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A Pedro Sánchez, la marioneta de Carles Puigdemont, se le complica "EL PODER"

 Sánchez confirma que se reunirá más de una vez con Puigdemont y Junqueras  tras aprobar la ley de amnistía

Con solo siete escaños, un prófugo de la Justicia, acusado de perpetrar un golpe de Estado, juega desde Waterloo con el presidente del Gobierno. En pleno delirio político, Carlos Puigdemont ha conseguido suspender un Consejo de Ministros, aplazarlo unas horas y manejarlo después. No se puede pedir mayor alarde, máxime si tenemos en cuenta que el señor Puigdemont es un presunto delincuente perseguido por la Justicia española.

A Pedro Sánchez le acosan seis partidos políticos: Podemos, Sumar, Bildu, PNV, Junts y ERC. Cada uno de ellos dispone de diputados suficientes para hacer prosperar una moción de censura que desmonte al presidente de su cabalgadura monclovita. A Pedro Sánchez no le queda más remedio que atender a los seis, aparte de mantener con el BNG suaves palabras. A Sumar, alianza de quince partidos de extrema izquierda y de izquierda, lo tiene en el Gobierno y le ha otorgado una vicepresidencia y varios ministerios de relieve. A Bildu le ha concedido la alcaldía de Pamplona, el acercamiento de presos etarras y suculentas prebendas económicas. Al PNV, le mantiene en el poder en el País Vasco y le embadurna de dinero y otras concesiones. A ERC le ensalza por todo lo alto tanto en Cataluña con Salvador Illa como en Madrid.

Y ante Junts ha caído genuflexo para hacer cuanto le pida el prófugo golpista Carlos Puigdemont, que abusa una semana sí y otra también y que ha llegado efectivamente a manejar al propio Consejo de Ministros.

Negar a Pedro Sánchez habilidad política sería cometer una grave injusticia. El líder socialista hace encaje de bolillos para que las relaciones con los seis partidos de los que depende funcionen adecuadamente. Y lo está consiguiendo, si bien comprometiendo en algunas ocasiones el bien común y la dignidad de España. Puigdemont se frota las manos. Sabe que el Tribunal Constitucional terminará por respaldar la amnistía que le concedió Sánchez y que el Tribunal Supremo rechazó. Y cubiletea con el líder socialista, como el gato con el ratón, comprometiendo cada uno de los proyectos de ley o decretos que el presidente auspicia.

Todos los políticos, por cierto, también la opinión pública, conocen la situación, pero, entre las debilidades de algunos, las torpezas de otros y los juegos malabares de Carlos Puigdemont, España permanece ingobernada y con Pedro Sánchez, socialdemócrata en Europa, frentepopulista en España, dispuesto a arribar al puerto de las elecciones generales, pero en 2027. Y veremos qué ocurre entonces.

El PP, nunca debe "parlamentear" con partidos independentistas de 7 diputados. Vendrá y pronto la próxima trampa PSOE/JUNTS.

 


El PP hace un 'corta-pega' del decreto ómnibus que tumbó con Vox y Junts  para hacer suyas las iniciativas y que se aprueben

Una parte de la derecha española padece desde hace un tiempo un extraño síndrome que no le beneficia. Afecta a sus cuadros de mando, pero también a sus simpatizantes y, sobre todo, a ese grupo selecto de intelectuales que tanta experiencia acumula en el arte de firmar manifiestos. Su comportamiento es difícil de definir. Hay quien piensa que tiene un origen patológico, dado que les arrastra hasta el borde del ataque de ansiedad a cada mínima amenaza que detectan a su alrededor. También hay quien sospecha que estos ilustres aprovechan las incursiones que detectan en su territorio para significarse, de modo que la gente no se olvide de que existen, respiran y piensan. Harían bien en calmarse o en exigirse cierta contención porque su actitud alimenta a 'el enemigo'.

Entiéndase por enemigo Pedro Sánchez, quien, en su afán por convertir la política española en un juego siniestro, plantó ante la oposición hace unos días una trampa parlamentaria -el decreto ómnibus- que tenía un fin claro: erigir al Gobierno como el único defensor de los pensionistas, de los valencianos y de los precarios, frente a una derecha insolidaria.

El PP primero se opuso, pero cambió de opinión cuando el Gobierno recompuso el texto, lo que provocó que la derecha de sofoco fácil pusiera el grito en el cielo. Personalmente, creo que debería ponerse el foco, en este caso, en lo más relevante, es decir, en el motivo por el cual la legislación española permite concentrar en un solo real decreto las ayudas a las víctimas de una catástrofe natural, las medidas de protección para los inquilinos, las subvenciones al transporte público o la cesión de un palacete al PNV.


Sorprendentemente, la Escuela de Atenas contemporánea, conformada por nuestros políticos a izquierda y derecha, periodistas, tertulianos y firmantes de manifiestos ha optado por pasar de largo sobre lo importante y ha hablado más de un edificio parisino que de la bochornosa forma de lanzar un cubo de orina matutina sobre el legislativo para demostrar fortaleza ante la oposición. ¿Y quién han contribuido a desviar la vista sobre lo relevante? Entre ellos, el PP.

Ataque desactivado

La estrategia empleada con la norma ómnibus tiene más miga porque el Ejecutivo pretendía blandirla como un arma para lanzar su primer gran ataque del año a la oposición. Iba a utilizar a los pensionistas en su propio beneficio y a esperar a que recibieran la paga de febrero, de menor importe, para intentar ganar apoyos entre los 9,3 millones de ciudadanos que pertenecen a esa clase pasiva. Quería ganarse su corazón a través del bolsillo e iniciar una campaña de acoso y derribo similar a la que efectuó cuando desenterró al franquismo, cuando avivó el terror a la ultraderecha y cuando alertó sobre la conspiración de los periodistas y los jueces contra él y su familia.

Lo iba a hacer, además, con el apoyo de una armada mediática gigantesca. Habrá quien no haya tenido en cuenta este punto, pero este mismo miércoles, lo más granado de las principales televisiones del país demostraba su ‘espíritu crítico’ y firmaba una declaración contra la desinformación que, en realidad, era todo un guiño hacia el Gobierno y una muestra evidente de la poca vergüenza que conservan algunos. Esos medios de comunicación tradicionales tienen todavía una ascendencia importante sobre los mayores. Los pensionistas ven cada día una media de 325 minutos la televisión comercial, frente a los 171 minutos de media (Kantar Media). El oyente de radio generalista -la más política- es de 52,9 años (EGM). 

Basta recordar lo que sucedió en 2018, cuando las tertulias televisivas -donde la izquierda está muy bien representada- y las radiofónicas comenzaron a martillear día y noche con las reivindicaciones de los yayoflautas -que querían el ajuste del IPC-... para deducir a lo que se exponía el PP al arriesgarse a que Paco, jubilado, 71 años, se encontrara en la cuenta del banco de febrero una cantidad menor a la del mes anterior “por culpa de Feijóo”. Ni que decir tiene que sindicatos, asociaciones de inquilinos y derivados ya habían anunciado movilizaciones por si las moscas; y que los papagayos periodísticos de Moncloa y sus portavoces habían pasado al ataque.

Frente a esa ‘pseudo-Partida de la porra’ contemporánea, el PP ha decidido apoyar un real decreto que iba a salir adelante con el voto de Junts, conocido antes que el de los populares. De esa forma, ha neutralizado el chantaje emocional a los pensionistas del enemigo y de sus mariachis. Es una jugada estratégica bastante básica, pero necesaria, aunque criticada y por supuesto criticable por la derecha que todavía aspira a que este país se distancia del populismo que nos constriñe y condiciona. 

Lo que le ha sucedido al PP es que ha sido inconsistente, cosa que tampoco es novedosa. Para explicar su primer voto contrario al real decreto creó un hilo argumental incomprensible. En lugar de concentrar sus ataques en el vergonzoso filibusterismo del PSOE -al recurrir a la fórmula del ‘ómnibus’-, comenzó a presentar propuestas alternativas de forma -diríase- ridícula y deslavazada; y a atacar la cesión del palacio al PNV, lo cual se le ha vuelto en contra (los vascos se han reído de ellos). Lo hizo, además, con rodeos, dado que las cabezas pensantes de Génova 13 iniciaron al principio del curso un giro hacia el centro - izquierda que les ha llevado a lanzar guiños hacia posiciones sociales y laborales que son abiertamente socialistas, amén de innecesarias. Así que para no contradecirse… han hecho el canelo.

Ése es el gran drama de la derecha. Parece que en lugar de proponer y de tener iniciativa busca que no le insulten e incluso exhibe como un valioso logro los ‘gestos positivos’ que recibe desde la izquierda

Ése es el gran drama de la derecha. Parece que en lugar de proponer y de tener iniciativa busca que no le insulten e incluso exhibe como un valioso logro los ‘gestos positivos’ que recibe desde la izquierda. ¿Por qué tiene el PP que hablar de la reducción de la semana laboral o de ayudas y subvenciones? ¿Cree acaso Núñez Feijóo que Pepe Álvarez va a ser iluminado con una Epifanía al escuchar su discurso y a votarle y defenderle con la fe del converso? En un país tan polarizado, aspirar a que te apoye quien en realidad te odia es absurdo. Máxime si con eso desmoralizas a tu parroquia, que es a lo que se dedican últimamente en Génova. Últimamente…, me refiero a los últimos 15 años.

España necesita una derecha liberal que transmita a los ciudadanos esperanza a partir de posiciones responsables. Los españoles están despertando del sueño del socialismo -basta ver la encuesta del pasado domingo de ABC- y eso sucede porque no les garantiza prosperidad y porque sus medidas ideológicas tampoco consiguen la concordia. Una derecha centrada hablaría de esfuerzo diario, de recortar el déficit, de reducir deuda, de ajustar impuestos y de hacer sacrificios necesarios para que nuestros hijos no caminen sobre el ‘conurbano bonaerense’ en la Madrid de 2035.

Fomentaría el ahorro, abordaría el problema real de las pensiones -insostenibles a la larga, con la política actual-, realizaría una política de vivienda ambiciosa -y eso debería implicar una reducción de burocracia e impuestos, no sólo medidas contra los okupas, como la anunciada este jueves- y transmitiría al español que llega fatigado a casa al final del día que lo público, sin un sector privado fuerte, ni funciona, ni es eficiente ni te da cita antes para una operación.

Para eso haría falta valentía. No un grupo de dirigentes que -debería ser consciente- parece estar más pendiente de que el tiempo pase rápido hasta 2027, de las batallas intestinas o de las filípicas de Esteban González Pons que de hacer una oposición activa y, sobre todo, de demostrar a sus votantes que tiene más interés en ellos que en el socialista crítico y otras criaturas en peligro de extinción... o mitológicas.

El palacete para el PNV porque el PP cae en la trampa/chantaje de Sánchez.

 La sede del Instituto Cervantes en la avenida de Marceau

Al palacete parisino del PNV (o para el PNV) hay que llamarlo palacete, no edificio ni inmueble ni gaitas, y no tanto por tamaño ni estilo sino por cómo ha aparecido aristocráticamente ante nuestra vista, como una carroza entre pobres de ciénaga. El palacete, almendrado de pastelero más que de arquitecto, con sus frontones y medallones de chocolate blanco y galleta, nos ha emergido como floripondio o como bombonera en medio de subidas a pensionistas, bonos para el tren y ayudas por la dana. Es como si el PNV pasara en velero, saludando con pañuelito, por delante de las escombreras de España y de la parada del bus u ómnibus con su escudo social que sigue sonando a escudilla. Aunque no sólo es eso. A los demás, la memoria democrática sólo les deja huesos y sermones, esa sopa de monjitas. Al PNV, sin embargo, le devuelven o le regalan los palacios enteros, con piano y pavo real. Y es que siempre hubo clases, ya saben.

En el ómnibus de Sánchez se ha colado un palacete como una señora con sombrerote, o sea se ha colado la socialité en la cosa social. Nunca hubiéramos considerado que un palacete pudiera estar dentro de ningún escudo social, así como se está dentro del Ring vienés, pero la verdad es que tampoco hubiéramos considerado que el PNV pudiera estar en ningún bloque progresista, claro. En realidad, el escudo social es más bien el escudo de Sánchez y el palacete del PNV es más bien el palacete de Sánchez, que de hecho era propiedad del Estado hasta que nuestro presidente lo ha considerado bien enajenable por su propia gracia. El escudo que se transforma en palacete, el palacete que se transforma en escudo, la realidad que se transforma en lo que le haga falta, eso es Sánchez, al que por cierto le pega un palacete, desamortizado y flamígero como una colegiata, más todavía que al propio PNV.

El escudo social es más bien el escudo de Sánchez y el palacete del PNV es más bien el palacete de Sánchez, que de hecho era propiedad del Estado hasta que nuestro presidente lo ha considerado bien enajenable

Se nos ha colado un palacete en el ómnibus como un botones con ramo de flores, y se nos ha colado un palacete en la memoria democrática como una herencia de verdad en una herencia sólo de viento, que se dice en Proverbios. Parecía que Sánchez sólo sacaba arena, hormigas y carrete de los bolsillos de bombachito de Franco, igual que de la historia sólo sacaba psicofonías para acojonar (Sánchez recuerda siglos y olvida en horas). Pero ya ven que, de repente, de la manga podrida de Franco, de los duros con serrín de Franco, del polvero de Franco, del bigotillo de madre superiora de Franco, por no hablar del bigotillo ya carbonífero de Hitler, ha surgido todo un palacio como el Nido del Águila de las nubes, y resulta que es del PNV. Lo que no sabemos es si hay una herencia real, física, habitable, monetizable o ventilable, que no conocíamos pero se va a empezar a repartir ahora, o la única herencia es ésa. O sea, sólo el palacete del PNV, singular, mágico y simbólico como Camelot, y nadie más, ni víctimas ni familiares, ni fusilados ni expropiados, ni maquis ni masones van a ver por supuesto ni un inmueble ni un duro.

De momento, a unos les dan polvo de hueso o de mármol y lacrimatorios como botijos y al PNV le devuelven o le amortizan palacios o quizá todo el mayorazgo. Incluso, como suele ocurrir con estas cosas de la aristocracia, se hace confiando más en la tradición de la casa o en la palabra del señor que en los papeles. No está clara la propiedad del palacete, más allá de la herencia sentimental de mecenas, testaferros y vascos juramentados con el partido o con la patria. Lo que pasa es que la herencia sentimental del PNV incluye todo el País Vasco o todo lo vasco, dentro y fuera de sus fronteras anubladas, así que Sánchez tendría que darles la propiedad igual del santuario de Aránzazu que del pimiento de Ezpeleta. Ni la justicia francesa ni nuestro Tribunal Supremo consideraron que hubiera que devolverle al PNV ese palacete como de turrón sentimental, ajeno a París y casi ajeno a la arquitectura. Pero entre el Supremo y Sánchez ya sabrán ustedes dónde están la razón, el progreso y la verdad.

El PNV ya tiene su palacete parisino de sangre azul, que es como un pastel de María Antonieta, aunque todavía seguirá ahí unos años el Instituto Cervantes, con su virgulilla como levantando la ceja ante el traspaso y el alquiler. Para que vean la seguridad y la irreversibilidad del asunto, el PNV registró y no sé si incluso santificó el palacete (me imagino a uno de sus curas orondos, de los que con chapela parecen peras) nada más publicarse el decreto, sin esperar a convalidaciones del ómnibus o del minibús. Hasta el PP va a votar que sí al palacetazo, sin duda porque Feijóo ha considerado de nuevo que lo inevitable no tiene importancia, cuando con el sanchismo es justo lo contrario.

El PNV ya tiene su palacete, lo que no sabemos es si es gracia de Sánchez o esto es general y va por orden. O sea, si todo lo usurpado por la dictadura o por la historia, de las pesetas de Franco al oro de Moscú o a los doblones corsarios, va a ir volviendo a los herederos, a las viudas, a los represaliados y hasta a las logias, o ese privilegio es sólo del PNV. La verdad es que, igual que el escudo social es de Sánchez, el palacete es de Sánchez y quizá todo el Estado es ya de Sánchez, la respuesta también es de Sánchez. Se llama arbitrariedad y hasta el PP está de acuerdo. Serán cosas de los señoritos.

Vuelve la moda de los presos políticos

Txapote, en la Audiencia Nacional.

EH Bildu, el partido comandado por la organización Sortu, heredera de Batasuna, lleva en su programa que los presos etarras en prisión lo están por "motivos políticos".

EH Bildu es, según la última encuesta del CIS, el partido que puede ganar las elecciones del próximo 21 de abril en el País Vasco. Por primera vez, ganará un partido que no es el PNV y, lo que no es menos importante, la hegemonía en el independentismo pasará a manos de una coalición cuyo máximo representante, Arnaldo Otegi (ex militante de ETA), aún no ha condenado el terrorismo.

Tras ver lo que dice el programa de EH Bildu (que hoy explica en estas páginas Mikel Segovia) se entiende mucho mejor la negativa a condenar la historia de 50 años de asesinatos, secuestros y extorsión de la banda. Otegi, me imagino, coincide en esto con Josu Ternera, que sitúa la actividad de ETA como la "lucha armada" legítima del pueblo vasco contra la represión del Estado español, en confesión impagable a Jordi Évole.

Otegi no sólo no condena el terrorismo, sino que su partido, que puede ganar las elecciones vascas, considera a los etarras "presos políticos"

Sorprende que ahora, tanto el PSE como el Gobierno, y también el PNV, se echen las manos a la cabeza y acusen a EH Bildu de ser "los de siempre", "lobos con piel de corderos". Porque han sido ellos, y fundamentalmente Pedro Sánchez, quienes le han dado a EH Bildu y a Otegi la pátina de demócratas que necesitaban para presentarse ante los vascos como un partido homologable a los demás pero, tal vez, un poco más radical en sus demandas, tanto sociales como soberanistas.

El PNV ha colaborado con EH Bildu en su política de acercamiento de los presos de ETA. Ahora sólo quedan siete presos etarras fuera del País Vasco, de un total de 169. El acercamiento es el primer paso para lograr otros beneficios penitenciarios, como los segundos o los terceros grados, de los que disfrutan ya la mayoría de ellos.

La historia se puede distorsionar, pero hasta cierto límite. Considerar preso político a García Gaztelu, alias Txapote, asesino, entre otros, de Miguel Ángel Blanco, no es sólo un insulto a la inteligencia, sino una bofetada a las victimas del terrorismo.

Este Gobierno, que ha puesto en marcha una ley de amnistía hecha a la medida de los condenados del procés, también ha hecho todo lo que ha estado en su mano para favorecer a los presos etarras. Una vergüenza que recae no sólo sobre el presidente, sino sobre su ministro del Interior, Grande Marlaska, que, en su día, instruyó algunos casos muy mediáticos sobre terrorismo cuando era juez en la Audiencia Nacional.

Como ayer le recordó el diputado Oskar Matute al presidente Sánchez, no se compadece bien la petición de apoyo en Madrid con las descalificaciones que ahora algunos de sus líderes (como el caso de Patxi López) hacen ahora de EH Bildu en el País Vasco por razones puramente electorales. Nadie lo entiende. O, mejor, se entiende muy bien a la luz de la falta de escrúpulos de Sánchez.

Si el Gobierno ya ha aceptado, por la vía de los hechos e incluso por el documento firmado en su día con Junts para asegurarse la investidura, que los líderes del procés son presos políticos, que no cometieron ningún delito y que la sentencia del Tribunal Supremo, como bien remarcó Carles Puigdemont en su entrevista en RAC-1 el pasado lunes, es papel mojado, ¿por qué no dar el siguiente paso y aceptar que los crímenes de ETA tuvieron también una motivación política?

Puede sonar a barbaridad, pero el hecho cierto es que Pedro Sánchez fue investido con los votos de un partido que no sólo no ha condenado a ETA, sino que considera a sus miembros (incluido Txapote) como "presos políticos".

 

21-A. Empate entre el PNV y BILDU. Podemos, Sumar y Vox desaparecen.

 

El Gobierno vasco pronostica un empate de PNV y Bildu el 21-A y la desaparición de Podemos

El nuevo candidato del PNV Imanol Pradales.

El nuevo candidato del PNV Imanol Pradales.

Es la misma tendencia que vienen marcando los últimos sondeos. Las elecciones del próximo 21 de abril en Euskadi estarán muy reñidas, al menos entre las dos formaciones que optan a vencer. El Sociómetro publicado hoy por el Gobierno vasco pronostica un empate técnico entre el PNV y EH Bildu. Según este sondeo, ambas formaciones obtendrían 29 asientos en el Parlamento vasco, lo que supondría un descenso de dos escaños para la formación de Arnaldo Otegi y una importante subida de la coalición que lidera Arnaldo Otegi que mejoraría en ocho representantes más su actual peso en la Cámara vasca.

La pugna entre ambas formaciones nacionalistas por imponerse en próximo 21-A lo han pronosticado de modo general todos los sondeos publicados en los últimos días. El PNV sufre un significativo desgaste electoral que se traduce en la pérdida de dos parlamentarios de los 31 que posee en la actualidad. La pérdida de ambos asientos la sufre según el Sociómetro en Bizkaia y en Gipuzkoa, con un parlamentario menos en cada uno de los territorios. En Alava lograría mantener sus 9 representantes.

Por el contrario, EH Bildu logra absorber no sólo ese electorado que habría abandonado al PNV sino que también se beneficia del hundimiento que se augura a Elkarrekin Podemos. Los seis parlamentarios que pierde la formación morada, junto a los dos del PNV son los que lograría capitalizar EH Bildu. La izqueirda abertzale se refuerza fundamentalmente en en Alava y Bizkaia, el históricamente feudo del PNV. En ambos casos mejora en tres parlamentarios su representación respecto a 2020. A ello suma una mejora de dos asientos en Gipuzkoa, donde se impone con claridad al lograr 11 parlamentarios frente a los 9 del PNV.

Elkarrekin Podemos, que esta vez concurre por separado de Sumar, se hunde, según este sondeo. Se quedaría fuera del Parlamento vasco al perder sus seis representantes. La marca que lidera Yolanda Díaz, Sumar, sí lograría entrar aunque de modo más bien simbólico con un sólo parlamentario por Gipuzkoa.

En cuanto al PSE, la formación que lidera Eneko Andueza, su candidato a lehendakari, mantendría su actual representación y no sufriría desgaste. Los socialistas vascos mantendrían sus diez asientos y lo harían con la misma distribución territorial: cuatro en Gipuzkoa y tres en Alava y otros tantos en Bizkaia.

El 51% tiene "poco o ningún" interés por las elecciones

El PP de Javier de Andrés también conservaría su representación de 6 parlamentarios. No lograría rentabilizar la desaparición de Vox del Parlamento de Vitoria. El PP mantendría su peso territorial con tres parlamentarios por Alava, dos por Bizkaia y uno por Gipuzkoa.

Con estos resultados que pronostica el Sociómetro, el PNV podría reeditar su acuerdo de gobierno con el PSE. Los 29 de los jeltzales y los 10 del PSE sumarían mayoría absoluta. El escenario sería similar en caso de explorar una coalición EH Bildu-PSE, con la que también se alcanzaría la mayoría absoluta de la Cámara vasca.

Uno de los indicadores del Sociómetro hace referencia al grado de interés que están suscitando estas elecciones. Por el momento es bajo. El 51% de la población asegura tener poco o ningún interés por las elecciones. El 48% restante sí reconoce estar muy o bastante interesado.

Respecto a la valoración de los líderes, el grado de conocimiento tampoco es muy elevado. Las principales formaciones concurren con candidatos nuevos, poco conocidos en el conjunto de Euskadi. Así, al candidato a lehendakari del PNV, Imanol Pradales sólo le conoce el 44% de los encuestados y menos aún al candidato de EH Bildu, Pello Otxandiano, conocido por apenas el 36%. El aspirante del PSE es más conocido, el 41% sabe quién es, la de Podemos, Miren Gorrotxategi el 43% y el candidato del PP, Javier De Andrés es conocido por el 32% de los consultados. Respecto a la valoración de los candidatos, Otxandiano es el que obtiene mejor puntuación y el único que logra el aprobado, un 5,3 sobre diez. Pradales se queda a las puertas con un 4,9.

El Gobierno Frankenstein, las cucarachas de Pedro Sánchez que pronto le escupirán.

Nicolás Redondo Terreros

«Seguro de que en el PSOE no se va a mover ni una mosca porque están todos en la nómina que Pedro Sánchez, desde su poder absoluto, les ha concedido»


Nicolás Redondo Terreros

Ilustración de Alejandra Svriz.

La noticia de la fulminante expulsión de Nicolás Redondo Terreros del PSOE, ese partido que fue refundado en los años setenta gracias, en gran medida, a la labor y a la personalidad de su padre, Nicolás Redondo Urbieta, y en el que ha militado desde hace 47 años, me ha hecho recordar unos episodios de mi vida que están unidos a la trayectoria del socialista hoy expulsado y que creo que pueden explicar algunas de las causas de la deriva que ese partido ha tomado.

En 2000 el PP ganó las elecciones con mayoría absoluta y fui elegida Senadora por Madrid. Después también fui elegida presidenta del Senado y, al mismo tiempo, fueron elegidos los dos vicepresidentes: Alfredo Prada, senador por León, del PP y Javier Rojo, senador por Álava, del PSOE. Estos dos vicepresidentes tuvieron su protagonismo en los dos episodios que voy a relatar.

En julio de aquel año fue elegido secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero y, si hacemos caso a su primer biógrafo autorizado, el periodista leonés Óscar Campillo, el triunfo de Zapatero sobre su rival, José Bono, por sólo nueve votos, se debió a las maniobras que llevaron a cabo Pepiño Blanco y José Luis Balbás.

A la vuelta de las vacaciones de verano, a finales de agosto, Prada me explicó que Zapatero había sido compañero suyo y de su mujer en la Facultad de Derecho de la Universidad de León y que, aunque no eran muy amigos, habían tenido siempre una relación cordial y habían coincidido con frecuencia. Me preguntó si me apetecía conocerle y, por supuesto, le dije que sí. De manera que, poco después, a principios de septiembre, Prada me concertó un encuentro con el entonces nuevo líder socialista y vino a comer conmigo mano a mano al Senado.

La comida se prolongó en una larga sobremesa, hasta el punto de que a mí me sorprendió que no tuviera prisa por marcharse. Cuando se fue, sobre las seis de la tarde, mis colaboradores más cercanos vinieron a preguntarme qué impresión me había causado el entonces muy desconocido Zapatero. Les dije que me había parecido guapo, simpático, educado, agradable, que sabía escuchar, que me había declarado que su primer objetivo era acabar con el rencor en las relaciones entre los políticos y, les añadí, que, sobre todo, «creía en España».

Aquellas palabras mías han sido después objeto de bromas y de expresiones del estilo de «¡que Santa Lucía te conserve la vista!». Sin embargo, los primeros meses de Zapatero al frente del PSOE parecieron confirmar aquella primera impresión mía. En diciembre de ese mismo año, a iniciativa del PSOE de Zapatero, PP y PSOE firmaron el «Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo», conocido también como Pacto Antiterrorista. Y durante todo aquel invierno Zapatero apoyó sin fisuras a Nicolás Redondo Terreros, que era el Secretario General del Partido Socialista en el País Vasco y su candidato a lehendakari en las elecciones autonómicas que iban a celebrarse en mayo de 2001. Unas elecciones a las que los socialistas y el PP, liderado por Jaime Mayor Oreja, se presentaron con el compromiso de llegar a un acuerdo para desalojar a los nacionalistas de Ajuria Enea. Fueron las elecciones de la foto de Fernando Savater levantando los brazos de Nicolás y de Jaime, en el mitin del Kursaal de San Sebastián, lleno de público.

«Hay quien dice que el cambio de actitud de Zapatero vino provocado por el famoso artículo de Cebrián a los pocos días de aquellas fallidas elecciones de mayo de 2001»

Y ahora aparece el otro vicepresidente del Senado, el alavés Javier Rojo. Pocos días antes de las Navidades de 2001 me pide hablar conmigo de la situación en el Partido Socialista del País Vasco. Rojo había sido hasta entonces el más entusiasta partidario de la unión de PSOE y PP frente a los nacionalistas y, sobre todo, frente a los terroristas. Habíamos ido juntos a Málaga al entierro del concejal del PP José María Martín Carpena, asesinado por ETA, y recuerdo su desconsuelo. Lo que me quería decir y me dijo es que Nicolás había tenido que dimitir de sus cargos en el Partido Socialista del País Vasco por no estar de acuerdo con las órdenes que venían de Ferraz de acabar con las buenas relaciones con el PP. Dicho en cristiano, a Redondo Terreros le habían echado. También me anuncia que será Patxi López su sustituto y Jesús Eguiguren el cerebro de la nueva línea que va a tomar su partido. Desde ese mismo momento, y en contra del Pacto Antiterrorista, Eguiguren inició sus contactos y negociaciones con la cúpula de ETA.

Patxi López tiene en común con Nicolás que los dos son hijos de dos sindicalistas de la UGT clandestina de tiempos de Franco. Pero ahí se acaban los parecidos porque Patxi carece de formación académica y todos sus sueldos —algunos muy suculentos— los ha ganado de la política, mientras que Nicolás es un abogado, formado en la Universidad de Deusto y que, a partir de aquella primera expulsión, ha sido muy capaz de ganarse la vida y, por consiguiente, tener libertad para decir lo que piensa y no lo que le mandan decir.

¿Qué había pasado para que el Zapatero que conocí en el 2000, el que apoyó la unión de populares y socialistas frente al nacionalismo, unos meses después echara a Nicolás para colocar a un indocumentado como López y a un condenado en firme por maltrato a su mujer como Eguiguren?

Hay quien dice que el cambio de actitud de Zapatero vino provocado por el famoso artículo de Cebrián en El País a los pocos días de aquellas fallidas elecciones de mayo de 2001, «El discurso del método», en el que criticaba esa unión y se mostraba partidario de que el PSOE siguiera cultivando las relaciones con el PNV. Tesis que luego desarrolló junto a Felipe González en el libro El futuro no es lo que era, publicado en octubre de 2001, en el que, además, acusan a Zapatero de blandura en sus relaciones con el PP, afirman que en el PP hay muchos restos de franquismo y abogan por llevar a cabo una revisión de la historia para denunciar los crímenes de Franco.

No sé qué es lo que llevó a Zapatero a cambiar de actitud, pero, sí sé que, desde aquellas Navidades de 2001 hasta hoy, no ha parado de profundizar en esas líneas y con él, su sucesor Sánchez. Que está llevando esos principios hasta el final. Por eso no le tiembla el pulso a la hora de expulsar a Nicolás, seguro de que en el PSOE no se va a mover ni una mosca porque están todos en la nómina que él, desde su poder absoluto, les ha concedido.

P.S. Al recordar todo esto me he vuelto a encontrar con el nombre de Eguiguren, que es, en sí mismo, una enmienda a la totalidad de todas esas llamadas feministas que han colaborado con el PSOE sin exigir que lo expulsaran del partido por maltratador. Es muy sintomático de lo que estamos viviendo que el PSOE hoy esté feliz con un maltratador en sus filas y expulse a una persona que defiende el espíritu de reconciliación de la Transición y de la Constitución de 1978. Es lo que hay.

 

El PNV se hunde en el País Vasco por su apoyo al PSOE, gobernará BILDU.


La izquierda vasca pasaría de 25 a 27 escaños en la Cámara vasca, los mismo que el PNV, que perdería seis asientos, y dejaría en manos del PSE la elección del próximo lehendakari.


Arnaldo Otegi, coordinador general de Euskal Herria Bildu EFE

El temor del PNV a perder la lehendakaritza cada vez está más cerca. Las elecciones municipales del 28-M ya mostraron un desgaste del partido de Andoni Ortuzar, que logró capitalizar la izquierda abertzale mejorando sus resultados en las principales capitales y municipios vascos. La representación institucional de los jeltzales se vio reducida en las principales instituciones y, según la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, todo apunta a que en las elecciones autonómicas vascas de 2024, EH Bildu se mantenga líder, incluso con opción de arrebatar la lehendakaritza al PNV.

Según el sondeo, EH Bildu lograría dos escaños más que el PNV. EH Bildu tendría 27 escaños -seis más que ahora-, a costa de la sangría del PNV, que perdería seis escaños y obtendría 25, frente a los 31 actuales. El incremento de la izquierda abertzale se produciría tanto por el desgaste del PNV como de Sumar, que perdería la mitad de su representación, en beneficio de Bildu y el PSE.

Por su parte, el PSE obtendría tres diputados más, es decir, se quedaría con 13, y sería clave para formar gobierno. Mientras el PP y Vox mantendrían los mismos -seis y uno respectivamente-, Sumar pasaría de los 6 a 3 escaños.

Todo apunta a un cambio que ya se ha ido advirtiendo las últimas elecciones: la fuerza de EH Bildu y el desgaste del PNV hace que el partido abertzale sea líder en Euskadi. Pero Arnaldo Otegi solo podrá sustituir a al candidato del PNV, que podría ser Urkullu que lleva desde finales de 2012 al frente de la presidencia del Gobierno, si suma los apoyos del PSE.

Ortuzar: "Algunos medios quieren condicionarnos"

La mayoría absoluta en el parlamento vasco es de 38 diputados. Con la suma de los de Otegi y Sumar -30-, se quedarían a las puertas de la lehendakaritza. En cambio, el partido de Sánchez tendría la capacidad de decidir si respaldar una vez más al PNV para liderar el Ejecutivo vasco o hacerlo con la izquierda abertzale, con quien ya ha acordado alianzas de Gobierno a nivel nacional.

Preguntado sobre este sondeo, el presidente del PNV ha afirmado que algunos medios de comunicación sólo pretenden "condicionarnos a las organizaciones políticas para que hagamos lo que ellos quieren". Ha asegurado que portadas como las del diario 'El Mundo' "no nos afectan en nada, sus lectores en Euskadi caben en un 600", ha afirmado: "Quieren decirle al PNV que somos tontos, que como no apoyamos a Feijóo nos vamos a hundir... pues quizá hay que hacer lo contrario de lo que dice 'El Mundo'".

 

Pedro Sánchez prepara una trampa parlamentaria para evitar cambios en la reforma laboral

 


Sánchez ‘engañaría’ a sus socios aceptando la tramitación como proyecto de Ley, pero prorrogando sine die el plazo para presentar enmiendas

 

En el Gobierno contemplan todos los escenarios. El plan A: que el decreto de la reforma laboral salga adelante conforme a lo pactado con sus socios gracias a la abstención de sus aliados preferentes: el PNV y ERC. El Plan B, el más probable: que tengan que recurrir a la vía alternativa de Ciudadanos y partidos minoritarios. Y el Plan C o último recurso: la aceptación de la tramitación del decreto como proyecto de Ley para no perder el favor de sus socios y evitar una quiebra en la alianza Frankenstein.

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De momento, se trata de una última opción, pero está en la mente del Ejecutivo. Tras el ultimátum de sus socios ERC,Bildu, BNG y la Cup este jueves en el Congreso, a algunos estrategas en el Palacio de la Moncloa se les ha encendido la bombilla: «Ponen como condición que aceptemos tramitar el decreto como proyecto de Ley. ¿Eso quiere decir que están dispuestos a apoyar la reforma laboral si a cambio aceptamos introducir modificaciones?».

 

El ‘no dudoso’ de ERC y Bildu a la reforma laboral

Fuentes de Moncloa consultadas por THE OBJECTIVE dejan así en evidencia a los aliados gubernamentales, recordando que el trámite para aceptar modificaciones consiste en una votación, a continuación de la convalidación del decreto, que solicita al Gobierno si acepta su tramitación como proyecto de Ley, pero una vez haya conseguido aprobar el decreto con el apoyo de sus socios. Es decir, que «ERC y Bildu han aceptado sin saberlo que están contemplando apoyarlo a cambio de esa condición».

 

En el Palacio de la Moncloa aprecian cierta «rebaja en el tono» de los partidos citados, que admiten que «contemplan la opción de apoyarlo y no expresaron un no tajante», al margen de otras sutilezas como que los verdaderos interlocutores del Gobierno, Aitor Esteban del PNV, y Gabriel Rufián de ERC, no quisieran personificar esa supuesta ofensiva en la sala de prensa del Congreso. Argumentos por los que el Ejecutivo no acaba de cerrar la puerta de la primera opción, aunque admiten que sea «improbable».

 

La trampa parlamentaria

Pero hay una última carta que se guarda Pedro Sánchez por si las situaciones se tornaran críticas con sus socios, después de que Podemos les alertara de que pactar con Ciudadanos es entrar en «zona peligrosa». Se trata de una trampa parlamentaria que el Gobierno ya ha explorado previamente y cuyo precedente se encuentra en la Comisión de Secretos Oficiales.

 

La última carta de Pedro Sánchez sería la de ‘engañar’ al Congreso y a sus socios aceptando la tramitación como proyecto de Ley pero posponiendo sine die el plazo de presentación de enmiendas hasta que decaiga con el final de la legislatura. Dos años que se quedan cortos respecto a los más de tres años y medio que lleva bloqueada la Comisión de Secretos Oficiales por el veto mutuo que se impone sobre ERC y Vox para conseguir un representante en el órgano parlamentario.

 

Bolaños y Bal, el lunes

Pese a todo, el escenario más realista es que el decreto salga adelante con Ciudadanos y los grupos minoritarios, entre los que se encuentran los dos diputados de UPN, CC, Nueva Canarias, Compromís, Más País, PRC y Teruel Existe. Fuentes gubernamentales explican que los contactos ya se han iniciado pero queda que se sellen por parte de los dos negociadores: el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y su secretario de estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, quien ha asumido un papel crucial.

 

Fuentes de la formación naranja informan a THE OBJECTIVE que este lunes se producirá una conversación formal entre Bolaños y el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, para cerrar su apoyo. El pasado martes, ambos hablaron al término del pleno en el Congreso. Ambas partes confirman que «no habrá una negociación formal», puesto que Bal reiteró a Bolaños que la única exigencia es que «el Gobierno no ceda al chantaje nacionalista y separatista y no modifique ni una coma del decreto». Una promesa que se podría cumplir tanto en el caso de que el Gobierno active el plan A, el plan B, o el plan C. Lo único que cambiaría es el sujeto del engaño.

Casado se consolida como líder destacado a la Presidencia del Gobierno. Ayuso y Esperanza Aguirre formarán otro Vox.



Este hecho no se había producido en la historia de la democracia. Todos los partidos “bajan” y solo el PP “sube”. Queda claro que hasta  los antiguos votantes de Podemos, apuestan por el Partido Popular.

Los españoles aguantan y aguantan, hasta que un día dejan de aguantar. Es evidente que Casado le tuvo que cortar las alas a varios dirigentes, pero el tiempo le está dando la razón. Que a nadie extrañe que la próxima sacrificada sea Díaz Ayuso por indisciplina, falta de compañerismo y tratar de adelantar acontecimientos que, en el mejor de los casos, nunca serían hasta mediados de 2022. Eso le podría mermar 2 puntos que, posteriormente, se recuperarían. El  presidente del PP en Madrid tiene menos recorrido decisorio que yo en el Pentágono.   

Lo triste del caso es que fue el propio Casado quien nombró candidata a la Asamblea de Madrid a Díaz Ayuso que no venía de ninguna parte. Todos sabemos que la cúpula Popular apostó y sigue apostando por sabia nueva para fortalecer el partido. En este caso, Esperanza Aguirre,  que llegó a tener hasta el 50% de cargos de la formación investigados y hasta condenados. Vuelve a jugar sucio siendo la madrina de Abascal y ahora de Ayuso.                                                                      

El que Esperanza Aguirre salga del armario para confesar ser la madrina de Abascal, solo tiene una deducción, Los cerca de 800.000 € oficiales, casi 4 millones oficiosos de los que culpaban a Abascal como única rapiña, todo indica que eran compartidos. Agencia de Protección de datos en un Ayuntamiento, solo cabe en la cabeza de Abascal y su madrina.

A LO VAMOS:

Si entre PSOE y Vox bajasen tres puntos, el PP rozaría la mayoría absoluta. Además tiene garantizado el voto directo del PNV y la más que supuesta abstención del JxCat.

Solo en Andalucía, cuna socialistas y la ultraderecha perderían ±14/15 diputados.

El único problema que existía era que PSOE más nacionalistas superaran en diputados al PP, en ese caso la abstención de Vox renovaría la inquilinidad de Moncloa a Pedro Sánchez.

Dado el caso que refleja el gráfico, Vox caería en tierra de nadie y pasaría a ser otra UPyD, Cs…. Lo que posibilitaría una fuga masiva de diputados al PP.     

VOX y Podemos se ofrecen a proclamar Presidente a Pedro Sánchez, solo a cambio de Ministros.

JP Logística


Hace más de un año que vengo escribiendo que Podemos no es ni siquiera un partido político, solo es una banda dependiente de la tiranía venezolana y de la Yihad iraní (Chiitas) cuyo único objetivo es desmantelar España para desde estas “dependencias” propagar el culto mahometano en Europa. En cambio, VOX, la ha tomado con Pablo Casado, ahora le pide, poco menos,  que destituyan a Trump, cambien la estatua de la libertad por la de Franco o no hay apoyo parlamentario.

La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, ha fijado el debate de investidura del presidente del Gobierno en funciones y candidato del PSOE a la reelección, Pedro Sánchez, para los próximos 22 y 23 del presente mes de julio. Con el anuncio de la fecha de la sesión de investidura, España pone en marcha hoy una dramática cuenta atrás política. De superarse el plazo de dos meses a partir de la primera votación fallida sin que Pedro Sánchez consiguiera ser elegido presidente, el país se precipitaría por el abismo de una repetición de las elecciones.

Una hipótesis catastrófica, porque prolongaría sine die el desgobierno de España en un momento crítico por las reformas económicas pendientes, por el nuevo desafío independentista que aguarda en cuanto se conozca la sentencia del procés y por el complejo contexto internacional en Europa y en el resto de mundo. Sería la segunda repetición de unos comicios en cuatro años, lo que ofrecería una imagen de inestabilidad que lastraría el buen momento económico del país tras una época de sacrificios pagados a costa del bienestar de los ciudadanos. En definitiva, una irresponsabilidad absoluta.

Precisamente por el disparate que supondría llegar a ese punto de no retorno, resulta más injustificable la actitud de Pedro Sánchez, que más de dos meses después de las elecciones no ha emprendido siquiera una negociación sobre medidas políticas o sobre un programa de gobierno con ningún partido. Ni ha ofrecido un pacto a Unidas Podemos, más allá de un fantasmal «Gobierno de cooperación» que no significa nada, ni ha planteado a Ciudadanos o el PP compromiso alguno que permita que ambos le faciliten la investidura. Se limita a esperar a que el tiempo pase para que, ante la inminencia del desastre, sean los otros los que le den el Gobierno gratis total. Una estrategia que supone jugar de manera irresponsable con el futuro del país y con sus ciudadanos, y que demuestra que lo único que le importa es alcanzar el poder a toda costa.

Pero, además de esa actitud propia de un Nerón que toca la lira mientras arde Roma, Sánchez y su gurú Iván Redondo han creado una gran ficción que mantiene engañados a muchos ciudadanos y no pocos analistas. Transmiten la idea de que bastaría con que Unidas Podemos vote a favor para que la investidura salga adelante. Pero no es así. Incluso con el apoyo de Unidas Podemos, del PNV y de otras pequeñas fuerzas, con esa vía Sánchez necesitaría irremediablemente pactar con los independentistas. Algo que se está hurtando deliberadamente del debate. Sin la abstención o el voto a favor de ERC o de Bildu, no hay Gobierno de izquierdas posible. Con coalición o sin ella. El otro gran teatro de Sánchez es insistir en que la abstención de Ciudadanos desbloquearía la investidura. Falso. Si eligiera la vía de alcanzar la presidencia gracias a Cs, Unidas Podemos votaría no, con lo que habría más sufragios en contra que a favor. Sánchez debe dejar de jugar a la ruleta rusa con España y negociar su investidura sin esperar a que los apoyos caigan del cielo. Pero, por encima de todo, debe decir la verdad. O gobierna en precario y dependiendo de los independentistas, o lo hace en coalición con Ciudadanos con 180 escaños. Esas son las únicas opciones. Lo demás, son cuentos, mentiras y teatro político.