Lo más sensual e insinuante en pintura célebre de la historia. Pinturas acreditadas entre las 100 más caras del mundo.

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Desde aquellas pinturas rupestres de hace decenas de miles de años con animales a los que cazar, el arte ha sido siempre un ámbito idóneo para dar rienda suelta al deseo y representar el mundo como nos gustaría que fuera. No es de extrañar por tanto que esté rebosante de cuerpos desnudos, partiendo de la misma Venus de Willendorf —a la que los antropólogos pudorosamente llaman «símbolo de fertilidad» pero que nosotros incluiríamos más certeramente en la categoría chubby porn— hasta la interminable lista de representaciones pictóricas de formas exuberantes y posturas provocadoras que se han sucedido con el paso de los siglos. Mostrarlas todas sería recorrer el arte occidental casi al completo, así que a continuación seleccionaremos solo aquellas que nos resultan particularmente sugerentes para que voten la que prefieran, invitándoles también a que añadan en los comentarios las que nosotros hemos descartado de manera imperdonable y ustedes consideren imprescindibles.

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El sueño, de Gustave Courbet

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Este pintor francés decimonónico de ideas revolucionarias sostenía que quería morir «como hombre libre, sin depender de ningún poder ni religión» y finalmente lo hizo debido a una cirrosis, que es una forma honorable de hacerlo que indica que se ha aprovechado bien el tiempo. Pero su obra es aún más digna de admiración si cabe, pues cultivó un estilo realista con el que retrató paisajes, bodegones, escenas de la vida cotidiana y especialmente mujeres desnudas, que eran su debilidad. Tenemos por ejemplo Mujer con medias blancasLa bacanteMujer con un loro o la hermosa escena que vemos sobre estas líneas pintada por encargo del embajador turco en París, protagonizada por dos jóvenes yaciendo abrazadas con esa calma que suele llegar tras el frenesí sexual. La retratada de pelo castaño se llamaba Joanna Hifferman, fue amante del artista y parece ser que también hizo de modelo para otra obra suya que veremos más adelante.
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San Sebastián, de Rubens


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Sebastián fue un soldado romano que ante la disyuntiva que le planteó el emperador Maximiano de ser fiel al ejército o a su fe cristiana, escogió esta última. El martirio al que lo condenó, siendo atado a un árbol y asaeteado, se convirtió en un tema artístico recurrente con el paso del tiempo y en todo un icono gay. Su atractivo, semidesnudez y el simbolismo masoquista de las flechas ha inspirado a homosexuales como el escritor Yukio Mishima que se retrató en esa postura, como una forma de expresar el tormento que le suponía aceptarse y ser aceptado, mientras que Federico García Lorca por su parte sostenía que «una de las actitudes más hermosas del hombre es la actitud de san Sebastián». De todas las representaciones artísticas del santo nos quedamos con la de Rubens, que también pintó otro cuadro con los ángeles acudiendo a su rescate tras el castigo.
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Adán y Eva, de Tamara de Lempicka

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Entre Ingres y Picasso. Ahí es donde se encuentra el célebre Adán y Eva de Tamara de Lempicka, completado en 1932. Lempicka tuvo la idea de pintar esta estampa bíblica cuando vio como una de sus modelos habituales comía una manzana. Se dice que el varón es un policía que solía hacer su ronda cerca del estudio de la artista.
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Leda y el cisne, de Nikolai Kalmakov

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Han pasado muchos siglos desde que algún ancestral pastor solitario comenzó a ver con otros ojos a la incauta oveja que le daba la espalda mientras pastaba, iniciando así una variadísima y recurrente relación interespecies. Pero ningún acto zoófilo ha despertado nunca tanta atención como el que refleja este mito griego: Miguel ÁngelLeonardo Da VinciRubensCorregioCezanneDalí y una miríada de artistas desconocidos quedaron fascinados por él y se vieron impelidos a representar el preciso instante en el que un Zeus de incógnito fecunda a la reina de Esparta, quien posteriormente pondría dos huevos, de uno de los cuales nacería Helena de Troya. Podríamos haber escogido cualquiera de esas pinturas, pero nos quedaremos con la de este artista ruso nacido a finales del siglo XIX, tanto por la belleza con que retrata a Leda como por mostrar un cisne negro, que es algo improbable pero como vemos puede suceder.
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El origen del mundo, de Gustave Courbet

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Hablábamos al comienzo del chubby pero el hairy tiene también sus adeptos, a quienes seguro que encantará la que quizá es la obra más conocida de Courbet, en la que retrató las partes íntimas de la mencionada Joanna Hifferman. Durante más de un siglo fue un cuadro maldito que permaneció oculto pasando de mano en mano de una forma bastante rocambolesca. Incluso podría contarse la historia europea a través de este toto peludo, pues lo tuvieron los nazis, luego el Ejército Rojo y posteriormente el psicoanalista Lacan. Así que si se quedan absortos mirándolo no es para menos, en él puede escudriñarse el siglo XX, sus ideologías y, en definitiva, la respuesta a las grandes preguntas que su título indica.
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Muerte de Adonis, de Rubens

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Adonis era guapo a rabiar, así que cuando un jabalí enviado por la diosa Artemisa se lo llevó por delante, Venus, las tres Gracias y el pequeño Cupido se llevan un disgusto que mírenlos, no saben ni dónde meterse. La postura entregada y con robustas piernas de futbolista flexionadas solo logra encenderlas aún más, ahí anda una tirando distraídamente de la túnica que inoportunamente le tapa el báculo de la dominación, mientras que la de la derecha parece estar atragantándose del sofoco que le da.
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La maja desnuda, de Goya

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Goya es un artista de talento tan excepcional que ya le dedicamos recientemente una encuesta a él solo. De las dos majas que podemos ver en el Museo del Prado es naturalmente la que más atención despierta en los visitantes, y no es para menos. Siempre adelantando a su tiempo, quiso aquí representar en todo su esplendor a un tranny. Porque no nos engañemos, esos pechos tan separados y apuntando cada uno a un lado (claramente operados) son característicos. Hemos visto suficientes vídeos para saber distinguirlos. Mientras que la postura de las piernas apretando los muslos para esconder la sorpresa es claramente la de un retratomangina, hoy moneda común en Instagram pero muy innovador en su tiempo. Genio inmortal.
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Línea gris con negro, azul y amarillo, de Georgia O’Keeffe

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Flores, pero no solo flores. Georgia O’Keeffe tuvo tiempo de tocar muchos palos, entre ellos el del expresionismo abstracto, pero allí donde se elevó a la categoría de verdadera maestra fue en pinturas como esta, su célebre Línea gris con negro, azul y amarillo de 1923. Entre el geometrismo, la abstracción y algunos ejercicios que la acercaban al surrealismo, O’Keeffe también pintó las que son, con toda seguridad, las flores más sensuales de toda la historia del arte, que Jesse Pinkman en un capítulo de Breaking Bad identificó, con bastante acierto, con vulvas.
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El jardín de las delicias, de El Bosco

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La tabla central del célebre tríptico del pintor flamenco tiene una finalidad moralista: retrata el vicio, la lujuria, como la vía más directa hacia la condenación en el infierno, que aparecerá en la tabla derecha. El problema es que captura de tal manera la atención que ya no puede uno fijarse en nada más que en esa multitud hippierealizando toda clase de acrobacias sexuales en un entorno lisérgico. Es que no hay uno que no se lo esté pasando en grande, bien por su cuenta, en parejas o en tríos, por uno u otro orificio. Si lo de al lado es el infierno esto no puede ser otra cosa que el paraíso y más que disuadir, lo que logra aquí El Bosco es dar ideas…
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El columpio, de Jean-Honoré Fragonard

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La lencería se fundamenta en la idea de que la desnudez no es siempre lo más erótico, y es que hay enaguas que te pueden hacer perder la cabeza. Ese zapato que lanza sobre la estatua de Cupido, dejando ver la forma de su pie a su amante así como lo que hay bajo sus faldas, mientras allá atrás su viejo marido proveedor la empuja en su columpio… Una escena cargada de connotaciones sexuales en uno de los cuadros más conocidos del rococó, que nos remite a esos juegos aristocráticos que veíamos en Las amistades peligrosas.
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Dante y Virgilio en el infierno, de Bouguereau

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Este pintor francés del siglo XIX inequívocamente clasicista tiene cuadros que parecen hoy día estampitas un tanto horteras a las que solo les falta brillantina. Pero otros bien merecerían ser utilizados como fondo de pantalla con la buena conciencia de que uno es que tiene mucha sensibilidad artística, oiga. El que vemos sobre estas líneas retrata con una notable carga erótica una escena de La divina comedia, ante la mirada escandalizada y un tanto curiosa de Dante y su guía.
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En la cama: el beso, de Toulouse-Lautrec

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Toulouse-Lautrec retrató como nadie el ambiente bohemio y libertino de París, engrandeciendo el mito de una ciudad que hoy en día poco tiene ya que ver con él. Aquí nos muestra a dos prostitutas besándose en la cama en un cuadro que él mismo definió como «el epítome del placer sensual».
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Júpiter e Io, de Correggio

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El dios supremo del Olimpo podía adoptar cualquier forma que quisiera y usaba ese poder no para hacer justicia, proteger a la humanidad, luchar contra el mal y demás zarandajas, sino para arrimarse a cualquier mujer u hombre que le gustase. Correggio, además del episodio de Leda antes mencionado, también retrató este otro, en el que Zeus/Júpiter se abalanza en forma de niebla sobre Ío para arrebatarle su virginidad.
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La Venus del espejo, de Velázquez

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La diosa Venus/Afrodita, con unas formas como solo una diosa alcanza a tener, se mira en el espejo que sostiene su hijo Eros/Cupido. Velázquez se inspiró en la escultura de la Hermafrodita Durmiente para dotarla de esa perfección.
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Olympia, de Édouard Manet

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Además de la anterior de Velázquez, hay otras representaciones de Venus que alcanzaron reconocimiento, como esta de Tiziano. En ella se inspiró Manet para este retrato de una meretriz parisina joven y menuda, pero que posa confiada. Sus rasgos pertenecían a la modelo Victorine Meurent.
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Hilas y las ninfas, de John William Waterhouse

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Imagínense la situación: Hércules se encuentra cierto día al rey Tiodamante arando el campo y como tenía hambre le pide uno de los bueyes —en otras versiones directamente lo sacrifica y se lo come—, este se niega y Hércules lo mata. Entonces ve a su hijo, que le pareció muy guapo, y lo rapta para tenerlo como esclavo en la expedición de los argonautas. Pasa el tiempo y en cierta ocasión en que habían recalado en Misia, Hilas, que así se llamaba el joven, acude a una fuente a por agua. Allí se le aparecen unas deslumbrantes ninfas que le ponen esos ojitos que vemos en el cuadro y ¿qué hace él? Grita pidiendo socorro. Ser el esclavo sexual del caprichoso asesino de tu padre es al parecer mejor plan que retozar con estas siete mozas que además le conceden la inmortalidad. Hércules, alertado, salió a buscarlo con infructuoso resultado y ya nadie volvió a saber de él, se ve que se lo pensó mejor. Moraleja: desconfiemos siempre de la primera reacción.
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Mujer reclinada, de Zinaida Serebriakova

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Esta pintura de 1935 es solo uno ejemplo de los muchos que sirvió la rusa ucraniana, ciertamente inclinada al desnudo femenino. Aunque Serebriakova ya era una artista dotada cuando estalló la revolución de octubre, no se sumó a la corriente futurista ni al estilo soviético de pintura, permaneciendo fiel a sus influencias francesas.
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Los amantes, de René Magritte

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Ante una tradición que se ha recreado en la desnudez, qué mejor manera de representar a dos amantes que no solo vestidos, sino con sus cabezas totalmente cubiertas por sendos velos. Esto es lo que pensó el pintor belga Magritte y desde luego no se le puede negar originalidad. La imagen desconcierta y provoca extrañeza, en cierta manera termina resultando más provocadora que otras más sexualmente explícitas y deja la puerta abierta a múltiples interpretaciones.

La única verdad del Brexit. Vista desde desde el Reino Unido y desde Europa.




Después de 50 años en la Unión Europea, la economía, la legislación y la vida cotidiana británicas están profundamente ligadas a la sociedad europea. Hacer creer a la opinión pública británica que estos lazos se pueden deshacer de un día para otro, sin coste alguno y facilitando la recuperación por el Reino Unido del protagonismo mundial que tuvo durante el viejo imperio británico, es pura irresponsabilidad política. Pero esta irresponsabilidad, propia de los movimientos populistas, ha prendido, también, en los partidos tradicionales británicos, tal y como aconteció, hace tres años, cuando el entonces premier, David Cameron (hoy desaparecido del mapa político), decidió inoportunamente y por pura estrategia política someter a referéndum la permanencia del Reino Unido en la UE (23 de junio de 2016). Debió antojársele que este procedimiento era el idóneo para, a través de una pregunta elemental y binaria (retirada o permanencia), sacarse de encima problemas mucho más complejos. La maniobra no le salió bien, pues tuvo que dimitir, dejando una pesada herencia a su sucesora, Theresa May. La dificultad de manejar esta herencia se manifestó al instante. Así, la política británica tardaría cerca de un año (29 de marzo de 2017) en activar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, notificando formalmente la decisión de retirarse de la UE. A partir de ahí, el reloj jurídico empezó a funcionar, dos años de plazo para negociar un acuerdo de retirada y, en caso de no alcanzarlo y si no hubiera prórroga, salida abrupta de la UE.

Desde el primer minuto se evidenciaron las dificultades que el negociador británico encontraba para presentar propuestas, de manera que pronto la iniciativa recayó en la Comisión Europea que, bajo la batuta diplomática de Michel Barnier, fue conduciendo las discusiones hasta la redacción y aprobación de un Proyecto de Acuerdo de salida (13 de noviembre de 2018). Pero este proyecto precisaba para su ratificación la aceptación tanto por el Parlamento europeo, lo que se daba por descontado, como por el Parlamento británico, lo que era menos evidente, como fue fácil de comprobar, al asistir perplejos a las idas y venidas entre Downing Street y Westminster y a las innumerables e inútiles votaciones parlamentarias. Estos debates bizantinos están privando de tiempo al Gobierno May para ampliar las negociaciones hasta el 22 de mayo, y empujan el proceso hacia una salida abrupta el 12 de abril o a la renegociación de una nueva prórroga. En el primer supuesto, y por si acaso, las autoridades europeas ya han anunciado la adopción de medidas de contingencia. En el segundo caso se abrirían dos posibilidades: una, solicitar una prórroga para seguir negociando, lo que supondría la participación del Reino Unido en las elecciones al Parlamento europeo en mayo; y otra, que el RU revoque unilateralmente la notificación del artículo 50, permaneciendo en la UE. Y, ambas, pienso abrirían el camino a nuevas elecciones en el Reino Unido y, en tal caso, a que los contendientes pudieran incluir en sus programas el brexit, posibilidad preferible, a mi juicio, a un segundo referéndum, que agravaría la polarización de la sociedad británica y, seguramente, nos retrotraería a la casilla de salida, asistiendo de nuevo a un proceso similar al que ahora vivimos. Escenario inimaginable hace tres años, cuando los políticos británicos embarcaron a su país en esta infeliz singladura.

En un orfanato de la India, Rusia....cuando una niña cumple 10 años le dan su hatillo y un búscate la vida.


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El azar suele viajar de incógnito. Se asienta a nuestro lado y nos acompaña silencioso e invisible, alterando nuestras vidas sin que apenas nos percatemos de ello. A menudo lo hace disfrazado de pequeñas casualidades, de circunstancias cotidianas o, de acciones y decisiones aparentemente intrascendentes. Es sólo después, mirando atrás, que somos capaces de entender el importante papel que éste ha jugado en nuestro viaje por la vida. Se disfrazó de casualidad cuando apadriné  a dos hermanos –niño y niña- Fue tal casualidad que lo hice desde España, estando en Rusia. Aquí el dinero es todo.

Posteriormente visité orfanatos de China, India, Eritrea,…. Donde legué a la conclusión de que la parte humana de nuestra persona es traicionera, cobarde, pirata con dedicación exclusiva, bucanera, aventurera, filibustera, contrabandista y traicionera.

En la India, por ejemplo, cuando una niña cumple 10 años la dirección del orfanato le da su hatillo y búscate la vida. Mientras los gerifaltes políticos del país gastan 3.500 millones de dólares. La India es Gandhi y su gandhismo, que si en vida fue una mierda de conspirador con la corte inglesa, muerto es su estado natural.                                                                                                                                                
Si por vivir la realidad llegas a un orfanato de la Rusia siberiana, los niños «mayores» se te echan a los brazos y te llaman «papá, mamá» porque saben que sus posibilidades de tener una familia son muy reducidas. Quieren un hogar, cariño, todos los niños precisan cariño, cuidados... Como los cientos de niños que aquí al lado están en centros de acogida esperando a ser adoptados. Pero no hay posibilidad: en el 2018 las solicitudes internacionales no llegaron a 50 y las efectuadas en España a 27 de miles y miles que padecen el mal de haber perdido a sus padres. Un dato dramático que pone en evidencia una vez más el error de los Estados, la torpeza de los seres humanos que solo ponen trabas a lo que debería ser de justicia: dar y recibir amor. Ese parto del corazón no puede ser interrumpido por papeles y más papeles. Eso sí es un aborto provocado por la Administración. Hasta 9 años estudiando una algo menos que una posible adopción.

Con unos meses no hay tiempo de hacer grandes cosas, pero haciendo honor a la frase de Teresa de Calcuta sobre las pequeñas acciones: si estas gotas de agua no existieran quizás el océano las echaría de menos. Lo que más cambia haciendo un voluntariado sobre el terreno es el propio voluntario, y su verdadero poder transformador empieza realmente cuando vuelve a su casa y se percata de la burbuja donde había vivido

Tezanos amenaza a los empleados del CIS, después de que estos hayan hecho público que los sondeos son falsos y se hacían en Ferraz.



Pedro Sánchez no dimite a Tezanos, después de que éste amenazará a los empleados del CIS con o callan o esto acabará como “noche de los cuchillos largos” en la que «una de las alas exterminó a los demás»

Cuando creíamos que era imposible denigrar más el prestigio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de lo que lo había hecho su nuevo presidente, que pasó directamente de la ejecutiva del PSOE a convertir el centro demoscópico en un arma electoral al servicio exclusivo de Pedro Sánchez, José Félix Tezanos ha sido capaz de superarse, elevando lo que era simple desvergüenza partidista al grado de indignidad intolerable. Que el hombre encargado de ofrecer un foto fija imparcial sobre la intención de voto a un mes de las elecciones haya equiparado la competencia por un mismo espacio político entre el PP, Ciudadanos y Vox con la fragmentación surgida en los años 30 en el partido nazi, y que augure que acabará como «la famosa noche de los cuchillos largos» en la que «una de las alas exterminó a los demás», en referencia a los asesinatos ordenados por Hitler, es un exceso repugnante que hace incomprensible que Sánchez no haya destituido ya a Tezanos. Después de semejante barbaridad, nada de lo que surja de un centro dirigido por un personaje tan sectario puede ser tomado como referencia de nada. Lo cual, además del daño a la credibilidad de un organismo en el que trabajan profesionales intachables, priva a los españoles de unas encuestas preelectorales que, por el amplísimo tamaño de su muestra, han sido históricamente un indicador fundamental para que los electores indecisos orienten su voto.

Algo que resulta especialmente grave en un escenario de gran fragmentación en el que, de confirmarse lo que indican sondeos menos sesgados que los del CIS, España podría encaminarse hacia un callejón sin salida similar al de 2015 que obligue a repetir las elecciones en un momento tan crítico como lo fue aquel, y que derivó en un bloqueo político que dura ya cuatro años.

Los electores que apuesten por la estabilidad deben saber que, a día de hoy, la encrucijada del 28A no es que España tenga un Gobierno de derechas o de izquierdas. Con los datos que manejamos en este momento, la disyuntiva es que haya un Ejecutivo conservador que dependa de una extrema derecha radical o uno socialista en manos de partidos independentistas que quieren acabar con la nación española, que abominan la Constitución y que han perpetrado un intento de golpe de Estado. Por ello, la apelación al voto útil, siempre presente en cualquier proceso electoral, cobra más sentido que nunca en estos comicios. Tener que escoger entre un Gobierno que dependa de Vox o uno sometido al capricho de Puigdemont es ciertamente un drama. Pero cuanto más se concentre el voto en las dos fuerzas que lideran la izquierda y la derecha, menos posibilidades habrá de que el futuro Gobierno de España esté absolutamente condicionado por la ultraderecha o por el separatismo. 

Es decir, de que a los españoles no les quede más remedio que esperar a que se consume lo malo o lo peor. Para que el votante entienda eso, hacen falta sondeos fiables, y no encuestas de parte elaboradas por un sectario como José Félix Tezanos, en referencia a los asesinatos ordenados por Hitler, es un exceso repugnante que hace incomprensible que Sánchez no haya destituido ya a Tezanos. Después de semejante barbaridad, nada de lo que surja de un centro dirigido por un personaje tan sectario puede ser tomado como referencia de nada. Lo cual, además del daño a la credibilidad de un organismo en el que trabajan profesionales intachables, priva a los españoles de unas encuestas preelectorales que, por el amplísimo tamaño de su muestra, han sido históricamente un indicador fundamental para que los electores indecisos orienten su voto.

Algo que resulta especialmente grave en un escenario de gran fragmentación en el que, de confirmarse lo que indican sondeos menos sesgados que los del CIS, España podría encaminarse hacia un callejón sin salida similar al de 2015 que obligue a repetir las elecciones en un momento tan crítico como lo fue aquel, y que derivó en un bloqueo político que dura ya cuatro años.

Los electores que apuesten por la estabilidad deben saber que, a día de hoy, la encrucijada del 28A no es que España tenga un Gobierno de derechas o de izquierdas. Con los datos que manejamos en este momento, la disyuntiva es que haya un Ejecutivo conservador que dependa de una extrema derecha radical o uno socialista en manos de partidos independentistas que quieren acabar con la nación española, que abominan la Constitución y que han perpetrado un intento de golpe de Estado.Por ello, la apelación al voto útil, siempre presente en cualquier proceso electoral, cobra más sentido que nunca en estos comicios. 

Tener que escoger entre un Gobierno que dependa de Vox o uno sometido al capricho de Puigdemont es ciertamente un drama. Pero cuanto más se concentre el voto en las dos fuerzas que lideran la izquierda y la derecha, menos posibilidades habrá de que el futuro Gobierno de España esté absolutamente condicionado por la ultraderecha o por el separatismo. Es decir, de que a los españoles no les quede más remedio que esperar a que se consume lo malo o lo peor. Para que el votante entienda eso, hacen falta sondeos fiables, y no encuestas de parte elaboradas por un sectario como José Félix Tezanos.

Carmen Calvo: "La mujer embarazada no es dueña del hijo que lleva dentro, hasta que la sociedad no lo reconozca"

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Carmen Calvo, Meo Minusválida psíquica. Dice: "Todo es de la sociedad hasta que ésta lo reconozca. Esta pájara ha sido Vicepresidenta del Gobierno de España, o sea, cualquiera puede ser presidente.

Quiere desbancar a Dios de los altares para sentarse ella, ser el Dios Google y el Nietzsche de la filosofía a martillazos. 


Lo esencial de toda buena y sana aristocracia es que ésta no se autoconsidere como cumplidora de una función […] que acepte por tanto, con buena consciencia el sacrificio de un gran número de seres humanos que, por causa de ella, han de ser rebajados y disminuidos hasta llegar a ser hombres incompletos, esclavos, instrumentos” (Nietzsche, Más allá del bien y del mal).
¡Los débiles y los fracasados deben perecer!, es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. Y se les debe ayudar a morir” (Nietzsche, El anticristo).
Con la dialéctica quien impera es la chusma” (Nietzsche, Cómo se filosofa a martillazos).
¿No habéis oído mi respuesta de cómo se cura a una mujer, de cómo se salva? Haciéndole un hijo. La mujer necesita tener hijos, y el hombre no es más que le medio para ese fin. Así hablaba Zaratustra. Emancipación de la mujer es el nombre que toma el odio instintivo de la mujer fracasada, es decir de la incapaz de maternidad, contra la mujer que posee esa cualidad. La lucha contra el hombre no es más que un medio, un pretexto, una simple táctica” (Nietzsche, Ecce homo).
Un hombre chiquitín es una paradoja, pero al menos es un hombre; pero una mujer pequeñita me parece de sexo diferente cuando la comparo con las mujeres altas 
El pensamiento de Nietzsche representa una paradoja. Por su estilo literario y sus “formas distinguidas”,1por la riqueza de sus aforismos que se prestan como ninguno a la libre interpretación, se trata de uno de los pensadores más destacados de la historia, uno de los más grandes representantes de las letras alemanas; pero por el hilo conductor de su pensamiento, por el contenido de sus posiciones políticas y filosóficas, se trata de uno de los filósofos más reaccionarios, misóginos, cínicos y aristocráticos. El contenido de su filosofía se ha eclipsado bajo el manto del estilo estético que lo sobrepasa. Desde el punto de vista artístico Nietzsche brilla en la constelación de la historia de la filosofía pero es difícil pensar que ocuparía ese lugar al margen del poeta: la tesis del “eterno retorno” proviene de los tiempos antiguos (los estoicos), y el resto de su contenido es poco más que la expresión literaria y poética de los prejuicios aristocráticos y clasistas de un sector de la clase dominante; ninguno de los aristócratas burgueses que expresaron más o menos las mismas ideas ocupan un lugar en el Olimpo de la filosofía, ni tendrían por qué ocuparlo (tenemos en mente el pensamiento del último Wagner —racista y aristocrático— o el anarquismo conservador de Max Stirner que desprecia también a la masa).
Muchos de los intérpretes de Nietzsche han explotado la veta sugerente y rica de sus aforismos. En la mayoría de los estudios dominan las interpretaciones libres que soslayan el pensamiento político del autor, su biografía y su contexto; se interpreta a Nietzsche con el método posmoderno que representa: con el método de la intuición y la arbitrariedad, o mejor dicho con la ausencia total de método. Para el posmoderno Gilles Deleuze el mérito de Nietzsche radica en haber disuelto todo sistema filosófico, en otras palabras, en el hecho de que globalmente no dice nada (una buena definición de la posmodernidad). En la medida en que se trata de poemas y aforismos, estas interpretaciones más o menos arbitrarias pueden tener su razón de ser y explican el que el pensamiento de Nietzsche siga siendo una veta de la que se extraen todo tipo de “objetos” disímbolos. En la recepción de la obra de arte, como señalaba Trotsky, lo fundamental es la evocación al plano emocional y no cabe duda de que en Nietzsche hay arte y poesía. Así, se pueden leer los aforismos oscuros de Nietzsche con el objetivo de recibir de ellos un placer estético, disfrutar de la maestría en el uso de la lengua, para encontrar en ellos sensaciones exacerbadas, frases ingeniosas, observaciones agudas que sacuden, perturban o sorprenden. Es verdad que Nietzsche sabía “cómo se filosofa a martillazos” de la ironía, el sarcasmo y la provocación. Se pueden leer como los horóscopos en los que encontramos una proyección y confirmación de nuestros deseos y convicciones, o como literatura de superación personal. En la medida en que se trata de arte —insistimos— los abordajes líricos están justificados por sí mismos.
Según Thomas Mann, a Nietzsche hay que disfrutarlo como una obra de arte, pero es una obra a la que no hay que creerle, ni tomársela muy en serio: “no sólo es arte -arte también es leerlo; y ninguna torpeza y rigidez son permisibles, mientras que todo tipo de astucia, ironía y reserva son indispensables para su lectura. Quien toma e Nietzsche en sentido estricto, literalmente quien le cree, está perdido”.¡Buen consejo para distraerse con Nietzsche y no terminar perturbado! Pero Nietzsche asumía su filosofía con total seriedad, para él no sólo se trataba de arte, de verdad creía que su pensamiento partiría la historia de la humanidad en dos “soy lo bastante fuerte [decía en una carta] como para partir en dos la historia de la humanidad”; caía en profundas depresiones cuando sus obras —como si sus contemporáneos hubieran hecho caso a Thomas Mann— eran ignoradas o malentendidas: “Los que creen entender algo de mi obra se forman una idea a su propia imagen y semejanza, una imagen que la mayor parte de las veces está en absoluta contradicción conmigo”.
Superación personal para aristócratas
Si bien la obra de Nietzsche se presta como ninguna otra a interpretaciones abiertas y libres, no se puede ignorar que Nietzsche tenía posiciones filosóficas y políticas definidas que dotan a su obra de una consistencia que pocas veces se le reconoce; si no estamos ante un sistema filosófico, por lo menos existe un hilo conductor, una tendencia aristocrática y reaccionaria. Penella ha escrito una biografía crítica sobre Nietzsche que vincula sólidamente la vida, obra y pensamiento del escritor alemán, demostrando que su filosofía es bastante coherente, aunque lo que resulta de ello no sea del gusto de los que buscan un Nietzsche adocenado y progresista. Las interpretaciones literarias no deben hacernos perder de vista las ideas anti-humanistas de Nietzsche. Éstas quedan patentes si leemos de corrido sus obras (sobre todo a partir de Aurora), estudiando su biografía y su contexto. Para entender a Nietzsche hay que desmitificar a Nietzsche. Si, como señalaba Trotsky, en la lectura de la Divina comedia de Dante es fundamental no suprimir su dimensión artística, en la obra de Nietzsche, por el contrario, es fundamental no suprimir su dimensión política y filosófica ya que en la mayoría de sus lectores las interpretaciones líricas son las dominantes. Además, después de todo, se supone que estamos ante un filósofo.
En tanto los escritos de Nietzsche hacen una crítica satírica brutal del filisteismo, cobardía e hipocresía de la clase dominante de su tiempo (sobre todo la alemana) muchos comentaristas de tendencia liberal o de izquierda han querido ver un Nietzsche revolucionario o, al menos, progresista de alguna manera. Es verdad que Nietzsche desnuda los valores burgueses que se disfrazan con membretes de la más inmaculada santidad, tales como el amor al prójimo, la bondad, la caridad, la compasión y la igualdad humana; en el camino plantea tesis que coinciden con ideas izquierdistas o, incluso, marxistas. Así el amor al prójimo oculta el egoísmo, La filantropía oculta el sacrificio de los débiles en beneficio de los fuertes. Esto es verdad, pero si Nietzsche señala la doble moral no es para liquidar la base material de esos intereses (que por otra parte Nietzsche identifica con la naturaleza y los instintos de los hombres superiores), sino para que “la raza superior” se percate de la naturaleza de su verdaderos intereses y los asuma hasta sus últimas consecuencias.Los críticos cortesanos de Rasputín coincidían con los revolucionarios en que éste era un personaje nefasto y degenerado —incluso terminaron asesinándolo—, pero la coincidencia en la apreciación se daba por motivos y objetivos de clase totalmente opuestos. Si en algunas afirmaciones encontramos algunas coincidencias entre Marx y Nietzsche es porque son opuestos; de la misma manera el polo norte y sur se parecen en la intensidad de su oposición. Posmodernos como Paul Ricoeur pretenden inventar un Nietzsche que se daría la mano con Marx —en el saco se mete también al pobre Freud— bajo la absurda y arbitraria categoría de: “filósofos de la sospecha” que supuestamente los hermana, sospechosa invención difícil de sostener con un filósofo que se declaraba explícitamente antisocialista hasta la médula:
Anarquismo de derecha
El espíritu dionisiaco, aquél que acepta el instinto y disfruta de la vida, no es la ética que promueve el goce para todos los hombres, como muchas veces se ha afirmado queriendo ver un Nietzsche humanista o uno que pregona lugares comunes de carácter liberal, sino la afirmación instintiva de la “raza superior” que es la única que tiene posibilidad de un verdadero goce. Los vulgares ni siquiera sabrían reconocer el buen gusto aunque tuvieran acceso a sus frutos ¡por eso la “chusma” se burló de Zaratustra cuando éste se dignó a bajar de su montaña! La ideología de Nietzsche es, según sus propias palabras, “antiliberal hasta la maldad”17 y profundamente antisocialista. Por eso Sócrates, según Nietzsche, es un decadente ya que pretendió que los esclavistas reprimieran sus instintos aristocráticos por medio de la razón. Fue el ser decadente, perteneciente a la chusma, que inventó la moral occidental.Nietzsche retoma la figura de Zaroastro (Zaratustra) por su admiración explícita por el espíritu de castas de la Persia antigua y de la India, además de su romántica idealización del pasado heroico ario.
El sufrimiento de Nietzsche fue el estado de ánimo en el que se decantó su egoísmo y su megalomanía patológicos; en su enfermedad, sus depresiones y en su crisis existencial Nietzsche se percató que había desperdiciado su vida en la polvosa erudición de la lectura o en fugarse de la realidad por medio de la música wagneriana, cuando el verdadero objeto de su vida no era otro que Nietzsche mismo (Zaratustra es en la obra de Nietzsche un pseudónimo de Nietzsche, lo mismo Schopenhauer y Wagner)y la afirmación de sí mismo y de sus propios valores. “Yo fui mi único enfermo [sostuvo Nietzsche] y a mí únicamente debo mi curación”. Sus libros son un monólogo de la autoafirmación. Ya no se trataba de una renovación cultural y artística impulsada por los hombres superiores (los artistas como Wagner), sino de la creación de un nuevo tipo de hombre que tenga “voluntad de guerrear […] voluntad de poder”,un hombre que esté por encima de los artistas y que tenga aspiraciones superiores, aspiraciones de dominio. Bien podríamos definir a la filosofía nietzscheana como literatura de superación personal para uso exclusivo de aristócratas. Si el resto de la humanidad no lo comprendía pues peor para la humanidad (“No hablo para las masas” dice Nietzsche).
El psicópata épico, el Superhombre
Su modelo de Superhombre será el “genio militar” —Napoleón o Cesar Borgia—, su modelo de Estado: el Imperio Romano, con su voluntad de poder. Cesar Borgia, obedeciendo su “voluntad de poder”, asesinó a su hermano y a su propio padre para lanzarse a una serie de conquistas militares.
La guerra divide a las masas caóticas en estamentos militares; sobre la capa inferior —la de los esclavos— se levanta, en forma piramidal, la sociedad guerrera. La finalidad del conjunto impone su yugo a cada uno, originando en las naturalezas más heterogéneas una especie de transformación química, que hace todos afines. En las clases altas, se percibe bastante mejor de qué se trata, o sea, del advenimiento del genio militar, fundador del Estado […] Yo diría que el hombre guerrero es un medio para el advenimiento del genio militar, y que su trabajo no es sino un medio para que ese mismo genio obre”.
Si bien el modelo nietzscheano de hombre superior no será un Charles Manson, demasiado vulgar, tal vez se le parezca más a Hannibal Lecter, mezclado, eso sí, con Goethe y Leonardo da Vinci, en todo caso se trata de un psicópata épico, metafísico. La cultura alemana de su tiempo es, para Nietzsche, decadente, enferma al estar subordinada a una moral de esclavos, una cultura democrática y liberal, una moral que impidió que Alemania impusiera su control en Europa; lo que le criticaba a Bismark no era el régimen totalitario sino su pequeña y estrecha política, Nietzsche quería algo más grande y portentoso. El carácter de las guerras deseadas por Nietzsche (idealizadas grotescamente pues, al mismo tiempo, no quiere guerras por dinero o por capital) queda definido por la necesidad de crear las condiciones para que la “raza superior” se afirme y desarrolle todas sus potencialidades en una “Europa unida que fuese señora del mundo”. Para “la superación personal” se requiere la esclavitud:
Y si fuera cierto que los griegos han sucumbido por culpa de su esclavismo, más cierto es que nosotros sucumbiremos a causa de su defecto”.
A partir de Aurora y hasta Ecce Homo Nietzsche será, más claramente, el profeta del individualismo egoísta (ya lo era antes, sólo que a partir de aquí renuncia a una renovación puramente artística-cultural y anuncia la “aurora” de un nuevo hombre). Tal vez haya tomado algo del anarquismo individualista de Max Stirner con quien Marx rompe sus lanzas en La ideología alemana.                                                                                                                                                         
No deja de ser irónico que Nietzsche, filósofo endiosado en nuestros días en las universidades públicas, odiara profundamente la educación pública y tuviera como proyecto educativo una “pedagogía” aristocrática. No se trataba de una manía accidental, sino una parte integrante de su pensamiento:
La educación generalizada conduce a la barbarie. Surge la “cuestión social”, ya que el pueblo instruido reclama para sí el bienestar que disfrutan unos pocos […] ¿Por qué necesita el Estado una cultura y una ilustración generalizadas? Porque con ello se hace creer a las masas que, bajo la égida del Estado, encontrarán por sí mismas-sin necesidad de un Führer –el camino correcto. Pero el espíritu alemán escapará de esta pseudocultura”.
Algunos se han dejado engañar por el libro Schopenhauer, como educador (Tercera consideración intempestiva) en donde Nietzsche afirma que un buen educador no enseña nada, sólo permite que el educando se afirme en sus propias potencialidades. Esto suena muy bonito, digno de cualquier libro de autoayuda, se olvida que Nietzsche lo escribía explicando lo que Schopenhauer le enseñó a él (habla de su “auto-superación”) y, en todo caso, es aplicable a la raza superior y en ningún caso a las masas. El que debe buscar el camino por sí mismo es el aristócrata noble, el hombre vulgar debe ser arriado como un borrego. Como dice Penella, muchas de las contradicciones aparentes en el pensamiento de Nietzsche, que sirven para ocultar al Nietzsche reaccionario, se desvanecen en cuanto ubicamos lo que se dice en su contexto.
Los ditirambos de Nietzsche (siempre ditirambos de sí mismo o elogios de su propio Yo) son tan oscuros como los acertijos de la esfinge; pero aquellos donde expone la médula de su “filosofía”, es decir el egoísmo aristocrático, racismo nobiliario, individualismo exacerbado, nihilismo, narcisismo, una homérica megalomanía, etc. son notablemente cristalinos. Algunos de ellos son un pequeño fractal de la totalidad de su pensamiento; aquí Nietzsche habla por sí mismo:
Los industriales y los grandes negociantes del comercio han carecido probablemente, hasta ahora, de todas esas formas y señales distintivas de la raza superior que son indispensables para hacer interesantes a las personas. Si hubiesen tenido en la mirada y en el gesto la distinción de la nobleza hereditaria, no existiría tal vez el socialismo de las masas, pues, en el fondo, las masas están dispuestas a admitir la esclavitud bajo todas sus formas, con tal de quién esté encima de ellas muestre continuamente su superioridad y la legitime por el hecho de haber nacido para mandar, revelado en la nobleza de sus modales. El más vulgar de los hombres comprende que la nobleza no se improvisa y que hay que honrar en ella el fruto de largos periodos; pero la falta de formas distinguidas y la famosa vulgaridad de los fabricantes, con sus manos encarnadas y sucias, despierta en el hombre del pueblo la idea de que el azar y la suerte son los que han puesto el uno encima del otro, y en su interior piensan: ‘pues bien, tentemos también nosotros alguna vez al azar y a la fortuna’, y el socialismo comienza”.
Leamos esta otra “perla” de desprecio altivo a las masas:
Lo primero que me pregunto al escrutar a la persona que tengo delante, es si posee el sentimiento de la distancia, si ve en todo el rango, los grados, las jerarquías de hombre a hombre, si sabe distinguir, en fin. Si posee todo eso es gentilhombre. Pero si no, pertenece irremisiblemente a la categoría tan vasta, tan bonachona de la canalla”.
¡Que los intérpretes del supuesto Nietzsche humanista se encarguen de encontrarle a esta apología de la esclavitud otra interpretación! (existe toda una industria editorial dedicada a ello).  A nosotros nos basta con Nietzsche mismo.
El Superhombre, como el sipo matador, se eleva hacia las alturas gracias al sometimiento, esclavización y mutilación de la mayor parte de la humanidad, que debe permanecer alienada para que el genio de la nueva casta pueda desarrollarse; un retrato monstruoso y surrealista sobre las condiciones de alienación propias de la plebe y la humanidad misma antes de la llegada del Superhombre —que al mismo tiempo, y sin querer, refleja la unidimensionalidad del ser humano en el capitalismo— aparece en “Así habló Zaratustra”, la imagen sobrecogedora parece sacada de un cuadro de El Bosco:
La magnitud del odio de Nietzsche a la plebe sólo se puede comparar con la colosal arrogancia que se alternaba con sus profundos periodos de depresión:
La vida es una fuente de placer; pero donde también la chusma bebe, quedan contaminadas todas las fuentes […] Y volví la espalda a los gobernantes al comprobar lo que ahora llaman gobernar: ¡regateo por el poder –con la chusma! (…) Y tapándome las narices caminé, fastidiado, por todo el ayer y el hoy; ¡qué mal huele todo el ayer y el hoy a chusma chupatinta! […] Lo que tiene mentalidad de mujer y de siervo, y sobre todo la plebe vil, pretende hoy regir todo destino humano -¡oh asco! ¡asco! ¡asco!”.
Trotsky frente a Nietzsche
A propósito de los aristócratas cultos que derramaban su bilis sobre las masas que protagonizaron la revolución de Octubre, Trotsky escribió las siguientes palabras que mutatis mutandis se podrían haber escrito sobre Nietzsche
Cierto cadete, cultor de la estética, obligado a viajar en un vagón, contaba después, rechinando los dientes postizos, que él, el cultísimo europeo y brillante conocedor de la técnica coreográfica de los egipcios, había sido tan maltratado por la revolución del populacho, que tuvo que viajar con los piojosos cargadores de bolsas. Al escucharlo sentimos un asco indecible por las dentaduras artificiales, la estética de la coreografía y toda esa cultura almacenada en los escaparates europeos. Así nació en nosotros la firme convicción que el último de los piojos del sucio cargador, tiene mucha más importancia y es, por decirlo así, más necesario en el proceso histórico, que aquel ilustradísimo y por muchos conceptos estéril panzudo”.
Nietzsche ha devenido el ideólogo de un grupo que vive como un ave rapaz a costa de la sociedad, pero en condiciones mucho más dichosas que el miserable lumpenproletariado: se trata de un parasitenproletariat [parasito del proletariado] de un calibre superior […] lo que vincula a todos los miembros de este orden disparatado de caballería burguesa es la expoliación abierta, y al mismo tiempo (en general, evidentemente), impune, a una escala inmensa, de los bienes de consumo, sin ninguna (insistimos) participación metódica al proceso organizado de la producción y distribución […] al mismo tiempo que desprecia las normas jurídicas y éticas de la sociedad burguesa, no tiene nada en contra de las condiciones creadas por su organización material”. […] nada es verdad y todo está permitido […] el burgués medio es un individuo razonable. Él va mordisqueando cautelosamente, siguiendo el sistema, acompañándose de sentencias emocionantes, de sermones moralizantes, de declaraciones sentimentales sobre la misión sagrada del trabajo. Un “superhombre” burgués no se comporta de ninguna manera de este modo: él acapara, toma, expolia, come todo hasta el hueso y encima dice: sin comentarios eh!”.
Pero la liquidación de las clases a la que aspira el marxismo ¿no implica, acaso, la liquidación de la individualidad, de la diversidad, de la diferencia?, ¿No implica, como decía Nietzsche, el descenso de las cumbres al nivel de planos y mediocres valles? ¿No será la aristocracia un mal necesario, preferible a la homogenización de la mediocridad, a la estandarización del pensamiento? ¿No será preferible, con todo y su cinismo, la filosofía de Nietzsche, con su exaltación de la individualidad que el “socialismo de las masas” de Trotsky? Muchos años después del artículo sobre Nietzsche que hemos citado, en los años heroicos del poder bolchevique, Trotsky respondió a estas interrogantes en referencia explícita al pensamiento de Nietzsche y a los burgueses que oponían el individualismo a la revolución. La revolución socialista no significaba, para él, la liquidación de la individualidad, sino por el contrario, la precondición para llenar de contenido pletórico a las inclinaciones y las sanas aspiraciones individuales, para que el individualismo deje de ser una abstracción que oculte la más humillante anulación de la individualidad de la inmensa mayoría.
Para Trotsky la transformación de las relaciones sociales es el prerrequisito para el surgimiento del “Superhombre”; pero la vía es la opuesta a la propugnada por Nietzsche. El principio de casta es hostil al surgimiento de ese nuevo hombre; ese hombre producto de una sociedad donde el arte, la poesía, la belleza y la verdad sean sus motores y no los accesorios exclusivos de una capa de parásitos. Fue el surgimiento de una casta burocrática, producto del atraso y el aislamiento de la revolución, el que impediría el surgimiento de ese “superhombre” anticipado por Trotsky. El “espíritu de casta”, la pesada burocracia, abortó su nacimiento. Si se le quiere dar algún sentido progresista al Superhombre imaginado por Nietzsche hay que invertirlo, “transmutarlo” o mejor dicho: revolucionarlo.
Anticipando al Führer
A los nietzscheanos, al menos los que se esfuerzan por encontrar a un Nietzsche humanista, no les agrada que se señalen las similitudes entre el contenido de la filosofía de Nietzsche con el nazismo (hacerlo, de hecho, constituye una herejía o por lo menos una muestra inoportuna de “mal gusto” como el de aquél que eructa ante distinguidos comensales). La perogrullada de que Nietzsche no fue nazi porque murió en 1900 no es suficiente. Tampoco Marx vivió hasta 1917 y, sin embargo, nadie niega que inspirara con sus ideas a la Revolución rusa.
No es posible ocultar que el “superhombre” nietzscheano está íntimamente ligado con la idea de la raza pura y nobleza de nacimiento, y que el ideal de “bestia rubia” que debe renacer de entre la mediocridad cristiana es identificado con los arios blancos. La mezcla de razas ha traído, según Nietzsche-, la decadencia y, por tanto, el anarquismo y, peor aún, el comunismo:
Con el latín malus [malo] (y a su lado pongo mélas [negro]), acaso se caracterizaba al hombre vulgar en cuanto a piel oscura, y sobre todo que fuese un hombre de cabellos negros (hic niger est [él es negro]); en tanto que fuese un habitante precario del suelo italiano, que se distinguiese de la raza blanca, es decir de la raza aria de los conquistadores […] Los celtas, dicho sea de paso, son una raza completamente rubia; se comete una injusticia cuando a esas fajas de población, esencialmente de cabellos oscuros, que es posible observar en esmerado mapas etnográficos de Alemania, se les relaciona, como hace todavía Virchow, con una procedencia celta, o una mezcla de sangre celta; en esos lugares aparece, antes bien, la población prearia de Alemania (y lo mismo puede decirse de casi toda Europa; en lo esencial, la raza sometida ha acabado por predominar ahí mismo, en el color de la piel, en lo corto del cráneo y tal vez en los instintos intelectuales y sociales; ¿quién garantiza que la moderna democracia, el todavía más moderno anarquismo y, sobre todo, aquella tendencia hacia la commune [comuna], hacia la forma más primitiva de sociedad (tendencia que hoy es propia de todos los socialistas de Europa) no significa en lo esencial un gigantesco contragolpe, y que la raza de los conquistadores y señores, la de los arios, no está sucumbiendo incluso fisiológicamente?)”.
El superhombre es resultado de la cría de casta, la segregación racial y de la selección de individuos fuertes en la reproducción de la especie. En esto no hay engaño posible:
Estas disposiciones resultan sumamente instructivas [se refiere a la legislación de castas como el Manú de la India] en ellas vemos, ante todo, la humanidad aria completamente pura y completamente originaria, y comprobamos que el concepto de pureza de sangre dista mucho de ser una idea banal […] El cristianismo surgido de raíces judías y sólo explicable como planta característica de ese suelo, representa el movimiento opuesto a toda moral de cría, de raza y de privilegio. Es la religión antiaria por excelencia […] la rebelión general de todos los oprimidos, miserables, malogrados y fracasados dirigida contra la raza; la venganza eterna de los chandalas [la casta más baja de la sociedad de castas india] convertida en religión del amor”.
El tema del antisemitismo en Nietzsche es, a pesar de todo, polémico. Es verdad que en sus escritos pueden encontrarse ideas contradictorias acerca de los judíos, pero incluso cuando los elogia lo hace en términos racistas:
“Los judíos son un antídoto contra el nacionalismo, esa última enfermedad de la razón europea. En la insegura Europa son quizá la raza más fuerte: superan a todo el occidente de Europa por la duración de su proceso evolutivo. Su organización presupone un devenir más rico, un número mayor de etapas que el de los otros pueblos. Como cualquier otro organismo, una raza solo puede crecer o perecer: el estancamiento es imposible. Una raza que no ha perecido, es una raza que ha crecido incesantemente. La duración de su existencia indica la altura de su evolución: la raza más antigua debe ser también la más alta. En la Europa contemporánea los judíos han alcanzado la forma suprema de la espiritualidad: la bufonada genial”.
La raza judía que Nietzsche acepta para formar su mezcla racial superior (junto con los arios rubios, los celtas blancos) es la aristocracia judía (mezcla que debe hacerse con mucho cuidado, según recomienda explícitamente):
Habría que dar acogida a los judíos, con toda suerte de precauciones, llevando a cabo una selección en un sentido parecido al de la nobleza inglesa. Es evidente que quienes podrían relacionarse con ellos sin la menos cautela serían los tipos más fuertes y más reciamente formados del nuevo germanismo, por ejemplo los oficiales nobles de la Marca de Brandenburgo […] el problema europeo, tal como yo lo veo, es el de la selección de una nueva casta que gobierne Europa”.
Se podrían agregar más citas al respecto. Lo que nos interesa, aquí, es señalar que las ambigüedades en la interpretación quizá provienen del hecho de que aunque Nietzsche despreciaba profundamente a las masas y a su moral de esclavos —señaladamente al judaísmo, o por lo menos al sector del que surgió el cristianismo primitivo, como expresión de la rebelión de los oprimidos— les reconoce la virtud de la astucia para utilizar su peso numérico y haber dominado con ello a la sociedad con su moral y una política liberal (este reconocimiento lo hace en “Crepúsculo de los ídolos”). Así pues, cuando Nietzsche elogia a los judíos lo que hace es reconocer su antigüedad como raza y las virtudes que los esclavos se han dado para imponerse; reconocimiento que en nada disminuye su odio hacia los “malogrados” ni sería, tampoco, un argumento para refutar su antisemitismo (por lo menos hacia el sector plebeyo del judaísmo).
Sin embargo, Nietzsche fue sólo el precursor literario, no el fundador, de un movimiento que, sin basarse primordialmente en sus obras, expresaba el mismo resentimiento reaccionario. El nazismo fue, al menos antes de derivar en una dictadura militar, un movimiento de masas conformado para aplastar a las organizaciones de izquierda y salvar al capitalismo; Nietzsche odiaba a las masas. Éste era incapaz de formar un movimiento social (como sí lo hizo Hitler), y aunque pretendía una “gran política” que implicaba “el dominio del mundo” por una raza de señores, ni siquiera fue capaz de fundar su proyectada academia con tres individuos… incluido él. Nietzsche profesaba ideas políticas reaccionarias pero era, hasta la médula de sus huesos, un literato con una sensibilidad a flor de piel no hecho para la política. Incapacitado frecuentemente por el “eterno retorno” de sus depresiones, muchas de las bravatas de Nietzsche, tales como su afán megalómano por ser un “superhombre”, pudieran entenderse como “compensaciones”, en el marco de sus orígenes aristocráticos, frente a su dolorosa debilidad e impotencia; estas dolencias físicas y emocionales le sirven a Penella, biógrafo de Nietzsche, para explicar, en parte, su filosofía.
El nazismo era profundamente anti-intelectual y Hitler un asno que aunque leía bastante lo hacía para fortalecer sus prejuicios y manías (aunque es inocultable, sin embargo, que hace referencia al Superhombre en “Mi Lucha” y en su biblioteca personal figuraban obras del filósofo alemán). Más influenciados “teóricamente” en el misticismo y el ocultismo (teosofía), los “teóricos” nazis, salvo algunas excepciones, difícilmente leyeron al Nietzsche que ensalzaron una vez en el poder como el “primer filósofo alemán”. Era más probable que lo leyeran los soldados nazis quienes debían llevar “La voluntad de poder” en sus mochilas.
Se dice que el “Nietzsche nazi” es producto de la tergiversación de su obra póstuma, especialmente en el libro “La voluntad de poder”, como si aquélla fuera lo único que Nietzsche hubiera escrito. El problema de ver en “La voluntad de poder” la simple manipulación pronazi es que fue publicada por vez primera muchos años antes (1901) de que Hitler tomara el poder, por lo que los señalamientos de que fue compilada con un criterio nacionalsocialista no parecen muy sólidos. Pero incluso concediendo que la fanática hermana de Nietzsche hubiera manipulado los textos en el sentido racista que la militancia antisemita de su esposo exigía, no hay nada en “La voluntad de poder” que no esté presente en las obras más representativas de Nietzsche, las cuales se publicaron bajo su quisquilloso cuidado. Por su correspondencia sabemos que Nietzsche estaba escribiendo “La voluntad de poder” de la cual su Zaratustra no sería más que una especie de vestíbulo. Parece ser que la manipulación hecha por Elizabeth, por lo menos de este escrito en particular, consistió más en la compilación negligente que en la tergiversación abierta. Heidegger —a quien se le suele elogiar su lectura de Nietzsche por los mismos que suelen escamotear la abierta militancia nazi de aquél— sostenía que “La voluntad de poder” era la obra capital de Nietzsche. Pero incluso prescindiendo de ésta no haría falta nada que no encontremos en el resto de su obra.
Aceptando que el nazismo no se inspiró directamente en las ideas reaccionarias y racistas de Nietzsche, no es exagerado, sin embargo, ver en este a un precursor ideológico —no organizativo— de prejuicios reaccionarios que enarbolará posteriormente el movimiento nazi.
Sin embargo, las observaciones psicológicas por más verosímiles que pudieran ser dejan sin explicar, por sí mismas, el contenido político y social de una ideología. Aun haciendo abstracción de las consideraciones anteriores —de carácter secundario, anecdótico y subjetivo— las similitudes entre las ideas de Nietzsche y el nazismo deberían llamarnos aún más la atención si aceptamos que no hubo influencia directa, serían la evidencia clara de que tanto Nietzsche como el nazismo expresaban a un sector social: al capital imperialista y a las capas parasitarias de la sociedad, exasperadas y resentidas; aquí está, a nuestro juicio, la clave para entender las similitudes. Más que influencia, aceptando que no la hubo, estaríamos ante un caso claro de “convergencia” clasista.
No es casualidad, entonces, que en Nietzsche, como en el movimiento nazi, encontremos todo un proyecto político totalitario y racista: las delirantes referencias a la “bestia rubia” que supuestamente fue domesticada y castrada por la moral cristiana, esa romántica idealización del pasado rural (Nietzsche, como el nazismo, se inspiraba, además de en la Grecia homérica, en las zagas heroicas del pasado nórdico), la idealización racista de un pasado ario puro y aristocrático… ese rechazo a la ilustración y al humanismo, esa apología de la esclavitud, ese racismo antisemita, esa “peculiar” interpretación de Galton y Darwin (la esterilización selectiva); la obsesión de que el matrimonio debe servir para crear un “hombre superior” (los nazis lo intentarán en la práctica), las mujeres sólo serán incubadoras dóciles (los nazis llevarían a la práctica esta idea con su Lebensborn), la apología de la guerra (Nietzsche quería abrir con ella una nueva cultura, Hitler su Germania), la delirante idea del “pueblo elegido” que debe imponerse violentamente a los demás, ese odio por los trabajadores (Nietzsche no quería obreros asalariados, quería esclavos), no falta el psicópata proyecto de “aniquilar a millones de malogrados”, esa “filosofía de la vida” que promueve la liquidación de lo “débil”. Casi todo está allí, imposible negarlo. Probablemente el único reparo sería el carácter plebeyo del nazismo que hubiera repelido a un filósofo que odiaba a las masas, pero hay que observar que Nietzsche no se oponía a un movimiento político que dividiera militarmente a la sociedad o que educara a las masas para ser sumisas y obedientes, como lo hizo tanto el fascismo como en nazismo. Nietzsche no participó en el nazismo, es verdad… aunque quizá sólo sea porque murió el 25 de agosto de 1900.

Encuesta, elecciones generales Marzo 2019. El PP podría gobernar solo con Cs o VOX.


Nueva encuesta sobre el 28-A: un sondeo, elaborado por JP Logística, augura la victoria del PP con un 28.7% y el hundimiento de Podemos, que lograría poco más del 9 de los votos. 
Según el sondeo y siempre aproximadamente El PP con 28,7% lograrían 128 diputados; PSOE (23,4%) 101 diputados; Cs obtendría 39 y el 14.6% de los votos, Unidas Podemos, que también se hunde, 21  escaños y Vox, 36. 
Además, ERC, obtendría 9 escaños; CDC, 8; PNV, 5; EH Bildu, 2; y CC, uno, y todos ellos sumarían el 13,4 % de los votos. Según estas estimaciones,el PSOE NO podría gobernar si repitiera la alianza frankestein  que llevó a Sánchez a la Moncloa tras la moción de censura.
Pablo Casado es el que mejor valoración tiene en la encuesta, y el peor, el líder de Vox, Santiago Abascal. 

Los lazos de Torra cuestionan el poder judicial del Reino de España.




Que unos lazos color mierda hayan sido un problema agónico para el sistema democrático español es síntoma más que evidente de que la democracia, en España, tiene daño y vicios ocultos. Además, Quim Torra amenaza con una querella a la JEC. 

Que su mantenimiento o retirada de los edificios públicos se ha convertido en la prueba del algodón sobre la neutralidad que demanda cualquier orden electoral aunque se vote en cajas de cartón. ¿Alguien pensaba que Torra acataría, sumisamente y sin rechistar, el ultimátum de la Junta Electoral Central? ¿Realmente alguien pensaba que la orden de retirar los lazos amolaría al siniestro personaje o que perjudicaría las expectativas electorales del independentismo? El secesionismo catalán ha convertido el lazo amarillo, utilizado históricamente en diversas reivindicaciones, en símbolo por la liberación de sus presos. Uso legítimo y amparado por la libertad de expresión, salvo cuando lo hacen suyo instituciones del Estado que a todos nos deberían representar. En este caso entra en colisión con la legalidad y, por tanto, la Justicia debe actuar. Cosa que no hizo, al menos hasta que fueron convocadas las elecciones del 28-A. La Justicia en España casi siempre llega tarde y a destiempo. Si durante el procés hubiese actuado con premura, por ejemplo el primer día en que alguien desobedeció al Tribunal Constitucional, otro gallo nos habría cantado. Probablemente habría actualmente unos cuantos políticos inhabilitados, pero no tendríamos juicio en el Supremo, ni bizantinas discusiones sobre golpismo, rebelión o naturaleza de la declaración unilateral de independencia. Ni cabezas de listas electorales en la cárcel. Ni políticos presos, ni presos políticos. Ni lazos amarillos. Ni lazos blancos. Ni la Justicia cortó por lo sano entonces, ni después consideró oportuno pronunciarse sobre el gran lazo amarillo que desde hace meses preside la sede de la Generalitat. Da igual, a los efectos de mi razonamiento, el porqué de su inacción: por no estimarlo constitutivo de delito o por tolerancia en un asunto de escasa enjundia. Lo cierto es que ni fiscales, ni jueces se pronunciaron sobre los lazos amarillos.
Posteriormente  vino Ciudadanos, interesado electoralmente en avivar las llamas de la hoguera catalana, y planteó la cuestión ante la Junta Electoral. Adviértase que este organismo no tiene por finalidad perseguir delitos, sino garantizar la limpieza de las elecciones y la neutralidad de las instituciones públicas en el proceso. El propósito de su ultimátum sería el de quitarle al secesionismo un arma de propaganda. Al igual que en su día le prohibió al partido en el Gobierno cortar cintas e inaugurar obras. Pero la decisión de la Junta tiene el efecto contrario al pretendido: multiplica el impacto propagandístico de los lazos, crea barullo y sitúa la pelota donde le conviene a Torra. Y así andamos, al compás de quienes desean convertir las del 28-A en las elecciones de los lazos amarillos, blancos y el puterío berberecho de un terco y sucio catalán.