Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil y hombre clave de Bolsonaro prepara una perestroika de libre mercado.

JP Logística

Paulo Guedes se toca la sien con un dedo. "La gente de la izquierda tiene mentes ingenuas y buenos corazones", afirma. "La gente de la derecha tiene cabezas frías, y..." Busca la frase adecuada. "No tan buenos corazones". Es un acto de sinceridad para el "superministro de Economía" de Brasil, dado que el presidente para el que trabaja, Jair Bolsonaro, es un ex capitán del Ejército de derechas considerado en la escena internacional como una especie de protofascista que siente debilidad por la dictadura militar.
También es indicativo de la amplitud de miras de Guedes, y de su creencia en que Bolsonaro no es el extremista que a menudo se le considera en el extranjero. "Estamos creando una sociedad abierta popperiana", afirma, en una de las diversas veces que recuerda al filósofo austriaco Karl Popper -que defendía una democracia liberal dinámica- durante una conversación con Financial Times en su despacho de Brasilia.
  

"Aunque las maneras de Bolsonaro parezcan bruscas, es sólo fachada. Será duro únicamente con los criminales", añade, mencionando los 64.000 asesinatos que sufrió Brasil en 2017. El hecho de que Popper sea también uno de los héroes de George Soros, el filántropo liberal odiado por algunos de los etnonacionalistas que forman parte del séquito de Bolsonaro, resulta una ironía que parece escapársele a Guedes.
"La ideología es el verdadero enemigo", sostiene. "Yo, no soy más que un científico que hace su trabajo. Todo el mundo tiene su función". Puede decirse que Guedes, un economista formado en la Universidad de Chicago que desarrolló una exitosa carrera como gestor de fondos en Río de Janeiro, es el segundo hombre más poderoso del Gobierno brasileño, al llevar la cartera de cinco ministerios: Economía, Comercio, Trabajo, Industria y Desarrollo. No cabe duda de que es el más activo.
Mientras Bolsonaro se recupera de una intervención quirúrgica, las luchas internas han perseguido a la nueva administración: el último episodio lo ha protagonizado el ministro conservador de Exteriores, Ernesto Araújo, que adoptó una postura más dura sobre Venezuela frente a la posición más cauta defendida por el vicepresidente Gen Hamilton Mourão.
En cambio, el equipo económico de Guedes ha arrancado con fuerza con ambiciosas propuestas de reforma. "Brasil es la octava economía del mundo, pero ocupa el puesto 130 en aperturismo, cerca de Sudán. También está en el 128 en lo que respecta a la facilidad para hacer negocios. ¡Jesús!" exclama, dando un salto de la silla. Guedes, profundo en su conversación, explica que quiere reducir esas clasificaciones a la mitad en sólo cuatro años recortando el gasto, reformando el código fiscal bizantino de Brasil, reduciendo los trámites burocráticos, y privatizando activos públicos.
Nacido en una familia de clase media-baja, Guedes estudió con la ayuda de becas y se doctoró en Economía por la Universidad de Chicago. Posteriormente, trabajó en Chile durante la dictadura de Pinochet, y dejó Santiago con su mujer cuando se encontró a la policía secreta registrando su apartamento.
"Vi un Chile más pobre que Cuba y Venezuela en la actualidad, y los chicos de Chicago lo solucionaron. Chile es en la actualidad como Suiza", señala, haciendo caso omiso de costes sociales como la tasa de desempleo del 21% en 1983. "Eso es basura", sentencia. "El desempleo ya existía. Sólo estaba oculto dentro de una economía destruida". Es una opinión no exenta de polémica.
De vuelta en Brasil, se convirtió en gestor de fondos, en operador ocasional y en un prolífico columnista en la prensa. Explica que conoció a Bolsonaro hace justo un año y un mes" y, pese ha haber rechazado varias ofertas anteriores para trabajar en el Gobierno, utiliza jerga de operador para justificar su decisión ahora. "Pasé toda mi vida generando alfa y viendo a los sucesivos gobiernos destruir beta", explica. "Ahora quiero mejorar el beta de Brasil", utilizando la letra griega que describe el comportamiento subyacente del mercado.
Tras 20 años de dictadura y 30 de de democracia social, el giro de Brasil a la derecha es saludable, asegura. "La llegada de los liberales supone una buena noticia, no una mala".
Sin embargo, sigue habiendo dudas. ¿Qué ocurre con la política social, teniendo en cuenta la enorme desigualdad en Brasil? ¿Y es compatible su magia del libre mercado con el liberalismo político, dada la vena aparentemente autoritaria de Bolsonaro?
"Cierto. Rusia y Brasil tuvieron la glásnost antes de la perestroika," señala, haciendo referencia a las políticas de apertura política y económica y de liberalización. "Se necesitan ambas. Entonces llega el crecimiento, y una clase media que trae estabilidad". El camino alternativo tomado por Brasil lleva a un estado rentista caracterizado por la corrupción.
"Éramos una democracia con una sola pierna", señala. "El sistema está corrupto. ¿Por qué recibió Lula, el político más popular de Brasil, una condena de casi 13 años de prisión por corrupción?"
Señala a un televisor, donde un programa de noticias acaba de informar del último juicio contra el ex presidente. Luiz Inácio Lula da Silva ha sido condenado a 12 años de prisión. Los críticos sostienen que la sentencia fue el resultado de una judicatura contaminada por la política que quería excluir al líder de la izquierda de la carrera electoral, abriendo así el camino a la victoria de Bolsonaro.
Guedes sugiere en cambio que el sistema de clientelismo arraigado en Brasil lo atrapó. La receta correcta frente a esto es "una economía basada en el mercado y no la economía dirigista fallida que corrompió el orden político". Pocos brasileños discreparían de su diagnóstico dado que el país aún sufre las secuelas de la recesión más profunda de su historia y de su mayor escándalo de corrupción.
Su visión económica se aproxima más a Ronald Reagan que a Donald Trump, y parece ser realista con respecto a sus limitaciones políticas. "El presidente [siempre puede decir] no, yo tengo los votos". Pese a fijarse como objetivo las estrellas, este economista teórico parece contentarse con alcanzar la Luna, y admite que será un camino lleno de baches. "Sí, la economía crecerá más deprisa. Pero no podemos pecar de ingenuos. Hay mucho daño por reparar".

La reforma de las pensiones.

El ministro de Economía de Brasil ha prometido poner fin a años de intervenciones estatales fallidas, y asegura que "en cinco meses" se aprobará una reforma de las pensiones que ahorrará un billón de reales brasileños (unos 235.000 millones de euros). Esta iría seguida de una reforma fiscal y de un programa de privatización radical sin intocables.

Guedes explicó que el paquete de pensiones generaría ahorros de entre 700 millones y 1,3 billones de real, y que se presentaría en el Congreso tan pronto como el presidente abandone el hospital. "El gasto es clave. De ahí la lógica de abordar primero su principal elemento con la reforma de las pensiones", indicó. Para ello, el Gobierno cuenta con 302 votos de los 513 escaños del Congreso, cerca de la "supermayoría" en 308 asientos

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