opinión española, por fortuna mucho menor de lo que auguran las encuestas.

Ciudadanos es la exégesis actual del viejo y fracasado CDS creado por Adolfo Suárez tras hacer añicos el proyecto de Unión de Centro Democrático. Como buen titalevitas (débil con los poderosos y altanero con los débiles), Rivera dice que no admitirá a individuos que hayan militado en alguna organización falangista (tal vez se sienta avergonzado de su propia madre quien, en plena transición española, parece que perteneció a la izquierdista Falange Auténtica, por aquel entonces lideraba por un melenudo y barbudo falangista llamado Pedro Conde), aunque luego no tuviera empacho alguno en presentar como candidato a la Alcaldía de Dos Hermanas a Manuel Varela, un ex concejal del Partido Popular que presuntamente transfirió dinero de la cuenta del grupo municipal del PP a la suya propia.

Su vista de águila con el ojo ajeno se convierte en ceguera con el propio. El último informe del Tribunal de Cuentas ha detectado falsedad de sus cuentas en el Senado y el PP prevé explotarlo. El PP reactivó este jueves la comisión anticorrupción que puso en marcha en el la Cámara Alta, donde goza de mayoría absoluta,

Tampoco parece que le causara grandes contradicciones morales la elección, como asesor en el Parlamento Europeo, de Jordi Cañas, ex portavoz de Ciudadanos en el Parlament catalán e imputado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por haber defraudado 429.000 euros a la Hacienda Pública.

El pulcro Rivera tampoco previó las andanzas de José Salvador Murgui, concejal de Ciudadanos en Casinos, un municipio de Valencia, denunciado por estafa tras apropiarse presuntamente del dinero que pedía a sus vecinos para destinarlo a unas monjas de Guatemala que trabajan con niñas huérfanas. El asunto se investiga en un juzgado de Llíria.

Albert Rivera fichó a concejales imputados e investigados en Arcos de la Frontera (Cádiz)ya juzgados y condenado. El Alcalde y concejales de Arroyomolinos (Madrid) . José María Fernández, alcalde de Espartinas (Sevilla, uno de los cuatro que Ciudadanos tuvo en Andalucía, dimitió tras ser imputado por prevaricación. en la tramitación de un contrato para personas en situación de exclusión social de la Junta de Andalucía. Ángel Ferrer (La Nucía) está imputado “por robo de agua, por defraudar en el pago del IBI de sus locales y por la sentencia firme de derribo de una edificación ilegal de su propiedad”.
En Benidorm, agentes de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) detuvieron a un concejal de Ciudadanos en el marco de una operación iniciada tras hacerse públicas unas grabaciones en las que supuestamente el edil ofreció a varios empresarios algunas acciones de su cargo político a cambio de que estos se publicitasen en la televisión que dirigía….

La ejemplaridad de que presumen Albert Rivera y su partido sigue tropezando con la realidad, aunque esta vez en tierra gallegas. La cabeza de lista de Ciudadanos por la provincia de Pontevedra y concejala en esta ciudad, María Rey, fue denunciada en 2014 por falsear una tarjeta de discapacidad y así poder aparcar en las zonas reservadas para este colectivo. Durante al menos cuatro meses, la candidata se aprovechó de esta circunstancia para estacionar su vehículo en el centro de la capital pontevedresa, hasta que un dispositivo de la Policía Local, alertado por una denuncia ciudadana, descubrió el engaño y sancionó la situación,

Y no sólo de los concejales y alcaldes del partido naranja se nutren estos casos de fermentación ética. El politólogo Javier Nart sigue ejerciendo como eurodiputado de Ciudadanos pese a serle descubierta una cuenta secreta en Suiza (según él, como dicen todos, fruto de una herencia de su padre) y cuyos fondos bancarios eran administrados, curiosamente, por Fèlix Millet, el acusado de saquear las arcas del Palau de la Música de Barcelona.

Algunos pueden sentirse inclinados a calificar los anteriores como hechos de escasa sustancia en comparación con los grandes casos de corrupción que han proliferado a la sombra de socialistas y populares. Pero piense el lector que si hemos podido seleccionar una colección de escándalos en un partido con una muy limitada presencia en las instituciones españolas, sobre todo en ayuntamientos de localidades medianas y con escasos presupuestos, qué les estaríamos contando ahora si Ciudadanos tuviese el control de grandes ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas. Lo de considerar la falta de ética como un signo distintivo de algunos partidos y no como algo consustancial de la sociedad en la que vivimos, es un argumento que no cuela.

Además de todas estas “anécdotas” que tienen como protagonistas a representantes de un partido político que dice abogar por una regeneración ética de la vida pública, Ciudadanos fue amonestado en 2008 y 2010 por el máximo órgano fiscalizador del Estado por “menoscabar la transparencia al presentar sus cuentas fuera de tiempo y forma”.

Y si esto les parece poco, añadiremos otro dato: en los años 2012 y 2013, la formación liderada por Albert Rivera no ofreció a la Sindicatura de Cuentas la información requerida sobre donaciones y créditos. Significa que fue cuando empezó a recibir dinero del PSOE

El partido Ciudadanos, en definitiva, no tiene ideología ni doctrina; su discurso es el fruto de la ambigüedad y la tibieza. Ya hemos visto la legendaria capacidad de su líder de sostener una cosa hoy y mañana la contraria, lo que le hace acreedor del certero refrán castellano: “límpiate que vas de huevo”.

Un personaje con tan débiles pertrechos morales y con unas convicciones ideológicas tan escurridizas no podría ser tomado en serio en ninguna otra sociedad que no estuviese tan moralmente corrompida como la española. Lo que propone no puede ser creíble a la luz de los hechos. Hoy puede defender la fiesta brava y aparecer mañana como un feroz antitaurino. Puede jurar en arameo que no apoyará la candidatura de Pedro Sánchez y mantener a la semana siguiente un incestuoso concubinato con el líder socialista. Puede ir de progre con Susana Díaz y de cantamañanas con Cifuentes. Puede pactar con el PP en Málaga capital y con Podemos en Torremolinos, a tan sólo doce kilómetros. Puede criticar la inmersión lingüística en Cataluña y defender al mismo tiempo el marco autonómico que la hace posible. En definitiva, puede cambiar de opinión al dictado de quienes lo financian y promocionan.

En un debate televisivo, Albert Rivera citó a Kant como uno de sus principales referentes intelectuales, soltando al mismo tiempo un rimbombante y aprendido discurso sobre el filósofo prusiano. Todo iba bien hasta que el conductor del debate le pidió que nombrara un título de algún trabajo que hubiera leído de Kant.

Rivera demoró su réplica y tuvo que caer rendido ante la evidencia: no había leído nunca a Kant “en un título concreto”.



Albert Rivera es también el dirigente en cuya manufactura se encuentran ciertos conductos –singulares y colectivos- del Atlantismo. No todos, pero sí son muy importantes.

No fue por mera voluntad de gastar dinero en espacios periodísticos internacionales la publicación y difusión del artículo apologeta de Albert Rivera escrito por el argentino globalista Pierpolo Barbieri en el Times del mes de abril de 2015. En la gacetilla, Barbieri habla de un Albert Rivera que plantea una lucha contra la corrupción política y administrativa, buscando reformar lo reformable y manteniendo los cimientos de la España post-franquista.


Pero regresando a Albert Rivera, constatamos que también el New York Times, medio masónico e internacionalista, valora al referente de C´s como inteligente, honesto y necesario para aplicar la agenda económica liberal. Ya que su esquema político-económico lo sitúa “entre las políticas de austeridad del Gobierno conservador de Mariano Rajoy y sus oponentes, los socialistas”.

El apoyo a Rivera por parte de un sector del Atlantismo también se ve reflejado por la influyente publicación The Economist, para la cual C´s es “una respuesta más constructiva” plasmando “un partido liberal en un país donde el liberalismo nunca ha sido fuerte” y enfatizando que su conductor estrella es joven pero está acompañado por asesores que comprenden las reformas que el Atlantismo pide para España y que están dispuestos a ejecutarlas.

No fue un error de los organizadores de la última reunión de Bilderberg la invitación que le efectuaron al líder de Ciudadanos para que asistiera a dicho evento. Por razón estratégica, prefirió no acudir y en su representación envío al responsable económico de su organización, Luis Garicano.

Otro aspecto a tener en cuenta son los millones de euros empleados para que C´s pueda afrontar competitivamente las diferentes elecciones, financiación seguramente proveniente en gran parte del exterior. Ningún ser humano que conozca bien las maquinarias partidocráticas y la naturaleza de las faenas preelectorales y electorales de agrupaciones de la magnitud de C´s puede creerse el relato de la autofinanciación por parte de afiliados. Si no cuenta con pruebas concretas, al menos por sagacidad y por derecho puede poner en tela de juicio la versión oficial de la autofinanciación.

En 2016, informes periodísticos señalaban que los otanistas y belicistas de Rivera y C´s habrían recibido aportaciones de contratistas militares de los EE.UU en la campaña 2009.

Resulta inobjetable el sustento mediático atlantista/ internacionalista que tiene Albert Rivera, un títere del sistema globalista que se comporta como tal en todas las ocasiones. La de hoy era una de ellas.


La última estafa de Ciudadanos ha sido Cataluña. Ayudado por los grandes de la comunicación de masas para construir un relato de firmeza contra el separatismo frente a la tibieza del PP. En agosto de 2017, el presidente de Ciudadanos se mostró convencido de que no se aplicaría el artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

El líder de la formación naranja dijo, en un foro de debate en Madrid, que trabajaba para que no haya que aplicar el artículo 155 de la Constitución. En su opinión, eso sería darle un titular “fantástico” a los nacionalistas: “ni se lo vamos a dar, ni lo vamos a aplicar”.

Si esto es lo que en medios liberales se nos presenta a los españoles como la esperanza de cambio y la única alternativa real y efectiva al PP de Mariano Rajoy, apelemos entonces a la expresión más castiza para responder a la indecente proposición: “Virgencita, virgencita, que me quede donde estoy”.

El testarazo de Albert Rivera ha sido una jugada sucia, pero maestra del PSOE. En Cs ya piden la cabeza de su atolondrado líder.




La sentencia desproporcionada e inoportuna por agravio comparativo del Caso Gürtel ha cambiado todos los análisis electorales. En principio, Ciudadanos era el partido llamado a liderar el centro derecha de España, según varios sondeos demoscópicos que aunque de dudoso crédito, a veces, se aproximan.


El testarazo de Albert Rivera ha sido una obra maestra del PSOE. Otra cosa bien distinta es que tenga un final feliz que es más difícil que imposible. Pero la jugada ha sido perfecta. 


El resultado de la moción de censura ha tenido una víctima inmediata, el Partido Popular que lidera Mariano Rajoy. Pero también ha dejado claro que Rajoy barrerá en las próximas elecciones que si antes no, se celebrarán junto a las municipales, o sea, el segundo domingo de junio de 2019.  Al partido revelación, Ciudadanos le ha traicionado la ambición que alimentaba su éxito demoscópico. Convencida de que las urnas le brindarían la victoria inmediata, no calibró a tiempo la fuerza arrolladora de la voluntad general de echar a Mariano Rajoy de La Moncloa y que ese, y no otro, era ahora el ineludible objetivo de consenso político y social.


La vocación de Ciudadanos de partido de centro capaz de pactar con unos y otros en bien de la nación y comprometido contra la corrupción ha quedado en entredicho. El nuevo partido de la regeneración democrática ha entrado en el juego de la vieja política.

Su tozudo empeño en convocar elecciones cuanto antes y culpar al PSOE de aliarse con los independentistas y nacionalistas no tiene pase porque sabe que solo con sus votos habría favorecido la formación de ese Ejecutivo fuerte de transición necesario que habría brindado al país la salida ordenada de un Gobierno de Rajoy con la pronta convocatoria de nuevas elecciones. Pero su estrategia era una ecuación imposible: echar a Rajoy, pero no apoyar la moción favoreciendo al líder de la oposición, Pedro Sánchez, sin tener en cuenta que la ventaja que supuestamente le otorgaba ya se la habían dado las urnas en 2016.

Por inmaduro y lego en política, Albert Rivera, no calculó bien la retirada del apoyo al PP sin argumentos ni razones y de ser líder de la oposición, ya que Pedro Sánchez no tenía escaño en el Congreso,  pasará a ser un triste capataz de 32 diputados que, , además, votaron 'no' a la moción socialista y apoyaron la continuidad de Rajoy, por lo que pierde credibilidad en su defensa de la regeneración política.


Cs con sus sueños de humo nunca ha sido consciente de la realidad escrutada, que solo le dio 32 tristes y viciados escaños parlamentarios. ¿Viciados? El 90% de sus diputados son, eran y serán sobrantes del PSOE o PP  con el poder sin ser consciente de la realidad, de su precariedad parlamentaria. A partir de ahora, su papel será menos relevante, pero es probable que no haya echado todo por la borda y que siga atesorando un caudal de expectativas, pero a la baja traicinera. Desde ya, el único Gobierno posible es el PP, junto al Partido Popular.



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juanpardo15@gmail.com

Albert Rivera chantajea al Gobierno y retira su apoyo al 155.





El falso Rivera, testaferro de Aznar no tiene huevos a retirar el 155. Además, votará, SI a los presupuestos y no pasará de 40 diputados. Albert Rivera es un irresponsable sin sentido del Estado de Derecho. Un podemita repeinado.




Ciudadanos ha decidido romper con el Gobierno y ha afirmado que retira su apoyo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución al entender que el Ejecutivo no está defendiendo la legalidad, en toda su extensión, en Cataluña –hace dos meses fue él mismo quien propuso la segunda aplicación del 155-. Albert Rivera, lo ha anunciado en el Congreso, ante los medios de comunicación, sin avisar previamente al Ejecutivo. Una acumulación de factores le ha llevado a tomar esta decisión, que se produce en un contexto de incomunicación entre Rivera y Mariano Rajoy, que no hablan sobre Cataluña desde hace cuatro meses. Aun así, el apoyo a los Presupuestos se mantendrá.

No ha sido un anuncio improvisado. La dirección de Ciudadanos había decidido dar por terminado el apoyo al Gobierno sobre la aplicación del artículo 155 de la Constitución ante "el cúmulo de hechos contrarios a la defensa de la legalidad constitucional en Cataluña", señalan fuentes de la dirección del partido de Albert Rivera. Y este miércoles había sido el día previsto para anunciarlo. No ha habido aviso previo al Gobierno, sino que la incomodidad de Ciudadanos sobre las omisiones del Ejecutivo central en Cataluña, más que las acciones, se exponían en público. Esta ruptura es la consecuencia de la total incomunicación del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y Albert Rivera que no hablan sobre la situación en Cataluña desde hace algo más de cuatro meses.

El significado de romper relaciones sobre el 155 ha sido escenificado este miércoles por Rivera en el pasillo del Congreso con una frase rotunda: "Hasta aquí hemos llegado". En fuentes de la dirección de Ciudadanos se precisa que ha sido "una acumulación de factores por la forma en la que se ha aplicado la intervención en Cataluña". Esos factores son fundamentales de "control" sobre áreas muy sensibles de la Administración catalana. Se reprocha al Gobierno central que se hayan utilizado recursos públicos para financiar estructuras o políticas tendentes a construir la república catalana pero también no haber incidido en la Educación. Ciudadanos habría querido que se hubiera impuesto ya para este curso escolar la obligación de dar la cobertura legal del castellano en los centros escolares, al estimar que no se cumple la ley. También han considerado desde el partido de Rivera que no se ha dado el suficiente apoyo a los guardias civiles que denunciaron acoso a sus hijos en un instituto catalán.

Nada de esto se ha hablado entre Rajoy y Rivera. Ninguno de los dos ha tenido interés en reunirse y dirimir las diferencias cara a cara. Ni a dos ni a tres, ya que el encuentro entre el PP, el PSOE y Ciudadanos tampoco se ha producido. El acuerdo esencial para Rajoy era conseguir el apoyo para aplicar el artículo 155 de la Constitución y este ha funcionado, aunque este jueves Rivera lo diera por terminado. A partir de ahora Ciudadanos no dará cobertura al Gobierno en su aplicación del artículo 155, señalan las fuentes del partido de Rivera.

Desde hace varias semanas el líder de Ciudadanos interpela invariablemente al presidente del Gobierno sobre Cataluña. Siempre a modo de reproche por "no hacer cumplir la Constitución" en Cataluña. Este jueves, en el pleno del Congreso, Rivera ha reprochado a Rajoy que no recurriese ante el Tribunal Constitucional el voto delegado en el Parlament de Carles Puigdemont y Toni Comín. Para Rivera esa omisión es "una dejación de funciones". Y Mariano Rajoy le ha llamado "aprovechategui".

Desde el Gobierno y el PP se interpreta que el encumbramiento de Ciudadanos en las encuestas les hace adoptar esta actitud que los populares traducen en "deslealtad". En Ciudadanos, sin embargo, se considera que es coherencia y no electoralismo, además de cumplir con su obligación de exigir que se "vigile" el dinero para que los independentistas no hagan un mal uso del mismo.

"[El Ejecutivo] tiene que explicar qué significa romper. Si eso quiere decir que ya no apoya el 155, es una pataleta de niño pequeño", ha señalado Fernando Martínez-Maillo, coordinador general del PP.

Aparte de certificar el desencuentro entre Rivera y Rajoy, esta ruptura no es previsible que tenga efectos prácticos. El Gobierno seguirá con la aplicación del artículo 155 hasta que el Parlamento catalán vote a un presidente de la Generalitat, lo que puede ocurrir en 10 días, según confían en el Ejecutivo.

Además, el acuerdo sobre los Presupuestos de este año sigue adelante, según reconocen en Ciudadanos, que actúa tema por tema. "Le he dicho a Rajoy que no vamos a seguir apoyando al Gobierno en esto", ha argumentado el líder de Ciudadanos, tras apuntar que rompe con el PP. "Hasta ahora, [el Ejecutivo] nos llamaba y contaba con nosotros. Pero, desde que han salido las encuestas, ha dejado de hacerlo", ha apostillado.


El PSOE, socio del Ejecutivo en la aplicación del 155 —el Gobierno y los socialistas negociaron todos los extremos de la intervención, a diferencia de Ciudadanos, que solo dio apoyo externo— ha criticado con dureza la irresponsabilidad de Albert Rivera por no tener sentido de Estado ante el desafío secesionista. "El PSOE es muy crítico con el Gobierno en muchos temas, pero como somos un partido de Gobierno y de Estado en temas como la lucha antiterrorista o la cuestión territorial hemos apoyado al Gobierno, no por ser Gobierno sino por ser políticas de Estado", ha argumentado la portavoz parlamentaria socialista, Margarita Robles.

Los socialistas mantienen por tanto el apoyo al Ejecutivo en el 155, y fuentes de la dirección critican que Rivera diga que retira su apoyo a la aplicación de la Constitución, toda vez que el 155 es un artículo de la Carta Magna. "Anunciar la ruptura del pacto en la aplicación del 155 dice muy poco de Rivera. Nosotros no lo vamos a hacer, este acuerdo defiende la legalidad. Con el Estado de Derecho no se juega", ha considerado la vicesecretaria general, Adriana Lastra.

En el patio del Congreso Martínez-Maillo y José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE, han escenificado la unidad del Gobierno y los socialistas en el tema catalán, con una breve charla en la que han comentado el desplante de Ciudadanos. "No te vayas que tenemos que hablar", le ha dicho Maillo a Ábalos en el patio de la Cámara Baja, con la intención de ser vistos. Los contactos entre ambos partidos son en todo caso habituales, más ante el desafío secesionista catalán. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez mantienen una interlocución regular.