El novio de Ayuso es el hombre sin nombre, como Feijóo es
el hombre sin gafas y Mazón es el hombre sin futuro. Algo de hombres
sin atributos, como la famosa novela, tienen los hombres del PP, e
incluyo al novio de Ayuso porque, junto a Mazón, es lo más PP que tiene
ahora Sánchez para ir tirando. El novio de Ayuso, que ahora miro el
nombre, no ha llegado al corazón ni al santoral de la gente, como sí ha
llegado la Jesi de Ábalos, auténtica musa de lo español, como una
piconerita de Romero de Torres. A la Jesi la tenemos ya en el relicario
de las morenas rubias, en el altar de las falsas primas y las falsas
estudiantes, en la lista del marqués de Leguineche y colocada en el
presupuesto público como en una taquilla de taller mecánico. Pero el
novio de Ayuso, aunque siga p'alante en los juzgados con sus cosas
oscurillas o ambiguas, no nos termina de cuajar como icono. Quizá porque
ningún icono cuaja al lado del icono que ya es Ayuso, o quizá porque la
Jesi es una princesa, una entre millones, como la Dulcinea de Madrid, y
el novio de Ayuso sólo parece un empresariete de Pantomima Full, o sea
todos, cualquiera y ninguno.
La pareja de la presidenta de
la Comunidad de Madrid, Alberto González Amador, saliendo de declarar
ayer de los juzgados de Plaza de Castilla. | EP
El novio de Ayuso,
que ahora miro el nombre, va a ser investigado por la Audiencia
Provincial de Madrid por más delitos, aparte de los que tienen que ver
con Hacienda y, añado yo, aparte del delito de ser confundible o
accesorio, como un broche de salamandra o un gorrito con pluma que se
pusiera Ayuso a juego con sus ojos color pluma de ave verde. El novio de
Ayuso revoluciona la Fiscalía, la Prensa del Movimiento y nuestro
Despacho Oval, que no existe pero debería existir sólo para que Sánchez
lo llenara de espejos y le pusiera bola de discoteca, como un picadero. Y
sin embargo, no nos termina de llenar la vista, ni la conversación, ni
la columna, y eso me parece injusto. Yo creo que el novio de Ayuso
debería estar en ese podio nacional, como de vuelta ciclista, donde
están los políticos con vicio de poder o de Lolita, los enchufados en
todos los escalafones y los empresarios aventureros o sospechosos.
El novio de Ayuso,
que ahora miro el nombre, es tan español y tan folclórico como la Jesi,
alguien que ha trazado su camino al éxito a pesar de o gracias a toparse
con una oportunidad, una triquiñuela, una perita, un sapo o un
entramado de empresas (hay gente que nunca en su vida se ha topado con
un entramado de empresas y a mí me parecen no ya pardillos sino
antiespañoles, como si nunca se hubieran topado con el camión del
butano). Uno no va a juzgar ni prejuzgar delitos ni inocencias, pero
igual que parece antiespañol no irse con un ministro a Segovia, que para
eso están los ministros, me parece antiespañol ser perito agrónomo o
funcionario de correos o poeta de buhardilla pudiendo ser uno de esos
empresarios que están entre Hacienda y la Audiencia Provincial como
entre Pinto y Valdemoro. Quiero decir que el riesgo de comer con Ábalos o
el riesgo de que tu audacia empresarial se convierta en delito, además
de ser riesgos equiparables en romanticismo y en ganancia, son riesgos
asumibles, son riesgos deseables, son riesgos como de torero o bandolero
español.
El novio de Ayuso,
que ahora miro el nombre, quizá no tiene una iconografía tan potente
como la Jesi, entre española de Mérimée y querida de estanco, entre musa
goyesca y musa del pelotazo. El novio de Ayuso quizá es más
indistinguible que representativo, porque cualquiera de ésos que se baja
del coche apepinado con llantazo podría ser
financiero o aparcacoches, concejal de urbanismo o gigoló de Benidorm,
directivo de la Federación de Fútbol o ex Gran Hermano. Pero aún es
paradigmático, y no tanto por estar con un político por amor o por
gravedad sino, ya digo, por esa elección tan española del riesgo. Una
ponía el muslo como la taleguilla y el otro ponía sus números en los
negocios como jeroglíficos, los dos con revolera y santiguada. Terminar
en los juzgados quizá es necesario para el verdadero éxito, porque estar
ahí y salir inocente es la mejor prueba de que has jugado al límite,
hasta el arañazo en el muslo o el arañazo en el Lamborghini.
Otra cosa es lo que
pueda pasar con Ayuso si el empresario, además de macarra, resulta un
delincuente, no porque lo digan los ministros con hisopo sino porque lo
diga un tribunal"
El novio de Ayuso,
que ahora miro el nombre, en realidad no tenía ni Lamborghini, o sea que
al pobre le iban encasquetando delitos, confesiones y hasta coches de
hortera que no eran suyos. La verdad es que su coche era un Maserati,
que es igual de hortera y de español (el haiga es lo primero que se
compran aquí los tiesos, sean maletillas, concejales, futbolistas o
raperos, y por eso hay ciertos lujos que huelen a tieso, y a veces a
pelotazo). Pero esto nos demuestra que al novio de Ayuso no le respetan
la personalidad, le cambian la condición procesal, le cambian el coche,
le cambian los atributos y le cambiamos hasta la cara, que a ver quién
lo reconoce en el Madrid de un millón de empresarios de éxito y acelerón
y otro millón de fracasados que lo fingen. Sólo cuando va con Ayuso nos
fijamos en él y hasta se fija Sánchez, claro.
Al novio de Ayuso,
que ahora miro el nombre, lo van a investigar por más delitos, y aquí
eso es triunfo seguro, porque si ganas triunfas por temerario y si
pierdes triunfas casi más por sinvergüenza. Claro que aquí los
temerarios y los sinvergüenzas abundan, y por eso no termina de
cuajarnos el personaje como singularidad, porque no se sale del cliché,
que hasta la Jesi se sale un poco del cliché con su encantadora
odontología de Cenicienta odontóloga. Otra cosa es lo que pueda pasar
con Ayuso si el empresario, además de macarra, resulta un delincuente,
no porque lo digan los ministros con hisopo sino porque lo diga un
tribunal. Supongo que veríamos a Ayuso un poco viuda de sí misma,
excusándose con la ceguera o con la ignorancia, como una infanta. Pero
ése es otro asunto. Al novio de Ayuso, que ahora miro el nombre, yo sólo
quería darle el espacio que merece, junto con el resto de tópicos de
amores y dineros españoles y junto con el resto de hombres sin atributos
o sin futuro del PP.