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El juez Peinado dispuesto a registrar Moncloa e investigar a Bolaños por malversación y falso testimonio. ¡Ya está bien¡

 

El juez Peinado propone al Supremo investigar a Bolaños por malversación y falso testimonio.

(Foto: EFE/ Fernando Alvarado)
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Declaró como testigo en abril en la investigación sobre la contratación de la asistente de Begoña Gómez.

El juez Peinado, titular del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, ha propuesto al Tribunal Supremo investigar al ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, por malversación y falso testimonio en relación con la contratación de una asesora de la mujer del presidente del Gobierno.

Considera el magistrado que existen "indicios razonables, sólidos y cualificados" de que Bolaños, cuando era secretario general de Presidencia, pudo incurrir en ambos delitos -el de malversación en calidad de coautor- y por ello ha elevado una exposición razonada al Tribunal Supremo para que decida si lo investiga, ya que el ministro es aforado.

En su resolución, fechada el 23 de junio y a la que ha tenido acceso EFE este martes, Peinado ve indicios de malversación en el nombramiento de la asesora Cristina Álvarez al considerar que fue contratada con fondos públicos, si bien realizó funciones de carácter "estrictamente privado" en atención a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez.

Peinado, que alude a Bolaños como el "ahora investigado" a pesar de que la decisión de investigarle dependerá del Tribunal Supremo, sustenta el presunto falso testimonio en que el ministro faltó a la verdad en su declaración como testigo el pasado 16 de abril, donde -dice- omitió "con reticencias maliciosas, las correctas contestaciones, que respondieran a una verdad, que conocía, cuando se le han hecho preguntas, como testigo, y bajo juramento".

Tras declarar en abril, el juez reprochó al ministro que "contestara con evasivas" y sonriera durante su declaración como testigo en la investigación sobre la contratación de la asistente de la mujer del presidente del Gobierno.

Además de a Begoña Gómez y a Cristina Álvarez, el juez investiga a otras tres personas en esta causa: el empresario Juan Carlos Barrabés, el rector de la Universidad Complutense, Joaquín Goyache; y el exconsejero madrileño y directivo del Instituto Empresa Juan José Güemes.

María Jesús Montero, a la deriva. Su novio, también forma parte de la banda de Ábalos.

 

María Jesús Montero, en Alcorcón.
María Jesús Montero, en Alcorcón. | EUROPA PRESS

María Jesús Montero con pompones de serpentina, como una colegiala borracha de chicles de fresa, pachuli de guapo y lejía de vestuario. María Jesús Montero con palmadas palmípedas, como una mascota de parque de atracciones, como un muñeco con platillos, como la que hace albondiguillas de política como de las sobras. María Jesús Montero con herencia andaluza de corrupción, harapos, arabescos y moscas, como el pozo de un cortijo lorquiano, con el pobre siempre en la boca como una colilla pero siempre fabricando más pobres como si hiciera obleas de cura y vino de consagrar. María Jesús Montero con mojiganga y orzuelo, con aire en la boca y mal de ojo bizco, con retruécano y solecismo, con las haciendas y los millones públicos como si fueran perdigonazos de saliva. María Jesús Montero es el sanchismo, ese PSOE que fue antes cualquier cosa, chavismo con zahón, susanismo con peineta, morería del poder, chinche del pobre, y ahora sólo es la secta de colchoneta de Sánchez.

María Jesús Montero está consagrada a Sánchez como una vestal vieja, como la vieja aya de la casa, entre leches y cataplasmas, con las manos enharinadas de muchos rezos, muchos destripamientos y muchas albondiguillas, ya digo, que por eso se les han quedado tiesas y agrietadas, panificadas ya en moho. Montero ha salido ahora a dar ánimos y a inflar falacias para Sánchez, antes de que los soplones, los hampones, los gorrones y los empresarios y empresarias de éxito que le brotan al presidente igual que un acné de guapo vuelvan a cantar o a callar ante los jueces. Lo de Montero es normal y a la vez extraordinario. Aunque todo el PSOE sea ahora esa corte de abanicadores, peinadores y croqueteros alrededor de un Sánchez de culo bailón y asultanado, Montero es especial. Montero no viene de ese seminario de sanchistas con tonsura, hilillo de voz y kárate blando de hisopo, como Félix Bolaños, ésos que salen vírgenes y empollados a hacer apostolado. Montero ha atravesado todos los socialismos eternos o nuevos, del aciago socialismo andaluz, ese orgulloso imperio de la pobreza, al inexistente socialismo de Sánchez, esa secta de ambiciosos y cagones, y lo ha hecho siempre con la misma devoción y la misma actitud.

Yo diría que sólo queda María Jesús Montero sirviendo en la casa de esta manera, como una institutriz o una envenenadora. Y quizá Patxi López, aunque él ha ido cambiando, decayendo, eclipsándose hasta parecer el convaleciente de socialismo que parece ahora, como el convaleciente de una enfermedad coronaria, de alguna algia política y sentimental. Zapatero, por supuesto, está fuera de las escalas, él ya no hace política de partido sino que se limita a orbitar el infinito encendiendo incienso sobre su cinismo como el que enciende incienso en el retrete. Montero no es que sea la más creyente, ni la más fiel, ni la más exaltada, ni la que toma más cafeína o más anís con los migotes, ahí como en esa mecedora con motor fueraborda que ella parece tener en el escaño, en los atriles o atornillada al coxis. Montero, simplemente, es la que tiene más oficio fingiendo entusiasmo, política, gobernanza y dulcería para pobres, y eso es como los oficios que se notan en las varices o en el lumbago, un saber práctico inocultable y casi nobiliario que conviene aprovechar.

Tenía que ser alguien del socialismo andaluz, con el mismo oficio como desde el antiguo Egipto, quien le llevara a Sánchez igual las palmas que la lágrima, igual el camelo que la estafa

María Jesús Montero no hace con Sánchez nada muy diferente a lo que hacía con Chaves, con Griñán o con Susana, o sea lo que haría con cualquiera que la pusiera ahí como a la máquina de coser socialismo orgánico y partitocracia de puntada gorda y cucharón en la olla pública. Sánchez la ha llevado a lo más alto porque ha encontrado como a una maestra churrera de la política churrera, o sea la que sirve para el andalucismo de la lagrimita igual que para el andalucismo de las palmas, para el sanchismo de la lagrimita igual que para el sanchismo de las palmas, y para Begoña Gómez igual que para los ERE. Montero sacará el argumentario que toque como el pan o el churro del día, viejo y nuevo a la vez, lo pasará un poco por un trabalenguas o un robo de jamones de Lola Flores, lo vestirá de pobre como se viste a un pastorcito para el belén viviente, y lo dejará ahí, achorizándose en el aire como se achorizan un poco los churros en el café frío. Lleva haciéndolo toda la vida, o sea que no es como un churro o un bizcocho que te hiciera cualquiera, sino uno que te hace la abuela. A lo mejor Montero le hizo hasta la magdalena a Proust y por eso el escritor recordó su infancia como un andaluz recuerda el paro al tomar pan con fuagrás.

María Jesús Montero con gritito o braga sanchista al aire como un diábolo, con alta peineta de moño o de dedo como una Torre del Oro de la soberbia y del oficio. Cuando Sánchez vuelve a estar más pendiente de los jueces que de los espejos, Montero lo defiende y saca el churro frío del “van a por ti”, que vale de nuevo para todos, para Chaves, para Griñán, para Susana y hasta para Sandokán, de antiguo que es el churro acimitarrado que saca. Pero a Sánchez sólo lo persigue la ley, y antes el sentido común y nuestros propios ojos, atónitos ante el descaro de este ser increíble, el mitómano que cree que sus trolas hipnotizan y su tipito y su colchón son intocables. Sí, como si hiciera falta un complot, como si no hubiéramos visto antes al enchufado con carroza, al comisionista con político y al partido como un pozo de moscas. Declararse inocente es normal, explicarse es conveniente, limitarse a señalar una conspiración es sospechoso y ya afirmarse inviolable es acojonante. Tenía que ser alguien del socialismo andaluz, con el mismo oficio como desde el antiguo Egipto, quien le llevara a Sánchez igual las palmas que la lágrima, igual el camelo que la estafa.

Díaz Ayuso obliga a cambiar los ministros a Pedro Sánchez.

 


 Pedro Sánchez no tiene capacidad de poder ni para cambiar a ministros a su libre criterio. Lo que si es cierto es que ha tenido, durante un  mes,  al propio Gobierno, no a los ministros que ya lo sabían, con el alma en un vilo.

 

  Lo peor que puede suceder en un Gobierno débil es tener que despedir a quienes no justifiquen sus mentiras.  El cambio de carteras y los despidos se iban a filtrar mañana mismo por parte de una ministra vasca a OK Diario. Como siempre habría un par de cambios, pero la base a tener en cuenta es que no se atrevería a cesar a ninguno del grupo Podemos.

 

Pedro Sánchez piensa que este será el gabinete que deberá ayudarle a ganar las próximas elecciones generales del 2023 y en el que destacan tres cambios en su más estrecho círculo: la salida de Carmen Calvo e Iván Redondo y el ascenso de Félix Bolaños como nuevo hombre fuerte de la Moncloa.

 

  Sánchez recolocará a quien ha sido su vicepresidenta primera en algún cargo, aseguran en el Ejecutivo. No es que esté descontento con su labor en estos últimos tres años que ha estado a su lado. Calvo proporcionó desde el comienzo de su presidencia, tras la moción de censura, la experiencia y la capacidad de diálogo, sobre todo con ERC, aunque esa relación se ha ido diluyendo con el tiempo. Pero el presidente quería lanzar un mensaje claro de renovación y eso sólo era posible si los cambios afectaban al núcleo de las tres vicepresidencias que no son la de Unidas Podemos. La marcha de Calvo visualiza un claro cambio de rasante.

 

   Lo de Iván Redondo estaba cantado después de los fracasos electorales que últimamente comprometen al PSOE. Pero seguirá en su grupo de logística. O sea, un cambio para seguir de jefe en la estructura socialista.

 

   Si Redondo, como jefe de gabinete del presidente, se ha ocupado durante este tiempo del envoltorio de la política, de cómo explicar el mensaje, cuestión nada menor en la época en que vivimos e imprescindible para el éxito de cualquier líder, Félix Bolaños representa la sala de máquinas, sin la que es imposible avanzar. Su nombre había sonado en las quinielas como posible ministro de Justicia, pero Sánchez ha dejado claro que lo quiere cerca y que será su principal hombre de confianza como ministro de la Presidencia y Relaciones con las Cortes. Este segundo apartado no es menor. Bolaños mantiene interlocución con todos los partidos, algo relevante para un gobierno en minoría, que necesita el apoyo de numerosas formaciones, y que debería tratar de tender algún puente con el PP para desbloquear algunas cuestiones vitales como la renovación del Poder Judicial.

 

  Realmente, la remodelación de gobierno surgió en un primer momento como una forma de apartar a algunos ministros quemados y aprovechar para dar por cerrada la etapa de la pandemia. Estaba previsto afrontarla después de las vacaciones. Pero la bola de las expectativas se fue haciendo más grande. Sánchez decidió que era una oportunidad para lanzar un mensaje de renovación para encarar con más brío la recuperación económica y el último tramo de su mandato. Al final, los recambios han ido más lejos de lo inicialmente previsto, siempre con el límite de no tocar a los ministros de Unidas Podemos después de la salida de Pablo Iglesias.

 

   La mejor forma de leer los cambios es en clave de preparación para las elecciones generales. El fiasco de Madrid fue un revulsivo para Sánchez. En ese momento, el presidente fue consciente de que debía poner más atención al partido. El descenso en las últimas encuestas le ha reafirmado en esa idea. Del Gobierno “bonito”, con perfiles técnicos o sectoriales, en el que sólo Carmen Calvo o José Luis Ábalos aportaban un mensaje más político, se pasa a un gabinete más basado en el partido, que incluye a varias alcaldesas. Sánchez subrayó hoy que busca una mayor "cercanía" con los ciudadanos. Una vez hecho el cambio de gobierno, todo queda listo para que Sánchez se vuelque en el congreso del PSOE de octubre.

 

  Por su parte, el PSC aumenta su cuota en el Gobierno, con la incorporación de Raquel Sánchez, alcaldesa de Gavà, como ministra de Fomento. Y se mantiene Miquel Iceta, aunque cambia del departamento de Política Territorial al de Cultura y Deportes (No tiene ni bachiller y a la vista está lo entendido y practicante que es en deportes. El presidente ya propuso al dirigente del PSC esa cartera en su primer gobierno, pero Iceta la rechazó, como también lo hizo cuando le ofreció el ministerio de Exteriores. Después de esas dos negativas y ya dentro del gabinete, Iceta no podía decir esta vez que no. Por cierto, Iceta será el ministro que deberá gestionar junto con la Generalitat si Catalunya presenta su candidatura a los Juegos Olímpicos de invierno en 2030. La irrupción de la alcaldesa de Gavà en el Gobierno puede ser una forma de ampliar la plantilla de líderes del PSC con mayor proyección pública de cara a próximas contiendas electorales.