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viernes, 13 de octubre de 2017

Propio de un tramposo barriobajero, Trapero puso en peligro la vida de muchos Guardias civiles.



De todos es sabido que las incalificables tropelías del Mosso Mayor, José Luís Trapero sacaron de sus casillas al juez de Instrucción Juan Antonio Ramírez Sunyer, a quien no le quedó más remedio que llamar más que enfadado al jefe operativo de los Mossos, José Lluís Trapero, dictándole una orden tajante: "¡Saque a la Guardia Civil de ahí!". Bien, ahora niega esas llamadas de  emergencia. Ha borrado hasta las cintas del juzgado.

"La decisión adoptada afecta a la profesionalidad y el prestigio del cuerpo de Mossos", aunque poca o ninguna le quedaban, protesta Trapero en la misiva, en la que destaca la "dedicación y compromiso" de sus agentes en sus funciones de "policía judicial, seguridad ciudadana y orden público". "Competencias -añade el mayor- que desarrolla con el más absoluto rigor, respeto y lealtad al ordenamiento jurídico y a aquellos de quienes depende orgánicamente".

Toda la familia de Trapero  son de un pueblo de Valladolid, donde le  odian sin descanso. Hasta entonces, el aludido se había hecho el loco. (Así asaltan los rabiosos independentistas el cuartel de la Guardia Civil en Manresa).

Ocurría poco antes de la medianoche de este miércoles 20 de septiembre de 2017, mientras agentes de la Benemérita permanecían cercados en el interior de la Consejería de Economía y Hacienda que dirige Oriol Junqueras.

Su desidia se pagó cara, aunque podía haber sido peor: media decena de vehículos de la Benemérita fueron destrozados y empapelados con símbolos independentistas y los agentes que participaron en el operativo fueron objetos de insultos, burlas y coacciones.

Tras la orden tajante, los guardias civiles abandonaron a primera hora de este jueves las dependencias de la Generalitat escoltados, ya sí, por agentes autonómicos.


La misma pasividad mostraron los hombres al mando de Trapero con los agentes de la Policía Nacional que trataron de acceder a la sede de las CUP y que fueron rodeados por una cadena humana de simpatizantes radicales.
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