A Irene Montero, nadie le quiere en política ni fuera de ella. Se consuela volando con el Falcon de Pedro Sánchez.

 


A Irene Montero, nadie le quiere en política ni fuera de ella. Se consuela volando con el Falcon de Pedro Sánchez.                    

Montero usó el Falcon para un trayecto de 43 minutos de Washington a Nueva York

El avión del Gobierno regresó a Torrejón el sábado por la mañana, pero se desconoce si con toda la delegación. Igualdad ocultó las fechas exactas del viaje

 

La ministra de Igualdad, Irene Montero, usó el Falcon para un recorrido de 43 minutos entre Washington y Nueva York. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, el avión del Gobierno llevó a Montero y sus tres acompañantes de Washington al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York entre las 8.07 y las 8.50 horas de la mañana (hora de EEUU) del pasado jueves. El Falcon regresó a España en un vuelo que despegó de Nueva York a las 18.58 horas del viernes y aterrizó a España a las seis de la mañana, después de una parada técnica en Halifax. Queda por ver si la ministra y su séquito regresaron con el mismo avión, o si ellas o algunas de ellas se quedaron en Estados Unidos para regresar con otro vuelo comercial días después.

  Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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El viaje de Irene Montero empezó el pasado martes 28 de junio por la noche en la base militar de Torrejón de Ardoz. Ahí la ministra, la secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez, la asesora de Igualdad, Isa Serra, y su jefa de prensa se subieron en el Falcon con matrícula AME4545. Llegaron al aeropuerto de Lajes, muy cerca de Washington, el día siguiente, poco antes de las tres de la madrugada, después de una parada técnica en las Islas Azores. Ahí se quedaron hasta el jueves, cuando a las ocho de la mañana volvieron a volar por un trayecto exprés de tan solo 43 minutos para llegar a Nueva York, según ha podido saber este diario.

 

Durante su estancia, Irene Montero y su séquito se reunieron con la directora ejecutiva del Consejo de Políticas de Género de la Casa Blanca, Jennifer Klein, y con el asistente adjunto de presidente de EEUU, Chiraag Bains. Igualdad informó de una reunión de trabajo con la líder de ONU Mujeres, Sima Sami Bahous, y con representantes de varias organizaciones de defensa de los derechos sexuales y reproductivos, para el día siguiente en Nueva York. No obstante, este diario registró sendas peticiones de información el pasado viernes para que desde Igualdad detallaran el día de regreso de la ministra, y no obtuvo ninguna respuesta.

 

Ahora este diario ha tenido acceso al organigrama de los vuelos del Falcon del Gobierno, del que se desprende que Montero salió de España pocas horas después de la polémica rueda de prensa en la que la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, le impidió dar su opinión sobre la muerte de más de 30 inmigrantes en la valle de Melilla. Y que también lo hizo poco después del Consejo de Ministros que aprobó una de sus leyes estrella, la conocida como Ley trans.

 

No obstante, quedan todavía muchas preguntas en el aire sobre este traslado que el Ministerio de Igualdad mantiene casi bajo secreto. Por ejemplo, se ignora si Montero y sus acompañantes regresaron realmente a España el pasado sábado, o si por alguna razón dejaron que el Falcon volviera con su tripulación, mientras ellas se quedaron de estancia en Nueva York. Sí se sabe que la ‘número dos’ de Montero, Isa Serra (nombrada poco después de su condena judicial), estuvo en la reunión de la ejecutiva de Podemos por la mañana de este lunes.

 

Tampoco se sabe el coste de toda la operación, aunque se entiende que el ministerio solo haya pagado los gastos durante la estancia oficial del Falcon, que coincidió con los encuentros oficiales de los altos cargos de Igualdad. Es decir, las noches del miércoles y el jueves, y el viernes hasta el mediodía. En su último viaje al extranjero, por ejemplo, Montero y su séquito de tres colaboradores prefirieron seguir todo el fin de semana en Chile. Regresaron a Madrid el lunes y dicho trasladó implicó un gasto de más de 8.000 euros para las arcas públicos, en concepto de reserva del alojamiento y billetes de avión, tal y como desveló en exclusiva THE OBJECTIVE.

 

Entonces, la ministra llegó a Santiago de Chile gracias al avión oficial de Felipe VI. Pero mientras que él regresó pocas horas después de la toma de posesión de Gabriel Boric, Montero y su séquitos se quedaron unos días más. Volvieron con una compañía comercial con billetes pagados por el ministerio. Lo mismo hizo la ministra Yolanda Díaz, que se sumó in extremis a la delegación oficial, aunque a diferencia de Montero ha evitado informar sobre el coste real de su estancia.

 

Ninguna nota informativa oficial

Para criticar el traslado y la polémica generada por las fotos difundidas en las redes por Montero y sus asesoras, los populares hablan de «viaje de fin de curso»: unas «vacaciones gratis total» con «fotos con las amigas en los sitios emblemáticos» de la ciudad. Un diputado y el Partido Popular ya han registrado varias preguntas parlamentarias para aclarar los días exactos en los que Montero permaneció en Estados Unidos, y el coste de dicho viaje.

 

Los morados intentan frenar las críticas apuntando que otros dirigentes, de todos los partidos políticos, también se han fotografiado en sus viajes oficiales a Estados Unidos. La oposición, sin embargo, quiere saber con luz y taquígrafo todos los detalles del viaje. Mientras que este diario constata que, al igual que ocurrió en el último traslado a Chile, el Ministerio de Igualdad todavía no ha publicado ninguna nota informativa oficial sobre los encuentros de la ministra, su contenido y sus logros.

 

Podemos rechazará en el Congreso la llegada de más destructores americanos a Rota


Marlaska vuelve en patera a Marruecos para pedir asilo político.

 


Marlaska vuelve en patera a Marruecos para pedir asilo político.

Los policías denuncian que la Dirección General no les ha facilitado la obtención de un título universitario, como acredita la disposición de la ley de 2015

Nuevo frente judicial para el Ministerio del Interior. 250 oficiales de policía han interpuesto varios recursos contencioso-administrativos ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) contra la resolución de la Dirección General de la Policía (DGP), de mayo de 2021, por la que convocó el proceso selectivo de acceso a la escala de subinspección del Cuerpo. Un oposición en la que se ofertaban 345 plazas, a la que no pudieron presentarse cerca de 5.000 oficiales —el rango previo a subinspector— por no tener una titulación universitaria.

  Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Los recurrentes, sin embargo, no han acudido a los tribunales por la obligatoriedad de este nuevo requisito para ascender en la Policía, sino porque la Dirección General, según denuncian, «ha cambiado las reglas del juego» sin cumplir previamente con lo prometido: la opción de que los agentes que no tuviesen carrera pudiesen cursar una en el Centro Universitario de Formación de la Policía Nacional, en un plazo de seis años desde 2015. Fecha final en la moratoria para la exigencia de titulaciones en los ascensos policiales, según fija la Ley Orgánica 9/2015, de 28 de junio, del Régimen de Personal de la Policía Nacional.

 

En el párrafo segundo de la Disposición Transitoria Primera de la mencionada norma, este departamento aseguraba que «llevaría a cabo todas las actuaciones necesarias, tendentes a facilitar la obtención de las titulaciones referidas en el párrafo anterior —se refiere a su obligatoriedad para ascender— por parte de los policías nacionales que no estuvieran en posesión de las mismas, con el fin de posibilitar su promoción interna».

 

Siete años después, sin embargo, el proyecto del Ministerio del Interior para la puesta en marcha de la conocida como universidad policial todavía no se ha puesto en funcionamiento. Hace dos semanas, el ministro Fernando Grande-Marlaska manifestó que «esperaba que este centro pudiese comenzar a funcionar el próximo curso». «En unos pocos meses lo tendremos totalmente operativo», dijo el titular de Interior sobre el proyecto para el que se dispusieron cuatro millones de euros en 2015.

 

En cualquier caso, este retraso ha imposibilitado la obtención de títulos a miles de policiales, ahora afectados, dejándolos «en la más absoluta indefensión y abandono». «La Dirección no ha creado ni ha puesto en marcha ningún mecanismo, instrumento, plan o medio para facilitar que los funcionarios de la Policía que promocionan y ascienden internamente, obtengan las titulaciones requeridas». Una actuación que «no tiene amparo legal ni justificación», advierte el recurso.

 

A pesar de la «claridad en la redacción de la obligación adquirida legalmente por la DGP», ahora, «de buenas a primeras y sin respetar dicha normativa», denuncian los recurrentes, se exige una titulación para poder promocionar internamente y acceder a las correspondientes categorías superiores. Lo que, a su juicio, es «un claro ejemplo de incumplimiento de las legítimas expectativas puestas en la obligación adquirida por la Administración a la que pertenecen los funcionarios policiales que, al jurar y tomar posesión del cargo, como no puede ser de otra manera, tienen el objetivo, reconocido por Ley, de promocionar, ascender y desarrollar su carrera profesional en el Cuerpo», advierten.

Los agentes, en este caso, hacen mención al artículo 40 de la propia Ley Orgánica 9/2015, que convierte en obligatorio el requisito de poseer un título universitario para ascender. El precepto dice que «la carrera profesional de los funcionarios de la Policía Nacional se configura como el conjunto ordenado de oportunidades de ascenso y expectativas de progreso profesional, conforme a los principios de objetividad, igualdad, mérito, capacidad y, en su caso, antigüedad».

 

Facilitar a los agentes sin carrera la obtención de ella, además, es un punto que incluso se recoge en el proyecto de Real Decreto por el que se crea el Centro Universitario de la Policía, argumentan también en el recurso los afectados. Entre las responsabilidades de esta institución «están las de desarrollar e impartir los cursos y programas formativos de acceso a las Escalas Ejecutiva y Básica de la Policía Nacional, y llevar a cabo la programación y la ejecución de los cursos relacionados con la promoción interna de los funcionarios de la Policía Nacional, con excepción de aquellos encomendados al Centro de Altos Estudios Policiales», dice la norma.

Por todo ello, los policías solicitan al juzgado que cancele la exigencia de la titulación universitaria en la pasada convocatoria para que así todos los funcionarios policiales, en la categoría de oficial, puedan «concurrir en igualdad de condiciones» a la oposición con los «mismos requisitos que existían antes de la entrada en vigor de la mencionada Disposición Transitoria Primera». Una normativa, denuncian, «que ha sido incumplida por quien precisamente quiere aplicarla ahora en el proceso selectivo en cuestión».

 

Con anterioridad a la vigencia de la norma de 2015, existían dos opciones para ascender en la escala policial, ambas sin la obligatoriedad de tener un título universitario. La primera, por concurso oposición, que consta de un examen teórico, otro psicodélico y un caso práctico. La segunda precisa del requisito de antigüedad en el Cuerpo, y además, una prueba psicotécnica y una entrevista personal.

 Por Juan Pardo

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Pedro Sánchez sabe que barrunta terror y miseria. Pero ahora solo le preocupa como hundir más España.

 

                                                     PARA OTOÑO A PEDIR

Pedro Sánchez sabe que barrunta terror y miseria. Pero ahora solo le preocupa como hundir más España.

«Es el momento de remangarse, ir más allá de la política de parches que no logra doblegar los precios y alcanzar un pacto de rentas y que los dos grandes partidos acuerden un programa de medidas económicas»

La inflación supera por primera vez desde 1985 los dos dígitos en España: 10,2%. Entonces no estábamos en la Comunidad Europea y el Gobierno socialista de Felipe González, que llegó al poder en 1982, capeaba una grave crisis fruto de la reconversión industrial y hacía lo posible por doblegar los precios para presentar al país como un candidato solvente de cara a su ingreso en la unión. Los tipos de interés llegaron a superar el 14%. La deuda pública se situaba en el 42% del PIB y el déficit en el 4,7%. Y tales desequilibrios se identificaban como un serio problema: La enfermedad crónica del déficit público, titulaba el diario El País por esas fechas. Hoy, con una deuda pública que supera el 120% del PIB y un déficit en el 6,87% después de haber rozado el 11% hace un año, los tipos de interés están en el 0,25% o en el menos 0,50% para los bancos que depositan su dinero en vez de dar crédito. ¿La diferencia? Estar bajo el paraguas de la unión monetaria. Esto va para quienes desde el ala izquierda del Gobierno de coalición acusan al BCE de estar a punto de hacer terrorismo monetario por su decisión de subir los tipos de interés a final de este mes para contener la inflación, como por otro lado le obliga su mandato. Añoran, parece, la soberanía de la política monetaria que nos obligaría a elevarlos por encima de los dos dígitos.

  Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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El otoño se presenta negro. Y, con una inflación galopante y unas previsiones de crecimiento mermadas, será socialmente explosivo. De poco le servirá al Gobierno más progresista de la historia echar la culpa a un desalmado BCE. Es el momento de remangarse, ir más allá de la política de parches que no logra doblegar los precios y alcanzar un pacto de rentas y que los dos grandes partidos acuerden un programa de medidas económicas. Después de los achuchones, risas y abrazos a profusión dados y recibidos en la exitosa cumbre de la OTAN, a Pedro Sánchez le toca aterrizar en la prosaica realidad nacional. Mal que le pese.

 

El presidente se ha puesto muy institucional reclamando un pacto «por encima de las ideologías» para cumplir con la promesa hecha a sus socios atlantistas de subir el presupuesto militar al 2% del PIB. Un objetivo que le será imposible sacar adelante sin el apoyo del PP. Pero el Gobierno no hace nada por allanar el camino hacia el consenso. Más bien al contrario. Continúa con su huída hacia adelante sobre todo si arrecian los problemas. Frente al pésimo dato de inflación de junio y el escándalo, otro más, en torno al asalto a la dirección del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Consejo de la empresa de mayoría pública Indra, el Gobierno pacta con Bildu la redacción de la Ley de memoria Democrática. Una memoria selectiva que nos aleja del espíritu de concordia que marcó la Transición.  Y que le sirve para azuzar la división.

 

Así que lejos de buscar el consenso, seguimos en las mismas. Y el momento, pese a las buenas intenciones declaradas durante la reunión de la Alianza Atántica con respecto a la defensa de Ucrania, es delicado. El deterioro del bienestar económico de las economías avanzadas, especialmente las de la UE por su elevada dependencia energética de Rusia, va a intensificarse. Y a medida que se prolongue la guerra, crecerán las voces partidarias de alcanzar un acuerdo con Moscú para poner fin al conflicto. Y se eleva el riesgo de que el apoyo ciudadanos a sus compatriotas europeos ucranianos vaya en descenso. Aunque ello suponga una claudicación ante el genocida Putin. ¿Integridad territorial? ¿Respeto a la ley internacional?

 

Es más fácil vestirlo de posibilismo bienintencionado. Sobre todo porque es infinitamente más complicado gestionar la crisis económica en ciernes. Especialmente si el Gobierno se empeña en hacerlo solo y con medidas improvisadas que no están ayudando a doblegar la inflación y benefician a quienes menos lo necesitan. Como por ejemplo, el descuento en el consumo de combustibles, que ha permitido a las petroleras aumentar sus márgenes una media del 23,7% por la venta de gasolina y gasóleo, como denunciaba recientemente la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia. Un dinero público que va a engordar su cuenta de resultados en lugar de ser utilizado para dar ayudas directas a los sectores más afectados (las industrias de uso intensivo de energía como el acero o la automoción, el transporte público o la distribución de mercancías, el sector agrícola o la pesca) y disuadir el consumo privado de combustible. Porque de eso se trata. Europa está en guerra, aunque las bombas cagan a 3.7000 kilómetros, y toca asumir un coste por defender nuestros derechos y libertades.

 

¿Puede el Gobierno permitirse seguir improvisando medidas e ignorar las propuestas económicas de un partido de la oposición claramente reforzado por la victoria de este último en Andalucía? Hay tres motivos por los que podría seguir haciéndolo. La fuerte subida de la recaudación por IVA debido a la subida generalizada de los precios al consumo, que ha elevado a 97.000 millones de euros los ingresos fiscales hasta mayo, un 19% más. La entrada de dinero de los fondos europeos NextGen, aprobados para superar los efectos de la pandemia, y que suponen un ingreso extra de 77.000 millones de euros en ayudas directas y 70.000 en forma de créditos blandos. Y la voluntad mermada de los habituales países acreedores y más rigurosos fiscalmente, con Alemania a la cabeza, de ejercer el control sobre el gasto de esos fondos, desbordados como andan con la gestión de su potencial desabastecimiento de gas ruso, del que su economía depende en casi un 65%, y con la inflación en unas tasas insoportables para el país europeo con más fobia al aumento de los precios dado su pasado reciente.

 

«Hay mucho dinero para gastar y poco tiempo», decía la semana anterior la ministra portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez. Más allá del riesgo que esta declaración entraña al poder perder España la oportunidad de transformar su economía con el maná europeo, es el mensaje opuesto que debe lanzar el Gobierno a unos mercados financieros que se han están deshaciendo de los bonos soberanos de los países periféricos con mayores desequilibrios fiscales. El resultado ha sido una subida de interés de los tipos a los que el Estado español financia su déficit. El BCE, mientras, intenta desesperadamente evitar una nueva fragmentación de la eurozona. Su presidenta Christine Lagarde trata de imitar a su predecesor, Mario Draghi y anuncia también que hará whatever it takes para evitar esa divergencia. Pero el contexto inflacionista limita su margen de maniobra y mercado espera aún una fórmula que dé credibilidad a su advertencia.

 

Estar bajo el paraguas de la UE nos permite estar en una situación mucho más amable que la de hace 37 años. Pero los desequilibrios amenazan con seguir creciendo. Como demuestra la evolución de la inflación subyacente, que es lo peor del dato publicado esta semana por el INE. Está en el 5,5% (seis décimas más que en mayo y 3,1 puntos más que en enero). Es la tasa que marca la tendencia de los precios, al margen de los componentes más volátiles como la energía y los alimentos y que será más difícil de doblegar sin riesgo de entrar en una recesión.

 

¿Corregirá la inflación su tendencia? Juan Manuel Rodríguez de Poo anunció esta semana su dimisión al frente del INE después de que el Ejecutivo cuestionase los datos del IPC y el PIB. ¿Bajará el primero y subirá el segundo a partir de ahora? No es descartable que los nuevos responsables introduzcan algunos retoques en el cálculo de estos índices. Es lo que ha venido reclamando el Gobierno al Instituto desde que los datos publicados por el mismo sobre el crecimiento y la inflación le resultan adversos. La tozuda realidad ha de amoldarse a sus intereses. En ese empeño, ¿qué otras entidades u organismos pueden estorbarle aún? ¿La AIReF? ¿El Banco de España presidido por un Pablo Hernández de Cos que es constante blanco de las críticas de los socios podemitas?

 

Unos socios que ya han avisado que no apoyarán el aumento del presupuesto en el gasto de defensa que persigue Sánchez. Ante sus socios de la OTAN, el presidente se ha presentado España como un miembro leal y fiable. Pero el martes se sentará en un Consejo de Ministros con varios miembros contrarios a la Alianza y al envío de ayuda militar a Ucrania. Ni siquiera la adhesión voluntaria al pacto atlantista de dos países progresistas como Suecia y Finlandia, les baja de la burra. No. Es preferible seguir con la pretensión, bastante obscena ante el genocidio del pueblo ucraniano, de ser los guardianes de la moral cuando son los campeones de la polarización. El general Gutiérrez Mellado ya se lo advirtió a Felipe González: «Debajo de los rescoldos sigue habiendo fuego». Y desgraciadamente, políticos que hoy lo siguen explotando. Son los responsables de que los pactos necesarios para capear unidos el otoño negro que se avecina estén más lejos de lo que desea y merece una ciudadanía, quiero pensar, mucho más razonable que su clase política.

 Por Juan Pardo

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Irene Montero se queda sola y apartada del Gobierno.

 


La lideresa de Podemos cuenta con menos escuderos y en el partido apuntan a que no controla parte de su equipo. Aun así, la pugna con Yolanda Díaz sigue.

 

La soledad de Irene Montero: sin fieles en el partido y aislada en el Gobierno. No le dejan ni hablar en las ruedas de prensa.

La ministra de Igualdad y lideresa de Podemos, Irene Montero, está más sola que nunca. Fuentes de la formación morada revelan la situación de aislamiento que está experimentando la ministra, tanto en el partido como en el Ejecutivo. Muchos de sus antiguos escuderos han abandonado el barco morado, mientras que otros han sido apartados por ella. El resultado es que la dirigente aparece cansada y arrinconada. E incluso en el Gobierno su papel e influencia están cada vez más desdibujados.

  Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Montero escaló rápidamente la pirámide del poder en Podemos. Entró poco antes del primer congreso de Vistalegre, como trabajadora en el equipo de redes sociales. Durante el binomio de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se decantó por el secretario general. Sufrió en lo profesional y personal el control de Errejón (en el partido morado recuerdan que el ex número dos solía criticar su trabajo y «despreciaba» sus enfoques). Hasta el ajuste de cuentas de 2017, durante el congreso de Vistalegre II. A partir de ahí se hizo con el control de la formación.

 

Desde 2017, con Irene Montero al mando, Podemos sufrió una purga tras otra. Los afectados la señalan como la autora intelectual de esas operaciones. Errejonistas y expablistas sostienen que la dirigente tuvo algo que ver con su defenestración. Aunque hasta la entrada en el Ejecutivo, Montero contó con un grupo de escuderos que la protegían. Muchos de ellos, sin embargo, ahora se han alejado o han sido apartados.

 

«Más sola que la una»

El resultado es que «Irene está más sola que la una», explica un miembro destacado del partido morado. La primera señal de alarma, recuerdan, fue el caso de Noelia Vera. La periodista gaditana que había sustituido a Iglesias y Monedero al mando de La tuerka («Noelia, sal tú y torea», le dijeron), y que después se había convertido en portavoz de Podemos, formaba parte del círculo de confianza de Montero.

 

Ascendió hasta la secretaria de Estado de Igualdad, pero prefirió dejar la política por razones personales. «Demasiado estrés», afirmaban algunas fuentes parlamentarias. Otros en Podemos hablaban de razones políticas y presiones que habían cansado a la dirigente: «No le han perdonado su mala gestión en Andalucía frente a Tere [Teresa Rodríguez]». «Intentaron que ella rivalizara contra Tere, pero Noelia no quería mancharse», añaden otros. Irene Montero la despidió entre lágrimas: «Ha necesitado parar para cuidarse», dijo.

 

Sea como fuera, la suya fue la primera de una larga lista de defecciones, en la que también aparece el nombre de Rafa Mayoral, uno de los intocables del grupo de dirigentes cercanos a Montero. Mayoral fue su guía durante los años en la PAH y después figura clave en Podemos. Formado en las juventudes comunistas como ella, Mayoral ejerció durante años como uno de los escuderos más firmes de Montero, pero él también se ha alejado de ella, o ha sido apartado (como ocurre a menudo, internamente se deslizan las dos teorías). Lo cierto es que prácticamente ha desaparecido de la primera línea.

 

La soledad de Montero se extiende incluso al ministerio. El caso muy sonado del cese de Amanda Meyer lo demuestra. La hija del dirigente de IU Willy Meyer entró a formar parte del Ministerio de Igualdad como jefa de gabinete poco después del nombramiento de Montero. La comunista andaluza, sin embargo, fue cesada poco después de la formación de las listas electorales en Andalucía, el pasado 7 de junio, tras el desembarco de Yolanda Díaz en la región.

 

¿Un paripé?

Aunque existen sectores -incluso en el PCE- que apuntan a un paripé de Montero y Meyer para ocultar el vínculo todavía existente con los comunistas, varias fuentes en Podemos sostienen todo lo contrario. «La ministra ya no controla ni a los suyos», mantienen.

 

«La salida de Meyer fue pactada solo en la forma, para evitar ruido, pero ocurre porque Amanda es del PCE y, por lo tanto de IU, e IU ahora está con Yolanda«, explican las fuentes consultadas. Como publicó este diario, Meyer no es la única que ha entrado en la diana de la ministra. Otras dos colaboradoras de su equipo, Toni Morillas y Clara Alonso, están en la cuerda floja. Todo por el coqueteo con Yolanda Díaz, con quien Irene Montero lleva muchos meses de desavenencia. Concretamente, desde el comienzo de la legislatura.

 

Fortaleza y debilidad

«Irene tenía una habilidad única en la política: reconocía rápidamente la debilidad de un adversario, y lo explotaba», afirma un dirigente de Podemos que trabajó codo con codo con la ministra. El problema aflora cuando la lógica de la «lealtad» se interpone a la estrategia, reflexiona.

 

La política madrileña siempre ha tenido dificultad en alcanzar pactos con personas hacia las que perdía la confianza. El propio Pablo Iglesias recuerda en su libro lo importante que es para ella la lealtad. La dimensión humana siempre prevalece. Y con ella el choque directo contra todo tipo de crítico. En el actual grupo parlamentario de Unidas Podemos también hay diputados que han perdido su confianza. «No me extraña [su soledad], ha tratado mal a todo el mundo», acusa un ex alto cargo del partido.

 

Ese impulso también dificulta las relaciones con otros ministros del Gobierno. Se comenta la cercanía con Ione Belarra, pero no todos en Unidas Podemos ponen la mano en el fuego por esa amistad. «Quien manda en Podemos es Irene. Ione Belarra intentó cuando se la nombró secretaria general crear algo parecido a un liderazgo, pero en seguida le dieron un toque de atención«, afirman desde Izquierda Unida. Es más conocida la animadversión hacia Alberto Garzón y, por supuesto, Yolanda Díaz.

 

Incluso los más críticos, no obstante, hacen un ejercicio de equidad para hablar del choque con la gallega: «Yolanda no es lo que parece. Es una negociadora dura e inteligente, una dirigente igual de determinada que Iglesias. Lo que cambia son las formas. Pero en IU la recuerdan bien, la llaman sangrienta«. Se refieren a su etapa en Galicia. Pero también a algunas polémicas traiciones a excompañeros y partidos aliados, como desveló este diario. «Que pregunten a Xosé Manuel Beiras y al BNG», detallan. En la antigua Roma otorgaron ese epíteto a Nerón.

 

Un círculo muy reducido

Juan Carlos Monedero, uno de los dirigentes de Podemos que sigue en el cuartel morado, fue precisamente quien avisó de que Yolanda Díaz no era de fiar. Empezó recordando que «no es de Podemos, sino del PCE», para acabar señalándola como una heredera de Manuela Carmena. Es decir, una política interesada en crear un proyecto personal que dinamite Podemos. Con Monedero, uno de los pocos dirigentes fieles que quedan es Juanma Del Olmo, exjefe de estrategia del partido durante la época de Iglesias. El portavoz Pablo Echenique también forma parte de este grupo de afines, aunque la relación con Montero también ha sufrido altibajos.

 

Pablo Iglesias solo viajará a Cádiz para dejar a Yolanda Díaz la «derrota» de Sevilla el 19-J

Pablo Iglesias solo viajará a Cádiz para dejar a Yolanda Díaz la «derrota» de Sevilla el 19-J

Luca Costantini

El aislamiento de Montero es más pronunciado si se pregunta a la parte socialista del Gobierno. Varios ministros están convencidos de que la dirigente de Podemos «resta» a la imagen del Ejecutivo. Algunos se lo han comentado en más de una ocasión a Pedro Sánchez. Los equilibrios parlamentarios, sin embargo, obligan al PSOE a entenderse con los morados.

 

Pero el papel de la ministra de Igualdad está desdibujado. Después de la salida de Carmen Calvo, y coincidiendo con la vicepresidencia de Yolanda Díaz, el peso de Irene Montero va a menos. Prueba de ello fue la actitud de la portavoz Isabel Rodríguez en la rueda de prensa del pasado lunes, cuando a Montero no se le ha permitido responder a varias preguntas sobre la situación de los inmigrantes en Melilla. Y todo eso en el día de presentación de la Ley trans, tal vez el principal éxito de su mandato como ministra.

 

La debilidad de Irene Montero se traslada, además, a niveles intermedios del partido. Como ha informado este diario, cuadros activos en el territorio creen que la cúpula morada está renunciando a dar la batalla interna para imponerse a Yolanda Díaz. Y que, en realidad, solo mueven ficha para salvar su presencia en las listas electorales.

 

La sensación de abandono va in crescendo, a la vez que Irene Montero aparece como aislada y debilitada. Ella que hace tan solo cuatro años soñaba con dar el relevo de Pablo Iglesias. Y que se preparaba para eso. Ahora se encara el momento más difícil de su carrera: hacer frente a la implosión de Podemos, rodeada cada vez de menos fieles y con los enemigos que se multiplican dentro y fuera de su partido. Aun así, resistencia y empuje no le faltan. Su historia lo demuestra.

 Por Juan Pardo

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Del Gobierno de Sánchez, aún se espera lo peor.



Los españoles estamos distraídos por el comienzo del verano y la lógica alegría por haber dejado atrás las restricciones (que no la covid, que está desatado con una séptima ola de la que apenas se habla). Pero esa despreocupación estival no debería tapar los enormes problemas de fondo. El país tiene sus cuentas públicas destrozadas por cuatro años de irresponsabilidad manirrota y gasto peronista. Además, el pico de inflación, el impuesto de los pobres, machaca las economías familiares. Este desafío, complicadísimo, nos pilla con un Ejecutivo incompetente, que todo lo arregla comprometiendo más gasto público y empantanando así el futuro de España, que a este ritmo va de cabeza a la quiebra.

 Por Juan Pardo

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En estas condiciones, lo normal es que Sánchez pierda las generales el próximo año, sobre todo al haber encontrado el PP un candidato con más tirón que el anterior. Pero esa sería la lógica imperante en un país normal, presidido por un mandatario que respeta las reglas de juego. No es el caso de Sánchez, que morirá matando. El año y medio que resta hasta las generales será tremendo.

Es cierto que cuesta creer que Sánchez pueda empeorar, porque ha perpetrado abusos inimaginables. Llegó al poder sin haber ganado las elecciones y gracias a una celada con los golpistas catalanes que él mismo había ayudado a combatir. Tras prometer regeneración democrática, sus primeras medidas fueron someter a RTVE con una comisaria política de escasas luces y fanatismo sectario, entregar el CIS a un hooligan de la Ejecutiva del PSOE y controlar la Fiscalía con una ministra socialista. Luego nos aplicó un estado de alarma inconstitucional, que le ha valido dos condenas del TC, hecho que en una democracia rigurosa le habría costado la dimisión. Instauró un nepotismo desacomplejado, repartiendo puestos entre amigotes e inventándose un empleo público a la carta para rescatar del paro a su amigo del alma. Mintió en sus promesas electorales. Concedió unos indultos arbitrarios, contrarios al dictado del Supremo y al sentir de la mayoría de los españoles. Intentó embridar de manera macarra a los jueces, que le molestan en su proyecto de rasgos autoritarios, y si no lo logró fue solo porque Bruselas lo detuvo. Por último, ha instaurado la mentira como una práctica homologable.

Semejante inventario parece insuperable. Sin embargo, todo indica que irá a todavía a más. Tras la hecatombe del PSOE en su granero electoral andaluz, que en realidad pone en el alero el futuro del partido, Sánchez ha hecho dos cosas que invitan a esperar lo peor, dos cacicadas de república bananera que indican que no estamos ante un gobernante occidental al uso. La primera ha sido corregir sobre la marcha una ley del propio PSOE a fin de hacerse con el control del Tribunal Constitucional, un contrapeso que no le agrada, porque pone coto a sus arbitrariedades. La segunda medida ha sido asaltar la importante empresa Indra, saltándose las prácticas de buen gobierno corporativo para someterla a la férula estatal de la mano de Prisa, su corista mediático. La amoralidad de Sánchez está tan acreditada que algunos analistas, como mi compañero Antonio Naranjo, incluso han recordado con aprensión que Indra es la encargada de recontar los votos en nuestros procesos electorales.

Pero hay más. El Gobierno, que ya se ha venido quejando de las estadísticas del INE, planea asaltar también esa institución y corregir sus métodos, lo que podría servirle para maquillar sus fiascos económicos mediante datos trucados. Sánchez está dando pasos que merman la calidad de nuestra democracia.

Son asuntos muy graves. Pero habrá más, y peores, a medida que la fiera herida vea que se acerca la lucha final de las generales. Entre otras prácticas, ordenará escudriñar a sus adversarios políticos hasta límites inimaginables, con el objeto de intentar desacreditarlos y sacarlos de la carrera.

Vienen curvas cerradas, que nos pillarán con escasos medios de comunicación capaces de reflejar que el conductor del coche es capaz de llevar nuestra democracia a la cuneta. Lo denunciará este periódico… y poco más. Tiempos duros. La sociedad civil y la oposición habrán de estar muy atentas en la defensa del juego limpio y de nuestros derechos y libertades. El lleno de este domingo en la plaza de Colón invita a la esperanza. Refleja que no toda la sociedad está anestesiada por el cloroformo «progresista». Por supuesto esa marcha ha sido lamentablemente ninguneada en los telediarios de TVE, que hoy no es una televisión pública, sino una televisión de partido.

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Teresa, víctima de TVE, A3, La Sexta, Cuatro, Tele5 y también de Mónica Oltra.



Teresa se llama la víctima del marido de Mónica Oltra. Nunca se interesaron por entrevistarla ni TVE, ni Antena3, La Sexta, ni Cuatro, ni Tele5. Durante años y siendo ya mayor de edad, nunca la consideraron una víctima, sino una amenaza. No existía, la anularon como menor víctima de abusos sexuales en un centro tutelado. No era la mediática Rocío Carrasco, ni la ministra Montero se iba a enemistar con Compromís por una niña que no era “de los suyos”. Para la ministra de Igualdad nunca mereció ni un tweet. Para los medios, entrevistarla era enfrentarse al poder de la Generalitat Valenciana y que te cerraran el grifo de la publicidad institucional. Compromís reparte casi 3 millones de euros al año y Ximo Puig otros 12 millones más.

¿Dónde está la humanidad de esas otras 13 personas implicadas? ¿Por qué permitió el juez que la llevasen a declarar esposada? El mismo día y a la misma hora que, Teresa declaró ser víctima de abuso, el juez tenía que haber ordenado un rastreo total de su habitación, así como mandar todos sus enseres a la policía científica. La directora del centro del mismo modo.

Para el  bien de España y, en este caso, de Teresa; los medios de comunicación deben ser excluidos del reparte de subvenciones que solo generan dudas y vicios ocultos.   

 Por Juan Pardo

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Ridícula manifestación anti OTAN orquestada por parte del Gobierno Frankestein, 2.500 personas

  


Unas 2.500 personas, según la Delegación del Gobierno en Madrid, se han manifestado este domingo para rechazar la celebración de la cumbre de la OTAN en España y plantear una alternativa a la Alianza Atlántica, según informa Efe. Al encuentro han acudido organizaciones políticas que se encuentran dentro del Ejecutivo, como Izquierda Unida, de quien ha asistido la diputada Roser Maestro, el ex diputado Miguel Ángel Bustamente y el europarlamentario Manu Pineda. Además, entre los asistentes del PCE se encontraba Enrique Santiago, número 2 de Ione Belarra en el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

 

No obstante, las cifras de asistencia según la Delegación del Gobierno en Madrid son muy inferiores a las previstas por la organización de la protesta, que había avisado de que contaría con una asistencia de en torno a 5.000 personas. Sin embargo, los organizadores apuntan a que la asistencia ha sido mucho más elevada, 30.000 personas, según sus cálculos.

  Por Juan Pardo

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En la marcha, convocada por la Asamblea Popular contra la Guerra, la Plataforma Estatal por la Paz y la Asamblea OTAN NO Madrid, los asistentes han coreado consignas como «OTAN no, bases fuera» y «gastos militares para escuelas y hospitales» y han portado pancartas con lemas como «no a la guerra».

 

A la cabeza de la movilización, Willie Meyer, portavoz de la Plataforma Estatal por la Paz, ha comentado a Efe que luchar por la paz se ha convertido en una «necesidad» después de que la OTAN se haya convertido en un «obstáculo» para la consecución de ese objetivo.

 

«La cumbre de la OTAN lanza un mensaje equivocado del papel que debe jugar España en África y hacia el Mediterráneo. Van a aprobar un concepto estratégico que es ‘360 grados OTAN’, es decir, intervenir militarmente fuera del derecho internacional en cualquier parte del mundo», ha avisado.

Vox, aún no ha captado que su ridículo político es superior al de Podemos.

 


Vox se autodenomina contrario a las autonomías, eroescética.... pero se presenta a las elecciones. A la pregunta de si va a continuar en Andalucía, Macarena Olona ha dicho que es una soldado y que su designio lo marca Dios. No está mal que una política tenga fe, incluso que la profese públicamente. El asunto es que Vox está adquiriendo un tono integrista, propio del mesianismo político, que asusta.

 

Mucho hemos hablado del complejo de superioridad moral de la izquierda, dedicada a darnos lecciones sobre nuestro pensamiento y comportamiento, acerca del pasado, la mezquindad del presente, y el futuro maravilloso si seguimos su dictado. Es esa izquierda que se cree mejor que el resto de partidos y que la sociedad entera, que sueña con una ingeniería colosal que cambie todo. Son los que aspiran a una legislación sin fin y a un Estado omnipresente para ahormar al pueblo a «la verdad».

 

No hay diferencia con Vox, al menos con la parte que ahora hemos visto en la campaña andaluza y su resaca. Cada vez es más evidente ese poso de supremacismo: son mejores personas y españoles, más patriotas, sabios y trabajadores, y, por supuesto, guardianes de la moral. Son cristianos de los que no ofrecen la otra mejilla, ni muestran caridad, ni amor fraternal o tolerancia, sino todo lo contrario. Son los entorchados de la Reconquista, que consideran que quien no aporta, estorba.

 Por Juan Pardo

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Es de diagnóstico clínico asegurar que se los margina porque luchan contra «el mal», al cual identifican con la interrupción del embarazo, las autonomías, el globalismo, el feminismo, la educación sexual en los colegios, la homosexualidad y el ecologismo. Dicen que dan la «batalla cultural», confundiendo el grito y la sobreactuación con el debate.

 

Lo peor está en que identifican como transmisores del «mal» a un 90% de la población. Ellos son el bien y vienen a corregirnos. ¿Cómo quieren hacerlo? Lo dice Francisco J. Contreras, diputado de Vox, en su libro Una defensa del liberalismo conservador. La solución que da es propia del comunitarismo estatista: más Estado y más legislación para hacer ingeniería social de derechas. Se trata de reconstruir la sociedad hecha añicos por los liberales y los progresistas, dice el diputado, que han demolido la moral a través de la educación y los medios de comunicación.

 

Estos de Vox creen que son los guardianes de la moral social, catalogada por ellos, claro, y fundamentada en su visión del cristianismo. De esta manera, el régimen político debe tener como fundamento, casi como carta fundacional e inspiradora, la moral cristiana interpretada por Vox. Por tanto, están en una cruzada, porque liberales y progresistas, ese resto despreciable, han sustituido la moral social por la moral individual y la conciencia propia, por el relativismo y la búsqueda del placer.

 

¿Cómo no sentir una superioridad moral? Los demás somos chusma porque ejercemos nuestra libertad, que es algo personal, no colectivo, y mucho menos al dictado de unos mesías.

 

En este delirio de ingeniería social integrista cabe cualquier intensidad estatal y legislativa, incluso llegando a la tiranía, para deshacer el presente. Aspiran a dictar toda la legislación y el Estado coactivo que sean necesarios para crear un hombre y una sociedad nuevos que reconstruyan sobre una moral social oficial lo que nunca debió perderse por obra y maldad de liberales y progresistas.

 

Si por el camino se pisotean las libertades y los derechos de los demás, se siente, incluso se justifica porque son servidores del «mal». La verdad es que es el mismo mecanismo mental de Irene Montero, por ejemplo, o de Pablo Iglesias y el resto de podemitas.

 

La consecuencia lógica de su planteamiento da más miedo. Si la libertad que defiende Vox está marcada por la moral social que procede de Dios, ese partido es la voz de Dios en la Tierra. ¿En serio? ¿Hemos vuelto a Pío IX, a lo más ruín del siglo XIX? De esta manera, sus políticos se creen investidos de una misión tan patriótica como divina: reconstruir España y restablecer la moral de Dios.

 

Como cristiano siempre he pensado que el laicismo, la separación de la Iglesia y el Estado, de la fe y de lo público, es el fundamento de la libertad. Lo contrario me parece un argumento autoritario. El mesianismo político es muy mala compañía de la libertad, y nunca depara una democracia. En su mentalidad, la libertad solo se entiende si tiene un función social para un bien común que debe dictar un Gobierno patriótico, no progre ni liberal. Esa es su misión: salvarnos de nosotros mismos.

 

Con tal alta misión no acaban de comprender el motivo de su batacazo en Andalucía. Esperaban 25 escaños y mandar en la Junta andaluza, y resulta que han subido solo dos y no pintan nada. ¿A qué lo achacan? A los andaluces, que no han entendido nada, y a una gran conspiración mediática para que Vox no ganara.

 

Olvidan un detalle, y es que, siguiendo su razonamiento pueden no haber ganado las elecciones por un designio divino, que es el criterio que seguirá Olona para decidir su futuro político. Quizá Dios, en su infinita sabiduría, ha preferido para esta maltrecha España que ganara una opción moderada y tranquila, que ha hecho en Andalucía una auténtica Transición sin sobresaltos. Es posible que Dios haya querido que los españoles nos libremos ya de tanto grito y trazo grueso, y haya impulsado a los electores a despreciar a los populistas de ambos extremos.

 

Por concluir. Vox y España necesitan un poco de cordura y moderación, y que sus políticos se bajen del pódium moral en el que ellos solos se han subido. Es ridículo, por ejemplo, hablar contra las autonomías y presentarse a las elecciones autonómicas con el propósito de gobernar. Es patético combatir a la izquierda en nombre de la libertad predicando la intolerancia. Es insultante hablar en nombre de Dios para excluir a los demás. No nos hacen falta salvadores, porque un liberal se salva solo. A ver cuando se enteran.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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