Una de las víctimas de la tiranía de Rafa Nadal, a la cuarta final en su duodécima participación ‘Nole’ se hizo con la perseguida y preciada Copa de los Mosqueteros. A lo grande, dominando sin piedad a su amigo y compañero de generación Andy Murray, 3-6, 6-1, 6-2 y 6-4 en 3h.03’. Rematando un complicado torneo, que ha obligado a un esfuerzo extra por una lluvia que sí ha ofrecido tregua en las finales. De hecho, el sol emerió justo tras el cierre de la cita.
Y aplacando la tensión del remate, que no llegó con 5-2 y saque, pero sí en el siguiente servicio a su favor.Con cierto temor en las dos primeras bolas de campeonato, una con doble falta, pero rematando a la tercera, con revés del escocés a la red. Djokovic, esta vez sí, dejándose caer tan largo es en la arcilla parisina. Dibujo de un corazón, y nuevamente tumbado dentro del mismo, como hiciera en su día Gustavo Kuerten, testigo en la grada.
Es,a sus 29 años, el octavo hombre que completa en su palmarés el Grand Slam, tras Don Budge, Rod Laver, Roy Emerson, Andre Agassi, Rafa Nadal y Roger Federer. El tercero que encadena los cuatro ‘grandes’ de manera consecutiva, aunque tiene por delante igualar las hazañas de Budge y Laver, que sellaron esa racha en una misma campaña.
Capturó su duodécimo Grand Slam, en veinte finales, ya que este Roland Garros se añade a 6 Open de Australia, 3 Wimbledon y 2 Open USA. Iguala el registro de Emerson, se pone a dos de Nadal y Sampras y a cinco de los 17 de Federer. Al ritmo que está imprimiendo, no hay imposibles para él, más después de tumbar la barrera parisina.
El año pasado había sido abatido por sus propios nervios y la fiereza de un Stan Wawrinka que no desaprovechó hallarse ante un Djokovic timorato. Con la lección bien aprendida, a sus 29 años, el balcánico sólo denotó tensión en la manga inicial, también como efecto de que se medía a un oponente que semanas atrás le había sometido en Roma.
Pero Djokovic dijo basta. No quería irse en ningún caso con el remordimiento de no haberlo intentado, de haber sido su peor enemigo, como doce meses atrás. El número uno mundial sacó el puño de hierro con el que está dominando el tenis masculino últimamente. Y se lanzó a aprobar por fin su asignatura pendiente. Lo hizo con cum laude porque acabó convirtiendo el duelo en un recital personal.
Aniquiló a su víctima favorita, con quien tiene un palmarés positivo de 24-10, 13-2 en los más recientes, 5-1 en tierra batida. Según iban cayendo los juegos, Djokjovic animaba, con subrayados gestos, a que encendiera el ambiente. Conjuntó todos los elementos a su favor, e hizo historia en París.
Un talón de dos millones de euros para adornar su éxito, la que constituye su 65ª corona profesional. Andy Murray falló en su primer intento en una final de Roland Garros, chocó contra un ogro. Campeón del Open USA 2012 y Wimbledon 2013, en ambas ocasiones batiendo a Djokovic, continúa estancado en dos títulos de diez finales disputadas.
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