A los españoles solo nos salva de la II Guerra Civil, poner los grilletes a la cúpula sanchista.

Pedro Sánchez se envuelve en 15 banderas de España para dar un discurso |  Vozpópuli 

Los españoles caminamos más deprisa en busca de la II Guerra Civil que ocasionó la del 36. Tanto igual que después de las elecciones de 1934.

El general Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra del Ejército del Frente Popular, fue un brillante militar. El gran estratega del Ejército republicano. Franco le admiraba y la admiración era correspondida. Volvió a España, años más tarde de finalizar la Guerra Civil, y falleció en Madrid en 1966. Hasta el diario «El Alcázar», que nació durante la heroica defensa del Alcázar de Toledo, trató con respeto su figura. El general Rojo combatió con inteligencia y sin el ánimo del símbolo máximo. Su Bandera era la del bando Nacional, la de todos los españoles. «La Bandera tricolor sólo consiguió dividir a los españoles». «Fue una decisión arbitraria para hacer prevalecer las ideas de la República por encima de las ideas de Nación y Patria». Quizá resulte conveniente que todos esos mamarrachos que tremolan, airean y reivindican la efímera y parcial bandera republicana, lean lo que de ella pensaba el más inteligente de los militares republicanos. «En el orden social y humano, Franco ha triunfado. Primero, porque ha logrado la superioridad moral en el interior y en el exterior. Mandó sobre un Ejército unido».

Sanchismo o patriotismo constitucional | Opinión

 

En la misma trinchera, sin la inteligencia del general Rojo, pero sí con la vehemencia y un talento natural fuera de lo común, luchó Enrique Lister, comunista, general del Ejército Popular. Lister no se andaba con chiquitas y aplicaba su dureza tanto a los enemigos como a sus soldados. No admitía dudas ni deserciones. Y él mismo se encargaba de ejecutar a los suyos. «Yo soy comunista, pero admiro a ese hombre por su tesón y entrega al bienestar de España». Se jugó la vida durante tres años en los más duros frentes de batalla. Como Yolanda Díaz, Pablo Iglesias, Irene Montero, Juana Belarra y Urtasun. Como Pedro Sánchez y Zapatero, mismamente.

En 1959, El presidente de los Estados Unidos de América visita oficialmente España y rompe la estrategia de aislamiento impuesta por la ONU. Churchill ya lo había reconocido. –pues ¡Claro! Que deseamos la victoria de Franco y le ayudamos en lo posible. Fue la gran batalla ganada al comunismo”.

El recibimiento al presidente Eisenhower fue apoteósico. Fue uno de los generales victoriosos contra el nazismo y el imperialismo japonés. Su abrazo con Franco en presencia de su ayudante Vernon Walters – quizá el militar y político más inteligente de Occidente y al que tuvo la suerte de tener como amigo en los últimos años de vida de Walters nuestro Director de Opinión Ramón Pérez-Maura-, eliminó todas las diferencias y España se abrió a establecer en su territorio las bases americanas de Torrejón, Morón y Rota. La opinión de Dwigth Eisenhower acerca del general Franco hoy sería delito en España. «Admiraba a Franco como general, pero ahora le admiro también como estadista».

Ya retirado de la política, lo primero que hizo el general Charles De Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial y presidente de la República Francesa, fue visitar al General Franco en el palacio de El Pardo. «Cumplo una de mis calladas ilusiones». Otro delincuente.

Y ahora se entienden los motivos del odio que sienten la izquierda y la extrema izquierda españolas por su figura. Nada tiene que ver con el franquismo en sí, porque el franquismo estuvo lleno de socialistas. El socialismo y el comunismo en España se han movido desde 1948 en el aborrecimiento a Israel. ¿El Holocausto? ¡Qué cosas se inventan! A pesar de su débil y testimonial alianza con Alemania, las embajadas y legaciones españolas trabajaron sin descanso para liberar a prisioneros judíos de los campos de concentración nazis. La heroica actuación de la legación de España en el Budapest ocupado, en la que destacó el joven diplomático Ángel Sanz Briz, no admite ni un soplo de duda histórica. Y lo ratifica el que fuera Embajador del Estado de Israel en Madrid, el socialista e inteligentísimo –en Israel puede producirse ese milagro de coincidencias- Shlomo Ben Amí. «El único país que, de verdad, echó una mano a los judíos fue España, que salvó a más judíos que todas las democracias occidentales juntas».

Una, dos, tres, cuatro, cinco y seis en la boca.

Una gacela, para salvarse del ataque de un león, no tiene que correr más que el león. Tiene que correr más que las otras gacelas.

Hay un dicho africano que ha dejado de tener sentido. «Una gacela, para salvarse del ataque de un león, no tiene que correr más que el león. Tiene que correr más que las otras gacelas»

Creo que la frase es mía, pero no estoy seguro del todo. «El que sabe algo de casi todo, no sabe mucho de casi nada». Hablábamos una tarde de campos y animales. Yo, recién llegado de Sudáfrica, hablé algo de casi todos los animales africanos y mis compañeros de tertulia, con mucha educación, me dijeron que no sabía mucho de ningún animal en concreto. En el fondo, mis palabras reunían lo poco que había registrado mi mente de la larga conversación que había mantenido con un guarda de Sabi-Sabi, una reserva colindante con el parque Kruger, maravilla de la naturaleza que sirve de frontera entre África del Sur y Mozambique. Mi interlocutor era un tipo desconcertante de origen holandés, de los temidos «afrikáneres», mucho más inflexible en la colonización y el «Apartheid» de África del Sur que los británicos. Me dijo algo terrible. Muchas noches pienso en aquello y no puedo conciliar el sueño, pero la costumbre había insensibilizado su capacidad de soportar el horror. «Los leones no son tontos. Ya no persiguen a los impalas y otras gacelas para cazar y alimentarse. Lo hacen con mozambiqueños, que son presas mucho más sencillas».

Éramos seis los españoles que tomábamos la copa con el guarda «boer» en el bar de Sabi-Sabi, a muy pocos kilómetros del escenario de las tragedias. Desde que Mozambique se independizó de Portugal, como Angola, sus antiguas colonias habían empobrecido, y la enemistad ancestral entre los miembros de sus diferentes tribus, se agudizaron. Gobernaron los comunistas, y Mozambique probó la amarga experiencia de la tiranía de izquierdas. Sus pateras eran sus pies. Su país vecino, Sudáfrica, a pesar del inhumano régimen racista, era la nación más rica de África. Y todos los días, centenares de mozambiqueños sin esperanza intentaban atravesar la frontera por el parque Kruger. «Como ustedes comprenderán, los leones y las hienas y los licaones —perros salvajes—, no tienen que hacer esfuerzo alguno para cazar seres humanos. De diez ataques a una gacela, en ocho de ellos se escapa la gacela. De diez ataques a un humano, los diez cumplen con su objetivo». Los españoles nos mirábamos consternados. «Aquí la vida es muy dura, y el ciclo vital lo culminan los buitres». Ni un ápice de emoción en sus palabras. Hoy, a pesar del aumento de guardas sudafricanos y mozambiqueños, todas las noches son atacados y devorados una decena de mozambiqueños que buscan su futuro en África del Sur. No invaden para imponer sus costumbres. Invaden para comer. Carecen del apoyo de las organizaciones mafiosas de negreros que se enriquecen llenando pateras inservibles de desesperados y embarcaciones resistentes de camuflados soldados del islam. Italia y España son sus objetivos principales. En Italia, desde que gobierna la señora Meloni, el flujo ha descendido en un 58%. En España, la situación es insostenible. Existen navieras de negreros cuyos barcos atracan en nuestros puertos con plena tranquilidad. Y se conocen los nombres de las organizaciones, y sus armadores, y el negocio va en aumento. Sabemos algo de casi todo, pero ignoramos mucho de casi nada.

Apenas llegan pateras con mujeres y niños. Lo que desembarca ilegalmente en España son partidas de hombres fuertes, bien alimentados y dispuestos a todo. Y Europa, como siempre, sólo mira hacia donde dirige su mirada la corrupción —más que comisión—, que preside la intocable señora Von der Leyen y su cohorte de comisarios.

Hay un dicho africano que ha dejado de tener sentido. «Una gacela, para salvarse del ataque de un león, no tiene que correr más que el león. Tiene que correr más que las otras gacelas». Ya no tienen que correr más que sus compañeras de grupo. Les basta y sobra con mirar, desde prudente distancia, como los leones atacan a los mozambiqueños que intentan llegar a Sudáfrica a atravesando esa maravilla natural y turística del parque Kruger.

Tenía ganas de contarlo. Lo he dejado hasta hoy. Y hoy está sucediendo.

Si Pedro Sánchez no adelata las elecciones, gobernar con decretazos no se lo aconseja ni Tezanos.

 Junts celebra el fracaso de Sánchez: "O nos da lo que pedimos o elecciones"

A punto de acabar el peor año de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, que ya es decir, todo indica que, a pesar de los casos de corrupción que le acechan y de la pérdida de su escuálida mayoría parlamentaria, no adelantará las elecciones. O precisamente por todo ello, no quiere ni ver en pintura una urna. Pues sólo las recocinadas encuestas del socialista Félix Tezanos le auguran una victoria. Las otras, las de verdad, además de asegurar una clara derrota del PSOE también vaticinan que ni siquiera podrá gobernar con sus actuales socios de investidura, en especial por el desplome de Sumar y el crecimiento del PP, que figura como vencedor de unos hipotéticos comicios.

Pero Pedro Sánchez en todas sus declaraciones públicas reitera que aguantará en Moncloa hasta 2027, con o son Presupuestos, con o sin mayoría parlamentaria. Le basta con ejecutar sus decretazos en el Consejo de Ministros para contentar las urgencias de algunos de sus socios, pues en el Congreso lo habitual es que salga derrotado. Va de fiasco en fiasco en el Parlamento y en la calle. Hasta ahora el presidente siempre ha salido adelante gracias a sus trampas, sus piruetas ilegales y su falta de escrúpulos. Pues es capaz de saltarse las leyes o inventárselas para aferrarse al poder. Pero todo apunta a que, ni siquiera sus socios más fieles aguantan más tanta desfachatez. Pero también es verdad que siempre preferirán a Sánchez en La Moncloa que a cualquier otro.

Y con ese panorama comenzará 2025. Con su mujer y su hermano, con el que fuera su mano derecha en el PSOE y en el Gobierno, además de con el fiscal general del Estado desfilando ante los tribunales. La imagen, no sólo del Gobierno sino de nuestra democracia ya es un deplorable espectáculo que traspasa las fronteras. España ha pasado de ser admirada por su ejemplar transición democrática a ser denostada por la crítica situación actual. A ser despreciada políticamente por los atentados del Gobierno a la independencia judicial, por sus políticas radicales y populistas, por su inseguridad jurídica. Por tantas y tantas irregularidades democráticas protagonizadas por Pedro Sánchez. El final del peor presidente de la democracia española, el más tramposo y peligroso, debería estar cerca. Pero no hay que fiarse. Hoy, lo único seguro es que, si todo sigue igual, el año 2025, para Sánchez y para España, será peor que 2024. Aunque parezca mentira.

Atentado terrorista en Magdeburgo. Arabia Saudí alertó a Alemania de la pelirosidad del terrorista,Taleb Abdulmohsen

 ¿Por qué permitió Alemania que se perpetrase el atentando de Magdeburgo?

La policía acordona con cinta un mercado navideño, donde un coche arrolló a una multitud el viernes por la noche, en Magdeburgo, Alemania, el sábado 20 de diciembre de 2024.
Derechos de autor AP Photo/Ebrahim Noroozi

El sospechoso, un psiquiatra saudí de 50 años llamado Taleb A., vive en Alemania desde hace casi 20 años. Las autoridades investigan los motivos del atentado, que siguen sin estar claros.

El viernes por la noche, un coche arrolló a un grupo de personas que se encontraban en un mercadillo navideño en la ciudad de Magdeburgo, en el este de Alemania, matando al menos a cuatro personas, entre ellas un niño pequeño, e hiriendo al menos a 200 más según las últimas informaciones.

Las autoridades detuvieron al conductor, de 50 años, en el lugar de los hechos y lo pusieron bajo custodia para interrogarlo. También confirmaron que el hombre, de nacionalidad saudí y residente en Alemania desde hace casi 20 años, trabaja como médico.

Varios medios de comunicación alemanes han identificado al sospechoso como Taleb A., pero no han revelado su nombre completo por motivos de privacidad. Los informes indican que es especialista en psiquiatría y psicoterapia. Aún no se ha determinado el motivo por el que el sospechoso atropelló a la multitud.

El presunto autor lleva años compartiendo opiniones islamófobas en Internet. En una entrevista con 'FAZ' en 2019, Taleb Abdulmohsen se describió a sí mismo como "el crítico más agresivo del Islam en la historia". Fundó una plataforma en línea para ayudar a ciudadanos saudíes a solicitar asilo en Alemania, alegando que el Estado estaba dando asilo a "yihadistas sirios."

También acusó a las autoridades alemanas de no abordar adecuadamente lo que él llamaba el "islamismo de Europa". También se le describió como un activista que ayudaba a las mujeres saudíes que huían de su país.

Taleb A. ha expresado públicamente su apoyo al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) y recientemente pareció centrarse en la teoría de que las autoridades alemanas tenían como objetivo a los solicitantes de asilo saudíes.

Perfil atípico de un terrorista, según expertos

El experto alemán en terrorismo Peter Neumann comentó el inusual perfil del sospechoso. "Después de 25 años en este 'negocio', uno piensa que ya nada puede sorprenderle. Pero un exmusulmán saudí de 50 años que vive en Alemania del Este, ama a la AfD y quiere castigar a Alemania por su tolerancia con los islamistas, eso no estaba en mi radar", dijo Neumann, director del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia Política del King's College de Londres.

Taleb A. vive en Alemania desde 2006 y reside en Sajonia-Anhalt, el estado federal donde se encuentra Magdeburgo, confirmó el gobernador del estado, Reiner Haseloff. Nacido en la ciudad saudí de Hofuf en 1974, Taleb abandonó Arabia Saudí para escapar de las restricciones del país, al considerar imposible expresar abiertamente sus opiniones ateas en una nación donde el Islam es la única religión legalmente reconocida, según informa la 'BBC'.

El Ministerio de Asuntos Exteriores saudí condenó el atentado de X, pero aún no ha mencionado los vínculos del sospechoso con el reino. Al parecer, Arabia Saudí ha presentado cargos contra Taleb A. por presunto terrorismo y por facilitar el contrabando de mujeres desde países del Golfo a Europa. A pesar de estas acusaciones, Alemania le concedió asilo en 2016 y se negó a extraditarlo a Arabia Saudí.

El secretario general de UGT, Pepe Álvarez se reunió el Lunes pasado con Carles Puigdemont en Waterloo. ¿para qué?


El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, valoró este lunes la reunión mantenida este lunes con el presidente de Junts, Carles Puigdemont
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, valoró este lunes la reunión mantenida este lunes con el presidente de Junts, Carles Puigdemont | EFE

Pepe Álvarez, líder de UGT, sindicalista vertical o cervical, con escayola de bufanda como un poeta de fritura o de rotonda, se ha ido a Waterloo a ver a Puigdemont, al que hay que cuidar y camelarse como a una novia de la mili, entre un tren y otro tren y entre un resfriado y otro resfriado. Pepe Álvarez, con homenaje de moquita (el frío de los enamorados es como el diamante de fidelidad que llevan en la nariz) o con homenaje de mostachón de Utrera (esa hambre de la mili que parecen tener y transmitir los sindicalistas), dicen que ha ido a negociar con Puigdemont la reducción de la jornada laboral, aunque no sabemos del todo en nombre de quién. Estos sindicatos de clase hace mucho que no representan a los trabajadores, sino a su partido, ni tampoco a ninguna clase, salvo la propia clase de los sindicalistas, que son como la aristocracia del tajo, con diván y arpa al lado de la fresadora. Así que Álvarez, con su cestillo de propuestas como de dulce de membrillo, sólo puede representar a Sánchez. Es como si hubiera ido Sánchez disfrazado de la mora Azofaifa con mucho velo y pestañeo, que no sé por qué a Sánchez le dan aún como vergüenza estas negociaciones y estos amoríos.

Pepe Álvarez, que con la paz social puede dejar a sus trabajadores, muy satisfechos del paraíso sanchista, para llevar a Puigdemont anillos, tartas y vacadas de novia rural

Sánchez depende de quien depende y besa los grandes pies de hermanastra de cuento a quien se los besa, ya lo sabemos. Pero se empeña en disimular y manda a cualquier otro a coger el tren de los enamorados y las pulmonías de los enamorados, mientras Puigdemont recibe como entre visones y bañeras de patas. Antes, por ejemplo, iba Santos Cerdán, con su cosa de tratante de ganado aterido de trashumancia y oloroso de quesos, que le ponía a la cosa interés y romanticismo prácticos de dineros y tierras, como un granjero que busca novia. Pero Santos Cerdán ya empieza a chamuscarse un poco en la pira de Aldama, donde van cayendo todos igual que en el infierno indiscriminado de los pistoleros del Oeste. Mientras, ya va yendo a Waterloo Pepe Álvarez, que con la paz social puede dejar a sus trabajadores, muy satisfechos del paraíso sanchista, para llevar a Puigdemont anillos, tartas y vacadas de novia rural.

Pepe Álvarez se fue a Waterloo a ver a Puigdemont y hasta se quitó la bufanda, que no es ya como quitarse el sombrero sino como quitarse el corsé. Pepe Álvarez con canalillo a mí me parece la rendición total del sanchismo, o el truco final del sanchismo, que puede que intente ganar tiempo ante Puigdemont enseñándole carne de sindicalista como carne de cupletera. A Puigdemont le importa poco ahora la jornada laboral, igual que el arpa partidista con la que los sindicalistas han sustituido la armónica obrera, el blues del paro y el botellín. A Puigdemont le interesan la pela y la republiqueta, así que algo de eso tendrá que llevar Álvarez o no hubiera atravesado Europa despechugado como Lorenzo Lamas, con los Pirineos en el bigote y el martillito sindical metido en manteca solidificada. Yo creo que Sánchez no le manda a Puigdemont una oferta sino un acercamiento o una sumisión simbólicos, y nada puede representar esto mejor que el acercamiento y la sumisión del sindicalismo a los intereses y la agenda partidistas. Mandarle a Pepe Álvarez es como mandarle a una geisha con camisa de franela.

 

Sánchez creo que se da por satisfecho mandando emisarios a Puigdemont, que parece devolverlos con la cabeza cortada y envuelta en su propio turbante. Igual que a Puigdemont no le importa ahora la jornada laboral, a Sánchez tampoco le importa mucho Puigdemont cuando se le están apareciendo jueces como cuervos de Poe. Sánchez intenta mantener la ficción del diálogo e incluso el ritual de la sumisión, mandando a esos socialistas disfrazados de dependiente de zapatería (Santos Cerdán tenía algo de eso delante de Puigdemont, probándole los zapatones de hermanastra de cuento), o mandando a estos sindicalistas disfrazados de jubilado con los bolsillos llenos de caramelos de café con leche. O es que quizá Sánchez empieza a quedarse sin personal y ha tenido que mandar a Pepe Álvarez como lo único que tiene ya, allá en el fondo del armario, con las bufandas despeluchadas, las zapatillas calentitas y las gorras de cuadros de los regalos navideños.

Pepe Álvarez, sindicalista de pancarta atornillada por el PSOE y de falso o incongruente obrerismo dandi, como un albañil con fular, se ha ido a Waterloo a ver a Puigdemont, o a convencer a Puigdemont, o sólo a fingir ante Puigdemont en nombre de Sánchez. Sánchez ahora sólo finge, finge seguir haciendo política, o compraventa, o lo que él haga. Finge hasta con Puigdemont y ya no sabe qué mandarle o con qué distraerlo, hasta que cae en mandar a un sindicalista misionero que parezca un cura celestino. Sánchez ya sólo finge, mientras sólo piensa en si los jueces irán a por él un día, como la Santa Compaña, para darle un final como de don Giovanni, de seductor disoluto arrastrado al infierno por sombras vengadoras.

Quizá no es que a Sánchez le dé pudor ir hasta Waterloo a besar él mismo esos pies peludos de novia antigua, rural y con dote de Puigdemont, o que no tenga a nadie más para hacerle de Cyrano o de Leporello con los amoríos de sus socios. Quizá Sánchez sólo aguanta o espera tiritando en posición fetal, sin saber muy bien qué hace el resto del tiempo. Lo mismo podría haber mandado a Begoña a Waterloo que haber mandado a Pepe Álvarez a dirigir una cátedra sobre el pico y la pala. Sánchez ya sabe que no caerá precisamente por Puigdemont y Puigdemont empieza a darse cuenta de que no se salvará por Sánchez. Lo demás es distracción, sollozo, agonía y pelusa.

 


María Jesús Montero, a la deriva. Su novio, también forma parte de la banda de Ábalos.

 

María Jesús Montero, en Alcorcón.
María Jesús Montero, en Alcorcón. | EUROPA PRESS

María Jesús Montero con pompones de serpentina, como una colegiala borracha de chicles de fresa, pachuli de guapo y lejía de vestuario. María Jesús Montero con palmadas palmípedas, como una mascota de parque de atracciones, como un muñeco con platillos, como la que hace albondiguillas de política como de las sobras. María Jesús Montero con herencia andaluza de corrupción, harapos, arabescos y moscas, como el pozo de un cortijo lorquiano, con el pobre siempre en la boca como una colilla pero siempre fabricando más pobres como si hiciera obleas de cura y vino de consagrar. María Jesús Montero con mojiganga y orzuelo, con aire en la boca y mal de ojo bizco, con retruécano y solecismo, con las haciendas y los millones públicos como si fueran perdigonazos de saliva. María Jesús Montero es el sanchismo, ese PSOE que fue antes cualquier cosa, chavismo con zahón, susanismo con peineta, morería del poder, chinche del pobre, y ahora sólo es la secta de colchoneta de Sánchez.

María Jesús Montero está consagrada a Sánchez como una vestal vieja, como la vieja aya de la casa, entre leches y cataplasmas, con las manos enharinadas de muchos rezos, muchos destripamientos y muchas albondiguillas, ya digo, que por eso se les han quedado tiesas y agrietadas, panificadas ya en moho. Montero ha salido ahora a dar ánimos y a inflar falacias para Sánchez, antes de que los soplones, los hampones, los gorrones y los empresarios y empresarias de éxito que le brotan al presidente igual que un acné de guapo vuelvan a cantar o a callar ante los jueces. Lo de Montero es normal y a la vez extraordinario. Aunque todo el PSOE sea ahora esa corte de abanicadores, peinadores y croqueteros alrededor de un Sánchez de culo bailón y asultanado, Montero es especial. Montero no viene de ese seminario de sanchistas con tonsura, hilillo de voz y kárate blando de hisopo, como Félix Bolaños, ésos que salen vírgenes y empollados a hacer apostolado. Montero ha atravesado todos los socialismos eternos o nuevos, del aciago socialismo andaluz, ese orgulloso imperio de la pobreza, al inexistente socialismo de Sánchez, esa secta de ambiciosos y cagones, y lo ha hecho siempre con la misma devoción y la misma actitud.

Yo diría que sólo queda María Jesús Montero sirviendo en la casa de esta manera, como una institutriz o una envenenadora. Y quizá Patxi López, aunque él ha ido cambiando, decayendo, eclipsándose hasta parecer el convaleciente de socialismo que parece ahora, como el convaleciente de una enfermedad coronaria, de alguna algia política y sentimental. Zapatero, por supuesto, está fuera de las escalas, él ya no hace política de partido sino que se limita a orbitar el infinito encendiendo incienso sobre su cinismo como el que enciende incienso en el retrete. Montero no es que sea la más creyente, ni la más fiel, ni la más exaltada, ni la que toma más cafeína o más anís con los migotes, ahí como en esa mecedora con motor fueraborda que ella parece tener en el escaño, en los atriles o atornillada al coxis. Montero, simplemente, es la que tiene más oficio fingiendo entusiasmo, política, gobernanza y dulcería para pobres, y eso es como los oficios que se notan en las varices o en el lumbago, un saber práctico inocultable y casi nobiliario que conviene aprovechar.

Tenía que ser alguien del socialismo andaluz, con el mismo oficio como desde el antiguo Egipto, quien le llevara a Sánchez igual las palmas que la lágrima, igual el camelo que la estafa

María Jesús Montero no hace con Sánchez nada muy diferente a lo que hacía con Chaves, con Griñán o con Susana, o sea lo que haría con cualquiera que la pusiera ahí como a la máquina de coser socialismo orgánico y partitocracia de puntada gorda y cucharón en la olla pública. Sánchez la ha llevado a lo más alto porque ha encontrado como a una maestra churrera de la política churrera, o sea la que sirve para el andalucismo de la lagrimita igual que para el andalucismo de las palmas, para el sanchismo de la lagrimita igual que para el sanchismo de las palmas, y para Begoña Gómez igual que para los ERE. Montero sacará el argumentario que toque como el pan o el churro del día, viejo y nuevo a la vez, lo pasará un poco por un trabalenguas o un robo de jamones de Lola Flores, lo vestirá de pobre como se viste a un pastorcito para el belén viviente, y lo dejará ahí, achorizándose en el aire como se achorizan un poco los churros en el café frío. Lleva haciéndolo toda la vida, o sea que no es como un churro o un bizcocho que te hiciera cualquiera, sino uno que te hace la abuela. A lo mejor Montero le hizo hasta la magdalena a Proust y por eso el escritor recordó su infancia como un andaluz recuerda el paro al tomar pan con fuagrás.

María Jesús Montero con gritito o braga sanchista al aire como un diábolo, con alta peineta de moño o de dedo como una Torre del Oro de la soberbia y del oficio. Cuando Sánchez vuelve a estar más pendiente de los jueces que de los espejos, Montero lo defiende y saca el churro frío del “van a por ti”, que vale de nuevo para todos, para Chaves, para Griñán, para Susana y hasta para Sandokán, de antiguo que es el churro acimitarrado que saca. Pero a Sánchez sólo lo persigue la ley, y antes el sentido común y nuestros propios ojos, atónitos ante el descaro de este ser increíble, el mitómano que cree que sus trolas hipnotizan y su tipito y su colchón son intocables. Sí, como si hiciera falta un complot, como si no hubiéramos visto antes al enchufado con carroza, al comisionista con político y al partido como un pozo de moscas. Declararse inocente es normal, explicarse es conveniente, limitarse a señalar una conspiración es sospechoso y ya afirmarse inviolable es acojonante. Tenía que ser alguien del socialismo andaluz, con el mismo oficio como desde el antiguo Egipto, quien le llevara a Sánchez igual las palmas que la lágrima, igual el camelo que la estafa.

Pedro y Begoña en el 41º Congreso del PSOE. Concluye con el nombramiento de más de 100 altos cargos y propagando su "exclavitud" por España.

Sánchez se proclama "más fuerte que nunca" y llama al PSOE a un combate  "histórico"

 
Pedro Sánchez y su esposa, Begoña Gómez, durante la clausura del 41º Congreso del PSOE. | Joaquín Corchero / Europa Press

La rehabilitación de Manuel Chaves y José Antonio Griñán (ex presidentes de la Junta de Andalucía, condenados por el Supremo por los ERE y exonerados parcialmente de culpa por el Constitucional) era toda una declaración de intenciones sobre el significado del 41º Congreso del PSOE.

La nueva Ejecutiva socialista no es más que la continuación de la que ya había, porque era difícil superar en fidelidad al líder a los que ya formaban parte del órgano de dirección de partido. Un añadido a reseñar: la incorporación de la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, tan responsable como Mazón de no haber instado a declarar la emergencia nacional el día 29 de octubre, lo que hubiera evitado algunas víctimas y aliviado la sensación de abandono en el que se encontraron los cientos de miles de ciudadanos afectados por la DANA. Otro gesto, coherente con el aplauso cerrado a Chaves y Griñan, que refleja la esencia del Partido Socialista bajo el mandato de Pedro Sánchez.

En la cúpula se mantienen María Jesús Montero (a cuyo jefe de gabinete Víctor de Aldama ha declarado que le pagó 25.000 euros), y Santos Cerdán (a quien el comisionista afirma haberle dado 15.000 euros). Ellos han sido los puntales de la legislatura que se inició tras las elecciones del 23-J de 2023. Ella, negociando cesiones fiscales con los independentistas; él, viajando a Bruselas para cerrar el apoyo de Carles Puigdemont, a cambio de la amnistía, a la investidura de Sánchez. Con ese bagaje, ¡cómo no iban a estar en el núcleo duro del presidente y secretario general del partido!

Hasta Esther Peña –es difícil encontrar un perfil más sectario y menos convincente– sigue como portavoz.

No hubo ni una sola mención a los casos de corrupción que investiga la Justicia, pero el secretario general tuvo el respaldo del 90% de los delegados

Al margen de los nombres, que siempre suele ser lo más importante de este tipo de eventos, la ponencia política tampoco pasará la historia. Con reseñar que el modelo de financiación aprobado contenta tanto a Salvador Illa como a García Page está todo dicho. ¿Para esto hacía falta un Congreso?

Luego quedan, claro, los mensajes, los canutazos. Y ahí es donde el PSOE se revuelve contra todo lo que queda fuera de su ámbito de influencia. El fango, el fango que va desde el PP a Vox, desde los digitales (sin distinción), a los jueces. Tendrían que medir un poco más su victimismo, porque cada vez les queda menos gente que meter en el saco de los bulos y las mentiras. Desde que llegó Sánchez al poder hay que ver lo que ha aumentado el número de mentirosos en nuestro país. Ahí estuvo bien el presidente de Castilla La Mancha, que reclamó "menos victimismo y más autocrítica". Ja.

El nombre de Juan Lobato sólo estuvo en labios de los periodistas. Tan sólo García Page se refirió a él con aprecio. Para la mayoría, era esa persona de la que usted me habla, alguien a quien borrar de la memoria. Mientras, Oscar López ya ejercía de candidato a liderar el PSOE de Madrid y la jefa de su Gabinete, cuando él era jefe de Gabinete del presidente, Pilar Sánchez Acera, se paseaba por entre los delegados del Congreso huyendo de preguntas incómodas. Ni siquiera dio razón de por qué había dimitido de su cargo de consejera de Paradores Nacionales justo el día en el que Lobato declaró en el Supremo. Será casualidad.

Sánchez, como era de esperar, salió elegido con un apoyo del 90%. A la búlgara. Este es el partido que ha construido, un partido en el que, ni siquiera en las peores circunstancias, se levanta la voz, se escucha la crítica.

Concluyó el secretario general el cónclave sevillano con un discurso eufórico, en el que apeló a los militantes a ganar en 2027 (en un lapsus dijo que el partido ya ganó las generales en 2023), aunque las últimas encuestas muestran a un PSOE alicaído, que no supera los 110 escaños, mientras que la suma de PP y Vox alcanza los 190. Menos el CIS, es natural.

Situó Sánchez como principal reto para los próximos años combatir a la extrema derecha (Vox) y a la "derecha rehén" (PP), a las que atribuyó todo tipo de males y acusó de querer echar abajo todas las conquistas sociales que han llevado adelante los socialdemócratas en las últimas décadas.

No dijo ni una sola palabra sobre los casos que investiga la Justicia y que han llevado a la imputación de su esposa, Begoña Gómez, o de su hermano, David; y también eludió referirse a la imputación del fiscal general del Estado. ¿Quién se acuerda ya de José Luis Ábalos, de su asistente Koldo García o del conseguidor Víctor de Aldama, comisionista que ha puesto en vilo al Gobierno y cuyo nombre sobrevoló el congreso como la amenaza de una feroz tormenta que no ha hecho más que empezar a desatarse?

Este 41º Congreso del PSOE no será recordado por su aportación ideológica, ni siquiera por las medidas que se acordaron (la promesa de esa Empresa Nacional de la Vivienda ya veremos en qué queda), sino por haber reafirmado con un apoyo casi unánime la dirección de un secretario general que lo ha rendido todo a la conquista del poder. En esto sí tuvo razón ayer Núñez Feijóo: "Los que le apoyan con sus votos, se han convertido en sus cómplices".

 

 

 

España, si la justicia no lo remedia pasará de la crueldad del sanchismo a la dictadura bolivariana.

 Pedro Maduro y Nicolás Sánchez

España no puede aguantar ni un solo día más la presión y el desconcierto ocasionado por el desastre corruptivo del sanchismo. En la cúpula del la dictadura de Pedro Sánchez, quien no está imputado está pendiente de que le conmuten la condena de garrote vil a cadena perpetua irrevisable. En dicha cúpula no solo están citados los cargos políticos, véase la banda de Koldo, Pepa Bueno, el rector de la complutense o el mismísimo Rey de Marruecos. 

Con Pedro Sánchez lo estamos comprobando, con lágrimas, sudor y desesperación. El poder centralizado en La Moncloa es excesivo. El presidente puede gobernar al margen del Parlamento, prácticamente por decreto. Ni siquiera es condición imprescindible que logre la aprobación de los Presupuestos Generales. Puede prorrogar los anteriores y, según las necesidades, establecer partidas de gasto extraordinarias. No es lo ideal, pero funciona. Y al poder, es decir, a La Moncloa, le basta para que la máquina del Estado siga funcionando a su capricho.

Esta peligrosa anomalía nace del temor a la ingobernabilidad de un país tradicionalmente dividido, complejo y tendente a las pugnas nacionalistas, partidistas y sectarias. El miedo a que la España postfranquista fuera ingobernable llevó a que los padres de la Constitución de 1978 fortalecieran las capacidades de la institución de la presidencia del gobierno. Desgraciadamente, con el tiempo, este remedio se ha demostrado mucho peor que la amenaza que pretendía prevenir.

Hoy, el complejo de La Moncloa es el centro del poder, un poder casi absoluto que tiene un paradójico agravante en caso de que el gobierno sea débil, como sucede con el Gobierno socialista. Y es que el presidente usará ese inmenso poder como moneda de cambio y, en lugar de que esta institución actúe como fuerza centrípeta, se convertirá en una fuerza centrífuga, una motosierra con la que un solo individuo, para conservar la presidencia, troceará el país y lo repartirá entre mafias nacionalistas y políticas. Exactamente lo que está haciendo Sánchez.

Sometido a la dictadura del trueque presidencial, el Parlamento deja de representar al pueblo soberano. No propone, debate, audita, subsana o mejora leyes, sino que, mediante la articulación de una mayoría simple, ratifica el poder del presidente, quien a su vez usará ese poder para comprar su permanencia en La Moncloa. Un círculo vicioso que sólo atiende a la aritmética y que desemboca en el infierno.

Así se explica que los parlamentarios, salvo honrosas excepciones, no atiendan a los intereses generales ni sean constructivos, sino que escenifiquen la pugna entra facciones por los beneficios de ese poder desmedido, convirtiendo los debates en un espectáculo bochornoso, con descalificaciones, improperios, insultos, incluso mímica soez, como la escenificada por la ministra María Jesús Montero, que simuló comerse algo que no era una zanahoria, precisamente.

Nuestro Kremlin

Una de las pruebas más contundentes de este poder descontrolado está en su propio aparataje. El complejo de La Moncloa, que incluye la residencia oficial del presidente del Gobierno español y oficinas de trabajo, emplea a unas 370 personas. Esta cifra incluye funcionarios administrativos, auxiliares, y personal encargado de la gestión y mantenimiento del recinto. Además, se estima que más de 120 personas están asignadas específicamente a la protección y seguridad del complejo, lo que incluye fuerzas policiales y servicios técnicos especializados.

A esto hay que sumar que, de los 869 asesores reclutados por el presidente Sánchez, aproximadamente 383 están asignados a Moncloa. Esto equivale a casi la mitad del personal de confianza del Gobierno. Para hacerse una idea de la magnitud del complejo monclovita, Downing Street 10, la residencia y oficina de los primeros ministros británicos, emplea alrededor de 100 funcionarios y asesores, y una dotación de personal de seguridad equiparable. En comparación, La Moncloa tiene cuatro veces más personal que su equivalente británico.

Un país de ciudadanos dependientes

La concentración del poder es lo que ha permitido someter a las demás instituciones a las necesidades de un solo individuo o, a lo sumo, de una banda. Pero este proceso de acaparación no se ha detenido ahí, ha ido mucho más lejos. Su naturaleza expansiva se ha propagado como la pólvora, de tal forma que tanto los inquilinos de La Moncloa como sus émulos regionales han trabajado con ahínco para generar intensas dependencias en la sociedad, pues si lograban que una masa crítica de electores se volviera dependiente, incentivarían el voto cautivo a través de las redes clientelares y resultaría mucho más difícil cuestionar el modelo y exigir que se reforme.

Cataluña y Extremadura son casos paradigmáticos, aunque no los únicos. En la primera, de sus cuatro millones de población activa, 400.000 son funcionarios o empleados públicos dependientes de la Generalitat y ayuntamientos, a lo que hay que sumar la red clientelar de subsidios y subvenciones tejida por los nacionalistas. Algo que no va a cambiar con la presidencia de un presunto socialista no nacionalista. Al contrario, sólo para la proyectada Hacienda catalana Salvador Illa va a convocar 4.000 nuevas plazas con cargo a los presupuestos. Esto, sin embargo, es lo que se ve. Luego está lo que es opaco. La Generalitat gestiona una cantidad significativa de fondos que benefician a ciudadanos y empresas en diferentes niveles de dependencia económica, aunque, como es la costumbre, no se dispone de un desglose preciso de cuántas personas se benefician directamente de ellos.

«Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado»

En cuanto a Extremadura, de su población activa, que a duras penas supera las 400.000 personas, más de 90.000 son funcionarios o empleados públicos; es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores extremeños cobra de la Administración. De las ayudas y subvenciones ni hablo. No hace falta.

El resultado de forma agregada es que una proporción muy significativa de la población española depende del sector público para su sustento, ya sea a través de empleo, pensiones, subsidios o prestaciones sociales. Se estima que alrededor de 17,2 millones de personas reciben ingresos del Estado, una cifra cercana a los 17,8 millones de empleados del sector privado. De esos 17,2 millones, 9,3 millones son pensionistas; 3,6 millones, empleados públicos, incluyendo todas las administraciones y empresas públicas; 1,8 millones, desempleados que reciben subsidios o prestaciones por desempleo; dos millones, personas beneficiarias del Ingreso Mínimo Vital (IMV); y, por último, cerca de 500.000 personas que reciben alguna ayuda o complemento.

Del otro lado habría, como digo, 17,8 millones de trabajadores que cotizan en el sector privado. Sin embargo, también muchos de ellos reciben algún tipo de ayuda o beneficio público (como subsidios a sectores específicos, deducciones fiscales especiales o beneficios sociales). No existe un dato exacto del número de trabajadores libres de cualquier tipo de dependencia del Estado, pero podemos calcular aproximadamente el número de los que no reciben beneficios sociales ni deducciones fiscales específicas: entre 12 y 13 millones, según los datos del mercado laboral.

Pero el poder se las ha ingeniado para que las dependencias también estén presentes en este último grupo. Muchas empresas privadas reciben ayudas estatales que indirectamente sostienen empleos. Por ejemplo, beneficios generalizados como reducciones en el IRPF o bonificaciones por contratación. Así, aunque sobre el papel 17,8 millones de españoles trabajan en el sector privado, sólo dos tercios están relativamente libres de dependencias directas del Estado: alrededor de 12 millones. Incluso esta cifra es cuestionable según cómo se definan los «beneficios estatales indirectos».

La ideología de la dependencia

A menudo se afirma que España es en su mayoría socialista. Una afirmación que, además de los numerosos gobiernos del PSOE, cobra fuerza al comprobar que las incontables tropelías del actual presidente, Pedro Sánchez, a duras penas merman su intención de voto. Hay, pues, un suelo sólido bajo sus pies, un pétreo suelo socialista. Discrepo de esta opinión. España no es un país socialista, es un país extremadamente dependiente, educado con perseverancia en la dependencia del poder y, en consecuencia, conservador en el peor sentido imaginable.

Dentro de este esquema no hay salida. La única opción es que este sistema de dependencia que tiende a infinito acabe colapsando, como ha sucedido en Argentina, y las magnitudes se inviertan. Al final, como sucedía en las postrimerías de la extinta Unión Soviética, el Estado simulará que paga y los ciudadanos a su vez fingirán que trabajan. Por lo pronto, la letra pequeña en exenciones y subsidios cada vez es más abundante, para que resulte más difícil acceder a ellos, o sus importes y reglas cambian constantemente para soltar lastre, mientras que las ayudas más apremiantes y justificadas, como son los casos de desastres naturales, tardan una eternidad o sencillamente nunca llegan.

Simultáneamente, los impuestos se disparan. Sólo durante la presidencia de Pedro Sánchez se han aprobado seis subidas en el IRPF y cuatro incrementos en el Impuesto de Sociedades, además de subidas en el Impuesto sobre el Patrimonio y cambios en el cálculo de plusvalías municipales; se ha revisado al alza el IVA en numerosos productos y aprobado aumentos en el Impuesto de Matriculación y de Hidrocarburos; se han llevado a cabo 19 subidas en las cotizaciones sociales, incluyendo el aumento de las cuotas para autónomos y una nueva «cuota de solidaridad»; y se ha creado la Tasa Google, la Tasa Tobin, nuevos gravámenes a los plásticos no reciclables e impuestos relacionados con transacciones digitales y productos contaminantes.

Sin embargo, esto, que es insostenible, ningún político se atreve a señalarlo, mucho menos a cambiarlo. Como tampoco está en discusión que La Moncloa se haya convertido en un centro de poder incontestable y en una monstruosa casa de subastas. Un potente electroimán que atrae a sociópatas como Sánchez.

Begoña Gómez admite que "utilizó" una asesora de Moncloa y de la fiscalía general, cuya copia de los e-mails entregó al juez.

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Begoña Gómez se autoinculpa.

Begoña Gómez, esposa del presidente del gobierno Pedro Sánchez, comparece en la primera sesión de la comisión de investigación impulsada por el PP
Begoña Gómez, esposa del presidente del gobierno Pedro Sánchez, comparece en la primera sesión de la comisión de investigación impulsada por el PP en la Asamblea de Madrid. | EFE

El abogado de Begoña Gómez ha pedido al juez Juan Carlos Peinado que incluya en la causa unos correos electrónicos que demuestran que si la mujer del presidente del Gobierno firmó el Pliego de Prescripciones Técnicas del software que se desarrolló para el máster que dirigía en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) fue porque la propia institución se lo indicó "expresamente" en ellos.

En los correos, a los que ha tenido acceso El Independiente, figura como destinataria María Cristina Álvarez Rodríguez, asesora de Moncloa por aquel entonces, hecho que probaría que Gómez utilizó a una persona que trabajaba en el palacio presidencial para realizar gestiones privadas. En uno de ellos, Mª Jesús Morillo y Mercedes Vaquero, de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la UCM, se dirigen directamente a ella para realizar una gestión: "Estimada Cristina: perdona, que me ha hecho un renuncio el ordenador. El contrato de cesión de derechos válido es este que se acompaña ahora".


La defensa pide al magistrado que llame a declarar en calidad de testigo a la persona que firma los correos, María Jose Sánchez Rosales, de la Gerencia de la Escuela de Gobierno de la UCM, y a María Elvira Gutiérrez-Vierna, interventora de la universidad, para que ratifique lo que dijo el otro día en la Asamblea de Madrid: que la firma se realizó de acuerdo a las normas de la Complutense.

Gómez también aporta correos que, según su abogado, ponen de manifiesto que el registro del dominio de la página web del máster, que no de la propiedad intelectual, fue realizado siguiendo las instrucciones de la propia Universidad Complutense. En este punto, pide que declaren dos miembros de la OTRI

Aldama, políticamente destrozará a Sánchez, pero el presidente seguirá en el cargo aunque le tenga que apoyar VOX.

 

La declaración en la Audiencia Nacional de Víctor de Aldama este jueves
La declaración en la Audiencia Nacional de Víctor de Aldama este jueves

"Los hombres normales no saben que todo es posible". El autor de esta afirmación es el escritor francés David Rousset (1912-1977), que luchó en la Resistencia francesa contra el nazismo y que estuvo preso en el campo de concentración de Bunchenwald, donde murieron 56.000 personas, entre ellas 11.000 judíos.

La frase fue utilizada por Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo, porque en su simpleza y rotundidad expresa hasta qué punto en las mentes del común de los mortales no cabe que sean posibles cosas monstruosas, como, por ejemplo, el exterminio para salvaguardar la pureza de una raza o los crímenes masivos en defensa de una ideología.

La expresión "eso no puede ser" es propia de esas personas normales que no dan crédito a lo que resulta extraordinario. Cualquier individuo encuadrado en ese rango tan amplio y difuso como es la normalidad que vea el vídeo que contiene las dos horas de comparecencia de Víctor de Aldama ante el juez Ismael Moreno, podría sostener que lo que dice el calificado por la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) como "nexo corruptor" de la trama en la que pululan el ex ministro José Luis Ábalos o su asistente Koldo García, "es sencillamente increíble, imposible".

El que en ningún caso puede decir que lo que dijo Aldama es una "inventada" es Pedro Sánchez. No sólo porque en su calidad de presidente del Gobierno se sale de ese rango de normalidad, sino porque él ha mentido reiteradamente en relación a este caso (y a otros también) y, por tanto, lo que diga sobre esa declaración sólo puede ser interpretado en clave de autodefensa.

La debilidad de Sánchez se ha convertido, paradójicamente, en su mayor fortaleza

El relato de Aldama, hábilmente conducido por su abogado José Antonio Choclán, no sólo es creíble y verosímil, sino que a él le han dado crédito tanto el fiscal como el juez del caso. Aunque no estaba en prisión por el llamado 'caso Koldo', sino por la trama de los hidrocarburos, el juez Santiago Pedráz, instructor de dicho caso, decretó su libertad a las pocas horas de declarar ante su colega Ismael Moreno. Si la Fiscalía Anticorrupción no hubiera interpretado que Aldama, con su declaración, estaba colaborando con la Justicia no hubiera pedido al juez su puesta en libertad. Así que, tanto la Fiscalía como dos jueces de la Audiencia Nacional han entendido que lo que declaró Aldama no es "una inventada", sino que tiene valor probatorio para esclarecer una de las tramas de corrupción mejor conectadas con el poder de las muchas que ya hemos padecido en España. Tanto por su volumen económico como por los posibles afectados (varios ministros, la esposa del presidente y el propio presidente del Gobierno), este caso supera con mucho a Filesa, Ibercorp, Roldán o la Gürtel.

Por mucho que se haya dicho, no deja de ser un sarcasmo que uno de los beneficiarios de esta trama corrupta sea precisamente José Luis Ábalos, el diputado socialista que defendió la moción de censura contra Mariano Rajoy por encabezar un gobierno corrupto. "La decencia debe ser algo esencial", proclamó Ábalos en aquel ya lejano 31 de mayo de 2018.

"La inventada" no sólo no se sostiene por la decisión del juez de poner en libertad con medidas cautelares a Aldama, sino porque su relato se ajusta como un guante a los hechos que describe la UCO en el informe que sirvió de base para la imputación de Ábalos.

El pago de comisiones a Ábalos y Koldo se refleja en los documentos manejados por la UCO; las cantidades que se ingresaron y las comisiones que se cobraron por la venta de mascarillas, también; como su descripción del viaje a España de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez. Lo que dijeron en su día Ábalos, Grande Marlaska o el propio Sánchez, eso sí que son "inventadas". ¡Y de qué tamaño!

Pero Aldama no se conformó con ratificar lo que ya apuntaba el informa de la UCO, sino que fue más allá: dio cifras del pago de mordidas en metálico a Ábalos y Koldo, pero, además, metió en el ajo al jefe de Gabinete de la ministra de Hacienda (Carlos Moreno), y al número tres del PSOE, Santos Cerdán, al que el asistente llamó "jefe del cupo vasco" (de las comisiones de constructoras, se entiende).

Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial; Teresa Ribera, futura vicepresidenta de la Comisión Europea, y, especialmente, el ministro del Interior, Grande Marlaska, salen tocados por la declaración de Aldama.

Que Aldama no es un fantasma lo demuestran el viaje que organizó a México en febrero de 2019, acompañado de Ábalos, entre otros; los ingresos de casi 60 millones en venta de mascarillas, y, sobre todo, el viaje de Delcy Rodríguez a Madrid, para cuya estancia de varios días, contraviniendo la prohibición de pisar suelo europeo, había alquilado un chalé en El Viso donde estaba prevista una cena con varios ministros y un invitado muy especial: Pedro Sánchez.

Los afectados (Sánchez, Illa, Montero, Moreno, Torres y Santos Cerdán) presentarán una querella conjunta contra Aldama. Es una estrategia tan vieja como poco efectiva.

El caso no ha hecho más que empezar. La declaración de Aldama del pasado jueves no ha sido el final de la historia, sino el principio de un suplicio para Sánchez y su Gobierno, que tendrán que hacer frente a las andanadas del comisionista que, una vez que ha decidido tirar de la manta, no se va a parar hasta lograr sus objetivos.

Resulta lamentable que el mismo día que Aldama habló ante el juez, los partidos que apoyan a Sánchez no sólo rechazaron la oferta que les hizo Núñez Feijóo de avalar una moción de censura encabezada por él, sino que votaron a favor del gobierno unas medidas fiscales que serán la base de la próxima aprobación de los Presupuestos del Estado.

Un dirigente de Junts, fue sincero ante la pregunta de El Independiente sobre si apoyarían la moción de censura: "¿Cómo vamos a dejar caer a este Gobierno? Sánchez ahora nos necesita más que nunca, para nosotros es una bicoca".

Así de lamentable es la situación política en la que nos encontramos. La debilidad de Sánchez se ha convertido paradójicamente en su mayor fortaleza.

Como ha puesto de manifiesto una vez más en la negociación para el nombramiento de Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea, a Sánchez no le importa la ideología de los que tiene enfrente, sino que den satisfacción a sus propósitos.

La matemática parlamentaria es testaruda. Los números no le salen, ni le saldrán a Feijóo para derribar a Sánchez. Quien espere una traición del PNV o Junts se equivoca. Y más aún los que abrigan la esperanza de que Podemos ponga sus votos al servicio del PP. Es más, pronto veremos al PSOE y a Sánchez haciendo arrumacos a Pablo Iglesias.

Así que habrá que esperar y ver la documentación que va aportando Aldama, que ya dijo al salir de Soto del Real que tiene pruebas de que lo que ha declarado es verdad. Fuentes cercanas al comisionista señalan que aún tiene mucho que decir. Sobre todo, en relación a Air Europa y a Begoña Gómez.

Hay mucha gente que piensa que todo esto quedará en nada, que lo declarado por Aldama es sólo una estrategia para salir de prisión... Pero esa gente no sabe que todo es posible. Incluido que este escándalo termine por derribar a Sánchez.