La encuesta de GAD3 GOLPEA con crueldad a Sánchez ANTE EL ESTADO DE LA NACIÓN. El PP puede gobernar “solo”, sin Vox.

 


La encuesta de GAD3 GOLPEA con crueldad a Sánchez ANTE EL ESTADO DE LA NACIÓN. El PP puede gobernar “solo”, sin Vox.

El diario ABC ha publicado una encuesta con evidente intencionalidad política ante el debate sobre el Estado de la Nación. Gad3, la empresa que dirige Narciso Michavila, ha encaramado al Partido Popular en los 159 escaños con un porcentaje de votos del 36,3%. El PSOE, a pesar del éxito de la OTAN, se derrumba hasta los 98 escaños y el 24,3% del voto. Unidas Podemos, sin Pablo Iglesias, bascula desde los 35 escaños de las elecciones de 2019 hasta los 18. Ciudadanos desaparece y Vox retrocede desde sus 52 escaños actuales hasta los 39.

 Por Juan Pardo

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Las cifras resultan especialmente elocuentes. El Partido Popular, con la suma de los escaños de Vox, roza los 200 escaños, pero el PP no quiere pactos con los ultras. La suma de PSOE y UP se reduce a 116. De celebrarse hoy las elecciones se produciría una conmoción política en la vida española. No se trata de subrayar solo el cambio de Gobierno sino la catástrofe electoral de Pedro Sánchez. El cambio está servido.

Queda un año y medio de legislatura. Está claro que el sanchismo no va a permanecer con los brazos cruzados. No es aventurado pensar que, a costa de los Presupuestos Generales del Estado y de las ayudas europeas, derramarán en los próximos meses un suculento maná para conquistar votos populares. Es decir, para comprarlos, según el criterio de algunos. Y, por otra parte, que los expertos digitales del PP extremen las precauciones. El PSOE democrático jamás haría una trampa electoral, pero algún sector del Partido Comunista tiene una visión muy distinta de la democracia. Para ese sector no existe democracia verdadera si no gobierna la clase mayoritaria. Y para conseguir su victoria todo está justificado.

 

A Pedro Sánchez, en fin, ante el debate parlamentario de estos días sobre el Estado de la Nación, ABC y Gad3 le han clavado un rejón en todo lo alto.

Por Juan Pardo

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Feijóo con 160 escaños podrá gobernar en solitario



Tres meses después de ser elegido presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo tiene motivos para ser optimista en su carrera por suceder a Pedro Sánchez en el Palacio de La Moncloa. Según refleja la encuesta de GAD3 para ABC, el líder de los populares ganaría las próximas elecciones generales con un apoyo del 36 por ciento de los votos, porcentaje superior a la última victoria de la formación en unos comicios, la que obtuvo Mariano Rajoy en junio de 2016, cuando logró el 33 por ciento de los sufragios.


El PP obtendría ahora entre 155 y 159 escaños en el Congreso, a una veintena o menos de la mayoría absoluta. Además, los populares sumarían holgadamente mayoría de investidura o gobierno con Vox, ya que el sondeo otorga a los de Santiago Abascal entre 37 y 39 diputados, descendiendo desde los 52 con los que cuentan actualmente en la Cámara Baja pero, a diferencia de lo que ocurrió en 2019, formando una mayoría para el centroderecha en el Parlamento. Un bloque en el que ya no estaría Ciudadanos (Cs), que perdería sus diez asientos y desaparecía de la política nacional.

Caída de más de 20 escaños

Como es natural, las buenas noticias para Feijóo y el PP son malas para Sánchez y el PSOE. De celebrarse hoy las elecciones, que tendrán lugar, si no hay adelanto, entre finales de 2023 y principios de 2024, el secretario general de los socialistas perdería el poder, tras un lustro en la Presidencia. El sondeo de GAD3 para este diario le otorga la segunda posición en las urnas con entre 94 y 98 escaños, frente a los 120 que obtuvo en noviembre de 2019 y que le permitieron, pacto con Unidas Podemos mediante, permanecer como jefe del Ejecutivo, adonde llegó en 2018 tras la moción de censura contra Rajoy. El PSOE pasaría, además, del 28 por ciento del voto que le otorgó el triunfo hace tres años al 24 por ciento de apoyo. Unidas Podemos seguiría su camino descendente, pasando de 35 escaños a entre 16 y 18, por debajo del umbral del 10 por ciento del voto.

Hace solo siete años, con Pablo Iglesias al frente, este partido obtuvo el 20 por ciento de los sufragios y amenazó seriamente la tradicional hegemonía del PSOE en la izquierda. La formación morada quedará subsumida, previsiblemente, en la candidatura de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que el pasado viernes daba sus primeros pasos con la presentación de la plataforma Sumar. Más País, el partido de Íñigo Errejón que a buen seguro también se integrará en esa candidatura, mantendría por separado los tres escaños con que cuenta actualmente, incluidos los de Compromís, la formación valenciana que integra el Gobierno de su comunidad junto al PSOE.

Los partidos nacionalistas e independentistas, así como otros grupos minoritarios, mantendrían su actual representación. Desde ERC y Bildu, que conservarían su grupo propio, pasando por Junts Per Catalunya, que desgajado del PdeCat mantendría ocho diputados, hasta Coalición Canaria, el BNG, Teruel Existe o el Partido Regionalista de Cantabria, el partido del presidente Miguel Ángel Revilla, que seguirían con un representante cada uno en la nueva legislatura.

Nuevo escenario

En ningún caso podría repetirse la mayoría que respaldó a Sánchez, primero en la moción de censura, luego en la investidura de enero de 2020 y durante esta legislatura tanto en los dos Presupuestos Generales del Estado como en leyes tan significadas como la reforma laboral. Ni siquiera sumando a la misma a Junts Per Catalunya, con la que el presidente, a diferencia de con ERC, ha mantenido un marcado antagonismo. De hecho, el PP solo, en una situación bastante parecida a la del resultado que obtuvo Isabel Díaz Ayuso en mayo de 2021 en la Comunidad de Madrid, sumaría más escaños que toda la izquierda y los nacionalistas juntos. Feijóo podría ser investido con la abstención de Vox y/o gobernar en solitario, sin tener que sentar a Abascal en su Gabinete.

Como ocurrió en Andalucía, hay una fuerte recuperación del bipartidismo; seis de cada diez ciudadanos eligirían al PP o al PSOE

Por si todos estos datos no fueran suficientemente satisfactorios para Feijóo, el líder de la oposición obtiene la mejor valoración de los españoles, con un 5,3 de nota, siendo además el único líder político que recibe el aprobado de los ciudadanos. Sánchez obtiene un 3,5, por debajo incluso de su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, la segunda por detrás del líder popular en el ránking, con un 3,9 de valoración ciudadana. Después se sitúan, empatados con un 3,1, la líder de Cs, Inés Arrimadas, y Errejón, quedando en útimo lugar Abascal, con un 2,8.

Además de entre los votantes del PP, que le otorgan un 7,7 de nota, Feijóo aprueba entre los de Ciudadanos, que le dan un 5,3, por encima de Arrimadas, a la que suspenden los electores naranjas. El expresidente de la Xunta de Galicia se queda al borde del aprobado, con un idéntico 4,7, tanto entre los votantes del PSOE como entre los de Vox, y obtiene un destacable 4,2 entre los de Podemos. Sánchez, por su parte, recibe un 6 de los votantes del PSOE y solo aprueba también entre los de Podemos, que le otorgan un 5,9. Yolanda Díaz es calificada con un 7,5 de los electores podemitas y un 6 de los socialistas. El resto de líderes solo reciben el aprobado de sus propios electores. Los votantes de partidos nacionalistas aprueban por la mínima, con un 5,1, tanto a Sánchez como a Díaz, mientras que le otorgan un 3,4 a Feijóo.

Los votantes de Cs valoran mejor al líder del PP que a la de su partido, Inés Arrimadas; los del PSOE lo sitúan cerca del aprobado

Los datos de la encuesta avalan la teoría del cambio de ciclo político que anticipaba la histórica mayoría absoluta del PP en Andalucía, la comunidad más poblada de España, el pasado 19 de junio, y que los socialistas insisten en negar.

El sondeo confirma también otra tendencia de fondo, que se vislumbró igualmente en los comicios autonómicos andaluces, como es la fuerte recuperación del bipartidismo, aun cuando el arco parlamentario mantendría una acusada fragmentación. El PP se dispara por encima del 30 por ciento del voto, y el PSOE casi alcanza el 25 por ciento. Es decir, seis de cada diez votantes elegirían a uno de los dos grandes partidos que se vienen turnando en el Gobierno desde hace décadas. Una de las principales formaciones de la llamada «nueva política» que irrumpió en 2015, Ciudadanos, desaparecería; la otra, Podemos, sigue perdiendo representación, a la espera de si Yolanda Díaz puede actuar como revulsivo para ese espacio y el tercer partido en aparecer, Vox, detendría su crecimiento, como ya ocurrió en Andalucía, si se compara su resultado con el de las generales de 2019 en las provincias de esa comunidad.

Tampoco las formaciones vinculadas a la plataforma 'España Vaciada' lograrían crecer, más allá del solitario escaño de Tomás Guitarte, de Teruel Existe, uno de los pioneros de un movimiento que con Soria YA! irumpió en las elecciones celebradas este año en Castilla y León, pero que se quedaría por debajo de las expectativas generadas hace unos meses.

Más estabilidad

Por otra parte, el resultado significaría un cambio ideológico, de un Gobierno del PSOE con la izquierda postcomunista, a otro del PP con el apoyo de Vox, pero también un cambio sobre la naturaleza de la legislatura. Frente a un ejecutivo como el de Sánchez que por sí solo no tiene mayoría en las Cortes, y que sufre frecuentemente votaciones de infarto para sacar adelante sus proyectos, como se vio sobre todo en la accidentada aprobación de la reforma laboral, llegaría otro con una mayoría estable.

El efecto Andalucía NO aúpa al PP a La Moncloa. Depender de Vox es no gobernar.



Aunque Tarjet Point es, totalmente, socialista, no difiere en mucho las otras encuestas. En Andalucía, le daba 36 escaños y obtuvo 58.

Por Juan Pardo

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El partido de Alberto Núñez Feijóo llegaría a los 130 escaños y podría arrebatar la Moncloa a Sánchez con el apoyo de Vox, según el último barómetro de Target Point para El Debate


Si hoy fueran las elecciones, Pedro Sánchez tendría que pensar en hacer las maletas para abandonar Moncloa. Si hoy se convocaran las urnas, Alberto Núñez Feijóo ganaría los comicios con amplia mayoría –la mayor ventaja que ha tenido con el PSOE desde que es presidente del partido– y podría formar Gobierno con el apoyo de Vox.

El PP conseguiría 130-132 escaños, 30 más que los que le daban en el mes de abril, según el último barómetro de Target Point para El Debate. La crisis está golpeando con fuerza al Gobierno de Pedro Sánchez, que perdería diez diputados en tres meses y con ello cualquier opción de continuar en Moncloa. Para ello, por el momento, Feijóo tendría que pactar con Vox, que pierde peso con respecto al barómetro de abril pero que ganaría fuerza si lo comparamos con su representación actual en el hemiciclo. El partido de Abascal obtendría 54-56 diputados, muy lejos de los 73-77 que tenía en abril.
Encuesta Target Point julio escaños

El efecto Andalucía se nota en el electorado. La histórica victoria de Juanma Moreno el 19-J ha provocado que ahora el 30,6 % de los votantes piensen en meter en la urna la papeleta del PP, siete puntos más que hace 90 días. Por primera vez en lo que va de año, los populares adelantan al PSOE en este aspecto, ya que estos pierden siete décimas y se quedan con un 24,3 % de los votos.
Vox también pierde en porcentaje de voto y se tiene que conformar con un 17 %, tres puntos y medio menos que en abril. Podemos cae dos puntos en tres meses y tres con respecto a los comicios de 2019.
Encuesta Target Point julio porcentaje

La suma de derechas también se ve beneficiada. Si en abril PP+Vox, en el mejor de los escenarios, habrían juntado 176 escaños –justo lo necesario para la mayoría absoluta– mientras que ahora llegarían a 188, una mayoría más que solvente para afrontar algunas reformas.
La izquierda, sin embargo, pierde y mucho. El PSOE pasaría de los 99-103 escaños de abril a los 91-93 de ahora -actualmente cuenta con una representación de 120 diputados-, al igual que Podemos, que pasaría de los 35 escaños que obtuvo en 2019 a los 24-26 que tendría hoy. Pierde cinco diputados en solo tres meses.

Cambio de chaqueta

Mención merece también Ciudadanos, que casi desaparecería del Congreso. Arrimadas podría conseguir un diputado y ni siquiera lo tiene asegurado. Su electorado parece haber apostado por Feijóo, ya que el 37 % de los votantes naranjas metería hoy la papeleta del PP en la urna, mientras que ni uno solo optaría por la del PSOE.
Pero no son los únicos que cambian de bando. Especialmente llamativo resulta que casi el 10 % de los votantes de Sánchez en 2019 ahora avalarían a Feijóo como presidente y que solo el 51,7 % aseguran que volverían a votarle. Otro caladero de votos importante para el PP es el electorado de Vox, de donde rascaría el 13,2 % de sus votantes.
Lo que parece claro es que ha cambiado el escenario y que cuando Sánchez convoque elecciones, como muy tarde en diciembre del año que viene, habrá renovación en Moncloa.

Pedro Sánchez “quiere un debate de la nación” en el que los pobres sean su foco de atención.

 




El primer debate del Estado de la nación que preside Pedro Sánchez coincide con una etapa cuanto menos delicada en la salud de la coalición con Unidas Podemos. Sin fecha aún para la convocatoria de la comisión de seguimiento del pacto que exigió Yolanda Díaz, no parece éste el mejor de los escenarios para enfrentarse en el Congreso a uno de los debates anuales sobre política general más importantes y que llevaba sin celebrarse desde 2015.

 

Pedro Sánchez intentará, a pesar de su apuesta por incrementar el presupuesto en Defensa, transmitir la imagen de un gobierno de unidad y estabilidad con el que agotar la legislatura para llegar a finales de 2023. Y el interés de sus socios de Ejecutivo no difiere mucho de ese objetivo, siempre y cuando el presidente ponga el acento en las medidas del llamado «escudo social».

  Por Juan Pardo

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«Frente a la ligereza y la frivolidad del PP, se quiere hacer política«, dicen fuentes de Moncloa respecto al discurso de Sánchez de este martes. Explicará lo que este Gobierno «ha hecho, lo que estamos haciendo ahora mismo y lo que quiere hacer». Este último punto es importante «porque nos lleva a un horizonte de cierta lejanía, de que tiene la plena intención de agotar la legislatura», que termina a finales de 2023.

 

Y Sánchez se presentará como el jefe de un Ejecutivo «que toma decisiones pensando en la gran mayoría de este país, la clase media trabajadora, los que más sufren las consecuencias de la guerra de Putin y dirigido a las mayorías». Desde las elecciones andaluzas Moncloa y el PSOE han comenzado a poner el foco en las clases medias, acaso porque sus estudios internos apuntan a la pérdida de apoyos en esta base electoral. Ferraz concibió una campaña que bajo el lema «Gobernar para transformar», le ha añadido el subtítulo «proteger a la clase media y trabajadora», convertido en nuevo mantra monclovita.

 

Y aunque el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, no va a poder intervenir puesto que no es diputado, sí lo tendrá Sánchez sentado en los escaños populares. Por ello, «confrontará un modelo socialdemócrata, que protege a la mayoría social durante la pandemia y la guerra a un PP que recortó y dejó a la gente a su suerte» en la crisis financiera. Tras seis años en que el debate de política general no se ha celebrado, la intención es trasladar además la idea de «normalidad institucional del país».

 

Unidas Podemos quiere que Sánchez «asuma la prioridad de lo social y de la protección al ciudadano en los meses que vienen como pilar fundamental del discurso y que no se centre en explicar cosas que no cuentan con el socio de Gobierno». Se trata de evitar que «la derecha tenga balas» con las que atacar al jefe del Ejecutivo durante el debate, dicen las fuentes moradas consultadas. Por su parte, en Moncloa destacan que desde el estallido de la crisis el martes de la semana pasada, cuando Yolanda Díaz reclamó la reunión «urgente» de la comisión de seguimiento del pacto, «se han suavizado mucho las cosas, se han ido allanando».

 

La gran cuestión es hasta qué punto ir al debate sin haber convocado a la comisión de seguimiento del pacto da, precisamente, a PP, Vox y Ciudadanos artillería pesada para acusar a Sánchez de acudir a la Cámara sin el apoyo de sus socios. Los morados se malician de que el PSOE «le está haciendo pagar a Yolanda el aire con el que dijo ‘convoco de urgencia'» dicho foro, creado, precisamente, para dirimir las discrepancias en el seno de la coalición.

 

Pero tanto PSOE como Unidas Podemos desean desvincular la suerte del debate del Estado de la Nación de la comisión, para la que, hoy por hoy, no hay fecha y el calendario la va alejando. Este lunes hay Consejo de ministros y el martes, miércoles y jueves una enorme actividad parlamentaria marcada por el debate del estado de la Nación, el decreto anti-crisis, la ley de memoria democrática y la contrarreforma del CGPJ. Y el viernes por la mañana acto por las victimas de la Covid, con presencia del Rey, y por la tarde reunión con el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés.

 

Significa que, salvo que la comisión se convocara para este lunes por la tarde en plena víspera del debate, lo que no parece factible, la reunión «urgente» de Díaz no se celebrará como pronto hasta la semana del 18, se temen en Unidas Podemos. No parece que los socialistas se hayan dado mucha prisa en cerrar una fecha para debatir sobre las discrepancias surgidas en torno al presupuesto de Defesa y los 1.000 millones adicionales que va a recibir para mejora de los equipamientos militares.

 

La comisión «urgente» de Díaz no se celebrará como pronto hasta la semana del 18

 

En línea con los intentos de rebajar el tono de la disputa -tal y como se pudo ver en el acto que Sánchez e Ione Belarra compartieron para presentar un paquete de medidas contra la pobreza infantil- la idea de los morados es que el portavoz de UP, Pablo Echenique, se centre en «cuestionar a la derecha y defender la acción del gobierno», aunque no es inusual que mande algún «recado» al socio mayor de la coalición, bien sea por los gastos en defensa o por el impuesto a las eléctricas. El reto de Sánchez consistirá en apelar a la necesidad de contribuir a una política de defensa y de seguridad común sin abandonar las necesidades de índole social.

 

Además, la comisión de seguimiento no es el único foro de comunicación entre los aliados, aunque Sánchez y Yolanda Díaz llevan semanas sin hablar mano a mano, situación harto anómala entre ambos, salvo que este fin de semana se hayan puesto en contacto.

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José Guirao Cabrera, exministro de cultura sanchista ha muerto a los 64 años



José Guirao, exministro de Cultura del primer Gobierno de Pedro Sánchez, ha fallecido en Madrid este lunes a los 64 años, víctima de un cáncer, ha confirmado en un comunicado la Fundación Montemadrid, en la que trabajaba actualmente. Dedicado a la gestión cultural desde los 24 años, Guirao ha sido un referente para los diferentes ámbitos de la creación, a los que ha podido tratar desde la dirección del Museo Reina Sofía (entre 1994 y 2001) o La Casa Encendida, el invento cultural más exitoso de las últimas décadas. Después de su salida del Ejecutivo socialista se había reincorporado a la Fundación Montemadrid.

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José Guirao era el menor de cuatro hermanos de una familia de clase media de Pulpí (Almería), un pueblo en el que sigue viviendo su madre, Mercedes Cabrera, de 93 años, a la que Pepe (así se le conocía en su entorno amistoso y familiar) visitaba cada vez que podía. Como ocurre con muchos de los que han sufrido infancias enfermizas, Guirao fue un lector incansable de todo aquello que caía en sus manos: aventuras, historia, tebeos. Se los suministraban su madre y hermanos mayores o los tomaba prestados en la parroquia del pueblo.

 

Interesado por todo tipo de temas (cultura, medio ambiente, infraestructuras) y dueño de unas precoces dotes diplomáticas, Guirao fue tentado muy pronto por la política, aunque formalmente no tuvo el carné socialista hasta las últimas elecciones generales.

 

Su bautismo en el mundo de la gestión y de la política fue en Almería. Allí estuvo al frente del Área de Cultura de la Diputación Provincial entre 1983 y 1987, un cargo que le permitió el contacto directo con las necesidades culturales más básicas de la ciudadanía, desde bibliotecas hasta teatros o conservación del patrimonio. Apenas un año después se instaló en Sevilla al ser nombrado director general de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía y desde ahí saltó a Madrid para ocupar uno de los cargos intermedios más importantes del Ministerio de Cultura, la dirección general de Bellas Artes y Archivos.

 

Entre 1994 y 2001 fue director del Museo Reina Sofía, un cargo que mantuvo con gobiernos de PSOE y del PP. Fue nombrado en septiembre de 1994 por Carmen Alborch, en sustitución de María Corral. Su temple y don de gentes le permitieron pacificar un museo que en aquellos tiempos vivía entre sobresaltos. “Mi primer objetivo fue dar normalidad al museo como tal. Esa dicotomía esquizofrénica que había entre centro de arte con exposiciones temporales y museo era terrible, al margen de los asuntos más polémicos, como la colección, y creo que lo he conseguido”, contaba entonces a este periódico. Con él, el museo pasó a producir la mayor parte de sus exposiciones, con el consiguiente abaratamiento de los presupuestos y transformó radicalmente la colección permanente. Hizo posible un recorrido por el arte del siglo XX, contextualizando el arte español con el internacional a partir de Picasso, Miró, Julio González y Dalí, entre otros. Los artistas europeos pasaron a tener mucha más presencia y se atrevió a cerrar la sala dedicada exclusivamente a Julian Schnabel, una decisión que mantuvo pese a las críticas porque “tampoco tiene sala en el MOMA y no me consta que haya protestado”.

Guirao, en una entrevista en el Ministerio de Cultura cuando fue nombrado su responsable, en junio de 2018.

Su siguiente salto fue La Casa Encendida, un museo que muchos califican “de autor” porque fue allí donde supo amalgamar su interés por el arte más joven, más cosmopolita y también más modesto. La Casa se convirtió en un revulsivo en el multicultural barrio de Lavapiés (Madrid) en el que está situada. Su filosofía básica es que todo el que tuviera algo que decir, allí tenía su escenario y los medios para conseguirlo. Allí estuvo desde 2002 hasta 2014, año en el que pasó a ocuparse de la gestión integral de la Fundación Cajamadrid.

 

Su llegada al Ministerio de Cultura en junio de 2018 fue una sorpresa que rompió su tranquilidad en la Fundación. Su amiga Carmen Calvo, en ese momento vicepresidenta, le conocía bien y no dudó en dar su nombre para resolver la crisis abierta con Màxim Huerta, que dimitió poco después de ser nombrado. Valiente y trabajador, Guirao se metió en los muchos charcos del ministerio, en el teatro, la música o las artes. Al llegar las elecciones generales, hizo campaña con los socialistas por Almería.

 

Pero cuando se estaba formando el nuevo Gobierno, se llevó uno de los mayores disgustos de los últimos años. Preguntó directamente al presidente si contaba con él y Sánchez respondió que no porque buscaban otro perfil más implicado con el deporte. Guirao, que no había medrado para ser ministro, se quedó sin poder rematar los muchos proyectos que había puesto en marcha en todos los ámbitos. El sentimiento de estupor general puede resumirse en las palabras de Miguel Falomir, director del Museo del Prado: “Ha intentado ayudar en una tesitura que no era fácil”.

 

Con la desilusión también llegó el coronavirus y Guirao se instaló en su casa rural de la Vera (Extremadura), en la que pasaba largas temporadas. Allí, cuidaba de su jardín japonés y se perdía en largos paseos por el campo, solo con sus perros o junto a sus vecinos y amigos Lola Moriarty y Borja Casani. La Vera siempre fue su hogar y su refugio.

 Por Juan Pardo

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Yolanda Díaz ni podemita ni comunista, una lagarterana de Galicia.

 


La izquierda, la extrema izquierda y aledaños anda dispersa, enfrentada y desorientada. Ha perdido fuelle y se muestra como, en realidad, siempre ha sido: retrógrada; por no decir prehistórica. Cuando apareció Pablo Iglesias con su coleta, sus mugrientos vaqueros, su cara de mala leche y gritando las vetustas proclamas comunistas, los que se autodenominan "progresistas" creyeron ver a un líder con cuajo y con posibilidades de asaltar el cielo y descerrajar los Bancos. Pero abandonó la batalla, se hundió Podemos y ha quedado la nadería de Errejón y la filosofía barata de Yolanda Díaz. Porque, hay que decirlo, Pedro Sánchez ni es de izquierdas, ni tiene otra ideología que la de alcanzar el poder y enrocarse con los aliados que puedan asegurarle el cargo. Ahora abraza a los separatistas y a los herederos de ETA. Pero conviene recordar que lo intentó con Albert Rivera, aunque el centro es tan vaporoso, melifluo e inexistente que el líder de Ciudadanos se quedó a las puertas de La Moncloa sin saber qué decir, ni qué hacer. Y salió como alma que lleva el diablo, que todavía no era Pedro Sánchez.

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Y, ahora, después del cómico espectáculo de Yolanda Díaz en el Matadero hay que concluir que, en efecto, la izquierda se ha despeñado. La vicepresidenta apareció en escena como si se tratara de una estrella de rock o una diva del cine rodeada de sus "amigas de toda la vida", impecables de peluquería y tiendas de moda, retorciéndose de la risa, aplaudiéndose a sí misma y besando al que se pusiera por delante. De esta guisa presentó en sociedad "Sumar", una plataforma transversal, según ella, que no es más que el embrión de un partido político para fagocitar a Podemos y competir con el PSOE en las próximas elecciones generales. Competir, pues, con los partidos con los que forma el Gobierno. Competir con el propio presidente que tanto confía en ella. Porque a pesar de ser comunista, de proceder de IU, aspira a crear un partido "transversal" para acaparar votos de todo el espectro político. Y es que, también como Pedro Sánchez, tiene los mismos principios que Groucho Marx.

 

Pero lo que hizo y dijo Yolanda Díaz debería avergonzar a los viejos comunistas que todavía sueñan con asaltar los cielos. Sus proclamas ideológicas parecen un chiste malo; a saber, propagar la "inteligencia colectiva" o crear "un nuevo contrato social para ensanchar la democracia durante la próxima década". Unas frases que nada significan, aunque a los cursis les pueda sonar bien. Es verdad que apuntó al botín de los ricos para repartir sus dineros entre los pobres. Y también se le escapó alguna que otra idea de Podemos o de cualquier partido de la extrema izquierda, pero dichas con suavidad y sacudiendo la rubia melena. Una decepción. Porque los comunistas, como decía de Pablo Iglesias, tienen que gritar, intimidar, cabrearse con las injusticias del mundo y poner al público encrespado. Tienen que sacar de quicio a los dirigentes del PP, conseguir unos tuits incendiarios de Santiago Abascal y los más sonados insultos de los nostálgicos del franquismo, que aunque quedan cuatro son muy activos en las redes sociales.

 

La puesta en escena de Yolanda Díaz en el Matadero de Madrid, sin embargo, se quedó en un espectáculo de autobombo de una dirigente política que ha llegado más lejos de lo que nunca había soñado, mucho más lejos de lo que se merecía: a ser vicepresidenta del Gobierno y adquirir un protagonismo y una imagen que lo único que ha ensanchado es su ego. Que se cree una estadista que va a arreglar el mundo con su palabrería hueca. El acto de presentación del nuevo partido dejó en evidencia que la aparición de "Sumar" en la política española no moverá una papeleta en las urnas, pero desquiciará aún más a esa izquierda desolada y huérfana.

 

Por eso, Nuñez Feijóo se frota las manos y vaticina que más que sumar va a restar a la izquierda. El presidente del Gobierno debería espabilar y dejar de confiar en quien traicionó a Podemos y, ahora, va a por él. Y aunque todavía no lo sepa, puede estar tranquilo. Con ese estilo de diva vacía, Yolanda Díaz va a lograr los mismos escaños que Ciudadanos. No ganará al PSOE, pero tampoco sumará para formar otro gobierno de coalición. Si Pedro Sánchez quiere movilizar el voto de la extrema izquierda, que llame a Pablo Iglesias.

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