Demasiados errores políticos en la OPA del BBVA al Banco de Sabadell.

 

Carlos Torres.
Carlos Torres.

El presidente del BBVA ha logrado algo que parecía imposible: ha puesto de acuerdo a todos los partidos que se presentan a las elecciones catalanas en su oposición a la OPA hostil que ha lanzado sobre el Banco Sabadell. Más difícil todavía: la Generalitat de Cataluña (ERC), la Generalitat de Valencia (PP), y el Gobierno (a través del ministro de Economía, PSOE, y de la vicepresidenta Yolanda Díaz, Sumar) también han coincidido en rechazar la operación.

Un funcionario de alto rango decía en privado ayer tras conocerse el anuncio de la OPA hostil: "Algunos banqueros parece que viven fuera de este mundo".

Es difícil hacer las cosas tan mal, sobre todo en la elección del momento. Torres puede convertirse en el único banquero que ha tropezado dos veces en la misma piedra. Recordemos que ya en 2020, en plena pandemia, intentó hacerse con el banco catalán y fracasó.

¿Cómo es posible que el BBVA haya incurrido en este patinazo?

1º) Una filtración inoportuna.

Torres ha insistido en su rueda de prensa del jueves en que una filtración (Sky News adelantó la noticia el 30 de abril) precipitó los acontecimientos. Carlos Torres había hablado con el presidente del Sabadell, Josep Oliu, a mediados de abril y había quedado con él en enviarle un documento con las líneas maestras de la oferta el último día de abril (justo cuando se produjo la filtración). Por tanto, la filtración es interesada y no sabemos muy bien si para precipitar la compra o para frustrarla. En el BBVA acusan al Sabadell.

Un fallo como este en la confidencialidad que requiere todo proceso de fusión es algo que una gran entidad no se puede permitir.

2º) En lugar de rebajar expectativas para ganar tiempo y evitar presiones externas, el BBVA confirmó su deseo de compra a la CNMV.

El anuncio se hizo cuando todavía el consejo del Sabadell no tenía una posición tomada. Torres se había limitado a comentar al Banco de España que estaba interesado en retomar las conversaciones para fusionarse, pero no dio al regulador la impresión de que la OPA estaba tan avanzada.

3º) Cuando Torres habló con Oliu a mediados de abril ya se sabía que las elecciones catalanas se celebrarían el 12 de mayo. Plantear una fusión con el Sabadell a menos de un mes de los comicios es un error de bulto. ¿Por qué no esperó el BBVA hasta después del 12-M? ¿A qué tanta prisa?

4º) Todavía peor ha sido convertir lo que era, en principio, una OPA amistosa en una OPA hostil. Ese cambio, ¡a cuatro días del 12-M!, era la garantía de que todos los partidos se iban a posicionar en contra. Sobre todo, cuando el Sabadell es un banco con un fuerte arraigo en Cataluña, dado que es la entidad que presta más dinero a las pequeñas y medianas empresas.

5º) Torres debería haber medido mucho mejor sus riesgos. En su día fracasó con el Sabadell (algo que no gustó al Banco de España) cuando el precio era mucho más asequible. Una parte del exceso de capital obtenido tras la venta de su filial en EE.UU. se empleó en una OPA sobre el banco turco Guaranti y en la recompra de sus propias acciones. Ahora se ha quedado sin músculo para mejorar su oferta sobre el banco catalán.

La negativa del Sabadell a aceptar la oferta amistosa dejaba a Torres en mal lugar, lo que tal vez le haya llevado a precipitarse.

La mala elección del momento, junto a otros errores de bulto, pueden hacer fracasar una operación que, desde el punto de vista financiero, tiene sentido

6º) Una fusión es ya de por sí complicada. Incluso cuando todo va sobre ruedas. El último ejemplo de concentración amigable fue el de Caixa y Bankia. Fainé y Goirigolzarri no sólo cuidaron mucho su propia relación, sino que dedicaron semanas a "masajear" el acuerdo, hablando con tirios y troyanos. La OPA del BBVA, por contra, parece la obra de un imprudente. Todo lo que no ha hecho hasta ahora, lo tendrá que hacer a partir de ahora, pero con el viento en contra.

7º) La carta enviada a Oliu el pasado domingo, en la que Torres le transmitía que no tenía margen de maniobra para mejorar la oferta (una acción de BBVA por 4,83 de Sabadell) es un error táctico de libro. Se ha cerrado la posibilidad de mejora de la oferta. Es un 'lo tomas o lo dejas' sin dar la oportunidad al consejo del banco que se pretende adquirir de solicitar una mejora en las condiciones.

8º) Las OPAS hostiles no han salido bien en España. Incluso la del Banco de Bilbao sobre Banesto (1987), con todos los parabienes del Gobierno, fracasó. La capacidad que tiene una red bancaria para parar una OPA, cuando más del 50% del capital está en manos de particulares, como es el caso del Sabadell, es enorme. Pero lo que ya es casi imposible es que la OPA se acepte si no se paga al menos una parte del precio en metálico. Papelitos por papelitos puede ser un juego apetecible para un gran fondo, pero se entiende mal si el que tiene los títulos es un empleado o un jubilado al que no le seducen las consolidaciones financieras.

9º) Torres tiene sobre su cabeza la espada de Damocles de su posible imputación en el 'caso Villarejo'. Declaró como testigo el pasado mes de octubre y en los próximos días la Fiscalía Anticorrupción presentará ante el juez García Castellón su escrito de conclusiones. Su imputación tendría consecuencias inmediatas sobre su continuidad en el cargo. ¿Ha sido este un elemento que le ha llevado a plantear una OPA de forma un tanto atolondrada? No lo sabemos.

Lo triste de este caso es que, desde el punto de vista financiero, la unión de BBVA y Sabadell tiene sentido. Son bancos complementarios (uno centrado en grandes empresas y particulares; otro, en pymes; uno con demasiado peso en México y Turquía -BBVA-, otro muy implantado en Cataluña y Valencia y con su problema británico ya resuelto,...). El BBVA necesita ganar tamaño y asegurarse la continuidad de los ratios de rentabilidad de los últimos años. Para ello, el Sabadell es una buena oportunidad.

Sin embargo, la cadena de errores cometida por su presidente, puede llevar al traste la operación, que, por otro lado, ha hecho aflorar el tic intervencionista del Gobierno. El ministro Cuerpo ha dicho que el Gobierno tiene la última palabra en esta fusión, cosa que no es verdad. Si la unión de BBVA y Sabadell afecta a la competencia, cosa que es probable en Cataluña y Valencia, que sea la CNMC la que dictamine. Economía ya se ha anticipado a Competencia dando su veredicto. Este gobierno no sólo se caracteriza por sus ganas de controlar a la Justicia o a los medios de comunicación, sino que tiene una peligrosa tendencia a querer mandar en las empresas.

El escándalo en Telefónica con sueldazos de la 'beautiful people' del PSOE.


Edificio Telefónica
Edificio Telefónica | EFE

El lunes 15 de marzo de 2004, la figura exultante de José Luis Rodríguez Zapatero apareció en el cementerio civil de Madrid para visitar la tumba de Pablo Iglesias, entiéndase, del fundador del PSOE. Los cadáveres políticos de momento no reciben sepultura.

ZP no fue solo al camposanto, sino que lo hizo acompañado de quien entonces era uno de sus grandes amigos, que también estaba convencido de la necesidad de honrar al líder del partido tras la victoria electoral. Ese individuo era Javier de Paz, exsecretario general de Juventudes Socialistas y actual consejero de Telefónica. Ilustre miembro de la beautiful people asociada al partido, tan bien tratada en estas últimas legislaturas, gorda de poder y agraciada con sueldos que están muy por encima del SMI.

De Paz llegó a Telefónica en 2007 junto a Manuel Pizarro. Ambos se beneficiaron de esa filosofía tan singular que mantuvo César Alierta, que pasaba por mantener contentos a los partidos a partir del reparto de sueldos entre militantes, simpatizantes o, al menos, relacionados. Unos engordaban su patrimonio, los accionistas pagaban.

José María Álvarez-Pallete no es Alierta, y eso es muy evidente. De hecho, tras su llegada rompió varios de los contratos políticos, ante el pasmo de algunos que no le entendieron porque consideraban que los criterios subjetivos eran tanto o más importantes que los objetivos. De Paz -empresario- sobrevivió a esa purga y todavía sigue allí como consejero externo y como parte de algunas de las estructuras de decisión del grupo. En el órgano de gobierno de Telefónica compartirá espacio a partir de ahora con Carlos Ocaña Orbis. También en la Comisión Delegada, que no es poca cosa.

La tesis de Pedro Sánchez

El nombre y los apellidos de este último figuran en el libro La nueva diplomacia económica española, que versa sobre el mismo tema -con partes exactamente iguales- que la tesis de Pedro Sánchez Castejón, presidente del Gobierno y hombre profundamente enamorado de su mujer. Ocaña fue jefe de gabinete de Miguel Sebastián y su sombra ha planeado en los últimos años por varias 'entidades afines', desde Paradores hasta Prisa, lo que demuestra su influencia, su valía... o que es 'culo de buen asiento'.

Su incorporación a Telefónica evidencia varias cosas. La primera es que el PSOE no siente la necesidad de caminar de puntillas llegados a este punto. Impone, ejecuta y trocea sin mayores miramientos porque considera que su misión sobre el Estado es la buena y única válida.

Allí nadie parece cuestionarse la conveniencia de gastar 1.400 millones de euros para tomar una participación en Telefónica -pese a no disponer de Presupuestos Generales del Estado- o incluso de haber anunciado su intención de estudiar una posible operación con Naturgy. Por supuesto, la vigencia del escudo anti-OPAs tampoco puede discutirse, como tampoco la creación de una Comisión Nacional de la Energía, el establecimiento de impuestos o terminología tan chafardera como la que habla de “beneficios caídos del cielo”.

Podría alguien pensar que esta política invasiva nos conduce irremediablemente hacia el fracaso, dado que las sociedades prósperas son aquellas en las que los gobiernos facilitan las relaciones comerciales entre sus individuos; y no las que poseen gobernantes que quieren ser el perejil de todas las salsas. Así sucede en España. De ahí que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales se haya hecho con el 7% de Telefónica. Y de ahí que haya designado como consejero -sin miramientos y sin escrúpulos- a quien fue asesor de Miguel Sebastián e 'investigador privado' para Pedro Sánchez.

¿Sálvese quien pueda?

A partir de ahí, esto puede interpretarse de dos formas, tal y como sugerían fuentes cercanas a la operadora de telecomunicaciones este martes. Por un lado, se puede pensar que Pedro Sánchez y el PSOE están dispuestos a avanzar en su estrategia para tomar el control de las empresas estratégicas y quizás para cumplir su propósito de crear un 'campeón nacional' que incluya a Telefónica, Indra e Hispasat, controlado desde la SEPI. Ése era, de hecho, el proyecto inicial e incluso hay quien considera que tiene cierto sentido en estos tiempos, en los que la geopolítica obliga a redoblar esfuerzos en el terreno de la defensa nacional.

Pero, por otra parte, hay quien piensa que 'el de Moncloa' es un zombi político y que con estas acciones apresuradas -y sus consiguientes órdagos- lo que está haciendo es asegurar posiciones en consejos de administración para que su partido mantenga cierto peso cuando pierda el gobierno y para que nadie de los suyos se sienta zaherido o abandonado, en una acción peronista que -desgraciadamente- ya no extraña por estos lares. De Paz entró en Telefónica con ZP en el Ejecutivo y ahí sigue, con su trono reluciente, más reforzado que nunca. Lo mismo ha sucedido con los Sebastián, Pepe Blanco, José Montilla y compañía en otras cotizadas. No se confundan: el hecho de que alguno pontifique en las tertulias no significa que se aplique el cuento para sí mismo.

No parece que un Gobierno que ni siquiera es fuerte en el Parlamento -y con un socio descompuesto- tenga la fortaleza suficiente como para llegar a dominar las cotizadas, pese a derroches de dinero público como el que ha realizado en Telefónica. Ahora bien, si pierden el poder (si ocurre), alguno tendrá que quedar. Deberá Ocaña entonces obedecer a la nueva SEPI, pero tampoco le pagarán mal. A él y al resto. Que les quiten lo bailado.

Una cosa es rendir culto a Pablo Iglesias y al socialismo clásico... y otra cosa es querer ser pobres. Defender el socialismo no implica el ser idiota.

 

Abascal, nunca entrará en los planes de ayuda de Le Pen. La líder francesa no comprende SUS DERROTAS.

Abascal nunca será Le Pen

«Más allá de compartir retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, Le Pen y Vox no se parecen en casi nada»

Abascal nunca será Le Pen

España es un país pobre que a partir de cierto momento quiso engañarse a sí mismo pregonando que era rico. Y Francia es un país todavía rico que, sin embargo, no se concede ignorar el progresivo deterioro de las condiciones materiales de vida de un segmento cada vez mayor de su población. Es la gran diferencia entre nosotros y ellos. De ahí que una fuerza electoral alumbrada por la derecha nacionalista, iliberal, interclasista y anti-establishment, la nueva formación de Marine Le Pen una vez purgado el impresentable poso criptofascista que le legó su padre, ande muy a punto de ganar el Eliseo para su causa. Constatada esa asimetría de origen, lo que extraña al observador desapasionado es que la Agrupación Nacional y Vox, su teórico homólogo a este lado de los Pirineos, poseen programas y, sobre todo, bases sociológicas tan distintas y distantes

El electorado de los de Abascal, una muestra de las capas medias tradicionales, representativa en grado sumo de la derecha conservadora española de toda la vida, para nada se corresponde con el predominio de los estratos populares pauperizados, esos que ya habitan de modo exclusivo en la Francia periférica tras haber sido expulsados de las grandes ciudades por unos precios inmobiliarios solo accesibles a la parte de la población laboral integrada en el sector moderno, competitivo y globalizado de su economía dual, el retrato coral del partido de Le Pen. En puridad, y más allá del aspecto menor de compartir idénticas formas tremendistas en su retórica aparatosa, incendiaria e iconoclasta, la Agrupación Nacional y Vox no se parecen en casi nada. Cierto que las ideologías políticas, aquellos conjuntos de ideas y de creencias imbuidos de pasión, que es la mejor aproximación que yo conozco al contenido de ese concepto, ya no existen, al menos en el significado profundo del término. Pero la propuesta programática de la derecha extrema en Francia resulta ser el sucedáneo que más se aproxima al original histórico en nuestro tiempo líquido. 

Y esa propuesta, la que encarna hoy Le Pen, se asienta en todo lo que no postula Vox. A fin de cuentas, se articula en torno al intervencionismo decidido del Estado en todos los ámbitos de la economía; en todos, desde la activa acción correctora de los mecanismos impersonales propios del mercado en la esfera nacional, hasta el activismo de ese mismo Estado en la protección de los intereses industriales franceses frente a los extranjeros. Nada que ver, pues, con la muy convencional doctrina liberal al estilo anglosajón, casi libertaria muchas veces, que retrata a Vox. Al cabo, lo que más concuerda en Francia con el recetario económico que promueven los de Abascal es justamente el discurso oficial de Macron, otro entusiasta del Estado menguante, de la desregulación permanente y de la soberanía de los mercados libres. 

Porque mientras que la Agrupación Nacional representa ahora mismo una inopinada mutación heterodoxa y colectivista de la derecha, Vox no deja de reconocerse en las señas de identidad más convencionales y canónicas de esa misma corriente. Dos cosmovisiones, en el fondo, antagónicas. Una evolución tan distinta, la de las dos derechas alternativas a ambos lados de la frontera, que muy probablemente tenga su explicación en el doble miedo que, a diferencia de lo que sucede con los electores de Vox en España, retrata a los votantes de Le Pen. Porque lo que explica el fenómeno Le Pen no es el empobrecimiento de la antigua clase medía autóctona ni tampoco la irrupción en escena del multiculturalismo con agresivos tintes islámicos, sino el efecto conjunto de ambos fenómenos a la vez. Le Pen personifica el resultado explosivo de sumar al miedo económico el miedo cultural. Sin el simultáneo catalizador corrosivo fruto de ambas angustias colectivas, Le Pen no se entiende. Y en España, de momento, eso no ocurre. De ahí la diferencia entre unos y otros. Y también de ahí, por cierto, lo muy improbable de que Vox llegase alguna vez a desbancar al partido de la derecha convencional en España. Lo dicho, dos mundos.

 

Baltasar Garzón y Dolores Delgado se marchan a La República Dominicana, junto a Bono, Koldo, González, Ábalos, Rubiales, ....Los elefantes saben donde tienen que morir.

 

La ex ministra de Justicia y ex fiscal general del Estado, Dolores Delgado y el asesor del Tribunal Penal Internacional y ex juez Baltasar Garzón.  
La ex ministra de Justicia y ex fiscal general del Estado, Dolores Delgado y el asesor del Tribunal Penal Internacional y ex juez Baltasar Garzón.

El Tribunal Supremo anuló ayer el nombramiento de Dolores Delgado -ex ministra de Justicia, ex Fiscal General del Estado- como Fiscal de Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática.

El nombramiento había sido recurrido por la Asociación de Fiscales (AF), la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF) y por otro solicitante de esa plaza, el fiscal Luis Ibáñez. Echar abajo ese nombramiento es un nuevo revés para el Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, que ha hecho todo lo posible para colocar a su amiga, a la que, además, le debe su puesto, en la cúpula fiscal.

La causa por la que se revoca el nombramiento ya se planteó en el Pleno del Consejo Fiscal que se celebró en junio de 2023, y es fácil de entender. Resulta que Dolores Delgado está casada con el ex juez Baltasar Garzón, impulsor de una Fundación de defensa de derechos humanos, que es una de las funciones de la fiscalía a la que aspiraba su esposa. Sin embargo, García Ortiz no tuvo en cuenta ese sólido argumento y desoyó al Consejo Fiscal. Quería hacer el nombramiento antes de que se celebraran las elecciones generales del 23-J, en las que se apuntaba al PP como partido ganador. Había que evitar riesgos.

Grave error, que ahora ha sido subsanado por la Sala de lo Contencioso del Supremo, que ha apelado a la prohibición expresa que figura en el artículo 58.1 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, que impide la colisión del cargo de fiscal con los intereses privados de sus cónyuges.

El nuevo revés del Supremo al Fiscal General en su empeño por ascender a Dolores Delgado no le debilita, sino todo lo contrario

En realidad, Delgado ya no era Fiscal de Sala, porque el Supremo anuló su ascenso el pasado mes de noviembre, en una sentencia de gran repercusión en la que se acusaba al Fiscal General nada menos que de "desviación de poder", al haberla promocionado a la Sala de lo Militar sin tener los requisitos necesarios para ello.

En buena lógica, si Delgado ya había dejado de ser Fiscal de Sala no podía ocupar el puesto de Fiscal de Sala de Derechos Humanos y Memoria Democrática. Este ha sido un argumento debatido en el seno de la Sala de lo Contencioso del Supremo en su debate de ayer. El caso es que hay un doble motivo por el que Delgado tiene que abandonar su puesto: porque ya no era Fiscal de Sala y por la incompatibilidad de su cargo con los intereses que defiende el despacho de su marido.

Hay que recordar que el ex juez Baltasar Garzón propuso la creación de esa fiscalía tanto privada como públicamente. La influencia de Garzón en el Gobierno en todo lo que tiene que ver con la Justicia es palpable desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa.

En cualquier otro país democrático, con separación de poderes, la situación de García Ortiz sería insostenible. Sin embargo, aquí la decisión del Supremo no va a llevar ni a una dimisión ni a una destitución. Más bien al contrario, dado que lo que se premia, más que cualquier otra cosa, es la lealtad al poder y a los amigos.

Una prueba de lo fuerte que se siente García Ortiz es que ha recusado a todos los miembros de la Sala de lo Contencioso del Supremo que tienen que decidir sobre si tiene que seguir al frente de la Fiscalía General o no. El gesto no tiene precedentes y demuestra palmariamente cuál es el concepto de la Justicia que se tiene en el Gobierno. ¡Y luego les extraña a algunos que el presidente Sánchez quiera someter a los jueces a su 'operación limpieza'!

Los problemas de Sánchez se multiplican pese a las trampas y marrullerías de su dimisión

 

Pedro Sánchez en La Moncloa la semana pasada

En las últimas horas, el Ejecutivo suma nuevas vías de agua en el ámbito doméstico, judicial, parlamentario e internacional. El plan del presidente para revitalizarlo no ha tenido efecto

El «punto y aparte» que anunció Pedro Sánchez el lunes de la semana pasada no ha servido para taponar las vías de agua que acumula un Gobierno que aún no ha cumplido el medio año de vida. Más bien al contrario, en las últimas horas al casco de su embarcación se le han abierto nuevas grietas.
 
La confirmación del fracaso de la gira europea del presidente en busca de países que reconozcan el Estado de Palestina a la vez que España; el expediente abierto por la Junta Electoral Central al CIS por su encuesta flash de la semana pasada; la decisión del juez instructor del caso Begoña de encomendar la investigación a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil; la comparecencia de José Luis Ábalos en la comisión de investigación sobre la trama corrupta en el Senado; el incidente diplomático con la República de Argentina provocado por el ministro Óscar Puente.
 
También, el tercer informe de las Cortes contra la ley de amnistía; la convocatoria de una nueva manifestación contra esa norma; y Carles Puigdemont reiterándole a Sánchez que, o gobiernan los dos, o no lo hará ninguno. El Gobierno ni siquiera pudo disfrutar, este lunes, de la noticia de que España haya superado por primera vez los 21 millones de empleados. Puesto que el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, recordó a los socialistas que urge un ajuste para reducir el déficit público y que la baja productividad sigue siendo un lastre para la economía española.
 
En lo que se refiere al Estado palestino, el Consejo de Ministros de este martes no aprobará aún su reconocimiento, como había pedido Yolanda Díaz al presidente. Pero sí será antes de las elecciones europeas. En cualquier caso, este lunes quedó confirmado que, como adelantó El Debate, solo Irlanda reconocerá Palestina a la vez que España.
Tanto Sánchez como el primer ministro irlandés escribieron en sus cuentas de la red X sendos mensajes aludiendo a ese inminente reconocimiento coordinado. En abril, Sánchez se reunió con los mandatarios de Noruega, Irlanda, Portugal, Eslovenia, Malta y Luxemburgo y mantuvo contactos con los de Estonia, Polonia, Finlandia y Grecia. Trató de persuadir a todos ellos de la importancia de una acción conjunta en la UE, pero solo en el irlandés encontró el apoyo que buscaba.
Pedro Sánchez y el primer ministro de Irlanda, Simon Harris

Pedro Sánchez y el primer ministro de Irlanda, Simon HarrisFernando Calvo

Este lunes también se reunió la Junta Electoral Central y decidió abrir un expediente contra el CIS y contra su presidente, José Félix Tezanos, por el sondeo que elaboró a propósito de la carta de Sánchez a la ciudadanía. En él preguntaba por la independencia de los jueces y hacía una estimación final de voto para las generales en plena campaña de las catalanas. El domingo, en una entrevista en El País, el propio presidente defendía a Tezanos: «Le podrá gustar más o menos, pero es un catedrático de Sociología».
Pero es que la JEC fue más lejos y también ordenó a TVE compensar al resto de partidos por la entrevista que la cadena pública le hizo al líder del Ejecutivo en el prime time del lunes de la semana pasada, horas después de anunciar que se quedaba. El PP denunció, al hilo de ambas decisiones, que el Gobierno «hace de la manipulación institucional su bandera».
 
En paralelo, el caso Begoña sigue su curso. El juez que ha abierto diligencias previas contra la mujer del presidente, Juan Carlos Peinado, no se ha plegado a las presiones del Gobierno ni de la Fiscalía (que recurrió ante la Audiencia Provincial de Madrid solicitando el archivo del caso). Este lunes se conoció que Peinado ha encargado la investigación a la UCO de la Guardia Civil, que es también la unidad que lleva dos años tratando de desbrozar la trama corrupta vinculada a la operación Delorme.
Ilustración del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña Gómez

Ilustración del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su mujer, Begoña GómezÁngel Ruiz

A este último respecto, a los socialistas les podría ir aún peor de no ser porque José Luis Ábalos fue una tumba en su comparecencia en la comisión de investigación del Senado. El exministro de Transportes hizo todo lo posible por evitar comprometer lo más mínimo al partido en el que ha militado 43 años y que ahora le tiene suspendido de militancia de forma cautelar. «Yo no voy a defender a nadie, pero no voy a acusar a nadie», anunció al comienzo. Y eso hizo. No obstante, el solo hecho de ver a Ábalos declarando sobre Delcy Rodríguez y sobre los contratos del Gobierno en pandemia en la Cámara Alta fue un trago para el PSOE.
A mayores, el Gobierno y el PSOE se esforzaron ayer por cerrar filas en torno a Óscar Puente en público, cuando en privado algunos empiezan a preguntarse si el ministro de Transportes no está yendo demasiado lejos en su papel de «dóberman». Puesto que, esta vez, sus excesos verbales no se han quedado en un asunto doméstico, sino que han provocado un incidente diplomático con un país en el que operan más de 130 grandes empresas españolas.
 
Este lunes, el Gobierno de Javier Milei dio por zanjado el episodio por boca de su portavoz, Manuel Adorni, Pero no sin antes reiterar que un ministro extranjero no puede acusar al presidente argentino de drogarse.
 
Por la tarde, el Senado hizo público otro informe contra la amnistía, que se suma a los emitidos por el CGPJ, los letrados de la Comisión de Justicia del Congreso y los letrados del Senado. Y también a las objeciones expresadas por los juristas de la Comisión de Venecia, aunque el Ejecutivo tratara de enmascararlas.
 
El letrado adscrito a la comisión parlamentaria que lleva la tramitación de la norma en la Cámara Alta, Eugenio de Santos, alertó negro sobre blanco de «distintas infracciones que afectarían a principios y derechos fundamentales tanto de la Constitución como de los tratados de la Unión Europea y a obligaciones impuestas por el Derecho de ésta». Entre los que citó el principio de legalidad en materia penal, el de seguridad jurídica, el de igualdad, el derecho a la tutela judicial efectiva y a la defensa y la vulneración de las obligaciones impuestas por el Derecho de la UE en materia de terrorismo y de protección de los intereses financieros de la Unión.
Por si fuera poco, el PP anunció una nueva manifestación en contra de la ley para el día 26 de mayo, cuando probablemente ya haya sido aprobada de manera definitiva por el Congreso. A los populares no les será difícil superar la discreta cifra de 12.000 manifestantes que congregó el PSOE hace diez días en Ferraz, cuando supuestamente Sánchez estaba a punto de dimitir

Al PSOE, le interesa centrar la opinión en un descerebado sicópata como lo es Óscar Puente.


El ministro Óscar Puente (i), saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d)
El ministro Óscar Puente, saluda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez 

Óscar Puente, ministro de nariz rota y coderas, no está ahí para espantar a viejas y chiquillos, ni siquiera para que veamos más guapo y demócrata a Sánchez, sino simplemente para que no miremos a Sánchez. Aquí estamos, ya ven, hablando de Óscar Puente, que va suelto por las redes como el que va suelto de barriga y hace peinetas y calvos intercontinentales que nos enemistan con Argentina, aunque igual podría habernos enemistado con Lepe.

Óscar Puente, zapatón y bocamangón, es el gancho que hace falta para el tocomocho o para la estampita, se haga el broncas o se haga el tonto, pero no cree uno que haya que estar diciendo todo el tiempo que es impropio tener un ministro que torpea o babea o se caga encima así. En realidad, es el ministro que mejor cumple su cometido, que es que hablemos de él y no del jefe. Sánchez puede haberse proclamado generalísimo tristísimo, con la gorra a media asta como su corazón o su nardo, pero no vamos a preocuparnos por la democracia pudiendo preocuparnos por los modales. Esto, por cierto, podría firmarlo Zapatero, otro que va con estampita o con bote, como Lina Morgan.

Óscar Puente, que sólo es un ministro con tirachinas y cojín de pedos, ni siquiera es esa gran baza o debilidad que permite por fin contradecir, refutar o negar a Sánchez. Por mucho que Puente mastique fango con su dentadura como de madera (esa cosa de cojo desdentado de barco pirata que tiene él), por mucho que Puente insulte como en aquella guerra de Gila, por españolísima y secular escasez, nadie contradice, refuta o niega a Sánchez como el propio Sánchez.

Puente es importantísimo ahora para el presidente, porque con él parece que se empata o se borra lo de Sánchez

Recordar a Sánchez, entrecomillar a Sánchez, mirar cómo Sánchez, ahora igual que antes, nos descubre la maravilla de que lo democrático siempre coincide con lo que lo mantiene a él en el poder, incluso aunque contradiga lo que era democrático hace un año o hace un rato, incluso aunque resulte imposible que sea democrático, como pretender que los jueces no puedan investigar a tu santa; eso, Sánchez en retrospectiva, Sánchez sin memoria, Sánchez sin principios, Sánchez siguiendo punto por punto el manual del autócrata con borloncitos, eso es lo que importa, no lo que Puente tuitea con los calzoncillos por los tobillos. Por eso hay que olvidar a Puente.

Puente es importantísimo ahora para el presidente, porque con él parece que se empata o se borra lo de Sánchez. Puente está ahí, como con una metralleta de salivazos, para que lo único que se pueda alegar contra Sánchez sean las boqueras del ministro, disculpables, en todo caso, por su ardor de mosquetero demócrata. Por ejemplo, decir que Milei se mete es automáticamente disculpable porque es extrema derecha trumpista y patillosa. Así el fango se santifica y se convierte en un arma de la democracia, como cualquier cosa que pase por el filtro doméstico de Sánchez, ese filtro que tiene colocado en el colchón de la Moncloa y que yo imagino como un filtro de lavadora, lleno de pelusas del ombligo y de principios perdidos igual que calcetines desparejados. Ayuso con el hermano y el novio haciendo ya como pósteres de Falcon Crest, las acusaciones a la señora de Feijóo, las declaraciones también de Feijóo mandando a las mujeres a fregar, la ONU como cuatro particulares interesados y la Comisión de Venecia aplaudiendo la amnistía; todo esto no es fango sino, quizá, como decía aquel que ahora pasa la escoba por los bares y la bayeta por los micrófonos, jarabe democrático, jarabe democrático creativo.

La única escapatoria que ve Sánchez es intentar controlar la justicia, los medios y lo que haga falta para tapar su decadencia

En realidad lo que pasa es que la máquina de fango se vende mal, por mucho que Sánchez vaya puerta por puerta con sudor de sombrero y de bolsillos, como el que antes vendía aspiradoras o enciclopedias, o el que ahora compra almas para Jehová o para la telefonía. La máquina de fango se vende mal porque nadie compra ya fotonovelas ni yogurteras, ni máquinas que te lo hacen todo en el bricolaje, en la cocina o en la cama, que todo eso ya sabemos que está entre lo demodé y la estafa. Eso de que la democracia dependa del control de la justicia y de los medios justo cuando al líder le investigan a la señora y al partido, eso ya no hay quien lo compre.

En el extranjero volvemos a inspirar cachondeo y tipismo condescendiente, y sólo les falta decir que nos gobierna un dictador disfrazado de torero, como alguno dijo de Tejero. Y aquí, en España, se están descolgando creyentes que se sienten idiotas y periodistas caídos del guindo, y al peronismo discotequero de Sánchez sólo parece quedarle su público de siempre, como el que tienen la teletienda o Benidorm, en este caso los enchufados, los mamados y los soplasopas.

La máquina de fango no se vende bien, sólo está ahí como una absurda moto de agua en la Moncloa. Sánchez está más débil que nunca y ni siquiera veo que Illa lo pueda salvar, que pactar con ERC significaría la venganza de Puigdemont y pactar con Puigdemont significaría el despecho de ERC. Así está Sánchez, sin socios y sin más apoyo en las calles que sus propios militantes juramentados y cuatro culturetas folclóricos que saldrán para cualquier cosa con tal de sacar la peineta izquierdista.

La única escapatoria que ve Sánchez es intentar controlar la justicia, los medios y lo que haga falta para tapar su decadencia y poder repetir su milagro. De nuevo, no lucha por una democracia que cada vez tiene menos pudor en negar, sino por su supervivencia. Lo que ocurre es que nunca ha estado tan desesperado, y por eso nunca ha sido tan peligroso. Óscar Puente es tan importante que habría que dejar inmediatamente de hablar de él.

 

Puigdemont, hijo adoptivo del pujolismo es un terrorista de Hamás en el exilio.

El pujolismo es el proyecto político de sectores de la burguesía, pequeña burguesía y clase media de renta alta, así como de componentes importantes de la Iglesia en Cataluña, que intenta movilizar a amplios sectores de la sociedad catalana, incluyendo sus clases populares, con el objetivo de alcanzar una cohesión multiclasista alrededor del concepto de nación catalana, que definen como incluyente. Ni que decir tiene que el pujolismo, como proyecto político, tiene muchos otros componentes que han sido ampliamente debatidos en los medios de información. Pero poco se ha escrito sobre las bases sociales más importantes e influyentes que definen sus políticas bajo el manto nacionalista. Este tipo de nacionalismo, por cierto, es distinto, incluso antagónico, al nacionalismo español de las clases dirigentes en España (cuya expresión más acentuada está reflejada en el proyecto político que podríamos definir como aznarismo).

Dar por supuesto que será posible un nuevo Estado actuando como si Cataluña ya fuera un sujeto soberano es el mayor engaño con que los soberanistas encandilan a sus fieles

La expresión como si ha sido usada en filosofía para denotar aquellas hipótesis, ficciones o metáforas ideadas por las teorías filosóficas (pero también por la religión e incluso por la ciencia) para explicar ciertas realidades. Por ejemplo, concebimos la materia como si estuviera compuesta de átomos, pensamos el yo como si fuera una substancia, hablamos de la evolución como si se tratara de un progreso hacia formas cada vez más valiosas. Ni los átomos ni la substancia ni el progreso son realidades tangibles, pero nos sirven para explicar lo que percibimos como real.

La política nacionalista catalana tiene mucho de esa forma idealista de pensar. El pujolismo ha sido una política del como si. Las famosas estructuras de Estado, ahora básicas para llevar adelante el proyecto soberanista, no son una novedad. Desde que Jordi Pujol accedió al poder, la Generalitat ha venido actuando como si fuera un Estado y, desde esa ficción, ha ido constituyendo las estructuras pertinentes. Un ejemplo es el de la televisión pública. Puesto que la concesión por parte de la Administración española se hacía esperar, TV-3 empezó a emitir en un marco de alegalidad hasta que la autorización se hizo firme. No sabemos a ciencia cierta si Cataluña es una nación, pero todas nuestras instituciones son nominalmente “nacionales”. Tenemos dos lenguas oficiales, pero sólo el catalán es utilizado por la Generalitat como lengua propia. Cataluña no es un Estado independiente, pero muchos ayuntamientos catalanes exhiben la estelada como única enseña del país. Poco a poco y como quien no quiere la cosa, la Generalitat se ha ido dotando de estructuras que no sólo acrecientan considerablemente el gasto público, sino que han jugado un papel decisivo en la potenciación del imaginario colectivo que ha cultivado el sentimiento nacional.

Ahora, con el proyecto independentista, la creación de estructuras de Estado ha venido a ser el objetivo imprescindible para la constitución real de un Estado propio. Y ahora más que nunca se quiere seguir actuando como si el Estado catalán ya fuera una realidad. En el ámbito de la filosofía, el idealismo no es problema. Pero la política no puede situarse en mundos ficticios. Tiene que lidiar con la realidad pura y dura si se propone transformarla.

No entenderlo es persistir en el círculo vicioso en que parece encontrarse el movimiento independentista. A saber: para poder constituirse como un Estado propio, Cataluña debiera ser ya un sujeto soberano, pero no podrá serlo hasta que tenga un Estado propio, es decir, hasta que alguien autorice ese cambio. Si el 27-S hubiesen los independentistas, no servirá de nada ir construyendo nuevas estructuras de Estado si estas son sucesivamente recurridas ante el Tribunal Constitucional y dejadas en suspenso. Con razón empiezan a decir ahora desde Junts pel Sí que las nuevas estructuras de Estado se crearán pero no se activarán hasta que se consiga la independencia. Ahora que la cosa va en serio, no se puede seguir actuando como si ya fuéramos un Estado. Primero hay que conseguir tener un Estado. Para lo cual hay que negociar. Negociar internamente, pues la CUP, decisiva para conseguir mayoría absoluta, es partidaria de declarar la independencia sin encomendarse a nadie. Son los únicos que ven claro que o Cataluña negocia con el Estado español desde una posición de igualdad —dos Estados soberanos— o saldrá perdiendo en la negociación.


Dar por supuesto que será posible poner en pie un nuevo Estado empezando a actuar como si Cataluña ya fuera un sujeto soberano, simplemente porque el bloque soberanista ha sido capaz de formar Gobierno, es el mayor engaño con que los grupos soberanistas han encandilado a sus fieles. Ningún Estado se convierte en soberano sin el reconocimiento explícito de quienes tienen poder para otorgar el reconocimiento. Para recabar el reconocimiento hay que negociar. Incluso en el caso de que el resultado de las elecciones diera una mayoría rotunda en votos a los grupos soberanistas, la negociación sería imprescindible. Negociar es el antídoto de hacer como si la independencia ya fuera un hecho. Se ha empezado a construir la casa por el tejado. Como decimos en catalán, los independentistas han tirat pel dret, sin miramientos y sin atenerse a las reglas del juego. Volver a empezar, o tomarse más tiempo si el proyecto persiste, será irremediable. Será, además, la ocasión de rebobinar y emprender una vía —la única posible— que consiga mejoras para las finanzas catalanas, un reconocimiento satisfactorio de la singularidad catalana y un reconocimiento explícito de la pluralidad de posiciones en Cataluña.