Adriana Lastra dimite, cinco minutos antes de que la dimitan.

Su único trabajo conocido fuera del PSOE: panadera

La debacle electoral del 10-J se ha cobrado ya su primera víctima. La vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, ha anunciado este lunes su dimisión. En un comunicado emitido por Ferraz explica que para una militante socialista, «ser vicesecretaría general del Partido Socialista es una de las responsabilidades más hermosas que existen, también es una tarea muy exigente en tiempo, esfuerzo y desvelos».

 Por Juan Pardo

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En los últimos meses «se han producido cambios importantes en mi vida personal que me exigen tranquilidad y reposo y que, en las dos últimas semanas, me han obligado a tomar una baja laboral que se va a prolongar aún un tiempo», en alusión a su embarazo.

 

Compaginar «reposo y cuidados»

«Por todo ello, y ante la dificultad de compaginar las exigencias de reposo y cuidados, imprescindibles en mi situación actual, con la intensidad que exige la dirección del Partido, he presentado mi dimisión como vicesecretaría». Así se lo trasladó hace días a Pedro Sánchez «a quien quiero agradecer su confianza todos estos años recorridos en un camino que muchos creyeron imposible y que hemos hecho realidad paso a paso».

 

El papel de Lastra había sido cuestionado tras la debacle de las elecciones andaluzas y sus malas relaciones con el secretario de Organización socialista, Santos Cerdán. El escenario electoral de 2023 exigía un partido en plena forma, lo que distaba mucho de ser así después de encadenar varias derrotas electorales, salvo la catalana.

 

Antonio Hernando y Patxi López

Sánchez deberá nombrar ahora un sustituto o sustituta. Las quinielas hablan de perfiles tan políticos como el de Antonio Hernando o Patxi López, sin descartar que busque el nombre de otra mujer. Para nombrar dicho relevo deberá reunir a la ejecutiva socialista, lo que no estaba previsto hacerlo ya en este mes. Y es que la dimisión de Lastra, aunque se escude en el tan consabido «cuestiones personales», tiene una carga política de fondo que pone el foco en esa dimisión justo cuando el gobierno seguía saboreando el éxito del debate del Estado de la Nación.

 

Cuando no cumple ni un año de su renovación en la vicesecretaria general del partido, descabalgada de la portavocía en el Congreso, algo que nunca asimiló bien, se despide de sus compañeros de los que dice que «es difícil encontrar personas con tanta dedicación y tanta competencia. Son un orgullo para este partido que, con ellos, siempre estará en buenas manos. Si algo he sido, soy y seré es militante de este partido. Nos encontraremos en las agrupaciones y las casas del pueblo»

Por Juan Pardo

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La media de las últimas encuestas electorales aproximas más al PP a la mayoría absoluta.



Según la media de las últimas encuestas publicadas siguen confirmando la victoria del PP de cara a unas futuras elecciones generales. El Partido Popular ganaría unos comicios generales si se celebraran hoy, según este sondeo. Lo haría con 141 escaños, 48 por encima de los 93 del PSOE. Por detrás, en este orden, quedarían Vox (45), Unidas Podemos (22), ERC (13), PNV (6), Bildu (6) y Más País + Compromís (5); y Ciudadanos obtendría un único escaño. Eso significa que el PSOE habría readquirido ocho escaños y casi un punto en intención de voto desde las últimas cifras del mes de junio, mientras que el el PP, en ese mismo tramo, ha perdido catorce diputados y tres puntos, al remitir ligeramente el 'efecto Feijóo'.

 Por Juan Pardo

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La última encuesta de GAD3 publicada por el diario 'ABC' también reflejaba esa tendencia, ahora ligeramente frenada: el PP ganaría las próximas elecciones generales con un apoyo de más del 36%, cinco puntos más que el resultado de las encuestas de la semana pasada, lo que le otorgaría entre 155 y 159 escaños. Por el contrario, el PSOE perdería poder, quedando en una segunda posición con un 24,3% de los votos (94-98 escaños). Unidas Podemos mantendría su caída y se quedaría por debajo del umbral del 9% de voto (16-18 escaños). Según este sondeo, los populares sumarían holgadamente mayoría de investidura o Gobierno con Vox, ya que la encuesta otorga a los de Santiago Abascal entre 37 y 39 diputados. Ciudadanos desaparecería del ámbito político nacional al no alcanzar ningún escaño. Los datos de la encuesta avalan la teoría del cambio de ciclo político que anticipaba la histórica mayoría absoluta del PP en Andalucía.

 

El sondeo de 'ABC' confirmaba también otra tendencia de fondo: la fuerte recuperación del bipartidismo, aun cuando el arco parlamentario mantendría una acusada fragmentación. El PP se dispara por encima del 30% del voto, y el PSOE casi alcanza el 25%. Es decir, seis de cada 10 votantes elegirían a uno de los dos grandes partidos. Una de las principales formaciones de la llamada 'nueva política' que irrumpió en 2015, Ciudadanos, desaparecería; la otra, Podemos, sigue perdiendo representación, a la espera de si Yolanda Díaz puede actuar como revulsivo para ese espacio, y el tercer partido en aparecer, Vox, detendría su crecimiento.

 

Este promedio de encuestas no debe interpretarse como la estimación de voto. Se trata de una herramienta cuyo objetivo es dar una idea agregada de la situación de los distintos candidatos ante las elecciones generales de 2023. La estimación de voto de este periódico, en cambio, se publica cada 15 días desde septiembre de 2021 en el Observatorio Electoral, de la mano del instituto demoscópico IMOP Insights. El agregador de encuestas, además, supone una información en constante actualización. Cada vez que se publica un nuevo sondeo, este se incluye en nuestra base de datos y el gráfico queda actualizado. La intención de voto no es una variable muy volátil, pero, desde las últimas elecciones generales, las tendencias han mostrado alteraciones que se explican por momentos clave. Por ejemplo, la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid en mayo de 2021 marcó un claro ascenso de las opciones del Partido Popular para ganar a nivel nacional. Y ese impulso decayó más tarde, cuando se aproximaban las elecciones de Castilla y León y coincidiendo con la crisis del Gobierno de Díaz Ayuso por las comisiones cobradas por su hermano por contratos de venta de material sanitario. También el nombramiento del nuevo líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, marcó un nuevo rumbo en la estimación de voto a los populares. Pero, si se habla de tendencias, hay una pregunta principal que responder: ¿cuánto ha subido o bajado cada partido desde las anteriores elecciones? El siguiente gráfico muestra la comparación entre los resultados del 10-N y el último dato disponible del promedio de encuestas de El Confidencial.

 

Cómo hacemos el promedio de encuestas

Recopilamos los sondeos publicados por las casas encuestadoras en los periódicos o páginas web correspondientes. Identificamos tanto la fecha de publicación como la de finalización del trabajo de campo. Esta última es la que utilizamos para calcular la media móvil diaria de las últimas dos semanas. El promedio pondera las encuestas publicadas según tres criterios: tamaño de la muestra, la fecha de finalización del trabajo de campo y casa encuestadora. Así, los sondeos que cuentan con tamaños de muestra más bajos tienen menos peso a la hora de calcular el promedio, y viceversa. Por otra parte, las encuestas más recientes tienen un peso mayor en la media de cada día. Esto hace que la fórmula sea más ágil para registrar cambios de tendencia, aunque el promedio a 14 días es cauto y su tendencia no deja mucho espacio a la volatilidad de última hora. Además, el promedio tiene en cuenta información de hasta los últimos 30 días, pero aquellos publicados hace dos semanas tienen un peso prácticamente inexistente en el cálculo. Solo en los primeros 30 días que aparecen en el gráfico el promedio se calcula a futuro, ya que no se dispone de días previos para ponderar.

Por último, para la ponderación según la empresa que realiza la encuesta, se han tenido en cuenta dos cuestiones. Por un lado, el acierto de cada empresa en la última encuesta publicada para las elecciones generales del 19 de noviembre de 2019. Y, en segundo lugar, se ha establecido un criterio editorial para valorar qué casas encuestadoras deben tener un impacto mayor en la media de sondeos. De esta forma, ponderamos los conocidos como 'efectos de casa'. Por citar un ejemplo, no es nuevo que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) es la casa encuestadora que ofrece los mejores datos para el PSOE, con bastante diferencia del resto y de forma sistemática. Aplicando una ponderación por casa, estos efectos afectan en menor medida al promedio, aunque no queda exento de ellos por completo. En cerca de 60 sondeos, la mayor parte concentrados en 2020 y principios de 2021, no se publica el dato de Más País. En esos casos, la suma del bloque de izquierdas se ve infrarrepresentada, ya que solo se hace la suma de PSOE y Unidas Podemos. Nuestro modelo para calcular el promedio es sólido, pero, a la vez, flexible. Esto significa que podemos aplicar cambios en función de las necesidades que la actualidad imponga, como la creación de un nuevo partido que se presente a nivel nacional o la reacción ante una mayor intensidad de publicación de sondeos cuando quede menos para las elecciones. Todos los cambios quedarán reflejados en este apartado metodológico.

Por Juan Pardo

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El PSOE de Galicia advierte a Pedro Sánchez “Ten cuidado con Yolanda Díaz·.



El PSOE de Galicia ha enviado a lo largo de los últimos meses informaciones a Pedro Sánchez para que sepa cómo tratar con Yolanda Díaz. La ministra de Trabajo destacó en la política gallega hasta su desembarco al Congreso de los Diputados de la mano de Podemos. Pero en la región su figura es más que cuestionada, y cuadros y referentes del socialismo gallego se han puesto en contacto con el presidente y su entorno para avisarle de lo que puede ocurrir si Sánchez no mantiene alta la guardia. «Debe tener cuidado», es uno de los mensajes enviados al líder del Ejecutivo.

 

Los contactos que han mantenido los socialistas gallegos con el entorno de Sánchez sirven para explicar al político madrileño «qué tipo de persona es Yolanda» y cual es su modus operandi. Díaz goza de una fama ambivalente en Galicia. Por un lado, muchos coinciden en reconocerle una enorme habilidad estratégica y política, así como un buen manejo del marketing electoral. Pero recuerdan las desavenencias mantenidas con excompañeros, desde Izquierda Unida hasta el propio PSOE y los nacionalistas del BNG.

 

Podemos celebra el «cambio de rumbo» de Sánchez con más gasto público e impuestos.

Podemos, y más concretamente el núcleo duro de Pablo Iglesias e Irene Montero, ha aprendido del error de haberle entregado el ministerio más fuerte bajo su control. Juan Carlos Monedero fue el primero en avisar de ello. Ahora, los morados llevan meses de guerra fría para intentar diluir su liderazgo y llegar a una confluencia en la que puedan jugar un papel de protagonista. Pero están teniendo problemas. Y Díaz está logrando fagocitar a sus aliados.

 

Capitalizar las políticas de izquierdas

Sánchez debe evitar que le ocurra algo parecido. Incluso las bases socialistas están siendo seducidas por ella. Así que los que más conocen la trayectoria de la ministra de Trabajo advierten a Sánchez de que mida bien su acercamiento.

 

«No hay que olvidar que en Ferrol, su cuidad, Yolanda dinamitó un pacto con el PSOE con acusaciones muy duras. Fue un proceso muy doloroso», añaden fuentes sindicales cercanas al Gobierno. Otras fuentes afirman que el peligro que puede correr Sánchez es que Díaz se convierta en la adalid de las políticas de izquierda del Ejecutivo, y que el presidente del Gobierno acabe pagando las medidas más impopulares.

 


Los anuncios de Sánchez en el Debate del estado de la Nación tuvieron mucho que ver con ese planteamiento. El líder socialista hizo suyas medidas hasta ahora enarboladas por Podemos. Pero no fue una cesión a ellos ni una podemización del PSOE, tal y como afirma el Partido Popular, afirman las fuentes consultadas. Es parte de una estrategia medida para frenar a Díaz.


Los morados celebran el giro de Sánchez, aunque esto conlleve quedarse sin algunas de sus reivindicaciones. Asumen la «temporalidad» del impuesto a la banca, mientras que sobre la bonificación de los bonos de Renfe algunos hablan de «chocolate del loro». Pero Podemos cree poder recuperar fuelle en el debate presupuestario. Entonces, ¿por qué aplauden con tanto vigor al presidente? «Porque por primera vez se ha puesto de su parte y ha señalado a Yolanda«, reflexionan las fuentes consultadas.

 

«Quien rentabiliza este tipo de actuaciones es siempre el presidente, solo él tiene la iniciativa política«, afirman otras fuentes cercanas al mundo del trabajo. Sánchez, en definitiva, parece haber escuchado las advertencias de sus compañeros gallegos. Éstas y también el malestar que se generó en varios ambientes del Ejecutivo tras la entrevista en El País en la que Díaz habló de falta de empatía y «alma» por parte del Gobierno.

Yolanda Díaz asegura que «nada va a romper el Gobierno» porque «no hay alternativa»

Una lideresa nacional

Esas frases tampoco han gustado en Ferraz. Y es que los últimos diez días han sido muy turbulentos. Díaz reprochó a la Moncloa aprobar el decreto del aumento del gasto militar en la semana de presentación de su plataforma, Sumar. La gallega reaccionó criticando las «formas» del PSOE y pidió una comisión de seguimiento de la coalición.

 

Este diario desveló que el ruido generado servía, en realidad, para activar a sus seguidores de cara al acto del pasado sábado. Aunque más en general los socialistas gallegos explican a Sánchez que la lideresa de Sumar se mueve «con mucha ambición». La reflexión que proviene de estos segmentos del PSOE apunta a que Díaz tiene el claro objetivo de liderar una candidatura nacional; que de ninguna manera estará disponible para ejercer un papel secundario ante Sánchez y que su plan consiste en pelear por la hegemonía de la izquierda capitalizando la agenda social del Ejecutivo.

 

Díaz goza del apoyo clave del PCE, la verdadera columna vertebral de Izquierda Unida y factor determinante ante la descomposición territorial de Podemos. Y la notoriedad alcanzada en estos años ha sido «una sorpresa para todos», explican desde ambos lados de la coalición.

 

Aun así, Sánchez necesita impulsarla para que se haga con el control del «espacio político» de Unidas Podemos y amarre los 30 diputados necesarios para poder aspirar a revalidar la Moncloa. Pero la operación no puede convertirse en un bumerán. El presidente y otros ministros a él cercanos saben que deben atar en corto a la ministra. Y los que más la conocen recuerdan a Sánchez que otros líderes políticos de renombre han caído en desgracia después de pactar con ella. El último ha sido ni más ni menos que Pablo Iglesias.

Sánchez dispuesto a morir matando



Pedro Sánchez se ve derrotado y ridiculizado. Por o que ha decidido emprender una proclama completamente suicida. El problema es que todavía nos queda año y medio.

 Por Juan Pardo

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Si a alguien le quedaba alguna duda de que el presidente del Gobierno pudiera llegar a recapacitar en algún momento tras el descalabro de Andalucía y variar el rumbo con vistas a las próximas elecciones generales, en el Debate sobre el estado de la Nación ha quedado demostrado que Pedro Sánchez no tiene la más mínima intención de hacerlo.

 

Es decir, el presidente acabará sus días en Moncloa insistiendo en la vía que le ha traído hasta aquí: mucha propaganda, recetas de corte populista y pactos con sus socios independentistas, tanto vascos como catalanes.

 

Las medidas anunciadas para contener la inflación son una retahíla de disparates cuyo único objetivo es buscar a la desesperada los votos de los más incautos. Pero ni con esas lo conseguirá Sánchez. Una mayoría de españoles ya ha dado la espalda al presidente, como atestiguan las últimas elecciones y los sondeos recientes, y será muy difícil revertir la situación.

 

Anunciar un impuesto a las compañías energéticas y a la banca puede que sea lo más popular si hacemos una encuesta entre los ciudadanos y les preguntamos cuáles son las empresas más odiadas, pero ni conduce a nada bueno ni resuelve los problemas que tenemos encima de la mesa. Como muy bien están indicando los expertos, imponer ahora más impuestos a esos sectores sólo puede generar una mayor inflación, como también se ha visto con la bonificación de los carburantes, que ha terminado por llevar el litro de gasolina a cotas nunca vistas.

 

El beneficio es la prueba de que una empresa está bien gestionada, no la consecuencia de que sus directivos sean unos ladrones.

 

Además, apuntando de esa manera, Sánchez comete la terrible irresponsabilidad de criminalizar dos sectores clave de la economía, constituidos por empresas que generan riqueza, algunas de las cuales pasean la marca España por medio mundo. Por no hablar de esa sistemática demonización de los beneficios, como si las empresas lo único que pudieran tener fueran pérdidas. El beneficio es la prueba de que una empresa está bien gestionada, no la consecuencia de que sus directivos sean unos ladrones. Pero da igual, a Sánchez le importa un pimiento llevarse por delante esas empresas (véase el hundimiento en bolsa tras anunciar su plan), como también ocurrió días atrás con Indra tras asaltarla de forma descarada.

 

Sánchez el generoso

Al mismo tiempo, Sánchez se ha puesto, cual Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street, a repartir dinero de forma indiscriminada. ¿Tiene sentido que los abonos de trenes de media distancia vayan a ser gratuitos en otoño? ¿Pero a qué cabeza se le ha ocurrido semejante barbaridad? Esperemos que esa medida no llegue a aprobarse nunca porque, de lo contrario, miles de madrileños, por poner sólo un ejemplo, acabarían yendo gratis a sus chalés en la playa a costa del erario público.

 

Castigar a los ricos y premiar a los pobres. Ese el falso mensaje que ayer nos quiso colocar Sánchez. Fue, como venía haciendo en los últimos tiempos, la confirmación de que ya está construyendo el relato para el día después de perder las elecciones: «Me han echado los poderes fácticos». Un mensaje victimista en el que, para variar, nada de lo que sucede hoy en España es responsabilidad del Gobierno, sino fruto de una sucesión de calamidades imposibles de prever. Sánchez es un mago escurriendo el bulto: la culpa siempre es de los demás.

 

Por tanto, y a pesar del castañazo que se pegó en Andalucía el 19-J, el presidente no tiene previsto variar de estrategia. Por eso no le ha temblado el pulso a la hora de pactar la ley de memoria con Bildu, por eso ha convocado de inmediato otra reunión con Pere Aragonés, por eso no piensa retirar su propuesta para asaltar el Tribunal Constitucional. Como se ve derrotado, ha decidido emprender una deriva completamente suicida y morir matando. El problema es que todavía nos queda año y medio de carnicería.

Por Juan Pardo

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El PP podría ser el partido más votado en Barcelona. Pero no pactará con nadie para la alcaldía.

 


Ada Colau se volverá a presentar a la alcaldía de Barcelona. Donde hará el mayor ridículo de la historia democrática. Hasta el PP podría ser el más votado sin alcaldía. 

Ada Colau ha dado el paso e, incumpliendo la promesa y el código ético de su partido, se presentará a una tercera reelección en las elecciones municipales del próximo mes de mayo. Con la oficialización de su candidatura hace unas semanas, dio el pistoletazo de salida a la precampaña electoral, que se antoja bastante polarizada en torno a su figura. El rechazo que genera su figura y sus dos mandatos va ganando más fuerza, aunque habrá que ver si es suficiente para que la oposición le venza en las urnas.

 Por Juan Pardo

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Las propias encuestas ya marcan este escenario de debilitamiento de Colau: el último barómetro municipal de Barcelona arrojaba varios datos claves. Colau suspendía con un 4,8, por detrás de Jaume Collboni (4,7), Neus Munté (5) y Ernest Maragall (5,2); más de un 60% de los vecinos de Barcelona consideraban que la evolución de la ciudad ha sido desfavorable en el último año; y, finalmente, entre los cinco problemas más graves para los ciudadanos, se encontraban cuatro con responsabilidad directa para Colau (la seguridad, la limpieza, su gestión y el tráfico).

 

 

Con este escenario, la oposición prepara el terreno para tratar de asaltar el Ayuntamiento de Barcelona, segundo más importante de España, el próximo mes de mayo. De momento, ya hay otros dos candidatos confirmados (falta que superen las primarias, un trámite interno que parece anecdótico), que son los que más opciones de victoria tienen a tenor de las encuestas: Collboni y Maragall.

 

Tras esta terna, aparecen multitud de nombres. De momento, Eva Parera, también está confirmada como candidata de Valents, el espacio constitucionalista recientemente creado y heredero de la candidatura de Manuel Valls en las últimas elecciones municipales. También está confirmada Mari Luz Guilarte como número uno de Ciudadanos, que ahora es portavoz de los naranjas en el consistorio barcelonés. Ambas parece que concurrirán en solitario a las próximas elecciones en solitario, tras algún que otro amago con conformar una coalición con otras formaciones constitucionalistas para evitar la fragmentación que tanto castigo la alternativa a Colau.

 

 

Sin embargo, tras Parera, falta la confirmación de los candidatos de los principales partidos de la derecha: PP, JxCat y Vox. Además, también ha irrumpido el expresidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, que parece seguir los pasos de Joan Laporta, de pasar del fútbol a la política. De momento, no ha dado el paso oficialmente, pero sí deja entrever su voluntad por darlo. Rosell agitaría el mapa político barcelonés porque su perfil empresarial y afín a la antigua Convergència (su padre fue uno de los impulsores del partido, junto a Jordi Pujol) podría permitirle arañarle votos a toda la derecha, sobre todo, a JxCat. Su apuesta pasa, según ha expuesto, por configurar una candidatura con poco tono ideológico y con la voluntad de destronar a Colau. También ha puesto sus líneas rojas a pactos: solo acordaría con PSC, JxCat o ERC. Rosell, cabe recordar también su indefinición sobre la independencia de Cataluña: en una entrevista en La Sexta con Jordi Évole, dijo que, en un referéndum, votaría que “sí”, pero, a renglón seguido, se marcharía de Cataluña.

 

 

Asimismo, en el PP, de momento, están haciendo sondeos, pero siguen sin tener claro quién debe encabezar la próxima candidatura. Han sonado ya varios nombres, entre ellos, Dolors Montserrat (portavoz del PP en Europa) y Fernando Sánchez Costa (ex líder de Sociedad Civil Catalana). También ha aparecido el nombre del exalcalde de Castelldefels Manu Reyes, aunque parece difícil porque tiene opciones de volver a ganar y reconquistar la vara de mando en su ciudad, como Xavier García Albiol en Badalona. Los populares, en todo caso, quieren aprovechar el impacto Feijóo en Cataluña, que ya se está haciendo notar, para remontar y coger músculo en Barcelona, donde llegaron a tener nueve ediles en 2011.

 

En Vox, en cambio, aguardan también el momento adecuado para dar a conocer al candidato, que se decidirá conjuntamente con la dirección nacional. En un principio, apareció el nombre de Juan Garriga, mano derecha de Ignacio Garriga en el Parlament, pero en Vox salieron rápidamente a desmentir esa posibilidad.

 

 

En JxCat, las cosas están todavía más abiertas, porque, en las últimas horas, ha empezado a barajarse la posibilidad del conseller de Salut, Josep Maria Argimon, quien no descarta nada. “Si algo debe llegar, llegará”, señaló el viernes en un acto, ligando su futuro político a lo que dicte el exalcalde Xavier Trias, con quien tiene buena relación. Trias ha sido sondeado tras la renuncia de Elsa Artadi, pero se ha autodescartado por la edad. Entre los afines de JxCat a Laura Borràs, aparece Jaume Alonso-Cuevillas, quien hizo recientemente una encuesta en Twitter sobre esta posibilidad.

 

Está, por tanto, todo muy abierto, aunque la mayoría de partidos mueven ya fichas para tratar de destronar a Colau en unos meses.

Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor









Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor

 Por Juan Pardo

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El Matadero de Madrid parece las ruinas mismas de la revolución fabril, un túmulo de ladrillo rojo donde el antiguo obrero ha sido expulsado por colmenas, acuarelistas y paseantes. Yolanda ha buscado la catedral, ese Matadero que parece Manchester en una fiambrera, antes que buscar las ideas, y también ha buscado las pegatinas antes que el programa, esas palabras bonitas que ella unía como si fueran imanes de nevera: unión e ilusión, solidaridad y derechos, y así. Sumar va a ser, me parece, básicamente unir palabras bonitas con lacitos y echarlas a volar soplando. O unir gente también así, con lacito de abracito. “Un día de alegría, un día de fiesta”, había anunciado Yolanda, un poco entre Leticia Sabater y Miliki. Esa debe de ser la diferencia, ir con alegría, con mojasellos de besos y con un peto de guardería, porque lo demás que escuchamos, los estribillos, las quejas, las soluciones confundidas con objetivos o con sueños, son los que hemos escuchado toda la vida, igual en las fiestas del PCE con modorra de cantautores, en las plazas del 15-M con sentadas indias o en la revolucioncita de carpetilla de Pablo Iglesias. Yolanda lo único que parece que le ha añadido a la izquierda de siempre es unas tremendas ganas de poliamor.

 

En la Plaza del Matadero, la gente esperaba a Yolanda bajo un sol menestral, un sol de peonada, 35º para que el obrero sudara su condición o la izquierda sudara su compromiso. No parece muy buen augurio esto de que los que van a reorganizar la izquierda y el país no hayan sido capaces de prever ese solazo a la hora del solazo. Pero la gente, con conciencia de clase, iba buscando la sombra por las esquinas y dejando estampas como de tapia mexicana. Señores de coletas canas, como magos grises, profesorado comprometido, grunge sobrevivido, rasputines y jubilados, funcionariado muy cafetero, jóvenes de todas las identidades identitarias, cada una como de una tribu espacial, uno que provocaba con una camiseta quinqui de Perros callejeros y otro que llevaba en la suya una ecuación que iba como desintegrándose en ceniza o calderilla (a lo mejor era la fórmula mágica de la izquierda). Todos allí, abanicándose unas canillas finísimas, los tatuajes negros y los moños de varias clases y nudos, y mirando aquel escenario un poco escolar, lleno de sol como una sábana al aire.

 

Aun sin partidos y sin líderes, que es lo que quiere Yolanda, hablar ella sola con la gente por la celosía de su confesionario, como una regenta inversa; aún así, decía, aquello se iba llenando. Una chica me dijo que se había escapado de la asamblea de Más Madrid de La Latina que había a la misma hora, y yo pensé que esta izquierda que quiere tanta suma ya se estaba contraprogramando mucho antes de que vuelen los cuchillos. Mientras la sociedad civil más bien se derretía, veíamos por allí a Juan Carlos Monedero, vestido como de rociero sin carreta, sin duda buscando sombra, toldo, cobijo en esta nueva esperanza de la izquierda. Y a James Rhodes, ese pianista inglés despistado que aún confunde la política con el tocino de cielo, que a lo mejor tampoco es tan diferente a lo que piensa Yolanda. “Vamos a morir aquí”, decía alguien, exagerando sin duda el sacrificio que le pide Yolanda a la sociedad para que le diga cosas, la ilumine y la lance. Lo que pasa es que, luego, resulta que la sociedad civil eran cinco o seis que venían con ella.

 

Con el sol más aplacado y Yolanda como una sirena que viraba un poco, según la luz, en arenque, el acto empezó por fin. La sociedad civil ya digo que eran unos cuantos que venían con ella, como damas de honor o como la banda de música de una Virgen sevillana. La sociedad civil, ya ven, resulta que está perfectamente clasificada y numerada, como en los palcos de ópera. Venía cada uno de un ramo o de un gremio, todos activistas, todos izquierdistas (la sociedad civil de derechas es un oxímoron) y todos absolutamente previsibles. El que venía de la enseñanza pedía enseñanza pública de calidad, el que venía de la sanidad pedía sanidad pública de calidad, la que venía del activismo climático pedía salvar el planeta, el que venía del emprendimiento pedía pasta, y la que venía del feminismo optó por un modo telepredicador que juntó la racialidad con la justicia social y unos como aleluyas que daban ganas de comprarle un rosario milagroso. O sea, que esta sociedad civil ya me parece a mí bastante escuchada, bastante repetida y bastante evidente, sobre todo en eso de confundir los objetivos con las soluciones. Los salarios dignos, la justicia social, la educación de calidad y todo eso, son objetivos. Las soluciones serán las que nos permitan conseguirlos sin renunciar a otros objetivos, o equilibrando otros objetivos. Pero esta izquierda los nombra y ya las da por hechas, que ya se conseguirá del dinero de los ricos. Todo es cuestión de voluntad política, no de gestión de recursos. Es, ya digo, la misma izquierda de siempre. Si no fuera por el poliamor de Yolanda.

 

Cuando Yolanda, que estaba allí como en su trono frutal como una reina de la vendimia, tomó el micrófono se saltaron los ojos y los ojales. Necesitamos “querernos”, necesitamos “cariño”, necesitamos “enormes dosis de ternura”, hasta Europa deberá ser “afectiva”. Sumar va, por lo visto, de eso. Yolanda nos manda a todos a querernos, y sí, también a pensar mientras nos queremos. Nosotros vamos a ser los protagonistas, ahí como pulpos del amor, con inteligencia emocional y gustillo retráctil; y nosotros, amándonos y pensándonos, luego le transmitiremos a ella las verdades de la vida, que ella se encargará de materializar. O algo así. En la izquierda no quedaba ya nada por inventar, salvo esta dimensión poliamorosa. La sociedad civil, o esa que trae Yolanda, ya dice lo que ha dicho la izquierda siempre, y lo sabemos porque la escuchamos en el Matadero, hablando tan ordenadamente como niños en catequesis (las preguntas y respuestas eran como del catecismo). La izquierda es la que es, sólo quedaba esto del poliamor y eso de la madre escuchante que ya sabe perfectamente qué va a escuchar.

 

La nueva revolución, sin partidos, sin líderes, consiste sólo en Yolanda en el confesionario, escuchando a los activistas que, como las beatonas, cuentan lo mismo siempre. Eso, más el amor, la ternura, el quererse con esa intensidad inigualable de después de los porros, sin duda. Y no hay más. Es la izquierda de siempre, más pegajosa que nunca, sin una idea nueva, y aún más vaga, porque ahora el líder no tiene ni que pensar, ya pensará por ella la mente colmena, que se le aparecerá convenientemente en forma de sindicalista invitado o activista agendada. La izquierda había intentado las armas, los pucherazos y los mesías zumbones, pero quedaba intentar lo del poliamor. Lo mismo de siempre, pero con poliamor. Claro que la gente aplaudía mucho, cómo no. Se ilusionaban, les palpitaban los tatuajes y cimbreaban los largos pendientes de la rebeldía o de la seducción, sabiendo que allí volvía a estar, donde estuvo siempre, la salvación del mundo, pero además con ese amor silvano, pagano y vivificador. “Muy bonito todo”, resumía una chica mientras la gente salía del Matadero, no sé si a asaltar otra vez los cielos o a casarse todos con todos después de chupar setas.

Por Juan Pardo

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El hambre y la miseria vienen de la mano de Pedro Sánchez.

 



Quizás por capricho de la historia o por el espejo en el que se mira Putin, la invasión a Ucrania coincide con el 90 aniversario del Holodomor. Esta terrible hambruna -que fue un genocidio, según Raphäel Lemkin, el jurista que creo el término y la definición- pero no según la Convención para la Prevención del Genocidio de 1948 (recordemos, creada y votada entre otros por la URSS) se cobró al menos tres millones de vidas y afectó desproporcionadamente a la entonces República Socialista Soviética de Ucrania y a la minoría ucraniana.

 Por Juan Pardo

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Hoy, una terrible hambruna se cierne sobre el mundo y es de justicia reconocer que Rusia no es el único culpable (el aumento de los precios de transporte, el Covid y el cambio climático entre otros muchos factores), pero es un actor dispuesto a empeorar una crisis existente y a sacar el mayor provecho posible de ella.

 

Para Stalin, la cuestión clave era aplastar el nacionalismo ucraniano y asegurar la sumisión absoluta a Moscú. Y para ello, la mayor baza era volver la propia fortaleza de Ucrania en su contra. Siguieron dos años de absoluto terror, de requisas alimentarias incompatibles con la vida, de cuadrillas que sembraban el terror buscando «kulaks» (campesinos «ricos» y «contrarrevolucionarios») y «nacionalistas» ucranianos y en algunos casos extremos, incluso de canibalismo.

 

Para Putin, por otro lado, la posibilidad de utilizar una hambruna como arma de guerra parece más bien sobrevenida. Parece que ha pasado una vida desde aquel intento de tomar el aeropuerto Antonov en Hostomel, descabezar a Ucrania e introducir su propio quisling en el gobierno. La nueva intervención checoslovaca (contra la primavera de Praga) o la nueva Operación Tormenta-333 (el asalto para descabezar Afganistán, que a pesar de tener éxito, llevó a una guerra recrudecida cuyas consecuencias sentimos hoy) se ha empantanado y ha entrado en una etapa de guerra de desgaste donde hay dos objetivos claros a nivel diplomático, quebrar la unidad del «Occidente colectivo» y conseguir un posicionamiento más favorable a Rusia por parte del sur global.

 

Para la primera, los lazos comerciales con Alemania y las ambiciones geopolíticas francesas juegan un papel clave, pero poco a poco parece que van cediendo al «Occidente colectivo», para la segunda, la estrategia del hambre es un factor clave. Putin sabe que si consigue agrandar la brecha norte/sur, la presión migratoria, los efectos de los conflictos armados, el terrorismo y la inseguridad se convertirán en sus mejores aliadas. Sabe que el vacío de seguridad que la OTAN, EEUU, Francia o la UE dejen en África podrá ser ocupado.

 

Putin sabe que si consigue agrandar la brecha norte/sur, la presión migratoria, los efectos de los conflictos armados, el terrorismo y la inseguridad se convertirán en sus mejores aliadas

 

Y dentro del sur global, África será el objetivo favorito para la hambruna de Putin, en primer lugar por la proximidad geográfica; en segundo lugar, por la existencia de un sentimiento anti-francés sobre el cual se puede plantar su mensaje (al igual que el sentimiento anti-EEUU en Latinoamérica); y en tercer lugar, por el recuerdo positivo que la mayoría de los pueblos africanos guardan para con la URSS (que Putin sabe aprovechar y reconducir).

 

No tiene ningún sentido ocultar esta estrategia, las menciones al minado del puerto de Odesa por parte de Ucrania y a las sanciones occidentales no tienen más objetivo que trasladar la culpa. Efectivamente, hay factores previos, pero la negativa rusa a exportar sus productos agrícolas principalmente a África y a dejar pasar los productos ucranianos a través de su bloqueo naval siempre y cuando no se levanten las sanciones impuestas como consecuencia de su brutal e injustificada agresión delata sus intenciones.

 

Quizás, si estuviésemos ante otro enemigo o nuestra unidad fuese más fuerte, se podría organizar una misión de escolta de estos cargamentos, ya que su exportación por tierra es mucho más difícil y costosa. Quizás, si Turquía, Rumanía y Bulgaria pudiesen donar parte de sus fuerzas navales a Ucrania o si se le hiciese entrega de helicópteros con capacidades antisubmarinas romper ese bloqueo no sería una tarea tan complicada, pero parece que aún no estamos allí.

 

Es crucial impedir este nuevo Holodomor a escala global, no solo por los millones de muertes que pueda causar, sino también por puros objetivos «egoístas» europeos. África es nuestro vecino más cercano, con el cual tenemos importantes sinergias, desde nuestra dependencia de materias primas hasta nuestra necesidad de mano de obra pasando por el envejecimiento de nuestra población.

 

Hay que salvar a millones de personas de una muerte segura y sentar las bases de una futura, duradera y segura amistad entre la UE y África

 

A diferencia de Putin y a pesar de nuestros terribles socios en la defensa de nuestra frontera sur (siento como propias toda y cada una de esas 37 víctimas de la Gendarmería Marroquí, masacre en la que España no está plenamente libre de culpa), nuestras sociedades (y hablo aquí principalmente de Europa Occidental, no del mundo poscomunista, pero incluso allí hay grandes diferencias) son mucho más abiertas y tolerantes que Rusia.

 

Desconozco si hay suficientes excedentes agrícolas en este «Occidente colectivo» como para cubrir las necesidades de África, pero si los hay, creo que es imperativo que se usen, no solo para salvar a millones de personas de una muerte segura, sino para sentar las bases de una futura, duradera y segura amistad entre la UE y África.

 

Es hora de convertir este nuevo Holodomor en un nuevo Bloqueo de Berlín a nivel global, donde «Occidente colectivo» le gane de nuevo la partida al totalitarismo más abyecto.

Por Juan Pardo

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