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Votómetro.- El PP obtendría 115 escaños, el PSOE bajando. Mientras Podemos, Vox y Cs se hunden.

Así se repartirían los escaños del Congreso si hoy se celebrasen elecciones generales

 

El Partido Popular superaría en escaños al PSOE en unas elecciones generales, según el tercer Votómetro de Vozpópuli, correspondiente al mes de febrero. Los 'populares', con 115 escaños, se verían beneficiados por el sistema electoral, ya que el partido que dirige Pedro Sánchez, que conseguiría 113 diputados, se mantiene ligeramente por delante en intención de voto.

 

El PSOE lograría el 26,8% de las papeletas, mientras que el Partido Popular de Pablo Casado se haría con el 25,1%, según esta herramienta de proyección de resultados electorales elaborada por Redlines, empresa dirigida por César Calderón.

 

Asimismo, este estudio refleja un refuerzo del bipartidismo, con una caída de Vox, Podemos y Ciudadanos con respecto a los comicios del 10 de noviembre de 2019. Los de Santiago Abascal serían de nuevo la tercera fuerza más votada bajando de 52 a 42 escaños; los de Iglesias caerían de 35 a 26 asientos en la Cámara Baja; y Ciudadanos se haría solo con nueve escaños, uno menos que en los últimos comicios.

 

Se trataría de la primera victoria del PP sobre los socialistas desde las elecciones generales de 2016, las últimas en las que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy fue candidato. En aquella cita electoral, los populares obtuvieron 137 escaños, por 85 del PSOE, el peor resultado de la historia de este último.

 

La gobernabilidad, sin embargo, no estaría asegurada para el PP, debido a que sumaría 166 escaños con Vox y Ciudadanos, a diez de la mayoría absoluta, situada en 176. El PSOE y Podemos, los partidos que forman el Gobierno de coalición, se harían con 139 escaños, un 'batacazo' electoral si se compara con los 155 que lograron de forma conjunta en noviembre de 2019. Los partidos nacionalistas, independentistas y regionalistas serían, de nuevo, decisivos para sumar la mayoría necesaria en una investidura.

 

El PP de Casado, en cabeza

El ascenso del Partido Popular sería notable desde las últimas elecciones generales: 26 escaños más. Asimismo, su crecimiento ha sido constante desde dicha cita electoral, según reflejan los datos de las anteriores entregas de este estudio.

 

El 10 de noviembre, el PP se hizo con el 20,9% de los votos. El Votómetro de noviembre le otorgaba una intención de voto del 24,1%, que ascendió hasta el 24,9% en diciembre. Y en febrero continúa ligeramente al alza, hasta el 25,1%.

 

Pese a que el PSOE es el primer partido en intención de voto, el estrecho margen que le separa del PP, solo un 1,7%, haría que Sánchez perdiera las elecciones en número de escaños. Como explicaba a Vozpópuli César Calderón en el Votómetro de noviembre, una diferencia de menos de dos puntos entre populares y socialistas hace que, debido a la "mejor distribución geográfica del voto del PP", los de Casado puedan superar en escaños al PSOE.

 

El partido que dirige Pedro Sánchez ha sufrido una caída ligera pero continuada en las proyecciones electorales elaboradas por Redlines. Del 28,2% de las elecciones generales de 2019 pasó al 27,2% el pasado mes de noviembre, al 27% en diciembre y al 26,8% de esta última entrega.

 

Vox y Podemos se desploman

Tampoco sale bien parado Vox, que sufre unsevero castigo en comparación con el 10-N. Los de Abascal, que serían determinantes para que Casado pudiera llegar a La Moncloa, caen de 52 escaños, los que tienen actualmente, a 42.

 

Vox vuelve a bajar en intención de voto, probablemente en beneficio del PP. Del 15,2% de las papeletas que obtuvieron en noviembre de 2019 caen hasta el 13,9%. Según explica César Calderón, superar la cifra del 14% es clave en las elecciones generales porque, cuando se cae por debajo de ese porcentaje, la pérdida de escaños es más abultada debido a las características de nuestro sistema electoral.

 

El socio minoritario del Ejecutivo de coalición, Unidas Podemos, vuelve a sufrir las consecuencias de bajar del 'abismo' del 14%. El partido morado obtuvo el 12,9% de los votos, y hoy se haría con el 10,7%. Esto se traduciría en una pérdida de nueve escaños, de los 35 actuales a 26.

 

Ciudadanos, por su parte, se mantiene en cifras muy similares a las de las últimas elecciones. Perdería un diputado, quedándose con nueve, y cae una décima de punto en intención de voto, hasta el 6,7%. La fragmentación del voto, sin embargo, beneficia al partido de Inés Arrimadas, porque, con su condición de partido 'bisagra', dispuesto a apoyar tanto al PP como al PSOE, podría aportar unos votos determinantes para decantar la balanza del lado de la derecha o de la izquierda.

 

¿Cómo se elabora el Votómetro?

El Votómetro toma como base la media ponderada de los resultados de las 12 encuestadoras que mejores datos han obtenido durante último año: Gad 3, Sigma Dos, Demoscopia, Electopanel, DYM, Sociométrica, Imop Insights, NC Report, Celeste Tel, Invymark, Metroscopia y 40bB.

 

Los resultados que arrojan estas empresas demoscópicas se someten a dos factores correctores: el acierto en resultados electorales y la fecha de publicación de los sondeos. Cuanto más fiable sea una encuestadora, más valor tiene su resultado. Asimismo, los sondeos más recientes tienen mayor valor que los más alejados en el tiempo.

Cs y Vox ofrecen apoyo incondicional al PSC para evitar un Gobierno independentista en Cataluña.


Demagogia: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

Ortega Smith: “Vox apoyaría al PSC con tal de que no gobierne el independentismo en Catalunya” Lo que acredita al PSOE como un partido constitucionalista que, en su día y por descuido decidió gobernar el reino de España con separatistas catalanes, vascos e incluso con asesinos reconocidos mundialmente.

Inés Arrimadas: “En Cs queremos un  Gobierno constitucionalista para evitar que, en Cataluña, gobiernen los separatistas. Campaña anterior: “Pedro Sánchez es otro independentista más que por gobernar con los independentistas catalanes hace caso omiso de la Constitución”.  

Estos partidos bisagra hacen más daño a España que los propios antisistema. Tengo la jodida presunción de que en España terminaremos votando a nuestros propios ladrones y por ende enemigos políticos.

Me imagino a un matrimonio catalán o charnego decidiendo a quien votar. ¿Votamos a los separatistas? Nooooo. ¿Votamos a los socialistas? Menos ¿Votamos al PP? Para qué si no va a ganar? Decidido, tu votas a Vox y yo a Cs. Pero si dicen que es van a dar sus votos a Pedro Sánchez. Tonterías, el que se presente es el dueño del coronavirus.

Quiero con esto decir que me entristece pensar que, un día, luché por la democracia; la misma que trata de comerme.  


No es tan difícil ser Presidente de Gobierno en España. Zapatero, lo fue y Sánchez, lo es.



Pedro Sánchez pinta menos en el Gobierno del Reino de España que follatabiques en el Pentágono. Pero, claro ahora le escriben, el lee y otros hacen lo que les sale de los huevos. Eso no es gobernar más bien es un sistema de martirio para  los españoles. Si hubiera empezado la batalla contra la pandemia poniendo en marcha alguno de los argumentos que defendió en el Congreso, España no habría perdido un tiempo precioso, estaría hoy en una posición mucho mejor, los ciudadanos nos habríamos ahorrado contradicciones e incertidumbres, y el propio presidente del Gobierno habría podido gestionar y liderar las medidas económicas y sanitarias frente al covid-19 con mucha mayor eficacia y con más apoyo político gracias al gobierno con las comunidades autónomas. Si, después de dos meses de empeñarse tercamente en lo contrario, hubiera reconocido desde un principio que se han cometido errores, en lugar de presumir de que todo eran aciertos, su credibilidad ante los ciudadanos y su liderazgo político se habrían visto reforzados, aunque en decadencia.

Lo primero que hizo Pedro Sánchez fue tomar la poltrona de La Moncloa cubierto por la guardia pretoriana, intentando ganar con una banda de innobles semianalfabetos y dictatoriales la guerra contra el covid-19 mediante el ordeno y mando, sin dialogar con sus socios de investidura –soplo ofrecerles más dinero-, sin contar con la oposición, dejando al margen a las autonomías y sin informar de sus decisiones ni siquiera a sus compañeros de partido, que han llegado a plantear que salvar vidas está por encima de salvarle a él.

 ¿Tanta mentira para qué? Para terminar aplicando al final, a la fuerza y arrastrado por la posibilidad de quedar en minoría, algunas de las medidas lógicas que todos reclamaban, desde el independentismo a la extrema derecha pasando por el centro. Desligar los ERTE del estado de alarma, de forma que se mantengan cuando acabe la situación de excepcionalidad, y comprometerse a actuar siempre en coordinación con las autonomías, otorgándoles amplio margen para interpretar, en función de su especificidad geográfica y de la situación de sus sistemas sanitarios, las normas adoptadas por consenso.

La rectificación de Sánchez al separar las ayudas económicas del estado de alarma demuestra que el Gobierno faltaba conscientemente a la verdad cuando afirmaba que era imposible mantenerlas si se ponía fin al recorte de derechos y libertades que le permite la medida excepcional. Y que utilizaba a las empresas, autónomos y ciudadanos afectados económicamente por la pandemia como moneda de cambio para coaccionar a la oposición y tratar de lograr su apoyo incondicional.

Lo sucedido evidencia que Sánchez pretende gobernar como si dispusiera de mayoría absoluta pese a tener solo un tercio de los escaños del Congreso. Y que solo admite su minoría y su necesidad de apoyos cuando se ve presionado. Será necesario, por tanto, que haya una oposición que mantenga la presión, sin abandonar la política de estado, para evitar que caiga de nuevo en la autarquía y los españoles recuperen cuanto antes sus derechos y libertades sin mucha demora.

Lo más positivo del debate es que demuestra que el secesionismo solo utiliza a Sánchez como un instrumento para lograr sus fines y le importa un comino la estabilidad, la salud y la situación económica del resto de españoles. El presidente debería tomar nota. Es posible que Cs se esté suicidando, para mí que ya estaba suicidado. Pero si su sacrificio sirve para que el Gobierno de España no siga en manos del separatismo, habrá merecido la pena, aunque mucho me temo que no sea así.

Un país no se mide por el número de ayudas que concede su Gobierno (Renta Mínima), sino por el que dejan de necesitarlas.


Un país no se mide por el número de ayudas que concede su Gobierno (Renta Mínima), sino por el que dejan de necesitarlas.


España está condenada a un entendimiento PP/VOX y la parte que quede de Cs que, además, no se hayan inscrito al PSOE. Siempre pacto de última hora. No se pueden perder 

La Renta Mínima es la prestación social a través del cual se garantiza un mínimo de ingresos para una vida digna a las personas y unidades familiares que se encuentran en situación de pobreza, con el fin de promover su autonomía y participación activa en la sociedad.

El coste mínimo de la Renta Mínima que piensa aprobar el confinado Gobierno de Pedro Sánchez, en el mejor de los casos sobrepasará los 7.500 millones de euros. El cálculo a la baja de los ingresos a la Caja de Pensiones será de entre un 24/27% para ¡YA¡ Hay más de un millón de autónomos que han pedido el  cese de actividad y la cantidad de empresas en el sector de la hostelería, el INE no aporta datos, pero con toda seguridad y, al menos, las tres grandes cadenas hoteleras como Meliá, Barceló y Eurostar (60.000 habitaciones) no piensan abril como mínimo hasta dentro de dos años. El coronavirus, ahora afecta al sistema respiratorio y, posteriormente, se muta en el somático. ¡A España, no; ehhh¡

Esta aproximación numérica del párrafo anterior significa la implosión dineraria del Gobierno social comunista que dirige Pedro Sánchez con la férrea vigilancia de “el coletas” y su banda. De modo que ya estamos en bancarrota y lo que piensa hacer Pablo Iglesias, intervenir la propiedad privada, ya ha dicho Bruselas que naranjas de la China. Sánchez ataca por préstamos a largo plazo y bajo interés del BCE que, también lo han mandado a hacer leches en la Puerta del Sol. Si en el mejor de los casos el superávit no llegaría ni para pagar los intereses acumulados de préstamos anteriores ¿Cómo se amortiza capital e interés?

¿Un Plan Marshal?  Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó dividida en dos bloques, capitalistas y comunistas-. Empezaba un nuevo tipo de enfrentamiento: la Guerra Fría. En un famoso discurso pronunciado en 1946, por el sabio Winston Churchill, antiguo primer ministro británico por laboralistas y por conservadores, denunció que “un telón de acero” había dividido el Viejo Continente.

Europa pasaba por una situación económica desastrosa, tal y como pasará en España. A consecuencia de la guerra, su producción agrícola había disminuido, al igual que sus intercambios comerciales. Mientras tanto, los gobiernos estaban más preocupados en relanzar la industria pesada (siderurgia, carbón...) que en fabricar productos de primera necesidad, con la consiguiente escasez entre la población.

Los países socialistas, comunistas e incluso neutrales apostaron por las promesas jamás llevadas a cabo por la URSS y los capitalistas por el dinero de EEUU. Todas estas negociones las llevaron a cabo Churchill y George Marshall que concluyeron con dinero para los países capitalistas y “olvido” para los del telón de acero o comunistas. El mayor receptor de dinero del Plan Marshall fue el Reino Unido, que recibió el 26 % del total, seguido de Francia con el 18 % y Alemania Federal con el 11 %. Justo antes de un año de la implantación del Plan ya eran demandantes de empleo extranjero. 

Solo España firmó un convenio con Alemania de 600.000 trabajadores y, además, el pago era en divisas canjeables en nuestro país. Francia, más de 500.000 legales y se supone que pasó de un millón. Había más divisas en los bancos que pesetas. Franco, para nada se llevaba bien con Fraga, pero reconocía que era muy inteligente, muchísimo más que Pedro Sánchez y toda su banda. Don Manuel Fraga presentaba todos los días un plan turístico acojonante a Franco, hasta que un día se lo aceptó, explicaba: “Como tenemos muchas divisas vamos a dejar de canjearlas y, además vamos a devaluar la peseta en Semana Santa, de este modo era una bicoca veranear en España, para Octubre las canjeamos revalorizadas en el 40% y hasta el 60%. Así, justamente así hizo la mayor cadena de paradores nacionales del mundo y que, por cierto, los socialistas están vendiendo a bajo precio.-  Además, de pagar todos los pantanos y sistemas de regadío del Plan Badajoz.

En Alemania, cuando el Paro obrero repunta dos décimas, hacen carreteras nacionales, limpieza de bosques o ayuda a la tercera edad. En España crean otro fondo de Ayuda para necesitados, Renta Mínima.


España al borde de la desaparición. ¡ES LA DEMOCRACIA¡


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Entristece constatar que Pedro Sánchez es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.
 es incapaz de aclarar sus intenciones a los españoles ni en su propia sesión de investidura. Incapaz de asumir que tiene 123 escaños y necesita negociar con lealtad. Incapaz de ser sincero con nadie que no sea de su círculo estratégico más íntimo. Incapaz de renunciar a la táctica electoralista de vuelo corto y abrazar de una vez su responsabilidad de Estado. Cuando parecía que el movimiento de Pablo Iglesias, asumiendo el veto personal que le planteó el propio Sánchez, iba a desbloquear la investidura en virtud de un Gobierno de coalición con ministros de Podemos, Sánchez se plantó en el Congreso y leyó un discurso ensimismado y autocomplaciente.


El presidente en funciones desgranó su programa con la pasividad terca de quien cree que debe ser votado por obligación. Ni una propuesta concreta expuso sobre fiscalidad ni sobre Cataluña. Es la actitud propia de alguien que entiende la política como un puro juego de poder, carente de programa y socios coherentes para llevarlo a cabo.

Los líderes de PP, Ciudadanos y Podemos coincidieron en una misma idea: la necesidad de desenmascarar a Sánchez. Significativo propósito que retrata al candidato. Porque más de 80 días después de las elecciones, el político propuesto por el Rey para formar Gobierno -se supone que en virtud de unos apoyos ya negociados y atados- se demoró en vaguedades buenistas que solo persiguen ganar tiempo para seguir negociando la coalición con Podemos o para seguir empujando su deseo de repetición electoral, en la confianza de que las encuestas le sonríen. La irresponsabilidad de semejante plan merecería, sin embargo, un castigo electoral en consonancia. Quizá por miedo a ese escenario, Sánchez se avino al final de la jornada a expresar su voluntad de llegar a un acuerdo con Iglesias, con quien mantuvo un agrio enfrentamiento después de que este le advirtiera de que no serán un "mero decorado" del PSOE ni entienden, como socios preferentes, el afán de Sánchez de buscar la colaboración de PP y Cs. No lo entiende nadie. Si hubiera apostado por una opción netamente constitucionalista, no habría esperado al día de la investidura para reclamar su exploración. Y sobre todo no la habría dinamitado pactando con nacionalistas y populistas en Navarra, Valencia, Baleares o Barcelona.

La dureza frontal de Albert Rivera o el tono más institucional de Pablo Casado vinieron a confluir en lo evidente: Sánchez no puede aspirar a carecer de oposición democrática. Y sus hechos han demostrado que no es un político de fiar. Sánchez busca evadir sus responsabilidades, apela indistintamente a izquierda y derecha para ser investido sin ofrecer nada a cambio y espera que la geometría variable le permita luego ir capeando la legislatura. Pero eso no es un proyecto ni una investidura. Eso es un trágala con amenaza electoral. Y eso no es aceptable en buena lógica democrática.

Harto del ninguneo, Iglesias estalló en una intervención briosa y coherente en demanda de aquello que Sánchez nos regatea a todos: claridad. No se puede engañar a todos todo el tiempo. Quizá hoy Sánchez se avergüence de sus socios de censura, pero ese remordimiento llega ya tarde: debió haberlo pensado cuando solo ansiaba llegar a La Moncloa a cualquier precio. Ahora debe asumir las consecuencias de la deriva radical que impuso al PSOE y de la que ya no puede retractarse sin quedar como un trilero ante todos los españoles, empezando por los de izquierdas. España no se merece el chantaje de Sánchez.

Se politiza el Orgullo Gay. La banda de Podemos insulta y descalifica a la de Cs.


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Varios manifestantes de la cabalgata del Orgullo Gay han abucheado e increpado a miembros y líderes de Ciudadanos durante su asistencia a la marcha que recorre el centro de la capital, una situación de tensión ante la que han respondido con gritos de "libertad" y el "Orgullo es de todos".

A la manifestación asiste la portavoz del comité ejecutivo de Ciudadanos, Inés Arrimadas, la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, y el portavoz de Cs en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, entre otros miembros y dirigentes del partido naranja.

Los abucheos se han producido en un primer momento a manos de un pequeño grupo reducido antes de iniciarse la marcha. Ante Arrimadas y Villacís, una persona ha exhibido un cartel en el que se podía leer: "A vosotros sí que se os ve el plumero. Ciudadanos".
Multitudinaria manifestación del Orgullo por las calles de Madrid al grito de "los derechos no se venden"

Pero la tensión se ha incrementado cuando ha salido la pancarta de Cs, ante la que varios manifestantes han gritado "fuera" y les han abucheado al grito de "hipócritas" y de "Ciudadanos es de Vox".
Mientras tanto, la pancarta naranja ha avanzado bajo el grito de "libertad" y el "orgullo es de todo". Los portadores de la pancarta naranja han seguido avanzando en "defensa de la libertad".

 “Una de las primeras demandas de los hombres homosexuales fue la visibilidad, el reconocimiento de la figura gay, y lo lograron, pero en el caso de las lesbianas hay aún una intención social de invisibilidad… parece que sean un fantasma”, explican en la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA). Esto es problemático, porque “quien no existe no tiene derechos” y en esta situación influye el estatus de la mujer en el mundo: Menor poder adquisitivo, escasa representación en cargos directivos y mayor vinculación a la familia y el hecho de que las lesbianas hayan sido minoritarias tanto en los colectivos de homosexuales como en el movimiento feminista donde se integraron. Desde 2008, cada 26 de abril se celebra el Día de la Visibilidad Lésbica y, con tal motivo, las organizaciones LGBTI de nuestro país quieren festejarlo.

En el aspecto político-social, la FELGTB reclama la aprobación urgente de la Ley de Igualdad LGTBI y bajo el lema ‘Por la Visibilidad de las Mujeres Lesbianas en el Mundo’ anima a las mujeres lesbianas a ser conscientes de los logros políticos y sociales ya conseguidos en momentos dónde el 80% de la sociedad apoya al colectivo LGTB en España, como garantía y seguridad para salir del armario.

Las barreras que todavía encuentran las mujeres lesbianas en su día a día se evidencian en la discriminación en el acceso a los tratamientos de reproducción asistida a través de la sanidad pública, en los inexistentes protocolos y formación específica y adecuada del personal sanitario para la protección de la salud sexual de las mujeres que tienen sexo con mujeres, en el hecho de la escasa formación del personal docente sobre diversidad sexual, de género y familiar para la detección de casos de acoso escolar por orientación sexual o identidad de género o en la falta de sensibilización del personal de las instituciones geriátricas sobre la realidad y necesidades de las mujeres lesbianas.

En el ámbito internacional, la FELGTB aprovecha la ocasión para la pedir que se acabe con la LGTBfobia institucional que existe en más de 70 países del mundo, donde ser lesbiana se condena con la persecución o incluso con la muerte.

“La aprobación del borrador de Ley Igualdad LGTBI que presentó FELGTB el pasado mes de septiembre es fundamental para que las mujeres lesbianas puedan dar el paso de ser visibles en nuestra sociedad. Actualmente todavía existen muchas barreras discriminatorias que les impiden dar un paso tan importante en su vida como es salir del armario”, explica Charo Alises, portavoz de FELGTB, en el contexto del Día de la Visibilidad Lésbica.

Por su parte, Colegas-Confederación LGBT Española, junto al Observatorio Español contra la LGBTfobia (STOPLGBTFOBIA), y LATINOAMÉRICA LGBTI coincidiendo con esta fecha inauguran hoy el Centro LGBT de Madrid. Se trata de un centro sociocultural y multifuncional de 146 metros cuadrados donde se colaborará en actividades pro derechos LGBTI y será punto de encuentro del colectivo en pleno centro de Madrid, en el alternativo y multicultural barrio de Lavapiés (c/ Cabestreros, 8, local, izquierdo).

El presidente de Colegas, Paco Ramírez, resalta en el día de hoy la falta de visibilidad y referentes de las mujeres lesbianas y bisexuales y para ello, han puesto en marcha la exposición “Visib-LES. El amor entre mujeres: visibilidad y referentes”, donde muestra referentes positivos de mujeres lesbianas y visibles en muchas esferas de la sociedad (política, negocios y empresas, cultura, música, periodismo, cine y televisión,….). La exposición podrá verse hasta el 31 de mayo en el propio Centro LGBT de Madrid. Además el grupo de mujeres LB “Isla ignorada” presentará su proyecto con el que pretende impulsar la necesaria visibilidad de las mujeres lesbianas y bisexuales.

La vergonzosa "gala" entre Cs y VOX obligará a que los votantes pongan las pautas limitadoras que exige la democracia.


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El bochornoso espectáculo entre VOX y Cs en Murcia y el que se espera en Madrid, posiblemente marquen las pautas limitadoras que exige la democracia que obligarán a extremistas, terroristas, independentistas, populistas y embaucadores a abandonar la política  resultante de las elecciones.  No es la primera vez, pero sí es la más contundente prueba del nivel de frívola irresponsabilidad con el que se desenvuelven estos nuevos partidos que iban a enseñar a los otros cómo se hace política de la buena. Bien, ya lo estamos viendo. Se hace así, saboteando gobiernos, negándose a sentarse con aquellos cuyos votos necesita el que se siente ofendido ante la sola idea de estampar una mera firma en un documento en el que coincide con su, ya no adversario sino directamente enemigo, “al 99%” o levantándose de la mesa porque alguien a unos cuantos cientos de kilómetros se ha permitido despreciar el nivel de la negociación hasta dejarlo en un al parecer demasiado humillante “tomar un café”.

Éste es el nivel en el que este jueves se estuvieron moviendo unos políticos que, en el caso de Murcia, han estado dispuestos a dejar a la región varada hasta no se sabe cuándo y a los que no parecen importarles nada las necesidades de los ciudadanos a cuyo servicio se suponía que trabajaban. Murcia se queda sin nuevo gobierno y ahora, como se han enfadado los unos con los otros, ya no se quieren volver a hablar. Así tal cual lo ha dicho el murciano Teodoro García Egea, secretario general del PP y presente y activo en la negociación fallida que habría de dar el gobierno a su candidato Fernando López Miras.

Cuando crezcan y maduren, que me llamen, mientras tanto no tengo nada más que hablar con ellos, ha venido a decir García Egea, quien ha calificado el comportamiento de los de Vox de “grotesco”. Tiene razón, vaya si la tiene, pero no menos grotesca es la postura y también la actitud de los dirigentes de Ciudadanos, que siguen manteniendo la pretensión inaudita e inadmisible de beneficiarse de los votos de un partido al que le niegan incluso posibilidad de sentarse con ellos. Eso del “grandísimo esfuerzo” que en opinión  de Egea había hecho el representante de Ciudadanos por compartir esa conversación con Luis Gestoso, el negociador de Vox en el parlamento murciano, sonaría a broma si no fuera porque retrata milimétricamente hasta dónde han llegado las cosas. No se puede llegar a menos.

Naturalmente, en Madrid han quedado de momento paralizadas las conversaciones que, si nos atenemos a la versión suministrada por fuentes próximas a la candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, tienen a Isabel Díaz Ayuso literalmente desesperada. El gobierno de Madrid también está en el aire.

Esto es lo que tiene compartir acuerdos de gobierno con partidos incapaces y que se han demostrado inútiles para cumplir con su única obligación institucional, que es la de servir a los ciudadanos a los que han pedido su apoyo precisamente para devolvérselo en forma de esfuerzo y de trabajo en favor de la comunidad.

Eran otros tiempos, pero aquella idea tan atractiva de que el bipartidismo por fin cedía su dominio para dar paso a un pluripartidismo liberador y la mar de democrático se ha revelado un fiasco

España no es país para pactos, ya lo estamos viendo. Y aquella idea tan atractiva de que el bipartidismo por fin cedía su dominio en la vida política española para dar paso a un pluripartidismo liberador y la mar de democrático se ha revelado un fiasco. Ninguno de los partidos que ha nacido a un lado y al otro de los dos grandes -que siguen siendo y serán por mucho tiempo el Partido Popular y el Partido Socialista- está cumpliendo la función para la que se suponía que habían llegado.

Podemos se debilita por momentos y no tiene más afán que el de su líder Pablo Iglesias por sentarse a la mesa del consejo de ministros. Ya le ha dicho Pedro Sánchez que no y se lo ha dicho muchas veces, la última este jueves por la noche en Tele5 con un argumento que no había usado hasta ahora y que es el más inapelable de todos: porque con sus posiciones, reiteradas hasta la saciedad por el propio Iglesias, sobre el desafío independentista catalán no puede formar parte del Gobierno de España. Fuera de esa obsesión, Podemos no ha podido ni siquiera amortizar en su propio beneficio iniciativas como la subida del salario mínimo interprofesional porque, como siempre pasa, quien se beneficia políticamente de una medida es quien la toma efectivamente, es decir, el Gobierno. Esto lo saben hasta los tontos.

Pedro Sánchez dio un argumento que no había usado hasta ahora: con sus posiciones sobre el desafío catalán, Iglesias no puede formar parte del Gobierno

Fuera de eso, Podemos nació con un propósito: dar la vuelta al “régimen corrupto” del 78 y a la Constitución que lo había consagrado. Pero ahora se ha quedado en un punto de fragilidad mendicante que lo hace perfectamente prescindible si de lo que hablamos es de una fuerza de nuevo cuño capaz de darle la vuelta a los modos de la llamada por Iglesias, pero no sólo por él, “vieja política”. Para hacer, y hacer mejor, lo que está haciendo él ya teníamos a Izquierda Unida, que se ha diluido entre las filas de Podemos pero que cumplió en su día un papel digno aunque minoritario, el mismo que le está destinado en el partido morado. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

¡Y qué decir de Ciudadanos! Como ya le hemos dedicado unas cuantas consideraciones críticas, no vamos ahora a repetir los argumentos. Sólo a insistir en que ha dejado de cumplir con su objetivo primero, que fue oponerse al avance del independentismo en Cataluña porque, una vez alcanzada la hazaña histórica de ganar las elecciones en esa comunidad autónoma, ha dejado al partido desmantelado allí y se ha propuesto cumplir un sueño que no va a poder lograr, que es el de alzarse con el liderazgo de la derecha en España.

Estúpido sabotaje de VOX en Murcia. Reitero, VOX es un partido financiado por el PSOE, para restar votos al PP.


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Todos los murcianos pagan la inmadurez emocional de un partido que se conduce por las instituciones entre el insulto y la amenaza.
En un alarde histórico de irresponsabilidad y amateurismo, el partido Vox saboteó este jueves la investidura de Fernando López-Miras que habría puesto en marcha un Gobierno liberal para Murcia. Ni siquiera tras avenirse Cs a sentarse durante cinco horas con los de Abascal en una misma mesa con el PP, conformando la estampa a tres que exigía, la derecha populista fue capaz de desbloquear la situación en beneficio de los ciudadanos. Todos los murcianos pagan así la inmadurez emocional de un partido que se conduce por las instituciones entre el exabrupto, la descalificación grosera, un programa ideológico de máximos que amenaza consensos irrenunciables y un resentimiento que parece incapaz de superar.

Vox irrumpió con fuerza en Andalucía y posibilitó un cambio histórico. No pidió entonces sillones sino que asumió la correlación de fuerzas y negoció condiciones asumibles para unos buenos Presupuestos que han dado estabilidad a la comunidad más poblada de España. Sin embargo, aquello a la cúpula de Vox no le bastaba y cambió su estrategia: pasó a pedir cargos en proporción directa a sus votos, algo que no hizo Cs cuando irrumpió en la escena nacional con mucha mayor representación. Después chocó con el PP y eligió pasar a la oposición para influir desde allí en el rumbo político de ayuntamientos y autonomías, algo razonable. Pero de nuevo ha vuelto a cambiar de idea: ahora prefiere dinamitar gobiernos de PP y Cs para hacerse respetar, demostrando que concibe el respeto como intimidación. No está mal para un partido que acusaba a otros de veletas y que presumía de anteponer los principios.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por la utilidad política de Vox. Se puede entender su sentimiento de frustración al concitar en las urnas un apoyo mucho más modesto que aquel al que aspiraba; pero otros han pasado antes por la misma experiencia sin empeñarse a continuación en el bloqueo como forma de venganza, no se sabe muy bien contra quién. O sí: contra todos los ciudadanos de centroderecha que asisten con estupor al espectáculo. Es posible que un reducido núcleo de votantes de Vox, los más fanatizados, aplaudan su airado obstruccionismo; pero el tiempo atempera los ánimos más exaltados y descubre el efecto contraproducente de los afanes megalómanos, como lo descubrió Iglesias tras tumbar la investidura de Sánchez en 2016. El hecho es que este jueves Vox votó en compañía de PSOE y Podemos contra un Gobierno de PP y Cs por puro despecho partidista. Y el despecho es una categoría demasiado infantil para no ser castigada por los electores en el futuro.

La estupidez es la capacidad de causar daño a otros sin obtener el causante ganancia alguna, e incluso provocándose daño a sí mismo en el proceso. Hay que lamentar de veras que el comportamiento de Vox en este trance se ajuste tanto a tal definición.

VOX anuncia que votará en contra del PP, o sea, votará al PSOE su patrocinador en las comunidades de Madrid y Murcia.


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Vox ha anunciado que votará en contra de una hipotética investidura de la candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, si Ciudadanos no firma el acuerdo a tres que propuso la semana pasada. Del mismo modo hará en Murcia y una moción de censura en el Ayuntamiento de Madrid

Lo ha manifestado en rueda de prensa su portavoz en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, después de reunirse, durante unos 20 minutos, con el presidente de la Cámara autonómica, Juan Trinidad, en el marco de contactos para sondear los apoyos de cara al pleno de investidura.

En su intervención, Monasterio ha recalcado que desde su formación ponen “pocas condiciones” pero que estas las cumplen. “Nuestros votos son necesarios y no los vamos a dar a cambio de nada. Estamos con la mano tendida para cuando el señor Aguado quiera reunirse con nosotros”

Ciudadanos (Cs), la izquierda capitalista española. O sea, una secta de Soros ha pactado con el PSOE


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Todos y cada uno de nosotros sabemos con total certeza que los partidos políticos se financian con recursos ajenos y de dudosa procedencia. Eso de que el partido X paga sus gastos electorales, pagos a la cúpula, viajes, sedes, material publicitario, administración, etc no se corresponde con la realidad contable, por tanto, es mentira.

Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, dice que allá donde veas sobrevolar aves carrolleras es señal inequívoca de que acaba de irse George Soros,  que puede ser más peligroso que una bomba nuclear. Jim Denney, sobre “Soros”: Actúa desde la sombra con determinación, usando su dinero y poder para manipular la economía y la política. Un misil nuclear puede destruir una ciudad, pero George Soros puede destruir nuestro estilo de vida”.

Albert Rivera y su cúpula estuvieron reunidos a mediados de Febrero en Barcelona con Soros, todos acataron las órdenes del Húngaro-estadounidense a excepción de Luis Garitano.  La orden, solo dio una, era apoyar al PSOE, solo allá donde haga falta. Exactamente igual que en Andalucía, días antes de convocar, por segunda vez,  elecciones Susana Díaz, le dieron su apoyo a cambio de que la sultana saldase la deuda  que  Cs tenía pendiente con  el mafioso magiar.  

Miguel Iceta, ese hombre.



No es que lo diga hoy por lo acontecido. En mi blog consta varias veces que Albert Rivera y Abascal son esbirros al servicio de Soros y Pedro Sánchez respectivamente.  Esbirro es quien, a cambio de dinero, realiza “las” acciones  violentas o amenazas que ordena su jefe, siempre contra  la sociedad.

Soros es el comunista más rico del mundo. Es más peligroso que una bomba nuclear. Actúa desde la sombra con determinación, usando su dinero y poder para manipular la economía y la política. Un misil nuclear puede destruir una ciudad, pero George Soros puede destruir el bienestar del mundo  -The new Reagan Revoluton-. Al Capone a su lado era inmaculado. Este pájaro junto a un ¿liberal? irlandés de cuyo nombre no quiero acordarme y de apellido español son los dueños políticos de Albert Rivera que, a su vez, Pedro Sánchez y Begoña Gómez, también está a su entera disposición.  Bajo esta red de mafiosos estamos sumidos los españoles.  

VOX, indirectamente recibe dinero para financiar su campaña del PSOE, en realidad, solo para restar votos al PP. Se encubre bajo el sindicato Manos Limpias que, entre otras muchas fechorías, varios miembro están en la cárcel por extorsión y chantaje al Rey y a varios empresarios. Su Patrón, la Fundación Francisco Franco (FFF) dirigida por Ricardo Alba se quedó con todo el  dinero de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
A lo que vamos, gracias a Cs con 4 senadores y VOX con ninguno han hecho posible que Miquel pueda presidir algo institucional por primera vez en su vida, algo con enjundia,  algo de cierto peso, de esas cosas que, cuando acabas, te pintan un cuadro y lo cuelgan en los pasillos para que las generaciones futuras pasen delante de su efigie con indiferencia digna de un mandarín oriental ante las obras completas de Benito Pérez Galdós.

Ya se le advirtió a Cs y a Vox que las elecciones al senado son diferentes a las del Congreso y que, de ninguna forma sacarían más de 4 diputados. Por el bien de la derecha, el PP les dejaba uno de los tres candidatos en cada provincia y obtendrían mayoría absoluta de largo. En principio a Cs casi que le convence la idea, pero VOX se negó rotundamente ¿Por qué? Sencillamente esa jugada la vienen haciendo los socialistas desde tiempos de Felipe González.

Con esto y para terminar tenemos lo que nos merecemos, Iceta no tendrá que volver a salir del armario y, en este caso, el único culpable del mal que nos aqueja es el centralismo de Madrid que otro día explicaré.   

Albert Rivera, después del 26M se entregará a Pedro Sánchez.


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Albert Rivera con los malos resultados que cosechará en las municipales y autonómicas acudirá a Moncloa por primera vez tras las elecciones del 28-A, en cuya campaña buscó abiertamente la confrontación directa con Pedro Sánchez. El presidente del gobierno y el líder de Ciudadanos protagonizaron los momentos más tensos de los dos debates televisados. La relación personal entre ambos prácticamente no existe y es público y notorio que ninguno de los dos ha puesto de su parte para rebajar la tensión.

Pero Sánchez y Rivera están condenados a entenderse. O deberían estarlo. El resultado de las elecciones generales ha dibujado un parlamento en el que el PSOE, a pesar de tener una clara ventaja sobre el segundo partido más votado, necesita de apoyos para gobernar. La matemática es testaruda: ambos partidos suman 180 escaños. Un posible acuerdo posibilitaría un gobierno estable con capacidad para afrontar los difíciles retos, como Cataluña o la desaceleración económica, que debe afrontar España en los próximos años.

Es de sobra conocido que las organizaciones empresariales y las instituciones europeas verían con buenos ojos un gobierno de Sánchez con el aval de Rivera. Ese hecho ha sido utilizado como argumento por Podemos para afear al PSOE un posible acercamiento a Ciudadanos, bajo la excusa de que es lo que quieren los ricos y los poderosos. Lo que pasa es que Pablo Iglesias necesita que Sánchez le necesite para gobernar y la opción de Rivera le dejaría fuera de juego en esta legislatura.

En un movimiento táctico no exento de lógica, este lunes el presidente del PP, Pablo Casado, invitó a Ciudadanos a abstenerse para facilitar la investidura de Sánchez. Al mismo tiempo, el número tres del PSOE, José Luis Ábalos dejaba claro (no es la primera vez que lo hace) su preferencia por Ciudadanos como aliado del gobierno. 
Casado piensa que si Rivera facilita la investidura de Sánchez le deja el terreno abierto para ejercer como líder indiscutible de la oposición. Eso reforzaría su papel y le permitiría argumentar que la única alternativa real al PSOE es el PP. Por su parte, Ábalos lanza la idea no tanto porque piense que puede ablandar a Rivera, sino porque le quiere recordar a Iglesias que no es imprescindible para gobernar.

El líder de Cs no puede mostrar sus cartas a menos de tres semanas del 26-M. Pero eso es una cosa y otra es que se cierre definitivamente a pactos con el PSOE

Rivera, que junto al líder del PSOE, ha sido el gran triunfador del 28-A , tiene difícil cambiar ahora -a tan sólo ocho días de las elecciones- unos de los ejes esenciales de su campaña: echar a Sánchez de La Moncloa. Y no sólo porque quede poco estético, sino porque su objetivo sigue siendo desplazar al PP como partido hegemónico del centro derecha. Rivera quiere ser el jefe de la oposición, aprovechando el momento de debilidad que se vive en Génova 13.

Todo ello nos lleva a concluir que en la reunión de este martes no habrá ni siquiera un atisbo de un nuevo Pacto del Abrazo (aquel que alcanzaron Sánchez y Rivera en 2016 y que fue frustrado por Pablo Iglesias).

Para Rivera sería suicida anunciar su apoyo a Sánchez a menos de tres semanas de unas elecciones municipales, autonómicas y europeas en las que piensa que puede dar el golpe de gracia al PP con un sorpasso en votos en las europeas y un triunfo indiscutible en Madrid.

Casado piensa que si Rivera facilita la investidura de Sánchez le deja el terreno abierto para ejercer como líder indiscutible de la oposición

Pero una cosa es que a Rivera no le convenga ahora alimentar la esperanza de un pacto y otra que se cierre a él de manera definitiva. De hecho, hay tiempo para decidir sobre la investidura hasta después del 26-M.

Teniendo en cuenta los intereses de España está claro que es mejor un gobierno de Sánchez (aunque sea en solitario) con un respaldo programático de Ciudadanos, que un gobierno socialista sustentado por Podemos y los independentistas. Eso lo tiene claro no sólo el mundo económico, sino también una parte importante de los votantes de Ciudadanos.

Por tanto, lo que se le puede reclamar a Rivera ahora no es que se comprometa a dar luz verde a la investidura de Sánchez, sino que no se cierre la puerta a posible acuerdos en el futuro. Una vez despejado el panorama electoral del 26-M el líder de Ciudadanos podrá decidir con menos presión y con una perspectiva de medio y largo plazo. Rivera no puede limitar su acción política a un “No es no” a Sánchez.

Pedro Sánchez ha sido vilmente derrotado. Los españoles “personas” despiertan de su pesadilla.




Fue tanta la superioridad, en los debates a cuatro,  de Casado y Rivera a Pedro Sánchez, el cabecilla que dice representar con mayúsculas la sinrazón de la izquierda antinatura, formada por terroristas, independentistas y gente de mal vivir que  La superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda resultó nada creíble e indecente.

Al final, el vencedor político del debate ha sido Pablo Iglesias, todo un ejemplo de moderación –creo que obligada- Pero este podemita es un tipo inteligente y ante la más que evidente caída del grupo de izquierda trato de inspirar confianza a “otro ridículo más” de su jefe más inmediato. Todo esto le sirvió para arañar bastantes votos al PSOE y dejar sentado que, en lo sucesivo” habrá un mando compartido. Cada voto que recupere Podemos, el PSOE pierde tres. El mismo caso tiene el PP con VOX, solo que en este caso pueden ser cuatro. No hay que olvidar que VOX es un partido financiado por el PSOE con el único fin de restar votos al PP.


Fue tanta la superioridad, en los debates a cuatro,  de Casado y Rivera a Pedro Sánchez, el cabecilla que dice representar con mayúsculas la sinrazón de la izquierda antinatura, formada por terroristas, independentistas y gente de mal vivir que  La superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda resultó nada creíble e indecente.

Al final, el vencedor político del debate ha sido Pablo Iglesias, todo un ejemplo de moderación –creo que obligada- Pero este podemita es un tipo inteligente y ante la más que evidente caída del grupo de izquierda trato de inspirar confianza a “otro ridículo más” de su jefe más inmediato. Todo esto le sirvió para arañar bastantes votos al PSOE y dejar sentado que, en lo sucesivo” habrá un mando compartido. Cada voto que recupere Podemos, el PSOE pierde tres. El mismo caso tiene el PP con VOX, solo que en este caso pueden ser cuatro. No hay que olvidar que VOX es un partido financiado por el PSOE con el único fin de restar votos al PP.

El efecto de la ley D’Hondt convierte en oro cada escaño que se consigue en ciertas provincias. Según ésta, la provincia de Soria es la que más cara se cotiza. Para lograr un solo escaño, hay que conseguir el 50% de los votos. Lo que prácticamente hace imposible que partidos pequeños logren representación. Y es que sólo se reparten dos diputados.

Le siguen las provincias de Huesca, Teruel, Cuenca, Guadalajara, Ávila, Palencia, Segovia y Zamora. En todas ellas, es´tan en juego sólo tres escaños. Los partidos tienen que lograr un mínimo del 33% de los votos para alcanzar un diputado.

En Ceuta y Melilla, con un escaño solo, se necesitan el 30% de las papeletas.

El 25% es el mínimo en otras 10 provincias españolas: Albacete, Burgos, León, Salamanca, Lérida, Cáceres, Lugo, Orense, Álava y La Rioja. En todas ellas, son cuatro los escaños que se disputan los partidos.

Por último, en otras siete provincias, se necesita llegar al 20% de los votos. Son las de Huelva, Jaén, Cantabria, Ciudad Real, Valladolid, Navarra y Castellón. Cada una aporta cinco escaños al Congreso.

En total, 103 diputados en juego. Un número que asciende a 145 si se suman los escaños de aquellas provincias que aportan seis representantes a la Cámara. Son las localidades de Almería, Córdoba, Toledo, Gerona, Tarragona, Badajoz y Guipúzcoa. En ellas, se necesita llegar al 17% de los votos para lograr escaño.

La moderadora, Ana Pastor dejó mucho que desear, como buena vividora del socialismo y sus partes. Dejó por dos veces sin replica a Casado porque le venía un golpe de KO. Ya se planteó el cambio de preguntador y cronometradora. Las preguntas estaban hechas por socialistas acogidos en plan de refugiados por la sexta y el crono por catalanistas sin revisión de mortandad política. El tiempo corre en contra del candidato que repite reiteradamente puntualizaciones “ya hechas” o que sobrepasen los tres segundos.
UNA OPINIÓN:                                                                 
La «segunda vuelta» del debate televisado entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno ofreció anoche un formato menos encorsetado, más tenso y bronco, y mantuvo un perfil más emocional en busca del voto indeciso, aún calculado en más del 35 por ciento del electorado. Sin embargo, volvió a ofrecer la imagen de un Pedro Sánchez descolocado y ajeno a lo que se juega; una pugna claramente marcada, incluso agresiva, entre Pablo Casado y Albert Rivera en busca del voto incierto de la derecha; y un cambio en la actitud de Pablo Iglesias, que trufó momentos de condescendencia humillada hacia Pedro Sánchez con críticas al PSOE para evitar la debacle electoral de Podemos. Es indudable que Pablo Casado corrigió la moderación que mantuvo en el debate de anteanoche para ofrecer una imagen más combativa y pragmática frente a Sánchez, al que no ofreció tregua, especialmente en la discusión sobre el futuro económico de España. Y también lo es que el candidato del PP quiso impedir el control del debate a un Rivera sobreactuado por momentos, de modo que las constantes interrupciones del presidente de Ciudadanos a todos los candidatos resultaron impostadas e innecesarias. Sin embargo, la superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda en materia de pensiones, feminismo, violencia de género, inmigración, mercado laboral y, sobre todo, de una idea de España, resultó muy poco creíble.

La conclusión de los dos debates celebrados en televisión es que España entrará en una etapa de oscuridad política, inseguridad jurídica e inestabilidad económica si Pedro Sánchez vuelve a gobernar con el apoyo de Podemos y de los partidos separatistas y nacionalistas. Sánchez no ofreció anoche un programa de gobierno, sino una retahíla de negativas e imputaciones contra los partidos del centro-derecha acusándoles de mentir, pero sin aclarar en qué mienten. Sánchez volvió a demostrar por qué no quería debatir con la oposición y por qué necesita la coartada del ausente Vox para construir un discurso mínimamente creíble vinculando al PP y a Ciudadanos con la ultraderecha. Pero su intento fue en vano. A duras penas, Sánchez se limitó a leer datos precocinados sobre educación, inmigración, pensiones o mercado laboral para combatir la acusación de que adolece de un proyecto útil para España. Sin embargo, salió beneficiado de la constante discusión a la que erróneamente se sometieron Casado y Rivera en momentos determinantes del debate, porque ponían de manifiesto la fractura de la derecha y su desesperada necesidad de conquistar votos indecisos.

Por morboso que pueda resultar, simplificar la conclusión de los debates en busca de un ganador y de un perdedor resulta artificial a estas alturas de campaña, por más relevante que fuera la imagen que transmitieron los candidatos. No obstante, si Rivera ganó el primero de los debates, ayer Casado se antepuso a los demás con intervenciones muy solventes y contundentes. Y más allá de las percepciones subjetivas que puedan producirse y de los análisis que se realicen previos a las urnas, lo relevante es la evidencia de que la izquierda tiene un proyecto destructivo para la unidad de España tal y como fue concebida en la Constitución de 1978. De hecho, tanto el PSOE como Podemos defendieron un proyecto «plurinacional» que oculta la voluntad de romper la soberanía nacional, mientras el PP y Ciudadanos reafirmaron una idea de España basada en la convivencia y la lealtad a la Carta Magna.


Por lo demás, el debate estuvo viciado por una moderación periodística desigual que por momentos pareció salir al rescate de Sánchez cada vez que se encontraba en apuros, que fue a menudo. La orientación de muchas de las preguntas que se formulaban tenía un sesgo ideológico para favorecer a Sánchez que resultó sospechoso. Aun así, tanto Casado como Rivera supieron contrarrestar con eficacia los excesos de un debate que prometió ser modélico, pero que a la larga mantuvo un tono tendencioso y poco imparcial. Sánchez volvió a demostrar por qué España no merece que vuelva a repetir como presidente del Gobierno, y menos aún si es con Pablo Iglesias en su gabinete, tal y como el líder de Podemos volvió a mendigar ayer en público y sin rubor alguno. Es mucho lo que se juega España el próximo domingo. Tanto, como impedir que esta izquierda sectaria y sin más principios ni valores que el odio a la derecha llegue a sumar más escaños para una investidura de Sánchez.


Cabe recordar que la formación de Abascal arrebató la alcalcía a su protectora, Esperanza Aguirre por la mitad de los 9.000 votos que obtuvo en Madrid y ellos lo sabían, por que Esperanza le pidió que retirara la candidatura al Ayuntamiento de Madrid y a la Comunidad Murciana que, tampoco sacó mayoría por 492 votos. Por cierto, estando yo presente, Abascal festejó ambos resultados 

La moderadora, Ana Pastor dejó mucho que desear, como buena vividora del socialismo y sus partes. Dejó por dos veces sin replica a Casado porque le venía un golpe de KO. Ya se planteó el cambio de preguntador y cronometradora. Las preguntas estaban hechas por socialistas acogidos en plan de refugiados por la sexta y el crono por catalanistas sin revisión de mortandad política. El tiempo corre en contra del candidato que repite reiteradamente puntualizaciones “ya hechas” o que sobrepasen los tres segundos.

UNA OPINIÓN: 
                                                                
La «segunda vuelta» del debate televisado entre los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno ofreció anoche un formato menos encorsetado, más tenso y bronco, y mantuvo un perfil más emocional en busca del voto indeciso, aún calculado en más del 35 por ciento del electorado. Sin embargo, volvió a ofrecer la imagen de un Pedro Sánchez descolocado y ajeno a lo que se juega; una pugna claramente marcada, incluso agresiva, entre Pablo Casado y Albert Rivera en busca del voto incierto de la derecha; y un cambio en la actitud de Pablo Iglesias, que trufó momentos de condescendencia humillada hacia Pedro Sánchez con críticas al PSOE para evitar la debacle electoral de Podemos. Es indudable que Pablo Casado corrigió la moderación que mantuvo en el debate de anteanoche para ofrecer una imagen más combativa y pragmática frente a Sánchez, al que no ofreció tregua, especialmente en la discusión sobre el futuro económico de España. Y también lo es que el candidato del PP quiso impedir el control del debate a un Rivera sobreactuado por momentos, de modo que las constantes interrupciones del presidente de Ciudadanos a todos los candidatos resultaron impostadas e innecesarias. Sin embargo, la superioridad argumental de Casado y Rivera frente a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias resultó abrumadora, porque la demagogia de la izquierda en materia de pensiones, feminismo, violencia de género, inmigración, mercado laboral y, sobre todo, de una idea de España, resultó muy poco creíble.

La conclusión de los dos debates celebrados en televisión es que España entrará en una etapa de oscuridad política, inseguridad jurídica e inestabilidad económica si Pedro Sánchez vuelve a gobernar con el apoyo de Podemos y de los partidos separatistas y nacionalistas. Sánchez no ofreció anoche un programa de gobierno, sino una retahíla de negativas e imputaciones contra los partidos del centro-derecha acusándoles de mentir, pero sin aclarar en qué mienten. Sánchez volvió a demostrar por qué no quería debatir con la oposición y por qué necesita la coartada del ausente Vox para construir un discurso mínimamente creíble vinculando al PP y a Ciudadanos con la ultraderecha. Pero su intento fue en vano. A duras penas, Sánchez se limitó a leer datos precocinados sobre educación, inmigración, pensiones o mercado laboral para combatir la acusación de que adolece de un proyecto útil para España. Sin embargo, salió beneficiado de la constante discusión a la que erróneamente se sometieron Casado y Rivera en momentos determinantes del debate, porque ponían de manifiesto la fractura de la derecha y su desesperada necesidad de conquistar votos indecisos.

Por morboso que pueda resultar, simplificar la conclusión de los debates en busca de un ganador y de un perdedor resulta artificial a estas alturas de campaña, por más relevante que fuera la imagen que transmitieron los candidatos. No obstante, si Rivera ganó el primero de los debates, ayer Casado se antepuso a los demás con intervenciones muy solventes y contundentes. Y más allá de las percepciones subjetivas que puedan producirse y de los análisis que se realicen previos a las urnas, lo relevante es la evidencia de que la izquierda tiene un proyecto destructivo para la unidad de España tal y como fue concebida en la Constitución de 1978. De hecho, tanto el PSOE como Podemos defendieron un proyecto «plurinacional» que oculta la voluntad de romper la soberanía nacional, mientras el PP y Ciudadanos reafirmaron una idea de España basada en la convivencia y la lealtad a la Carta Magna.


Por lo demás, el debate estuvo viciado por una moderación periodística desigual que por momentos pareció salir al rescate de Sánchez cada vez que se encontraba en apuros, que fue a menudo. La orientación de muchas de las preguntas que se formulaban tenía un sesgo ideológico para favorecer a Sánchez que resultó sospechoso. Aun así, tanto Casado como Rivera supieron contrarrestar con eficacia los excesos de un debate que prometió ser modélico, pero que a la larga mantuvo un tono tendencioso y poco imparcial. Sánchez volvió a demostrar por qué España no merece que vuelva a repetir como presidente del Gobierno, y menos aún si es con Pablo Iglesias en su gabinete, tal y como el líder de Podemos volvió a mendigar ayer en público y sin rubor alguno. Es mucho lo que se juega España el próximo domingo. Tanto, como impedir que esta izquierda sectaria y sin más principios ni valores que el odio a la derecha llegue a sumar más escaños para una investidura de Sánchez.