Liga española. Ver todos lospartidos en vivo y gratis.


Pincha el partido y espera 40 segundos.

No tocar NADA. El solo se carga y ajusta
17:00F1: Bahrain GP - Qualifying
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid
18:00Liga: Deportivo La Coruna vs Atletico Madrid







Premier L Chelsea vs Manchester United (HD)
18:30Premier Leag Chelsea vs Manchester United
18:30Premier Leag: Chelsea vs Manchester United
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga (HD)
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga
20:00Liga BBVA: Real Madrid vs Malaga (English)

                                          Estadio Santiago bernabeu


  • NOMBRES ANTERIORES
  • Estadio Real Madrid Club de Fútbol(1947-55)
  • APODO
  • Chamartín / Nuevo Chamartín
  • LOCALIZACIÓN
  • PROPIETARIO
  • DETALLES TÉCNICOS
  • SUPERFICIE
  • DIMENSIONES
  • 105 x 70 m
  • CAPACIDAD
  • 81.044 espectadores 
  • MARCADOR
  • Videomarcador con megafonía
                         Equipo Local: Real Madrid
Image and video hosting by TinyPic
Image and video hosting by TinyPic

                                                Plantilla del Real Madrid


Image and video hosting by TinyPic
  1. Image and video hosting by TinyPic
    Image and video hosting by TinyPic
    Image and video hosting by TinyPic
                                 Entrenador del Real Madrid: Carlo Ancelotti                                  
                                            Equipo visitante: Villarreal

                                                Plantilla del Villarreal

Image and video hosting by TinyPic
Image and video hosting by TinyPic

                 Entrenador del Villarreal: Marcelino Garcia Toral

Retrato del Cardenal



Retrato del  Cardenal, Rafael.

                                              Ver todas las obras del museo, Click aquí
Retrato duro y descarnado, consecuente con la siniestra reputación del retratado, el cardenal Francesco Alidosi, figura temida y despiadada que acabaría asesinado el mismo año en que este retrato fue concluido. En un perfil de tres cuartos, la figura del joven cardenal se destaca sobremanera sobre el fondo oscuro merced a una intensa iluminación. El rostro adquiere así una importancia y una preponderancia excepcional a pesar del pequeño tamaño en relación al lienzo.
La intensidad del conjunto, y la ausencia de artificios a la hora de retratar a una figura de tal importancia hacen de esta pintura uno de los grandes retratos de la historia del Arte.
                                                     Ver todas las obras del museo, Click aquí

LA ANUNCIACION de Fra Angelico





                  CLICK AQUI,  PARA VER TODOS LOS CUADROS DEL MUSEO DEL PRADO



LA ANUNCIACION de Fra Angelico

Ficha Técnica

Temple sobre tabla
194 x 194 cm
Guido di Pietro da Mugello, llamado Fra Angelico (Hacia 1400 - 1455)
Pintura Italiana (Siglo XV)




Guido di Pietro nació en Vicchio en el Mugello. Fraile del convento de Santo Domingo de Fiesole, cerca de Florencia, inicia su actividad artística muy joven, en el campo de la miniatura. Desde el principio, su obra aúna elementos de la tradición gótica de finales del siglo XIV con los avances del primer renacimiento, pero es la espiritualidad que emana de sus cuadros, la que le hace merecedor de su sobrenombre: Fra Angélico, porque se decía que pintaba como los ángeles.


El retablo de La Anunciación fue realizado para la iglesia del convento dominico de Santo Domenico de Fiesole, entre 1425 y 1428. Está formado por una tabla central, rematada en la parte inferior por un banco o predela. La tabla principal representa la Anunciación en primer plano, en un interior, y la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso Terrenal, en un segundo plano exterior.


La relación entre estos dos episodios es la redención del pecado original por la llegada de Cristo, anunciada a la Virgen por el arcángel San Gabriel. Fra Angélico sitúa a la Virgen y el Arcángel en un marco arquitectónico, definido por una elegante arquería, que recuerda las obras que por entonces realizaba Brunelleschi en Florencia, como el pórtico del Hospital de los Inocentes. El tratamiento racional del espacio y el estudio de la perspectiva geométrica recogen los planteamientos del arte renacentista. El ángel se inclina ante María, que adopta una actitud de humildad. El orden y la sencillez del cuarto que se abre tras la escena alude a las virtudes de la Virgen, así como el pequeño libro de oraciones que tiene abierto sobre sus rodillas. La paloma del Espíritu Santo proviene de las manos de Dios, en la esquina superior izquierda, y atraviesa el jardín del Edén, reafirmando el carácter de redención del pecado original que posee la encarnación de Cristo. La predela se compone de cinco paneles donde se representan cronológicamente episodios de la vida de la Virgen: Nacimiento y Desposorios, Visitación, Adoración de los Magos, Presentación en el Templo y Tránsito de la Virgen.
CLICK AQUI,  PARA VER TODOS LOS CUADROS DEL MUSEO DEL PRADO
El tratamiento iconográfico de estas escenas es el característico de la pintura italiana de los siglos XIV y XV. En esta obra maestra del Quatrocento italiano destacan la maestría del color y la luz, y la carga poética que se desprende de las figuras. En 1611 se vendió para construir el campanario al duque de Mario Farnese quien la regaló al duque de Lerma, gran ministro de Felipe III. En España estuvo primero en la iglesia de los dominicos en Valladolid, para pasar posteriormente al Convento de las Descalzas Reales de Madrid, desde donde ingresó en el Museo del Prado en el año 1861 gracias a las gestiones del pintor Federico de Madrazo, por entonces director del Museo.

Los fusilamientos del 3 de Mayo



Los fusilamientos del 3 de Mayo  
                     
1814    Lienzo. 2,66 x 3,45    Museo del Prado, Madrid.

El lienzo Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid es uno de los más altos logros de la pintura española y, probablemente, uno de los hitos también de la pintura universal. Sin duda, además de sus excelencias artísticas, puede ser considerado uno de los cuadros de temática histórica más dramáticos de toda la historia del arte.
La intensa pasión que inspira la composición consiguió que este lienzo de Goya fuese más que un recordatorio de un hecho concreto, y mucho más también que una simple arenga o un manifiesto fruto del fervor patriótico del autor. El pintor, llevado por la intensidad dramática de los hechos que narra, supo expresar en toda su violencia, aunque con sobriedad y eficacia extremas, la crueldad inexorable del hombre para el hombre y a la vez su exasperado y rebelde deseo de libertad.
Pero el acierto de la obra no radica sólo en su significación, sino también en su extraordinario sentido de la anticipación. En ella, Goya supo destilar lo más personal de su técnica, que desemboca en un lenguaje plástico de fuerza desconocida hasta el momento y abre las puertas (aún a principios del siglo XIX) al expresionismo más actual.
Se sabe que Goya observó estos cruentos episodios desde su quinta y que tomó apuntes la misma noche en que acontecieron los hechos, de donde proviene el extraordinario realismo de su pintura y su profunda sinceridad. Así lo testimonió su criado Isidro, que dejó para la posteridad una curiosa narración de los hechos, a la vez emotiva y vibrante: "Desde esta misma ventana vio mi amo los fusilamientos con un catalejo en la mano derecha y un trabuco cargado con un puñado de balas en la izquierda. Si llegan a venir los franceses por aquí, mi amo y yo somos otros Daoiz y Velarde."

Isidro contó también que al acercarse la media noche Goya le ordenó que cogiese el trabuco y le siguiese: "Fuimos a la montaña del Príncipe Pío, donde aún estaban insepultos los pobres fusilados. Era noche de luna, pero como el cielo estaba lleno de negros nubarrones tan pronto hacía claro como oscuro. Los pelos se me pusieron de punta cuando vi que mi amo, con el trabuco en una mano y la cartera en la otra, me guiaba hacia los muertos (...). Luego, sentándonos en un ribazo, a cuyo pie estaban los muertos, mi amo abrió su cartera, la colocó sobre sus rodillas y esperó a que la luna atravesase un nubarrón que la ocultaba. Bajo el ribazo revoloteaba, gruñía y jadeaba algo (...), pero mi amo seguía tan tranquilo preparando su lápiz y su cartón. Al fin la luna alumbró como si fuera de día. En medio de charcos de sangre vimos una porción de cadáveres, unos boca abajo, otros boca arriba, éste en la postura del que estando arrodillado besa la tierra, aquel con la mano levantada."
La solución pictórica plasmada en este lienzo traduce un auténtico dramatismo, que parece, sin duda, captado directamente de la realidad. Contemplando la pintura resulta pues creíble la narración de Isidro, el criado. Goya presenció, probablemente, los trágicos acontecimientos que recogen sus pinceles y tomó apuntes en el mismo escenario donde tuvieron lugar los fusilamientos.
En el lienzo, los soldados encargados de la ejecución aparecen como autómatas despersonalizados, sin rostros y en perfecta y disciplinada formación. Las víctimas, por su parte, constituyen un agitado y desgarrador grupo, cuyos rostros expresan el horror. Los cuerpos de los muertos se encuentran amontonados, en retorcido escorzo, sobre el suelo ensangrentado. Un enorme farol ilumina violentamente una figura arrodillada, vestida con camisa blanca y con los brazos alzados, que está a punto de ser fusilada y que es el principal punto de atención del cuadro. Detrás de esta figura otros personajes presencian el drama; unos se tapan los oídos para no oír los disparos, otros esconden el rostro entre las manos para no presenciar el horror.
La escena tiene por fondo una montaña desolada, tras la cual se erige la silueta tenebrosa de Madrid. El grupo de los soldados, convertidos en verdugos, cumple su cometido sin saña, con la fría precisión de una inexorable máquina de matar, pero la anodina y uniforme hilera que conforman encarna con una crudeza desgarradora todo lo oscuro y cruel de la condición humana.
                VER TODOS LOS CUADROS DEL MUSEO DEL PRADO         

El sueño de Jacob

EL SUEÑO DE JACOB, JOSÉ DE RIBERA

Por motivos técnicos no se puede ver en 3D, en unos días se podrá ver toda la exposición.
                                                                                                              VER EXPOSICIÓN/NEXT

El célebre cuadro de José Ribera El Sueño de Jacob (Museo del Prado) ha cautivado con justicia a la Crítica del Arte por su plasticidad inseparable de las innovaciones iconográficas introducidas en el tema, de modo particular, la poética elaboración de la Escala fundida en el dorado cielo qué se eleva sobre su cabeza, y quizá, por contraste, el carácter rústico de las facciones de Jacob que ha llevado a hablar del recuerdo de uno de aquellos arrieros levantinos vistoS por el pintor en su juventud.
Sin embargo, esa "rusticidad" no está reñida con el efecto monumental que se desprende del cuerpo yacente, y no sólo por su tamaño, sino por la evocación del concepto clásico del volumen de un cuerpo que, como supo ver Angulo, se adivina bajo los pardos ropajes (lo mismo que en otros santos suyos), en actitud aprendida de las estatuas clásicas. En efecto, al margen del naturalismo del personaje -íntimamente unido a una forma expresiva clave en el planteamiento estético del pintor y necesario para la innovadora visión- Ribera parte de un tipo bastante ortodoxo en la tradición clásica de representación del somnus romano, desarrollada por extensión a aquellos personajes mitológicos relacionados con el sueño.
Esa tradición fijó el tipo a partir de la cultura helenística en una figura echada ligeramente de lado izquierdo, cuyo brazo sirve de apoyo a la cabeza, mientras el opuesto cruza el pecho; bien sea caracterizado de joven alado, como el existente en los Museos Vaticanos, bien como anciano adornado con alas de mariposa y amapolas colgantes. A partir de esta personificación el repertorio iconográfico se centró en la representación de los seres que se movían bajo la influencia de Hypnos o Somnus: Ninfas, Faunos, Cupidos y algún famoso pastor -al igual que Jacob- mitológico, como Endimión. También Ariadna, tal como se muestra en medallas antiguas y relieves helenísticos, yace en sueños desplegando su brazo derecho tras la cabeza para descubrir así una espléndida desnudez que daría pauta a las célebres Venus dormidas renacentistas.
Por supuesto, fue el renacimiento quien recuperó esta tradición clásica frente a la cultura medieval que, si bien no renunció del todo al mundo de Hypnos , estuvo mucho más inclinada por otro tipo de "sueño": el de la Visión supranatural, justamente en el que estaba inmerso Jacob, resuelto de una forma distinta. Esa otra manera opta por representar a la figura sedente o a lo sumo reclinada, apoyando la cabeza sobre la mano del brazo doblado casi en ángulo recto; los ojos abiertos o semiabiertos y la nítida escenificación del sueño, yuxtapuesta. Escapa a esta tipología Jessé, sobre todo por el pie forzado del árbol que brota de su costado, para el cual sirve de base el cuerpo yacente, pero, aun así, éste reclina ostensiblemente su cabeza sobre el brazo angulado. Más todavía, en algunos santos, góticos por lo común, cuyos sueños se representan en un lecho, el detalle del brazo difícilmente se soslaya hasta el punto de llegar algunos artistas, como es el caso de Carpaccio en la "Historia de Santa Úrsula", de mostrarla rígida y bien tapada hasta el cuello sacando bajo las sábanas un artificioso brazo que lleva a su cabeza. Hemos de concluir, por tanto, que esta disposición de apoyo era recurso obligado para la ensoñación.                      VER EXPOSICIÓN/NEXT       
Ni que decir tiene, las imágenes del Sueño de Jacob medievales siguen este modo de representarse en su mayor parte. Así, la magnífica miniatura tardogótica con que ilustra L. Reau el tema en su Iconographie..., que, por otro lado, continúa el camino iniciado nada menos que en la sinagoga de Dura Europos , en un fragmento subsistente que coincide con la versión cristiana de la Catacumba romana de Vía Latina, en la que se representa a Jacob sentado, descansando, sobre la piedra y adoptando la postura consabida del
                                                                       VER EXPOSICIÓN/NEXT
brazo, mientras los ángeles suben y bajan por la escala claramente dibujada . Entre las excepciones a este tipo en el Medievo, puede citarse la que aparece en una patena de plata de Remessen (Sajonia) fechada hacia 1170, en la cual Jacob está yacente, en la línea con la iconografía bizantina -de la que es casi copia- de un mosaico parietal de la catedral de Monreale e igualmente del s. XII . Asimismo, en el claustro de la catedral de Gerona, lo encontramos en un tanto inverosímil decúbito prono fundido con el pasaje de la lucha con el Ángel en una misma escena.
Durante el Renacimiento el tema sigue apareciendo dentro de programas iconográficos de complejas y refinadas elaboraciones significando espacios muy singulares, por lo común en bóvedas. Tales lugares son nada menos que la Estancia de Eliodoro y las Logias, en el Vaticano, o la Gran Sala de la Scuola di San Rocco, en Venecia. En el primer caso, ambas representaciones se deben al círculo de Rafael; en el segundo, a Tintoretto. En ambos llama la atención las originales invenciones para la iconografía del personaje bíblico y de la escena en sí. Rafael o sus discípulos eligen para la bóveda de la Estancia  un Jacob recostado que descansa la cabeza sobre los dos brazos encima de la piedra o Betel, mientras que a los pies arranca una escalera de sólidos peldaños con ángeles que suben y bajan y Dios Padre en el cielo; por el contrario, en las Logias , de similar composición a la anterior, el patriarca gira el torso completamente de frente, en tanto que las piernas permanecen de perfil y la cabeza apoya directamente en la roca dejando el brazo derecho extendido del todo sobre la piedra.
En cuanto a la aportación de Tintoretto, dentro de uno de los más fastuosos conjuntos pictóricos renacentistas, y como en las anteriores bajo una forma manierista, presenta a un Jacob casi de pie abrazado a la roca, y la escala, también de peldaños aun más monumental si cabe, asciende sobre su cabeza con los ángeles y Dios entre nubes. La escena, de formato oval, se sitúa en el centro de la Sala flanqueando el tema principal, "La serpiente de bronce" y en correspondencia parietal con la "Ascensión", asunto con el que tradicionalmente la teología viene relacionando la visión del Patriarca en el Antiguo Testamento.

Como puede verse, poco o nada parece haber influido de tan importantres espacios y artistas en Ribera. En cambio, otros pintores italianos del XVI y del XVII y otra inspiración, de raigambre profana y apegada a un sereno clasicismo, si han tenido, a nuestro juicio, peso más específico en la genial obra del Prado. De una parte, la pertinaz búsqueda por la pintura veneciana cinquecentista de ese ideal de quietud, clave quizá de su título de Serenísima República -como ha sugerido Meiss- , a través de la idílica visión del campo poblado de pastores sacados de la lírica amorosa: Damón y Tarsis; o de la mitología: Endimión, cuyo sueño de amor se funde con el sueño eterno. Pastores sin identificar a veces a ciencia cierta, como un "Pastor en un paisaje" de la Barnes Collection, Merion (Pensylvania), que dio pie al citado historiador americano para especular, en base a sus ojos semicerrados, con una cierta consciencia de superioridad por parte de este "guardador" o "vigilante" que vendría a ser el pastor.
El círculo boloñés implantado en Roma tras el éxito de Annibale Carracci, posibilitaría, por el contrario, un Clasicismo realmente fecundo para el siglo XVII en virtud de una erudición condensada y hábilmente elaborada a través de las múltiples experiencias de los distintos centros italianos del Cinquecento. Rigor intelectual y exposición censual de los temas se combinan en artistas como el propio Carracci, Il Guercino o Guido Reni. Y son estos pintores los que propiciarán sin duda el giro estilístico del Ribera maduro de la década de los 30 en su acercamiento al estudio de la antigüedad clásica, si bien no se puede negar que éste ya se había iniciado con anterioridad, sobre todo por medio de los dibujos. Serán los años de su "Venus y Adonis"; "Ixión" o "Apolo y Marsías", entre otros, acompañados de series de dibujos preparatorios, que se cruzan con los cuadros religiosos de auténtica solemnidad monumental como el que nos ocupa.
Ciñéndonos al tema hipnótico, Guercino creó una bellísima obra poética en "La Noche" del Palacio Ludovisi                                                                                                                                         , donde siguiendo fuentes antiguas ya citadaD, presenta a los dos "Sueños" hijos de la Noche, el bueno y el letal (blanco y oscuro), el primero de los cuales yace al modo de Hypnos helenístico comentado. De la misma manera, pero en un paisaje abierto, G. Reni hizo varias versiones del "Niño Jesús dormido sobre la Cruz", que nos parece sumamente interesante para la iconografía riberesca. En efecto, el Niño, cual " Somnus" antiguo, duerme sobre una Cruz a modo de lecho, pero sin que falte una pequeña masa rocosa y un arbusto dibujado en una línea de horizonte amplia y luminosa (Art Museum de Princeton), similar al grabado por Villain sobre otro original suyo  La similitud compositiva con el lienzo de Ribera parece clara, aun cuando el contenido de la visión bíblica, por su mayor complejidad y trascendencia, exigirá del Spagnoleto mayor sutileza y recursos en el tratamiento del sueño visionario.                                           VER EXPOSICIÓN/NEXT
En primer lugar, la fluida disposición del cuerpo yacente sobre el suelo y el promomtorio sobre el que descansa la cabeza, elemento fundamental para el significado del tema, puesto que de verdadero "Fundamentum" se trata: el betel o piedrafundamental (no angular) del Templo, y por extensión, de todo el destino religioso del Pueblo de Israel . Sobre esta básica pieza se realiza la materialización del Sueño: La Escala. Y aquí, a diferencia de la tradición iconográfica, que como hemos visto coincide en evidenciar sin ambages la representación del ascenso y descenso de los ángeles por lo que supone la alegoría de la Ascensión de Cristo , utiliza una densa nube iluminada por una fluorescencia dorada en la que apenas se perciben las figuras de los ángeles. Esta magia del color sustituye, y a la vez evidencia con toda "realidad", la representación visionaria, puesto que como la Psicología en relación con los símbolos nos ha enseñado, desde Jung, ciertas tonalidades se asocian permanentemente, por encima de los cambios de época y de cultura, a determinadas actitudes mentales. Es lo que ocurre con el color amarillo, "color de la intuición, es decir, de aquella función que, por decirlo así, ilumina instantáneamente los orígenes y tendencias de los acontecimientos".
No puede extrañarnos este especial énfasis poético en la representación del Sueño dentro o desde la perspectiva de la mentalidad hispana del Barroco, tan obsesionada por la dialéctica entre apariencia y realidad, puesta de manifiesto sobre todo en la Literatura: Calderón, Lope de Vega... Este último precisamente organiza dos obras teatrales en torno a Jacob, Los trabajos de Jacob (Sueños hay que verdad son) y El robo de Dina. En ambas resulta significativo que el sueño como revelación se explicite bajo el juego de la luz en su doble versión de luz material y luz irreal o "iluminación" de origen divino, a la manera del uso que se hiciera en el Medievo de ella siguiendo la vía anagógica del conocimiento de Dios según el Pseudo Dionisio Aeropagita. Así, cuando habla Jacob:
...De ti Señor, espera
la luz que siempre vino
de aquella luz con que la luz formaste... 
O en aquel otro pasaje:
"Siempre, Señor Soberano,
en todas mis cosas fuistes
luz, que a mis ojos la distes
vuestra poderosa mano" .
Otro elemento figurativo de este cuadro, de enorme importancia plástica y compositiva, es el árbol que aparece a la izquierda, a la altura de los pies basculando con la roca, pero con la cual enlaza a través del propio cuerpo del personaje. Su plasticidad es determinante para la elaboración del paisaje, como ya observó E. Du Gue Trapier. Sin embargo, la presencia del árbol, con independencia de su feliz acoplamiento, no es ajena o superflua a la exigencia iconográfica, como en principio pudiera parecer, pues si bien es cierto que no se lee en el relato del Génesis , sí lo encontramos en los Apócrifos del Antiguo Testamento, concretamente en el Libro de los Jubileos, aunque no en la disposición con que aparece en la tela de Ribera, sino cobijando al héroe, recurso por otra parte común a las representaciones mitológicas de la Antigüedad Clásica.
De esta forma, dentro de una observancia bastante estricta de lo religioso, Ribera innovó de manera igualmente fuerte en la pauta del Clasicismo heredado y cultivado en esos momentos en Italia. Momento crucial, la década de 1630, para su carrera -como ha señalado A. E. Pérez Sánchez- "el más complejo y rico en sugerencias y el que completa su perfil de maestro universal", a cuyo término (1639) se fecha este cuadro. Un lienzo que posiblemente posibilitará otros magníficos tratamientos de temas similares, como por ejemplo el "Sueño de José", de Herrera el Joven, del Chrysler Museum en Norfolk (Virginia), fechable en torno a 1662 .
Por último, si el Sueño de Jacob, en la interpretación que recoge L. Reau, alude a S. Juan Evangelista cuando se durmió sobre Jesucristo en el momento de la Cena y vio los secretos del Cielo, resulta cuando menos curioso que una de las últimas obras -si no la última- de Ribera: "La Comunión de los Santos" o "Institución de la Eucaristía" para la Cartuja de San Martino de Nápoles (1651), nos muestre a San Juan sentado con la cabeza apoyada en su mano derecha, en la más tradicional de las formas, frente al espléndido despliegue del grupo de los Apóstoles y el gran fondo arquitectónico con rompimiento de cielos, que parece materializar de modo triunfal en la Nueva Iglesia aquel otro nuevo sueño impreciso y cargado de presagios de Jacob. 


Las meninas, Velázquez
                                     
                                                                                           VER EXPOSICIÓN/NEXT

POR MOTIVOS TÉCNICOS ESTA Y EL RESTO DE LAS OBRAS NO SE PUEDEN VER HASTA PASADOS UNOS DÍAS.
Este lienzo está considerado como la obra maestra de Velázquez. En el centro está la infanta Margarita Teresa, hija del rey Felipe IV. A ambos lados, sus damas de honor, o meninas, cuidan de ella. A la derecha de las Meninas aparecen la enana Maribárbola y Nicolás de Pertusato junto a un perro recostado. Detrás de ellos, la dama de compañía, doña Marcela de Ulloa, está charlando con un hombre. En el fondo, entrando en la habitación por una puerta abrierta, aparece José Nieto, aposentador de palacio. La escena parece ser la de un día cualquiera sin mucho interés. Sin embargo, a la izquierda del cuadro, detrás de un gran lienzo, está el propio Velázquez, pintando, quizás, al rey Felipe IV y a la reina doña Mariana, que aparecen reflejados en el espejo del fondo. El pintor parece entonces mirar hacia el espectador ya que el rey y la reina se encuentran donde ahora el público se detiene para observar el cuadro. Así, el espectador tiene la ilusión de estar dentro de la escena y tiene la impresión de que si se diera la vuelta se encontraría frente a los reyes que están posando para ser retratados.
                                                                                               VER EXPOSICIÓN/NEXT



Las Hilanderas.

  VER EXPOSICIÓN/NEXT                                   


EL CABALLERO DE LA MANO EN EL PECHO; EL GRECO.

                                                                     VER EXPOSICIÓN/NEXT



El Caballerro de la mano en el pecho; El Greco.
                                                   VER EXPOSICIÓN/NEXT 

Estamos ante un retrato, género pictórico caracterizado por reflejar uno o varios personajes, mostrándonos tanto su apariencia física como, sobre todo, su psicología.
Este cuadro nos muestra un caballero contemporáneo de El Greco, un hidalgo del siglo XVI, retratado por Domenicos Theotocopoulos de una manera realista y delicada. Podemos recrearnos con la finura de su vestimenta, alzacuellos y puño de cuidada factura y la maravilla de orfebrería de la empuñadura de su espada y el colgante de oro. Eran realmente elegantes en aquella época los nobles, sólo ellos tenían derecho a portar armas y solían vestir casacas y chaquetas de piel o de ante, se adornaban con joyas diversas y , al igual que puedes ver aquí, el cuello y los puños se realzaban con puntillas blanquísimas y almidonadas, que contrastaban con el negro del resto del traje. Almidonar costaba carísimo en la época pero los españoles de entonces preferían gastarse el dinero en su aspecto externo que en otras cosas como comida o casa. La dignidad del caballero castellano era lo primero.
Su rostro es serio y severo, mostrándose distante y poco comunicativo. No le apreciamos gestos de complicidad o que permitan exteriorizar sus sentimientos. Serio y formal se presenta ante nosotros poniéndose la mano derecha sobre el pecho, con los dedos anular y corazón juntos, lo que produce un efecto estético de delicadeza y sensibilidad. Nuestro amigo, de mediana edad, tiene barba y bigote y profundas entradas en la frente.
Sobre su identidad no estamos seguros. Lo que se ve claramente es una tara física grave en el hombro izquierdo, que se encuentra desprendido. Se ha llegado a pensar que se trataba del propio Miguel de Cervantes, el famoso autor de El Quijote por su deformidad en el hombro y brazo izquierdo (Cervantes fue herido en la batallla de Lepanto, 1571, y apodado por eso “el manco de Lepanto”). Más probable parece que sea D. Juan de Silva, marqués de Montemayor, quien, en la batalla de Alcazarquivir (1578) recibió un arcabuzazo que le dejó el brazo inhábil. Sea como fuere, el caballero está prestando juramento de algún cargo, dada la postura de la mano y la espada (utilizada como elemento ceremonial)..
El fondo neutro (grisáceo) no nos distrae de la contemplación del personaje y nos acentúa el negro de su vestimenta y el color pálido de su piel. A pesar de pintar sus rasgos físicos, El Greco nos oculta su personalidad , su mirada es profunda y abstraída.
El autor compensa correctamente las líneas verticales (rostro, empuñadura) con las horizontales (mano). La pose es casi totalmente frontal, lo que junto con su seriedad e inaccesibilidad, nos lo hacen aparecer como frío y sereno.
Es uno de los primeros retratos de El Greco y, sin duda, el más famoso de todos los que hizo de la nobleza toledana contemporánea. Siempre ha sido considerado como el prototipo de "lo español", el típico hidalgo.
El cuadro sufrió recientemente una polémica restauración que alteró la visión tradicional que del mismo habíamos tenido. Ahora se parece más a cómo era originariamente, ya que en el siglo XVIII fue oscurecido y agrandado para adaptarlo al gusto de la época. Como complemento de la exposición puedes leer dos artículos periodísticos alusivos a la restauración comentada.
                                                                                                VER EXPOSICIÓN/NEXT
Felipe II convocó un concurso para pintar el tema del martirio de San Mauricio y El Greco se presentó, pero no lo ganó. Su propuesta era demasiado moderna y atrevida para un rey cuyos gustos pictóricos eran muy clásicos y tradicionales. No obstante, el rey le pagó muy bien la obra y la guardó cuidadosamente (hoy se puede admirar en El Escorial). Tras este fracaso le quedó patente a Domenico que nunca iba a llegar a ser pintor de cámara del rey, cargo para el que se había hecho ilusiones, y decidió entonces abandonar Madrid e instalarse en una ciudad de fuerte personalidad oriental : Toledo. A partir de este providencial encuentro, la relación El Greco-Toledo fue muy estrecha y no se puede entender el pintor sin la ciudad que le inspiró, ni Toledo sin la obra del pintor. Aquí se le empezó a conocer como “El Greco”, es decir el griego, puesto que su nombre original resultaba difícilmente pronunciable para los españoles.
Recibió sobre todo encargos de tema religioso para diversos conventos toledanos, pero también realizó temas mitológicos, paisajes y retratos.
Se le considera un pintor renacentista manierista (por imitar en pintura “la maniera” de Miguel Ángel), pero muy peculiar y original y, por tanto, difícilmente clasificable. Utiliza colores muy personales como el verde ácido, el amarillo, rojo fuego, naranja, violeta, etc. Pinta escenas con muchos personajes sin preocupación por su distribución en el espacio, alarga espiritualmente las figuras hasta desmaterializarlas y sus posturas las asemejan a llamas.
Algunos apuntaron que tenía un defecto visual y por eso deformaba los cuerpos, pero no es cierto. En ocasiones las expresiones de sus apóstoles y santos son extrañas y alucinadas y eso se explica por su inspiración en los rostros de los internos del hospital de locos de Toledo.
En Toledo se casó con Jerónima de las Cuevas y tuvo un hijo, Jorge Manuel Teotocopuli, que fue pintor y arquitecto. Murió en 1614 y la cripta con sus restos la puedes encontrar en el convento de Santo Domingo el Antiguo, en Toledo.

                                                                                           VER EXPOSICIÓN/NEXT

Historia y obras expuestas en el Museo del Prado (Madrid)


Historia del Museo del Prado

                                                                 VER EXPOSICIÓN


Museo del Prado (Madrid) Edifico Villnueva.
                                                                    VER EXPOSICIÓN
El edificio que hoy sirve de sede al Museo Nacional del Prado fue diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva en 1785, como Gabinete de Ciencias Naturales, por orden de Carlos III. No obstante, el destino final de esta construcción no estaría claro hasta que su nieto Fernando VII, impulsado por su esposa la reina María Isabel de Braganza, tomó la decisión de destinar este edificio a la creación de un Real Museo de Pinturas y Esculturas. El Real Museo, que pasaría pronto a denominarse Museo Nacional de Pintura y Escultura y posteriormente Museo Nacional del Prado, abrió por primera vez al público en 1819. El primer catálogo constaba de 311 pinturas, aunque para entonces en el Museo se guardaban ya 1510 obras procedentes de los Reales Sitios. Las valiosísimas Colecciones Reales, germen de la colección del actual Museo del Prado, comenzaron a tomar forma en el siglo XVI bajo los auspicios del emperador Carlos V y fueron sucesivamente enriquecidas por todos los monarcas que le sucedieron, tanto Austrias como Borbones. A ellos se deben los tesoros más emblemáticos que se pueden contemplar hoy en el Prado, tales como El jardín de las Delicias de El Bosco, El caballero de la mano en el pecho de El Greco, El tránsito de la Virgen de Mantegna,  La Sagrada Familia conocida como La Perla de Rafael, Carlos V en Mühlberg de Tiziano, El Lavatorio de Tintoretto, el Autorretrato de Durero, Las Meninas de Velázquez, Las tres Gracias de Rubens o La familia de Carlos IV de Goya.                       VER EXPOSICIÓN         
Edificio Villanueva, Puerta de Velázquez, (fachada Paseo del Prado)
Del Museo de la Trinidad llegaron importantes pinturas como La Fuente de la Gracia de la Escuela de Jan Van Eyck, Auto de fe presidido por santo Domingo de Guzmán de Pedro Berruguete y los cinco lienzos procedentes del Colegio de doña María de Aragón de El Greco. Del Museo de Arte Moderno proceden gran parte de los fondos del siglo XIX, obras de los Madrazo, Vicente López, Carlos de Haes, Rosales y Sorolla.
Desde la fundación del Museo han ingresado más de dos mil trescientas pinturas y gran cantidad de esculturas, estampas, dibujos y piezas de artes decorativas por Nuevas Adquisiciones, en su mayoría donaciones, legados y compras. Las Pinturas Negras de Goya llegaron al Museo gracias a la donación del Barón Emile d’Erlanger en el siglo XIX. Compras muy interesantes en los últimos años han sido Fábula y Huída a Egipto de El Greco, en 1993 y 2001, La condesa de Chinchón de Goya en el 2000, El barbero del Papa de Velázquez en el 2003 o, más recientemente, El vino en la fiesta de San Martín de Pieter Bruegel el Viejo en 2010, entre otras.
Numerosos legados han enriquecido los fondos del Museo, tales como el Legado de don Pablo Bosch con su magnífica colección de medallas, el Legado de don Pedro Fernández Durán, con su amplísima colección de dibujos y artes decorativas, y el Legado de D. Ramón de ERaZU con pintura del siglo XIX.
Tanto la colección como el número de visitantes del Prado se han incrementado enormemente a lo largo de los siglos XIX y XX, por lo que el Museo ha tenido que ir acometiendo sucesivas ampliaciones en su sede histórica hasta agotar totalmente las posibilidades de intervención sobre este edificio. Por este motivo, el Prado se ha visto obligado a buscar el camino de su reciente ampliación mediante una solución arquitectónica de nueva fábrica situada junto a la fachada posterior de su sede tradicional y conectada con ésta desde el interior.          VER LA EXPOSICIÓN
principales artífices de la exposción del Museo del Prado.             








Su último y más ambicioso proyecto de ampliación (2001-2007), el Prado ha iniciado una etapa de modernización cuyo definitivo impulso tuvo lugar en 2004 al aprobarse un cambio de régimen jurídico y estatutario basado en la necesidad de flexibilizar la gestión del Museo, agilizar su funcionamiento e incrementar su capacidad de autofinanciación. Este cambio de estatus se hizo efectivo a través de la Ley reguladora del Museo Nacional del Prado aprobada en noviembre de 2003, como primer paso, así como en el posterior desarrollo de la misma a través de un Estatuto sancionado por Real Decreto de 12 de marzo de 2004. 
                                                     VER EXPOSICIÓN








































  • 3 de mayo, Goya
  • La Anunciación, Fra Angelico
  • El Cardenal, Rafael
  • El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg, Tiziano
  • Inmaculada Concepción, Tiepolo
  • El Descendimiento, Roger van der Weyden
  • El jardín de las Delicias o La pintura del madroño, El Bosco
  • Las tres Gracias, Rubens
  • Autorretrato, Durero
  • Artemisa, Rembrandt