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YOLANDA DÍAZ ISCARIOTE, EN LA ENCRUCIJADA.

 


YOLANDA DÍAZ ISCARIOTE, EN LA ENCRUCIJADA

Luis María ANSON

Pablo Iglesias pasó de una manifestación callejera a cosechar más de 5 millones de votos y 69 congresistas. Se convirtió después en vicepresidente del Gobierno e impulsó la unidad de la política a la izquierda del PSOE con Sumar. Mantuvo siempre la independencia en el Gobierno de coalición y consiguió imponer al PSOE sanchista muchas de las iniciativas tomadas desde la izquierda radical. Cuando las encuestas daban a Podemos cero escaños frente a los siete de los que disponía en la Asamblea de Madrid, decidió desembarcar y la realidad es que consiguió diez, aunque Gabilondo resultara derrotado por Isabel Díaz Ayuso.

Pablo Iglesias, que había creado a Yolanda Díaz, la designó al frente de Sumar, pero su sucesora, en lugar de mantener la independencia frente a Pedro Sánchez, se entregó al líder sanchista con perfumes y bagajes, traicionando a Pablo Iglesias. Alguien la llamó certeramente Yolanda Díaz Iscariote. La pobrecilla creyó que engrandecería a Sumar con su presidencia y el resultado ha sido lo contrario. Sumar se ha resquebrajado y no representa nada o muy poco ni en el Gobierno ni ante la opinión pública. Yolanda Díaz Iscariote ha dado personalmente bastantes pasos a un lado. No es suficiente. Si la izquierda radical pretende unirse de nuevo, Yolanda Díaz Iscariote debe dimitir e irse a su casa como una militante más. La traición a Pablo Iglesias ha sido la más rotunda que se ha producido a lo largo de la democracia española. Yolanda no puede continuar, salvo que Pablo Iglesias la perdone.

Sin Podemos, Sumar tiene cerrados los horizontes electorales y se puede descomponer. Con Podemos, tal vez se restaure en parte el antiguo poder de la izquierda radical. Las espadas están en alto. Ione Belarra sabe muy bien lo que tiene que hacer: mantener la independencia de su partido y la ideología que le hizo triunfar. Yolanda Díaz también sabe lo que tiene que hacer: marcharse. Pero por el momento no parece dispuesta a asumir las consecuencias de su fracaso político.

Estrategia del PSOE. El CIS de Tezanos coloca al PSOE 5 puntos (156 diputados) por encima del PP (114 diputados)

 

Tezanos, desbocado: sitúa al PSOE a más de cinco puntos del PP

Podemos recorta distancias con Sumar y se coloca a solo dos puntos.

El CIS de Tezanos da nuevo la victoria al PSOE en su barómetro de febrero, en el que los socialistas se sitúan como primera fuerza con un 33,4 por ciento de los votos, 1,6 puntos más que en enero.

El PP lograría un 28,1 por ciento de los sufragios, 1,6 puntos menos que hace un mes. Vox alcanzaría el 13,3% mientras que Sumar obtendría el 6,4%, solo dos puntos más que Podemos, que llegaría al 4,4%.

Pedro Sánchez es el político mejor valorado con una puntuación media de 4,13; seguido de Yolanda Díaz que logra un 3,96; Alberto Núñez Feijóo obtiene una nota de 3,61, mientras que Santiago Abascal alcanza un 2,85.

En cuanto a la preferencia como presidente del gobierno, Sánchez es el favorito para el 43% de los encuestados que dan su opinión, sacando 26,7 puntos de ventaja a Feijóo, que lo es para el 16,3%, Abascal para el 11,9%, Ayuso para el 10% y Díaz para el 7,1%.

Donald Trump

El 69,6% de los españoles cree que la presidencia de Trump en Estados Unidos afectará “mucho o bastante” a la economía española. Un 17,8% asegura que afectará “poco o nada”. Y un 1,9% dice que afectará “algo”. Además, un 70,9% dice que lo hará de forma negativa y solo un 9,8% cree que afectará a la economía de forma positiva.

Los votantes de Sumar (92,4%) y del PSOE (83,6%) son los que más creen que afectará negativamente a la economía. Aunque también la mayoría de los votantes del PP (68,2%) y Vox (53%) consideran que afectará de manera negativa
a la economía española, aunque con porcentajes más bajos.

Problemas en España

El principal problema que existe actualmente en España, según los encuestados, es la vivienda (34,1%), seguido de la crisis económica que lo es para el 20%, y el paro en tercer lugar para el 20%.

Al preguntar por los problemas que afectan de manera personal a los encuestados la crisis económica y los problemas de índole económica están en primera posición para el 30,1%, la vivienda en segundo lugar (22,2%) y la sanidad en tercera posición para el 19,4%.

Situación económica

El 62,5% por ciento de los españoles considera que su situación económica personal en la actualidad es muy buena o buena frente al 26,1% que afirma que es mala o muy mala. Al preguntar por la situación económica general de España, el 37,1% la considera muy buena o buena frente a un 54,5% que dice que es muy mala o mala.


A Pedro Sánchez, la marioneta de Carles Puigdemont, se le complica "EL PODER"

 Sánchez confirma que se reunirá más de una vez con Puigdemont y Junqueras  tras aprobar la ley de amnistía

Con solo siete escaños, un prófugo de la Justicia, acusado de perpetrar un golpe de Estado, juega desde Waterloo con el presidente del Gobierno. En pleno delirio político, Carlos Puigdemont ha conseguido suspender un Consejo de Ministros, aplazarlo unas horas y manejarlo después. No se puede pedir mayor alarde, máxime si tenemos en cuenta que el señor Puigdemont es un presunto delincuente perseguido por la Justicia española.

A Pedro Sánchez le acosan seis partidos políticos: Podemos, Sumar, Bildu, PNV, Junts y ERC. Cada uno de ellos dispone de diputados suficientes para hacer prosperar una moción de censura que desmonte al presidente de su cabalgadura monclovita. A Pedro Sánchez no le queda más remedio que atender a los seis, aparte de mantener con el BNG suaves palabras. A Sumar, alianza de quince partidos de extrema izquierda y de izquierda, lo tiene en el Gobierno y le ha otorgado una vicepresidencia y varios ministerios de relieve. A Bildu le ha concedido la alcaldía de Pamplona, el acercamiento de presos etarras y suculentas prebendas económicas. Al PNV, le mantiene en el poder en el País Vasco y le embadurna de dinero y otras concesiones. A ERC le ensalza por todo lo alto tanto en Cataluña con Salvador Illa como en Madrid.

Y ante Junts ha caído genuflexo para hacer cuanto le pida el prófugo golpista Carlos Puigdemont, que abusa una semana sí y otra también y que ha llegado efectivamente a manejar al propio Consejo de Ministros.

Negar a Pedro Sánchez habilidad política sería cometer una grave injusticia. El líder socialista hace encaje de bolillos para que las relaciones con los seis partidos de los que depende funcionen adecuadamente. Y lo está consiguiendo, si bien comprometiendo en algunas ocasiones el bien común y la dignidad de España. Puigdemont se frota las manos. Sabe que el Tribunal Constitucional terminará por respaldar la amnistía que le concedió Sánchez y que el Tribunal Supremo rechazó. Y cubiletea con el líder socialista, como el gato con el ratón, comprometiendo cada uno de los proyectos de ley o decretos que el presidente auspicia.

Todos los políticos, por cierto, también la opinión pública, conocen la situación, pero, entre las debilidades de algunos, las torpezas de otros y los juegos malabares de Carlos Puigdemont, España permanece ingobernada y con Pedro Sánchez, socialdemócrata en Europa, frentepopulista en España, dispuesto a arribar al puerto de las elecciones generales, pero en 2027. Y veremos qué ocurre entonces.

Sumar era Pablo Iglesias que se lo traspasa a Yolanda por dinero. Hoy, ninguno es nada. ¡VOTANTES ENNORTADOS¡

Qué pasa ahora tras la dimisión de Yolanda Díaz como coordinadora de Sumar  | Onda Cero Radio

Sumar era Yolanda, la espera de Yolanda, la duda de Yolanda, el blanco de Yolanda, la nada de Yolanda, que ahora ya es una nada pura, sin referencias, como un caballete vacío. Sumar era la alegoría de Yolanda, Yolanda oyendo caracolas, Yolanda paseando entre el pueblo como entre magnolios, Yolanda ensabanada de mármol, peinada por amorcillos, coronada por faunos, o sea que Sumar ahora es como un capitel decapitado o un tapiz con las musas huidas igual que comadres. Sumar era Yolanda, que a su vez era una operación de Sánchez, el intento de hacer un Podemos de fresa y nata, de tener un Pablo Iglesias monjil robado precisamente a Pablo Iglesias, una izquierda siseante y bordona que dijera las mismas cosas de siempre pero como desde el fondo de un pozo de los deseos, de un espejo mágico o de un lago con dama, sombrilla y barquita. Sumar era toda la izquierda metida en el delantalillo de Yolanda, donde había migas para pájaros y la promesa de ministerios como moras recién cogidas. Sumar era Yolanda con cántaros de leche, que ahora son añicos.

La primera vez que vi a Yolanda se derretía al sol del Matadero de Madrid, y así ha estado hasta ahora, derritiéndose poco a poco bajo su melena como una estatua de cera o como Leticia Sabater, que yo creo que ya en aquella crónica hacía la comparación. La adultez infantilona, el infantilismo zangolotino, siempre han sido ridículos, en la política y en la vida, y allí la vicepresidenta de las “cosas chulísimas” hablaba de “un día de alegría y de fiesta”, de “cariño” y de “ternura”, como una cuentacuentos vestida de muñecota. Yolanda, bajo aquel sol de carromato que aún recuerdo castigándome, se presentaba ella, o presentaba Sumar, como un circo ambulante de la izquierda lleno de falsas maravillas, falsos niños perversos como enanos perversos y realísima pobreza material o mental. Reinventar la izquierda es como reinventar el martillo, pero reinventarla como fiesta de cumpleaños de una chiquilla ya me parecía un insulto para la propia izquierda, que al menos antes daba venerables macarras.

Hacer un nuevo Podemos sin Podemos y una ultraizquierda de chicle era más la intención de Sánchez que de Yolanda, que yo creo que ella no se daba ni cuenta de su verdadero papel

Hacer un nuevo Podemos sin Podemos y una ultraizquierda de chicle era más la intención de Sánchez que de Yolanda, que yo creo que ella no se daba ni cuenta de su verdadero papel, de su sitio, viéndose allí arriba, montada en el unicornio de su sombra. Yo creo que ella pensaba de verdad que era la primera que iba a escuchar a la gente, algo que nadie había intentado en serio, e inició un proceso que llamo avispadamente “de escucha”, y que le daba aires de pastorcilla hablando con las ovejas. Luego, después de hacerse querer, de dudar, de deshojar la margarita de sus propios suspiros y sus propios lazos, que ya le hacían como nieve alrededor de sus piececitos; luego, en fin, como casi todos, se convenció de que lo que le pedía la gente era justo lo que ella siempre quiso hacer, que el pueblo, de alguna manera, siempre retumbó dentro de ella como una gran cascada salvaje. Con esa autoridad autoadjudicada y casi ancestral quiso asumir toda la izquierda, y lo curioso es que lo consiguió. 

La nueva nueva izquierda, o nueva vieja izquierda, necesitaba unidad, o mejor dicho liderazgo o hegemonía (es un viejo chiste ya que lo de la izquierda unida es un oxímoron), así que Yolanda podía, a la vez, negar los personalismos y presentarse como guía y salvadora. Aun con vetos (Irene Montero no representaba tanto una izquierda fallida o falsa sino antiestética, con sus pederastas liberados y su fanatismo clitórico), casi toda la izquierda asumió el liderazgo natural o sobrenatural de Yolanda, que a mí eso me sigue pareciendo el mayor triunfo de toda esta operación de Sánchez. Sería la superstición de los sondeos, o sería la figura alada que proyectaba Yolanda con sus mangas de ángel y sus moños y polisones de molinera, o la desesperación de una izquierda que volvía a agonizar en los purismos, las purgas y el radicalismo, pero Sumar, que no era nada, apenas un sol de cartulina sostenido por una niña bajo aquel sol industrial del Matadero, de repente era (casi) toda la izquierda a la izquierda de Sánchez.

Sumar era Yolanda, el aleteo de Yolanda, el frufrú de Yolanda, el verbo de Yolanda como en un sueño, bello y absurdo. Sumar era hasta el bolsito de Yolanda, que le llevaba una secretaria detrás, entre la carrera y la reverencia, como se lleva una corona real en un cojín, según vi en otra ocasión, en otra de las apariciones de Yolanda entre magia y ventoleras, que ahora que lo pienso Yolanda se aparecía como Céline Dion. Aun después de la huida de Podemos, casi toda la izquierda, milagrosa o sospechosamente, parecía de Yolanda. Pero Yolanda, en los tablaíllos y en la vicepresidencia, seguía siendo esa muñecota de la izquierda con canesú y mantecosidad, más caricatura que alegoría y más morisqueta que fundamento. Sánchez le ha ido dejando sitio, porque si no la operación no funciona (Sánchez desde luego no necesitaba a Yolanda para cargarse las relaciones con Israel), pero Yolanda vestía en el Gobierno y naufragaba en las urnas como una barquita en Sanxenxo.

Sumar era Yolanda, hasta Yolanda Díaz era sólo Yolanda, como la marca de harina que corresponde a una política enharinada igual que una monja enharinada, la monja que buscaba Sánchez. Aún seguirá de vicepresidenta, siendo esa vela blanca o negra de la izquierda que se larga en la bancada azul, que tampoco es cuestión de retirarse a un monasterio de la izquierda, a un bar de torreznos como Iglesias. No le salió mal la operación a Sánchez, pero la decadencia de la izquierda, loca de wokismo, superstición e irrealidad, ha coincidido con la nulidad política que era en el fondo, o desde el principio, Yolanda. Sí, Sumar era Yolanda pero Yolanda era nada y ahora la izquierda y Sánchez tendrán que buscar otro mesías u otra sirena.

Yolanda Díaz quiere limitar los aforamientos y prohibir los indultos a condenados por corrupción.

 

Yolanda Díaz quiere limitar los aforamientos y prohibir los indultos a condenados por corrupción.


Íñigo Errejón y Yolanda Díaz, en el Congreso.

Íñigo Errejón y Yolanda Díaz, en el Congreso. EP

La vicepresidenta segunda del Gobierno, durante una reunión del grupo parlamentario de Sumar en el Congreso ha propuesto, por un lado, reformar la figura del indulto para prohibir que se conceda a condenados por corrupción, y por otro limitar y restringir el aforamiento de cargos públicos, así como desplegar un órgano independiente que evite presuntas tramas corruptas.

Específicamente, Yolanda Díaz ha remarcado que ya "ha llegado la hora" de modificar la legislación que regula el indulto en España para que no se pueda aplicar nunca a casos de corrupción. Tras subrayar que le resulta "llamativo" que esta restricción de la medida de gracia no se haya aplicado ya en España, Díaz ha manifestado que desde el año 1996 se han producido más de 10.000 indultos, y que fue el expresidente popular José María Aznar quien más concedió a condenados por corrupción (139).

También ha apuntado la necesidad de restringir la figura del aforamiento, no solo en la clase política sino en otras instituciones del Estado, hasta llegar a un "número brutal" de aforados, al criticar que se utiliza como una especie de protección extra en casos de corrupción. A su vez, ha reivindicado la creación y despliegue de un organismo independiente para la prevención de posibles conductas corruptas en el ámbito de la administración, dado que es una recomendación del Grupo de Estados contra la Corrupción del Consejo de Europa (GRECO).

En este sentido, Díaz ha manifestado que es necesario salir de la dinámica del 'y tú más' en el que se han enfrascado PP y PSOE a raíz del "Caso Koldo", con reformas destacadas para combatir la corrupción y luchar contra ella "antes de que se produzca". También ha desgranado que esta pregunta trama de mordidas en la compra de mascarillas durante la pandemia es un "bochorno", con unos "golfos" aprovechándose del momento complicado del país, que erosiona la confianza de la ciudadanía sobre la política.

Nadie pensaba que SUMAR acabaría restando. Las femes y el sexo confundido les han abandonado.

 


Lo de Podemos y Sumar en Galicia ha sido muy fuerte. Tan fuerte que puede terminar con esta legislatura demencial y cochambrosa.

Victoria contundente del PP. Gran resultado de la señora Pontón, del BNG. Ridículo del PSG. Extravagante triunfo en Orense de su partido local. Vox no consiguió ni un escaño. Creo que se desorientó en su empecinamiento. Sabía que no, pero intentó el sí a sabiendas de sus escasas posibilidades de triunfar en Galicia. Y dos tragedias, la de Sumar y la de Podemos. Yolanda Díaz se quitó de encima a la señorita Lois, y la señorita Lois no pudo con la losa de Yolanda Díaz, que en Galicia la conocen mejor que el Papa, que Garamendi y que Pedro Sánchez. Errejón, su escudero, se presentó en Santiago para valorar el resultado de las elecciones, pero no dio la cara. Y Podemos certificó su defunción nacional. Maravilloso el tuit que le dedicó desde su silla capitalina el argentino importado Echenique a su fracasada candidata, Isabel Faraldo, que perdió todas las posibilidades de obtener un escaño desde el mitin que protagonizó Irene Montero. «Gracias infinitas a Isabel Faraldo, y a toda la militancia maravillosa de Podemos Galicia, que han levantado una campaña ejemplar a pulso. A pesar de los resultados, sois las que sujetáis el hilo rojo y morado de la historia, bajo un sol radiante o bajo una noche de luna». Echenique, es usted más cursi que un sobre con un mechón de cabello de su primera novia, que la letra de «El día que me quieras» en la versión de Carlos Gardel, que una gacela de marfil, que una espalda de nácar, que unos labios de rubí, que una mirada encendida, que una luna habitada por los pitufos, que una pitillera de concha, que un sombrero de cazador con plumas de arrendajo y oropéndolas, que un perrito con abrigo, que un meñique alzado al tomar por el asa la taza del café, y que el mueble-bar instalado por Sánchez en el salón principal de La Marismilla, «bajo un sol radiante o bajo una noche de luna».
Lo de Podemos y Sumar en Galicia ha sido muy fuerte. Tan fuerte que puede terminar con esta legislatura demencial y cochambrosa. Los pélets. Ignoro si Isabel Faraldo ha recogido pélets en las playas como Yolanda Díaz. De haberlo hecho, tendría que haber sido acompañada por usted, bajo el sol radiante o bajo una noche de luna. De luna llena y noche estrellada, porque los pélets son muy pequeñitos, berberechos de plástico.
Y tampoco han conseguido escaños los de Pacma, que se dan el morrón en todas las elecciones. Permítame, Echenique, un desahogo coloquial, de la calle que ustedes no pisan, y de la España que ustedes ignoran, porque no la conocen. Los gallegos han tenido el buen gusto de mandarles a ustedes, los señoritos de Podemos, y a Sumar, la de los modelitos, al carajo. Y permítame, ya que me ha permitido lo previamente escrito, decirle que me alegro una barbaridad, porque ustedes, que son los mismos, unos y otros, los belarras y los yolis, muy responsables de haber convertido a España en la nación con más tontos y resentidos del mundo. Pero hasta los más tontos y más resentidos han decidido seguir haciendo el tonto y extendiendo sus resentimientos en otra parte. Y lo siento, Echenique, aunque no se lo crea, y hará bien en no creerlo. Me preocupa usted y su futuro. Su retorno a Argentina con Milei no lo tiene muy claro. Y su permanencia en España, bajo un sol radiante o una noche de luna, no parece tener otro futuro que el de convertirse en un parásito más de la sociedad de los vagos. Le recomiendo que se reconcilie con Errejón, que lleva el mismo camino, y que se olvide de la pareja de Galapagar, que esos, al menos, han hecho huchita.
En fin, que los gallegos han demostrado una vez más inteligencia, listeza y sentido común.

El Gobierno celebra como una victoria su nueva rendición y humillación ante Puigdemont

Pedro Sánchez mira el panel de votaciones en el Senado

Pedro Sánchez mira el panel de votaciones en el SenadoEFE

El Ejecutivo salva dos de sus tres decretos ley gracias a un pacto muy caro con Junts. El agónico pleno certifica que Sánchez preside un Gobierno intervenido por un prófugo de la Justicia

La realidad política superó a la política ficción en el pleno del Congreso de este miércoles, celebrado excepcionalmente en el Senado por obras en el hemiciclo de la Cámara Baja. Un acuerdo agónico entre el PSOE y Junts –otro más– permitió a Pedro Sánchez evitar el desmoronamiento de los tres primeros decretos ley de la legislatura, lo que habría supuesto un mazazo de imprevisibles consecuencias.
No obstante, derrota del Gobierno sí hubo, aunque parcial: cayó un decreto ley de los tres y se salvaron el llamado decreto ómnibus y el de medidas anticrisis. Un mal menor para lo que podría haber sido. «Bien está lo que bien acaba», señaló el presidente a la salida. Además, el PSOE endosó el fracaso sin ningún disimulo a Yolanda Díaz y a su guerra con Podemos. El partido de Ione Belarra –y de Pablo Iglesias– ajustó cuentas con la líder de Sumar tras su ruptura nada amistosa y derribó el decreto ley de la reforma del subsidio de desempleo.
El precio que Sánchez pagó a Junts para que no participara en ninguna de las tres votaciones y favorecer así la convalidación de los decretos ley fue altísimo. Lo de menos es ya el coste para la credibilidad de un Gobierno que, hasta horas antes, negaba la posibilidad de retirar del decreto ómnibus el artículo que pone en riesgo la amnistía, según los de Carles Puigdemont. Por arte de magia, este miércoles accedió a eliminarlo durante la tramitación parlamentaria del decretazo, ya como proyecto de ley.
 
Entre las cesiones del PSOE al partido independentista figura el traspaso a Cataluña de las competencias en materia de inmigración. Pactado con una formación que, hace un mes, culpó a los inmigrantes de los malos resultados de Cataluña en el informe PISA. También figura algo que el PP lleva meses pidiendo al Gobierno: la supresión temporal del IVA del aceite de oliva. De hecho, ésta fue una de las condiciones que los populares pusieron al Ejecutivo cuando el ministro Félix Bolaños tanteó a Cuca Gamarra a principios de semana para conocer su disposición a apoyar, al menos, el decreto anticrisis. La respuesta del Gobierno fue no. A eso y a todo lo demás.
La portavoz de Junts, Míriam Nogueras

La portavoz de Junts, Míriam NoguerasEFE

La rapidez con la que el PSOE ha concedido a Junts lo que lleva meses negándole al PP viene a confirmar, según los populares, la teoría de Alberto Núñez Feijóo: Sánchez nunca ha pretendido negociar nada con el principal partido de la oposición. El propio Feijóo compareció al final del pleno para mostrar su incredulidad. «España no se merece este esperpento de desgobierno», lamentó.

Un Gobierno intervenido

El angustioso pleno que vivieron el PSOE y Sumar este miércoles fue la demostración práctica de que no hay geometría variable posible en esta legislatura. Lo que hay es un Gobierno con 147 escaños y al que le falta 29 para la mayoría absoluta, cuyas decisiones están intervenidas por un prófugo de la Justicia afincado en Bruselas. Sánchez no podrá liberarse de los grilletes de Junts ni siquiera gobernando por decreto ley. Ya no digamos cuando tenga que negociar la aprobación de proyectos de ley, de esos que hay que llevar al Congreso para su tramitación, con enmiendas de los grupos parlamentarios.

El error del Gobierno, que a punto estuvo de costarle una derrota muy grave este miércoles, ha sido iniciar esta legislatura como si nada hubiera cambiado respecto a la anterior. Entonces, el Consejo de Ministros aprobaba decretos ley sin consultar más que con él mismo y ERC, el PNV y Bildu se enfadaban por el «trágala» de Sánchez, pero solo un poco: el presidente casi siempre conseguía camelárselos.

Ni Junts se parece a ERC ni es lo mismo tener a Podemos dentro del Gobierno que fuera

Sin embargo, en esta legislatura han cambiado muchas cosas. En primer lugar, Junts se ha convertido en un socio inevitable. Y Junts ni se parece ni quiere parecerse lo más mínimo a ERC. Ya dijo su portavoz, Míriam Nogueras, durante el debate de este miércoles: «Recuerden que estamos aquí por Cataluña, no por ustedes ni por el Reino».
En segundo lugar, Podemos ha salido del Consejo de Ministros y no ha tardado en demostrar que si quiere hacer daño puede hacerlo. Mucho. No obstante, su guerra no es contra el Gobierno en general, sino contra Yolanda Díaz en particular. Y en tercer lugar, el Ejecutivo tiene enfrente un poderoso bloque de oposición que suma 171 escaños, así que la barrera está muy alta.
Aunque los socialistas trataron de disimularlo, durante la jornada vivieron muchos nervios. No obstante, nunca perdieron la fe, a la fuerza ahorcan. Ahora se entiende mejor por qué el martes la ministra portavoz y el nuevo ministro de Economía pusieron tanto empeño en no molestar a Puigdemont ni desautorizar su propuesta de multar a las empresas que no quieran volver a Cataluña: en paralelo estaban negociando una reforma en la Ley de Sociedades (lo que han pactado finalmente) para incentivar a las empresas que se marcharon durante el procés y ahora decidan volver.
Por la mañana de este miércoles casi nadie estuvo pendiente del debate de los tres decretos ley porque lo importante estaba pasando fuera: el PSOE y Junts cruzaban llamadas y conversaciones lejos de los focos, en un ambiente de máximo secretismo.
Nadie sabía lo que estaba pasando, y de hecho durante horas circuló el rumor de que los siete diputados de Puigdemont habían votado en contra de los tres decretos ley. Fue un comentario críptico del ministro Bolaños a seis minutos del cierre de la votación telemática lo que empezó a cambiarlo todo: «Nos sobran seis minutos», afirmó con una sonrisa en la boca. Horas después se supo que hablaba en serio: les sobraban esos seis minutos, aunque a los socialistas les faltan relajantes para el ritmo cardiaco si la legislatura sigue a este ritmo, como parece.

 

El Gobierno Frankenstein, las cucarachas de Pedro Sánchez que pronto le escupirán.

Nicolás Redondo Terreros

«Seguro de que en el PSOE no se va a mover ni una mosca porque están todos en la nómina que Pedro Sánchez, desde su poder absoluto, les ha concedido»


Nicolás Redondo Terreros

Ilustración de Alejandra Svriz.

La noticia de la fulminante expulsión de Nicolás Redondo Terreros del PSOE, ese partido que fue refundado en los años setenta gracias, en gran medida, a la labor y a la personalidad de su padre, Nicolás Redondo Urbieta, y en el que ha militado desde hace 47 años, me ha hecho recordar unos episodios de mi vida que están unidos a la trayectoria del socialista hoy expulsado y que creo que pueden explicar algunas de las causas de la deriva que ese partido ha tomado.

En 2000 el PP ganó las elecciones con mayoría absoluta y fui elegida Senadora por Madrid. Después también fui elegida presidenta del Senado y, al mismo tiempo, fueron elegidos los dos vicepresidentes: Alfredo Prada, senador por León, del PP y Javier Rojo, senador por Álava, del PSOE. Estos dos vicepresidentes tuvieron su protagonismo en los dos episodios que voy a relatar.

En julio de aquel año fue elegido secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero y, si hacemos caso a su primer biógrafo autorizado, el periodista leonés Óscar Campillo, el triunfo de Zapatero sobre su rival, José Bono, por sólo nueve votos, se debió a las maniobras que llevaron a cabo Pepiño Blanco y José Luis Balbás.

A la vuelta de las vacaciones de verano, a finales de agosto, Prada me explicó que Zapatero había sido compañero suyo y de su mujer en la Facultad de Derecho de la Universidad de León y que, aunque no eran muy amigos, habían tenido siempre una relación cordial y habían coincidido con frecuencia. Me preguntó si me apetecía conocerle y, por supuesto, le dije que sí. De manera que, poco después, a principios de septiembre, Prada me concertó un encuentro con el entonces nuevo líder socialista y vino a comer conmigo mano a mano al Senado.

La comida se prolongó en una larga sobremesa, hasta el punto de que a mí me sorprendió que no tuviera prisa por marcharse. Cuando se fue, sobre las seis de la tarde, mis colaboradores más cercanos vinieron a preguntarme qué impresión me había causado el entonces muy desconocido Zapatero. Les dije que me había parecido guapo, simpático, educado, agradable, que sabía escuchar, que me había declarado que su primer objetivo era acabar con el rencor en las relaciones entre los políticos y, les añadí, que, sobre todo, «creía en España».

Aquellas palabras mías han sido después objeto de bromas y de expresiones del estilo de «¡que Santa Lucía te conserve la vista!». Sin embargo, los primeros meses de Zapatero al frente del PSOE parecieron confirmar aquella primera impresión mía. En diciembre de ese mismo año, a iniciativa del PSOE de Zapatero, PP y PSOE firmaron el «Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo», conocido también como Pacto Antiterrorista. Y durante todo aquel invierno Zapatero apoyó sin fisuras a Nicolás Redondo Terreros, que era el Secretario General del Partido Socialista en el País Vasco y su candidato a lehendakari en las elecciones autonómicas que iban a celebrarse en mayo de 2001. Unas elecciones a las que los socialistas y el PP, liderado por Jaime Mayor Oreja, se presentaron con el compromiso de llegar a un acuerdo para desalojar a los nacionalistas de Ajuria Enea. Fueron las elecciones de la foto de Fernando Savater levantando los brazos de Nicolás y de Jaime, en el mitin del Kursaal de San Sebastián, lleno de público.

«Hay quien dice que el cambio de actitud de Zapatero vino provocado por el famoso artículo de Cebrián a los pocos días de aquellas fallidas elecciones de mayo de 2001»

Y ahora aparece el otro vicepresidente del Senado, el alavés Javier Rojo. Pocos días antes de las Navidades de 2001 me pide hablar conmigo de la situación en el Partido Socialista del País Vasco. Rojo había sido hasta entonces el más entusiasta partidario de la unión de PSOE y PP frente a los nacionalistas y, sobre todo, frente a los terroristas. Habíamos ido juntos a Málaga al entierro del concejal del PP José María Martín Carpena, asesinado por ETA, y recuerdo su desconsuelo. Lo que me quería decir y me dijo es que Nicolás había tenido que dimitir de sus cargos en el Partido Socialista del País Vasco por no estar de acuerdo con las órdenes que venían de Ferraz de acabar con las buenas relaciones con el PP. Dicho en cristiano, a Redondo Terreros le habían echado. También me anuncia que será Patxi López su sustituto y Jesús Eguiguren el cerebro de la nueva línea que va a tomar su partido. Desde ese mismo momento, y en contra del Pacto Antiterrorista, Eguiguren inició sus contactos y negociaciones con la cúpula de ETA.

Patxi López tiene en común con Nicolás que los dos son hijos de dos sindicalistas de la UGT clandestina de tiempos de Franco. Pero ahí se acaban los parecidos porque Patxi carece de formación académica y todos sus sueldos —algunos muy suculentos— los ha ganado de la política, mientras que Nicolás es un abogado, formado en la Universidad de Deusto y que, a partir de aquella primera expulsión, ha sido muy capaz de ganarse la vida y, por consiguiente, tener libertad para decir lo que piensa y no lo que le mandan decir.

¿Qué había pasado para que el Zapatero que conocí en el 2000, el que apoyó la unión de populares y socialistas frente al nacionalismo, unos meses después echara a Nicolás para colocar a un indocumentado como López y a un condenado en firme por maltrato a su mujer como Eguiguren?

Hay quien dice que el cambio de actitud de Zapatero vino provocado por el famoso artículo de Cebrián en El País a los pocos días de aquellas fallidas elecciones de mayo de 2001, «El discurso del método», en el que criticaba esa unión y se mostraba partidario de que el PSOE siguiera cultivando las relaciones con el PNV. Tesis que luego desarrolló junto a Felipe González en el libro El futuro no es lo que era, publicado en octubre de 2001, en el que, además, acusan a Zapatero de blandura en sus relaciones con el PP, afirman que en el PP hay muchos restos de franquismo y abogan por llevar a cabo una revisión de la historia para denunciar los crímenes de Franco.

No sé qué es lo que llevó a Zapatero a cambiar de actitud, pero, sí sé que, desde aquellas Navidades de 2001 hasta hoy, no ha parado de profundizar en esas líneas y con él, su sucesor Sánchez. Que está llevando esos principios hasta el final. Por eso no le tiembla el pulso a la hora de expulsar a Nicolás, seguro de que en el PSOE no se va a mover ni una mosca porque están todos en la nómina que él, desde su poder absoluto, les ha concedido.

P.S. Al recordar todo esto me he vuelto a encontrar con el nombre de Eguiguren, que es, en sí mismo, una enmienda a la totalidad de todas esas llamadas feministas que han colaborado con el PSOE sin exigir que lo expulsaran del partido por maltratador. Es muy sintomático de lo que estamos viviendo que el PSOE hoy esté feliz con un maltratador en sus filas y expulse a una persona que defiende el espíritu de reconciliación de la Transición y de la Constitución de 1978. Es lo que hay.

 

Yolanda Díaz, Sumar pide que se hable catalán, euskera y gallego en el congreso.

 

Sumar pide cambiar la norma y poder hablar en catalán, euskera o gallego en el Congreso

La líder de Sumar, Yolanda Díaz, ha anunciado este miércoles que quieren pedir una reforma del Reglamento del Congreso para que en el Congreso y el Senado se pueda hablar en las lenguas cooficiales. «Es un modelo que tiene encaje constitucional. Lo vamos a someter a debate», ha asegurado en una entrevista en TVE.

«Esto es un avance hacia un país que es plural y diverso y que gana derechos para las distintas identidades que tenemos. Es clave que todas las formaciones políticas estén a la altura de las necesidades del país», ha añadido la ministra de Trabajo en funciones.

En este sentido, se ha preguntado «por qué no vamos a poder expresarnos en estos idiomas» y ha recalcado que «la diversidad es nuestra mayor riqueza». Por ello, «lo vamos a llevar a debate con los grupos y en el reglamento de la Cámara», porque es una norma de la Cámara que «debemos cambiar”.

Díaz, que ha reconocido que están negociando con los grupos catalanes y con otros grupos «para facilitar la investidura» de Pedro Sánchez, ha informado de que desde Sumar están trabajando con el PSOE en la negociación de un acuerdo de Gobierno.«Para Sumar es muy importante los contenidos, queremos una España mejor, queremos más derechos laborales, más sanidad pública, más educación pública», ha señalado. En definitiva, ha remarcado, «queremos más financiación, que tiene que venir de la mano de una reforma profunda de los ingresos públicos».

Yolanda Díaz, una comunista de alta moda y buen paladar.

Furor en la izquierda por Yolanda Díaz, la ministra que 'hace sombra' a  Iglesias
La izquierda, la extrema izquierda y aledaños anda dispersa, enfrentada y desorientada. Ha perdido fuelle y se muestra como, en realidad, siempre ha sido: retrógrada; por no decir prehistórica. Cuando apareció Pablo Iglesias con su coleta, sus mugrientos vaqueros, su cara de mala leche y gritando las vetustas proclamas comunistas, los que se autodenominan "progresistas" creyeron ver a un líder con cuajo y con posibilidades de asaltar el cielo y descerrajar los Bancos. 
 
Pero abandonó la batalla, se hundió Podemos y ha quedado la nadería de Errejón y la filosofía barata de Yolanda Díaz. Porque, hay que decirlo, Pedro Sánchez ni es de izquierdas, ni tiene otra ideología que la de alcanzar el poder y enrocarse con los aliados que puedan asegurarle el cargo. Ahora abraza a los separatistas y a los herederos de ETA. Pero conviene recordar que lo intentó con Albert Rivera, aunque el centro es tan vaporoso, melifluo e inexistente que el líder de Ciudadanos se quedó a las puertas de La Moncloa sin saber qué decir, ni qué hacer. Y salió como alma que lleva el diablo, que todavía no era Pedro Sánchez. Y, ahora, después del cómico espectáculo de Yolanda Díaz en el Matadero hay que concluir que, en efecto, la izquierda se ha despeñado. La vicepresidenta apareció en escena como si se tratara de una estrella de rock o una diva del cine rodeada de sus "amigas de toda la vida", impecables de peluquería y tiendas de moda, retorciéndose de la risa, aplaudiéndose a sí misma y besando al que se pusiera por delante. De esta guisa presentó en sociedad "Sumar", una plataforma transversal, según ella, que no es más que el embrión de un partido político para fagocitar a Podemos y competir con el PSOE en las próximas elecciones generales. 
 
Competir, pues, con los partidos con los que forma el Gobierno. Competir con el propio presidente que tanto confía en ella. Porque a pesar de ser comunista, de proceder de IU, aspira a crear un partido "transversal" para acaparar votos de todo el espectro político. Y es que, también como Pedro Sánchez, tiene los mismos principios que Groucho Marx. 
 Los fichajes de Yolanda Díaz para Sumar tensionan la relación con sus  socios | El Periódico de España
 
Pero lo que hizo y dijo Yolanda Díaz debería avergonzar a los viejos comunistas que todavía sueñan con asaltar los cielos. Sus proclamas ideológicas parecen un chiste malo; a saber, propagar la "inteligencia colectiva" o crear "un nuevo contrato social para ensanchar la democracia durante la próxima década". Unas frases que nada significan, aunque a los cursis les pueda sonar bien. Es verdad que apuntó al botín de los ricos para repartir sus dineros entre los pobres. Y también se le escapó alguna que otra idea de Podemos o de cualquier partido de la extrema izquierda, pero dichas con suavidad y sacudiendo la rubia melena. Una decepción. Porque los comunistas, como decía de Pablo Iglesias, tienen que gritar, intimidar, cabrearse con las injusticias del mundo y poner al público encrespado. Tienen que sacar de quicio a los dirigentes del PP, conseguir unos tuits incendiarios de Santiago Abascal y los más sonados insultos de los nostálgicos del franquismo, que aunque quedan cuatro son muy activos en las redes sociales. 

La izquierda, la extrema izquierda y aledaños anda dispersa, enfrentada y desorientada. Ha perdido fuelle y se muestra como, en realidad, siempre ha sido: retrógrada; por no decir prehistórica. Cuando apareció Pablo Iglesias con su coleta, sus mugrientos vaqueros, su cara de mala leche y gritando las vetustas proclamas comunistas, los que se autodenominan "progresistas" creyeron ver a un líder con cuajo y con posibilidades de asaltar el cielo y descerrajar los Bancos. Pero abandonó la batalla, se hundió Podemos y ha quedado la nadería de Errejón y la filosofía barata de Yolanda Díaz. Porque, hay que decirlo, Pedro Sánchez ni es de izquierdas, ni tiene otra ideología que la de alcanzar el poder y enrocarse con los aliados que puedan asegurarle el cargo. Ahora abraza a los separatistas y a los herederos de ETA. Pero conviene recordar que lo intentó con Albert Rivera, aunque el centro es tan vaporoso, melifluo e inexistente que el líder de Ciudadanos se quedó a las puertas de La Moncloa sin saber qué decir, ni qué hacer. Y salió como alma que lleva el diablo, que todavía no era Pedro Sánchez.


Y, ahora, después del cómico espectáculo de Yolanda Díaz en el Matadero hay que concluir que, en efecto, la izquierda se ha despeñado. La vicepresidenta apareció en escena como si se tratara de una estrella de rock o una diva del cine rodeada de sus "amigas de toda la vida", impecables de peluquería y tiendas de moda, retorciéndose de la risa, aplaudiéndose a sí misma y besando al que se pusiera por delante. De esta guisa presentó en sociedad "Sumar", una plataforma transversal, según ella, que no es más que el embrión de un partido político para fagocitar a Podemos y competir con el PSOE en las próximas elecciones generales. Competir, pues, con los partidos con los que forma el Gobierno. Competir con el propio presidente que tanto confía en ella. Porque a pesar de ser comunista, de proceder de IU, aspira a

  crear un partido "transversal" para acaparar votos de todo el espectro político. Y es que, también como Pedro Sánchez, tiene los mismos principios que Groucho Marx.


Pero lo que hizo y dijo Yolanda Díaz debería avergonzar a los viejos comunistas que todavía sueñan con asaltar los cielos. Sus proclamas ideológicas parecen un chiste malo; a saber, propagar la "inteligencia colectiva" o crear "un nuevo contrato social para ensanchar la democracia durante la próxima década". Unas frases que nada significan, aunque a los cursis les pueda sonar bien. Es verdad que apuntó al botín de los ricos para repartir sus dineros entre los pobres. Y también se le escapó alguna que otra idea de Podemos o de cualquier partido de la extrema izquierda, pero dichas con suavidad y sacudiendo la rubia melena. 

 

Una decepción. Porque los comunistas, como decía de Pablo Iglesias, tienen que gritar, intimidar, cabrearse con las injusticias del mundo y poner al público encrespado. Tienen que sacar de quicio a los dirigentes del PP, conseguir unos tuits incendiarios de Santiago Abascal y los más sonados insultos de los nostálgicos del franquismo, que aunque quedan cuatro son muy activos en las redes sociales.


La puesta en escena de Yolanda Díaz en el Matadero de Madrid, sin embargo, se quedó en un espectáculo de autobombo de una dirigente política que ha llegado más lejos de lo que nunca había soñado, mucho más lejos de lo que se merecía: a ser vicepresidenta del Gobierno y adquirir un protagonismo y una imagen que lo único que ha ensanchado es su ego. Que se cree una estadista que va a arreglar el mundo con su palabrería hueca. El acto de presentación del nuevo partido dejó en evidencia que la aparición de "Sumar" en la política española no moverá una papeleta en las urnas, pero desquiciará aún más a esa izquierda desolada y huérfana.


Por eso, Núñez Feijóo se frota las manos y vaticina que más que sumar va a restar a la izquierda. El presidente del Gobierno debería espabilar y dejar de confiar en quien traicionó a Podemos y, ahora, va a por él. Y aunque todavía no lo sepa, puede estar tranquilo. Con ese estilo de diva vacía, Yolanda Díaz va a lograr los mismos escaños que Ciudadanos. No ganará al PSOE, pero tampoco sumará para formar otro gobierno de coalición. Si Pedro Sánchez quiere movilizar el voto de la extrema izquierda, que llame a Pablo Iglesias.

 

La puesta en escena de Yolanda Díaz en el Matadero de Madrid, sin embargo, se quedó en un espectáculo de autobombo de una dirigente política que ha llegado más lejos de lo que nunca había soñado, mucho más lejos de lo que se merecía: a ser vicepresidenta del Gobierno y adquirir un protagonismo y una imagen que lo único que ha ensanchado es su ego. Que se cree una estadista que va a arreglar el mundo con su palabrería hueca. 
 
 
El acto de presentación del nuevo partido dejó en evidencia que la aparición de "Sumar" en la política española no moverá una papeleta en las urnas, pero desquiciará aún más a esa izquierda desolada y huérfana. Por eso, Núñez Feijóo se frota las manos y vaticina que más que sumar va a restar a la izquierda. El presidente del Gobierno debería espabilar y dejar de confiar en quien traicionó a Podemos y, ahora, va a por él. Y aunque todavía no lo sepa, puede estar tranquilo. Con ese estilo de diva vacía, Yolanda Díaz va a lograr los mismos escaños que Ciudadanos.
 
 No ganará al PSOE, pero tampoco sumará para formar otro gobierno de coalición. Si Pedro Sánchez quiere movilizar el voto de la extrema izquierda, que llame a Pablo Iglesias.

Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor









Yolanda Díaz, para sobornar su fracaso propone escuelas de poliamor

 Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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Blog de Juan Pardo

El Matadero de Madrid parece las ruinas mismas de la revolución fabril, un túmulo de ladrillo rojo donde el antiguo obrero ha sido expulsado por colmenas, acuarelistas y paseantes. Yolanda ha buscado la catedral, ese Matadero que parece Manchester en una fiambrera, antes que buscar las ideas, y también ha buscado las pegatinas antes que el programa, esas palabras bonitas que ella unía como si fueran imanes de nevera: unión e ilusión, solidaridad y derechos, y así. Sumar va a ser, me parece, básicamente unir palabras bonitas con lacitos y echarlas a volar soplando. O unir gente también así, con lacito de abracito. “Un día de alegría, un día de fiesta”, había anunciado Yolanda, un poco entre Leticia Sabater y Miliki. Esa debe de ser la diferencia, ir con alegría, con mojasellos de besos y con un peto de guardería, porque lo demás que escuchamos, los estribillos, las quejas, las soluciones confundidas con objetivos o con sueños, son los que hemos escuchado toda la vida, igual en las fiestas del PCE con modorra de cantautores, en las plazas del 15-M con sentadas indias o en la revolucioncita de carpetilla de Pablo Iglesias. Yolanda lo único que parece que le ha añadido a la izquierda de siempre es unas tremendas ganas de poliamor.

 

En la Plaza del Matadero, la gente esperaba a Yolanda bajo un sol menestral, un sol de peonada, 35º para que el obrero sudara su condición o la izquierda sudara su compromiso. No parece muy buen augurio esto de que los que van a reorganizar la izquierda y el país no hayan sido capaces de prever ese solazo a la hora del solazo. Pero la gente, con conciencia de clase, iba buscando la sombra por las esquinas y dejando estampas como de tapia mexicana. Señores de coletas canas, como magos grises, profesorado comprometido, grunge sobrevivido, rasputines y jubilados, funcionariado muy cafetero, jóvenes de todas las identidades identitarias, cada una como de una tribu espacial, uno que provocaba con una camiseta quinqui de Perros callejeros y otro que llevaba en la suya una ecuación que iba como desintegrándose en ceniza o calderilla (a lo mejor era la fórmula mágica de la izquierda). Todos allí, abanicándose unas canillas finísimas, los tatuajes negros y los moños de varias clases y nudos, y mirando aquel escenario un poco escolar, lleno de sol como una sábana al aire.

 

Aun sin partidos y sin líderes, que es lo que quiere Yolanda, hablar ella sola con la gente por la celosía de su confesionario, como una regenta inversa; aún así, decía, aquello se iba llenando. Una chica me dijo que se había escapado de la asamblea de Más Madrid de La Latina que había a la misma hora, y yo pensé que esta izquierda que quiere tanta suma ya se estaba contraprogramando mucho antes de que vuelen los cuchillos. Mientras la sociedad civil más bien se derretía, veíamos por allí a Juan Carlos Monedero, vestido como de rociero sin carreta, sin duda buscando sombra, toldo, cobijo en esta nueva esperanza de la izquierda. Y a James Rhodes, ese pianista inglés despistado que aún confunde la política con el tocino de cielo, que a lo mejor tampoco es tan diferente a lo que piensa Yolanda. “Vamos a morir aquí”, decía alguien, exagerando sin duda el sacrificio que le pide Yolanda a la sociedad para que le diga cosas, la ilumine y la lance. Lo que pasa es que, luego, resulta que la sociedad civil eran cinco o seis que venían con ella.

 

Con el sol más aplacado y Yolanda como una sirena que viraba un poco, según la luz, en arenque, el acto empezó por fin. La sociedad civil ya digo que eran unos cuantos que venían con ella, como damas de honor o como la banda de música de una Virgen sevillana. La sociedad civil, ya ven, resulta que está perfectamente clasificada y numerada, como en los palcos de ópera. Venía cada uno de un ramo o de un gremio, todos activistas, todos izquierdistas (la sociedad civil de derechas es un oxímoron) y todos absolutamente previsibles. El que venía de la enseñanza pedía enseñanza pública de calidad, el que venía de la sanidad pedía sanidad pública de calidad, la que venía del activismo climático pedía salvar el planeta, el que venía del emprendimiento pedía pasta, y la que venía del feminismo optó por un modo telepredicador que juntó la racialidad con la justicia social y unos como aleluyas que daban ganas de comprarle un rosario milagroso. O sea, que esta sociedad civil ya me parece a mí bastante escuchada, bastante repetida y bastante evidente, sobre todo en eso de confundir los objetivos con las soluciones. Los salarios dignos, la justicia social, la educación de calidad y todo eso, son objetivos. Las soluciones serán las que nos permitan conseguirlos sin renunciar a otros objetivos, o equilibrando otros objetivos. Pero esta izquierda los nombra y ya las da por hechas, que ya se conseguirá del dinero de los ricos. Todo es cuestión de voluntad política, no de gestión de recursos. Es, ya digo, la misma izquierda de siempre. Si no fuera por el poliamor de Yolanda.

 

Cuando Yolanda, que estaba allí como en su trono frutal como una reina de la vendimia, tomó el micrófono se saltaron los ojos y los ojales. Necesitamos “querernos”, necesitamos “cariño”, necesitamos “enormes dosis de ternura”, hasta Europa deberá ser “afectiva”. Sumar va, por lo visto, de eso. Yolanda nos manda a todos a querernos, y sí, también a pensar mientras nos queremos. Nosotros vamos a ser los protagonistas, ahí como pulpos del amor, con inteligencia emocional y gustillo retráctil; y nosotros, amándonos y pensándonos, luego le transmitiremos a ella las verdades de la vida, que ella se encargará de materializar. O algo así. En la izquierda no quedaba ya nada por inventar, salvo esta dimensión poliamorosa. La sociedad civil, o esa que trae Yolanda, ya dice lo que ha dicho la izquierda siempre, y lo sabemos porque la escuchamos en el Matadero, hablando tan ordenadamente como niños en catequesis (las preguntas y respuestas eran como del catecismo). La izquierda es la que es, sólo quedaba esto del poliamor y eso de la madre escuchante que ya sabe perfectamente qué va a escuchar.

 

La nueva revolución, sin partidos, sin líderes, consiste sólo en Yolanda en el confesionario, escuchando a los activistas que, como las beatonas, cuentan lo mismo siempre. Eso, más el amor, la ternura, el quererse con esa intensidad inigualable de después de los porros, sin duda. Y no hay más. Es la izquierda de siempre, más pegajosa que nunca, sin una idea nueva, y aún más vaga, porque ahora el líder no tiene ni que pensar, ya pensará por ella la mente colmena, que se le aparecerá convenientemente en forma de sindicalista invitado o activista agendada. La izquierda había intentado las armas, los pucherazos y los mesías zumbones, pero quedaba intentar lo del poliamor. Lo mismo de siempre, pero con poliamor. Claro que la gente aplaudía mucho, cómo no. Se ilusionaban, les palpitaban los tatuajes y cimbreaban los largos pendientes de la rebeldía o de la seducción, sabiendo que allí volvía a estar, donde estuvo siempre, la salvación del mundo, pero además con ese amor silvano, pagano y vivificador. “Muy bonito todo”, resumía una chica mientras la gente salía del Matadero, no sé si a asaltar otra vez los cielos o a casarse todos con todos después de chupar setas.

Por Juan Pardo

juanpardo15@gmail.com

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