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martes, 22 de agosto de 2017

Solo el Ministerio del interior debe dirigir la lucha contra el terrorismo.

La unidad antiyihadista debe ser real, no una foto para la galería



SEAN MACKAOUI

En medio del dolor provocado por el atentado de Barcelona, ha sido tranquilizadora la eficacia policial y el modo en que se han desarrollado los acontecimientos. Así, ayer se vivió un gran respiro con la localización del autor material del ataque en La Rambla, que llevaba fugado desde el jueves. Younes Abouyaaqoub, el conductor de la furgoneta cuya acción criminal dejaba ayer la víctima mortal número 15, fue abatido por los Mossos en Subirats. El terrorista llevaba un cinturón de explosivos simulado. Poco antes, se confirmaba que, según "sólidos indicios", el imam de Ripoll es uno de los hombres que fallecieron en la explosión de la casa de Alcanar (Tarragona) mientras manipulaban explosivos. De este modo, ahora sí parece cerrado el círculo en torno a todos los implicados en los ataques de Barcelona y Cambrils, con lo cual, afortunadamente, se da por desactivada completamente la célula terrorista.
Al margen de las pesquisas policiales, ayer se reunieron representantes de prácticamente todos los partidos del arco parlamentario en torno al Pacto Antiyihadista. Por primera vez, asistieron el PNV o los nacionalistas catalanes, lo que ofreció cierta imagen de unidad. Sin embargo, el hecho de que éstos y otros partidos, en especial Podemos, sólo asistieran en calidad de observadores, supone un auténtico sinsentido. Un foro como éste sirve para que las formaciones que lo suscriben demuestren que en la lucha contra el terrorismo no puede haber fisuras. Pero permite también compartir diagnósticos, debatir sobre las mejoras en la lucha contra esta lacra y hacer que se visualice que estamos ante una política de Estado en la que no caben las etiquetas partidistas.
Por ello, el hecho de que algunos se pongan de perfil y se escondan de un modo vergonzante tras esa extraña figura de observadores, como si asistieran a algún cónclave diplomático internacional, deja mucho que desear. Con el Pacto Antiyihadista se está o no se está, no valen medias tintas. Y menos con excusas tan peregrinas como la expresada por el portavoz de Podemos apelando a su derecho a «disentir con lealtad» y justificando la no adhesión al Pacto como "garantía de pluralismo político". La pluralidad y hasta las divergencias tienen cabida, naturalmente, en este foro. Pero la lealtad hacia el Estado y la ciudadanía pasa por comprometerse a alcanzar acuerdos que permitan avanzar en la lucha antiterrorista sin hacer politiquería con algo tan sensible.
Esto, por desgracia, sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país. Igualmente, también cabe exigir mayor colaboración y lealtad de todas las instituciones para que, una vez disipados estos terribles momentos de luto, se pueda mejorar en los campos de la Inteligencia y de la investigación policial para prevenir atentados, sin negar lo mucho que se ha avanzado desde el 11-M. La cooperación plena entre las distintas policías en Cataluña pasa por un clima de franqueza y de lealtad institucional que, por desgracia, no se da por la desconfianza que provoca el hecho de que uno de los cuerpos esté embarcado -por mandato de sus más altos responsables- en un proceso independentista.
Esto último explica también el lamentable arrinconamiento que desde el jueves están sufriendo la Policía Nacional o la Guardia Civil. Los dirigentes catalanes se llenan la boca diciendo que no se deben politizar los atentados, pero no pierden ocasión para presentarlos ante la opinión pública como si se tratara de un zarpazo contra su territorio. Por desgracia, sabemos bien que el terrorismo tiene muchas obsesiones, aunque la de las fronteras no parece una de ellas
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