Las próximas
generaciones españolas están arregladas. Deberán pagar una deuda pública
gigantesca. Solo los intereses se mueven ahora en el entorno de los 40.000
millones de euros al año, lo que supone un gasto superior al presupuesto de
todos los ministerios de la Administración Central.
Números redondos, sobre
un PIB de un billón de euros, José María Aznar dejó una deuda asumible: en el
entorno de los 300.000 millones. Zapatero la incrementó hasta los 700.000
millones. Rajoy, que tantos aciertos ha tenido al combatir la crisis económica,
situó la deuda en febrero de este año en 1.081.327 millones de euros, es decir,
superó, en 81.327 millones, el billón de euros, rebasando por primera vez el
PIB español, cifrado en el mismo mes y año en 1.081.190 millones de euros.
Un déficit sin contener
anticiparía para este año 2016 un incremento de la deuda. No será así porque
esa deuda, que en tiempos de Zapatero rozó el 7% de interés, será sustituida en
parte por la nueva deuda que se sufragará con un interés entre el 1 y el 2%.
Eso significa que el total de la deuda disminuirá este año hasta situarse por
debajo del PIB.
En todo caso, al margen
de elucubraciones económicas, España está endeudada hasta las cejas. Grecia,
por ejemplo, consiguió quitas sustanciales. España no puede contar con la
generosidad de los acreedores. Deberá pagar. Y por lo pronto hay que conseguir
un déficit cero, que es lo que legó José María Aznar a Rodríguez Zapatero
cuando el líder socialista se convirtió en presidente por accidente. Aun
suponiendo que se consiga ese déficit cero, España tardará mucho tiempo en
eliminar su deuda o en reducirla a términos asumibles.
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